The Hidden History Of The Human - Desconocido

Table of Contents Prólogo Prefacio Introducción y agradecimientos Primera parte EL TESTIMONIO ANÓMALO La canción del León Rojo: Darwin y la evolución del hombre HABLA DARWIN LA APARICIÓN DE LOS HOMÍNIDOS ALGUNOS PRINCIPIOS DE EPISTEMOLOGÍA Huesos incisos y rotos: el principio de la decepción ST. PREST, FRANCIA UN EJEMPLO MODERNO: EL RÍO OLD CROW, CANADÁ EL DESIERTO DE ANZA·BORREGO, CALIFORNIA HUESOS CON INCISIONES ENCONTRADOS EN ITALIA EL RINOCERONTE DE BILLY, FRANCIA COLINA DE SANSAN, FRANCIA PIKERMI, GRECIA COLMILLOS DE TIBURÓN PERFORADOS, DE RED CRAG, INGLATERRA UN HUESO TALLADO DE LOS DARDANELOS, TURQUÍA BALAENOTUS DE MONTE APERTO. ITALIA EL HALITHERIUM DE POUANCÉ. FRANCIA SAN VALENTINO, ITALIA CLERMONT-FERRAND, FRANCIA LA CONCHA TALLADA DEL RED CRAG (Acantilado Rojo), INGLATERRA INSTRUMENTOS DE HUESO DEBAJO DEL RED CRAG, INGLATERRA EL FOSO DEL ELEFANTE DE DEWLISH, INGLATERRA OBSERVACIONES FINALES ACERCA DE HUESOS MODIFICADOS INTENCIONALMENTE Los eolitos: piedras de contención LOS EOLITOS DE LA MESETA DE KENT, INGLATERRA DESCUBRIMIENTOS DE J. REID MOIR EN EAST ANGLIA DOS CÉLEBRES ADVERSARIOS DE LOS EOLITOS EJEMPLOS RECIENTES DE HERRAMIENTAS EOLÍTICAS PROCEDENTES DE AMÉRICA GEORGE CARTER Y EL SITIO DE TEXAS STREET LOUIS LEAKEY Y EL SITIO DE CALICÓ TOCA DA ESPERANCA, BRASIL MONTE VERDE, CHILE HALLAZGOS RECIENTES EN PAKISTÁN SIBERIA Y LA INDIA ¿QUIEN HIZO LAS HERRAMIENTAS EOLÍTICAS? Paleolitos burdos LOS DESCUBRIMIENTOS DE CARLOS RIBEIRO EN PORTUGAL LOS DESCUBRIMIENTOS DE L. BOURGEOIS EN THENAY, FRANCIA HERRAMIENTAS DE AURILLAC, FRANCIA DESCUBRIMIENTOS DE A. RUTOT EN BÉLGICA DESCUBRIMIENTOS DE FREUDENBERG CERCA DE AMBERES EL CENTRO DE ITALIA HERRAMIENTAS DE PIEDRA DE BIRMANIA HERRAMIENTAS DEL RÍO BLACK'S FORK, WYOMING Paleolitos avanzados y neolitos LOS DESCUBRIMIENTOS DE FLORENTINO AMEGHINO EN ARGENTINA HERRAMIENTAS DESCUBIERTAS POR CARLOS AMEGHINO EN MIRAMAR, ARGENTINA INTENTOS PARA DESACREDITAR A CARLOS AMEGHINO MÁS BOLEADORAS Y OBJETOS SIMILARES DESCUBRIMIENTOS EN AMÉRICA DEL NORTE RELATIVAMENTE AVANZADOS SHEGUIANDAH: LA ARQUEOLOGÍA COMO VENGANZA LEWISVILLE Y TIMLIN: LA VENGANZA CONTINÚA HUEYATLACO, MÉXICO LA CUEVA DE SANDIA, NUEVO MÉXICO HERRAMIENTAS NEOLÍTICAS DE LA REGIÓN AURÍFERA DE CALIFORNIA LOS PREJUICIOS EVOLUTIVOS Evidencia de una cultura avanzada en épocas remotas ARTEFACTOS DE AIX-EN-PROVENCE, FRANCIA LETRAS EN UN BLOQUE DE MÁRMOL EN FILADELFIA UN CLAVO EN PIEDRA ARENISCA DEVÓNICA, EN ESCOCIA HILO DE ORO EN UNA PIEDRA CARBONÍFERA, INGLATERRA UN VASO METÁLICO EN ROCA PRECÁMBRICA EN DORCHESTER, MASSACHUSETTS UNA BOLA DE YESO TERCIARIO DE LAON, FRANCIA OBJETOS DESCUBIERTOS EN LA PERFORACIÓN DE POZOS EN ILLINOIS UNA IMAGEN DE BARRO DE NAMPA, IDAHO UNA CADENA DE ORO EN UNA ZONA CARBONÍFERA DE MORRISONVILLE, ILLINOIS PIEDRA TALLADA DE LA MINA DE CARBÓN DE LEHIGH, CERCA DE WEBSTER, IOWA UNA COPA DE ACERO DE UNA MINA DE CARBÓN DE OKLAHOMA LA SUELA DE UN ZAPATO, EN NEVADA UNA PARED EN UNA MINA DE OKLAHOMA TUBOS METÁLICOS EN TIZA, EN FRANCIA LA HUELLA DE UN ZAPATO EN ESQUISTO DE UTAH UNA ESFERA ACANALADA DE SUDÁFRICA Restos anómalos de esqueletos humanos EL FÉMUR DE TRENTON EL ESQUELETO DE GALLEY HILL LA MANDÍBULA DE MOULIN QUIGNON MOULIN QUIGNON. ACTUALIZACIÓN EL ESQUELETO DE CLICHY LOS FRAGMENTOS DE UN CRÁNEO EN LA DENISE EL ESQUELETO DE IPSWICH TERRA AMATA EL CRÁNEO DE BUENOS AIRES ¿UN HOMO ERECTUS SUDAMERICANO? LA MANDÍBULA DE FOXHALL LOS ESQUELETOS DE CASTENEDOLO EL ESQUELETO DE SAVONA LA VÉRTEBRA DE MONTE HERMOSO LA MANDÍBULA DE MIRAMAR EL CRÁNEO DE CALAVERAS MÁS FÓSILES HUMANOS DE LA REGIÓN DEL ORO EN CALIFORNIA DESCUBRIMIENTOS ANTIQUÍSIMOS EN EUROPA ANOMALÍAS EXTREMAS Segunda parte LOS TESTIMONIOS ACEPTADOS El hombre de Java EUGENE DUBOIS Y EL PITECANTROPO LA EXPEDICIÓN DE SELENKA DUBOIS SE RETIRA DE LA BATALLA MÁS FÉMURES ¿SON LOS FÉMURES DE TRINIL DE HUMANOS MODERNOS? LA MANDÍBULA DE HEIDELBERG OTROS DESCUBRIMIENTOS DEL HOMBRE DE JAVA REALIZADOS POR VON KOENIGSWALD LA FUNCIÓN DE LA INSTITUCIÓN CARNEGIE DE REGRESO A JAVA DESCUBRIMIENTOS POSTERIORES EN JAVA DATACIÓN QUÍMICA Y RADIOMÉTRICA DE LOS DESCUBRIMIENTOS DE JAVA PRESENTACIONES ENGAÑOSAS DE TESTIMONIOS DEL HOMBRE DE JAVA El debate de Piltdown DAWSON DESCUBRE UN CRÁNEO ¿DESENMASCARAMIENTO DE UNA FALSIFICACIÓN? IDENTIFICACIÓN DEL CULPABLE El hombre de Beijing y otros descubrimientos en China ZHOUKOUDIÁN DAVIDSON BLACK TRANSFORMACIÓN DE LA FUNDACIÓN ROCKEFELLER DESCUBRIMIENTO HISTÓRICO Y CAMPAÑA A SANGRE FRÍA FUEGO Y HERRAMIENTAS EN ZHOUKOUDIÁN SEÑALES DE CANIBALISMO LOS FÓSILES DESAPARECEN UN CASO DE IMPROBIDAD INTELECTUAL DATACIÓN POR MORFOLOGÍA NUEVOS DESCUBRIMIENTOS EN CHINA ¿Viven los hombres-mono? CRIPTOZOOLOGÍA LOS HOMBRES SALVAJES DE EUROPA EL NOROESTE DE ESTADOS UNIDOS AMÉRICA CENTRAL Y AMÉRICA DEL SUR YETI: EL HOMBRE SALVAJE DEL HIMALAYA EL ALMAS DE ASIA CENTRAL HOMBRES SALVAJES DE CHINA HOMBRES SALVAJES DE MALASIA Y DE INDONESIA ÁFRICA CORRIENTE PRINCIPAL DE LA CIENCIA E INFORMES SOBRE HOMBRES SALVAJES De África siempre sale algo nuevo EL ESQUELETO DE RECK LOS CRÁNEOS DE KANJERA Y LA MANDÍBULA DE KANAM EL NACIMIENTO DEL AUSTRALOPITHECUS ZINJANTHROPUS HOMO HABILIS HISTORIA DE DOS HÚMEROS LOS DESCUBRIMIENTOS DE RICHARD LEAKEY EL ASTRÁGALO ER 813 OH 62: ¿NOS HARÁ FAVOR DE PONERSE EN PIE EL AUTÉNTICO HOMO HABILIS? LA CRÍTICA DE OXNARD AL AUSTRALOPITHECUS LUCY EN LA ARENA CON DIATRIBAS A. AFARENSIS: ¿DEMASIADO HUMANIZADO? LAS HUELLAS DE LAETOLI CRÁNEO NEGRO, IDEAS NEGRAS Comentarios a la edición no abreviada de La historia oculta de la especie humana por Michael Cremo y Richard Thompson "¡Qué denuncia! No sabía yo que había tantos sitios y tantos datos que no embonan en los conceptos modernos de la evolución humana... predigo que este libro se volverá un clásico de la oposición." Doctora Virginia Steen-McIntyre, geóloga "Han efectuado ustedes una labor maravillosa, y los felicito. Gracias por este magnífico libro de referencia." Doctor George Carter, arqueólogo "Michael Cremo, investigador de la historia y de la filosofía de la ciencia, y Richard Thompson, matemático, desafían las opiniones predominantes sobre los orígenes y la antiguedad del hombre. Este volumen combina una gran cantidad de testimonios, tanto aceptados como discutidos, de los registros arqueológicos, con críticas sociológicas, filosóficas e históricas del método científico, para desafiar las opiniones aceptadas y exponer la supresión de información sobre la historia y los orígenes del hombre." Journal of Field Archeology "Su libro es pura patraña, y sólo un loco podría tomarlo en serio. Por desgracia, existen algunos, pero eso es parte de la selección, y no hay nada que se pueda hacer." Richard Leakey, antropólogo "Hacer que los seres humanos modernos... aparecieran mucho antes, de hecho, en un tiempo que ni siquiera los primates simples existían como posibles antepasados, resultaría devastador no sólo para la pauta aceptada. Resultaría devastador para toda la teoría de la evolución." W. W. Howells, antropólogo físico LA HISTORIA OCULTA DE LA ESPECIE HUMANA Michael A. Cremo Richard L. Thompson Dedicado a Su Divina Gracia A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada om ajñana-timirandhasya jñananjana-salakaya caksur unmilitam yena tasmai sri-gurave namah. Prólogo La prehistoria humana es algo sobre lo que nadie debiera ser dogmático. Hace algunos años, la hipótesis de la "Eva mitocondriaca" fue presentada al público virtualmente como un hecho; hoy, ha quedado envuelta en niebla. Sólo unos cuantos días antes de que yo escribiera estas palabras, los periódicos informaron del refechamiento de un fragmento de cráneo descubierto en Java y atribuido al Homo erectus. El fósil, al que ahora se le atribuye una antigüedad de 1.8 millones de años, al parecer coloca esta especie ancestral en Asia mucho antes de que, se suponía, hubiese emigrado de África. Testimonios de esta índole podían recibir gran publicidad porque aunque frustran las expectativas de algunos paleoantropólogos, emocionan a otros y no amenazan en forma fundamental la coherencia del panorama aceptado de la evolución humana. Pero, ¿qué pasaría si un fósil humano aparentemente moderno fuese descubierto en sedimentos fechados 2 millones de años atrás? ¿Se daría crédito a tan asombroso descubrimiento? Posiblemente habría una presión irresistible por modificar esa fecha, por reatribuir el fósil a alguna especie prehumana, por dudar de la competencia del descubridor y, con el tiempo, por olvidarse de todo el asunto. Según nos dicen Michael Cremo y Richard Thompson, algo similar ha ocurrido antes con mucha frecuencia. Y esto porque hay una doble norma que se aplica al evaluar los testimonios. Los testimonios de los primeros humanos o de sus herramientas son pronto aceptados si embonan en el modelo ortodoxo de la evolución humana. Pero otros testimonios no menos dignos de confianza, pero que no embonan en el modelo, se pasan por alto o incluso se suprimen. Muy pronto desaparecen de la bibliografía, y al cabo de unas cuantas generaciones son casi tan invisibles como si nunca hubiesen existido. El resultado de esto es que es virtualmente imposible que obtengan crédito las interpretaciones rivales de la temprana historia humana. Han desaparecido los testimonios que les habrían dado crédito. En su extensa obra intitulada Forbidden Archaeology (Arqueología prohibida), Cremo y Thompson hicieron una asombrosa descripción de algunos de los testimonios que en un tiempo conoció la ciencia, pero que han desaparecido del panorama debido al "filtro del conocimiento" que protege al paradigma imperante. La labor detectivesca necesaria para desenterrar estos testimonios fue impresionante, y los autores informaron de lo que habían descubierto y cómo lo habían hecho, con tan minucioso detalle y con tan profundo análisis, que merecen ser tomados en serio. Por desgracia, relativamente pocos profesionales de la ciencia estan dispuestos a considerar siquiera los testimonios que alteran las opiniones prevalecientes y que vienen de una fuente que no procede de la corriente académica principal. Esta obra presenta un resumen de la obra más extensa, dedicada al lector lego, y espero que atraerá la atención de los científicos imparciales, y que, entonces, puedan verse motivados a estudiar la presentación mucho más detallada que se hace de los mismos testimonios en el volumen original. Los autores reconocen con toda franqueza sus motivos para apoyar la idea, arraigada en la literatura védica de la India, de que la especie humana tiene una gran antigüedad. Yo no comparto su religión ni sus motivos, pero tampoco creo que sea ningún desprestigio el tener una visión religiosa expuesta con toda sinceridad. Los científicos, como todos los demás seres humanos, tienen sus motivos y sus tendencias que pueden nublar su juicio, y el materialismo dogmático que domina el pensamiento de muchos científicos de la corriente principal, mucho más, probablemente dañará la verdad si no se le reconoce como tendencia. A la postre, lo importante no es por qué los investigadores fueron movidos a buscar cierto tipo de evidencia, si no s i descubrieron algo digno de ser informado y digno de ser tomado en serio por la comunidad científica. Por lo que yo puedo juzgar, Cremo y Thompson han mostrado testimonios muy dignos de seria consideración. No estoy escribiendo este prólogo para confirmar sus descubrimientos, sino para alentar a los estudiosos serios del tema a considerarlo de una manera imparcial. Se trata de un libro muy interesante, que se lee con gran emoción. Mucho me gustaría ver si los testimonios que nos ofrece pueden soportar un imparcial escrutinio de los lectores mejor informados, a quienes les alegraría tener la oportunidad de examinar unos testimonios que no se incluyen en los libros de texto y en los artículos de las revistas de que disponen en sus clases universitarias o en sus cursos para graduados. Phillip E. Johnson Escuela de Derecho Universidad de California en Berkeley Autor de Darwin on Trial Prefacio La edición no abreviada de Forbidden Archeology tiene 952 páginas. Por tanto, representa un desafío para muchos lectores. Richard L. Thompson y yo decidimos publicar La historia oculta de la especie humana en versión mas breve, más amena y más fácil de conseguir que Forbidden Archeology. Sin embargo, La historia oculta de la especie humana contiene casi todos los ejemplos analizados en Forbidden Archeology. Faltan las citas bibliográficas del texto y algunos análisis detallados de los aspectos geológicos y anatómicos de muchos casos. Por ejemplo, en La historia oculta de la especie humana simplemente decimos que un sitio se atribuye al Plioceno tardío; en Forbidden Archeology, en cambio, hemos hecho tanto un análisis detallado de por qué es así como presentado muchas referencias de informes geológicos técnicos, pasados y presentes. Michael A. Cremo Pacific Beach, California 26 de marzo de 1994 Introducción y agradecimientos En 1979, unos investigadores que trabajaban en Laetoli, Tanzania, en el África oriental, descubrieron huellas de pies en unos depósitos de ceniza volcánica que tenían más de 3.6 millones de años de antigüedad. Mary Leakey y otros afirmaron que estas huellas no se distinguían de las de los modernos seres humanos. Para esos científicos, esto sólo significaba que los antepasados humanos de hace 3.6 millones de años tenían unos pies notablemente modernos. Pero según otros científicos, como el antropológo físico R. H. Tuttle, de la Universidad de Chicago, los fósiles de huesos del pie de los australopitesinos conocidos de hace 3.6 millones de años muestran que sus pies eran claramente simiescos. Por tanto, eran incompatibles con las huellas descubiertas en Laetoli. En un artículo que apareció en el número de marzo de 1990 de Natural History, Tuttle confesó que "nos encontramos con una especie de misterio". Sin embargo, parece lícito considerar una posibilidad que ni Tuttle ni Leakey mencionaron: que unos seres con cuerpos anatómicamente modernos, de acuerdo con sus pies humanos anatómicamente modernos, existieron hace unos 3.6 millones de años en el África oriental. Tal vez, como puede verse en la ilustración de la página anterior, coexistieron con unos seres más simiescos. Y por muy intrigante que pueda ser esta posibilidad arqueológica, las actuales ideas acerca de la evolución humana la proscriben. Pero de 1984 a 1992, Richard Thompson y yo, con la ayuda de nuestro investigador Stephen Bernath, compilamos un extenso cuerpo de testimonios que pone en duda las actuales teorías sobre la evolución humana. Parte de estos testimonios, como las huellas de Laetoli, son bastante recientes. Pero otros muchos fueron registrados por hombres de ciencia en el siglo XIX y comienzos del siglo XX. Sin considerar siquiera este antiguo cuerpo de testimonios, algunos supondrán que tiene que haber algo erróneo en él: y por ello convenientemente los científicos lo suprimieron hace mucho tiempo, y por muy buenas razones. Richard y yo hemos considerado extensamente esa posibilidad. Sin embargo, hemos concluido que la calidad de este testimonio tan controvertible no es mejor ni peor que los testimonios, supuestamente definitivos, que se suelen citar en favor de las actuales ideas acerca de la evolución humana. En la primera parte de La historia oculta de la especie humana, analizamos la gran cantidad de testimonios, muy discutibles, que contradicen las ideas actuales acerca de la evolución humana. Narramos, en detalle, cómo estas pruebas han sido sistemáticamente suprimidas, pasadas por alto u olvidadas, aunque sean cualitativa y cuantitativamente equivalentes a los testimonios que favorecen las ideas hoy aceptadas sobre los orígenes humanos. Y cuando hablamos de supresión de pruebas, no estamos refiriéndonos a unos conspirado res de la ciencia que formaran un complot satánico para engañar al público. En cambio, estamos hablando de un continuado proceso social de filtración del conocimiento que parece absolutamente inofensivo, pero que llega a tener un considerable efecto acumulativo. Ciertas categorías de testimonios simplemente desaparecen; en nuestra opinión, injustificadamente. Esta pauta de supresión de datos se viene dando desde hace ya mucho tiempo. En 1880, J. D. Whitney, geólogo del estado de California, publicó una extensa revisión de avanzadas herramientas de piedra descubiertas en unas minas de oro de California. Estas herramientas, que incluían puntas de lanza y morteros y almireces de piedra, fueron descubiertas en lo profundo de algunos pozos de las minas, bajo densas capas subterráneas de lava, en formaciones que iban de 9 a más de 55 millones de años de antigüedad. W. H. Holmes, de la Institución Smithsoniana, y uno de los críticos más elocuentes de los descubrimientos de California, escribió: "Tal vez si el profesor Whitney hubiese apreciado cabalmente la historia de la evolución humana, tal como hoy se le comprende, habría vacilado antes de anunciar las conclusiones formuladas [que existían seres humanos en tiempos antiquísimos en América del Norte], a pesar de los incontables testimonios que se le opusieron". En otras palabras, si los hechos no concuerdan con la teoría predilecta, entonces esos hechos, aun cuando existan en cantidad imponente, deberán ser desechados. Esto apoya el primer argumento que estoy tratando de establecer en La historia oculta de la especie humana, a saber: que en la comunidad científica existe un filtro del conocimiento, que desecha los testimonios no convenientes. Este proceso de filtración del conocimiento lleva en acción más de un siglo y continúa hasta la actualidad. Además del proceso general de filtración del conocimiento, parece haber casos de supresión más directa. A comienzos del decenio de 1950, Thomas E. Lee, del Museo Nacional de Canadá, descubrió unas avanzadas herramientas de piedra en unos depósitos glaciares de Sheguiandah, en la isla de Manitoulin, en el norte del lago Hurón. El geólogo John Sanford, de la Universidad Estatal Wayne, arguyó que las más antiguas herramientas de Sheguiandah tenían al menos 65 000 años de antigüedad, tal vez hasta 125000 años. Para quienes se atienen a las ideas tradicionales sobre la prehistoria de América del Norte, tales edades eran inaceptables. Se supone que los seres humanos llegaron de Siberia a América del Norte hace unos 12 000 años. Se quejó Thomas E. Lee: "El descubridor del sitio [Lee] fue expulsado de su puesto en el servicio civil, para caer en un prolongado desempleo; se le impidió publicar; su testimonio fue falseado por varios autores célebres... las toneladas de artefactos desaparecieron en los depósitos del Museo Nacional de Canadá; por negarse a despedir a su descubridor, el director del Museo Nacional, que había propuesto publicar una monografía sobre el sitio, fue cesado y obligado al exilio; se movilizaron puestos oficiales de prestigio y poder, en un esfuerzo por adueñarse de seis especímenes de Sheguiandah que no habían quedado ocultos; y el sitio se convirtió en un lugar de atracción para turistas... lo de Sheguiandah habría obligado a hacer unos embarazosos reconocimientos de que los sabios no lo saben todo. Habría obligado a reescribir casi todos los libros sobre el tema. Había que acallar aquello, y fue acallado". En la segunda parte de La historia oculta de la especie humana, analizamos el cuerpo de testimonios aceptados que suele emplearse en apoyo de las ideas hoy dominantes acerca de la evolución humana. Examinamos especialmente la posición del Australopithecus. Casi todos los antropólogos dicen que el Australopithecus fue un antepasado humano, con una cabeza simiesca, un cuerpo parecido al humano, y una actitud y un paso de bípedo, similar al humano. Pero otros investigadores han planteado un argumento convincente en favor de un concepto radicalmente distinto del Australopithecus. Según estos investigadores, los australopitecinos eran muy parecidos a los monos; eran seres en parte arborícolas, sin ninguna conexión directa con el linaje evolutivo humano. En la segunda parte también consideramos la posible coexistencia de homínidos primitivos y de seres humanos anatómicamente modernos, no sólo en el remoto pasado sino también en la actualidad. En el último siglo, los científicos han acumulado testimonios sugerentes de que unos seres parecidos a los humanos y similares al Gigantopithecus, Australopithecus, Homo erectus y a los de Neanderthal viven en varias zonas del mundo. En América del Norte se les conoce como Sasquatch. En Asia Central se les llama "Almas". En África, China, el sureste de Asia, América Central y América del Sur se les dan otros nombres. Algunos investigadores utilizan el término general wildmen [hombres salvajes] para incluirlos a todos. Hombres de ciencia y médicos dicen haber visto wildmen vivos, muertos, o huellas de sus pies. También han catalogado miles de informes de personas comunes y corrientes que han visto al wildmen, así como informes similares de los registros históricos. Algunos podrán preguntar por qué publicamos un libro como La historia oculta de la especie humana si no tenemos algún propósito subyacente, pero, en realidad, sí lo hay. Richard Thompson y yo somos miembros del Instituto Bhaktivedanta, que es una rama de la Sociedad Internacional para la Concienciade Krishna, que estudia la relación entre la ciencia moderna y la cosmovisión expresada en la literatura védica de la India. De la literatura védica sacamos la idea de que la especie humana tiene una antigüedad enorme. Con el propósito de efectuar una investigación sistemática de la bibliografía científica existente sobre la antigüedad humana, expresamos la idea védica bajo una teoría que dice que durante larguísimos periodos han coexistido varios seres, similares a humanos y similares a simios. El hecho de que nuestra visión teórica se derive de la literatura védica no tiene por qué descalificarla. La selección de teorías pueden venir de muchas fuentes: una inspiración privada, teorías anteriores, la sugestión hecha por un amigo, una película, etc. Lo que en realidad importa no es el origen de una teoría, sino su capacidad de explicar las observaciones. Por consideraciones de espacio, no pudimos desarrollar en este volumen nuestras ideas acerca de una alternativa para las actuales teorías sobre los orígenes humanos. Por tanto, estamos planeando ya un segundo volumen que relacione los extensos resultados de nuestra investigación en este terreno con las fuentes de nuestro material védico. Llegado a este punto deseo decir algo acerca de mi colaboración con Richard Thompson. Richard es científico de profesión, es un matemático que ha publicado artículos y libros muy citados en los campos de la biología matemática, la sensibilidad remota desde satélites así como sobre geología y física. Yo no soy científico de profesión. Desde 1977 he sido escritor y corrector de libros y revistas publicadas por el Bhaktivedanta Book Trust. En 1984, Richard pidió a su ayudante Stephen Bernath que empezara a recabar material sobre los orígenes y la antigüedad del hombre. En 1986, Richard me pidió que organizara ese material para formar un libro. A medida que revisaba el material que me entregó Stephen, me llamó la atención el pequeñísimo número de informes que había desde 1859, fecha en que Darwin publicó El origen de las especies, hasta 1894, cuando Dubois publicó su informe sobre el hombre de Java. Sintiendo curiosidad, pedí a Stephen que me consiguiera algunos libros de antropología de finales del siglo XIX y comienzos del XX. En esos libros, que incluían una temprana edición de los Hombres fósiles, de Marcellin Boule, encontré críticas sumamente negativas de numerosos informes del periodo en cuestión. Con base en las notas de pie de página, logramos desenterrar unos cuantos ejemplos de estos informes. Casi todos ellos, escritos por científicos del siglo XIX, describían huesos tallados, instrumentos de piedra y restos de esqueletos, anatómicamente modernos, descubiertos en marcos geológicos inesperadamente antiguos. Los informes, de alta calidad, daban respuesta a muchas posibles objeciones. Esto me alentó a emprender una investigación más sistemática. Descubrir estos enterrados testimonios literarios fue tarea que exigió otros tres años. Stephen Bernath y yo conseguimos raros volúmenes de conferencias y revistas de todo el mundo, y, unidos, tradujimos este material al inglés. Redactar el manuscrito con base en los materiales reunidos también nos tomó otros dos años. Durante todo el periodo de investigación y redacción, sostuve discusiones casi a diario con Richard acerca del significado del material y sobre la mejor manera de presentarlo. Stephen dedujo muchas cosas del material que aparece en el capítulo 6 gracias a Ron Calais, quien tuvo la bondad de enviarnos muchas copias fotostáticas de informes originales de sus archivos. Virginia Steen-McIntyre tuvo la bondad de ofrecernos su correspondencia sobre la datación del sitio de Hueyatlaco, en México. También sostuvimos útiles intercambios de opinión sobre instrumentos de piedra con Ruth D. Simpson del Museo del Condado de San Bernardino, y sobre las marcas de dientes de tiburón sobre huesos, con Thomas A. Deméré del Museo de Hiistoria Natural de San Diego. Este libro no habría podido terminarse sin los variados servicios de Christopher Beetle, graduado en ciencias de la computación en la Universidad Brown, quien vino al Instituto Bhaktivedanta de San Diego en 1988. Por haber supervisado el diseño y la disposición de esta edición abreviada, damos las gracias Richard y yo a Alister Taylor. El diseño de la cubierta fue obra de Yamaraja dasa. Las ilustraciones que aparecen frente a la primera página de la introducción y en la figura 12.8 son de la obra sumamente elogiada de Miles Triplett. Beverly Symes, David Smith, Sigalit Binyaminy, Susan Fritz, Barbara Cantatore, Joseph Franklin y Michael Best también nos ayudaron en la producción de este libro. Richard y yo deseamos dar las gracias muy especialmente a los fideicomisarios internacionales del Bhaktivedanta Book Trust, actuales y pasados, por su generoso apoyo en la investigación, la redacción y la publicación de este libro. Por último, pedimos a nuestros lectores hacernos saber cualquier evidencia adicional que pueda interesarnos, especialmente para incluirla en ediciones futuras de este libro. La correspondencia puede dirigirse a nosotros en Hill Publishing, P. O. Box 52, Badger, CA 93603. Michael A. Cremo Pacific Beach, California 26 de marzo de 1994 Primera parte EL TESTIMONIO ANÓMALO La canción del León Rojo: Darwin y la evolución del hombre En una noche de 1871, se reunió en Edimburgo, Escocia, un grupo de cultos caballeros británicos, los Leones Rojos, para cenar alegremente y entretenerse con canciones y discursos humorísticos. Lord Neaves, bien conocido por sus ingeniosas letras de canciones, se puso de pie ante los Leones reunidos y cantó doce estrofas que había compuesto sobre "El origen de las especies, a la manera de Darwin". Entre ellas había esta. Un simio con pulgar plegable y gran cerebro cuando el don del habla logró dominar, cual amo de la creación establecio su reino, ¡y nadie lo puede negar! Sus compañeros respondieron, como era costumbre entre los Leones Rojos, con amables risas y meneando la cola de sus levitas. Exactamente una docena de años después de que Charles Darwin publicó El origen de las especies por la selección natural, en 1859, un número cada vez mayor de científicos y otras personas cultas consideraban imposible y, de hecho, risible suponer siquiera que los seres humanos no fuesen más que los descendientes modificados de un linaje ancestral de seres simiescos. En el propio Origen de las especies, Darwin tocó brevemente la cuestión de los comienzos humanos, anotando tan sólo en las últimas páginas que "se hará luz sobre el origen del hombre y su historia". Y sin embargo, a pesar de esta advertencia, era claro que no consideraba a la humanidad como una excepción de su teoría de que una especie evoluciona a partir de otra. HABLA DARWIN Hubo que esperar a 1871 para que Darwin presentara un libro (La descendencia del hombre y la selección en relación con el sexo), en el que expresaba sus ideas detalladas sobre la evolución humana. Explicando su retraso escribió Darwin: "Durante muchos años recabé notas sobre el origen o la descendencia del hombre, sin ninguna intención de publicar sobre el tema, sino, antes bien, con la determinación de no publicar, pues pensé que esto sólo enconaría los prejuicios que hay contra mis opiniones. Me pareció que bastaba indicar, en la primera edición de mi Origen de las especies, que con esta obra se haría luz sobre el origen del hombre y su historia; y esto implica que hay que incluir al hombre con los otros seres orgánicos en toda conclusión general con respecto a la manera de su aparición en esta Tierra". En su Descendencia del hombre, Darwin negó explícitamente que la especie humana tuviese una condición especial. "Aprendemos así", dijo, "que el hombre descendió de un cuadrúpedo peludo y con cola, probablemente de hábitos arborícolas, y habitante del Viejo Mundo". Fue una declaración audaz, pero que carecía de cualquier tipo de prueba que fuera convincente: unos fósiles de especies de transición entre los antiguos simios y los modernos humanos. Dejando aparte dos cráneos de Neanderthal, mal fechados, descubiertos en Alemania y Gibraltar, y unos pocos descubrimientos -poco anunciados- de morfología moderna, no había ningún descubrimiento de restos fósiles u homínidos. Este hecho pronto se volvió una buena arma para quienes se indignaban ante la sugestión de Darwin, de que los seres humanos tuviesen antepasados simiescos. Preguntaban: "¿Dónde estan los fósiles que puedan probarlo?" Sin embargo, hoy, casi sin excepción, los paleoantropólogos modernos creen que han realizado las esperanzas de Darwin mediante descubrimientos positivos de antepasados humanos fósiles en África, Asia y otros lugares. LA APARICIÓN DE LOS HOMÍNIDOS En este libro, damos por sentado el sistema moderno de edades geológicas (cuadro 1.1). Lo utilizaremos como continuo marco de referencia en nuestro estudio de la historia de los antiguos seres humanos y casi humanos; lo hacemos por conveniencia. Reconocemos que nuestros descubrimientos podrán requerir de una seria reconsideración de la escala geológica del tiempo. Según las opiniones modernas, los primeros seres parecidos a los simios aparecieron durante el periodo Oligoceno, el cual comenzó hace unos 38 millones de años. Los primeros simios que se han considerado como parte del linaje humano aparecieron en el Mioceno, que se extiende entre los 5 y los 25 millones de años, y en que se incluye el Dryopithecus. Vino después el Plioceno. Durante este periodo, se dice que aparecieron en los registros fósiles los primeros homínidos, o primates semihumanos que caminaban erectos. El más antiguo homínido conocido es el Australopithecus, el simio del sur, al que se ha fechado hace 4 millones de años en el Plioceno. CUADRO 1.1 Eras y periodos geológicos Era Periodo Comienza hace millones de años Cenozoica Holoceno .01 Pleistoceno 2 Plioceno 5 Mioceno 25 Oligoceno 38 Eoceno 55 Paleoceno 65 Cretácico 144 Jurásico 213 Triásico 248 Pérmico 286 Carbonífero 360 Devónico 408 Silúrico 438 Ordovícico 505 Cámbrico 590 Mesozoica Paleozoica Este ser casi humano, afirman los científicos, tenía entre 1.20 y 1.50 metros de alto y una capacidad craneal entre 300 y 600 centímetros cúbicos (c.c.). Del cuello hacia abajo se dice que el Australopithecus era muy similar a los seres humanos modernos, mientras que la cabeza mostraba ciertos rasgos simiescos y ciertos rasgos humanos. Se dice que de una rama del Australopithecus surgió el Homo habilis hace unos 2 millones de años, a comienzos del Pleistoceno. EI Homo habilis parece similar al Australopithecus, pero se dice que su capacidad craneal era mayor: entre 600 y 750 centímetros cúbicos. Se cree que el Homo habilis dio origen al Homo erectus (la especie que incluye al hombre de Java y al hombre de Beijing) hace unos 1.5 millones de años. Se dice que el Homo erectus medía entre 1.50 y 1.80 metros de altura y que tenía una capacidad craneal que variaba entre 700 y 1300 centímetros cúbicos. En la actualidad, la mayoría de los paleontólogos creen que, del cuello hacia abajo, el Homo erectus, como el Australopithecus y el Homo habilis, era casi igual que los modernos seres humanos. Sin embargo, la frente retrocedía tras unos fuertes arcos superciliares, las mandíbulas y los dientes eran grandes, y la mandíbula inferior carecía de quijada. Se cree que el Homo erectus vivió en África, Asia y Europa hasta hace unos 200 000 años. Los paleoantropólogos creen que a partir del Homo erectus fueron surgiendo gradualmente unos seres humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens sapiens). Entre hace 300000 ó 400 000 años, se dice que aparecieron los primeros Homo sapiens o los arcaicos Homo sapiens. Se les describe como seres con una capacidad craneana casi tan grande como la de los modernos seres humanos, pero que, sin embargo, manifestaban en menor grado algunas de las características del Homo erectus, como el grueso cráneo, la frente hacia atrás y grandes arcos superciliares. Ejemplos de esta categoría son los descubrimientos realizados en Swanscombe en Inglaterra, Steinheim en Alemania y Fontechevade y Arago en Francia. Dado que estos cráneos también poseen, en cierto grado, características neanderthalenses, también se les ha clasificado como tipos preneanderthalenses. Hoy, casi todas las autoridades afirman que tanto los seres humanos anatómicamente modernos como los clásicos neanderthalenses del oeste de Europa evolucionaron a partir de los tipos de homínidos preneanderthalenses o tempranos Homo sapiens. En la primera parte del siglo XX, algunos científicos postularon la idea de que los neanderthalenses del último periodo glacial, conocidos como "neanderthalenses clásicos de la Europa occidental", habían sido los antepasados directos de los seres humanos modernos. Su cerebro era más grande que el del Homo sapiens sapiens. Su rostro y su mandíbula eran mucho más grandes, y su frente, más baja, retrocediendo tras sus grandes arcos superciliares. Se han encontrado restos de neanderthalenses en depósitos del Pleistoceno, de hace 30000 a 150000 años. Sin embargo, el descubrimiento de tempranos Homo sapiens en depósitos de hace mucho más de 150000 años suprimió al clásico neanderthalense de la Europa occidental del linaje directo de ascendencia que conduciría del Homo erectus a los seres humanos modernos. El tipo de ser humano conocido como de Cro-Magnon apareció en Europa hace aproximadamente 30 000 años, y era anatómicamente moderno. Los científicos solían decir que el Homo sapiens sapiens anatómicamente modemo apareció por vez primera hace unos 40 000 años, pero hoy muchas autoridades, a la luz de descubrimientos realizados en Sudáfrica y otras partes, dicen que apareció hace mas de 100 000 años. La capacidad craneal de los seres humanos modernos varía entre 1 000 y 2 000 centímetros cúbicos, con un promedio de cerca de 1 350 centímetros cúbicos. Como puede observarse hoy fácilmente entre los seres humanos modernos, no hay una correlación entre el tamaño del cerebro y la inteligencia. Hay personas de gran inteligencia con cerebros de 1 000 centímetros cúbicos y personas muy torpes con cerebros de 2 000 centímetros cúbicos. En los actuales relatos de los orígenes humanos no se explica con precisión dónde, cuando o cómo el Australopithecus dio origen al Homo habilis o cómo del Homo habilis surgió e l Homo erectus o cómo el Homo erectus dio origen alos modernos seres humanos. Sin embargo, la mayoría de los paleoantropólogos concuerda en que al Nuevo Mundo sólo llegaron unos seres humanos anatómicamente modernos. Se dice que todas las anteriores etapas de la evolución, desde el Australopithecus, ocurrieron en el Viejo Mundo. En general se dice que la primera llegada de seres humanos al Nuevo Mundo ocurrió hace unos 12 000 años; algunos científicos están dispuestos a aceptar una fecha del Pleistoceno tardío, hace 25 000 años. Aún en la actualidad quedan muchas lagunas en el supuesto registro de la ascendencia humana. Por ejemplo, hay una ausencia casi total de fósiles que relacionen a los simios del Mioceno, como el Dryopithecus, con los antepasados de los modernos simios y los seres humanos modernos durante el Plioceno, especialmente en un periodo de hace 4 a 8 millones de años. Acaso sea verdad que algún día se descubrirán fósiles que colmen esa laguna. Y sin embargo -y esto es de extrema importancia-no hay razón para suponer que los fósiles que aparezcan habrán de apoyar forzosamente la teoría evolutiva. Por ejemplo, ¿qué pasaría si en estratos anteriores a aquellos en que fue descubierto el Dryopithecus aparecieran fósiles de seres humanos anatómicamente modernos? Y aún si se descubriera que seres humanos anatómicamente modernos vivieron hace 1 millón de años, 4 millones de años después de haber desaparecido el Dryopithecus durante el Mioceno tardío, eso bastaría para anular las actuales versiones sobre el origen de la humanidad. De hecho, ya se han descubierto tales testimonios, pero desde entonces se han suprimido, o convenientemente olvidado. Gran parte de ella salió a la luz en los decenios que siguieron a la publicación de El origen de las especies de Darwin, antes de la cual no había habido descubrimientos notables, excepto el del hombre de Neanderthal. En los primeros años del darvinismo, no había que defender una versión claramente establecida de la ascendencia del hombre, y los científicos profesionales hicieron e informaron de muchos descubrimientos que hoy nunca llegarían a las páginas de ninguna publicación más académicamente respetable que el National Enquirer. La mayor parte de estos fósiles y artefactos fueron desenterrados antes de que Eugene Dubois descubriera el hombre de Java, el primer homínido protohumano entre el Dryopithecus y los modernos seres humanos. El hombre de Java fue descubierto en depósitos del Pleistoceno medio, a los que se suele asignar una edad de 800 000 años. Este descubrimiento llegó a ser un hito importante. De ahí en adelante, los científicos no esperarían descubrir fósiles ni artefactos de seres humanos anatómicamente modernos en depósitos de la misma o mayor antigüedad. Y si lo hacían, ellos (o alguien más sagaz) llegaban a la conclusión de que eso era imposible y encontraban alguna manera de desacreditar el descubrimiento, tratándolo de error, de fantasía o de falsificación. Sin embargo, antes del hombre de Java, respetables científicos del siglo XIX descubrieron buen número de ejemplos de restos de esqueletos humanos anatómicamente modernos en estratos muy antiguos. Y también encontraron grandes números de herramientas de piedra de diversos tipos, así como huesos de animales que mostraban señales de acción humana. ALGUNOS PRINCIPIOS DE EPISTEMOLOGÍA Antes de empezar nuestra revisión de testimonios paleoantropológicos rechazados y aceptados, esbozaremos unas cuantas reglas epistemológicas que hemos tratado de seguir. La epistemología es definida en el Webster's New World Dictionary como “el estudio o la teoría del origen, de la naturaleza, de los métodos y de los límites del conocimiento". Cuando se dedica uno al estudio de los testimonios científicos, es importante tener en mente la naturaleza, los métodos y los límites del conocimiento; de otra manera, fácilmente puede uno caer en una ilusión. Sin duda, el testimonio paleoantropológico tiene ciertas limitaciones clave que se deben señalar. En primer lugar, las observaciones que entran en los hechos paleoantropológicos tienden a incluir descubrimientos raros, que no pueden multiplicarse a voluntad. Por ejemplo, algunos científicos en este campo se han forjado grandes reputaciones con base en unos cuantos descubrimientos célebres, y otros, la gran mayoría, han pasado toda su carrera sin hacer un solo descubrimiento de importancia. En segundo lugar, una vez hecho un descubrimiento, se destruyen ciertos elementos clave del testimonio, y para enterarnos de estos elementos dependeremos tan sólo del testimonio de los descubridores. Por ejemplo, uno de los aspectos más importantes de un fósil es su posición estratigráfica. Sin embargo, una vez sacado el fósil de la tierra, se destruye el testimonio directo que indicaba su posición, y habremos de depender del testimonio del excavador sobre dónde y cómo lo descubrió. Por supuesto, se podría discutir que la composición química u otras características del fósil pueden indicar su lugar de origen. Esto es verdad en algunos casos, pero no en otros. Y al hacer ese juicio también hemos de depender de informes sobre la composición química y otras propiedades físicas de los estratos en que, según se dice, fue descubierto el fósil. Las personas que han efectuado descubrimientos importantes a veces no saben regresar a los sitios de esos descubrimientos. Al cabo de pocos años, los sitios son casi inevitablemente destruidos, tal vez por la erosión, por una completa excavación paleoantropológica o por fraccionamientos comerciales (que incluyen la explotación de canteras, construcción de edificios, etc.). Hasta las excavaciones modernas que incluyen un minucioso registro de los detalles destruyen el testimonio mismo que están registrando, dejándonos sin otra cosa que un testimonio escrito como prueba de muchas afirmaciones clave, y aún existen incontables descubrimientos importantes de la actualidad que incluyen muy pocos registros con detalles decisivos. De este modo la persona deseosa de comprobar los informes paleoantropológicos se encontrará con grandes dificultades para tener acceso a los hechos reales, aún si puede viajar hasta el lugar en que se ha efectuado un descubrimiento. Y, desde luego, las limitaciones de tiempo y de dinero sólo permiten examinar personalmente un minúsculo porcentaje de la totalidad de los sitios paleoantropológicos importantes. Una tercera dificultad es que los hechos de la paleoantropología rara vez (o nunca) son sencillos. Un científico puede atestiguar que los fósiles salieron de una cierta capa del Pleistoceno formativo; pero esta declaración, aparentemente sencilla, puede depender de muchas observaciones y argumentos que incluyen fallas geológicas, la posibilidad de desplomes, la presencia o ausencia de una capa de deslave, la presencia de una cañada que haya vuelto a llenarse, etc. Si consultamos el testimonio de otra persona que estaba presente en el sitio, podremos descubrir que menciona muchos detalles importantes que no fueron mencionados por el primer testigo. Los distintos observadores a veces se contradicen, y sus sentidos y su memoria son imperfectos. De este modo, un observador en un sitio determinado puede ver ciertas cosas pero pasar por alto otras muchas cosas importantes que podrían ser vistas por otros observadores, pero esto a veces resulta imposible porque el lugar se ha vuelto inaccesible. Luego, viene el problema del engaño que se puede dar por sistema, como en el caso de Piltdown. Como veremos, para llegar al fondo de este tipo de engaño se necesitan las dotes de investigación de un super Sherlock Holmes, con todas las instalaciones de un moderno laboratorio forense. Por desgracia, siempre hay buenos motivos para el fraude deliberado o involuntario, ya que la fama y la gloria aguardan a la persona que logra descubrir a un antepasado del hombre. También se puede dar la charlatanería simplemente para no informar de ciertas observaciones que no encajan en nuestras conclusiones deseadas. Como veremos en el curso de este libro, a veces los investigadores han encontrado artefactos en ciertos estratos, pero nunca lo han dicho porque no consideraron posible que los artefactos tuviesen esa antigüedad. Esto es muy difícil de evitar, porque nuestros sentidos son imperfectos, y si a veces vemos algo que parece imposible, es, pues, natural suponer que nos hemos equivocado. En realidad,esto bien pudo ocurrir. El engaño que se comete simplemente no mencionando observaciones importantes es una limitación de la naturaleza humana que, por desgracia, puede tener un efecto funesto sobre el proceso empírico. Las desventajas de los hechos paleoantropológicos no se limitan a las excavaciones de objetos. También se encuentran desventajas similares en los estudios modernos de datación, química o radiométrica. Por ejemplo, una fecha obtenida mediante carbono 14 puede parecer que incluye un procedimiento directo que, en forma confiable, nos da una fecha: la edad de un objeto. Pero los auténticos estudios de datación a menudo incluyen complejas consideraciones con respecto a la identidad de las muestras, su historia y su posible contaminación. Puede incluir el rechazo de algunas fechas antes calculadas y la aceptación de otras sobre la base de argumentos muy complejos que rara vez son publicados explícitamente. También aquí los hechos pueden ser complejos, incompletos y en gran parte inaccesibles. La conclusión que sacamos de estas limitaciones de los hechos paleoantropológicos es que en este campo de estudio nos vemos en gran parte restringidos al estudio comparativo de los informes. Y aunque sí existen pruebas sólidas en forma de fósiles y artefactos en los museos, la mayor parte del testimonio clave que da importancia a estos objetos sólo existe en forma escrita. Dado que la información transmitida por los informes paleoantropológicos suele ser incompleta, y como hasta los más sencillos hechos en este campo suelen incluir cuestiones complejas y difíciles de resolver, es complicado llegar a conclusiones sólidas acerca de la realidad. Entonces, ¿qué podemos hacer? Algo importante es comparar la calidad de los diversos informes. Aunque no tengamos acceso a los hechos reales, podemos estudiar directamente los distintos informes y tratar de compararlos objetivamente. Se puede evaluar una colección de informes que tratan de ciertos descubrimientos sobre la base de la minuciosidad de la investigación y de la lógica, y de la congruencia de los argumentos presentados. Podemos ver si surgieron, o no, argumentos contrarios, escépticos, sobre una determinada teoría, y si se les dio respuesta. Dado que las observaciones que se dan siempre deben tomarse como confiables en cierto aspecto, tendremos que informarnos también sobre la calificación de los observadores. Nosotros proponemos que si existen dos colecciones de informes igualmente fidedignas sobre la base de estas normas, se les debe tratar con igualdad. Ambos conjuntos pueden ser aceptados, ambos pueden ser rechazados, o se puede considerar que ambos tienen una condición incierta. Sin embargo, sería erróneo aceptar un conjunto de informes y rechazar el otro, y especialmente equivocado sería aceptar un conjunto como prueba de determinada teoría mientras se suprime al otro conjunto, haciéndolo así inaccesible para los estudiosos del futuro. Aplicaremos este enfoque a dos conjuntos particulares de informes. El primer conjunto consiste en informes de restos de artefactos y esqueletos humanos que parecen anómalamente antiguos, de los cuales casi todos fueron descubiertos a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Estos informes se analizan en la primera parte de este libro. EI segundo conjunto consiste en informes de artefactos y de restos de esqueletos que son aceptados como prueba en apoyo de las actuales teorías sobre la evolución humana. Estos informes van desde finales del siglo XIX hasta del decenio de 1980, y se analizan en la segunda parte. Debido a las conexiones naturales que tienen entre sí los diversos descubrimientos, en la segunda parte se analizan también algunos descubrimientos anómalos. Nuestra tesis es que, a pesar de los diversos avances logrados por la ciencia paleoantropológica en el siglo XX, hay una esencial equivalencia de calidad entre estos dos conjuntos de informes. Por consiguiente sugerimos que no es apropiado aceptar un conjunto y rechazar el otro. Esto tiene serias consecuencias sobre la teoría moderna de la evolución humana. Si rechazamos el primer conjunto de informes (las anomalías) y, para ser congruentes, si tambien rechazamos el segundo (testimonios actualmente aceptados), entonces privaremos a la teoría de la evolución humana de una buena parte de sus fundamentos sobre la observación. Pero si aceptamos el primer conjunto de informes, tenemos que aceptar la existencia de unos seres inteligentes que fabricaban herramientas en periodos geológicos tan remotos como el Mioceno o aun el Eoceno. Si aceptamos el testimonio de los esqueletos presentados en estos informes, debemos ir más adelante y aceptar la existencia de seres humanos anatómicamente modernos en aquellos periodos remotos. Esto no sólo contradice la actual teoría de la evolución humana, sino que también arroja graves dudas sobre todo nuestro cuadro de la evolución de la vida de los mamíferos durante el Cenozoico. Huesos incisos y rotos: el principio de la decepción Los huesos de animales intencionalmente cortados y rotos forman una parte considerable de los testimonios de la antigüedad humana. A mediados del siglo XIX fueron sometidos a serios estudios y han seguido siendo objeto de extensa investigación y análisis hasta nuestros días. En los decenios que siguieron a la publicación de El origen de las especies de Darwin, muchos hombres de ciencia descubrieron huesos incisos y rotos que parecían indicar una presencia humana durante el Plioceno, el Mioceno y periodos anteriores. Sus adversarios sugirieron que las marcas y roturas observadas en los huesos fósiles habían sido causadas por la acción de carnívoros, tiburones o por presiones geológicas. Pero los partidarios de los descubrimientos ofrecieron impresionantes argumentos contrarios. Por ejemplo, a veces se encontraban herramientas de piedra junto a huesos tallados, y se hicieron experimentos con estas herramientas sobre huesos frescos y dejaron marcas que se asemejaban enormemente a las descubiertas en los fósiles. Los científicos también hicieron uso del microscopio para distinguir los cortes efectuados en los huesos fósiles de los que pudiera haber hecho el diente de un animal o de un tiburón. En muchos casos las marcas se encontraron en lugares del hueso apropiados para ciertas operaciones específicas de carnicería. No obstante, en el conjunto generalmente aceptado como testimonio, se carece de informes sobre huesos incisos y quebrados que puedan indicar una presencia humana en el Plioceno o antes. Sin embargo, no puede darse por sentada esta exclusión. A partir de los testimonios incompletos, que hoy se están considerando activamente, los científicos han llegado a la conclusión de que los seres humanos del tipo moderno aparecieron en fecha bastante reciente. Pero a la luz de la evidencia que cubriremos en este capítulo, parece que pueden estarse engañando a sí mismos. ST. PREST, FRANCIA En abril de 1863, Jules Desnoyers, del Museo Nacional de Francia, llegó a St. Prest, en el noroeste de Francia, a recoger fósiles. De una grava arenosa recuperó parte de la tibia de un rinoceronte. Notó en el hueso una serie de estrechos canales. Consideró que algunos de esos canales parecían haber sido hechos por un agudo cuchillo u hoja de pedernal. También observó unas pequeñas marcas circulares que bien habrían podido ser hechas con una herramienta puntiaguda. Más adelante, Desnoyers examinó colecciones de fósiles de St. Prest en los museos de Chartres y en la Escuela de Minas de París y vio que tenían los mismos tipos de marcas. Informó de estos descubrimientos a la Academia Francesa de Ciencias. Algunos científicos modernos han dicho que el sitio de St. Prest corresponde al Plioceno tardío. Si Desnoyers llegó a la conclusión correcta de que las marcas que vio en muchos de los huesos habían sido hechas por instrumentos de pedernal, entonces diríase que en aquel tiempo, en Francia, había la presencia de seres humanos. Podríamos preguntar "¿qué tiene eso de malo?" Pero de acuerdo con nuestra actual interpretación de la paleoantropología, mucho estaría mal. La presencia en aquel tiempo, en Europa, de unos seres que emplearan con gran destreza instrumentos de piedra parecería casi imposible: se cree que al término del Plioceno, hace unos 2 millones de años, aún no existía la moderna especie humana. Tan sólo en África encontraríamos a nuestros antepasados primitivos, y estos se encontraban limitados a l Australopithecus y al Homo habilis, considerado este último como el primer fabricante de herramientas. Según los informes de otros científicos, el sitio de St. Prest puede ser más reciente que el Plioceno: tal vez de 1.2 a 1.6 millones de años, y sin embargo, los huesos incisos seguirían siendo una anomalía. Aun en el siglo XIX, los descubrimientos relacionados por Desnoyers, de los huesos incisos de St. Prest, provocaron controversia. Sus adversarios afirmaban que las marcas habían sido hechas por las herramientas de los obreros que hicieron la excavación. Pero Desnoyers mostró que las marcas de cortes estaban cubiertas por depósitos minerales, exactamente como las otras superficies de los huesos fósiles. EI célebre geólogo británico sir Charles Lyell sugirió que las marcas se debían a los dientes de roedores, pero el prehistoriador francés Gabriel de Mortillet dijo que esas marcas no podían ser obra de animales. Sugirió, en cambio, que habían sido hechas por unas piedras agudas, que se habían desplazado por presiones geológicas. A esto replicó Desnoyers: "Muchas de las incisiones se han desgastado por frotamiento posterior, resultante del desplazamiento o del movimiento de los huesos en medio de las arenas y la grava. Pero las marcas resultantes son de un carácter esencialmente distinto de las originales marcas y estrías". ¿Quién tiene razón, Desnoyers o De Mortillet? Algunas autoridades creyeron que la cuestión podría zanjarse si se pudiera mostrar que las gravas de St. Prest contenían herramientas de pedernal que fueran de indiscutible manufactura humana. Louis Bourgeois, un clérigo que se había ganado cierta reputación como distinguido paleontólogo, buscó minuciosamente ese testimonio en los estratos de St. Prest. Gracias a su paciente investigación acabó por descubrir cierto número de piezas de pedernal que, según creyó, eran auténticas herramientas, y al respecto escribió un informe a la Academia de Ciencias en enero de 1867. El célebre antropólogo francés Armand de Quatrefages dijo que estas herramientas incluían raspadores, perforadores y puntas de lanceta. Ni siquiera esto satisfizo a De Mortillet, quien afirmó que las piezas de pedernal descubiertas por Bourgeois en St. Prest habían sido modificadas por la presión geológica. Parece que en nuestro intento de responder a una pregunta sobre la naturaleza de marcas o cortes en unos huesos hemos tropezado con otra: la cuestión de cómo reconocer el trabajo humano en objetos de pedernal o de piedra. En el siguiente capítulo trataremos más extensamente esta última pregunta. De momento limitémonos a observar que los juicios de lo que constituye una herramienta de piedra son causa de considerable controversia hasta el día de hoy. Por tanto, definitivamente es posible encontrar razones para cuestionar el rechazo de De Mortillet a las piezas de pedernal descubiertas por Bourgeois. En 1910, el famoso paleontólogo estadounidense Henry Fairfield Osborn hizo estas interesantes observaciones en relación con la presencia de herramientas de piedra en St. Prest: "Las primeras huellas del hombre en lechos de esta edad fueron los huesos incisos descubiertos por Desnoyers en St. Prest cerca de Chartres en 1863. Las dudas sobre el carácter artificial de estas incisiones han sido ya disipadas por las recientes exploraciones de Laville y Rutot, que dieron como resultado el descubrimiento de piezas de pedernal eolíticas, lo cual confirmó plenamente los descubrimientos que el abate Bourgeois hizo en estos depósitos en 1867". En lo tocante a los descubrimientos efectuados en St. Prest, hoy debiera ser claro que nos encontramos ante problemas paleontológicos que no es posible resolver con prontitud y facilidad. Sin duda no hay razón suficiente para rechazar categóricamente estos huesos como testimonios de una presencia humana en el Plioceno. Esto nos llevaría a preguntarnos por qué los fósiles de St. Prest y otros similares a ellos casi nunca se mencionan en los libros de texto sobre la evolución humana, excepto en raros casos de breves y burlonas notas de pie de página. ¿Es esto en realidad porque el testimonio sea claramente inadmisible? ¿O acaso la omisión o el rechazo sumario está más relacionado con el hecho de que la potencial antigüedad de los objetos, en el Plioceno tardío, entra en conflicto con la versión habitual sobre los orígenes del hombre? Siguiendo esos lineamientos, Armand de Quatrefages, miembro de la Academia Francesa de Ciencias y profesor del Museo de Historia Natural de París, escribió en su libro Hommes fossiles et hommes sauvages (1884): "Las objeciones que se han hecho a la existencia de seres humanos, en los periodos, Plioceno y Mioceno, suelen estar más relacionadas con consideraciones teóricas que con la observación directa". UN EJEMPLO MODERNO: EL RÍO OLD CROW, CANADÁ Antes de pasar a otros ejemplos de descubrimientos efectuados en el siglo XIX que desafían las ideas modernas acerca de los orígenes del hombre, consideremos una investigación más reciente de unos huesos intencionalmente modificados. Uno de los problemas que más polémica causan en la paleoantropología del Nuevo Mundo consiste en determinar la época en que los seres humanos entraron a América del Norte. Lo que se dice es que unas bandas de cazadores-recolectores asiáticos cruzaron el estrecho de Bering hace unos 12000 años. Algunas autoridades estan dispuestas a extender esta fecha hasta cerca de 30 000 años, mientras que una creciente minoría esta informando que existen evidencias de presencia humana en las Américas en fechas muy anteriores, durante el Pleistoceno. Examinaremos esta cuestión con más detalle en los próximos capítulos. Sin embargo, de momento sólo queremos considerar los huesos fósiles descubiertos en el río Old Crow, en el norte del territorio del Yukón, como ejemplo contemporáneo del tipo de testimonio del cual hablamos en este capítulo. En el decenio de 1970, Richard E. Morlan, del Estudio Arqueológico de Canadá y del Museo Nacional Canadiense del Hombre, dirigió los estudios de unos huesos modificados, procedentes del sitio del río Old Crow. Morlan llegó a la conclusión de que muchos huesos y astas mostraban señales de trabajo humano intencionalmente ejecutado antes de que los huesos quedaran fosilizados. Los huesos, que habían sido transportados por el río, fueron recuperados de una llanura glacial de aluvión, de Wisconsin, a la que se atribuían 80 000 años. Esto vino a poner gravemente en entredicho las actuales ideas acerca de cuando fue poblado el Nuevo Mundo. Pero en 1984, R. M. Thorson y R. D. Guthrie publicaron un estudio en el que mostraban que la acción del hielo del río pudo haber causado las alteraciones que a Morlan le habían parecido labor humana. Tiempo después, Morlan retiró sus afirmaciones de que todos los huesos reunidos por él habían sido modificados por acción del hombre. Reconoció que 30 de 34 habrían podido ser marcados por el hielo del río o por otras causas naturales. Pero aun así, seguía creyendo que los otros cuatro especímenes tenían señales definidas de labor humana. En el informe que publicó afirmaba: "Los cortes y las raspaduras [...] no se pueden distinguir de los que se hacían con instrumentos de piedra al cortar y despedazar el cadáver de un animal". Morlan envió dos de los huesos a la doctora Pat Shipman, de la Universidad Johns Hopkins, experta en huesos cortados. Shipman examinó las marcas de los huesos bajo un microscopio electrónico, y los comparó con más de 1 000 marcas documentadas de huesos. Shipman dijo que las marcas que había en uno de los huesos no eran concluyentes, pero en su opinión el otro hueso tenía una marca indudable de herramienta. Morlan notó que se han descubierto herramientas de piedra en la zona del río Old Crow y en las planicies contiguas, pero no en asociación directa con huesos. Lo que todo esto significa es que no se pueden desechar tan fácilmente los huesos de St. Prest y otros similares. Existen testimonios del mismo tipo que siguen siendo considerados importantes en la actualidad, y los métodos de análisis son casi idénticos a los que se practicaban en el siglo XIX. Los científicos de aquellos días acaso no tuvieron microscopios electrónicos, pero los microscopios ópticos eran, y siguen siendo, bastante buenos para este tipo de trabajo. EL DESIERTO DE ANZA·BORREGO, CALIFORNIA Otro ejemplo reciente de huesos con incisiones como los descubiertos en St. Prest es el descubrimiento hecho por George Miller, curador del Museo del Imperial Valley College, en El Centro, California. Miller, quien falleció en 1989, informó que seis huesos de mamut, excavados en el desierto de Anza-Borrego, llevaban raspaduras del tipo producido por herramientas de piedra. La datación por medio de isótopos de uranio, efectuada por el Geological Survey de Estados Unidos, indicó que los huesos tenían al menos 300 000 años de antigüedad, y la datación paleomagnética y ciertas muestras de ceniza volcánica indicaron una edad de cerca de 750 000 años. Un connotado científico dijo que la afirmación de Miller es "tan razonable como el Monstruo de Loch Ness o como un mamut que viviera hoy en Siberia", a lo que Miller respondió que "esta gente no quiere ver aquí al hombre, porque sus carreras académicas se irían por la cañería". Los huesos de mamut con incisiones, del desierto de Anza-Borrego, se mencionaron en una conversación que sostuvimos con Thomas Deméré, paleontólogo del Museo de Historia Natural de San Diego (el 31 de mayo de 1990). Deméré dijo que él, por naturaleza, se mostraba escéptico ante todas las afirmaciones como las de Miller. Puso en duda el profesionalismo con que se habían excavado los huesos, y señaló que no se habían encontrado instrumentos de piedra junto a los fósiles. Además, sugirió que era sumamente improbable que una publicación científica presentara algo acerca de ese descubrimiento, porque los censores que revisaran los artículos probablemente no los dejarían pasar. Más adelante supimos, por Julie Parks, curadora de los especímenes de George Miller, que Deméré nunca había inspeccionado los fósiles ni visitado el sitio del descubrimiento, aunque lo habían invitado a hacerlo. Parks dijo que una incisión al parecer continúa de uno de los huesos fósiles a otro hueso localizado cerca de él, mientras que el esqueleto del mamut estaba intacto. Esto parece sugerir la marca de un cuchillo. Las marcas accidentales resultantes de movimientos de los huesos en la tierra después de destrozado el esqueleto probablemente no habrían continuado, pasando de un hueso a otro en esta forma. HUESOS CON INCISIONES ENCONTRADOS EN ITALIA En la cuenca del río Arno (Val d' Arno) en Italia, J. Desnoyers encontró entre una colección de huesos especímenes tallados de una manera similar a los de St. Prest. Los huesos acanalados eran de los mismos tipos de animales descubiertos en St. Prest, incluyendo el Elephas meridionalis y el Rhinoceros etruscus. Fueron asignados a la etapa del Plioceno llamada la "Astiana". Esto daría una antigüedad de 3 a 4 millones de años. Pero es posible que los huesos sólo tuvieran 1.3 millones de años, que es cuando el Elephas meridionalis se extinguió en Europa. También en otras partes de Italia se descubrieron huesos acanalados. El 20 de septiembre de 1865, en la reunión de la Sociedad Italiana de Ciencias Naturales, celebrada en Spezzia, el profesor Ramorino presentó huesos de especies extintas de ciervo rojo y de rinoceronte, que llevaban las que, en su opinión, eran incisiones humanas. Estos especímenes fueron descubiertos en San Giovanni, en las cercanías de Siena, y se dijo que, como los huesos de Val d' Arno, eran de la etapa Astiana del Plioceno. De Mortillet, sin desviarse de su habitual actitud negativa, afirmó que en su opinión las marcas probablemente habían sido causadas por las herramientas de los obreros que habían extraído los huesos. EL RINOCERONTE DE BILLY, FRANCIA El 13 de abril de 1868 A. Laussedat informó a la Academia Francesa de Ciencias que P. Bertrand le había enviado dos fragmentos de una mandíbula inferior de rinoceronte. Procedían de un pozo cercano a Billy, Francia. Uno de los fragmentos tenía cuatro canales muy profundos. Estos cortos canales, situados en la parte inferior del hueso, eran casi paralelos. Según Laussedat, las marcas de corte aparecían en sección transversal, como las que deja un hacha en un pedazo de madera dura. Por ello consideraba que habían sido causadas del mismo modo, es decir, por un instrumento cortante, de piedra, mientras el hueso estaba fresco. Eso le indicó a Laussedat que había habido seres humanos contemporáneos del rinoceronte fósil, en un tiempo geológicamente remoto. Lo muy lejano de esta época lo demuestra el hecho de que la mandíbula fue descubierta en una formación del Mioceno medio, de hace unos 15 millones de años. ¿Serían realmente producidas por seres humanos esas marcas descubiertas en el hueso? De Mortillet opinó lo contrario. Después de comprobar que no fueron producidas por carnívoros, escribió: "Sencillamente, son impresiones geológicas". Aunque De Mortillet puede tener razón, no ofreció pruebas suficientes para justificar su opinión. Una autoridad moderna sumamente respetada en materia de cortes de huesos es Lewis R. Binford, antropólogo de la Universidad de Nuevo México en Albuquerque. En su libro Bones: Ancient Men and Modern Myths, escribió: "Las marcas producidas por instrumentos de piedra suelen ser cortas, y aparecen en grupos de marcas paralelas". Las marcas descritas por Laussedat coinciden con esta descripción. COLINA DE SANSAN, FRANCIA Las actas de abril de 1868, de la Academia Francesa de Ciencias, contienen este informe de F. Garrigou y H. Filhol: "Ahora tenemos suficientes testimonios para permitirnos suponer que está demostrada la contemporaneidad de seres humanos y mamíferos en el Mioceno". Este testimonio era una colección de huesos de mamíferos, al parecer intencionalmente rotos, procedentes de Sansan, Francia. Dignos de especial atención eran los huesos rotos de un pequeño ciervo, Dicrocerus elegans. Los científicos modernos consideran que los lechos donde se hallaron los huesos de Sansan son del Mioceno medio. Podemos imaginar el devastador efecto que tendría sobre las actuales doctrinas de la evolución la presencia de seres humanos hace unos 15 millones de años. De Mortillet, como de costumbre, dijo que algunos de los huesos de Sansan habían sido rotos por fuerzas naturales en la época de su fosilización, tal vez por disecación, y otros, después, por movimientos de los estratos. En cambio, Garrigou sostuvo su convicción de que los huesos de Sansan habían sido rotos por seres humanos, para extraerles la médula. Presentó su argumento, en 1871, en la reunión de Bolonia, Italia, del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistórica. Garrigou empezó por mostrar al Congreso una serie de huesos recientes con marcas indiscutibles de cortes y rupturas. A modo de establecer una comparación, presentó los huesos del pequeño ciervo (Dicrocerus elegans) recogidos en Sansan. Las marcas de estos huesos coincidían con las de los huesos modernos. Garrigou mostró también que muchos de los fragmentos de hueso tenían finas marcas de raspadura, como las encontradas en huesos medulares, rotos, del Pleistoceno tardío. Según Binford, el primer paso para procesar huesos medulares es quitarles la capa de tejido de la superficie del hueso, raspándola con un instrumento de piedra. PIKERMI, GRECIA En un sitio llamado Pikermi, cerca de la llanura de Maratón, en Grecia, existe un estrato, rico en fósiles, del Mioceno tardío (tortoniense), que fue explorado y descrito por el destacado científico francés Albert Gaudry. Durante la reunión del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas celebrada en 1872 en Bruselas, el barón Von Dücker sostuvo que los huesos rotos de Pikermi demostraban la existencia de seres humanos durante el Mioceno. Las autoridades modernas aún colocan el sitio de Pikermi en el Mioceno tardío, lo que daría a estos huesos por lo menos 5 millones de años de antiguedad. Von Dücker empezó a examinar numerosos huesos del sitio de Pikermi en el Museo de Atenas. Encontró 34 partes de mandíbula del Hipparion (extinto caballo con tres dedos) y de antílope, así como 19 fragmentos de tibia y otros 22 fragmentos de huesos de mamíferos grandes, como el rinoceronte. Todos ellos mostraban huellas de una facturación metódica hecha con propósito de extraerles el tuétano. Según Von Ducker, todos ellos tenían "huellas más o menos claras de golpes dados con objetos duros". También observó muchos centenares de fragmentos de hueso, rotos de la misma manera. Además, Von Dücker observó muchas docenas de cráneos de Hipparion y de antílope, que mostraban que metódicamente se les había extraído la mandíbula superior para quitarles el cerebro. Los bordes de las fracturas eran muy agudos, lo que en general se toma como señal de que el rompimiento fue hecho por hombres y no por carnívoros ni por presiones geológicas. Entonces, Von Dücker fue al propio sitio de Pikerrni para continuar sus investigaciones. En el curso de su primera excavación, descubrió docenas de fragmentos de Hipparion y de antílope e informó que casi la cuarta parte daban señales de haber sido rotos intencionalmente. A este respecto, debemos tomar en cuenta el descubrimiento de Binford de que en los conjuntos de huesos rotos en el curso de la extracción del tuétano, por seres humanos, entre 14 y 17% tienen señales de muescas. "También descubrí", declaró Von Dücker, "entre los huesos una piedra de buen tamaño que podía tenerse en la mano. Es puntiaguda en cierta parte, perfectamente adaptada para dejar el tipo de huellas observadas en los huesos". COLMILLOS DE TIBURÓN PERFORADOS, DE RED CRAG, INGLATERRA En una reunión del Real Instituto Antropológico de Gran Bretaña y de Irlanda, celebrada el 8 de abril de 1872, Edward Charlesworth, miembro de la Sociedad Geológica, enseñó muchos especímenes de colmillos de tiburón (Carcharodon), cada uno perforado en el centro, como lo hacen los isleños de los mares del sur con el propósito de fabricar armas y collares. Los colmillos se habían encontrado en la formación de Red Crag, Inglaterra, e indicaban una edad de entre 2 y 2.5 millones de años. Charlesworth presentó argumentos convincentes de por qué los animales marinos, como los moluscos perforadores, no podían haber hecho esos agujeros. Durante la discusión, un científico sugirió que tal vez la descomposición de los dientes había sido la causa, pero se sabe que los tiburones no padecen ese tipo de problema. Otro sugirió la labor de parásitos, pero reconoció que no se conocen parásitos que residan en los dientes de los tiburones. En ese punto, el doctor Collyer dio su opinión en favor de una acción humana. Las actas de la reunión dicen: "Había examinado minuciosamente, con ayuda de una poderosa lupa, los dientes perforados de tiburón [...] a su parecer, las perforaciones eran obra del hombre". Entre sus razones estaban "las inclinaciones que había en los bordes de las perforaciones", "la posición central de los agujeros en los dientes" y "las señales de medios artificiales empleados para perforar los agujeros". UN HUESO TALLADO DE LOS DARDANELOS, TURQUÍA En 1874, Frank Calvert encontró en una formación del Mioceno, en Turquía (a lo largo de los Dardanelos), un hueso de Deinotherium con figuras talladas de animales. Anotó Calvert: "He encontrado en diferentes partes del mismo acantilado, no lejos del sitio del hueso tallado, una piedra de chispa de pedernal y algunos huesos de animales, fracturados longitudinalmente sin duda por la mano del hombre con el propósito de extraer el tuétano, según la práctica de todas las razas primitivas". Hoy en día, los expertos afirman que el Deinotherium, parecido a un elefante, existió desde el Plioceno tardío hasta el Mioceno formativo en Europa. Por ello, es muy posible que Calvert tuviese razón al fechar el sitio de los Dardanelos en el Mioceno. Hoy se dice que el Mioceno se extendió entre 5 y 25 millones de años antes de la actualidad. Según la opinión hoy predominante, durante ese periodo sólo existían unos homínidos sumamente simiescos. Incluso una fecha del Plioceno tardío, de 2 a 3 millones de años, para el sitio de los Dardanelos sería demasiado temprana para el tipo de artefactos allí descubiertos. Se dice que las tallas del tipo encontrado en el hueso de Deinotherium fueron obra de seres humanos anatómicamente modernos, de los últimos 40 000 años. En Le Préhistorique, De Mortillet no refutó la época de la formación encontrada en los Dardanelos. En cambio, comentó que la presencia simultánea de un hueso tallado, de huesos quebrados intencionalmente y de una herramienta hecha de hojuela de pedernal era casi demasiado perfecta: tan perfecta que surgían dudas acerca de esos descubrimientos. Esto es muy notable. En el caso de los huesos con incisiones de St. Prest, De Mortillet se quejó de que no se habían encontrado en el sitio herramientas de piedra ni otros signos de presencia humana. Pero aquí, al ser descubiertos los artículos pedidos, junto con el hueso tallado, De Mortillet dijo que el conjunto era "demasiado perfecto", insinuando con ello un engaño de Calvert. Pero David A. Traill, profesor de literatura clásica en la Universidad de California en Davis, nos ofrece esta información acerca de él: "Calvert fue el más distinguido de una familia prominente de expatriados británicos que residía en los Dardanelos[...] tenía un buen conocimiento de la geología y la paleontología". Calvert dirigió varias excavaciones importantes en la región de los Dardanelos, y participó en el descubrimiento de Troya. Traill observó: "Hasta donde yo he podido determinar, por una extensa lectura de su correspondencia, Calvert era escrupulosamente verídico". BALAENOTUS DE MONTE APERTO. ITALIA En la última parte del siglo XIX, aparecieron en Italia unos huesos de ballena, que mostraban marcas de incisiones. El 25 de noviembre de 1875 G. Capellini, profesor de geología de la Universidad de Bolonia, informó que las marcas habían sido hechas mientras el hueso estaba fresco, al parecer por instrumentos de pedernal. Muchos otros científicos europeos estuvieron de acuerdo con la interpretación de Capellini. Los huesos que mostraban las marcas eran de una extinta ballena del Plioceno, del género Balaenotus. Algunos de los huesos procedían de colecciones de museos, y otros fueron excavados personalmente por Capellini en ciertas formaciones del Plioceno cerca de Siena, en lugares como Poggiarone. Las marcas en los huesos se encontraron en lugares apropiados para operaciones de carnicería, como en las superficies externas de las costillas. En un esqueleto de ballena casi completo, excavado por Capellini, las marcas sólo se encontraron en los huesos de un lado de la ballena. "Estoy convencido de que el animal encalló en la arena y quedó sobre su costado izquierdo, dejando así expuesto el flanco derecho al ataque directo de unos seres humanos, como lo demuestran los lugares en que se encontraron marcas en los huesos": dijo Capellini. EI hecho de que sólo los huesos de un lado de la ballena mostraran marcas tienden a anular toda explicación geológica, así como la acción de tiburones en aguas profundas; además, las huellas de incisiones en los huesos fósiles de la ballena se asemejaban exactamente a las marcas que se encuentran en huesos de ballenas actuales. Capellini informó al Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas: "En la cercanía de los restos del Balaenotus de Poggiarone recogí algunas hojas de pedernal, perdidas en los depósitos de la playa". Añadió: "Con esos mismos instrumentos de pedernal pude reproducir, en huesos frescos de cetáceos, exactamente las mismas marcas descubiertas en los huesos de ballena fósiles". También observó que se habían descubierto restos de esqueletos humanos en la misma parte de Italia, en Savona (véase capítulo 7). Después del informe de Capellini, los miembros de ese Congreso entablaron una discusión. Algunos como sir John Evans plantearon objeciones. Otros, como Paul Broca, secretario general de la Sociedad Antropológica de París, convinieron con Capellini en que las huellas dejadas en los huesos de la ballena habían sido obra de seres humanos. Refutó en particular la hipótesis de que las huellas hubiesen sido dejadas par tiburones y dijo que esas marcas presentaban todas las señales de haber sido causadas por una hoja afilada. Broca fue, en su tiempo, una de las mayores autoridades sobre fisiología de los huesos. Armand de Quatrefages estaba entre los científicos que aceptaron que los huesos del Balaenotus de Monte Aperto habían sido cortados por agudos instrumentos de pedernal sostenidos por una mano humana. Escribió en 1884: "Por más que lo intentemos, utilizando varios métodos e instrumentos de otros materiales, no logramos repetir esas marcas. Sólo un agudo instrumento de pedernal, aplicado en un ángulo y con mucha presión, podría hacerlo". Todo este planteamiento fue bien resumido en inglés por S. Laing, quien en 1893 escribió: "Los cortes estan hechos en curvas regulares, y a veces casi semicirculares, tales como sólo el giro de la mano pudo haberlos causado, e invariablemente muestran una superficie limpiamente cortada en el lado exterior o convexo, al que se aplicó la presión de un borde afilado, con una superficie desgastada en el lado interno del corte. El examen microscópico de los cortes confirma esta conclusión, y no deja lugar a duda de que debieron ser hechos por un instrumento como una hoja de pedernal sostenida oblicuamente y aplicada con considerable fuerza contra el hueso mientras estaba fresco, así como un salvaje lo haría al cortar carne de una ballena que hubiese encallado. Hoy pueden hacerse cortes exactamente similares en un hueso fresco con esas hojas de pedernal, y de ninguna otra manera concebible. Por tanto, parece más un prejuicio obstinado que un escepticismo científico negar la existencia del hombre Terciario, aunque sólo fuera por este ejemplo". Binford, experto de nuestros días, declaró: "Hay pocas posibilidades de que al observar el hueso modificado se puedan confundir las marcas de cortes infligidos por el hombre al desmembrar o cortar, utilizando herramientas, con la acción de animales". Figura 2.1. Diente de Carcharodon megalodon. gran tiburón blanco del Plioceno. Pero los colmillos de tiburones (figura 2.1) son más agudos que los de carnívoros mamíferos terrestres, como los lobos, y producirían en el hueso unas marcas que se asemejarían más a las que pudieran dejar los instrumentos cortantes. Después de inspeccionar unos huesos de ballena fósiles en la colección paleontológica del Museo de Historia Natural de San Diego, llegamos a la conclusión de que los dientes de tiburón en realidad sí pueden dejar unas marcas muy parecidas a las que puedan hacer ciertos instrumentos. Los huesos que vimos eran de una pequeña especie de cachalote del Plioceno. Examinamos con vidrio de aumento los cortes hechos en el hueso. Vimos unas estrías longitudinales, paralelamente espaciadas, en ambas superficies de los cortes. Estas son precisamente la clase de marcas que esperaríamos encontrar por el filo aserrado de un colmillo de tiburón. También vimos marcas de raspadura en el hueso (figura 2.2). Pudieron ser producidas por un golpe oblicuo en que el filo del diente raspara la superficie del hueso en lugar de penetrar en ella. Con este conocimiento, sería preciso reexaminar los huesos de ballena del Plioceno descubiertos en Italia, y llegar a conclusiones bastante definitivas sobre si las marcas que se encontraron en ellos fueron dejadas o no por colmillos de tiburones. El patrón de líneas y canales paralelos en la superficie de los fósiles sería señal casi inequívoca de depredación por tiburones o carroñeros. Y si un examen minucioso de los cortes profundos en forma de V también revelaran unas estrías longitudinales y paralelas espaciadas por igual, también eso habría de considerarse como prueba de que los cortes fueron hechos por dientes de tiburón. No es de esperar que las superficies de las marcas dejadas por hojas de pedernal mostraran unas estrías tan parejamente espaciadas. EL HALITHERIUM DE POUANCÉ. FRANCIA En 1867, L.Bourgeois causó una gran sensación cuando presentó, a los miembros del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas, reunido en París, un hueso de Halitherium con marcas que parecían ser incisiones humanas. EI Halitherium es una especie de morsa extinta, mamífero acuático del orden de los sirénidos (figura 2.3). Los huesos fosilizados del Halitherium habían sido descubiertos por el abate Delaunay y en los lechos de conchas de Barriére, cerca de Pouancé, en el noreste de Francia. Figura 2.2. Patrón de canales y raspaduras producidas por el diente aserrado de un tiburón, a través de la superficie de un hueso de ballena. Delaunay se sorprendió al ver cierto número de cortes en un fragmento del húmero, hueso de la extremidad anterior. Las superficies de los cortes tenían la misma apariencia que el resto del hueso, muy fáciles de distinguir de la de fracturas recientes, lo que indicaba que los cortes eran muy antiguos. El hueso mismo, ya fosilizado, se encontraba firmemente situado en un estrato que no había sufrido disturbios, lo que ponía en claro que las marcas del hueso eran de la misma edad geológica. Además, la profundidad y la agudeza de las incisiones mostraban que se habían hecho antes de que el hueso quedara fosilizado. Algunas de las incisiones parecían haber sido hechas mediante la intersección de dos golpes distintos. El propio De Mortillet reconoció que no parecían ser producto de movimientos o de compresión subterráneos. Figura 2.3. Marcas de incisiones en un hueso de Halitherium, del Miocenoen Pouancé, Francia. Pero no estuvo dispuesto a reconocer que fueran producto de un trabajo humano, principalmente por la antigüedad del estrato en que se descubrieron los huesos: el Mioceno. De Mortillet escribió en 1883: "Esto es demasiado antiguo para ser obra del hombre". Una vez más nos encontramos ante un claro caso de prejuicios teóricos que dictan la interpretación de un conjunto de hechos. SAN VALENTINO, ITALIA En 1876, en una reunión del Comité Geológico de Italia, M. A. Ferretti mostró un hueso fosilizado de animal que mostraba "huellas de la mano del hombre, tan evidentes que excluían toda duda en sentido contrario". Este hueso, de elefante o rinoceronte, se encontró firmemente enterrado en estratos del Astiano (Plioceno tardío), en San Valentino (Reggio d'Emilie), Italia. Tiene interés especial el hecho de que el hueso fósil presentaba un agujero casi perfectamente redondo en el lugar de mayor anchura. Según Ferretti, el agujero en el hueso no era obra de molusco ni de crustáceo. Al año siguiente, Ferretti mostró al Comité otro hueso que también mostraba huellas de la mano del hombre. Se le había encontrado enterrado en San Ruffino en arcilla azul del Plioceno, de la época Astiana. El hueso parecía haber sido parcialmente aserrado, por una extremidad, y después partido. En una conferencia científica celebrada en 1880, G. Bellucci, de la Sociedad Italiana de Antropología y Geografía, llamó la atención sobre los nuevos descubrimientos efectuados en San Valentino y Castello delle Forme, cerca de Perugia. Incluían huesos de animales que mostraban cortes y marcas de instrumentos de piedra, huesos carbonizados y hojuelas de pedernal. Todos habían sido recogidos en arcillas lacustres del Plioceno, caracterizado por tener una fauna como la del clásico Val d' Arno. Según Bellucci, esos objetos demostraban la existencia del hombre en el Plioceno. CLERMONT-FERRAND, FRANCIA A finales del siglo XIX, el museo de historia natural de Clermont-Ferrand adquirió un fémur d e Rhinoceros paradoxus, que mostraba una especie de canales en la superficie. El espécimen fue descubierto en un estrato de piedra caliza de agua dulce en Gannat, donde se encontraban fósiles de animales típicos del Mioceno medio. Algunos sugirieron que las líneas paralelas descubiertas en el hueso habían sido causadas par dientes de animales. Pero Gabriel de Mortillet no estuvo de acuerdo y ofreció su explicación habitual: el hueso estaba marcado por piedras que se habían movido bajo presión geológica. Pero la descripción de las huellas del hueso hecha por el propio De Mortillet deja abierta a la duda esta interpretación. Las marcas de los cortes estaban situadas cerca del extrema del fémur, junto a las coyunturas. Según Louis Binford, moderno experto en el corte de huesos, allí es donde normalmente se encuentran las marcas de destazamiento. De Mortillet también dijo que las marcas eran "canales paralelos, un tanto irregulares, transversales al eje del hueso". Los estudios de Binford revelaron lo siguiente: "Las marcas de corte hechas con instrumentos de piedra se hacen comúnmente con un movimiento de sierra, lo que produce unas marcas cortas y a menudo múltiples pero casi paralelas". LA CONCHA TALLADA DEL RED CRAG (Acantilado Rojo), INGLATERRA En un informe entregado a la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, en 1881, H. Stopes (miembro de la Sociedad Geológica) describió una concha cuya superficie mostraba la talla de un rostro, burdo pero inconfundiblemente humano. La concha tallada se descubrió en ciertos depósitos estratificados del Red Crag, cuya antigüedad oscila entre 2 y 2.5 millones de años. Marie C. Stopes, la hija del descubridor, arguyó en un artículo publicado en The Geological Magazine (1912) que la concha tallada no podía ser una falsificación: "Debe notarse que los restos excavados son de un color marrón rojizo tan profundo como el resto de la superficie. Esto es importante, porque cuando se raspa la superficie de conchas del Red Crag aparece un color blanco bajo el color original. También debe observarse que la concha es tan delicada que todo intento de tallarla simplemente la destrozaría". Debemos tomar en cuenta que, según la opinión paleoantropológica convencional, no se encuentran semejantes obras de arte hasta la época del hombre de Cro-Magnon, completamente humano, a fines del Pleistoceno, hace unos 30 000 años. INSTRUMENTOS DE HUESO DEBAJO DEL RED CRAG, INGLATERRA A comienzos del siglo XX, J. Reid Moir, el descubridor de muchos instrumentos de pedernal anómalamente antiguos (véase capítulo 3), describió "una serie de instrumentos de hueso mineralizado de un tipo primitivo, bajo la base de los acantilados Rojo y Coralino de Suffolk". Hoy, se considera que la capa superior del acantilado Rojo, situado en Anglia del Este, constituye el límite entre el Plioceno y el Pleistoceno, y por ello, tendría una antigüedad de 2 a 2.5 millones de años. El acantilado Coralino, más antiguo, es del Plioceno tardío y por ello tendría al menos de 2.5 a 3 millones de años de antigüedad. Los lechos que se encuentran bajo estos acantilados, los lechos de detritus, contienen material que va del Plioceno al Eoceno. Por tanto, los objetos descubiertos allí deben tener de 2 a 55 millones de años de antigüedad. Un grupo de los especímenes obtenidos por Moir presenta piezas de forma triangular (figura 2.4). En su informe dijo Moir: "Todos ellos fueron formados a partir de piezas minúsculas, anchas y planas de hueso, probablemente partes de costillas grandes, que fueron fracturadas hasta presentar hoy una forma definida. En todo caso, esta forma triangular fue producida por fracturas a través del 'grano' natural del hueso". Moir efectuó experimentos en huesos y llegó a la conclusión de que sus especímenes eran "obras indudables del hombre". Según Moir, las piezas triangulares de huesos de ballena fosilizados, descubiertas en los estratos situados bajo el acantilado Coralino, pudieron ser empleadas en un tiempo como puntas de lanza. Moir también descubrió costillas de ballena trabajadas para convertirlas en instrumentos puntiagudos. Moir y otros también descubrieron huesos con incisiones e instrumentos de hueso en varios niveles del lecho de Cromer Forest, desde los más "jóvenes" hasta los más antiguos. Los niveles más "jóvenes" del lecho de Cromer Forest tienen cerca de 400 000 años de antigüedad; los más antiguos tienen al menos 800 000 años, y según algunas autoridades modernas podrían tener hasta 1.75 millones de años de antigüedad. Figura 2.4. Tres instrumentos de hueso del lecho de detritus, situado bajo el acantilado Coralino, que contiene materiales que van del Plioceno al Eoceno. Por ello, estas herramientas pueden tener entre 2 y 55 millones de años de antigüedad. Además, Moir describió un hueso descubierto por un señor Whincopp, de Woodbridge en Suffolk, quien tenía en su colección privada una "pieza de costilla fósil parcialmente aserrada en ambos extremos". Este objeto procedía del lecho de detritus, situado bajo el acantilado Rojo, y, según dijo Moir, "tanto su descubridor como el finado reverendo Osmond Fisher consideraban que era prueba de trabajo humano". Sería sumamente inesperado encontrar indicaciones de aserramiento en un hueso fósil de esta antigüedad. Un pedazo de madera aserrada fue recuperado por S. A. Notcutt en el lecho de Cromer Forest en Mundesley. La mayoría de los estratos de Mundesley tienen entre 400 000 y 500 000 años de antigüedad. Figura 2.5. Sección transversal de un pedazo de madera del lecho de Cromer Forest. La flecha indica una grieta, posiblemente de un corte inicial hecho por un instrumento aserrado. En sus comentarios acerca de este pedazo de madera, Moir hizo las siguientes observaciones: "El extremo plano parece que fue hecho aserrándolo con un pedazo de pedernal puntiagudo y en cierto punto parece que la línea de corte fue corregida (figura 2.5), como a menudo es necesario hacer cuando se empieza a cortar madera con una moderna sierra de acero". Además observo Moir: "El extremo puntiagudo está un tanto ennegrecido, como por fuego, y es posible que este espécimen represente un desyerbador primitivo, utilizado para arrancar raíces". Aunque es escasa la posibilidad de que hubiera en Inglaterra seres del tipo del Homo erectus durante laépoca del lecho de Cromer Forest, el nivel de avance tecnológico implicado por este instrumento de madera aserrada sugiere capacidades dignas del Sapiens. De hecho, resulta difícil ver como pudo producirse este tipo de aserramiento, aun con un instrumento de piedra. Por ejemplo, unos pequeños fragmentos de pedernal atados a un mango de madera no habrían podido producir el claro corte que es evidente en el espécimen, porque el mango de madera habría sido más ancho que la punta de pedernal. Por tanto, no se habría podido hacer una muesca estrecha con semejante instrumento. Una hoja aserrada, hecha exclusivamente de piedra, habría sido muy quebradiza y no habría durado lo bastante para efectuar esta operación. Además habría sido toda una hazaña fabricar semejante hoja. Por ello, parece que sólo una sierra de metal pudo producir el corte observado. Y desde luego resulta totalmente fuera de lo normal pensar siquiera en una sierra de metal de hace 400 000 a 500 000 años. Resulta notable que los huesos con incisiones, las herramientas de hueso, y otros artefactos del acantilado Rojo y los lechos de Cromer Forest casi no se mencionen en los actuales libros de texto y referencias. Esto es especialmente sorprendente en el caso de los descubrimientos del lecho de Cromer Forest, que en su mayor parte, por su antigüedad, está en el límite de lo aceptable, de acuerdo con la moderna secuencia paleoantropológica de acontecimientos. EL FOSO DEL ELEFANTE DE DEWLISH, INGLATERRA Osmond Fisher, miembro de la Sociedad Geológica, descubrió un rasgo interesante en el paisaje de Dorsetshire: el foso del elefante, en Dewlish. En The Geological Magazine (1912), Fisher dijo: "Este foso fue excavado en yeso, y tenía cuatro metros de profundidad; su anchura era tal que un hombre apenas podía pasar por él. No se encuentra en la línea de ninguna fractura natural, y los lechos de pedernal son correspondientes en cada lado. El fondo era de yeso no removido, y uno de sus extremos, así como los lados, era vertical. Del otro lado se abría diagonalmente a la parte empinada de un valle. Contenía restos considerables de Elephas meridionalis, pero no de otros fósiles [...] Este foso, en mi opinión, fue excavado por el hombre en el Plioceno tardío, como trampa para atrapar elefantes". El Elephas meridionalis, o "elefante del sur", existió en Europa hace unos 1.2 o 3.5 millones de años. Así, aunque los huesos encontrados en el foso de Dewlish pudieran concebirse como del Pleistoceno formativo, también pueden datar del Plioceno tardío. Las fotografías muestran que las paredes verticales del foso fueron cuidadosamente trabajadas, como con un gran cincel. Y Fisher se refirió a unos informes según los cuales los cazadores primitivos de los tiempos modernos se valían de ese tipo de fosos. Pero nuevas excavaciones del foso, hechas por el Dorset Field Club, tal como aparecieron en un informe de Nature (16 de octubre de 1914), revelaron que "en lugar de terminar abajo en un suelo definido se divide hacia abajo en una cadena de ductos profundos y estrechos en el yeso". Sin embargo, no es improbable que los antiguos seres humanos hicieran uso de pequeñas fisuras para abrir una fosa más ancha en el yeso. Valdría la pena examinar los huesos de elefante descubiertos en el foso, en busca de señales de cortes. Fisher hizo otro descubrimiento interesante. En su crónica de 1912 escribía: "Excavando en busca de fósiles en el Eoceno de Barton Cliff, descubrí una pieza de una sustancia similar al azabache, de cerca de 61 centímetros cuadrados y 5.7 centímetros de espesor [...] Tenía, al menos en un lado, lo que me pareció podrían ser marcas de tajos que lo habían formado, dándole una forma casi perfectamente cuadrada. El espécimen se encuentra hoy en el Museo Sedgwick, en Cambridge". El azabache es un carbón compacto, negrísimo, que se puede pulir y a menudo se emplea en joyería. El Eoceno se remonta de 38 a 55 millones de años de la actualidad. OBSERVACIONES FINALES ACERCA DE HUESOS MODIFICADOS INTENCIONALMENTE Resulta verdaderamente curioso que tantos investigadores serios del siglo XIX y de comienzos del siglo XX, independiente y repetidamente, hayan informado de marcas en huesos y conchas en formaciones del Mioceno, el Plioceno y el Pleistoceno formativo, que revelan la acción humana. Entre los investigadores que hicieron tales afirmaciones se cuentan: Desnoyers, De Quatrefages, Ramorino, Bourgeois, Delaunay, Bertrand, Laussedat, Garrigou, Filhol, Von Ducker, Owen, Collyer, Calvert, Capellini, Broca, Ferretti, Bellucci, Stopes, Moir, Fisher y Keith. ¿Se engañaron estos científicos? Tal vez, Pero las marcas de cortes en huesos fósiles son algo extraño para dejarse engañar: no son ni muy románticas ni inspiradoras. ¿Fueron víctimas los investigadores mencionados de una singular aberración mental del siglo pasado y de principios del actual? ¿ O bien abundan realmente testimonios de unos cazadores primitivos en los restos de fauna del Plioceno y de periodos anteriores? Suponiendo que existan tales testimonios, bien podríamos preguntarnos por qué hoy no se encuentran. Una muy buena razón es que nadie los busca. El testimonio de un trabajo humano intencional en huesos fácilmente puede escapar de la atención de un científico que no lo esté investigando en forma específica. Si un paleoantropólogo esta convencido de que no existían seres humanos fabricantes de herramientas durante el Plioceno medio, no es probable que piense mucho en la naturaleza exacta de las marcas que hay en huesos fósiles de ese periodo. Los eolitos: piedras de contención Los científicos del siglo XIX descubrieron muchas herramientas y armas de piedra en estratos del Pleistoceno formativo, el Plioceno y el Mioceno. Informaron de ella en las publicaciones científicas habituales, y sus descubrimientos fueron analizados en congresos científicos. Pero hoy casi nadie ha oído hablar de ellos. Categorías enteras de hechos han desaparecido de nuestra vista. Sin embargo, nosotros hemos logrado recuperar toda una plétora de esos testimonios "enterrados", y el estudio de ellos nos lleva desde las colinas de Kent en Inglaterra hasta el valle del Irrawady en Birmania. También algunos observadores de finales de este siglo XX han descubierto industrias de herramientas de piedra con una antigüedad fuera de lo normal. Estas industrias de herramientas de piedra que consideraremos se dividen en tres categorías básicas: 1) eolitos, 2) paleolitos primitivos y 3) paleolitos y neolitos avanzados. Según algunas autoridades, los eolitos (o piedras del alba) son piedras con bordes apropiados, por naturaleza, para cierto tipo de usos. Según se dijo, estas piedras fueron seleccionadas por seres humanos y utilizadas como herramientas, con poca o ninguna modificación. Para el ojo del lego, las herramientas de piedra eolíticas a menudo no se pueden distinguir de piedras partidas ordinarias, pero los especialistas crearon normas para identificar en ellas los signos de modificación y de uso debidos a la rnano del hombre. Por lo menos, deben estar presentes ciertas marcas inconfundibles para que un espécimen pueda ser considerado eolito. En el caso de herramientas de piedra más complejas, llamadas "paleolitos burdos", las señales de manufactura humana son más obvias, e incluyen un intento de dar a toda la piedra una forma reconocible de herramienta. Las preguntas acerca de tales herramientas suelen centrarse en la determinación correcta de su edad. Nuestra tercera división, los paleolitos y neolitos avanzados, se refiere a herramientas de piedra de una antigüedad fuera de lo común, que se asemejan a las piedras tersamente pulidas o finamente descantilladas de las industrias de los periodos del Paleolítico tardío y del Neolítico. Según la mayoría de los investigadores, los eolitos son las herramientas más antiguas; seguidas, por turno, por los paleolitos y los neolitos. Pero nosotros emplearemos estos términos principalmente para indicar los grados de refinamiento. Es imposible atribuir edades a unos instrumentos de piedra simplemente sobre la base de su forma. LOS EOLITOS DE LA MESETA DE KENT, INGLATERRA El pequeño poblado de Ightham, en Kent, se encuentra situado unos 45 kilómetros al sureste de Londres. Durante la época victoriana, Benjamin Harrison regenteó una tienda de abarrotes en Ightham. En sus días libres, recorría las colinas y los valles cercanos recogiendo instrumentos de pedernal que, aunque hoy están olvidados, durante decenios fueron el centro de una enconada controversia entre la comunidad científica. Harrison efectuó gran parte de su trabajo en consulta frecuente con sir John Prestwich, el célebre geólogo inglés, quien vivía en las cercanías. Harrison también mantenía correspondencia regular con otros científicos dedicados a la investigación paleoantropológica, y catalogaba y ordenaba minuciosamente sus descubrimientos según los procedimientos de la época. Los primeros descubrimientos de Harrison fueron unos artefactos de piedra pulida del tipo neolítico. Según la opinión moderna, las culturas del neolítico se remontan sólo a unos 10 000 años atrás, y estuvieron asociadas a la agricultura y a la alfarería. Harrison descubrió especímenes neolíticos dispersos por la superficie de las actuales tierras que rodean Ightham. Más adelante, empezó a encontrar paleolitos en lechos de ríos antiguos. Estos instrumentos paleolíticos, aunque más burdos que los neolíticos, también son fácilmente reconocibles como objetos de manufactura humana. ¿Qué edad tenían estas herramientas paleolíticas? Prestwich y Harrison consideraron que algunos de los instrumentos de piedra descubiertos cerca de Ightham eran del Plioceno. Algunos geólogos del siglo XX, como Francis H. Edmunds, del Geological Survey de la Gran Bretaña, también han dicho que los lechos en que se descubrieron muchas de estas herramientas eran del Plioceno. Hugo Obermaier, importante paleoantropólogo de comienzos del siglo XX, declaró que las primeras herramientas coleccionadas por Harrison en la meseta de Kent correspondían al Plioceno medio. Una fecha del Plioceno tardío o medio daría a las herramientas de la meseta de Kent una edad de 2 a 4 millones de años. Los paleoantropólogos modernos atribuyen las herramientas paleolíticas de la región del Somme en Francia al Homo erectus, fechándolas entre 500 000 y 700 000 años atrás. Las herramientas más antiguas hoy reconocidas, de Inglaterra, tienen cerca de 400 000 años de antigüedad. Entre las herramientas paleolíticas recogidas por Benjamin Harrison en la meseta de Kent se encontraban algunas que parecían pertenecer a un nivel de cultura aun más primitivo. Eran los eolitos, o piedras del alba (figura 3.1). Las herramientas paleolíticas descubiertas por Harrison, aunque de apariencia un tanto más burda, habían sido extensamente trabajadas para darles una forma definitiva de herramienta y de arma (figura 3.2). Sin embargo, las herramientas eolíticas eran lascas naturales de pedernal y sólo mostraban ciertos retoques en los bordes. Este tipo de herramientas aún son empleadas hoy por miembros de tribus primitivas en varias partes del mundo, quienes recogen una lasca de piedra, le afilan uno de los bordes y la usan después como raspador o cortador. Figura 3.1. Un eolito de la meseta de Kent. Los críticos de Harrison dijeron que sus eolitos no eran sino obras de su imaginación: simplemente, pedazos de pedernal. Pero Leland W. Patterson, moderna autoridad en herramientas de piedra, considera posible distinguir el trabajo intencional, por muy burdo que sea, de toda acción natural. Dijo Patterson: "Sería difícil imaginar cómo unas aplicaciones de fuerza, debidas al puro azar, podrían crear unos retoques uniformes y unidireccionales a lo largo de una superficie considerable del borde de una lasca". Figura 3.2. Estas herramientas de la meseta calcárea de Kent fueron declaradas paleolitos por sir John Prestwich, quien dijo que la de la izquierda, recogida en Bower Lane, era una herramienta burda del tipo de punta de lanza. Las herramientas unifaciales, con el escantillamiento regular limitado a un lado de una superficie, formaron una gran parte de los eolitos recogidos por Harrison. Según las normas de Patterson, tendrían que ser aceptados como objetos de manufactura humana. El 18 de septiembre de 1889 A. M. Bell, miembro de la Sociedad Geológica, escribió a Harrison: "En el escantillamiento uniforme, aunque burdo, parece haber algo más de lo que habría producido el simple desgaste accidental [...] habiendo llegado a esta conclusión, la sostengo con toda firmeza". El 2 de noviembre de 1891 Alfred Russell Wallace, uno de los científicos más célebres de su época, visitó, sin anunciarse, a Benjamin Harrison en su tienda de Ightham. Harrison mostró a Wallace su colección de herramientas de piedra y lo llevó a ver algunos de los sitios. Wallace declaró que las herramientas eran auténticas y pidió a Harrison escribir un informe completo sobre ellas. También sir John Prestwich, una de las máximas autoridades británicas en materia de herramientas de piedra, dio por auténticos los descubrimientos de Harrison. Respondiendo al cargo de que los eolitos tal vez fueran "naturefactos" en lugar de artefactos, Prestwich declaró en 1895: "Desafiamos a quienes hicieron la afirmación a mostrar algunos de esos especímenes naturales; aunque han transcurrido casi tres años desde que se les desafió, no han logrado presentar uno solo de tales especímenes [...] lejos de que el agua al correr tenga este poder constructivo, en realidad su tendencia es desgastar todos los ángulos y reducir el pedernal a unos guijarros más o menos redondeados". En otro artículo, publicado en 1892, Prestwich hizo esta importante observación: "Hasta la obra de los modernos salvajes, como la que pudo verse, por ejemplo, en las herramientas de piedra de los aborígenes australianos, mostró, una vez quitadas de sus monturas, una cantidad de trabajo no mayor ni más claro que la de estos tempranos especímenes paleolíticos". Por todo lo anterior, no tenemos que atribuir los eolitos de la meseta a una raza primitiva de hombres-mono. Dado que los eolitos son prácticamente idénticos a las herramientas de piedra hechas por el Homo sapiens sapiens, es posible que los eolitos (y los paleolitos) hayan sido hechos por seres humanos de un tipo completamente moderno, en Inglaterra, durante el Plioceno medio o tardío. Como lo veremos en el capítulo 7, los científicos del siglo XIX hicieron varios descubrimientos de restos de esqueletos de seres humanos anatómicamente modernos en estratos del Plioceno. Resulta interesante saber que muchos expertos modernos acepten como artefactos humanos auténticos unas herramientas idénticas a los eolitos de Harrison. Por ejemplo, las herramientas hechas de guijarros y lascas descubiertas en los niveles inferiores de la garganta de Olduvai (figura 3.3) son sumamente burdas. Pero los hombres de ciencia no han negado que se trata de objetos intencionalmente fabricados. Figura 3.3. Arriba: Herramientas de piedra de la garganta de Olduvai. Abajo: Herramientas descubiertas por Benjamin Harrison en la meseta de Kent, Inglaterra. Algunos críticos pensaron que aun si las herramientas de Harrison fuesen obra de humanos, no podrían ser del Plioceno. En ese caso habrían caído durante épocas bastante recientes en estratos del Plioceno. Para zanjar la controversia desatada por la edad de los eolitos, la Asociación Británica, prestigiosa sociedad científica, financió unas excavaciones en el nivel superior de la grava de la meseta y en otras localidades muy cercanas a Ightham. Su propósito era mostrar definitivamente que podían encontrarse eolitos no sólo en la superficie sino in situ, en lo más profundo de la grava preglacial del Plioceno. Harrison ya había descubierto algunos eolitos in situ (como algunos de agujeros de postes), pero esa excavación, financiada por la respetable Asociación Británica, sería más concluyente. La Asociación Británica eligió al propio Harrison para supervisar las excavaciones de la meseta, bajo la dirección de un comité de hombres de ciencia. Harrison anotó en sus cuadernos que había encontrado muchos ejemplos de eolitos in situ, incluso "30 convincentes". En 1895, Harrison fue invitado a exponer sus eolitos en una reunión de la Real Sociedad. Algunos de los científicos se mostraron escépticos. En cambio, otros quedaron muy impresionados. Entre ellos se encontró E. T. Newton, miembro de la Real Sociedad y del Geological Survey de la Gran Bretaña, quien escribió a Harrison, el 24 de diciembre de 1895, acerca de esas herramientas: "Algunas de ellas, por lo menos, muestran labor humana... fueron hechas intencionalmente y, por tanto, por el único ser intelectual que conocemos: el Hombre". En 1896 falleció Prestwich, pero Harrison, en ausencia de su importante patrón, continuó las excavaciones en la meseta, y respondió a los escépticos. Ray E. Lankester, director del Museo Británico (Historia Natural), se volvió partidario de los eolitos de la meseta de Kent. Podemos cuestionarnos si es necesario tratar con tanto detalle los eolitos de Harrison. Una razón es mostrar que los testimonios de esta índole no siempre fueron de carácter marginal y extravagante. Los testimonios un tanto anómalos con frecuencia fueron causa de seria y prolongada controversia en el centro mismo de los círculos de la elite científica: sus partidarios mostraban credenciales científicas y puestos tan prestigiosos como los de sus adversarios. Al presentar unos datos detallados de la interrelación de las opiniones en conflicto, esperamos dar al lector la oportunidad de responder por sí mismo la pregunta decisiva. ¿Fueron rechazados los testimonios por motivos puramente objetivos, o se les dejó de considerar, fueron olvidados, simplemente porque no embonaban en los parámetros de ciertas teorías a las que fueron limitados? Harrison falleció en 1921, Y su cuerpo fue enterrado en terrenos de la parroquia de San Pedro, en Ightham. Una tablilla conmemorativa, fijada en el muro norte de San Pedro, fechada el 10 de julio de 1926 lleva esta inscripción: "IN MEMORIAM. Benjamin Harrison de Ightham, 1837-1921, el tendero y arqueólogo cuyos descubrimientos de herramientas eolíticas de pedernal, cerca de Ightham, abrieron un fructífero campo de investigación científica sobre la antigüedad del hombre". Pero el fructífero campo de investigación científica de la antigüedad del hombre inaugurado por los eolitos de la meseta de Kent fue enterrado junto con Harrison. Esto es lo que parece haber ocurrido. En el decenio de 1890, Eugene Dubois descubrió y promovió al célebre y sin embargo dudoso hombre-mono de Java (capítulo 8). Muchos científicos aceptaron al hombre de Java (descubierto sin herramientas de piedra) como auténtico antepasado del hombre. Pero debido a que el hombre de Java fue descubierto en estratos del Pleistoceno medio, los abundantes testimonios de homínidos, fabricantes de herramientas en los muy anteriores periodos pliocénico y miocénico, ya no recibieron mucha atención. ¿Cómo podían haber aparecido esos homínidos fabricantes de herramientas mucho antes que su supuesto antepasado, el hombre-mono? Eso sería imposible; más valía olvidarse y no volver a hablar de todo descubrimiento que cayera fuera de los límites de las expectativas teóricas. DESCUBRIMIENTOS DE J. REID MOIR EN EAST ANGLIA Nuestro viaje de exploración nos lleva ahora a la costa del sudeste de Inglaterra y a los descubrimientos efectuados por J. Reid Moir, miembro del Real Instituto Antropológico y presidente de la Sociedad Prehistórica de East Anglia. A partir de 1909, Moir descubrió herramientas de pedernal dentro de los acantilados Rojo y Coralino, y debajo de ellos. La formación del acantilado Rojo. donde Moir hizo sus descubrimientos más importantes, se compone de arenas, de conchas, de un mar que en un tiempo bañaba las costas de East Anglia. En algunos lugares, debajo del acantilado Rojo. se ha encontrado una formación similar llamada el "acantilado Coralino". Después de estudiar informes geológicos modernos, hemos asignado una antigüedad de al menos 2 a 2.5 millones de años al acantilado Rojo. Así, el acantilado Coralino sería aún más antiguo. Bajo ambos acantilados de East Anglia se encuentran lechos de detritus, a veces llamados "lechos de hueso". Están compuestos por una mezcla de materiales: arena, grava, conchas y huesos derivados de toda una variedad de formaciones más antiguas, incluyendo el barro de Londres del Eoceno. J. Reid Moir descubrió en los lechos de detritus situados debajo de los acantilados unos instrumentos de piedra que mostraban varios grados de labor intencional (figura 3.4). Habiendo llegado a la conclusión de que las herramientas más burdas se remontaban hasta el Eoceno, dijo Moir: "Se vuelve necesario reconocer una antigüedad mucho mayor a la especie humana de la que hasta hoy se había supuesto". Por lo menos, las herramientas de Moir son del Plioceno tardío. Pero según la actual teoría evolutiva, no podíamos encontrar señales de seres humanos que hicieran herramientas en Inglaterra hace 2 ó 3 millones de años. Moir pensó que los fabricantes de las herramientas más antiguas y más burdas debían "representar una etapa temprana y brutal de la evolución humana". Pero aún hoy se conocen tribus modernas que manufacturan herramientas de piedra sumamente primitivas. Por tanto, es posible que unos seres muy parecidos al Homo sapiens sapiens hayan hecho hasta las más burdas de las herramientas recobradas por Moir debajo del acantilado Rojo. Figura 3.4. Herramienta puntiaguda descubierta bajo el acantilado Rojo. Esta tiene más de 2.5 millones de años de antigüedad. Las herramientas en sí fueron causa de enconada controversia. Muchos científicos las consideraron producto de fuerzas naturales, y no del trabajo humano. No obstante, Moir contó con muchos partidarios influyentes; entre ellos Henri Breuil, quien investigó personalmente los sitios. Encontró en la colección de Moir una aparente piedra de amolar del acantilado Rojo. Otro de sus partidarios fue Archibald Geikie, respetado geólogo y presidente de la Real Sociedad. Otro más fue sir Ray Lankester, director del Museo Británico. Entre los especímenes de Moir, Lankester identificó un tipo representativo de herramienta a la que llamó "rostrocarinado". Esta palabra llama la atención hacia dos características sobresalientes de las herramientas. "Rostro" se refiere a la forma, similar a un pico, de la parte útil de los instrumentos, y "carinado" se refiere a la aguda prominencia, similar a una quilla, que corre a lo largo de una parte de la superficie dorsal. Lankester presentó un análisis detallado al que llamó "espécimen de prueba de Norwich" (figura 3.5). Un ejemplo particularmente bueno del tipo de herramienta de rostro-carinado fue descubierto bajo el acantilado Rojo en Whitlingham, cerca de Norwich. Si el espécimen de prueba de Norwich procede de debajo del acantilado Rojo, entonces debería tener más de 2.5 millones de años de antigüedad. El espécimen de prueba de Norwich combinaba una buena demostración de trabajo intencional con una clara posición estratigráfica. Lankester escribió en un informe del Real Instituto Antropológico, en 1914: "No es posible que nadie que este familiarizado con el trabajo en pedernal y también con la fractura no humana de pedernal, sostenga que sea posible, así sea en el grado más remoto, que el trabajo de este pedernal de prueba de Norwich haya sido producido por algo que no sea de factura humana". Lankester consideró que herramientas de este tipo podían proceder del Mioceno. Figura 3.5. J. Reid Moir dijo que el espécimen de prueba de Norwich fue descubierto bajo el acantilado Rojo, en Whitlingham, en Inglaterra. El pico (flecha) forma la parte útil de la herramienta que si fue descubierta bajo el acantilado Rojo, tendría mas de 2.5 millones de años de antigüedad. Un importante conjunto de descubrimientos, obra de Moir, ocurrió en Foxhall, donde se hallaron herramientas de piedra (figura 3.6) en medio de una formación del Plioceno tardío, en el acantilado Rojo. Así, las herramientas de Foxhall habrían de tener más de 2 millones de años de antigüedad. Moir escribió en 1927: "Los hallazgos consistían en los restos de un taller de trabajo del pedernal que incluía martillos de piedra, núcleos de los que se habían arrancado lascas, herramientas terminadas, incontables lascas y varias piedras calcinadas, las cuales mostraban que en ese lugar se habían encendido fogatas [... ] si la famosa mandíbula humana de Foxhall, que al parecer no era de forma muy primitiva, en realidad se derivaba de la antigua superficie de la tierra que hoy yace profundamente enterrada bajo el acantilado y de un grueso estrato de grava glacial, podremos formarnos la opinión definitiva de que estas personas de la antiguedad no eran muy distintas de nosotros en sus características corporales". La mandíbula mencionada por Moir tiene una historia interesante (véase capítulo 7). Algunos científicos que la examinaron dijeron que se parecía a la de un ser humane moderno. Es lamentable que no se disponga de la mandíbula de Foxhall para estudiarla más, pues podría ofrecer confirmación adicional de que las herramientas de pedernal de Foxhall eran de manufactura humana. Figura 3.6. Vistas de frente y de dorso de dos herramientas de piedra del acantilado Rojo, en Foxhall, Inglaterra. Proceden del Plioceno tardío. Henry Fairfield Osborn dijo de la herramienta de la izquierda: "Dos vistas de una herramienta de pedernal, puntiaguda, escantillada en las superficies superior e inferior y con una base reducida, de un nivel situado a 4.8 metros en el pozo de Foxhall. Tipo primitivo de punta de flecha, que bien pudo emplearse para la caza". De la herramienta de la derecha escribió Osborn: "Perforador (perçoir) del nivel de 4.8 metros abajo, de Foxhall". Pero aún sin esa mandíbula, las propias herramientas señalan claramente una presencia humana en Inglaterra durante el Plioceno tardío, hace tal vez de 2 a 2.5 millones de años. En 1921, el paleontólogo estadounidense Henry Fairfield Osborn se declaró decididamente en favor de esas herramientas, y propuso una fecha del Plioceno. Afirmó que las pruebas de seres humanos en el Plioceno "hoy se basan en el firme fundamento de los pedernales de Foxhall, de los que no se puede dudar de la intervención humana". según Osborn, los especímenes de Foxhall incluían perforadores, armas puntiagudas -como puntas de flecha-, raspadores y raspadores laterales. Osborn no sólo apoyó los pedernales de Foxhall sino también el resto del trabajo de Moir: "Los descubrimientos de J. Reid Moir que dan pruebas de la existencia del hombre del Plioceno en East Anglia inauguran una nueva época de la arqueología [...] presentan pruebas indudables de la existencia del hombre en el sudeste de la Gran Bretaña, un hombre de inteligencia suficiente para hacer herramientas y encender una fogata antes de que terminara el Plioceno y antes del advenimiento de la primera glaciación". Otro científico que se dejó conquistar por los descubrimientos de Foxhall fue Hugo Obermaier, que antes había sido continuo y elocuente adversario de los descubrimientos eolíticos. Obermaier era uno de esos científicos que creían que los eolitos habían sido producidos por fuerzas naturales similares a las fuerzas que operan en las fábricas de cemento y de yeso. Pero en 1924 escribió: "Este descubrimiento de Foxhall es el primer testimonio que tenemos de la existencia del hombre terciario". La época terciaria se extiende desde el Eoceno hasta el Plioceno. Moir también hizo descubrimientos en el más reciente lecho de Cromer Forest, en Norfolk. Estas herramientas deben tener, pues, de 400 000 a 800 000 años de antigüedad. Algunas estimaciones de la edad de la parte inferior de la formación del lecho de Cromer Forest llegan a 1.75 millones de años. Pero muchos científicos siguieron negándose a aceptar los especímenes de Moir como herramientas auténticas. Sostuvieron que los objetos habían sido producidos simplemente por fuerzas naturales. Por ejemplo, S. Hazzledine Warren dijo que habían sido producidos por una presión geológica que aplastó piezas de pedernal contra duros lechos de yeso. Como prueba, se refirió a algunos especímenes de piedra escantillada del Bullhead Bed, sitio del Eoceno, en Inglaterra. Acerca de uno de tales objetos (figura 3.7), en un informe de 1920 a la Sociedad Geológica de Londres, dijo Warren: "Este buen ejemplo de la punta tallada de una lasca es el espécimen más notable del grupo. Considerado en sí mismo, por sus méritos aparentes, y lejos de sus asociados y de las circunstancias de su descubrimiento, difícil sería poner en duda sus afinidades musterienses". El musteriense es una reconocida industria de herramientas de piedra del Pleistoceno tardío. Warren consideró imposible que se encontraran herramientas de piedra en estratos del Eoceno. Pero quienes estaban libres de tales prejuicios bien pudieron preguntarse si Warren en realidad había descubierto en el estrato del Eoceno de Essex una herramienta auténtica. En la discusión que siguió al informe de Warren a la Sociedad Geológica, uno de los científicos presentes indicó que en algunos casos se habían encontrado las herramientas de Moiren mitad de lechos sedimentarios terciarios, y no directamente sobre la arcilla dura. Esto anularía la explicación dada por Warren acerca de una presión particular. Al llegar a este punto, la controversia suscitada por los descubrimientos de Moir fue presentada a una comisión internacional de científicos, para que la resolvieran. La comisión, formada a solicitud del Instituto Internacional de . Antropología, estaba integrada por ocho eminentes antropólogos, geólogos y arqueólogos, europeos y americanos. El grupo sostuvo las conclusiones de Moir. Afirmaron que los pedernales de la base del acantilado Rojo cerca de Ipswich se encontraban en estratos no removidos, de antigüedad al menos del Plioceno. Además, el escantillamiento de los pedernales era, sin duda alguna, de origen humano. Miembros de la comisión también efectuaron cuatro excavaciones en el lecho de detritus bajo el acantilado Rojo, y ellos mismos descubrieron cinco especímenes típicos. Estas herramientas tendrían, entonces, al menos 2.5 millones de años de antigüedad. Y dado que el lecho de detritus contiene materiales de antiguas superficies de tierra del Eoceno, las herramientas podrían tener hasta 55 millones de años de antigüedad. Louis Capitan, miembro de la comisión, afirmó: "Existen en la base del acantilado, en estratos no removidos, pedazos de pedernal trabajados (los hemos observado nosotros mismos). No pueden haber sido hechos más que por un ser humano o por un homínido que existiera en la época terciaria. Nosotros, los prehistoriadores, hemos considerado este hecho como absolutamente demostrado". Figura 3.7. S. Hazzledine Warren dijo que este objeto, al que consideró producto de presión natural, se asemejaba casi exactamente a una herramienta puntiaguda del musteriense. Pero aunque descubierto en una formación del Eoceno, en realidad puede ser de fabricación humana. Pero de manera sorprendente, aún después del informe de la comisión, los adversarios de Moir, como Warren, insistieron en tratar de demostrar que los instrumentos de pedernal eran producto de presiones naturales. Warren dijo que las piezas de pedernal podían haber sido aplastadas por icebergs contra el fondo del océano, a lo largo de la costa. Pero, hasta donde sabemos, nadie ha demostrado que los icebergs puedan producir los numerosos bulbos de percusión y elaborados retoques que pudieron verse en las herramientas de Moir. Además, muchos de los especímenes del acantilado Rojo yacen en medio de sedimentos y no sobre superficies de roca dura contra las cuales hubiese podido aplastarlos un iceberg. Por si esto fuera poco, J. M. Coles, arqueólogo inglés, informó que en Foxhall las herramientas se encontraban en capas de sedimento que parecían representar superficies de tierra y no depósitos de playa. Esto también anularía la posibilidad de icebergs imaginada por Warren. Después de que Warren propuso su explicación del iceberg, la controversia fue apagándose. Coles escribió en 1968: "El hecho de que [...] el mundo científico no se dignara a apoyar a ninguno de los bandos sin una considerable incertidumbre, debe explicar la notable falta de atención que ha recibido este problema de East Anglia desde los días de la controversia. Esto puede ser cierto, en parte, pero también hay otra explicación posible: que ciertos elementos de la comunidad científica decidieran que el silencio era un modo mejor de enterrar los descubrimientos de Moir que una disidencia activa y estridente. En el decenio de 1950, la opinión científica estaba inclinándose claramente en favor de un centro Africano del Pleistoceno formativo para la evolución humana. Por tanto, habría habido poca razón y tal vez cierto embarazo y daña en tratar continuamente de desaprobar lo que teóricamente era imposible, es decir, que el hombre habitó en Inglaterra durante el Plioceno. Ello habría mantenido demasiado viva la controversia. La política de silencio, deliberada o no, en realidad tuvo un gran éxito al suprimir de la vista todos los testimonios de Moir. No había necesidad de vencer algo que estaba olvidado, y en cambio había poco que ganar en defenderlo o apoyarlo. Coles constituye una excepción al habitual rechazo instintivo de los descubrimientos de Moir (o al completo silencio acerca de ellos). Le pareció "injusto desdeñar todo este material sin ninguna consideración", y en un informe de 1968, con ciertas vacilaciones, declaró auténticas algunas de las herramientas. Aunque la mayoría de las modernas autoridades ni siquiera menciona los descubrimientos de Moir, en la revista The lce Age in Britain aparece una solitaria noticia de rechazo escrita por B. W. Sparks y R. G. West: "A principios de este siglo, muchos pedazos de pedernal del acantilado del bajo Pleistoceno fueron descritos como artefactos, tales como los pedazos de pedernal, algunos de ellos escantillados bifacialmente, descubiertos en el acantilado Rojo, cerca de Ipswich, y los llamados "rostros-carinados" de la base del acantilado de Norwich, cerca de Norwich. Hoy, se considera que todos ellos son productos naturales. No satisfacen el requerimiento de identificación como herramienta, a saber: que el objeto cumpla con una pauta fija y regular, que sea descubierto en un sitio de habitación -geológicamente posible, de preferencia con otras señales de actividad humana (por ejemplo, un sitio de taller, de muerte o de entierro)-y que muestre señales de escantillamiento desde dos o tres direcciones en ángulos rectos". Sparks y West, de la Universidad de Cambridge, son expertos en el Pleistoceno, en Inglaterra. Respondiendo brevemente a Sparks y West, podemos observar que Moir y otras autoridades, como Osborn y Capitan, pudieron clasificar los especímenes del acantilado como tipos definidos de herramientas (hachas de mano, perforadores, raspadores, etc.) comparables a otros incluidos en industrias paleolíticas aceptadas, incluso los del musteriense. Muchas autoridades consideraron que el sitio de Foxhall, donde se encontró la mandíbula, representaba un sitio de habitación geológicamente posible. Moir consideró que era una zona de trabajo y encontró señales de que allí se había encendido fuego. En lo tocante al escantillamiento de diversas direcciones en ángulos rectos, ésta no es la única norma que puede aplicarse para juzgar la acción humana sobre objetos de piedra. Y aun así M. C. Burkitt, de Cambridge, sí encontró escantillamiento en varias direcciones diferentes, en ángulos rectos, en algunas de las herramientas recogidas por J. Reid Moir. Burkitt, quien formó parte de la comisión internacional que examinó las herramientas de Moir en el decenio de 1920, las trató favorablemente en su libro The Old Stone Age, publicado en 1956. Burkitt quedó particularmente impresionado por el sitio de Thorington Hall, 3 kilómetros al sur de Ipswich, donde se habían recogido herramientas de pedernal en depósitos del acantilado. "En Thorington Hall se han recogido, encima de los artefactos, conchas bivalvas con los goznes aún intactos [...] no pudo haber ocurrido ningún ulterior movimiento diferencial de la grava que hubiese podido causar la fractura de los pedazos de pedernal contenidos, ya que sin duda habría pulverizado los delicados goznes de estas conchas." Burkitt presentó una asombrosa conclusión acerca de las herramientas descubiertas en el acantilado Rojo y debajo de él: "Los propios eolitos son mucho más antiguos que los depósitos del Plioceno tardío en donde se encontraron. Algunos de ellos en realidad podrían remontarse a épocas prepliocénicas". En otras palabras, estaba dispuesto a aceptar la existencia, en Inglaterra, de homínidos inteligentes, fabricantes de herramientas, hace más de 5 millones de años. Y como existen tantos testimonios, incluyendo restos de esqueletos, de que existieron en épocas pliocénicas seres humanos de un tipo plenamente moderno, no hay razón alguna para excluir la posibilidad de que las herramientas de Moir, recogidas bajo las formaciones del acantilado, hayan sido hechas por el Homo sapiens hace más de 5 millones de años. Otro partidario de los descubrimientos de Moir fue Louis Leakey, quien escribió en 1960: "Es más que probable que unos seres humanos primitivos estuvieran presentes en Europa durante el Pleistoceno inferior como lo estuvieron en África, y ciertamente una buena proporción de los especímenes tornados de depósitos subyacentes al acantilado parecen haber sido escantillados por seres humanos y no se les puede considerar simplemente como resultado de fuerzas naturales. Sin embargo, las herramientas encontradas. bajo los acantilados no se dan del Pleistoceno formativo (inferior) sino, al menos, del Plioceno tardío". DOS CÉLEBRES ADVERSARIOS DE LOS EOLITOS En paleoantropología, a veces encontramos el informe definitivo en contra de algo, el cual se emplea una y otra vez para invalidar ciertos testimonios. En el caso de los eolitos europeos hay dos buenos ejemplos de informes definitivos en contra. Están el ensayo de H. Breuil en el que afirma que los seudoeolitos fueron formados por presión geológica en las formaciones francesas del Eoceno en Clermont (Oise), y el ensayo de A. S. Barnes en el que pretende demostrar, mediante análisis estadístico de ángulos de presión en una plataforma, el origen natural de las industrias eolíticas. En 1910, Henri Breuil efectuó unas investigaciones que, según creyó, pondrían fin a la controversia causada por los eolitos. En su informe ya citado, afirmó que había descubierto unos pedazos de pedernal que se asemejaban a herramientas de piedra en la formación taneciana de Belle-Assise, cerca de Clermont, Francia. Esta formación es del Eoceno formativo, lo que dada a las piezas de pedernal entre 50 y 55 millones de años. Pero Breuil no podía imaginar siquiera que existieran seres humanos durante el Eoceno. ¿Cómo, entonces, se habían producido esos objetos de pedernal? En sus excavaciones, Breuil descubrió unas cuantas piezas de pedernal y, cerca de ellas, unas cuantas lascas separadas, algunas de las cuales tenían bulbos de percusión. Otras tenían ciertos escantillamientos que parecían retoques. La causa de estos efectos, según Breuil, era la simple presión geológica. ¿Puede la presión geológica crear, realmente, los efectos observados por Breuil? Leland W. Patterson, moderna autoridad en herramientas de piedra, afirma que la presión muy rara vez produce bulbos de percusión claramente marcados. Por lo general, se necesita un golpe intencionalmente dirigido. Breuil probablemente escogió como ilustración sus mejores ejemplos de lascas descubiertas en contacto con el principal bloque de pedernal (figura 3.8). Pero el escantillamiento y el retoque que se encuentran en ellas es mucho más burdo que los de los bloques y las lascas seleccionadas por Breuil como ejemplos de seudoeolitos (figura 3.9). Breuil dijo que todos los efectos eran resultado de una presión geológica natural. Pero sólo se habría justificado que hiciera semejante declaración si hubiese descubierto las lascas junto con eolitos de mejor aspecto y en contacto con los bloques originales de pedernal, pero no fue así. Lo insatisfactorio de la hipótesis de Breuil sobre la presión geológica se hace más evidente si consideramos lo que Breuil llamó "objetos verdaderamente excepcionales, cuyo sitio de descubrimiento, en el interior de los lechos, es absolutamente seguro". Breuil dijo que el primer objeto (figura 3.10) se podía virtualmente confundir con un grattoir, o raspador azilio-tardenoisiense. Los científicos en general atribuyen las herramientas de piedra del azilio-tardenoisiense al Homo sapiens sapiens en el Pleistoceno tardío de Europa. Al describrir el segundo objeto excepcional (figura 3.11), Breuillo comparó con herramientas encontradas en Les Eyzies, sitio de Francia del Pleistoceno tardío. La presión geológica no parece adecuada para explicar la forma de estas dos herramientas, que tienen más de 50 millones de años de antigüedad. Figura 3.8. Henri Breuil descubrió ejemplos de lascas separadas, por presiones geológicas, de bloques principales de pedernal, en una formación del Eoceno en Clermont (Oise), Francia. Creyó que tales tí especímenes demostraban que los eolitos no habían sido hechos por seres humanos. Figura 3.9. Estos objetos, de una formación del Eoceno en Clermont (Oise), Francia, fueron llamados "seudoeolitos" por H. Breuil. Todavía se cita el escrito de Breuil como prueba de que los eolitos eran producciones naturales, no artificiales. Este tipo de cita constituye una técnica de propaganda muy eficaz. después de todo, ¿cuántas personas se molestarán en desenterrar el artículo original de Breuil y en ver por sí mismas si lo que él tuvo que decir en realidad tenía sentido? Figura 3.10. Este objeto de pedernal fue descubierto por H. Breuil y Obermaier en una formación del Eoceno en Clermont (Oise), Francia. Breuil dijo que su forma era idéntica a la de ciertas herramientas del Pleistoceno tardío; empero, consideró que era producto de presión geológica natural. El informe definitivo de Breuil apareció antes de los descubrimientos efectuados por J. Reid Moir en East Anglia. Con el tiempo, cuando los descubrimientos de Moir empezaron a llamar la atención, Breuil fue a Inglaterra a hacer evaluaciones personalmente. De manera sorprendente, Breuil apoyó los descubrimientos de Moir. Aceptó como auténticas las herramientas del Plioceno del acantilado Rojo de Foxhall, y también dijo que algunas de las herramientas sacadas de los lechos hallados bajo el acantilado Rojo eran "absolutamente semejantes a las herramientas clásicas de pedernal". Las formaciones situadas bajo el acantilado podían tener entre 2 y 55 millones de años de antigüedad. Breuil, al parecer, después ya no quiso comprometerse. La edición de 1965 de su libro Hombres de la antigua Edad de Piedra, publicado después de su muerte, sólo dice que "puede aceptarse un cierto número de lascas, aunque su ángulo de corte generalmente va en contra de esto". Podemos preguntarnos por qué no hay ninguna mención a esos objetos que Breuil había dicho que "no eran simples eolitos sino absolutamente semejantes a herramientas clásicas de pedernal". Figura 3.11. Objeto de pedernal descubierto en una formación del Eoceno en Clermont (Oise), Francia. Aunque H. Breuil dijo que seión asemejaba a una herramienta puntiaguda del Pleistoceno tardío, afirmó que le había dado forma la presión geológica. Otro elemento importante en la controversia de los eolitos fue la prueba del ángulo de plataforma, promovida por Alfred S. Barnes; éste, quien defendió a Moir durante los años veinte, después se pasó a la oposición. En 1939 asestó el que muchas autoridades aún consideran como el golpe de muerte a los eolitos ingleses de Moir. Pero Barnes no limitó su atención a Moir. En su estudio intitulado "Las diferencia entre el escantillado natural y el humano en herramientas prehistóricas de pedernal", Barnes también consideró la fabricación de instrumentos de piedra en Francia, Portugal, Bélgica y Argentina. Los partidarios de los eolitos generalmente argüían que las fuerzas naturales no podían producir el tipo de escantillamiento observado en los objetos en cuestión. Barnes buscó alguna manera mensurable de demostrar si esto era así o no. Con este fin, escogió lo que llamó "ángulo de cicatriz de la plataforma". Dijo: "El ángulo de cicatriz de la plataforma es el ángulo que se encuentra entre la plataforma o superficie en que se aplicó el golpe o la presión que separó la lasca, y la huella dejada por el instrumento donde se había separado ésta". En el auténtico trabajo humano este ángulo sería agudo. En cambio, afirmó que las fracturas naturales dejan ángulos obtusos. La descripción hecha por Barnes sobre el ángulo que se debe medir nos parece bastante ambigua. Hemos hablado con expertos en herramientas de piedra del Museo del Condado de San Bernardino, en California, entre ellos Ruth D. Simpson, y también ellos han sido incapaces de precisar exactamente cual era el ángulo que estaba midiendo Barnes. Sea como fuere, en el ángulo de cicatriz, en la plataforma, Barnes creyó haber descubierto el rasgo objetivamente mensurable por el cual se podía distinguir el escantillamiento natural del causado por la mano humana. Para ser efectiva, esa medición tendría que aplicarse no a un solo espécimen sino a muestras abundantes de piezas de la industria en cuestión. Barnes declaró que una muestra "puede considerarse de origen humano si menos de 25% de los ángulos de cicatriz en la plataforma son obtusos (90 grados y más)". Habiendo establecido esto, Barnes pronunció una conclusión devastadora: ninguno de los eolitos que había examinado, incluso los de Moir, era de origen humano. De manera interesante, parece que el propio Moir estaba enterado del criterio de Barnes y creía que sus especímenes se encontraban dentro de la gama requerida. Mas para Barnes, y para casi todos los demás miembros de la comunidad científica, esto ponía fin a la controversia. De hecho, en los círculos principales la controversia por los eolitos y otras industrias de herramientas de piedra había dejado, tiempo atrás, de ser cuestión candente. Con los descubrimientos del hombre de Java y del hombre de Beijing, la comunidad científica se había convencido cada vez más de que la transición decisiva de precursores simiescos a seres humanos (o protohumanos) fabricantes de herramientas había ocurrido del Pleistoceno formativo al Pleistoceno medio. Esto hacía que las supuestas herramientas de piedra de seres humanos durante el Plioceno y antes fuesen tema secundario y de poco interés. Sin embargo, Barnes se encargó de la tarea valiosa, aunque prosaica, de barrer ciertos vestigios inútiles, testimonios sin importancia. Y de ahí en adelante, cada vez que surgía el tema de las antiquísimas industrias de herramientas de piedra, tema que aún resurge de cuando en cuando, los científicos podían muy convenientemente remitirse al informe de Barnes. Y aún hoy los científicos que estudian las herramientas de piedra aplican el método de Barnes. Pero si lo vemos más de cerca, parece que el informe de Barnes, definitivamente demoledor, necesita, a su vez, ser demolido. Alan Lyle Bryan, antropólogo canadiense, escribió en 1986: "La cuestión de cómo distinguir los 'naturefactos' de los artefactos dista mucho de estar resuelta, y exige mayor investigación. El modo en que se resolvió el problema en Inglaterra, mediante la aplicación del método estadístico de Barnes de medir los ángulos de cicatriz en la plataforma, no es generalmente aplicable a todos los problemas para diferenciar los 'naturefactos' de los artefactos". En una conversación telefónica celebrada con uno de nosotros el 28 de mayo de 1987, Bryan también expresó una cautelosa creencia de que Barnes acaso fue demasiado lejos tratando de eliminar todas las anómalas industrias europeas de herramientas de piedra. Prestando atención a descubrimientos más recientes, Bryan afirmó que existen herramientas australianas del Pleistoceno tardío que no coinciden con las especificaciones de Barnes. Otro ejemplo de una industria que al parecer no concuerda con el criterio de Barnes es el del Oldowan, de los niveles inferiores de la garganta de Olduvai. Considerando el carácter sumamente burdo de los objetos, que Louis Leakey dijo que eran comparables a las herramientas de Moir, resulta notable que la comunidad científica nunca las haya negado. Esto probablemente es así porque la industria de Oldowan ofrece apoyo a la hipótesis de los orígenes humanos por evolución en África, que es aceptada como dogma. A la luz de las opiniones presentadas por Bryan y otros, es claro que no se justifica el rechazo generalizado de las industrias eolíticas y otras industrias tempranas de herramientas de piedra mediante la simple aplicación de la norma de Barnes. EJEMPLOS RECIENTES DE HERRAMIENTAS EOLÍTICAS PROCEDENTES DE AMÉRICA Pese a los mejores esfuerzos de Barnes y de Bryan, la cuestión del eolito sigue obsesionando a los arqueólogos. En América se han descubierto varias industrias de herramientas de piedra, de tipo eolítico, anormalmente antiguas. La mayoría de los arqueólogos dice que unos cazadores siberianos pasaron a Alaska por un puente de tierra que existió cuando la última glaciación bajó el nivel de los mares. Durante este periodo, el casquete de hielo canadiense impidió la migración hacia el sur hasta hace unos 12 000 años, cuando los primeros inmigrantes americanos siguieron un pasaje libre de hielos hasta lo que hoy es Estados Unidos. Estos eran los llamados "cazadores de Clovis", célebres por sus características puntas de lanza. Estas corresponden a las sumamente evolucionadas herramientas de piedra del Paleolítico tardío en Europa. No obstante, muchos sitios excavados con los modernos métodos arqueológicos han producido fechas tan enormes como 30 000 años para los seres humanos en América. Estos sitios incluyen El Cedral, en el norte de México, la isla de Santa Bárbara, frente a California, y el refugio rocoso de Boquierão do Sitio da Pedra Furada, en el norte de Brasil. Otros sitios que han causado controversia tienen mucho más de 30 000 años. GEORGE CARTER Y EL SITIO DE TEXAS STREET Un buen ejemplo de una discutida y antiquísima industria de la piedra norteamericana, que recuerda la de los eolitos europeos, es el descubrimiento realizado por George Carter durante el decenio de 1950 en la excavación del sitio llamado "Texas Street", en San Diego. En ese sitio afirmó Carter haber descubierto hogueras y burdas herramientas de piedra en niveles correspondientes al último periodo interglacial: hace 80 000 a 90 000 años. Los críticos se burlaron de estas afirmaciones diciendo que las supuestas herramientas de Carter eran productos de la naturaleza o "carterfactos", y después públicamente se hizo mofa de Carter en un curso de Harvard sobre "Arqueología fantástica". Y sin embargo, Carter presentó claras normas para distinguir entre sus herramientas y unas rocas partidas por presión natural; y expertos en el lítico, como John Witthoft, han apoyado sus afirmaciones. En 1973, Carter efectuó unas excavaciones más extensas en Texas Street, e invitó a muchos arqueólogos a verlas personalmente. Casi ninguno respondió. Carter declaró: "La Universidad Estatal de San Diego se negó terminantemente a observar un trabajo que se hacía en su propio patio posterior". En 1960, un director de Science, publicación de la Academia para el Avance de la Ciencia de Estados Unidos, pidió a Carter que presentara un artículo acerca de los primeros seres humanos en América. Así lo hizo Carter, pero cuando el director envió el artículo a dos especialistas para su revisión, ellos lo rechazaron. Al ser informado de esto por el director, Carter contestó en una carta fechada el 2 de febrero de 1960: "Debo suponer ahora que usted no tiene la menor idea de la intensidad de los sentimientos que imperan en este campo. Es casi inútil tratar de transmitir alguna idea del estado en que se encuentra el tema del hombre primitivo en América, por el momento. Pero digamos, simplemente para divertirnos: yo tengo un corresponsal cuyo nombre no repetiré, pues aunque cree que yo tengo razón, perdería su empleo si así lo dijera. Tengo otro corresponsal, cuyo nombre no puedo decir, que, como estudiante graduado, descubrió testimonios que probarían que tengo razón. Él y sus colegas, estudiantes, enterraron esas pruebas. Estaban seguros de que presentarlas les haría perder toda oportunidad de obtener su doctorado. En una reunión, un joven profesional se me acercó para decirme: ''Espero que lo demuestre. Yo lo diría si me atreviera, pero me costaría el empleo". En otra reunión, un joven se apartó de los demás para decirme: "En la excavación X descubrieron herramientas como las de usted en el fondo, pero no lo publicaron". El efecto inhibidor de la propaganda sobre la evolución de los descubrimientos de Carter ha sido descrito por el arqueólogo Brian Reeves, quien escribió junto con sus colaboradores en 1986: "¿Se descubrieron artefactos reales en Texas Street, y realmente pertenece ese sitio a la última época interglacial?[...] Dado el peso del 'testimonio' crítico presentado por arqueólogos renuentes a aceptar estos descubrimientos, el principal autor [Reeves], como casi todos los demas arqueólogos, aceptó sin ninguna crítica la actitud de los escépticos, rechazando los sitios y los objetos y diciendo que eran fenómenos naturales". Pero cuando se tomó la molestia de ver por sí mismo el testimonio, Reeves cambió de opinión. Llegó a la conclusión de que los objetos eran sin duda de manufactura humana y que el sitio de Texas Street era tan antiguo como lo había dicho Carter. LOUIS LEAKEY Y EL SITIO DE CALICÓ A comienzos de su carrera, Louis Leakey, quien se haría célebre por sus descubrimientos en la garganta de Olduvai, en África, empezó a tener ideas radicales sobre la antigüedad de los seres humanos en América. Por entonces, los científicos creían que la fecha de entrada de los cazadores siberianos no superaba los 5 000 años. Recordó Leakey: "Allá en 1929-1930, cuando yo era maestro de la Universidad de Cambridge [...] empecé a decir a mis discípulos que el hombre tenía que haber estado al menos desde hacía 15 000 años en el Nuevo Mundo. Nunca olvidaré cuando encontrándose en Cambridge Ales Hrdlicka, ese gran hombre de la Institución Smithsoniana, mi profesor (yo sólo era supervisor de estudiantes) le informó que el doctor Leakey estaba diciendo a los estudiantes que el hombre llevaba en América 15 000 años o más. Irrumpió violentamente en mis habitaciones [...] ni siquiera se molestó en darme la mano". Hrdlicka dijo: "Leakey, ¿qué es lo que oigo? ¿Está usted predicando herejías?" "¡No, señor!", dijo Leakey. Hrdlicka replicó: "¡Lo está usted haciendo! Usted aseguró a los estudiantes que había hombres en América desde hace 15 000 años. ¿Qué prueba tiene usted?" Leakey respondió: "No tengo ningún testimonio definitivo. Tan sólo testimonios puramente circunstanciales. Pero habiendo hombres desde Alaska hasta el Cabo de Homos con muchos diferentes lenguajes y al menos dos civilizaciones, no es posible que sólo estuviera presente los pocos miles de años que ustedes le atribuyen". Leakey continuó manteniendo opiniones heterodoxas, y en 1964 hizo un esfuerzo por recabar una prueba definitiva en el sitio de Calicó, en el desierto de Mojave, en California. Este sitio se encuentra cerca de la orilla del hoy desaparecido lago Manix. del Pleistoceno. En un periodo de 18 años de excavaciones bajo la dirección de Ruth D. Simpson, se recuperaron, de muy diversos niveles, 11400 artefactos eolíticos. Al nivel más antiguo en que se encontraron artefactos se le han atribuido 200 000 años, aplicando el método de las series de uranio. Y sin embargo, exactamente como había ocurrido en el caso de Texas Street, los arqueólogos de la corriente principal rechazaron los artefactos descubiertos en Calicó, diciendo que eran productos de la naturaleza, y el sitio de Calicó fue pasado en silencio en todos los relatos populares de arqueología. Sonia Cole, la biógrafa de Leakey dijo: "Para muchos colegas que sentían admiración y afecto hacia Louis y su familia, los años de Calicó constituyeron un problema y un pesar". Y sin embargo, los artefactos de Calicó también tienen sus defensores, quienes presentan elaborados argumentos para mostrar que eran artefactos humanos y no geofactos resultantes de procesos naturales. Phillip Tobias, el conocido asociado de Raymond Dart, descubridor del Australopithecus, declaró en 1979: "Cuando el doctor Leakey me enseñó por primera vez una pequeña colección de piezas de Calicó [...] al punto quedé convencido de que algunas de las pequeñas muestras, aunque no todas, mostraban signos inequívocos del trabajo del hombre". Ruth D. Simpson declaró en 1986: "Sería difícil que la naturaleza produjera tantos especímenes semejantes a herramientas unifaciales hechas por el hombre con un retoque en los bordes completamente unidireccional, hecho en forma uniforme y directa. El sitio de Calicó ha producido muchas herramientas de piedra completamente unifaciales con retoques uniformes en los bordes. Incluyen raspadores de puntas, raspadores de lado y buriles". Las herramientas en forma de lascas con escantillamiento unifacial y unidireccional, como las encontradas en Calicó, son típicas de los eolitos europeos. También se han encontrado ejemplos entre las industrias de Oldowan en el África oriental. Entre las mejores herramientas descubiertas en Calicó se encontró un excelente buril (figura 3.12). También se ha informado de piedras de "boleadoras". Sin embargo, en general los descubrimientos de Calicó han tenido como respuesta silencio ridículo y oposición en las filas de la paleoantropología de la corriente principal. No obstante, Ruth Simpson afirmó: "La base de datos de un antiquísimo hombre primitivo en el Nuevo Mundo va creciendo con rapidez, y ya no es posible simplemente pasarla por alto porque no embona en los actuales modelos de la prehistoria del Nuevo Mundo [...] se necesita una flexibilidad de pensamiento para que las revisiones de los colegas no sean tendenciosas" . TOCA DA ESPERANCA, BRASIL De Brasil ha llegado apoyo a la autenticidad de las herramientas de Calicó. En 1982, María Beltrao descubrió una serie de cavernas con pinturas rupestres en el estado de Bahía. En 1985, se excavó una zanja en la Toca da Esperança (caverna de la Esperanza), y las excavaciones efectuadas en 1986 y 1987 develaron unas burdas herramientas de piedra, asociadas a mamíferos del Pleistoceno. Cuando se sometieron los huesos a pruebas mediante el método de series de uranio, se obtuvieron edades superiores a los 200 000 años. La edad máxima fue de 295 000 años. Se informó al mundo científico de este descubrimiento realizado por Henry de Lumley, célebre arqueólogo francés. Las herramientas fueron hechas a base de guijarros de cuarzo y se parecían un tanto a las de la garganta de Olduvai. La fuente más cercana de guijarros de cuarzo se encuentra a unos 10 kilómetros del sitio. De Lumley y sus colaboradores dijeron en su informe: "El testimonio parece indicar que el hombre primitivo entró en el continente americano mucho antes de lo que habíamos creído". Y continuaron: "A la luz de los descubrimientos efectuados en la Toca da Esperança, es mucho más fácil interpretar la industria lítica del sitio de Calicó, en el desierto de Mojave, cerca de Yermo, condado de San Bernardino, California, fechada entre 150 000 y 200 000 años". Según De Lumley y sus asociados, seres humanos y antepasados humanos entraron varias veces a América procedentes del norte de Asia durante el Pleistoceno. Los primeros emigrantes, quienes fabricaron las herramientas descubiertas en la caverna de Brasil, eran, según afirmaron, Homo erectus. Aunque esta opinión esta en armonía con el consenso sobre la evolución humana, no hay razón para que las herramientas de la Toca da Esperança no pudiesen ser hechas por seres humanos anatómicamente modernos. Como ya lo hemos dicho varias veces, este tipo de herramientas en varias partes del mundo siguen siendo manufacturadas por seres humanos. Figura 3.12. Buril con punta: herramienta de piedra de Calicó, en el sur de California, datada en cerca de 200 000 años. MONTE VERDE, CHILE Otro sitio arqueológico que ha influido sobre la evaluación de burdas herramientas de piedra es el sitio de Monte Verde en el centro y sur de Chile. Según un informe aparecido en Mammoth Trumpet (1984), el sitio fue estudiado inicialmente por el arqueólogo Tom Dillehay en 1976. Aunque no sea sumamente anómala una edad de 12 500 a 13 500 años para el sitio, los descubrimientos arqueológicos realizados allí pusieron en entredicho la habitual teoría de los cazadores de Clovis. La cultura del pueblo de Monte Verde era totalmente distinta de la de los cazadores de Clovis. Y aunque las personas de Monte Verde hicieran algunas avanzadas herramientas bifaciales, por lo general aprovecharon guijarros mínimamente modificados. De hecho, obtuvieron en alto grado herramientas de piedra seleccionando guijarros de forma natural. Algunos de ellos dan señales de uso; otros muestran señales de retoque deliberado del borde útil. Esto recuerda claramente las descripciones de los eolitos europeos. En este caso, la preocupante cuestión de artefactos contra "naturefactos" fue resuelta por una circunstancia fortuita: el sitio se encuentra localizado en una zona pantanosa, en la que se han conservado plantas perecederas y materia animal. Así, se descubrieron dos guijarros unidos a agarraderas de madera. Se encontraron 12 cimientos arquitectónicos hechos de tablas cortadas y de pequeños troncos de árboles clavados en el lugar. Había grandes fogatas comunales, así como pequeñas estufas de carbón cubiertas de cieno. En una reserva de cieno se descubrió la huella del pie de un niño de 8 a 10 años de edad. También se descubrieron tres burdos morteros de madera, sostenidos por estacas. Se hallaron, asimismo, piedras de amolar (metates), junto con restos de patatas silvestres, plantas medicinales y plantas de la costa marítima, con alto contenido salino. En total el sitio de Monte Verde arroja una luz interesante sobre el tipo de seres que acaso hicieran y utilizaran unas burdas herramientas de guijarro durante el Plioceno y el Mioceno en Europa o en el límite entre el Plioceno y el Pleistoceno en África. En este caso, la cultura estaba bien equipada con comodidades domésticas hechas a base de materiales perecederos. El nivel cultural, lejos de ser subhumano, era el que podríamos esperar de unos seres humanos anatómicamente modernos aún el día de hoy, en un medio aislado. Por un accidente de la conservación, vemos así en Monte Verde unos artefactos que representan una cultura avanzada al lado de los tipos más primitivos de herramientas de piedra. En sitios que tienen millones de años de antigüedad, sólo vemos las herramientas de piedra, aunque bien pudieron haberlas acompañado unos artefactos perecederos, del tipo de los que se descubrieron en Monte Verde. HALLAZGOS RECIENTES EN PAKISTÁN En muchas partes del mundo, fuera de América, continúan descubriéndose herramientas similares a las del eolito, que no embonan en las ideas habituales sobre la evolución humana. Ejemplo de ello son ciertos descubrimientos bastante recientes efectuados por arqueólogos británicos en Pakistán. Estas burdas piedras de amolar tienen cerca de 2 millones de años. Pero según la idea predominante sobre el origen africano, el antepasado humano de ese periodo, el Homo habilis, estaba confinado al África. Algunos científicos que examinaron las herramientas de Pakistán trataron de desacreditar su descubrimiento. La antropóloga Sally McBrearty se quejó, en un informe al New York Times, de que los descubrimientos "no constituyen testimonio suficiente de que los especímenes sean tan antiguos y de que sean de fabricación humana". Nuestra revisión de las herramientas anómalas de piedra nos debería haber hecho sospechar de este tipo de acusación. Es típico que los científicos exijan más altos niveles de prueba para los descubrimientos anómalos que para los testimonios que sí coinciden con las ideas establecidas acerca de la evolución humana. Un informe de 1987 que apareció en la publicación británica New Scientist indica que McBrearty estaba siendo demasiado escéptica. Con respecto a las dudas expresadas acerca del marco estratigráfico y de la edad de las herramientas de piedra, declaró el New Scientist: "Tales dudas no se aplican en el caso de las piedras del valle del Soan, al sureste de Rawalpindi, arguye Robin Dennell, director de campo del Proyecto Paleolítico de la Misión Arqueológica Británica y de la Universidad de Sheffield. Él y su colega Helen Rendell, geóloga de la Universidad de Sussex, informan que las piedras, todas ellas de cuarcita, estaban tan firmemente enterradas en un depósito de conglomerado y de arenisca silícea llamado 'Alto Siwalik', que tuvieron que sacarlas con cincel". Según el New Scientist, la datación se logró mediante una combinación de estudios paleomagnéticos y estratigráficos. Entonces, ¿qué decir de la sugerencia de McBrearty de que esos objetos de piedra no habían sido obra de seres humanos? El New Scientist ofreció una opinión más equilibrada: "De las piezas que extrajeron, ocho, cree Dennell, son 'artefactos bien definidos'. En opinión de Dennell, el artefacto menos equívoco es una pieza de cuarcita que, supuestamente, un individuo homínido golpeó en tres direcciones con un martillo de piedra, arrancándole siete lascas (figura 3.13). Este escantillamiento multifacético junto con la fresca apariencia de las cicatrices dejadas en el 'núcleo' restante forman un caso 'muy convincente' de participación humana". Entonces, ¿qué pasa con el descubrimiento de Pakistán? Los científicos que sostenían la idea de que el Homo erectus fue el primer representante del linaje Homo que salió de África, hace casi un millón de años, al parecer estaban resueltos a desacreditar las herramientas de piedra descubiertas en Pakistán,de unos 2 millones de años de antigüedad, antes que modificar sus ideas. Podemos imaginar cómo reaccionarían esos científicos a las herramientas de piedra descubiertas en contextos del Mioceno. Figura 3.13. Instrumento de piedra descubierto en la formación del Alto Siwalik, en Pakistán. Unos científicos británicos le atribuyeron cerca de 2 millones de años. SIBERIA Y LA INDIA En otros sitios de Asia, en Siberia y en el noroeste de la India se han hecho otros muchos descubrimientos de herramientas de piedra, de unos 2 millones de años de antigüedad. En 1961 se descubrieron centenares de herramientas de burdos guijarros cerca de GornoAltaisk, sobre el río Ulalinka, en Siberia. Según un informe de 1984, de los científicos rusos A. P. Okladinov y L. A. Ragozin, las herramientas fueron descubiertas en estratos de 1.5 a 2.5 millones de años de antigüedad. Otro científico ruso, Yuri Mochanov, descubrió herramientas de piedra semejantes a los eolitos europeos en un sitio que domina el río Lena, en Diring Yurlakh, Siberia. Las formaciones en que fueron recuperadas estas herramientas fueron fechadas, mediante los métodos de potasio-argón y magnéticos, en 1.8 millones de años. Recientes testimonios de la India también nos hacen remontarnos 2 millones de años atrás. Se han hecho muchos descubrimientos de herramientas de piedra en la región de Siwalik Hills, en el noroeste de la India. Los siwaliks derivan su nombre del semidiós Shiva (sánscrito, Ziva), señor de las fuerzas de la destrucción universal. En 1981, Anek Ram Sankhyan, miembro del Anthropological Survey de la India, descubrió una herramienta de piedra cerca de la aldea de Haritalyangar, en la formación Tratot del Plioceno, que tiene más de 2 millones de años. En la misma formación se recuperaron otras herramientas. Los ya mencionados descubrimientos en Siberia y en la India, de 1.5 a 2.5 millones de años de antigüedad, no encajan muy bien con la idea común de que el Homo erectus fue el primer representante del linaje Homo que emigró de África, hace cerca de un millón de años. He aquí un ejemplo de una época aún más remota. En 1982, K. N. Prasad, del Geological Survey de la India, informó del descubrimiento de una "herramienta de guijarro en forma de una burda hacha de mano unifacial", en la formación Nagri del Mioceno, cerca de Haritalyangar, en las estribaciones del Himalaya en el noroeste de la India. Prasad declaró en su informe: "La herramienta fue recuperada in situ durante una nueva medición de la sucesión geológica para evaluar el espesor de los lechos. Se tuvo cuidado de confirmar el origen exacto del material para excluir toda posibilidad de que hubiese derivado de horizontes más jóvenes". Prasad creyó que el instrumento había sido fabricado por una criatura muy simiesca llamada el Ramapithecus. "La presencia de esta herramienta de guijarro en tan antiguos sedimentos", dijo Prasad, "indica que homínidos tempranos, como el Ramapithecus, forjaban herramientas, eran bípedos, con postura erecta y probablemente utilizaban esas herramientas para cazar". Pero hoy la mayoría de los científicos no consideran al Ramapithecus como antepasado humano, sino como antepasado de los orangutanes actuales. Este recién definido Ramapithecus definitivamente no era un fabricante de herramientas de piedra. Entonces, ¿quién hizo esa herramienta del Mioceno reportada por Prasad? Sus fabricantes bien pudieron haber sido seres humanos anatómicamente modernos que vivieron en el Mioceno. Aun si aceptáramos que algún ser primitivo como el Homo habilis hizo la herramienta del Mioceno, esto plantearía graves preguntas. según las ideas predominantes, los primeros fabricantes de herramientas aparecieron en África hace unos 2 millones de años. ¿QUIEN HIZO LAS HERRAMIENTAS EOLÍTICAS? Aun después de haber oído todos los argumentos en favor de que los eolitos fueron de fabricación humana, argumentos que sin duda resultarán convincentes para muchos, algunos podrán sostener lícitamente cierto grado de duda. ¿Podríamos perdonar a quien dudara por no aceptar los eolitos? La respuesta es un condicionado sí. La condición es que entonces hay que rechazar otras industrias de herramientas de piedra de naturaleza similar, y eso significaría rechazar muchas industrias aceptadas, incluyendo las industrias del Oldowan del África oriental, descubiertas por Louis y por Mary Leakey. Cuando se colocan ilustraciones de los eolitos descubiertos en la meseta de Kent y en East Anglia junto con las de herramientas de la garganta de Olduvai (figura 3.3, p. 61), no notamos una gran diferencia en su tallado. La conclusión más razonable es que tanto los eolitos europeos como las herramientas del Oldowan, del África oriental, fueron hechos con toda intención. Pero, ¿quién las hizo? Los científicos aceptan prácticamente sin vacilar que las herramientas del Oldowan fueron hechas por el Homo habilis, especie homínida primitiva. Por tanto, es factible imaginar que los científicos consideraran la posibilidad de que un ser como el Homo habilis también hubiese hecho los eolitos de East Anglia y de la meseta de Kent, algunos de los cuales son, aproximadamente, comparables en edad a las herramientas de Oldowan. Pero existe otra posibilidad. Mary Leakey dijo esto en su libro acerca de las herramientas de piedra de Oldowan: "Se ha registrado en el suroeste de África un ejemplo actual, interesante, de lascas no retocadas utilizadas como instrumentos cortantes, y lo mencionaremos en breve. Una expedición del Museo Estatal de Windhoek descubrió a dos grupos del pueblo Ova Tjimba que utilizan piedras como herramientas y que no sólo hacen cortadores para abrir huesos y otros trabajos pesados, sino que también se valen de lascas sencillas, no retocadas ni afiladas, para cortar y despellejar". Por consiguiente, nada nos impide considerar la posibilidad de que unos seres humanos anatómicamente modernos fuesen los creadores hasta de las más burdas herramientas de piedra descubiertas en la garganta de Olduvai y en los sitios eolíticos de Europa. La respuesta habitual será que no hay fósiles que muestren la presencia a su alrededor de seres humanos del tipo enteramente moderno, en el Pleistoceno formativo o en el Plioceno tardío, de hace 1 ó 2 millones de años, mientras que sí hay fósiles del Homo habilis. Pero los fósiles de Homo sapiens escasean mucho incluso en sitios del Pleistoceno tardío, donde, en cambio, se han encontrado abundantes herramientas de piedra y otras señales de vida humana. Además, como se describe en los capítulos 7 y 12, algunos hombres de ciencia han descubierto esqueletos fósiles de seres humanos de tipo enteramente moderno en estratos al menos tan antiguos como los niveles inferiores de la garganta de Olduvai, en Tanzania. Entre ellos pueden enumerarse el esqueleto fósil humano descubierto en 1913 por el doctor Hans Reck, en el lecho II de la garganta de Olduvai, y unos fémures humanos, fosilizados, descubiertos por Richard Leakey en el lago Turkana de Kenia, en una formación ligeramente anterior al lecho I de Olduvai. Por consiguiente, no es correcto decir que no hay ningún testimonio fósil de una presencia enteramente humana en los niveles inferiores de la garganta de Olduvai. Además del testimonio fósil, tenemos un informe de Mary Leakey acerca de una discutida formación circular de piedras en el sitio de DK en el lecho I inferior. Mary Leakey sugirió que "acaso fuesen colocados como soportes para ramas o como palos encajados en el suelo para formar un rompeviento o un refugio primitivo". "En su apariencia general", escribió, "el círculo se asemeja a las estructuras temporales frecuentemente hechas en la actualidad por pueblos nómadas que construyen una pared baja de piedra en torno de sus moradas, la cual sirve para protegerlos del viento o como base para soportar ramas, que inclinan y que luego cubren con pieles o con hierbas". Como ilustración, Mary Leakey presentó una fotografía de uno de esos refugios temporales hechos por la tribu Okombambi, del África suroccidental (hoy Namibia). No todos estuvieron de acuerdo con la interpretación de Mary Leakey respecto del círculo de piedra. Pero si se aceptara la versión de Leakey, se tendría que responder a esta pregunta obvia: si ella creía que la estructura se asemejaba a las que hacen en la actualidad pueblos nómadas, como los Okombambi, entonces, ¿por qué no suponía Mary Leakey que unos seres humanos anatómicamente modernos hicieron el círculo de piedra de Olduvai hace 1.75 millones de años? Existen testimonios muy interesantes de que algunas de las herramientas de la garganta de Olduvai eran bastante avanzadas. J. Desmond Clark escribió en su prólogo al estudio de Mary Leakey (1971): "He aquí artefactos que el uso tradicional asocia tipológicamente con épocas muy posteriores (el Paleolítico tardío o aun después), raspadores diminutos, leznas, buriles [...] y un guijarro acanalado y perforado". Podemos notar, sin embargo, que las herramientas del tipo descubierto "en el Paleolítico tardío y aun después" son consideradas por los científicos modernos como obra, específicamente, del Homo sapiens y no del Homo erectus ni del Homo habilis. También se encuentran herramientas de piedra muy avanzadas en colecciones de eolitos europeos. Debemos considerar entonces la posibilidad de que unos seres humanos anatómicamente modernos fueran los creadores de algunas si no de todas las herramientas eolíticas y de Oldowan. Louis y Mary Leakey también descubrieron en el lecho I de la garganta de Olduvai piedras para boleadoras y un instrumento al parecer para trabajar el cuero que bien pudo servir para hacer cuerdas de cuero para las boleadoras. Utilizar piedras como boleadoras para capturar presas requeriría un grado de inteligencia y de destreza muy superiores a los que poseía el Homo habilis. Esto ha cobrado mayor importancia por el reciente descubrimiento de un esqueleto relativamente complejo de Homo habilis, que muestra que este homínido tenía una apariencia mucho más simiesca de lo que antes habían imaginado los científicos. Entonces, ¿dónde nos coloca todo esto? En el mundo de hoy descubrimos que los seres humanos fabrican herramientas de piedra de varios niveles de refinamiento, desde las más primitivas hasta las más avanzadas. Y como se describió en este capítulo y se describirá en los dos siguientes, también encontramos testimonios de la misma variedad de herramientas en el Pleistoceno, en el Plioceno, en el Mioceno y aun hasta en el remoto Eoceno. La explicación más sencilla es que unos seres humanos anatómicamente modernos, que forman toda la gama de las herramientas de hoy, también las fabricaron en el pasado. Asimismo, podríamos imaginar que tales seres humanos coexistieron con otros seres semihumanos, más primitivos, que también hacían herramientas de piedra. Paleolitos burdos Los paleolitos burdos representan un avance sobre los eolitos. Los eolitos son pedazos de piedras rotas por fuerzas naturales que fueron empleados como herramientas, con poca o ninguna modificación. Una superficie con filo podía ser ligeramente retocada o, simplemente, dar señales de desgaste. En cambio, los paleolitos fueron a menudo deliberadamente escantillados y muestran más extensas modificaciones. LOS DESCUBRIMIENTOS DE CARLOS RIBEIRO EN PORTUGAL La primera mención de los descubrimientos de Carlos Ribeiro llamó nuestra atención en forma totalmente accidental. Hojeando los escritos del geólogo estadounidense J. D. Whitney, del siglo XIX, encontramos una o dos frases acerca de que Ribeiro había descubierto unas herramientas de pedernal en formaciones del Mioceno, cerca de Lisboa, Portugal. Encontramos otras breves menciones en las obras de S. Laing, popular escritor inglés de ciencia de finales del siglo XIX. Sintiendo curiosidad, buscamos en las bibliotecas pero no encontramos obras bajo el nombre de Ribeiro y nos vimos en un callejón sin salida. Tiempo después volvió a aparecer el nombre de Ribeiro, esta vez en la edición inglesa de 1957 de la obra Fossil Men de Boule y Vallois, quienes bastante secamente desecharon la obra de aquel geólogo portugués del siglo XIX. Sin embargo, Boule y Vallois nos llevaron a la edición de 1883 de Le Préhistorique de Gabriel de Mortillet, quien hizo un informe favorable de los descubrimientos de Ribeiro. Y siguiendo las referencias mencionadas en las notas de De Mortillet, gradualmente fuimos descubriendo toda una plétora de informes originales, notablemente convincentes, en las publicaciones francesas de arqueología y de antropología de finales del siglo XIX. La búsqueda de este testimonio enterrado fue reveladora y nos mostró cómo los científicos de lo establecido tratan los informes sobre hechos que no están de acuerdo con las ideas aceptadas. Téngase en cuenta que para la mayoría de los actuales estudiosos de paleoantropología, Ribeiro y sus descubrimientos simplemente no existen. Hay que volver a los libros de texto impresos hace más de 30 años para encontrar siquiera una mención de él. En 1857, Carlos Ribeiro fue nombrado jefe del Estudio Geológico de Portugal, y también sería elegido para formar parte de la Academia Portuguesa de Ciencias. Durante los años de 1860-1863, efectuó estudios de instrumentos de piedra descubiertos en estratos cuaternarios, en Portugal. Los geólogos del siglo XIX dividían generalmente los periodos geológicos en cuatro grupos principales: 1) el primario, que abarcaba los periodos desde el Precámbrico hasta el Pérmico; 2) el secundario, que abarcaba los periodos del Triásico hasta el Cretácico; 3) el terciario, que comprendía los periodos transcurridos desde el Paleoceno hasta el Plioceno, y 4) el cuaternario, que abarcaba los periodos Pleistoceno y Reciente. En el curso de sus investigaciones, Ribeiro se enteró de que se habían descubierto unos pedazos de pedernal que mostraban señales de trabajo humano, en lechos del terciario, entre Canergado y Alemquer, dos poblaciones situadas en la cuenca del río Tajo, al noreste de Lisboa. Sin tardanza, Ribeiro empezó sus propias investigaciones, y en muchas localidades descubrió lascas de pedernal y cuarcita trabajadas en lechos del terciario. Pero Ribeiro consideró que debía someterse al dogma científico prevaleciente, aún en vigor, de que los seres humanos no podían ser anteriores al cuaternario. En 1866, en los mapas geológicos oficiales de Portugal, Ribeiro, de mala gana, atribuyó épocas cuaternarias a algunos de los estratos en que se habían encontrado herramientas. Al ver los mapas, el geólogo francés Edouard de Verneuil rechazó airadamente el juicio de Ribeiro, señalando que los lechos supuestamente cuaternarios eran, sin duda, del Plioceno o del Mioceno. Mientras tanto en Francia, el abate Louis Bourgeois, investigador con cierta reputación, había informado haber descubierto herramientas de piedra en lechos del terciario. Bajo la influencia de las críticas de Verneuil y los descubrimientos de Bourgeois, Ribeiro empezó a informar abiertamente sobre el descubrimiento de herramientas humanas en formaciones del Plioceno y del Mioceno en Portugal. En 1871, Ribeiro presentó a la Academia Portuguesa de Ciencias de Lisboa una colección de herramientas de pedernal y de cuarcita, incluyendo algunas recogidas en formaciones terciarias de la cuenca del Tajo. En 1872, en el Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas, reunido en Bruselas, Ribeiro mostró más especímenes, en su mayor parte lascas puntiagudas. La opinión de los científicos se dividió. En la exposición de París de 1878, Ribeiro mostró 95 especímenes de herramientas de pedernal del terciario. Gabriel de Mortillet, el influyente antropólogo francés, visitó la exposición de Ribeiro y declaró que 22 especímenes mostraban señas indudables de trabajo humano. Junto con su amigo y colega Emile Cartailhac, De Mortillet llevó a otros científicos a ver las muestras de Ribeiro, y todos fueron de la misma opinión: muchas de las piezas de pedernal habían sido definitivamente trabajadas por seres humanos. Escribió De Mortillet: "El trabajo intencional está muy bien establecido no sólo por la forma general, que podría ser engañosa, sino, de manera mucho más concluyente, por la presencia de plataformas de golpeo claramente evidentes y por bulbos de percusión fuertemente desarrollados". A los bulbos de percusión se les llama también a veces éraillures [roces], pequeños fragmentos desprendidos por la fuerza del impacto. Algunas de las muestras de Ribeiro también tenían varias lascas verticales largas, separadas en paralelos, algo que no ocurriría, probablemente, por el efecto de presiones al azar producidas por las fuerzas de la naturaleza. Leland W. Patterson, moderno experto en herramientas de piedra, sostiene que el bulbo de percusión es la señal más indudable del trabajo intencional en una lasca de pedernal. Si la lasca también muestra los restos de una plataforma de golpeo, entonces se puede estar aún más seguro de que la lasca fue golpeada deliberadamente con un núcleo de pedernal, y que no es una pieza rota por fuerzas naturales que se parece a una herramienta o un arma. La figura 4.1 muestra una de las herramientas miocenicas de Ribeiro recogidas en Portugal, y como comparación, una herramienta de piedra, reconocida de la etapa cultural musteriense del Pleistoceno tardío de Europa. Comparten los rasgos típicos del trabajo humano intencional sobre la piedra: la plataforma de golpeo, el bulbo de percusión, la éraillure y la supresión paralela de lascas. Figura 4.1. Izquierda: vistas de frente y de dorso de una herramienta de piedra recobrada en una formación terciaria en Portugal. Tendría más de 2 millones de años. Derecha: un instrumento reconocido de piedra, de menos de 100 000 años de antigüedad, de la etapa cultural musteriense del Pleistoceno tardío europeo. Ambas herramientas muestran claramente los siguientes rasgos de trabajo humano intencional: 1) plataformas de golpeo; 2) éraillures; 3) bulbos de percusión, y 4) supresión paralela de lascas. Además, observó De Mortillet: "Muchos de los especímenes, del mismo lado del bulbo de percusión, tienen huecos con rastros y fragmentos de piedra caliza adherida a ellos, hecho que establece su posición original en los estratos". Pero algunos científicos aún se mostraban dudosos. En la reunión de 1880 del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas, celebrada en Lisboa, Portugal, Ribeiro mostró más especímenes de lechos del Mioceno. En su informe declaró Ribeiro: "1) fueron descubiertos como partes integrales de los propios lechos; 2) tenían bordes afilados y bien conservados, lo que demostraba que no habían sido sujetos a movimientos a una gran distancia, y 3) tenían un color de pátina similar a las rocas de los estratos de los que formaban parte". El segundo punto es de especial importancia. Algunos geólogos informaron que ciertas herramientas pleistocénicas de pedernal habían sido acarreadas a fisuras de lechos del Mioceno por aguas y corrientes. Pero si las piezas hubiesen sido así transportadas, entonces muy probablemente se habrían dañado las partes afiladas, y este no era el caso. El Congreso nombró una Comisión Especial para inspeccionar las herramientas y los sitios. El 22 de septiembre de 1880 los miembros de la Comisión subieron a un tren y se fueron al norte desde Lisboa. Durante el viaje contemplaron los antiguos fuertes situados sobre las colinas, y se señalaron unos a otros los terrenos jurásicos, cretácicos y terciarios conforme avanzaban por la cuenca del río Tajo. Descendieron del tren en Carregado. Luego se dirigieron a la cercana Otta y a 2 kilómetros de Otta llegaron a la colina de Monte Redondo. En ese punto, los científicos se dispersaron por varias cañadas en busca de piezas de pedernal. En su libro Le Préhistorique Gabriel de Mortillet hizo un relato informativo de los hechos ocurridos en Monte Redondo. "Los miembros del Congreso llegaron a Otta, que se halla en el centro de una gran formación de agua dulce. Era el fondo de un antiguo lago, con arena y cieno en el centro, y arena y rocas en los bordes. En las orillas, unos seres inteligentes habrían dejado sus herramientas, y fue en las orillas del lago que en un tiempo bañaba el Monte Redondo donde efectuamos la investigación. Nos aguardaba el éxito. El experto investigador de Umbría (ltalia), señor Bellucci, descubrió in situ una pieza de pedernal con señales indudables de trabajo intencional. Antes de separarla, la mostró a muchos de sus colegas. El pedernal estaba fuertemente empotrado en la roca y tuvo que usar un martillo para extraerlo. Es indiscutiblemente de la misma edad que el depósito. En lugar de yacer de plano sobre una superficie en la que habría quedado secundariamente cimentado en fecha muy posterior, fue descubierto firmemente en el lugar sobre el lado inferior de una saliente que se extendía sobre una región removida por la erosión (figura 4.2). Es imposible pedir una demostración más completa de la posición de una pieza de pedernal en su estrato." Algunas autoridades modernas consideran que los conglomerados de Otta forman parte del Mioceno formativo, tienen aproximadamente de 15 a 20 millones de años de antigüedad. En conjunto, no parece haber ninguna razón para que los descubrimientos de Ribeiro no recibieran la atención que se merecen, ni siquiera en la actualidad. Figura 4.2. Estratigrafía del lugar situado en la base de Monte Redondo, en Otta Portugal, donde G. Bellucci descubrió una herramienta: 1) piedra caliza; 2) conglomerado de piedra caliza del Mioceno, con piezas de pedernal,y 3) depósito de superficie de pedernales erosionados. La flecha marcada con X indica la posición de la herramienta. LOS DESCUBRIMIENTOS DE L. BOURGEOIS EN THENAY, FRANCIA El 19 de agosto de 1867, en París, Bourgeois presentó al Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas un informe sobre instrumentos de pedernal que había descubierto en lechos del Mioceno formativo (15 a 20 millones de años de antigüedad) en Thenay, en el centro de la Francia septentrional. Bourgeois dijo que se asemejaban a los tipos de instrumentos cuaternarios (raspadores, perforadores, hojas, etc.) que había encontrado en la superficie en esa misma región. En casi todos los especímenes del Mioceno descubrió las indicaciones habituales de trabajo humano: finos retoques, escantillados simétricos y señales de uso. En el Congreso de París sólo unos cuántos científicos reconocieron que en realidad eran artefactos. Sin desalentarse, Bourgeois siguió descubriendo más especímenes y convenciendo a paleontólogos y geólogos, en particular, de que eran resultado de un trabajo intencional. Gabriel de Mortillet fue uno de los primeros que se convencieron. Algunos científicos cuestionaron la posición estratigráfica en que se habían descubierto las piezas. Los primeros especímenes recogidos por Bourgeois procedían de restos de roca, a lo largo de los lados de un pequeño valle que atraviesa la meseta de Thenay. Algunos geólogos, como sir John Prestwich, objetaron que se trataba, esencialmente, de descubrimientos de superficie. Como respuesta Bourgeois excavó una zanja en el valle y halló unas piezas de pedernal que mostraban las mismas señales de trabajo humano. Aún insatisfechos, sus críticos dijeron que las herramientas de pedernal descubiertas en la zanja había llegado a esas posiciones a través de fisuras, y que habían caído desde lo alto de la meseta, donde a menudo se descubrían herramientas del Pleistoceno. Saliéndole al paso a esta objeción, Bourgeois, en 1869, perforó un pozo en lo alto de la meseta. Durante la excavación llegó a un estrato de piedra caliza de unos 30 centímetros de espesor, en el cual no se encontraron fisuras a través de las cuales hubiesen podido deslizarse herramientas de piedra del Pleistoceno a niveles inferiores. Más abajo, en el pozo, a una profundidad de cerca de 3 metros, en estratos del Mioceno formativo Bourgeois descubrió muchas herramientas de pedernal. Declaró De Mortillet en Le Préhistorique: "No quedó ninguna duda acerca de su antigüedad o de su posición geológica". Pese a esta clara demostración, muchos científicos se empeñaron en su duda irrazonable. Hubo un enfrentamiento, en Bruselas, en la reunión de 1872 del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas. Bourgeois presentó muchas muestras, de las cuales se incluyeron figuras en las actas publicadas del Congreso. Al hacer la descripción de una herramienta puntiaguda (figura 4.3), Bourgeois declaró: "He aquí un espécimen parecido a una lezna, con una base ancha. La punta en el centro se ha logrado mediante un retoque regular. Este es un tipo común a todas las épocas. Del lado opuesto se encuentra un bulbo de percusión. Bourgeois describió otra herramienta, a la que llamó "cuchillo o instrumento cortante": "Los bordes han sido retocados regularmente, y el lado opuesto presenta un bulbo de percusión". En muchas de sus muestras, observó Bourgeois, los bordes de la parte de la herramienta que podía agarrarse con la mano no estaban desgastados, mientras que los de las superficies cortantes mostraban extenso desgaste y pulimento. Bourgeois dijo que otra muestra (figura 4.4) era una punta de proyectil o una lezna. Observó la presencia de retoque en los bordes, con la obvia intención de hacer una punta afilada. Entre los objetos que recabó, Bourgeois también observó un núcleo con las dos extremidades retocadas, para ser utilizado con algún propósito. Hizo notar: "El borde más prominente ha sido escantillado mediante una serie de golpes artificiales, probablemente para agarrar la herramienta con mayor comodidad. Los otros bordes siguen siendo agudos, lo que muestra que este escantillamiento no se debió a que la pieza rodara". La figura 4.5 muestra la herramienta del Mioceno formativo de Thenay junto con una herramienta similar, reconocida, del Pleistoceno tardío. Figura 4.3. Una herramienta puntiaguda, de una formación miocénica, encontrada en Thenay, Francia. Figura 4.4. Artefacto puntiagudo de estratos del Mioceno, en Thenay, Francia, con retoques cerca de la punta. Para zanjar cualquier controversia, el Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas nombró una comisión de 15 miembros para juzgar los descubrimientos efectuados por Bourgeois. Una mayoría de ocho miembros votó en el sentido de que las piezas eran de fabricación humana. Sólo cinco de los 15 no vieron rastros de trabajo humano en los especímenes de Thenay. Uno de los miembros se abstuvo de opinar y otro apoyó a Bourgeois con ciertas reservas. Figura 4.5. Arriba: una herramienta de pedernal del Pleistoceno tardíotardío. Abajo: una herramienta de estratos del Mioceno formativo, en Thenay, Francia. Los bulbos de percusión escaseaban entre las herramientas de pedernal del Mioceno formativo de Thenay, pero casi todas las piezas mostraban finos retoques en los bordes. Los retoques tendían a concentrarse en uno de los lados de un borde, mientras que el otro lado se había dejado intacto; a esto se le llama "escantillamiento unifacial". De Mortillet, como las autoridades modernas, creía que en casi todos los casos el escantillamiento unifacial no es resultado de impactos casuales sino de un trabajo deliberado. En su libro Musée Préhistorique, De Mortillet incluyó reproducciones de algunos de los pedernales de Thenay, que mostraban retoques unifaciales muy regulares (figura 4.6). Algunos de los adversarios de Bourgeois comentaron que entre todas las piezas de pedernal del Mioceno formativo recogidas en Thenay, sólo había unos cuantos buenos especímenes (unos 30). A lo que De Mortillet exclamó: "Bastaría con un sólo espécimen indiscutible, ¡y tienen 30!" Algunas autoridades modernas sobre herramientas de piedra, como L. W. Patterson, afirman que los escantillamientos paralelos, aproximadamente del mismo tamaño, son buena señal de una labor humana. Ilustraciones de las piezas de pedernal del Mioceno formativo de Thenay muestran esos escantillamientos. La figura 4.7 representa una herramienta unifacial de Thenay junto con una herramienta unifacial similar, reconocida, de la garganta de Olduvai. Figura 4.6. Herramientas retocadas unifacialmente del Mioceno formativo, en Thenay, Francia. Figura 4.7. Izquierda: herramienta de pedernal de una formación del Mioceno formativo, en Thenay, Francia. Derecha: una herramienta reconocida, de la parte media inferior del lecho II, garganta de Olduvai, África. Los bordes inferiores de ambos especímenes muestran escantillamientos práccticamente paralelos, lo que satisface ciertos requerimientos para reconocer objetos de fabricación humana. Muchos de los pedernales de Thenay tienen superficies finamente rajadas, lo que indica que estuvieron expuestas al fuego. De Mortillet llegó a la conclusión de que unos seres humanos habían empleado fuego para fracturar grandes pedazos de pedernal. Luego, los fragmentos resultantes fueron convertidos en herramientas. Por medio de los escritos de S. Laing, llegó la información sobre las herramientas de Thenay, del Mioceno formativo, al público lector de los países de habla inglesa. Laing decía: "El origen humano de estas herramientas ha sido grandemente confirmado par el descubrimiento de que los mincopics de las islas Andamán fabrican piedras de amolar o raspadores casi idénticos a los de Thenay mediante el mismo proceso de aplicar fuego para partir las piedras, dándoles el tamaño y la forma requeridos [...] en suma el testimonio en favor de estas herramientas miocénicas parece ser muy concluyente, y las objeciones casi no tienen otra base que la renuencia a reconocer la gran antigüedad del hombre". ¿Quién hizo las herramientas de pedernal de Thenay? Algunos pensaron que habían sido obra de antepasados humanos primitivos, similares a los simios. Pero en 1894, S. Laing, hablando de los pedernales de Thenay, dijo: "Su tipo continúa, sin otro cambio que el de ligeras mejoras sucesivas, a través del Plioceno, el cuaternario y hasta la actualidad. El raspador de los esquimales y de los habitantes de las islas Andamán no es sino una versión corregida y aumentada del raspador del Mioceno". Si unos seres humanos hacen hoy tales raspadores, ciertamente es posible que unos seres idénticos hiciesen raspadores semejantes allá en el Mioceno. Y, como veremos en los siguientes capítulos, en realidad hubo científicos que descubrieron restos humanos exactos a los del Homo sapiens, en estratos del terciario. Así, es cada vez más claro por qué ya no oímos hablar de los pedernales de Thenay. En cierto momento de la historia de la paleoantropología, varios científicos que creían en la evolución aceptaron en realidad las herramientas miocénicas de Thenay, pero las atribuyeron a un precursor del tipo humano. La teoría evolucionista los convenció de que tal precursor había existido, pero no se habían descubierto fósiles. Y cuando los fósiles esperados aparecieron por fin en 1891, en Java, lo hicieron en una formación hoy considerada como del Pleistoceno medio. Esto, ciertamente, colocó en un dilema a los partidarios de los hombresmono miocénicos. El precursor humano, el ser de transición entre los simios fósiles y los modernos seres humanos, no fue encontrado en el Mioceno formativo, hace 20 millones de años según las estimaciones actuales, sino en el Pleistoceno medio, hace menos de un millón de años. Por consiguiente, los pedernales de Thenay y todos los demás testimonios de la existencia de seres humanos en el terciario (o de hombres-mono terciarios, fabricantes de herramientas) fueron suprimidos silenciosa y al parecer radicalmente de toda consideración, y luego cayeron en el olvido. Los extensos testimonios de la presencia de homínidos fabricantes de herramientas en el terciario fueron, de hecho, enterrados, y la estabilidad de todo el edificio de la paleoantropología moderna dependía de que permanecieran enterrados. Si hubiera que aceptar una sola pieza en favor de la existencia de fabricantes de herramientas en el Mioceno o en el Plioceno formativo, se desintegraría todo el cuadro de la evolución humana tan cuidadosamente edificado durante este siglo. HERRAMIENTAS DE AURILLAC, FRANCIA En 1870, Anatole Roujou informó que el geólogo Charles Tardy había sacado un cuchillo de pedernal (figura 4.8) de la superficie expuesta de un conglomerado del Mioceno tardío, en Aurillac, Francia meridional. Al describir el descubrimiento Roujou utilizó el término arraché, lo que significa que hubo que aplicar cierta fuerza para sacar la pieza de pedernal. De Mortillet creyó que la superficie de la herramienta de pedernal de Tardy se había adherido recientemente al conglomerado del Mioceno tardío y por tanto decidió asignarle una fecha del Pleistoceno. El geólogo francés J. B. Rames dudó de que el objeto descubierto por Tardy fuese, en realidad, de fabricación humana. Pero en 1877, Rames hizo sus propios descubrimientos de herramientas de pedernal en la misma región, en Puy Courny, en un sitio cercano a Aurillac. Estas herramientas fueron recogidas de unos sedimentos ocultos bajo capas de material volcánico, extendidos en el Mioceno tardío, de hace 7 a 9 millones de años. En 1894, S. Laing hizo una descripción detallada de los signos de fabricación humana que Rames había observado en el pedernal: "Las muestras consisten en varios tipos paleolíticos bien conocidos: hachas, raspadores, puntas de flecha y lascas sólo que más rudas y más pequeñas que las de periodos ulteriores. Se encontraron en tres diferentes localidades en el mismo estrato de arena, y satisfacen todas las pruebas por las cuales se puede afirmar la autenticidad de herramientas cuaternarias, como bulbos de percusión, fracturas concoidales y, ante todo, escantillamiento intencional en una dirección determinada". De acuerdo con Laing, el antropólogo francés Armand de Quatrefages notó unas finas raspaduras paralelas en los bordes escantillados de muchas muestras, lo que indicaba que habían sido usadas. Estas marcas de uso no se hallaban presentes en otros bordes no escantillados. Las herramientas de pedernal de Puy Courny fueron declaradas auténticas en un congreso de científicos celebrado en Grenoble, Francia. Figura 4.8. La primera herramienta de piedra descubierta en Aurillac, Francia. Respecto a las herramientas también dijo Laing: "El depósito de grava en que fueron descubiertas contiene cinco distintas variedades de pedernales, y de estas, todas las que parecen herramientas humanas están limitadas a una variedad en particular, que por su naturaleza es peculiarmente adaptable al uso humano. Como dice De Quatrefages, ningún torrente o causa natural pudo haber efectuado esa discriminación, que sólo pudo ser hecha por un ser inteligente que seleccionara las piedras más apropiadas para hacer herramientas y armas". Max Verworn, de la Universidad de Gotinga, en Alemania, al principio dudó de esos informes en los que se decía haber descubierto herramientas de piedra del Plioceno y aun antes. Por ello, en 1905 fue en persona a Aurillac a efectuar sus propias investigaciones de las herramientas de piedra allí descubiertas. Verworn se quedó seis días en Aurillac, haciendo excavaciones en un sitio llamado "Puy de Boudieu", no lejos de Puy Courny. En la descripción de los resultados de su primer día de trabajo, dice: "Tuve la fortuna de llegar a un lugar donde encontré gran número de objetos de pedernal, cuyo carácter útil, indiscutible, inmediatamente me impresionó. No había esperado eso. Lentamente pude acostumbrarme a la idea de que tenía yo en la mano las herramientas de un ser humano que había vivido en la época terciaria. Hice todas las objeciones que pude imaginar. Dudé de la época geológica del sitio, dudé del carácter utilitario de los especímenes hasta que, de mala gana, tuve que reconocer que todas las posibles objeciones no bastaban para refutar los hechos". Los objetos de pedernal, escantillados, con bordes afilados, que al parecer eran herramientas, fueron descubiertos en pequeños grupos entre unas piedras que habían rodado mucho y se habían desgastado. Esto significaba que los objetos de pedernal no habían estado sometidos a tales movimientos, ya que su deposición y el escantillamiento que mostraban eran, por tanto, de origen humano y no geológico. El hecho de que los pedernales utilitarios con bordes afilados se encontraran en grupos también sugería la presencia de unos verdaderos talleres. Verworn pasó entonces a analizar con detalle varias maneras de identificar la labor humana sobre un objeto de pedernal. Dividió los testimonios de ese trabajo en tres grupos: 1) señales de percusión resultantes del primer golpe que apartó la lasea de un núcleo de pedernal; 2) señales de percusión resultantes del escantillamiento secundario del borde de la propia lasca, y 3) señales de uso en los bordes afilados. Considerando todas las diversas características de la percusión y el uso, Verworn sugirió que ninguna de ellas es concluyente en sí misma. "El análisis crítico de una combinación dada de síntomas es lo único que nos coloca en posición de tomar decisiones": afirmó. Esta es la misma metodología sugerida por L. W. Patterson, moderno experto en herramientas de piedra. Sin embargo, Patterson atribuye mayor peso que Verworn a los bulbos de percusión y al escantillamiento unidireccional a lo largo de los bordes de las lascas, especialmente cuando se encuentran numerosos especímenes en un solo sitio. Los estudios de Patterson mostraron que las fuerzas naturales casi nunca producen estos efectos en cantidades significativas. Verworn puso entonces un ejemplo para ilustrar como podía aplicarse su método de análisis: "Supóngase que descubro, en un lecho de piedra interglacial, un objeto de pedernal que tiene un indudable bulbo de percusión, pero ningún otro síntoma de trabajo intencional. En este caso, dudaría yo de tener ante mí o no un objeto de fabricación humana. Pero supóngase que encuentro allí un pedernal que en un lado muestra todas las señales típicas de la percusión y que en el otro lado muestra las impresiones negativas de dos, tres, cuatro o más lascas arrancadas por golpes en la misma dirección. Además supongamos que un borde de la pieza muestra numerosas y sucesivas lascas paralelas arrancadas todas ellas en la misma dirección y todas, sin excepción, localizadas del mismo lado del borde. Supongamos que todos los demás bordes son agudos, sin ningún rastro de impacto o de haber rodado. Entonces podré decir con absoluta certidumbre: es una herramienta de fabricación humana". Verworn, después de efectuar cierto número de excavaciones en sitios cercanos a Aurillac (Cantal), analizó las muchas herramientas de pedernal que había descubierto empleando la metodología rigurosamente científica antes descrita. Llegó entonces a la conclusión siguiente: "Con mis propias manos, extraje de los estratos no removidos de Puy de Boudieu muchos de esos artefactos indiscutibles. Esto es una prueba decisiva de que a fines del Mioceno existía un ser que trabajaba el pedernal". La mayor parte de las herramientas descubiertas por Verworn en lechos del Mioceno en Aurillac eran raspadores de varias clases. Escribió: "Algunos raspadores sólo muestran marcas de uso en el borde útil, mientras que los otros bordes de la misma pieza son sumamente afilados y no tienen marcas. En otros especímenes, el borde cortante muestra cierto número de pedazos intencionalmente suprimidos en la misma dirección. Este escantillamiento muestra con gran claridad todos los signos habituales de percusión. Aún hoy, son perfectamente agudos los bordes de las marcas de impacto de golpes anteriores dados en la parte superior de algunas herramientas. El objetivo del trabajo en los bordes es indudablemente el de quitar cortezas, o el deseo de obtener una forma definida. En muchas piezas hay áreas claramente visibles para aferrar con la mano, formadas por la supresión de los bordes y puntas afiladas de los lugares en que podría lastimar o estorbar". Acerca de otro objeto dijo Verworn: "Las raspaduras, en forma de lasca, en la hoja del raspador se encuentran tan regularmente unas junto a otras y paralelas que nos recuerdan ejemplos paleolíticos o hasta neolíticos". Según la secuencia aceptada, las herramientas paleolíticas y neolíticas se atribuyen al Pleistoceno tardío. Verworn también descubrió muchos raspadores puntiagudos (figura 4.9): "Entre todos los objetos de pedernal, estos son los que más claramente muestran la forma intencional de herramientas definidas al menos en el área del borde útil. De hecho, las puntas generalmente se hacen de tal manera que podemos hablar de un auténtico cuidado y atención en su técnica. Los bordes fueron trabajados mediante muchos golpes unidireccionales de tal manera que resulta inequívoca la intención de formar una punta". Figura 4.9. Herramienta puntiaguda de pedernal del Mioceno tardío, Aurillac, Francia. En Aurillac también se encontraron raspadores con muescas (figura 4.10), con aperturas cóncavas redondeadas en el borde útil, apropiadas para raspar objetos cilíndricos como huesos o varas de lanza. Observó Verworn: "Las más de las veces, los raspadores con muesca se hacen mediante el escantillamiento de uno de los extremos en forma curva, mediante golpes unidireccionales". Verworn también descubrió varias herramientas adaptadas para martillar, cortary excavar. Describió así una de esas herramientas: "Una gran herramienta puntiaguda para cortar o excavar. Está formada de una laja natural de pedernal, formándole una punta. En las superficies de la pieza podemos ver la corteza del pedernal y en lo alto una punta formada por numerosas lascas, arrancadas casi todas en la misma dirección". Acerca de otra herramienta puntiaguda declaró Verworn: "Esta herramienta tiene, del lado directamente situado bajo la punta, un mango que fue hecho quitándole los bordes agudos y cortantes. Bien pudo ser una primitiva hacha de mano, utilizada para martillar o cortar". Verworn también descubrió unas herramientas que le parecieron adaptadas para punzar, perforar y tallar. Por último dijo: "Al término del Mioceno hubo allí una cultura que, como podemos ver por sus herramientas de pedernal, no estaba en las primeras fases, sino que ya había pasado por un largo periodo de desarrollo [...] esta población miocénica de Cantal sabía cómo trabajar el pedernal". Siguió diciendo Verworn: "El tamaño de las herramientas parece indicar un ser con una mano del mismo tamaño y de la misma forma que la nuestra y, por tanto, con un cuerpo similar. La existencia de grandes raspadores y cortadores que nos llenan la mano, y sobre todo la perfecta adaptación a ella descubierta en casi todas las herramientas, parece verificar esta conclusión en el más alto grado; existen herramientas de las más diversas formas, que muestran con perfecta claridad bordes que han sido utilizados, marcas de uso y agarraderas, que caben tan perfecta y naturalmente en nuestras manos (las puntas son agudas y los bordes originales intencionalmente suprimidos en los lugares de donde se les agarraría) que diríase que fueron hechas expresamente para que nosotros las usáramos. Figura 4.10. Izquierda: superficie ventral de un raspador con muesca del Mioceno tardío, procedente de Aurillac, Francia. Derecha: superficie dorsal que muestra el borde curvo útil, en el cual Verworn observó pequeñas marcas de uso. Acerca de los fabricantes de herramientas, Verworn dijo: "Aunque es posible que esta forma terciaria hubiese estado más cerca de los antepasados animales, que convivieron con los seres humanos modernos, que estos propios seres, ¿quién puede decirnos que no eran ya del mismo carácter físico básico que los seres humanos modernos y que el desarrollo de rasgos específicamente humanos no se remonta hasta el Mioceno tardío?" Como lo explicamos en el capítulo 7, en el Plioceno, Mioceno, el Eoceno y aun antes se descubrieron restos de esqueletos fósiles, que no se diferencian en nada de los de los seres humanos. Cuando consideramos que los seres humanos que hoy viven hacen herramientas no muy diferentes de las recogidas en lechos miocénicos de Francia y otros lugares, la validez de la secuencia comúnmente aceptada de la evolución humana se vuelve sumamente frágil. De hecho, la secuencia habitual sólo tiene sentido cuando pasamos por alto incontables testimonios sumamente sólidos. Si se consideran todos los testimonios disponibles, de herramientas y esqueletos, resulta sumamente difícil formar algún tipo de secuencia evolutiva. Nos quedamos con la suposición de que ha habido varios tipos de seres humanos y similares a humanos, que vivieron al mismo tiempo y que fabricaron herramientas de piedra con diversos niveles de refinamiento durante decenas de millones de años en el pasado remoto. Todavía en 1924, George Grant MacCurdy, director de la Escuela Americana de Investigación Prehistórica de Europa, informó, en términos positivos, en Natural History acerca de las herramientas de pedernal de Aurillac. En Inglaterra, J. Reid Moir había descubierto herramientas similares. Algunos de sus críticos arguyeron que las fuerzas naturales, como movimientos de tierra, habían fracturado las piezas de pedernal por simple presión, creando así unos objetos de piedra similares a herramientas. Pero unos científicos mostraron que en los sitios particulares en que se descubrieron las herramientas de pedernal de Moir, la evidencia geológica no mostraba que se hubieran dado dichas causas naturales. MacCurdy escribió: "En ciertos depósitos pliocénicos de East Anglia, donde J. Reid Moir ha descubierto piezas de pedernal trabajadas [...] no existen condiciones que hubieran podido favorecer el juego de las fuerzas naturales. ¿Puede decirse lo mismo de los pedernales escantillados hallados en depósitos del alto Mioceno, cerca de Aurillac (Cantal)? Sollas y Capitan han respondido recientemente en sentido afirmativo. Capitan no sólo descubre unos fragmentos de pedernal que sugieren utilización, sino verdaderos tipos de instrumentos que serían considerados característicos de ciertos horizontes paleolíticos. Aquellos no sólo aparecen sino que reaparecen: punzones, lascas con bulbos cuidadosamente retocadas para formar puntasy raspadores del tipo musteriense; discos con bordes retocados de manera regular, raspadores de diversas formas y, por último, punzones. Llega a la conclusión de que hay una similitud completa entre muchos de los pedernales escantillados de Cantal y de los especímenes clásicos de los más conocidos sitios paleolíticos". William Sollas ocupó la cátedra de geología en Oxford, y Louis Capitan, respetado antropólogo francés, fue profesor del Colegio de Francia. DESCUBRIMIENTOS DE A. RUTOT EN BÉLGICA En Bélgica, A. Rutot, conservador del Real Museo Natural en Bruselas, a principios del siglo XX hizo una serie de descubrimientos que dieron nueva prominencia a las anómalas industrias de herramientas de piedra. La mayoría de las industrias identificadas por Rutot databan del Pleistoceno formativo. Pero en 1907, la continua investigación de Rutot dio como resultado descubrimientos más sorprendentes en unos pozos de arena cerca de Boncelles, en la región de las Ardenas, Bélgica. Los estratos donde se encontraron las herramientas eran oligocénicos, lo que significa que tenían de 25 a 38 millones de años de antigüedad. Georg Schweinfurth describió estas herramientas en el Zeitschrift für Ethnologie: "Entre ellas había cortadores, piedras de yunque, cuchillos, raspadores y piedras para ser arrojadas como proyectil, que mostraban, todas ellas, claras señales de un trabajo intencional que había producido unas formas perfectamente adaptadas para el uso de la mano humana [...] el afortunado descubridor tuvo el placer de mostrar los sitios a 34 geólogos belgas y a estudiosos de la prehistoria. Todos ellos convinieron en que no podía haber la menor duda acerca de la posición en sus hallazgos". El informe completo de Rutot sobre los descubrimientos de Boncelles apareció en el boletín de la Sociedad Belga de Geología, Paleontología e Hidrología. Rutot también dijo que se habían descubierto herramientas de piedra, similares a las de Boncelles, en contextos oligocénicos en Baraque Michel y en la caverna de Bay Bonnet. En Rosart, situado en la orilla izquierda del Mosa, también se habían descubierto herramientas de piedra en contexto del Plioceno medio. "Parece ahora", escribió Rutot, "que el concepto de existencia de humanidad en el Oligoceno [... ] ha sido confirmado con tal fuerza y precisión que no se le puede encontrar la menor falla". Rutot observó que las herramientas oligocénicas de Boncelles se asemejaban casi exactamente a las herramientas hechas en los últimos siglos por los habitantes aborígenes de Tasmania (figuras 4.11 y 4.12). Pasó entonces Rutot a describir en detalle los diversos tipos de herramientas oligocénicas de Boncelles, empezando por los percuteurs (o tajadores). Incluían tajadores sencillos, afilados, puntiagudos y retocadores, que se empleaban para volver a afilar el borde útil de otras herramientas de piedra. Todas las categorías de percuteurs mostraban escantillamientos, para que las herramientas fuesen más fáciles de tener en mano, y señales de uso en el borde afilado. En los sitios de Boncelles también se descubrieron varios yunques, caracterizados por una gran superficie plana que mostraba signos indiscutibles de percusión. Rutot describió entonces algunas herramientas a las que llamó couteaux, que puede traducirse como cortadores. Escribió: "Podemos ver que los couteaux se forman a partir de pedazos relativamente largos de pedernal, romos en un extrema y agudos en el otro". Otro tipo de herramienta era el racloir, o raspador lateral. El racl oi r se hacía ordinariamente partiendo de un pedazo ovalado, con un extremo romo y el opuesto agudo. Después de hacerle retoques para poder aferrarlo debidamente, el extremo romo se sostenía en la palma de la mano, y la punta afilada de la herramienta se deslizaba a lo largo del objeto que iba a rasparse. Durante esta operación, se arrancaban pequeños fragmentos del borde cortante de la herramienta, y en muchos especímenes pueden verse estas marcas de uso. Luego, Rutot describió otros tipos de racloir: e l racloir con muesca, probablemente utilizado para raspar objetos grandes y redondos, y el racloir de dos filos. Algunos de los racloirs dobles se asemejaban a herramientas puntiagudas musterienses del Pleistoceno tardío. También describió una categoría especial de herramientas, a las que llamó "mixtas", porque parecían haber sido empleadas de más de una manera. "Suelen tener en el borde afilado una punta formada por la intersección de dos bordes rectos, o más frecuentemente dos muescas hechas mediante retoques". El siguiente tipo de herramienta analizada por Rutot fue el grattoir, otra categoría de raspador. Describió los perçoirs, a los que podemos llamar "perforadares o leznas", y observó la presencia, en Boncelles, de objetos que parecían piedras para arrojar, o para una honda. Por último Rutot sugirió que ciertos objetos de pedernal que mostraban huellas de repetidos impactos podrían haber sido empleados por los antiguos habitantes de Boncelles para encender fuego. Tales piedras se encuentran en colecciones de herramientas del Pleistoceno tardío. "Nos enfrentamos al grave problema", dijo Rutot, "de la existencia en el Oligoceno de seres lo bastante inteligentes para fabricar y utilizar varios y definidos tipos de herramientas". Los científicos de hoy no prestan ninguna atención a la posibilidad de una presencia humana o siquiera protohumana-en el Oligoceno. Creemos que esto tiene dos razones de ser: la falta de familiaridad con los testimonios, como los de Rutot, y una fe ciega en las opiniones actualmente sostenidas sobre el origen y la antigüedad de los seres humanos. Figura 4.11. Herramientas fabricadas por aborígenes de Tasmania en épocas históricas recientes. Rutot dijo que son casi exactamente iguales a las herramientas del periodo oligocénico, de Boncelles, Bélgica: a) raspador lateral (racloir), compárese con la figura 4.12a; b) instrumento puntiagudo (perçoir). compárese con la figura 4.12b; c) yunque (enclume), compárese con la figura 4.12c; d) cuchillo de piedra (couteau), compárese con la figura 4.12d; e) raspador de doble filo (grattoir double), compárese con la figura 4.12e; f) lezna (perçoir), compárese con la figura 4.12f, y g) raspador (grattoir). compárese con la figura 4.12g. Figura 4.12. Herramientas de piedra encontradas debajo de arenas del Oligoceno tardío, en Boncelles, Bélgica: a) raspador lateral que se asemeja a una punta musteriense del Pleistoceno tardío de Europa; b) herramienta puntiaguda con un desarrollado bulbo de percusión; c) yunque con señas de percusión; d) cuchillo de piedra con marcas de uso en el borde cortante; e)raspador; f) lezna, y g) gran raspador. DESCUBRIMIENTOS DE FREUDENBERG CERCA DE AMBERES En febrero y marzo de 1918, Wilhelm Freudenberg, geólogo del ejército alemán, estaba haciendo unas pruebas de perforación con propósitos militares en formaciones terciarias, al oeste de Amberes, Bélgica. En unos pozos de barro, en Hol, cerca de St. Gillis, y en otras localidades, Freudenberg descubrió objetos de pedernal, que le parecieron herramientas, y conchas con filo. La mayor parte de los objetos procedían de depósitos sedimentarios de la etapa marina escaldisiana. El escaldisiano abarca el Plioceno formativo y el Mioceno tardío y, por tanto, tiene de 4 a 7 millones de años de antigüedad. Freudenberg sugirió que los objetos que había descubierto acaso datarán del periodo anterior a la transgresión marina escaldisiana, lo que, de ser cierto, les daría una antigüedad de al menos 7 millones de años. Freudenberg creyó que algunas de las herramientas de pedernal descubiertas por él habían sido utilizadas para abrir conchas. Muchas de ellas se encontraron junto a conchas abiertas y pedernales quemados, lo que Freudenberg consideró prueba de que unos seres inteligentes habían empleado fuego durante el terciario en Bélgica. Con respecto a las conchas abiertas (figura 4.13) Freudenberg declaró: "Encontré muchas incisiones intencionales, en su mayoría en la parte trasera de las conchas, muy cerca del gozne". Dijo que las incisiones eran "como las que sólo habrían podido hacerse con un instrumento afilado". Algunas de las conchas también presentaban señales de punzadas. Además de las conchas abiertas, Freudenberg también descubrió huesos de mamíferos marinos con las que le parecieron marcas de cortes. Cuidadosamente consideró y rechazó diversas hipótesis, como corrosión química o abrasión geológica. También descubrió huesos que mostraban huellas de profundos impactos que habrían podido hacerse con martillos de piedra. Figura 4.13. Una concha de una formación escaldisiana (Plioceno formativo a Mioceno tardío), cerca de Amberes, Bélgica, con una marca de corte a la derecha del gozne. Una posterior confirmación de la presencia humana surgió cuando se hallaron huellas parciales de pies, al parecer hechas cuando unos pies similares a humanos pisaron superficies de barro. Freudenberg recuperó de un pozo de barro de Hol una impresión del talón de un pie y cuatro impresiones de dedos. Según Freudenberg, las pautas de poros y curvas coincidían con las de pies humanos, y eran distintas de las de los simios. Freudenberg era evolucionista y creyó que este hombre terciario tenía que haber sido un pequeño homínido que además de mostrar pies similares a los humanos tuviera una combinación de rasgos simiescos y humanos. En conjunto, la descripción hecha por Freudenberg de su hombre flamenco del terciario parece similar a la del Austrolopithecus. Pero, según la actual doctrina paleoantropológica, no puede esperarse descubrir australopitecinos en Bélgica durante el Mioceno tardío hace más de 7 millones de años. Los australopitecinos más antiguos sólo se remontan unos 4 millones de años atrás, y en África. Entonces, ¿quién dejó las huellas de pies descubiertas por Freudenberg? Existen hoy, en África y en las Filipinas, tribus de pigmeos cuyos varones adultos miden menos de metro y medio de estatura, y las mujeres son aún más pequeñas. La idea de que un ser humano pequeño, y no un australopitecino, dejara esas huellas es más congruente con toda la gama de testimonios: herramientas de piedra, huesos tallados, señales de fuego aisladas y conchas abiertas artificialmente. No se sabe que los australopitecinos hayan fabricado herramientas de piedra ni se hayan valida del fuego. EL CENTRO DE ITALIA En 1871, el profesor G. Ponzi presentó en Bolonia, ante la reunión del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas, un informe acerca de testimonios de seres humanos del terciario en el centro de Halia. El testimonio consistía en herramientas puntiagudas de pedernal recuperadas por unos geólogos en unos depósitos de breccia, de la fase erosional aquatraversana del Plioceno (de hace más de 2 millones de años). Una breccia es un depósito compuesto de fragmentos de roca en una matriz de grano fino, de arena o de barro endurecido. HERRAMIENTAS DE PIEDRA DE BIRMANIA En 1894 y 1895, las publicaciones científicas anunciaron el descubrimiento de pedernales trabajados en formaciones miocénicas de Birmania, que por entonces formaba parte de la India Británica. De estas herramientas informó Fritz Noetling, paleontólogo que dirigía el Geological Survey of Indiaen la región de Yenangyaung, Birmania. Mientras recogía fósiles, Noetling notó la presencia de un objeto rectangular de pedernal (figura 4.14). Dijo que su forma de herramienta era "difícil de atribuir a causas naturales". Figura 4.14. Dos lados de una herramienta de pedernal, de la formación miocénica de Yenangyaung, en Birmania. "La forma de este espécimen me recuerda mucho el pedernal escantillado que se describe en el primer volumen de los Registros del Geological Survey of India, descubiertos en el Pleistoceno del río Nerbudda, de cuyo origen artificial nadie parece haber dudado nunca." Noetling continuó su búsqueda y descubrió casi otra docena de piezas de pedernal, escantilladas. ¿Hasta qué punto era segura la posición estratigráfica de los pedernales de Noetling? El científico ofreció esta explicación: "El lugar exacto donde fueron descubiertos los pedernales [...] se encuentra situado en la empinada estribación oriental de una cañada muy por encima del fondo pero por debajo del borde, en tal posición que resultaría inconcebible que los pedernales hubiesen sido llevados allí por una fuerza exterior. No hay espacio para ninguna habitación en esta estrecha cañada, ni lo hubo jamás; a mayor abundamiento es imposible, por la forma en que se descubrieron los pedernales que hubiesen sido llevados a ese lugar por una inundación. Si sopesamos todas las pruebas, aparte del hecho de que yo en realidad las desenterré del lecho, tengo la firme convicción de que estaban in s i t u donde fueron descubiertas". En conclusión, afirmó Noetling: "Si aceptamos que pedernales de esta forma pueden ser producto de causas naturales, entonces el origen de muchos pedernales escantillados que hasta hoy se consideran como productos indudablemente artificiales [es decir, humanos] queda expuesto a graves dudas". HERRAMIENTAS DEL RÍO BLACK'S FORK, WYOMING En 1932, Edison Lohr y Harold Dunning, dos arqueólogos aficionados, descubrieron muchas herramientas de piedra en las altas terrazas del río Black's Fork, en Wyoming, Estados Unidos. Las herramientas parecían ser del Pleistoceno medio, lo que sería anormal en América del Norte. Lohr y Dunning mostraron las piezas recogidas a E. B. Renaud, profesor de antropología en la Universidad de Denver. Renaud, quien también era director del Archaeological Survey de las Altas Llanuras del Oeste, organizó entonces una expedición a la zona en que se habían descubierto las herramientas. Durante el verano de 1933, el grupo de Renaud recogió especímenes de las antiguas terrazas del río, entre los poblados de Granger y Lyman. Entre los especímenes había burdas hachas de mano y otras herramientas escantilladas de un tipo frecuentemente atribuido al Homo erectus, de quien se dice que habitó en Europa durante el Pleistoceno medio. La reacción de los antropólogos estadounidenses fue negativa. Renaud escribió en 1938 que su informe había sido "duramente criticado por uno de los adversarios irreconciliables de la antigüedad del hombre en América, que no ha visto ni los lugares ni los especímenes ". Como respuesta, Renaud organizó otras tres expediciones, y recogió más herramientas. Aunque muchos expertos de fuera de América convinieron con él en que las herramientas representaban una auténtica industria, los científicos estadounidenses han continuado oponiéndoseles hasta nuestros días. La reacción más común ha consistido en decir que los especímenes burdos son materiales en blanco (lascas no trabajadas), que recientemente dejaron caer los indios al fabricar sus herramientas. Pero Herbert L. Minshall, coleccionista de herramientas de piedra, declaró en 1989 que las herramientas mostraban una poderosa abrasión de corriente, aun cuando estuviesen fijas en el desierto, en antiguas superficies planas de aluvión, y que no pudo haber allí corrientes durante más de 150 000 años. Si se hubiesen encontrado en un sitio de época similar, en África o en Europa o en China, unas herramientas de piedra como las descubiertas por Renaud no serían causa de controversia. Pero su presencia en Wyoming ciertamente es inesperada hace más de 150 000 años. La opinión hoy predominante es que los seres humanos no llegaron a la América del Norte antes de unos 30 000 años, cuando mucho, y que en épocas anteriores no hubo ninguna migración de otros homínidos. Algunos sugirieron que la abrasión que podía verse en las herramientas era resultado de la arena llevada por el viento, y no por el agua. Como respuesta Minshall observó: "Los especímenes mostraban abrasión, por todas partes, arriba y abajo, por igual en las superficies ventrales y dorsales. Es sumamente improbable que un polvo llevado por el viento haga esto a unas duras herramientas de piedra ocultas bajo grava pesada, pero en cambio puede esperarse en objetos sometidos a la acción de un fuerte oleaje o corriente". Minshall también observó que las herramientas estaban cubiertas por una densa capa mineral de barniz del desierto. Este barniz, que necesita mucho tiempo para acumularse, era más denso que el de las herramientas encontradas en terrazas más bajas, y por ella más recientes, de la misma región. Las pruebas acumuladas parecen excluir toda sugerencia de que las herramientas descubiertas por Renaud fueran objetos en blanco, dejados caer recientemente en las alta terrazas de la llanura desértica. Pero observó Minshall: "La reacción de los científicos estadounidenses a la interpretación dada por Renaud a las colecciones de Black's Fork como pruebas de gran antigüedad era, y ha seguido siendo durante más de medio siglo, de general escepticismo e incredulidad, aunque probablemente ni siquiera uno de cada 1 000 arqueólogos haya visitado el sitio ni visto siquiera los artefactos". Según Minshall, las herramientas descubiertas por Renaud fueron obra del Homo erectus, que acaso entrara a América del Norte durante una época de bajos niveles del mar en el Pleistoceno medio. Minshall creyó que también podía decirse esto de las herramientas de piedra descubiertas en otros lugares de edad similar, como en Calicó, y en su propia excavación efectuada en el cañón de Buchanan, ambos en el sur de California. En cambio, Minshall se muestra escéptico ante otro sitio del Pleistoceno medio. En enero de 1990, le dijo a uno de nosotros (Thompson), que no se inclinaba a aceptar como auténticas las herramientas de piedra tecnológicamente avanzadas que fueron descubiertas en Hueyatlaco, México (capítulo 5). Las avanzadas herramientas de piedra de Hueyatlaco eran características del Homo sapiens sapiens, y por tanto no era fácil atribuirlas al Homo erectus. La respuesta de Minshall a Hueyatlaco consistió en sugerir sin ningún testimonio como prueba, que la estratigrafía había sido mal interpretada y que los huesos de animales utilizados para fechar el sitio, así como esas avanzadas herramientas de piedra habían sido llevados al lugar desde distintas fuentes. Esto muestra que los investigadores que aceptan algunas anomalías suelen rechazar otras, utilizando dobles normas. Paleolitos avanzados y neolitos Los paleolitos avanzados están más finamente trabajados que los paleolitos burdos. Pero las industrias que contienen paleolitos avanzados también pueden contener herramientas más burdas. Empezaremos por analizar los descubrimientos de Florentino Ameghino, así como los ataques que les hicieron Ales Hrdlicka y W. H. Holmes. Luego consideraremos los descubrimientos de Carlos Ameghino, que aportan algunos de los testimonios más sólidos y convincentes de una presencia enteramente humana durante el Plioceno. Pasaremos luego a analizar algunos descubrimientos anómalos hechos en sitios de América del Norte, como en Hueyatlaco, México; Sandia Cave, Nuevo México; Sheguiandah, Ontario; Lewisville, Texas; y Timlin, Nueva York. Concluiremos con los descubrimientos neolíticos de grava aurífera del terciario, de la zona de la "Carrera del oro" de California. LOS DESCUBRIMIENTOS DE FLORENTINO AMEGHINO EN ARGENTINA A finales del siglo XIX, Florentino Ameghino investigó minuciosamente la geología y los fósiles de las provincias costeras de Argentina, conquistando con ello una reputación internacional. Los discutidos descubrimientos de Ameghino, que incluían herramientas de piedra, huesos tallados y otros vestigios de presencia humana en Argentina durante el Plioceno, el Mioceno y periodos anteriores sirvieron para realzar su reputación mundial. En 1887, Florentino Ameghino hizo algunos descubrimientos importantes en Monte Hermoso, en la costa de Argentina, unos 50 kilómetros al noreste de Bahía Blanca. Resumiendo los testimonios de Monte Hermoso, Ameghino dijo: "La presencia del hombre, o mejor dicho, de su precursor en este antiguo sitio, queda demostrada por el hallazgo de pedernales burdamente tallados, como los del Mioceno en Portugal, de huesos tallados, de huesos quemados y de tierra quemada, procedentes de antiquísimas fogatas". Los estratos que contenían este testimonio se encuentran en la formación pliocénica de Monte Hermoso, de hace cerca de 3.5 millones de años de antigüedad. Entre los fósiles recuperados en Monte Hermoso había un atlas homínido (el primer hueso de la columna vertebral, en la base del cráneo). Ameghino consideró que mostraba ciertos rasgos primitivos, pero A. Hrdlicka lo calificó de completamente humano. Esto parece indicar claramente que unos seres del tipo humano moderno fueron los creadores de los artefactos y de los vestigios de fuego descubiertos en la formación de Monte Hermoso. Los descubrimientos de Ameghino en Monte Hermoso y en otros lugares de formaciones terciarias de Argentina despertaron el interés de varios científicos europeos. Ales Hrdlicka, antropólogo de la Institución Smithsoniana de Washington, D. C., también mostró un gran interés, aunque desfavorable, hacia los descubrimientos de Ameghino. A Hrdlicka le pareció deprimente el grado de apoyo que le dieron algunos científicos profesionales, especialmente de Europa. Además de oponerse a la existencia de seres humanos terciarios, Hrdlicka también era sumamente hostil a todo informe de presencia humana en América que datara de más de algunos miles de años. Después de haberse formado una inmensa reputación, desacreditando con argumentos discutibles todos los informes procedentes de América del Norte, Hrdlicka fijó entonces su atención en los muy discutidos descubrimientos de Ameghino en América del Sur. En 1910, Hrdlicka visitó Argentina, y el propio Florentino Ameghino lo acompañó a Monte Hermoso. Hrdlicka adoptó un enfoque interesante hacia los descubrimientos hechos en ese sitio. En su libro Early Man i n South America (1912), Hrdlicka mencionó brevemente las herramientas de piedra y otras señales de ocupación humana descubiertas por Ameghino en la formación de Monte Hermoso. De manera un tanto extraña, no las refutó abiertamente. En cambio dedicó docenas de páginas a arrojar dudas sobre descubrimientos ulteriores y menos convincentes, que él y Ameghino habían hecho en el puelqueano, formación más reciente que cubría la formación pliocénica de Monte Hermoso. La formación puelqueana tiene de 1 a 2 millones de años de antigüedad. Al parecer, Hrdlicka consideró que su extensa refutación de los descubrimientos de la formación puelqueana bastaba para desacreditar los descubrimientos hechos en la mucho más antigua formación de Monte Hermoso, en el mismo lugar. A menudo se emplea esta táctica para arrojar dudas sobre descubrimientos anómalos; criticar el testimonio más tenue, con todo detalle, pasando por alto en lo posible los testimonios más sólidos. Y sin embargo, hay muchas evidencias que sugieren que los descubrimientos puelqueanos, así como los de Monte Hermoso son auténticos. La mayor parte de las herramientas descubiertas por Hrdlicka y Ameghino durante su expedición conjunta habían sido burdamente escantilladas a partir de guijarros de cuarcita. Hrdlicka no negó la fabricación humana ni siquiera de los especímenes más burdos. En cambio, cuestionó su edad. Sugirió que la capa que los contenía era reciente. Al hacer este juicio, Hrdlicka se apoyó en el testimonio de Bailey Willis, el geólogo estadounidense que lo acompañó. El estrato que contenía las herramientas se encontraba en lo alto de la formación puelqueana. Con cierta vacilación, Willis aceptó que la puelqueana fuese al menos del Plioceno. Dijo que consistía en "arenas grises estratificadas, ligeramente endurecidas, o de piedra caliza [...] marcada por una estratificación en cruz muy notable y un color y un grana gris uniformes". Willis describió el estrato superior, al parecer incluido por Ameghino en la formación puelqueana, como una banda de 15 a 45 centímetros de espesor, "compuesta de arena gris, piezas angulares de piedra caliza gris y guijarros, algunos de ellos fracturados por el hombre". Willis observó que la capa superior de arena gris, en que se habían descubierto las herramientas, era "idéntica en su constitución" a los estratos inferiores del puelqueano, pero que estaba separado de ellos por una "inconformidad por erosión". Una inconformidad es una falta de continuidad en la deposición entre los estratos en su contacto mutuo, correspondiente a un periodo de no deposición, desgaste causado por el clima o, en este caso, la erosión. Para juzgar cuanto tiempo pudo transcurrir entre la deposición de las formaciones superiores y las inferiores en la línea de inconformidad, el indicador más seguro son los animales fósiles. Sin embargo, Willis no mencionó ninguno. Por ello, no puede saberse con claridad cuanto tiempo estaría representado por la inconformidad. Pudo ser breve, lo que daría a las capas situadas arriba y abajo de la inconformidad aproximadamente la misma edad: de 1 a 2 millones de años. Intentando eliminar esta alternativa, Willis escribió: "Unas piedras escantilladas a mano, asociadas a las arenas, parecen indicar que son recientes". Willis supuso que tenían que ser recientes todas las herramientas de piedra, y que la capa en que fueron descubiertas había de ser, asimismo, reciente. Sin embargo, parece ser que la arena grisácea en que se encontraron las herramientas bien pudo pertenecer a la formación puelqueana, como lo creyó Ameghino, y que las herramientas de piedra allí encontradas pueden tener hasta 2 millones de años de antigüedad. Ameghino también descubrió algunas herramientas de piedra, junto con huesos cortados y señales de fuego, en las formaciones de Santa Cruz y de Entre Ríos, en Argentina. La formación santacruciana es del Mioceno formativo y medio, lo que daría a las herramientas allí encontradas entre 15 y 25 millones de años de antigüedad. No hemos encontrado ninguna mención a la formación de Entre Ríos en la actual bibliografía que hemos examinado, pero, puesto que esta formación es anterior a la de Monte Hermoso, tendría que ser al menos del Mioceno tardío: más de 5 millones de años de antigüedad. En muchos lugares, Ameghino descubrió restos de fuego mucho más grandes que simples fogatas de campamento o hechas de pasto. Estos testimonios incluían grandes y gruesos trozos de barro duro cocido y de escoria. Es posible que puedan representar los restos de fundiciones o de hornos primitivos utilizados por los habitantes pliocénicos de Argentina. HERRAMIENTAS DESCUBIERTAS POR CARLOS AMEGHINO EN MIRAMAR, ARGENTINA Después del ataque de Ales Hrdlicka a los descubrimientos de Florentino Ameghino, el hermano de éste, Carlos, se lanzó a una nueva serie de investigaciones en la costa argentina, al sur de Buenos Aires. De 1912 a 1914, Carlos Ameghino y sus compañeros, que trabajaban para los museos de Historia Natural de Buenos Aires y de La Plata, descubrieron herramientas de piedra de la formación pliocénica chapadmalalana en la base de un acantilado que se extendía a lo largo de la costa de Miramar. Para confirmar la edad de esas herramientas, Carlos Ameghino invitó a una comisión de cuatro geólogos a dar su opinión; estos fueron: Santiago Roth, director de la Oficina de Geología y Minas de la provincia de Buenos Aires; Lutz Witte, geólogo de la Oficina de Geología y Minas de la provincia de Buenos Aires; Walther Schiller, jefe de la sección de mineralogía del Museo de La Plata y asesor de la Oficina Nacional de Geología y Minas; y Moisés Cantor, jefe de la sección de geología del Museo de La Plata. Después de minuciosas investigaciones, la comisión concluyó, de manera unánime, que las herramientas se habían descubierto en sedimentos chapadmalalanos no removidos. Por tanto, tendrían entre 2 y 3 millones de años de antigüedad. Estando presentes en el lugar, los miembros de la comisión presenciaron la extracción de una boleadora de piedra y de un cuchillo de pedernal de la formación del Plioceno. Pudieron así comprobar la autenticidad de los descubrimientos. Cerca de allí se encontraron pedazos de tierra y escoria quemados. También informaron los miembros de la comisión: "Excavando con un pica en el mismo lugar en que se descubrieron la boleadora y el cuchillo, alguien encontró, en presencia de la comisión, otras piedras planas del tipo de piedras que los indios usaban para encender fuego". En el mismo sitio se hicieron nuevos descubrimientos de herramientas de piedra. Todo esto sugiere que unos seres humanos capaces de fabricar herramientas y utilizar el fuego vivieron en Argentina hace 2 ó 3 millones de años durante el Plioceno tardío. Después de que la comisión se fue a Buenos Aires, Carlos Ameghino se quedó en Miramar, efectuando nuevas excavaciones. De lo más alto de unos estratos chapadmalalanos del Plioceno tardío extrajo el fémur de un toxodonte, extinto animal suramericano con pezuñas, semejante a un rinoceronte sin cuerno, de patas cortas y velludo. Ameghino descubrió, incrustada en el fémur del toxodonte, una punta de piedra, de lanza o de flecha (figura 5.1), que así daba testimonio de la existencia, en Argentina, de unos seres humanos culturalmente avanzados de hace 2 ó 3 millones de años. ¿Sería posible que el fémur de toxodonte, con una punta de flecha, fuese un hueso reciente que hubiera descendido del estrato superior? Carlos Ameghino hizo notar que el fémur fue descubierto junto a todos los otros huesos de un cuarto trasero del toxodonte. Esto indicaba que el fémur no era un hueso suelto que de alguna manera se hubiese deslizado hasta la formación pliocénica chapadmalalana, sino que era parte de un animal que había muerto al formarse este estrato. Ameghino observó: "Los huesos son de un color blanquecino sucio, característico de este estrato; y no, negruzco, como los óxidos de magnesio de ensenada". Añadió que algunas de las partes huecas de los huesos de la pata se habían llenado de loes chapadmalalano. Desde luego, aun si los huesos se hubiesen desplazado de la formación superior de Ensenada, habrían sido anómalamente antiguos. La Ensenada tiene de 0.4 a 1.5 millones de años de antigüedad. Los que deseen disputar la gran antigüedad atribuida al fémur de toxodonte señalarán que el toxodonte sólo sobrevivió unos cuantos miles de años en América del Sur. Pero Carlos Ameghino informó que el toxodonte que encontró en Miramar, espécimen adulto, era más pequeño que los encontrados en niveles superiores y más recientes de la secuencia estratigráfica Argentina. Esto indica que se trataba de una especie distinta y más antigua. Carlos Ameghino creyó que su toxodonte de Miramar era de la especie chapadmalalana Toxodon chapadmalalense, identificada inicialmente por Florentino Ameghino, y caracterizada por su pequeño tamaño. Además, Carlos Ameghino comparó directamente su fémur de toxodonte chapadmalalano con fémures de especies de toxodonte de formaciones más recientes, y observó: "El fémur de Miramar es, en general, más pequeño y más delgado". Ameghino dio entonces más detalles, demostrando que el fémur descubierto en el chapadmalalano del Plioceno tardío de Miramar difería del de Toxodon burmeisteri, de más recientes niveles de las pampas. Figura 5.1. Este fémur de toxodonte, con una punta de proyectil de piedra encajada, fue descubierto en una formación pliocénica, en Miramar, Argentina. Luego, Carlos Ameghino describió la punta de piedra descubierta encajada en el fémur: "Es una lasca de cuarcita obtenida por percusión, de un solo golpe, y retocada a lo largo de sus bordes laterales, pero sólo en una de las superficies, y después afilada en sus dos extremidades por el mismo proceso de retoque, dándole una forma que se aproxima a una hoja de sauce y asemejándose, por lo tanto, a las dobles puntas del tipo solutrense, que se han designado como feuille de saule [...] por todos esos detalles podemos reconocer que nos encontramos ante una punta de tipo musteriense del periodo Paleolítico europeo". El hecho de que semejante punta fuese descubierta en una formación que se remonta hasta 3 millones de años provoca serias dudas acerca de la versión de la evolución humana presentada por el moderno "establecimiento" científico, el cual sostiene que hace 3 millones años sólo encontraríamos los más primitivos australopitecinos en la vanguardia de la línea homínida. En diciembre de 1914, Carlos Ameghino, junto con Carlos Bruch, Luis María Torres y Santiago Roth, visitó Miramar para señalar y fotografiar el lugar exacto en que se había descubierto el fémur de toxodonte. Carlos Ameghino declaró: "Cuando llegamos al lugar de los últimos descubrimientos y continuamos las excavaciones, descubrimos más y más piedras intencionalmente trabajadas, lo que nos convenció de que habíamos encontrado un verdadero taller de aquella remota época". Las herramientas, que eran muchas, incluían yunques y martillos de piedra. También se descubrieron herramientas de piedra en la formación de Ensenada, que recubre la chapadmalalana en Miramar. INTENTOS PARA DESACREDITAR A CARLOS AMEGHINO Las ideas de Carlos Ameghino acerca de la antigüedad de los seres humanos en Argentina fueron refutadas por Antonio Romero. En su ensayo de 1918, Romero hizo muchas observaciones agresivas, y después de leerlas podríase esperar que encontraríamos en su apoyo algunos argumentos geológicos convincentes. En cambio, encontramos unas cuantas opiniones excéntricas y fantásticas sobre la historia geológica de la región costera de Miramar. Romero afirmó que todas las formaciones de la barranca de Miramar son recientes: "Si se encuentran fósiles de distintas épocas en diferentes niveles de la barranca, eso no significa que exista allí una sucesión de épocas, porque en otras partes el agua pudo haber erosionado depósitos muy antiguos de épocas anteriores que contuvieran fósiles, y que hubiesen depositado los más antiguos en la base de la barranca". De manera significativa, estas mismas formaciones de Miramar habían sido estudiadas extensamente y varias veces por diversos geólogos y paleontólogos profesionales, y ninguno de ellos coincidía con lo sugerido por Romero. Lo incorrecto de la interpretación de Romero sobre la estratigrafía de Miramar queda confirmado por investigadores modernos, quienes han identificado la formación que hay en la base de la barranca como chapadmalalana, y la han asignado al Plioceno tardío, lo que les daría una antigüedad de 2 a 3 millones de años. Romero también sugirió que había habido enormes modificaciones e intercalaciones de los lechos de la barranca, lo que habría hecho posible que herramientas y huesos de animales de capas recientes se hubiesen mezclado en los niveles inferiores de la barranca. Pero los únicos hechos que pudo presentar en apoyo de su conclusión fueron dos dislocaciones de estratos casi insignificantes. A cierta distancia a la izquierda del lugar donde la comisión de geólogos extrajo una boleadora de piedra del nivel chapadmalalano de la barranca, hay un sitio donde una sección de una capa de piedras de la formación se desvía ligeramente de la horizontal. Esta dislocación ocurre cerca del lugar donde la barranca está interrumpida por una gran cañada. Como podía esperarse, una parte de la barranca va inclinándose a la izquierda en este punto, pero en el lugar en que se encontró la boleadora de piedra la estratigrafía horizontal estaba intacta. En otro lugar de la barranca, una pequeña parte de una capa de piedras se aparta sólo 16 grados de la horizontal. Sobre la base de estas dos observaciones, casi insignificantes, Romero sugirió que todos los estratos expuestos en la barranca habían sufrido extremas dislocaciones, lo que habría permitido la intrusión de herramientas de piedra desde asentamientos indios relativamente recientes que pudiesen haber existido sobre los acantilados, en los niveles inferiores. Pero, con base en fotografías y observaciones de muchos otros geólogos, entre ellos Willis, parece que la secuencia normal de lechos en la barranca de Miramar estaba intacta en sus lugares cuando se hicieron los descubrimientos. En la edición de 1957 de Fossil Men, Marcellin Boule dijo que después del descubrimiento original del fémur de toxodonte, Carlos Ameghino descubrió en el chapadmalalano de Miramar una parte intacta de la columna vertebral de un toxodonte, en la que se encontraron incrustadas dos puntas de proyectiles de piedra. Boule afirmó: "Estos descubrimientos fueron discutidos. Geólogos dignos de confianza afirmaron que los objetos procedían de las capas superiores, que fueron el sitio de un paradero o asentamiento indio antiguo y que sólo se les encontraba hoy en el lecho terciario a consecuencia de perturbaciones y de desplazamientos que había sufrido ese lecho". Aquí, la única referencia que anotó Boule fue "el informe de Romero de 1918", Boule no mencionó la comisión de cuatro geólogos expertos que llegaron a la conclusión exactamente opuesta a la de Romero tal vez porque, en su opinión, no eran dignos de confianza. Sin embargo, habiendo estudiado minuciosamente las conclusiones geológicas de Romero, sobre todo a la luz de las partes de Bailey Willis y de los investigadores modernos, nos parece sorprendente que Romero pudiera parecerle tan digno de confianza. Boule añadió: "Los datos arqueológicos apoyan esta conclusión, pues el mismo lecho terciario ofreció unas piedras trabajadas y pulidas, b o l a s y boleadoras, idénticas a las empleadas como proyectiles por los indios". Boule afirmó que Eric Boman, "excelente etnógrafo", había documentado esos hechos. ¿Pudieron unos seres humanos haber vivido continuamente en Argentina desde el terciario, sin modificar su tecnología? ¿Por qué no, especialmente si, como lo certificó una comisión de geólogos, se descubrieron herramientas in situ en lechos de antigüedad pliocénica? El hecho de que estas herramientas fuesen idénticas a las empleadas por habitantes más recientes de la misma región no nos impide aceptar su antigüedad terciaria. Existen todavía hoy en varias partes del mundo pueblos tribales que hacen herramientas de piedra que no se diferencian en nada de las reconocidas como fabricadas hace dos millones de años. Además, en 1921 fue descubierta en el chapadmalalano de Miramar (capítulo 7) una mandíbula fósil totalmente humana. En sus declaraciones acerca de los descubrimientos de Miramar, Boule nos muestra un caso clásico de prejuicio que trata de disimularse como objetividad científica. En el libro de Boule, todos los testimonios de una presencia humana en las formaciones terciarias de Argentina se hacen a un lado por motivos teóricos, y se pasan por alto ciertas observaciones cruciales de científicos competentes que sostenían ideas "prohibidas". Por ejemplo, Boule no dijo absolutamente nada acerca del mencionado descubrimiento de una mandíbula humana en el chapadmalalano de Miramar. Por tanto, debemos tener sumo cuidado al aceptar las declaraciones que encontramos en célebres libros de texto que pasan por ser la última palabra en materia de paleoantropología. Los científicos que no están de acuerdo con aquellos testimonios que causan controversia suelen adoptar el mismo enfoque que Boule. Cuando se menciona un descubrimiento excepcional, se dice que fue discutido durante algún tiempo, y luego se cita a una autoridad (como Romero) que, supuestamente resolvió la cuestión de una vez por todas. Pero si nos tomamos el tiempo necesario para escarbar en el informe que, como el de Romero, supuestamente constituyó el tiro de gracia, rara vez resulta ser un argumento convincente. Lo que fue cierto en el informe de Romero también lo es en el de Boman. Boule, como hemos visto, presentó a Boman como excelente etnógrafo. Pero al examinar el informe de Boman se hace evidente la razón del juicio favorable de Boule. Durante todo su ensayo, que atacó las teorías de Florentino Ameghino y los descubrimientos efectuados por Carlos Ameghino en Miramar, Boman, adoptando el papel de discípulo fiel, citó continuamente a Boule como autoridad. Cual podía esperarse, Boman también hizo extensas citas de la crítica negativa hecha por Hrdlicka a la obra de Florentino Ameghino. No obstante, pese a su actitud negativa, inadvertidamente ofreció algunos de los mejores testimonios de una presencia humana en Argentina durante el Plioceno. Boman sospechó una falsificación de parte de Lorenzo Parodi, coleccionista del museo que trabajaba para Carlos Ameghino, pero no tuvo ninguna prueba. El propio Boman dijo: "No tenía yo derecho de expresar ninguna sospecha de él, porque Carlos Ameghino había hablado de él en términos elogiosos, asegurándome que era el hombre más honrado y confiable que pudiera encontrarse". Pero observó: "Con respecto a dónde es posible obtener objetos para introducirlos en forma fraudulenta en los estratos chapadmalalanos, éste es un problema fácil de resolver. A unos 3 kilómetros del descubrimiento existe un paradero, un abandonado asentamiento indio, expuesto en la superficie y relativamente moderno -de 400 a 500 años de antigüedad-donde existen muchos objetos idénticos a los descubiertos en los estratos chapadmalalanos". Boman pasó entonces a describir su propia visita al sitio de Miramar el 22 de noviembre de 1920: "Parodi había hecho un informe sobre una bola de piedra descubierta por la marea y que seguía incrustada en la barranca. Carlos Ameghino invitó a varias personas a presenciar su extracción, y yo fui junto con el doctor Estanislao S. Zeballos, ex ministro de asuntos exteriores; el doctor H. von Ihering, ex director del Museo de Sao Paulo en Brasil; y el doctor R. Lehmann-Nitsche, el conocido antropólogo". En la barranca de Miramar, Boman se convenció de que la información geológica dada por Carlos Ameghino era esencialmente correcta. El reconocimiento de Boman confirma nuestra idea de que las opiniones adversas de Romero no deben recibir mucho crédito. Esto también desacredita a Boule, quien se basó exclusivamente en Romero en su propio intento por rechazar el descubrimiento efectuado, en Miramar, del fémur y de la columna vertebral del toxodonte, que mostraban puntas de flechas encajadas. "Cuando llegamos al término de nuestro viaje", escribió Boman, "Parodi nos mostró un objeto de piedra incrustado en una sección perpendicular de la barranca, donde hay una ligera concavidad, al parecer producida por la acción de las olas. Este objeto presentaba una superficie visible de sólo 2 centímetros de diámetro. Parodi procedió a sacarla de la tierra circundante para poder fotografiarla, y en ese momento se pudo ver que el objeto era una bola de piedra con una muesca ecuatorial del tipo encontrado en las boleadoras de piedra. Se tomaron fotografías de la bola in situ, en la barranca, y de las personas presentes, y luego se extrajo la bola de piedra. Estaba tan firmemente encajada que fue necesario romper la tierra poco a poco, aplicando bastante fuerza con herramientas cortantes". Boman confirmó entonces la posición de la boleadora de piedra (figura 5.2a), que fue descubierta en la barranca a casi un metro por encima de la arena de la playa. "La barranca presenta características de ensenada en su parte superior y chapadmalalano en la inferior. Indudablemente, resulta un poco confuso el límite entre los dos niveles [...] Sea como fuere, me parece que no hay duda de que la boleadora de piedra fue descubierta en las capas chapadmalalanas, que eran compactas y homogéneas." Entonces, Boman habló de otro descubrimiento: "Más adelante, por instrucciones mías, Parodi siguió atacando la barranca con un pico, en el mismo punto en que se había descubierto la boleadora de piedra, cuando súbita e inesperadamente apareció una segunda bola, 10 centímetros debajo de la primera [...] Se parece más a una piedra de amolar que a una boleadora. Esta herramienta (figura5.2b) fue descubierta a una profundidad de 10 centímetros frente al acantilado". Boman dijo que parecía desgastada por el uso. más tarde, Boman y Parodi descubrieron otra bola de piedra (figura 5.2c), a 200 metros de las primeras y casi medio metro más abajo en la barranca. De este descubrimiento en Miramar, Boman dijo: "No cabe duda de que la bola ha sido redondeada por la mano del hombre". Puede decirse que, en conjunto, las circunstancias del descubrimiento indicaron claramente una fecha del Plioceno para las boleadoras de Miramar. Boman informó: "EI doctor Lehmann-Nitsche opina que las bolas de piedra que extrajimos in situ son contemporáneas del terreno chapadmalalano, y no fueron introducidas en época posterior. El doctor Von Ihering se muestra menos categórico a este respecto. En cuanto a mí, puedo declarar que no observé ninguna señal que indicara una introducción ulterior. Las boleadoras se encontraban firmemente encajadas en el durísimo terreno que las rodeaba, y no había ninguna señal de que hubiese sido removida la tierra que las cubría". Figura 5.2. Estas boleadoras de piedra fueron extraídas de la formación chapadmalalana del Plioceno tardío, en Miramar, Argentina, en presencia del etnógrafo Eric Boman. Entonces, Boman, taimadamente, introdujo la sospecha de que hubiera un engaño. Sugirió las diversas maneras en que Parodi habría podido colocar las bolas de piedra, e introdujo una punta de flecha de piedra en un fémur de toxodonte, sólo para mostrar en que forma habría podido Parodi lograr la Figura 5.2. Estas boleadoras de piedra fueron extraídas de la formación chapadmalalana del Plioceno tardío, en Miramar, Argentina, en presencia del etnógrafo Eric Boman. falsificación. Pero a la postre el propio Boman dijo: "En el último análisis indudablemente no existen pruebas concluyentes de engaño. Por lo contrario, muchas de las circunstancias están claramente en favor de su autenticidad". Resulta difícil comprender por qué Boman se mostró tan escéptico con Parodi. Sería absurdo que Parodi hubiera deseado poner en peligro su empleo, seguro y de mucho tiempo, como coleccionista del museo, falsificando unos supuestos descubrimientos. Sea como fuere, los profesionales del museo insistieron en que Parodi dejara en su lugar cualesquier objeto de industria humana para que pudieran ser fotografiados, examinados y sacados por los expertos. Este procedimiento es superior al que han empleado los científicos que han participado en muchos famosos descubrimientos y que se usan para apoyar el programa actualmente aceptado de la evolución humana. Por ejemplo, la mayor parte de los descubrimientos del Homo erectus de que informó Von Koenigswald en Java fueron hechos por aborígenes quienes, en contraste con Parodi, no dejaron los fósiles in situ, sino que los enviaron en unas cajas a Von Koenigswald, quien a menudo se encontraba en lugares muy alejados de los sitios. Es más, la célebre Venus de Willendorf, estatuilla neolítica de Europa, fue descubierta por un peón caminero. Es obvio que si aplicásemos por parejo el extremo escepticismo de Boman, podríamos despertar sospechas de engaño ante casi todos los descubrimientos paleoantropológicos que se han realizado. Resulta irónico que el testimonio de Boman ofrezca, aun para los escépticos, un claro testimonio de la presencia de seres humanos fabricantes de herramientas en Argentina hace 3 millones de años. Aun si, para continuar con la discusión, si reconociéramos que la primera boleadora de piedra recuperada durante la visita de Boman a Miramar hubiese sido colocada por el coleccionista Parodi, ¿cómo podríamos explicar los otros dos descubrimientos? Estos no fueron instigados por el coleccionista Parodi sino por el propio Boman, en el lugar y sin ninguna advertencia. Resulta significativo que estuviesen totalmente ocultos a la vista, y que Parodi ni siquiera insinuara su existencia. A fin de cuentas parece que Boule, Romero y Boman han ofrecido muy pocas pruebas para desacreditar los descubrimientos de Carlos Ameghino, y otros efectuados en el sitio de Miramar. De hecho, Boman ofreció un testimonio de primera clase en favor de la existencia de fabricantes de boleadoras en ese lugar en el periodo pliocénico. MÁS BOLEADORAS Y OBJETOS SIMILARES Las boleadoras de Miramar son significativas porque señalan la existencia, en América del Sur, de seres humanos de un alto nivel de cultura durante el Plioceno, y tal vez desde antes. En África y en Europa se han descubierto herramientas similares en formaciones del Plioceno. En 1926, John Baxter, uno de los ayudantes de J. Reid Moir, descubrió un objeto de particular interés (figura 5.3) bajo el acantilado Rojo pliocénico de Bramford, cerca de Ipswich, Inglaterra. Moir no examinó minuciosamente el objeto, pero tres años después atrajo la atención de Henry Beuil, quien escribió: "Estando yo en Ipswich con mi amigo J. Reid Moir, nos encontrábamos examinando juntos un cajón lleno de objetos de la base del acantilado Rojo en Bramford, cuando J. Reid Moir me enseñó un singular objeto en forma de huevo que habían recogido porque les llamó la atención su forma insólita. A primera vista me pareció que presentaba estrías y facetas artificiales, y por tanto lo examiné más minuciosamente con una lupa de mineralogista" (figura 5.4). "Este examen me mostró que mi primera impresión estaba plenamente justificada, y que el objeto había sido moldeado por la mano del hombre." Breuil lo comparó con las "piedras-proyectil de Nueva Caledonia". Según Moir, otros arqueólogos estuvieron de acuerdo con Breuil. Las piedras-proyectil y las piedras de boleadoras representan un nivel de avance tecnológico universalmente asociado al moderno Homo sapiens. Se recordará que el lecho de detritus situado bajo el acantilado Rojo contiene fósiles y sedimentos de superficies de tierra habitables, que van desde el Plioceno hasta el Eoceno; por tanto, la piedra-proyectil de Bramford podría tener una antigüedad desde 2 hasta 55 millones de años. En 1956, G. H. R. von Koenigswald describió algunos artefactos humanos recuperados en los niveles inferiores del sitio de la garganta de Olduvai, en Tanzania, África. Incluían "cierto número de piedras que han sido escantilladas hasta hacerlas aproximadamente esféricas". Escribió Von Koenigswald: "Se cree que son una forma extremadamente primitiva de pelotaproyectil. Las pelotas de piedra de este tipo, conocidas como boleadoras, aún son utilizadas por cazadores aborígenes en América del Sur. Se atan a unas pequeñas bolsas de cuero y dos o tres de ellas se unen a una larga cuerda. Sosteniendo una bola en la mano, el cazador hace girar la otra o las otras dos por encima de su cabeza, y luego las arroja". Figura 5.3. Piedra usada como proyectil, encontrada en el lecho de detritus situado bajo el Red Crag, en Bramford, Inglaterra. La piedra, por lo menos de la edad pliocénica, podría ser hasta del Eoceno. Figura 5.4. En el dibujo se observan marcas intencionales en la piedra-proyectil del lecho de detritus situado bajo el acantilado Rojo, en Bramford, Inglaterra. Si los objetos de los que habla Von Koenigswald, se emplean de la misma manera que las boleadoras de América del Sur, esto implica que sus fabricantes no sólo eran diestros al trabajar la piedra sino también el cuero. Sin embargo, todo esto se vuelve problemático si consideramos que el lecho I de Olduvai, donde se descubrieron las bolas de piedra, tiene entre 1.7 y 2 millones de años. Según las ideas actuales sobre la evolución humana, sólo el Australopithecus y el Homo habilis pudieron andar por allí en esa época. En la actualidad no hay ningún testimonio definido de que el Australopithecus se valiera de herramientas, y en general no se cree que el Homo habilis haya sido capaz de emplear una tecnología tan avanzada como la que representan las boleadoras de piedra, si eso es lo que, en realidad, son esos objetos. Una vez más nos encontramos ante una situación que exige una sugerencia obvia, pero prohibida: tal vez hubo unos seres con una capacidad humana moderna en Olduvai a principios del Pleistoceno. Quienes consideran increíble este planteamiento responderán, sin duda, que no hay un testimonio fósil que apoye semejante conclusión. En cuestión de testimonios actualmente aceptados esto es cierto, sin duda. Pero si ensanchamos un poco nuestros horizontes, encontraremos el esqueleto de Reck enteramente humano, recuperado del lecho II, precisamente en la garganta de Olduvai. Y no muy lejos, en Kanam, Louis Leakey, según una comisión de científicos, descubrió una mandíbula humana completa en sedimentos del Pleistoceno formativo, equivalente en antigüedad al lecho I. En tiempos más recientes se han descubierto fémures parecidos a los de los humanos en el África oriental, en contextos del Pleistoceno formativo. En un principio, estos fémures aislados fueron atribuidos al Homo habilis, pero el ulterior descubrimiento de un esqueleto relativamente completo de un individuo Homo habilis ha mostrado que la anatomía del Homo habilis, incluyendo el fémur, era un tanto simiesca. Esto abre la posibilidad de que los fémures de forma humana atribuidos en un tiempo al Homo habilis hayan podido pertenecer a unos seres humanos anatómicamente modernos que vivieron en el África oriental durante el Pleistoceno formativo. Si llevamos nuestra investigación a otras partes del mundo podremos multiplicar el número de ejemplos de restos fósiles perfectamente humanos del Pleistoceno formativo y anteriores. En este contexto, las boleadoras de piedra de Olduvai no parecen ser algo fuera de lugar. Pero acaso esos objetos no fueran boleadoras. A esta posibilidad replicó Mary Leakey: "Aunque no hay un testimonio directo de que estos esferoides fuesen empleados como boleadoras, no se ha dado ninguna otra explicación a las cantidades de estas herramientas y al hecho de que muchas de ellas hayan sido minuciosamente formadas. Si se pretendía utilizarlos simplemente como proyectiles, con poca posibilidad de recuperarlos, parece improbable que en su fabricación se emplease tanto tiempo y cuidado". Añadió Mary Leakey: "Su uso como boleadoras ha encontrado el decidido apoyo de L. S. B. Leakey, quien bien puede tener razón". Louis Leakey afirmó haber encontrado una auténtica herramienta de hueso en el mismo nivel de las boleadoras. En 1960 dijo: "Éste parece ser una especie de lissoir [alisador] para trabajar el cuero, y esto nos hace pensar que los creadores de la cultura oldovana tenían un modo de vida más evolucionado de lo que casi todos habríamos esperado". DESCUBRIMIENTOS EN AMÉRICA DEL NORTE RELATIVAMENTE AVANZADOS Examinaremos ahora unas herramientas paleolíticas anómalas relativamente avanzadas, de América del Norte, empezando por las descubiertas en Sheguiandah, Canadá, en la isla de Manitoulin en el norte del lago Hurón. Muchos de estos descubrimientos no son particularmente antiguos, pero no por ello dejan de ser significativos porque nos permiten interiorizarnos en el funcionamiento interno de la arqueología y de la paleoantropología. Ya hemos visto cómo la comunidad científica suprime los datos que tienen implicaciones incómodas para el cuadro actualmente dominante de la evolución humana. Y ahora encontraremos revelaciones de otro aspecto sobre lo mismo: los obstáculos y la amargura que han encontrado los científicos que han tenido la mala suerte de hacer descubrimientos anómalos. SHEGUIANDAH: LA ARQUEOLOGÍA COMO VENGANZA Entre 1951 y 1955, Thomas E. Lee, antropólogo del Museo Nacional de Canadá, efectuó excavaciones en Sheguiandah, en la isla de Manitoulin del lago Hurón. Las capas superiores del sitio contenían, a un nivel de aproximadamente 15 centímetros (nivel III), toda una variedad de puntas de proyectiles (figura 5.5). Lee las consideró recientes. En posteriores excavaciones salieron a la luz unas herramientas (figura 5.6) en una capa glacial, un depósito de piedras dejadas por los glaciares al retirarse. Pareció así que unos seres humanos habían vivido en la zona durante o antes del tiempo de la última glaciación estadounidense, la de Wisconsin. Nuevos estudios demostraron que había una segunda capa, la cual también contenía herramientas (figura 5.7). También se descubrieron herramientas de piedra en las capas situadas bajo las anteriores. ¿Qué antigüedad tenían esas herramientas? Tres de los cuatro geólogos que estudiaron el sitio pensaron que las herramientas eran de la última época interglacial, lo que les daría una antigüedad que oscila entre 75 000 y 125 000 años. Por último, en una declaración conjunta, los cuatro geólogos llegaron a un acuerdo sobre una edad "mínima" de 30 000 años. El propio Lee siguió en favor de una antigüedad interglacial de las herramientas. Uno de los cuatro geólogos originales, John Sanford, de la Wayne State University, acudió después en apoyo de Lee. Ofreció extensos testimonios y argumentos geológicos diciendo que el sitio de Sheguiandah se remontaba a la época interglacial de Sangamon o a la interestadial de St. Pierre, que es un intermedio cálido de la primera parte de la glaciación de Wisconsin. Pero la opinión ofrecida por Lee y Sanford no fue tomada en serio por otros científicos. Figura 5.5. Punta de proyectil del nivel III del sitio de Sheguiandah, isla de Manitoulin, Canadá. Figura 5.6. Herramienta escantillada bifacialmente de la parte superior de la capa glacial (nivel IV), en el sitio de Sheguiandah. Figura 5.7. Bifaces de cuarcita de la parte inferior de la capa glacial (nivel V) en Sheguiandah. El geólogo John Sanford afirmó que estas herramientas y la de la figura 5.6 tenían al menos 65 000 años de antigüedad. Lee recordaba: "El descubridor del sitio [Lee] fue despedido de su puesto en el Servicio Civil y confinado a un prolongado desempleo; se le cerraron todas las publicaciones; su testimonio fue adulterado por varios autores célebres entre los 'intocables'; las toneladas de artefactos se desvanecieron en latas de almacenamiento del Museo Nacional de Canadá; por negarse a despedir al descubridor, el director del Museo Nacional [doctor Jacques Rousseau], quien había propuesto publicar una monografía del sitio, también fue expulsado y arrojado al exilio; se movieron influencias y poder, en un esfuerzo por adueñarse de seis especímenes de Sheguiandah que no habían desaparecido; y el sitio fue convertido en un lugar para turistas. Todo esto, sin que los profesionales, en cuatro largos años, se molestaran en ir a echar una ojeada cuando aún era momento para revisar las cosas. Sheguiandah habría obligado a hacer embarazosos reconocimientos de que los 'intocables' no lo sabían todo. Habría obligado a reescribir casi todos los libros sobre la materia. Había que sofocarlo. Y lo sofocaron". Lee tuvo grandes dificultades para que se publicaran los informes. Expresando su frustración, escribió: "Un editor nervioso o tímido, con sus sentidos bien sintonizados en el peligro de perder su puesto, su seguridad, su reputación, o la censura, entrega copias de un ensayo sospechoso a uno o dos asesores a quienes considera bien colocados para que hagan un juicio prudente. Ellos lo leen, o tal vez sólo lo ojean en busca de algunas palabras que se puedan refutar o utilizar contra el autor (sus opiniones estaban formadas muy de antemano, sobre la base de las hablillas actuales o lo que se oyó de pasada en los salones de conferencias llenos de humo: piezas de chismorreo que les dirán que el escritor era un excéntrico, un individualista o un intocable). Entonces, con unas cuantas declaraciones cortantes, indiscutidas y totalmente sin ninguna base, 'acallan' el ensayo. Lo bonito -y lo vicioso- del sistema se encuentra en el hecho de que así quedaran para siempre anónimos". La mayor parte de los informes vitales acerca de Sheguiandah fueron publicados en el Anthropological Journal of Canada, que el propio Lee fundó y dirigió. Lee falleció en 1982, y la publicación fue dirigida una breve temporada por su hijo Robert E. Lee. Desde luego, los científicos "conservadores" no han podido evitar por completo mencionar a Sheguiandah, pero cuando lo hacen suelen desdeñarlo, pasarlo por alto o presentar falsamente todo testimonio de una antigüedad insólitamente grande del lugar. Robert, el hijo de Lee, escribió: "Sheguiandah se explica, erróneamente, a los estudiantes como ejemplo de un flujo de lodo posglacial y no como la morena* glacial de Wisconsin". * Morena. Geol. Montón de rocas y barro dejados por un glacial en sus bordes y en su término (N. del R.). Sin embargo, los informes originales presentan argumentos convincentes en contra de la hipótesis de la corriente de lodo. El mayor de los Lee escribió que muchos geólogos "han declarado que los depósitos serían llamados, indiscutiblemente, de 'morena glacial' si no fuese por los artefactos que contienen. Ésta ha sido la reacción de casi todos los geólogos visitantes". Y dijo Sanford: "Tal vez la mejor corroboración de que todos estos depósitos intactos eran una morena cubierta de hielo fue la visita de unos 40 a 50 geólogos al sitio, en 1954, durante el viaje anual al campo de la Sociedad Geológica de la Cuenca de Michigan. Por entonces, la excavación estaba abierta y podía verse la morena. Los sedimentos fueron presentados a este grupo como depósitos de morena, y al parecer nadie disintió ante esta explicación. Ciertamente habría habido margen a la duda sobre la naturaleza de estos depósitos, si se hubiera expresado en aquel momento". Si un enfoque consiste en negar que los depósitos que contenían las herramientas son de morena, otro consiste en exigir unos niveles excesivamente altos de pruebas de presencia humana en el sitio y en el tiempo designado. James B. Griffin, antropólogo de la Universidad de Michigan, declaró: "Hay gran número de lugares en América del Norte a los que se les ha atribuido considerable antigüedad como sitios habitados por los primeros indios. Se han publicado incluso libros enteros sobre 'no sitios' ". Griffin incluyó a Sheguiandah en la categoría de "no sitio" arqueológico. Griffin dijo que un sitio en toda forma debe poseer "un contexto geológico claramente identificable [...] sin ninguna posibilidad de intrusión o de deposición secundaria". también insistió en que un sitio propiamente dicho debe ser estudiado por diferentes geólogos expertos en las formaciones particulares del lugar y que debe haber un acuerdo importante entre estos expertos. Además, debe haber toda una "gama de formas y restos de herramientas [...] bien conservados restos de animales [...] estudios del polen [...] materiales macrobotánicos [...] restos de esqueletos humanos". Griffin también exigió datación por medio de carbono radiactivo y otros métodos. Según esta norma, prácticamente ninguno de los sitios donde se han hecho grandes descubrimientos paleoantropológicos calificaría como sitio genuino. Por ejemplo, la mayor parte de los descubrimientos de Australopithecus, Homo habilis y Homo erectus no se han hecho en contextos geológicos claramente identificables, sino en la superficie o en depósitos de cavernas, que sin duda son difíciles de interpretar geológicamente. La mayor parte de los descubrimientos del Homo erectus en Java también se hicieron en la superficie, en lugares mal especificados. De manera interesante, el sitio de Sheguiandah parece satisfacer casi todos los exigentes requerimientos de Griffin. Las herramientas fueron descubiertas en un contexto geológico más claro que el de muchos sitios aceptados. Varios geólogos expertos en los depósitos glaciales de América del Norte al parecer convinieron en atribuirle una antigüedad mayor de 30 000 años. Todo parece indicar que no hubo ni deposición ni intrusión secundarias. Se descubrió toda una variedad de tipos de herramientas, se efectuaron estudios de polen y pruebas de carbono radiactivo, y se encontraron presentes materiales macrobotánicos (turba). El sitio de Sheguiandah merece más atención de la que hasta hoy se le ha prestado. Recordando la época en que por primera vez le pareció claro que se estaban descubriendo herramientas de piedra en una morena glacial, T. E. Lee escribió: "En este punto, un hombre más sabio habría cubierto las excavaciones y se hubiese ido en la noche sin decir nada [...] En realidad, al visitar el sitio, un destacado antropólogo después de exclamar incrédulo ¿Están encontrando cosas allí?', el jefe de los trabajadores le dijo ¡Al demonio con eso! ¡Asómese y convénzase por usted mismo!', lo cual me urgió a olvidarme de todo lo que había en los depósitos glaciales y a concentrarme en los materiales más recientes que los cubrían". LEWISVILLE Y TIMLIN: LA VENGANZA CONTINÚA En 1958, en un sitio cercano a Lewisville, Texas, se descubrieron herramientas de piedra y huesos calcinados de animales, relacionados con vestigios de fogatas. Más adelante, al avanzar la excavación, se atribuyó al carbón descubierto en las fogatas una antigüedad de al menos 38 000 años, mediante el sistema del carbono radiactivo. Todavía después, se descubrió una punta de Clovis. Herbert Alexander, quien por entonces era estudiante graduado de arqueología, recordó cómo fue recibida esta secuencia de descubrimientos. "Muchas veces", dijo Alexander, "las opiniones expresadas por entonces eran que las fogatas habían sido obra de la mano del hombre y que las asociaciones con fauna eran válidas. Sin embargo, una vez que se anunciaron de qué fecha eran, algunas opiniones se modificaron, y después de descubrirse la punta de Clovis, empezó en serio el proceso de atacar y de acallar. Quienes habían aceptado antes las fogatas y su relación con la fauna, empezaron a dudar de su memoria". Descubrir una punta de Clovis en un estrato de 38 000 años de antigüedad resultaba perturbador, porque los antropólogos ortodoxos fechan las primeras puntas de Clovis en 12 000 años, lo cual marca el ingreso de seres humanos a América del Norte. Algunos críticos alegaron al descubrimiento de Lewisville que la punta de Clovis había sido plantada allí con dolo. Otros han dicho que las fechas que arrojó el carbono radiactivo estaban erradas. Después de mencionar cierto numero de casos similares de descubrimientos pasados por alto o ridiculizados, Alexander recordó la sugerencia de que "para defender las cuestiones del hombre antiguo, pronto necesitaremos abogados". Puede que no sea mala idea en un campo de la ciencia como la arqueología, en que las opiniones determinan el status de los hechos, y los hechos tienen un sinfín de interpretaciones. Tribunales y abogados podrían ayudar a los arqueólogos a llegar más fácilmente a un consenso entre los expertos, que hoy es considerado como la verdad científica en este campo. Pero Alexander observó que un sistema de tribunales requiere de un jurado, y la primera pregunta que se le hace a un posible jurado es la siguiente: “¿Tiene usted ya formada una opinión acerca del caso?" Son pocos los arqueólogos que no tienen ya formada su opinión sobre la fecha en que los seres humanos entraron por vez primera a América del Norte. La idea de que unas puntas de proyectil del tipo Clovis representan las primeras herramientas del Nuevo Mundo fue puesta en entredicho por una excavación efectuada en el sitio de Timlin, en las montañas Catskill del estado de Nueva York. A mediados de los setenta, se descubrieron allí unas herramientas muy semejantes a las del alto Aqueulense de Europa. En el Viejo Mundo, las herramientas aqueulenses suelen atribuirse, por rutina, al Homo erectus. Pero tal atribución es incierta porque en los sitios de las herramientas no se han encontrado casi nunca restos de esqueletos. A las herramientas de Catskill se les ha atribuido una antigüedad de 70 000 años sobre la base de la geología glacial. HUEYATLACO, MÉXICO En el decenio de 1960, unas avanzadas herramientas de piedra (figura 5.8), que podían rivalizar con las mejores obras del hombre de Cro-Magnon en Europa, fueron desenterradas por Juan Armenta Camachoy Cynthia Irwin-Williams en Hueyatlaco, cerca de Valsequillo, 110 kilómetros al sureste de la ciudad de México. En el cercano sitio de El Homo se descubrieron herramientas de piedra, de carácter un poco más burdo. Tanto en Hueyatlaco como en El Homo, la ubicación estratigráfica de las herramientas no parece estar en duda. Y sin embargo, estos artefactos sí tienen un rasgo muy discutible: un grupo de geólogos que trabajaba para el Geological Survey de Estados Unidos les atribuyó una antigüedad de cerca de 250 000 años. El grupo, que trabajaba con una beca de la Fundación Nacional de Ciencias, estuvo formado por Harold Malde y Virginia Steen-McIntyre, ambos del Geological Survey de Estados Unidos, y por el finado Roald Fryxell, de la Universidad Estatal de Washington. Figura 5.8. Herramientas de piedra descubiertas en Hueyatlaco. México, sitio al que un grupo del Geological Survey de Estados Unidos atribuyó 250 000 años de antigüedad. Estos geólogos dijeron que los cuatro distintos métodos de datación que se aplicaron en forma independiente atribuyeron unas antigüedades enormes a los artefactos descubiertos cerca de Valsequillo. Los métodos de datación utilizados fueron: 1) por serie de uranio; 2) por medio de fisión; 3) mediante hidratación de tefra, y 4) mediante el estudio del desgaste mineral. Como podía esperarse, la antigüedad de cerca de 250 000 años atribuida a Hueyatlaco determinada por el equipo de geólogos desató una gran polémica. De ser aceptada, habría revolucionado no sólo la antropología del Nuevo Mundo sino todo el cuadro de los orígenes humanos. Se cree que unos seres humanos capaces de hacer las avanzadas herramientas descubiertas en Hueyatlaco no existieron hasta hace unos 10 000 años en África. En el intento por hacer que se publicaran las conclusiones de su grupo, Virginia SteenMcIntyre fue sujeto de muchas presiones y obstáculos. En una nota enviada a un colega (10 de julio de 1976) declaró: "He descubierto, por hablillas disimuladas, que nuestro descubrimiento de Hueyatlaco nos tacha a Hal, Roald y a mí de oportunistas y buscadores de notoriedad entre algunos círculos, y aún no me repongo del golpe". La publicación de un documento escrito por Steen-McIntyre y sus colegas sobre Hueyatlaco fue inexplicablemente retrasada durante años. El documento fue presentado por vez primera en una conferencia de antropología en 1975, y aparecería en el volumen de un simposio. Cuatro años después, Steen-McIntyre escribió lo siguiente a H. J. Fullbright del Laboratorio Científico de Los Álamos, uno de los directores del libro (que era eternamente "de próxima publicación"): "Nuestro artículo conjunto sobre el sitio de Hueyatlaco es una verdadera bomba. Colocaría al hombre en el Nuevo Mundo 10x años antes de lo que muchos arqueólogos quisieran creer. Peor aún, la mayoría piensa que las herramientas bifaciales descubiertas in situ son signos de Homo sapiens. Según la actual teoría, el Homo sapiens no había ni siquiera evolucionado por entonces, y menos aún en el Nuevo Mundo". Steen-McIntyre continúa: "Los arqueólogos han formado un considerable escándalo acerca de Hueyatlaco: se niegan incluso a considerarlo. Me he enterado, indirectamente, de que varios miembros de la profesión me consideran: 1) incompetente; 2) exhibicionista; 3) oportunista; 4) falsa y 5) loca. Obviamente, ¡ninguna de estas opiniones va a mejorar mi reputación profesional! Mi única esperanza de limpiar mi nombre es publicar el artículo sobre Hueyatlaco para que la gente pueda juzgar por sí misma ese testimonio". Steen McIntyre, al no recibir respuesta a esta ni a otras solicitudes de información retiró el artículo. Pero nunca le devolvieron su manuscrito. Un año después, Steen-McIntyre escribió (8 de febrero de 1980) a Steve Porter, director del Quaternary Research, acerca de publicar su artículo sobre Hueyatlaco. "El manuscrito que quisiera entregarle presenta el testimonio geológico", dijo. "Está bastante claro y si no fuera por el hecho de que habría que reescribir muchos libros de texto sobre antropología, no creo que hubiésemos tenido ninguna dificultad para que los arqueólogos lo aceptaran. Tal como están las cosas, ninguna revista de antropología se atrevería a tocarlo." Steve Porter escribió a Steen-McIntyre (25 de febrero de 1980), contestando que consideraría publicar el discutido artículo. Pero dijo que "bien podía imaginar que sería un poco difícil recibir opiniones objetivas de ciertos arqueólogos". El procedimiento habitual en la publicación científica es presentar un artículo a otros varios científicos para su dictamen anónimo. No es difícil imaginar como la ortodoxia científica anquilosada puede manipular este proceso para impedir que la información no deseada llegue a las publicaciones científicas. El 30 de marzo de 1981, Steen-McIntyre escribió a Estella Leopold, directora adjunta del Quaternary Research: "El problema tal como yo lo veo es mucho más grande que Hueyatlaco. Concierne a la manipulación del pensamiento científico mediante la supresión de 'datos enigmáticos', datos que desafíen el actual pensamiento. ¡Y Hueyatlaco ciertamente lo hace! No siendo yo antropóloga no me di cuenta de todo lo que representaba la determinación de nuestras fechas, allá en 1973, ni de lo profundamente que ha penetrado en nuestro pensamiento la actual teoría sobre la evolución humana. Nuestro trabajo de Hueyatlaco ha sido rechazado par casi todos los arqueólogos, sólo porque contradice esa teoría ¡y punto! Su razonamiento es un círculo vicioso: el H. sapiens sapiens evolucionó hace circa 30 000 a 50 000 años en Eurasia. Por tanto, todas las herramientas del H.s.s. De 25 0000 años de antigüedad descubiertas en México son imposibles, porque el H. s. s. evolucionó circa 30 000 años [...], etc. Ese pensamiento produce arqueólogos satisfechos de sí mismos, ¡pero una pésima ciencia!" Con el tiempo, el Quaternary Research (1981) publicó un artículo de Virginia SteenMcIntyre, Roald Fryxell y Harold E. Malde. Atribuía una antigüedad de 250 000 años al sitio de Hueyatlaco. Por supuesto, siempre es posible plantear objeciones a las fechas arqueológicas, y así lo hizo Cynthia Irwin Williams en una carta, como respuesta a Steen-McIntyre, Fryxell y Malde. Malde y Steen-McIntyre refutaron sus objeciones, punto par punto, en una carta. Pero Irwin-Williams no se aplacó. Ella y la comunidad arqueológica estadounidense en general han seguido rechazando la datación de Hueyatlaco efectuada por Steen-McIntyre y sus colegas. Figura 5.9. Una hoja de Folsom enterrada en la superficie interior de una costra de travertino de la cueva de Sandia, Nuevo México. Se dice que la capa de travertino tiene 250 000 años. Los anómalos descubrimientos de Hueyatlaco dieron por resultado insultos personales y castigos profesionales, entre ellos el retiro de fondos y la pérdida de empleos, de instalaciones y de reputación paraVirginia Steen-McIntyre. Su caso nos permite echar una rara ojeada a los auténticos procesos sociales de supresión de datos en paleoantropología, procesos que incluyen muchos conflictos y daños. Una nota final: nosotros mismos intentamos una vez obtener autorización para reproducir fotografías de los artefactos de Hueyatlaco en una publicación. Se nos informó que se nos negaría la autorización si intentábamos mencionar la fecha "lunática" de 250 000 años. LA CUEVA DE SANDIA, NUEVO MÉXICO En 1975, Virginia Steen-McIntyre se enteró de la existencia de otro sitio con una fecha prácticamente imposible en cuanto a antigüedad para herramientas de piedra en América del Norte: La cueva de Sandia, Nuevo México, Estados Unidos, donde se descubrieron herramientas de un tipo avanzado (puntas de Folsom) bajo una capa de estalagmita a la que se atribuía una antigüedad de 250 000 años. Una de esas herramientas aparece en la figura 5.9. En una carta a Henry P. Schwartz, el geólogo canadiense que había fechado la estalagmita, le escribió Virginia Steen-McIntyre (10 de julio de 1976): "No puedo recordar si fue usted o uno de sus colegas con quien hablé en la Conferencia Penrose de 1975 (Mammoth Lakes, California). La persona con la que hablé mientras aguardábamos haciendo cola para almorzar mencionó una fecha por serie de uranio, de una capa de estalagmitas situada por encima de los artefactos de la cueva de Sandia que le preocupaba mucho: no coincidía en nada con la hipótesis comúnmente sostenida, sobre la fecha de llegada del hombre al Nuevo Mundo. Cuando mencionó una fecha de un cuarto de millón de años, poco más o menos, a mí por poco se me cae la bandeja. No tanto porque me espantara esa antigüedad, sino porque esa fecha coincidía tan bien con las fechas que atribuimos a un discutido sitio del hombre primitivo en el centro de México... Huelga decir que estaría yo interesada en saber más acerca de su fecha y de su opinión al respecto". Según dice Steen-McIntyre, su carta no recibió respuesta. Después de que le escribió al principal investigador arqueológico del sitio de Sandia para solicitarle información acerca de la fecha, Steen-McIntyre recibió esta respuesta (2 de julio de 1976): "Espero que no vaya usted a utilizar esta 'lata de gusanos' para probar algo hasta que hayamos tenido oportunidad de evaluarla". Steen-McIntyre nos envió algunos informes y fotos de los artefactos de Sandia y dijo, en una nota anexa: "Los geoquímicos están seguros de su fecha, pero los arqueólogos nos han convencido de que los artefactos y las lentes de carbón que pueden verse bajo el travertino son resultado de actividad de roedores [...] pero, ¿qué me dicen de los artefactos encajados en esa costra?" HERRAMIENTAS NEOLÍTICAS DE LA REGIÓN AURÍFERA DE CALIFORNIA En 1849, se descubrió oro entre los guijarros de antiguos lechos de ríos en las estribaciones de la Sierra Nevada en el centro de California, lo que atrajo a hordas de rudos aventureros a lugares como Brandy City, Last Chance, Lost Camp, You Bet y Poker Flat. En un principio, eran mineros solitarios los que buscaban lascas y pepitas entre los guijarros que habían llegado hasta los actuales lechos de las corrientes; pero pronto, las compañías mineras pusieron en juego mayores recursos; algunas de ellas abrieron pozos en las laderas de las montañas, siguiendo los depósitos hasta donde llegaran, mientras que otras lavaban las gravas auríferas de las faldas de las colinas, con chorros de agua de alta presión. Los mineros encontraron cientos de artefactos de piedra y, más rara vez, fósiles humanos (capítulo 7). De los artefactos más importantes se encargó de informar a la comunidad científica J. D. Whitney, por entonces geólogo del estado de California. Los artefactos procedentes de depósitos de superficie y de minas hidráulicas eran de antigüedad dudosa, pero en cambio los artefactos de los profundos pozos de las minas y los túneles pudieron fecharse con mayor seguridad. En opinión de J. D. Whitney, el testimonio geológico indicaba que las gravas auríferas eran por lo menos del Plioceno. Pero los geólogos modernos creen que algunos de los depósitos de grava proceden del Eoceno. Antes de llegar a los estratos que contenían oro, se excavaron muchos pozos en Table Mountain, en el condado de Tuolumne bajo densas capas de material volcánico basáltico llamado latita. En algunos casos, los pozos se extendían horizontalmente a lo largo de cientos de metros bajo la capa de latita (figura 5.10). Los descubrimientos hechos en las capas de grava situadas encima del lecho de roca podrían tener de 33.2 a 55 millones de años de antigüedad, pero los descubrimientos hechos en otras capas pueden tener de 9 a 55 millones de años de antigüedad. Figura 5.10. Vista lateral de Table Mountain, del condado de Tuolumne, California, que muestra dos túneles de las minas penetrando en depósitos de grava terciaria bajo la capa de lava, que aparece en negro. Whitney examinó personalmente una colección de artefactos de la Table Mountain, de Tuolumne, perteneciente al doctor Perez Snell, de Sonora, California. La colección de Snell incluía puntas de lanza y otras armas. No hay gran información acerca de los descubridores ni de las posiciones estratigráficas originales de los artefactos. Sin embargo, hubo una excepción. "Fue", escribió Whitney, "una piedra de amolar, una especie de utensilio al parecer utilizado para moler". El doctor Snell informó a Whitney "que él la había arrancado con sus propias manos de un carro cargado de 'basura' que estaba saliendo de las entrañas de Table Mountain". Una mandíbula humana, inspeccionada por Whitney, también formaba parte de la colección del doctor Snell. La mandíbula le fue llevada al doctor Snell por unos mineros, quienes afirmaron que procedía de la grava situada bajo la capa de latita de Table Mountain, en el condado de Tuolumne. El señor Albert G. Walton, uno de los propietarios del terreno de Valentine, descubrió algo mejor documentado en Table Mountain. Fue un mortero de piedra, de 30 centímetros de diámetro en una capa de grava aurífera, 60 metros bajo la superficie y también bajo la capa de latita. De manera significativa, el descubrimiento del mortero se realizó en un pasaje de mina que viene, horizontalmente, del fondo del principal pozo vertical de la mina de Valentine. Esto tiende a excluir la posibilidad de que el mortero hubiese caído desde arriba. En la mina Valentine también se recuperó un fragmento de un cráneo humano fosilizado. William J. Sinclair sugirió que había muchos túneles de otras minas cercanas conectados al pozo de Valentine. Así, tal vez, el mortero había llegada por uno de estos otros túneles. Pero Sinclair reconoció que al visitar la zona en 1902 no pudo descubrir ni siquiera el pozo de Valentine. Sinclair simplemente se valió de su suposición, no apoyada por hechos, para desdeñar el informe de Walton acerca del descubrimiento. Operando de esta manera, podrán encontrarse buenas razones para rechazar todo descubrimiento paleoantropológico que jamás se haya hecho. En 1871 James Carvin informó de otro descubrimiento realizado en Table Mountain, Tuolumne: "Ésta es para certificar que yo, el firmante, allá por el año de 1858 desenterré de unos terrenos de mina conocidos como la Stanislaus Company, y situados en Table Mountain, del condado de Tuolumne, frente al Ferry de O'Byrn, sobre el río Stanislaus, un hacha de piedra [...] dicha reliquia fue descubierta entre 20 y 25 metros bajo la superficie, en la grava, bajo el basalto, y a unos 10 metros de la boca del túnel. también se descubrieron algunos morteros, del mismo tiempo y lugar". En 1870, Oliver W. Stevens presentó la siguiente declaración notariada: "Yo, el abajo firmante, en el año de 1853 visite el túnel de Sonora, situado en Table Mountain, a unos 750 metros al norte y al oeste de Shaw's Flat, y en ese momento estaban sacando del túnel de Sonora una carretada de grava aurífera. Yo, el abajo firmante, recogí de dicha grava (que procedía de debajo del basalto y del túnel, unos 30 metros adentro, y a una profundidad de cerca de 40 metros) un colmillo de mastodonte [...] y al mismo tiempo descubrí con el algún vestigio que se asemejaba a una gran cuenta de piedra, hecha tal vez de alabastro". Si la cuenta procedía de la grava, tendría al menos 9 millones de años de antigüedad, y tal vez hasta 55 millones. William J. Sinclair objetó que las circunstancias del descubrimiento no eran suficientemente claras. Pero en los casos de muchos descubrimientos aceptados, las circunstancias del descubrimiento son similares a las de esa cuenta de mármol. Por ejemplo, en la cueva de Border, en Sudáfrica, se recogieron fósiles de Homo sapiens sapiens de unas pilas de roca excavadas de las minas años antes. Entonces, a los fósiles se les atribuyeron fechas de cerca de 10 0000 años de antigüedad, principalmente por su asociación con la piedra excavada. Si hubiera que aplicar a tales descubrimientos las estrictas normas de Sinclair también habrían sido rechazados. En 1870, Llewellyn Pierce presentó el siguiente testimonio escrito: "Yo, el abajo firmante, entregué este día al señor C. D. Voy, para que lo conserve en su colección de antiguas reliquias de piedra, un cierto mortero de piedra, evidentemente hecho por manos humanas, que fue desenterrado por mí allá por el año 1862, bajo Table Mountain, de la grava a una profundidad de unos 65 metros bajo la superficie, bajo el basalto, que tenía más de 20 metros de profundidad, y a unos 600 metros de la boca del túnel. Se descubrió en terrenos de la Boston Tunnel Company". La grava en que se encontró el mortero tiene de 33 a 55 millones de años de antigüedad. William J. Sinclair objetó que el mortero estaba hecho de andesita, piedra volcánica que no se encuentra a menudo en la grava profunda de Table Mountain. Pero ciertos geólogos modernos informan que en la región situada al norte de Table Mountain hay cuatro sitios no menos antiguos que la grava prevolcánica aurífera y que contienen depósitos de andesita. Los morteros de andesita acaso fuesen un valioso artículo comercial, y quizá fueron transportados a largas distancias en balsas, botes o incluso a pie. Según Sinclair, Pierce encontró otro artefacto junto al mortero: "Al que esto escribe se le mostró una pequeña tablilla oval de pizarra de color oscuro, con un melón y una hoja tallados en bajorrelieve [...] esta tablilla no muestra signos de desgaste por la grava. Todas las raspaduras son recientes. La talla muestra evidentes huellas de una hoja de cuchillo de acero, y fue concebida y ejecutada por un artista de considerable capacidad". Sinclair no dijo exactamente qué lo llevó a concluir que la tablilla había sido tallada con una hoja de acero. Por tanto bien pudo estar equivocado acerca del tipo de herramienta utilizada. Sea como fuere, la tablilla de pizarra fue descubierta en realidad con el mortero, en gravas prevolcánicas situadas profundamente bajo la capa de latita de Table Mountain, condado de Tuolumne. Así, aun si la tablilla muestra señales de talla con una hoja de acero, eso no significa que sea reciente. Sería justificado llegar a la conclusión de que esa talla fue hecha por seres humanos de un nivel de cultura relativamente alto hace 33 a 55 millones de años. También dijo Sinclair que la tablilla no mostraba señales de desgaste por la grava. Pero tal vez no fuese llevada muy lejos por las corrientes del río y por tanto quedó intacta. O tal vez alguien dejó caer la tablilla en un depósito de grava de un canal seco. El 2 de agosto de 1890, J. H. Neale firmó la siguiente declaración respecto a unos descubrimientos que había hecho: "En 1877, el señor J. H. Neale era superintendente de la Montezuma Tunnel Company, y recorrió el túnel de Montezuma hasta la grava subyacente bajo la lava de Table Mountain, condado de Tuolumne [...] a unos 450 ó 500 metros de distancia desde la boca del túnel, a unos 70 ó 100 más allá del borde de la lava sólida, el señor Neale vio varias puntas de lanza, de una piedra oscura de casi 30 centímetros de longitud. Explorando más, él mismo descubrió un pequeño mortero de unos 8 ó 10 centímetros de diámetro y de forma irregular. Fue descubierto a unos 50 centímetros de las puntas de lanza. Halló entonces una gran mano de mortero, bien formada, que hoy es propiedad del doctor R. I. Bromley y, cerca de allí, un mortero grande y muy regular, que en la actualidad también es propiedad del doctor Bromley". Este último mortero y su mano aparecen en la figura 5.11. Continúa la declaración de Neale: "Todas estas reliquias fueron descubiertas [...] cerca del lecho rocoso, tal vez a unos 30 centímetros. El señor Neale declara que es absolutamente imposible que estas reliquias hubiesen llegado a la posición en que fueron descubiertas salvo en la época en que la grava fue depositada y antes de que se formara la capa de lava. No había la menor huella de alguna perturbación de la masa o de alguna fisura natural por la cual hubiese podido llegar ahí, o cerca de ahí". La posición de los artefactos en la grava cerca del lecho rocoso en Table Mountain indica que tenían entre 33 y 55 millones de años. En 1898, William H. Holmes decidió entrevistar a Neale, y en 1899 publicó el siguiente resumen del testimonio de Neale: "Uno de los mineros que salía a almorzar al mediodía llevó consigo a la oficina del superintendente un mortero de piedra y una mano de mortero rota, que, según dijo habían sido desenterradas en la parte en más profunda del túnel, a unos 500 metros de la boca de la mina. El señor Neale le recomendó que al volver a trabajar buscara otros utensilios en el mismo lugar, y, de acuerdo con sus expectativas, aparecieron otras dos piezas: un pequeño mortero ovoide, de 5 a 6 pulgadas de diámetro, y un mortero o plato más plano, de 7 a 8 pulgadas de diámetro. Estos se han perdido desde entonces. En otra ocasión los trabajadores de la mina le llevaron un conjunto de 11 hojas de obsidiana o puntas de lanza, con un promedio de 10 pulgadas de longitud". Figura 5.11. Este mortero y su mano fueron descubiertos por J. H. Neale, quien los tomó del túnel de una mina que penetraba depósitos terciarios (de 33 a 55 millones de años de antigüedad) bajo Table Mountain, condado de Tuolumne, California. Los relatos difieren. Holmes dijo acerca de Neale: "En su conversación conmigo no afirmó haber estado en la mina cuando se realizaron los descubrimientos". Esto puede interpretarse en el sentido de que Neale había mentido en su declaración original. Pero los pasajes de Holmes que acabamos de citar no son palabras de Neale sino de Holmes, quien dijo: "Sus declaraciones [de Neale], anotadas en mi libro de notas inmediatamente después de la entrevista, tuvieron el efecto siguiente". Puede discutirse sobre si debemos tener más confianza en el resumen indirecto hecho por Holmes de las palabras de Neale que en la propia declaración notariada de Neale, y firmada por él. Resulta significativo que no tengamos confirmación del propio Neale en el sentido de que fuera correcta la versión de su conversación dada por Holmes. El hecho de que Holmes pudiera equivocarse queda indicado, sin duda, por una ulterior entrevista que William J. Sinclair le hizo a Neale en 1902. Resumiendo las observaciones de Neale escribió Sinclair: "cierto minero [Joe], trabajando en el turno del día en el túnel de Montezuma, sacó un plato o bandeja de piedra de unas dos pulgadas de espesor. Se le dijo a Joe que buscara más en el mismo lugar [...] El señor Neale fue al turno de la noche y, excavando para fijar una viga 'levantó' una de las puntas de lanza de obsidiana. Con excepción de la sacada por Joe, todos los artefactos fueron descubiertos personalmente por el señor Neale, de una sola vez, en un espacio de un metro ochenta de diámetro, al borde del canal. Los artefactos se encontraban en la grava cerca del lecho rocoso, y estaban mezclados con una sustancia parecida al carbón". Una vez sopesados todos los testimonios parece que el propio Neale entró en la mina y descubrió herramientas de piedra en el lugar de la grava. Acerca de las puntas de lanza de obsidiana descubiertas por Neale, Holmes dijo: "Se han encontrado, de vez en cuando, hojas de obsidiana de pauta idéntica junto con restos indios, en los pozos de entierro de la región, de lo cual podemos inferir que los artefactos obtenidos por el señor Neale procedían de uno de los lugares de entierro, cercanos a las minas". Pero Holmes no pudo mostrar otra prueba de que alguno de los mineros hubiese sacado en realidad las hojas de los pozos de entierro. Holmes se limitó a declarar: "¿Cómo llegaron las 11 grandes puntas de lanza a la mina?, ¿procedían siquiera de la mina? Tales son preguntas que no me agradaría tener que contestar". Utilizando los métodos de Holmes, se podría desacreditar cualquier descubrimiento paleoantropológico; simplemente nos negaríamos a creer en el testimonio tal como fue mencionado, y daríamos toda clase de vagas y diversas explicaciones sin responder a las legítimas preguntas acerca de ellas. También Holmes escribió acerca de las herramientas de obsidiana: "Parece sumamente improbable que procedieran del lecho de un torrente terciario; pues, ¿cómo pudo un escondrijo de 11 artefactos delgados, similares a hojas, no ser removido en estas condiciones?, ¿cómo pudieron unas frágiles hojas de cristal soportar el empuje y el desgaste del lecho de una corriente?, o ¿cómo pudo tan grande número de frágiles hojas permanecer sin romperse bajo el pico de un minero mientras trabajaba en un túnel oscuro?" Pero podemos imaginar muchas circunstancias en que un escondrijo de artefactos permanece intacto en el lecho de una corriente terciaria. Supongamos que en la época terciaria un grupo de comerciantes, al atravesar o navegar por una corriente, perdiera cierto número de hojas de obsidiana bien envueltas en cuero o en tela. El paquete de hojas de obsidiana pudo ser cubierto, con prontitud, por grava en un hoyo profundo del lecho de la corriente y permanecer allí casi intacto hasta ser recuperado decenas de millones de años después. En cuanto a cómo los artefactos pudieron permanecer sin romperse al ser descubiertos, esto no plantea dificultades insuperables. En cuanto Neale se dio cuenta de las hojas, pudo mostrar suficiente precaución, y al parecer lo hizo, para no romper los artefactos de obsidiana. Y tal vez hasta rompiera algunos de ellos. En un ensayo leído ante la Sociedad Geológica de Estados Unidos en 1891, el geólogo George F. Becker dijo: "Habría sido más satisfactorio para mí, en lo personal, si yo mismo hubiese excavado estos artefactos, pero no logro encontrar razón alguna para pensar que la declaración del señor Neale no sea testimonio tan bueno para el resto del mundo como lo sería el mío. El fue tan competente como yo lo soy para detectar toda fisura de la superficie de cualquier obra antigua, que el minero reconoce instantáneamente y teme con toda su alma. Alguien podría sugerir que los obreros del señor Neale 'plantaron' los artefactos, pero nadie que esté familiarizado con la minería considerará ni por un momento semejante suposición [...] la grava aurífera es difícil de sacar, en gran parte necesita explosiones, y ni siquiera un supervisor muy incompetente podría dejarse engañar de esta manera [...] en suma, en mi opinión, resulta inevitable la conclusión de que los artefactos mencionados en la declaración del señor Neale en realidad estaban cerca del fondo de la grava, y que fueron depositados donde se les encontró al mismo tiempo que los guijarros y la matriz que los acompañaban". Aunque las herramientas hasta aquí mencionadas fueron descubiertas por mineros, existe un caso de una de piedra descubierta en el lugar por un científico. En 1891, George F. Becker informó a la Sociedad Geológica de Estados Unidos que en la primavera de 1869, el geólogo Clarence King, director del Survey of the Fortieth Parallel, estaba efectuando investigaciones en Table Mountain, Tuolumne. Por entonces descubrió una mano de moler, de piedra, firmemente incrustada en un depósito de grava aurífera situado bajo la capa de basalto, o latita. Ese depósito de grava había sido expuesto recientemente por la erosión. Becker declaró: "El señor King está absolutamente seguro de que esta herramienta se encontraba en el lugar y que formaba parte original de la grava donde la descubrió. Resulta difícil imaginar una prueba más satisfactoria que ésta de la presencia de artefactos en la grava aurífera preglacial y subbasáltica". Por esta descripción y por el moderno fechamiento geológico de los estratos de Table Mountain, es evidente que el objeto tenía más de 9 millones de años de antigüedad. Hasta Holmes tuvo que reconocer que la mano de moler de King, que fue a dar a la colección de la Institución Smithsoniana, "no se puede desafiar con impunidad". Holmes buscó muy minuciosamente por el sitio y notó la presencia de algunas piedras indias modernas para preparar comida, que yacían, sueltas, sobre la superficie. Afirmó: "Traté de ver si era posible que uno de estos objetos hubiese quedado incrustado en los depósitos de tufa, expuesto en tiempos recientes o relativamente recientes, pues tales inserciones a veces son resultado de reubicación o recimentación de materiales sueltos, pero no llegué a un resultado definitivo". Si Holmes hubiese encontrado el más tenue testimonio definido de tal recimentación habría aprovechado la oportunidad para arrojar dudas sobre la mano de moler descubierta por King. Sin embargo, siendo incapaz de encontrar algo que desacreditara el informe, Holmes se vio reducido a preguntarse "por qué el señor King no lo publicó, por qué no dio al mundo la observación que podría parecer la más importante hecha jamás por un geólogo, con respecto a la historia de la especie humana, y dejó que trasluciera por medio del doctor Becker, 25 años después". Pero Becker anotó en su informe: "Yo he trasmitido esta declaración de su descubrimiento al señor King, quien la declara correcta". J. D. Whitney también informó de algunos descubrimientos que fueron hechos bajo otras capas volcánicas intactas que no eran la de latita de Table Mountain de Tuolumne. Se encontraron herramientas de piedra en gravas auríferas en San Andreas en el condado de Calavera; en Spanish Creek en el condado de El Dorado, y en Cherokee, condado de Butte. LOS PREJUICIOS EVOLUTIVOS A la luz de los testimonios que hemos presentado, resulta difícil justificar la sostenida oposición de Holmes y Sinclair a los descubrimientos de California. No encontraron ninguna prueba de engaño, y sus suposiciones de que los indios habrían podido llevar a las minas morteros portátiles y puntas de lanzas no resultan muy creíbles. Un historiador moderno, W. Turrentine Jackson de la Universidad de California en Davis, indica: "Durante la fiebre del oro los indios fueron expulsados de la zona, y rara vez entraron en contacto con los buscadores de oro en la región minera". Por tanto, podríamos preguntar por qué Holmes y Sinclair estaban tan decididos a desacreditar el testimonio de Whitney sobre la existencia de seres humanos terciarios. La siguiente declaración de Holmes nos ofrece una clave esencial: "Tal vez si el profesor Whitney hubiese apreciado cabalmente la historia de la evolución humana tal como se la conoce hoy, habría vacilado en anunciar las conclusiones formuladas, a pesar del imponente despliegue de testimonios a los que se enfrentaba". En otras palabras, si los hechos no embonan en la teoría predilecta, los hechos, así sean una serie imponente, deben desaparecer. No es difícil ver por qué un partidario de la idea de la evolución humana, como Holmes, haría lo posible por desacreditar toda información que haga remontar demasiado lejos, al pasado remoto, la existencia de seres humanos en su forma actual. ¿Por qué tuvo tanta confianza Holmes al hacer esto? Una razón fue el descubrimiento efectuado en 1891 por Eugene Dubois del hombre de Java (Pithecanthropus erectus), recibido como el tan buscado eslabón perdido que conectaba los modernos seres humanos con unos seres simiescos supuestamente ancestrales. Holmes declaró que: "El testimonio de Whitney queda absolutamente aislado" y que "implica una especie humana más antigua, al menos en la mitad del tiempo que el Pithecanthropus erectus, de Dubois, que debe considerarse tan sólo como forma inicipiente del ser humano". Para quienes aceptaron al discutido hombre de Java (capítulo 8), todo testimonio que sugiriera que el moderno tipo humano había existido antes que el debía ser suprimido, y Holmes fue uno de sus principales verdugos. Holmes declaró acerca de los descubrimientos de California: "Es probable que sin un refuerzo positivo, este testimonio gradualmente pierda su fuerza y desaparezca; pero la ciencia no puede permitirse aguardar a este tedioso proceso de selección, y se necesita algún intento por apresurar una decisión". Holmes, Sinclair y otros cumplieron con su parte mediante tácticas muy discutibles. Alfred Russell Wallace, quien comparte con Darwin el crédito de formular la teoría de la evolución por selección natural, expresó su preocupación de que el testimonio de que en el terciario existieran seres humanos anatómicamente modernos solía ser "atacado con todas las armas de la duda, la acusación y la burla". En un detallado estudio del testimonio de la gran antigüedad de los seres humanos en América del Norte, Wallace atribuyó considerable peso al registro de Whitney sobre los descubrimientos efectuados en California de seres humanos y artefactos de piedra de la época terciaria. A la luz de la incredulidad con que fueron recibidos los descubrimientos en la grava aurífera y otros similares entre ciertos científicos, Wallace dijo: "La manera apropiada de tratar los testimonios sobre la antigüedad del hombre es anotarlos y reconocerlos provisionalmente donde sea adecuado en el caso de otros animales; y no, como demasiado a menudo ocurre, pasarlos por alto como indignos de aceptación o someter a sus descubridores a indiscriminadas acusaciones de impostores o víctimas de impostores". No obstante, en la primera parte del siglo XX, el clima intelectual favoreció las opiniones de Holmes y de Sinclair. ¿Artefactos terciarios de piedra similares a los de los modernos seres humanos? Pronto resultó incómodo informar, fuera de moda defender y conveniente olvidar tales cosas. Estas opiniones siguen imperando hoy hasta tal punto que todo descubrimiento que contradiga, así sea ligeramente, las opiniones dominantes acerca de la prehistoria humana es eficazmente suprimido. Evidencia de una cultura avanzada en épocas remotas Hasta este punto, la mayor parte de los testimonios que hemos considerado da la impresión de que aun cuando existieran seres humanos en el pasado remoto, se quedaron en un nivel relativamente primitivo de realizaciones culturales y tecnológicas. Pero podríamos plantear la pregunta siguiente. Si los seres humanos necesitaron mucho tiempo para perfeccionar sus habilidades, ¿por qué no encontramos antiguos artefactos que indiquen una civilización en proceso de avance? En 1863, Charles Lyell expresó esta duda en su libro Antiquity of Man: "En lugar de la más burda alfarería o de herramientas de pedernal [...] hoy estaríamos encontrando formas esculpidas que superaran en belleza a las obras maestras de Fidias o de Praxíteles; líneas férreas enterradas o telégrafos eléctricos, en los cuales nuestros mejores ingenieros pudieran encontrar inapreciables ideas; instrumentos astronómicos y microscopios de construcción más avanzada que los que haya conocido Europa, y otras indicaciones de perfección en las artes y las ciencias". Los siguientes informes no están precisamente a este nivel, pero algunos de los objetos descritos sí nos dan ciertos atisbos de realizaciones inesperadas. Algunos de los objetos no sólo son decididamente más avanzados que las herramientas de piedra, sino que también muchos aparecen en contextos geológicos mucho más antiguos que los que hasta aquí hemos considerado. Los informes de este extraordinario testimonio emanan, con algunas excepciones, de fuentes no científicas. Y a menudo los propios artefactos, que no se han conservado en los habituales Museos de Historia Natural, son imposibles de localizar. Nosotros mismos no estamos seguros de la importancia que debe atribuírsele a este testimonio sumamente anómalo. Pero lo incluimos para que todo esté más completo y para promover nuevos estudios. En este capítulo sólo hemos incluido un muestrario del material publicado que ha estado a nuestro alcance. Y dados los esporádicos informes y que estos descubrimientos tan anómalos rara vez se han conservado, es probable que todo el corpus de informes que hoy existe represente sólo una pequeña parte del número total de esos descubrimientos hechos en los últimos siglos. ARTEFACTOS DE AIX-EN-PROVENCE, FRANCIA En su libro Mineralogy, el conde Boumon registró un descubrimiento sorprendente que habían efectuado unos obreros franceses en la última parte del siglo XVIII. En la descripción de los detalles del descubrimiento Boumon escribió: "Durante los años 1786, 1787 y 1788 estaban ocupados cerca de Aixen-Provence, en Francia, sacando piedras de una cantera para la reconstrucción en gran escala del Palacio de Justicia. La piedra era de caliza de un color gris oscuro y del tipo que cuando se saca de la cantera suele ser blando pero que se endurece al exponerlo al aire. Los estratos estaban separados entre sí por un lecho de arena mezclada con cieno más o menos calcáreo. Las primeras piedras que se sacaron no tenían la apariencia de cuerpos extraños pero, después de que los obreros hubieron arrancado los 10 primeros lechos, al sacar el undécimo se asombraron, al descubrir su superficie interior, a una profundidad de 13 a 18 metros, cubierta de conchas. Una vez removida la piedra de este lecho, mientras estaban quitando un estrato de arena arcillosa, que separaba el undécimo lecho del duodécimo, descubrieron tocones de columnas y fragmentos de piedra semitrabajada, y la piedra era exactamente similar a la de la cantera; además, encontraron monedas, mangos de martillos y otras herramientas o fragmentos de herramientas de madera. Pero lo que más les llamó la atención fue un tablero de cerca de 1 pulgada de espesor y de 3 a 3.5 metros de largo; estaba dividido en muchos fragmentos, ninguno de los cuales faltaba, y fue posible unir unos con otros y restaurar el tablero o placa en su forma original, que era la de los tableros del mismo tipo utilizados por albañiles y por picapedreros: estaba desgastado del mismo modo, redondeado en los bordes". Continuando su descripción el conde Boumon declaró: "Las piedras que se pudieron sacar completas o en partes no habían cambiado su naturaleza, pero los fragmentos del tablero y los instrumentos y pedazos de instrumentos de madera se habían convertido al color del ágata, muy fina y gratamente coloreada. Tenemos aquí, pues, los restos de una obra ejecutada por la mano del hombre, colocada a una profundidad de 17 metros, y cubierta por 11 lechos de piedra caliza compacta: todo tendía a probar que esta obra había sido ejecutada en el lugar en que se encontraron sus restos. Así, la presencia del hombre había precedido muy considerablemente a la formación de esta piedra, ya que había llegado a tal grado de civilización que conocía las artes, trabajaba la piedra y hacía columnas con ella". Estos pasajes aparecieron en el American Journal of Science en 1820; en cambio, hoy no es probable que semejante informe se encuentre en las páginas de una publicación científica; sencillamente, los científicos no toman en serio tales descubrimientos. LETRAS EN UN BLOQUE DE MÁRMOL EN FILADELFIA En 1830, dentro de un sólido bloque de mármol de una cantera situada 18 kilómetros al noroeste de Filadelfia, se descubrieron unas formas similares a letra. El bloque de mármol fue encontrado a una profundidad de 20 a 25 metros. Esto apareció en el American Journal of Science de 1831. Los obreros sacaron capas de gneis, de mica, de hornablenda, de pizarra talcosa y de pizarra de cieno primitivo antes de llegar a la capa en la que se cortó el bloque que contenía esas formas que parecen letras. Mientras estaban aserrando el bloque, los obreros notaron una hendidura rectangular, de unos 3 centímetros de ancho por 0.2 centímetros de alto, que mostraba dos caracteres en relieve (figura 6.1). Llamaron a varios respetables caballeros de la cercana Norristown, Pensilvania, para inspeccionar el objeto. Resulta difícil explicar la formación de los caracteres como productos de procesos físicos naturales. Esto sugiere que los caracteres fueron hechos por seres humanos inteligentes del pasado remoto. Figura 6.1. Formas en relieve, como letras, descubiertas en un bloque de mármol de una cantera de Filadelfia, Pensilvania. El bloque de mármol procedía de una profundidad de unos 20 ó 25 metros. UN CLAVO EN PIEDRA ARENISCA DEVÓNICA, EN ESCOCIA En 1844, sir David Brewster informó que se había descubierto un clavo firmemente encajado en un bloque de piedra arenisca en la cantera de Kingoodie (Mylnfield) en Escocia. El doctor A. W. Medd del British Geological Survey nos escribió en 1985 que esta piedra arenisca es de la "edad de la baja piedra arenisca antigua roja" (devónica, hace 360 a 408 millones de años). Brewster fue un célebre físico escocés, fundador de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, e hizo importantes descubrimientos en el campo de la óptica. En su informe a la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, Brewster declaró: "La piedra de la cantera de Kingoodie está formada por capas alternadas de piedra dura y una sustancia arcillosa blanda llamada 'morena'; los estratos de piedra varían de 6 hasta 12 pulgadas de espesor. El bloque particular en que se descubrió el clavo tenía 9 pulgadas de espesor, y en el proceso de limpiar el bloque en bruto, se descubrió que la punta del clavo se proyectaba (sumamente herrumbrada), cerca de media pulgada dentro de la 'morena'; el resto del clavo yacía a lo largo de la superficie de la piedra hasta cerca de una pulgada de su cabeza, que penetraba directamente en el cuerpo de la piedra". El hecho de que la cabeza del clavo estuviese enterrada en el bloque de piedra arenisca parecería excluir la posibilidad de que el clavo hubiese sido introducido en el bloque después de ser extraído éste. HILO DE ORO EN UNA PIEDRA CARBONÍFERA, INGLATERRA El 22 de junio de 1844 apareció este curioso informe en el Times de Londres: "Hace unos cuantos días, mientras unos obreros estaban tratando de desprender una roca cerca del Tweed, un cuarto de milla más allá de Rutherfordmill, fue descubierto un hila de oro en la piedra a una profundidad de 8 pies". El doctor A. W. Medd del British Geological Survey nos escribió en 1985 diciéndonos que esta piedra es de la época Carbonífera formativa (hace 320 a 360 millones de años). UN VASO METÁLICO EN ROCA PRECÁMBRICA EN DORCHESTER, MASSACHUSETTS El siguiente informe, intitulado "Reliquia de una época pasada" apareció en la revista Scientific American (5 de junio de 1852): "Hace pocos días se produjo una tremenda explosión en la roca de Meeting House Hill, en Dorchester, pocos kilómetros al sur del centro de reunión del reverendo Hall. La explosión arrojó una inmensa masa de rocas, algunas de ellas de varias toneladas, y dispersó fragmentos en todas direcciones. Entre ellas se recogió un recipiente metálico en dos partes, rota por la explosión. Al unir las dos partes formó un recipiente en forma de campana, de 4.5 pulgadas de alto, 6.5 pulgadas en la base, 2.5 pulgadas en la parte superior y cerca de un octavo de pulgada de espesor. El cuerpo de este receptáculo se asemeja, en el color, al cinc, o a un metal de composición, en el cual hay una porción considerable de plata. Al lado muestra seis figuras, o una flor, o un ramillete, bellamente incrustado de plata. La formación, la talla y la incrustación fueron exquisitamente hechas por el arte de algún hábil artesano. Este recipiente extraño y desconocido saltó de la piedra sólida, situada 5 metros bajo la superficie. Hoy se encuentra en posesión del señor John Kettell. El doctor J. V. C. Smith, quien recientemente viajó por el Oriente y examinó centenares de utensilios domésticos curiosos y tiene dibujos de ellos, nunca había visto nada semejante. Ha hecho un dibujo y le ha tornado medidas minuciosamente para presentarlo a los científicos. No cabe ninguna duda de que esta curiosidad brotó de la roca, como antes se dijo; pero, ¿tendrá la bondad el profesor Agassiz, o algún otro hombre de ciencia de decirnos como llegó allí? La cuestión vale la pena de investigar, ya que no hay ningún engaño en este caso". Los directores del Scientific American observaron, con ironía: "Lo anterior procede del Transcript de Boston, y lo que nos preguntamos es cómo el Transcript puede suponer que el profesor Agassiz esté más calificado que John Doyle, el herrero, para decirnos cómo llegó allí. Esto no es una cuestión de zoología, botánica o geología, sino algo relacionado con un antiguo recipiente de metal, tal vez hecho por Tubal Cain, el primer habitante de Dorchester". De acuerdo con un reciente mapa de la zona de Boston-Dorchester, hecho por el United States Geological Survey, la piedra, llamada hoy "conglomerado de Roxbury", es de edad precámbrica, de hace más de 600 millones de años. Según las creencias actuales, la vida empezaba a formarse en este planeta durante el Precámbrico. Pero en el recipiente de Dorchester tenemos una prueba de la presencia de orfebres en América del Norte más de 600 millones de años antes de Leif Erikson. UNA BOLA DE YESO TERCIARIO DE LAON, FRANCIA La edición de abril de 1862 de The Geologist incluía una traducción al inglés de un sorprendente informe de Maximilien Melleville, vicepresidente de la Sociedad Académica de Laon, Francia. En su informe, Melleville describía una redonda pelota de yeso (figura 6.2) descubierta 72 metros bajo la superficie en lechos de lignita del terciario formativo, cerca de Laon. La lignita (a veces llamada "ceniza") es un suave carbón de color café. Los lechos de lignita de Montaigu, cerca de Laon, se encuentran en la base de una colina, y fueron minados por túneles horizontales. El pasaje principal penetra 600 metros en un lecho de lignita. Figura 6.2. Esta pelota de yeso fue descubierta en un lecho de lignita del Eoceno primitivo cerca de Laon, Francia. Sobre la base de su posición estratigráfica. se le puede asignar una fecha de hace 45 a 55 millones de años. En agosto de 1861, unos obreros que estaban haciendo perforaciones en el extremo lejano del pozo, 70 metros bajo la superficie de la colina, vieron un objeto redondo que cayó de lo alto de la excavación. El objeto tenía unos 6 centímetros de diámetro y pesaba 310 gramos. Melleville declaró: "Trataron de ver exactamente que lugar del estrato había ocupado y pudieron afirmar que no procedía del interior de la 'ceniza', sino que estaba encajada en su punto de contacto con el techo de la cantera, donde había dejado una impresión". Los obreros llevaron la bola de yeso a un doctor Lejeune que fue quien informó a Melleville. Entonces declaró Melleville: "Mucho antes de este descubrimiento, los obreros de la cantera me habían dicho que muchas veces habían encontrado pedazos de madera convertida en piedra [...] que llevaban la huella de trabajo humano. Mucho lamento ahora no haber pedido verlos, pero no creí, hasta hoy, que semejante cosa fuera posible". Según Melleville, no había posibilidad de que la pelota de yeso fuese una falsificación: "En realidad, está penetrada en cuatro quintos de su altura por un color negro bituminoso que hacia lo alto se funde en un círculo amarillo y que evidentemente se debe al contacto con la lignita en que durante tanto tiempo estuvo inmersa. Por lo contrario, la parte superior, que estuvo en contacto con el lecho de concha, ha conservado su color natural, el color blanco mate del yeso […] en cuanto a la roca donde se descubrió puedo afirmar que es perfectamente virgen y no muestra ninguna huella de una explotación antigua. Asimismo, el lecho de la cantera estaba intacto en este lugar, y no pudo verse ninguna fisura ni otra cavidad por la cual pudiéramos suponer que esta bola hubiese penetrado desde arriba". Con respecto a la fabricación humana del objeto de yeso, Melleville se mostró cauteloso. Escribió: "A partir de un solo hecho, así sea tan bien establecido, no pretendo sacar la conclusión extrema de que el hombre fuera contemporáneo a la lignita de la cuenca de París [...] mi único objeto al escribir este informe es dar a conocer un descubrimiento tan curioso como extraño, cualesquiera que sean sus consecuencias, sin pretender dar algún tipo de explicación. Me contento con ofrecerlo a la ciencia y aguardaré antes de formarme una opinión al respecto, a que nuevos descubrimientos me den los medios de apreciar el valor de esto en Montaigu". Los directores de Geology escribieron: "Consideramos sabia su resolución de vacilar antes de hacer remontar la edad del hombre al periodo terciario inferior de la cuenca de París, sin nuevos testimonios que lo confirmen". En 1883, Gabriel de Mortillet sugirió que una pieza de yeso blanco rodó en las olas de los mares terciarios que empezaban a penetrar, y que después de volverse redonda, quedó donde luego fue descubierta. Sin embargo, esta no parece una explicación verosímil. Ante todo, la bola tenía rasgos que no parecen obra de la acción de las olas. Melleville informó: "Tres grandes astillas con ángulos agudos también muestran que había permanecido durante el trabajo del bloque de piedra del cual estaba formada, y que sólo fue separada después de terminado, por un golpe al que se debe este tipo de fractura". Si se acepta la acción de las olas como explicación de la general redondez del objeto, esta acción habría debido alisarlos bordes agudos descritos por Melleville. Además lo más probable es que una continua exposición a las olas hubiese desintegrado un pedazo de yeso. De Mortillet declaró que la pelota fue descubierta en un estrato del Eoceno formativo. Si unos seres humanos hicieron esa pelota, debió de haber sido, en Francia, hace 45 a 55 millones de años. Por muy extraordinario que esto pueda parecer a quienes se aferran a las actuales opiniones evolutivas, en cambio esta en armonía con los testimonios que consideramos en este libro. OBJETOS DESCUBIERTOS EN LA PERFORACIÓN DE POZOS EN ILLINOIS En 1871, William E. Dubois, de la Institución Smithsoniana, informó sobre varios objetos hechos por la mano del hombre, descubiertos en Illinois en niveles profundos. El primer objeto era una cuasimoneda de cobre (figura 6.3) de Lawn Ridge, en el condado de Marshall, Illinois. En una carta enviada a la Institución Smithsoniana, J. W. Moffit informó que en agosto de 1870 estaba perforando un pozo con un "taladro común", y que al subir el taladro desde una profundidad de 43 metros, descubrió el objeto similar a una moneda "sobre el taladro". Para descender a 43 metros, Moffit perforó los siguientes estratos: 1 metro de tierra; 3 metros de arcilla amarilla; 12 metros de arcilla azulada; 1.5 metros de cieno, arena y grava; 6.5 metros de arena rojiza; 3.3 metros de capa rocosa dura; casi 3 metros de arcilla verde; 60 centímetros de capa vegetal; 80 centímetros de arcilla amarilla; 60 centímetros de tierra rocosa dura y 6.5 metros de arcilla mezclada. Figura 6.3. Este objeto, similar a una moneda, procedente de un pozo cerca de Lawn Ridge, Illinois, fue encontrado a una profundidad cerca de 35 metros bajo la superficie. Según información del Illinois State Geological Survey, los depósitos que contenían la moneda tenían entre 200 000 y 400 000 años de antigüedad. En 1881, también A. Winchell describió el objeto parecido a una moneda. Winchell citó una carta de W. H. Wilmot, quien enumeró una secuencia de estratos apenas distinta de la que había mencionado Moffit. Wilmot informó que la cuasimoneda había sido descubierta en el pozo de perforación a una profundidad de 36 metros, y no de 43 metros. Utilizando la secuencia de estratos ofrecida por Winchell, el Illinois State Geological Survey nos dio una estimación de la edad de los depósitos, a 35 metros de profundidad. Se habrían formado durante el interglacial yarmouthiano, "en algún momento hace 200 000 a 400 000 años". W. E. Dubois dijo que la forma de la cuasimoneda era "poligonal, casi circular", y que burdamente presentaba figuras e inscripciones en ambas caras. Las inscripciones estaban en un lenguaje que Dubois no pudo reconocer, y la apariencia de la cuasimoneda difería de la de toda moneda conocida. Dubois concluyó que la moneda debió ser hecha en un taller. Observando su grosor uniforme, dijo que la moneda debió de pasar "por una laminadora; y si los indios antiguos tenían semejante aparato, debió de ser prehistórico". Ademas Dubois informó que la moneda probablemente fue cortada con buril o cincel, y rebajados los bordes afilados. La cuasimoneda descrita sugiere la existencia de una civilización de hace al menos 200 000 años en América del Norte. Pero según se cree, los seres lo bastante inteligentes para hacer y utilizar monedas (Homo sapiens sapiens) vivieron no hace más de 100 000 años. Según las opiniones prevalecientes, las monedas de metal se utilizaron por primera vez en Asia Menor durante el siglo VIII a.C. Moffit también informó que se descubrieron otros artefactos en el cercano condado de Whiteside, Illinois. A una profundidad de 40 metros, unos obreros descubrieron "un gran anillo o férula de cobre, similar a los que en la actualidad se usan en los mástiles de los barcos [...] también descubrieron algo formado como un bichero*". El señor Moffit añadió: "Hay muchos ejemplos de vestigios descubiertos a profundidades menores. Un hacha de hierro, similar a una lanza, fue desenterrada del barro a 13 metros; y en muchas localidades se han desenterrado tubos de piedra y piezas de alfarería de profundidades que variaban entre 3 y 13 metros". En septiembre de 1984, el Illinois State Geological Survey nos escribió diciéndonos que la edad de los depósitos situados a 40 metros en el condado de Whiteside variaba mucho. En algunos lugares se podían encontrar depósitos, a 40 metros, de sólo 50 000 años de antigüedad, mientras que en otros se encontraba roca silúrica de 410 millones de años. * Bichero. Asta larga con un hierro de punta y gancho que sirve, en las embarcaciones menores, para atracar o desatracar (N. del R.). UNA IMAGEN DE BARRO DE NAMPA, IDAHO Una pequeña imagen humana, de barro, hábilmente formada fue descubierta en 1889, en Nampa, Idaho (figura 6.4). La figurilla procedió del nivel de 100 metros de un pozo perforado. En 1912 escribió G. F. Wright: "Los antecedentes del pozo muestran que al llegar al estrato en que se recuperó la imagen, habían penetrado, primero, cerca de 15 metros de barro, luego otros 5 metros de basalto y que después pasaron por lechos alternados de barro y de tierra arenisca [...] hasta llegar a una profundidad de cerca de 100 metros cuando la bomba de arena empezó a sacar incontables bolas de barro, algunas de ellas de más de 2 pulgadas de diámetro, densamente cubiertas de óxido de hierro. En la parte inferior de este estrato había huellas de una superficie de tierra quemada, sobre la cual había una ligera acumulación de tierra vegetal. Desde este punto se hizo subir la imagen desde una profundidad de 107 metros. Poco más abajo, se llegó a la roca". En cuanto a la figurilla, observó Wright: "La imagen en cuestión está hecha del mismo material que las bolas de barro mencionadas y tiene cerca de 1.5 pulgadas de longitud; es notable por la perfección con que representa la forma humana [...] era una figura femenina, y tenía unos vivos lineamientos, en las partes en que estaba terminada, que darían crédito a los centros clásicos del arte". Figura 6.4. Figurilla procedente de un pozo de Nampa, Idaho. Este objeto es de antigüedad Pliopleistocénica: cerca de 2 millones de años. "Al mostrar el objeto al profesor F. W. Putnam", Wright nos dice, “él al punto me llamó la atención hacia el carácter de las incrustaciones de hierro que había en la superficie, indicativas de una reliquia de considerable antigüedad. En los lugares protegidos había manchas de óxido anhidro de hierro rojo que no habrían podido formarse sobre ningún objeto fraudulento. Al visitar la localidad en 1890, y sobre el terreno, tuve especial cuidado de comparar la decoloración del óxido de la imagen con el que había en las bolas de barro que aún se encontraban entre los desechos que habían subido del pozo, y comprobé que no podían ser más idénticas. Estos testimonios de confirmación, relacionados con el carácter muy satisfactorio del testimonio dado por las partes que hicieron el descubrimiento, y confirmado por el señor G. M. Cumming, de Boston (en aquel entonces superintendente de esa división de la Oregon Short Line Railroad, quien conocía todas las partes y que se encontró en el lugar un día o dos después del descubrimiento) hacían que lo auténtico del hallazgo estuviese fuera de toda duda razonable. A este testimonio debe añadirse asimismo la general concordancia del objeto con otros vestigios del hombre que se han encontrado bajo los depósitos de lava en la costa del Pacífico. Al comparar la figurilla no deja de llamar la atención su semejanza con incontables 'figurillas aurinacienses' descubiertas en cavernas prehistóricas de Francia, Bélgica y Moravia. Especialmente notable es su semejanza con 'La Venus impúdica' de Laugerie Basse". La imagen de Nampa también se asemeja a la célebre Venus de Willendorf a la que se le atribuyen 30 000 años de antigüedad (figura 6.5). Wright, que también examinó el agujero de la perforación, para ver si la figurilla había podido deslizarse desde un nivel superior, declaró: "Para responder a las objeciones, habrá que presentar los hechos más completos. El pozo tenía 6 pulgadas de diámetro y se le había colocado un pesado tubo de hierro, que se hizo descender, y se atornilló, sección por sección, conforme se iba avanzando. Así, era imposible que nada entrara por los lados. La perforadora no fue utilizada después de penetrar en el depósito de lava cercano a la superficie, pero el tubo sí fue impulsado hacia abajo, y el material se sacaba, de cuando en cuando, mediante el uso de una bomba para arena". Como respuesta a nuestras preguntas, el United States Geological Survey declaró en una carta que la capa de barro situada a una profundidad de más de 100 metros es "probablemente de la formación Glenns Ferry, del grupo del alto Idaho, en general considerado como de la época del Pliopleistoceno". Se considera que el basalto situado encima de la formación Glenns Ferry es del Pleistoceno medio. Aparte del Homo sapiens sapiens, no sabe de ningún homínido que haya formado obras de arte como la figurilla de Nampa. Por tanto, ese testimonio sugiere que unos seres humanos del tipo moderno vivían en América hace cerca de 2 millones de años, en el límite entre el Plioceno y el Pleistoceno. Figura 6.5. La Venus de Willendorf, de Europa, a la que se le atribuyen 30 000 años. El hecho de que la figurilla de Nampa viene a poner en duda el cuadro evolutivo fue observado por W. H. Holmes, de la Institución Smithsoniana. En 1919 Holmes escribió en su Handbook of Aboriginal American Antiquities: "Según vemos, la formación donde estaba operando esa bomba es de fines del terciario o principios del cuaternario; y la aparente inverosimilitud de que apareciera una figura humana bien modelada en depósitos de tan enorme antigüedad ha producido graves dudas acerca de su autenticidad. Resulta interesante notar que la época de este objeto, suponiendo que sea auténtico, corresponde a la del hombre incipiente cuyos huesos fueron descubiertos en 1892 por Dubois, en formaciones de fines del terciario o comienzos del cuaternario, en Java". Vemos aquí que, de nuevo, el descubrimiento del hombre de Java -que a su vez es dudoso- se aprovecha para rechazar el testimonio de unos seres humanos de habilidades modernas en tiempos antiquísimos. Al parecer se daba tal privilegio a la hipótesis evolutiva, que todo testimonio que la contradijera tenía que ser automáticamente rechazado. Pero aunque Holmes dudó de que unos seres capaces de formar la imagen de Nampa hubiesen podido existir al mismo tiempo que el primitivo hombre-mono de Java, vemos que en la actualidad varios seres humanos, de diversos niveles de habilidad tecnológica, coexisten en África con gorilas y chimpancés. Sigue diciendo Holmes: "Al igual que los descubrimientos hechos en la grava aurífera de California, si este se toma por su valor aparente, también establece una antigüedad tan grande para la cultura neolítica en América que vacilamos en aceptarla sin mayor confirmación. Aunque pueda haber sido descubierto como se informó, queda la posibilidad de que no fuese una inclusión original bajo la lava. No es imposible que un objeto de este carácter hubiese podido descender de la superficie, cayendo por alguna grieta o curso de agua que penetrara los lechos de lava, y que fuera llevado por depósitos de tierra arenisca, ayudado por aguas subterráneas, hasta el lugar en que fue descubierto por la perforadora". Resulta instructivo notar hasta dónde esta dispuesto a llegar un científico como Holmes, en su afán de rechazar un testimonio que va en su contra. Sin embargo, debemos tener presente que cualquier testimonio, incluso el hoy utilizado en apoyo de la teoría de la evolución, podría ser rechazado de esta misma manera. En esta declaración de Holmes, podemos encontrar una barrera a la suposición de que la imagen de Nampa hubiese sido recién fabricada por indios y que de alguna manera hubiese llegado abajo, desde la superficie: "Sin embargo, debe observarse que unas formas de arte sumamente análogas a esta figura deben buscarse lejos, pues ni la pendiente del Pacífico por el oeste ni la región Pueblo en el sur han producido imágenes modeladas de la figura humana de un carácter similar o de igual mérito artístico. UNA CADENA DE ORO EN UNA ZONA CARBONÍFERA DE MORRISONVILLE, ILLINOIS El 11 de junio de 1891 informó The Morrisonville Times: "Un curioso hallazgo fue sacado a la luz el pasado martes por la mañana, por la señora S. W. Culp. Cuando estaba rompiendo un pedazo de carbón para ponerlo en la estufa, descubrió incrustado en él una forma circular, una pequeña cadena de oro, de unas 10 pulgadas de longitud, de una talla antigua y extraña. Al principio, la señora Culp creyó que la cadena había caído accidentalmente en el carbón, pero al tratar de levantarla, vio que no era así, pues al romperse el pedazo de carbón se separó casi por la mitad, y la posición circular de la cadena colocó los dos extremos cerca el uno del otro, y al separarse el pedazo de carbón, quedó libre el centro de la cadena, mientras que cada uno de los extremos permanecía fijo en el carbón. Esta es materia de estudio para los estudiantes de arqueología a quienes les gusta devanarse el cerebro sobre la construcción geológica de la tierra, en cuyas antiguas profundidades siempre se encuentran cosas curiosas. Se supone que el pedazo de carbón del que se tomó la cadena procede de las minas de Taylorville o de Pana [Illinois del sur], y, casi nos deja sin aliento pensar por cuántas larguísimas épocas la tierra ha estado formando estrato sobre estrato y ocultó estos eslabones de oro. La cadena era de oro de ocho quilates y pesó ocho escrúpulos". En una carta enviada a Ron Calais, la señora Vernon W. Lauer, que acababa de ocupar la dirección de The Morrisonville Times, declaró: "El señor Culp fue director y publicista del Times en 1891. La señora Culp, quien hizo el descubrimiento, se mudó a Taylorville después de la muerte de su esposo; volvió a casarse, y su muerte ocurrió el 3 de febrero de 1959". Calais dijo a nuestro investigador ayudante (Stephen Bernath) que tenía informes de que la cadena fue entregada a uno de los parientes de la señora Culp después de la muerte de ella, pero Calais no pudo seguirle ya el rastro. El Illinois State Geological Survey ha dicho que el carbón donde se encontró la cadena de oro tiene de 260 a 320 millones de años de antigüedad, lo que plantea la posibilidad de que hubiera unos seres humanos avanzados en América del Norte en aquel tiempo. PIEDRA TALLADA DE LA MINA DE CARBÓN DE LEHIGH, CERCA DE WEBSTER, IOWA El número del 2 de abril de 1897 del Daily News de Omaha, Nebraska, llevaba un artículo intitulado "Piedra tallada, descubierta en una mina", en el que se describe un objeto procedente de una mina cercana a Webster City, Iowa. Dice así: "Mientras se sacaba carbón, hoy, en la mina de Lehigh, a una profundidad de 43 metros, uno de los mineros tropezó con un pedazo de piedra que le desconcertó y cuya presencia no pudo explicar en el fondo de la mina de carbón. La piedra es de un color gris oscuro, de unos 60 centímetros de longitud, 30 centímetros de anchura y unos 10 centímetros de espesor. En la superficie de la piedra, que es sumamente dura, tiene trazadas unas líneas, en ángulos que forman unos diamantes perfectos. El centro de cada diamante es una cara, bastante bien trazada, de un anciano, con una muesca peculiar en la frente que aparece en cada una de las imágenes, que son notablemente similares. De las caras, todas menos dos miran hacia la derecha.¿Cómo llegó la piedra a su posición bajo el estrato de piedra arenisca, a una profundidad de 43 metros? Tal es una pregunta que los mineros no intentan siquiera responder. Donde fue descubierta la piedra, los mineros están seguros de que la tierra nunca había sido removida". Las investigaciones efectuadas en la Oficina de Conservación Histórica del Estado y en la Oficina de Arqueología Estatal de la Universidad de Iowa no revelaron nada nuevo. Este carbón de Lehigh probablemente sea de la era Carbonífera. UNA COPA DE ACERO DE UNA MINA DE CARBÓN DE OKLAHOMA El 10 de enero de 1949, Robert Nordling envió la fotografía de una copa de hierro a Frank L. Marsh de la Andrews University, en Berrien Springs, Michigan. Nordling escribió: "Visité el museo de un amigo, en el sur de Missouri. Entre sus curiosidades, tenía la copa de hierro que aparece en la fotografía anexa". En el museo privado, la copa de hierro se había exhibido junto con la siguiente declaración hecha por Frank J. Kenwood en Sulphur Springs, Arkansas, el 27 de noviembre de 1948: "Estando yo trabajando en la Planta Eléctrica Municipal en Thomas, Oklahoma, en 1912, tropecé con un sólido pedazo de carbón, demasiado grande para aprovecharlo. Lo rompí con un martillo mecánico. Este recipiente de hierro cayó del centro, dejando la impresión o molde en el pedazo de carbón. Jim Stall (empleado de la compañía) presenció la ruptura del pedazo de carbón, y vio caer el recipiente. Seguimos el rastro del carbón y descubrimos que procedía de las minas de Wilburton, Oklahoma". Según Robert O. Fay, del Oklahoma Geological Survey, la mina de carbón de Wilburton tiene unos 312 millones de años de antigüedad. En 1966, Marsh envió la foto de la copa y la correspondencia relacionada con ella a Wilbert H. Rusch, profesor de biología del Concordia College, en Ann Arbor, Michigan. Declaró Marsh: "Adjuntas van la carta y la foto que me envió Robert Nordling hace unos 17 años. Cuando me interesé lo bastante en este cacharro (cuyo tamaño podrá suponerse comparándolo con el asiento de la silla en que se apoya), uno o dos años después supe que este 'amigo' de Nordling habrá muerto y que su museo se había dispersado. Nordling no conocía el paradero de la copa de hierro. Se necesitaría el sabueso más alerta para ver si podía descubrirlo [...] si esta copa es lo que se dijo bajo juramento, resulta un artefacto de suma importancia. Es un hecho lamentable que un testimonio como esta copa de hierro se pierda al pasar de mano en mano entre personas que no tienen completa conciencia de su importancia". LA SUELA DE UN ZAPATO, EN NEVADA El 8 de octubre de 1922, la sección de American Weekly del New York Sunday American presentó un artículo importante intitulado "El misterio de la 'suela' petrificada de 5 millones de años de antigüedad", por el doctor W. H. Ballou: "Hace algún tiempo, mientras buscaba fósiles en Nevada, John T. Reid, distinguido ingeniero en minas y geólogo, de pronto se detuvo y miró hacia abajo, totalmente asombrado, una piedra que había cerca de sus pies, pues allí, como parte de la piedra misma, ¡había lo que le pareció la huella de un pie humano! (figura 6.6). Una inspección más detenida le mostró que no era la huella de un pie descalzo sino, que al parecer, era la suela de un zapato, que se había convertido en piedra. Le faltaba la parte delantera. Pero estaba el perfil al menos de dos tercios, y a su alrededor, corría lo que parecía un cordón que hubiese unido el zapato a la suela. más adelante se encontraba otra línea de costura y en el centro, donde el pie se habría apoyado, si el objeto realmente hubiese sido una suela, había una hendidura, exactamente como la que dejaría el hueso del talón en el material desgastado de que se había formado la suela. De esta manera se descubrió un fósil que constituye el más grande misterio de la ciencia actual; pues la roca en que se descubrió tiene al menos 5 millones de años de antigüedad". Figura 6.6. Suela parcial, en roca triásica de Nevada. El Triásico transcurrió entre hace 213 y 248 millones de años. Reid llevó el espécimen a Nueva York, donde trató de llamar la atención de otro científico. Nos dice: "Al llegar a Nueva York mostré este fósil al doctor James F. Kemp, geólogo de la Universidad Columbia; a los profesores H. F. Osborn. W. D. Matthew y E. O. Hovey. del Museo Americano de Historia Natural. Todos ellos llegaron a la misma conclusión. en efecto: que era la imitación natural más notable de un objeto artificial que jamás hubiesen visto. Sin embargo. estos expertos convinieron en que la formación de la piedra era triásica. y los fabricantes de zapatos convinieron en que. originalmente. el espécimen era una suela hecha a mano. El doctor W. D. Matthew escribió un breve informe sobre el hallazgo, declarando que. aunque tenía todas las características de una suela de zapato. incluso las costuras que se le habían hecho, era una imitación notable, un lusus naturae o 'fenómeno de la naturaleza·... De manera sorprendente una investigación que efectuamos en el Museo Americano de Historia Natural nos dio como resultado conocer que el informe de Matthew no se encuentra en sus archivos. Pese al rechazo de Matthew. Reid persistió: "Entonces conseguí un microfotógrafo y un químico analista del Instituto Rockefeller, quienes, por su cuenta -para que no fuese asunto del Instituto-, tomaron fotos e hicieron análisis del espécimen. El análisis demostró [ya no existe] toda duda de que esa suela hubiese estado sometida a una fosilización triásica [...] Las amplificaciones de las microfotos son 20 veces más grandes que el propio espécimen, y muestran hasta el más mínimo detalle los giros y vueltas del hilo. Lo que prueba de manera concluyente que la suela no es una semejanza sino, estrictamente, obra del hombre. Aun a simple vista pueden verse claramente los hilos y los lineamientos definitivamente simétricos de la suela. Dentro del borde y paralela a el hay una línea que parece regularmente perforada. como para las puntadas. Puedo añadir que al menos dos geólogos. cuyos nombres sonaran algún día. han reconocido que la suela es válida. una auténtica fosilización en rocas triásicas". A la roca triásica donde se encontró la suela fósil se le atribuyen hoy mucho más de 5 millones de años de antigüedad. Hoy. en general. se fecha el periodo Triásico entre 213 y 248 millones de años de antigüedad. UNA PARED EN UNA MINA DE OKLAHOMA W. W. McCormick. de Abilene, Texas. informó que su abuelo había descubierto una pared de piedra en las profundidades de una mina de carbón: "En el año de 1928, yo, Atlas Almon Mathis, estaba trabajando en la mina de carbón número 5, situada 3 kilómetros al norte de Heavener, Oklahoma. Era una mina de pozo. y nos dijeron que tenía 3 kilómetros de profundidad. La mina era tan profunda que nos hicieron descender en un elevador [...] nos mandaban aire por medio de una bomba, pues era muy profunda". Este informe fue reproducido en un libro de Brad Steiger. Una tarde, Mathis estaba sacando carbón suelto por medio de explosivos en la "sala 24" de esta mina. Nos dice: "A la mañana siguiente había varios bloques de concreto tirados en la sala. Estos bloques eran unos cubos de 12 pulgadas, tan pulidos y limpios por fuera que sus seis lados habrían podido servir como espejos. Y sin embargo, estaban llenos de grava, porque yo abrí uno de ellos con mi pico, y dentro había concreto". Añadió Mathis: "Cuando empecé a sostener con vigas el techo de la sala, se desplomó, y apenas logré escapar. Cuando volví después del desplome, vi expuesta una pared sólida de estos bloques pulidos. A unos 100 ó 50 metros más abajo de nuestra entrada de aire, otro minero chocó con esta misma pared, o con otra similar". El carbón de la mina probablemente era del Carbonífero, lo que significaría que esa pared tenía al menos 286 millones de años de antigüedad. Según Mathis, los funcionarios de la empresa minera inmediatamente sacaron a los hombres de la mina y les prohibieron hablar de lo que habían visto. Esta mina fue cerrada en el otoño de 1928, y el personal se fue a la mina número 24, cerca de Wilburton, Oklahoma. Mathis dijo que los mineros de Wilburton hablaron de haber descubierto "un sólido bloque de plata en forma de barril [...] que mostraba huellas de cuchilladas". El carbón de Wilburton se formó de hace 280 a 320 millones de años. Se reconoce que estos son relatos muy extraños, acompañados por muy pocas pruebas. Pero sí se habla de esos relatos, y nos preguntamos cuantos de ellos circulan y si alguno será verdad. En un libro de M. K. Jessup, recientemente encontramos el siguiente relato de una pared en una mina de carbón: "Se dice [...] que James Parsons y sus dos hijos exhumaron una pared de pizarra en una mina de carbón en Hammondville, Ohio, en 1868. Era una pared grande y pulida, que quedó al descubierto cuando de ella se desprendió una gran masa de carbón, y en su superficie, tallada en altorrelieve había varias líneas de jeroglifos". Desde luego, tales relatos podrían ser exageraciones, pero también podrían ser claves para una investigación interesante. La anterior recopilación de descubrimientos que pueden indicar un nivel relativamente alto de civilización en épocas muy remotas fue hecha a base de informes publicados en el siglo XIX y comienzos del XX, pero hasta hoy en día siguen surgiendo informes similares. Analizaremos algunos de ellos. Figura 6.7. Tubo metálico descubierto en Saint-Jean de Livet, Francia, en un lecho de yeso de hace 65 millones de años. TUBOS METÁLICOS EN TIZA, EN FRANCIA Y. Druet y H. Salfati anunciaron en 1968 el descubrimiento de unos tubos metálicos semiovoides, de idéntica forma pero de distintos tamaños, en tiza del Cretáceo (figura 6.7). Nuestra fuente informativa es Ancient Man: A Handbook of Puzzling Artifacts, de William R. Corliss. Al lecho de tiza, expuesto en una cantera de Saint-Jean de Livet, Francia, se le calculan por lo menos 65 millones de años. Habiendo considerado y eliminado varias hipótesis, Druet y Salfati llegaron a la conclusión de que hace 65 millones de años vivieron unos seres inteligentes. En busca de más información, escribimos al Laboratorio de Geomorfología de la Universidad de Caen, al cual, según informes, habían entregado sus especímenes Druet y Salfati, pero no hemos recibido respuesta. Invitamos a nuestros lectores a comunicarnos cualquier información que tengan acerca de este caso o de casos similares, para incluirla en futuras ediciones de este libro. Figura 6.8. Izquierda: huella en forma de zapato descubierta por William Meister en esquisto cámbrico cerca de Antelope Spring, Utah (la fotografía es nuestra). De ser auténtica, la huella tendría más de 505 millones de años. Derecha: delineada en blanco, la huella de Meister no es distinta de la forma de un zapato moderno. LA HUELLA DE UN ZAPATO EN ESQUISTO DE UTAH En 1968, William J. Meister, dibujante y aficionado a recoger trilobites, informó haber visto una huella de zapato en el Wheeler Shale cerca de Antelope Spring, Utah. Esta huella en forma de suela de zapato (figura 6.8) y su molde quedaron al descubierto cuando Meister abrió un bloque de esquisto. Claramente visibles dentro de la huella se hallaron los restos de trilobites, extintos artrópodos marinos. El esquisto que contenía la huella y los fósiles de trilobites proceden del Cámbrico y, por tanto, deben de tener entre 505 y 590 millones de años de antigüedad. Meister describió la antigua huella, en forma de suela, en un artículo que apareció en el Creation Research Society Quarterly: "La huella del tacón estaba hendida en la roca, cerca de una pulgada más profunda que la suela. La huella del pie era claramente la de un pie derecho, porque la sandalia estaba desgastada del lado derecho del tacón, en forma característica". Meister aportó la siguiente información adicional, muy importante: "El 4 de julio acompañé al lugar del descubrimiento al doctor Clarence Coombs, del Columbia Union College, de Tacoma, Maryland, ya Maurice Carlisle, geólogo graduado de la Universidad de Colorado en Boulder. Después de excavar durante un par de horas, el señor Carlisle descubrió una capa de cieno que, según dijo, era muy posible que pudiera contener huellas fósiles, pues este descubrimiento demostraba que esa formación había estado, en un tiempo, en la superficie". Informados del descubrimiento de Meister, los científicos a veces mostraron su rechazo con desdén. Esto es evidente en la correspondencia privada que nos entregó George F. Howe, de Los Angeles Baptist College, quien nos pidió que lo mantuviéramos en el anonimato. Un geólogo de la Universidad Brigham Young, muy familiarizado con la región de Antelope Springs, escribió en 1981 que esa huella representaba "un desgaste curioso que personas mal informadas interpretaron erróneamente como formas fósiles". Interrogado acerca de la huella de Meister, un profesor de biología evolutiva de una Universidad de Michigan declaró: "No conozco bien el caso del trilobite [...] pero mucho me sorprendería que este no fuese otro caso de falsificación o de errónea representación caprichosa. No existe un solo caso en que se haya confirmado una yuxtaposición de este tipo. Hasta hoy el registro fósil es una de las mejores pruebas de que la evolución ha ocurrido. Yo coloco en la misma categoría a los creacionistas [personas que creen que todo el mundo fue creado por Dios de una sola vez] y a los que creen que la Tierra es plana. Simplemente no quieren creer en los hechos ni en las pruebas indudables. No hay mucho que podamos hacer con esa gente [...] nada ha surgido en años recientes para refutar el hecho de que la evolución ha ocurrido y sigue ocurriendo, digan lo que digan los creacionistas que se declaran científicos. Nunca deja de asombrarme la capacidad de ciertos individuos de nuestra sociedad para dejarse engañar y lavar el cerebro, voluntaria o involuntariamente, por nuestros medios de información y por ciertos líderes". El biólogo evolutivo reconoció que no estaba familiarizado con "los hechos y las pruebas indudables" relacionadas con la huella de sandalia de Meister, como para emitir un juicio. Por tanto, fue culpable del mismo pecado del que acusó a los creacionistas. Nosotros no necesariamente aceptamos como auténtica la huella de Meister, pero sí creemos que se le debe evaluar por sus propios méritos, y no sobre la base de prejuicios inflexibles. William Lee Stokes, biólogo y geólogo de la Universidad de Utah, examinó la huella de Meister poco después de ser descubierta. Declaró: "Después de ver el espécimen, expliqué al señor Meister por qué no podía aceptarlo como huella y por qué los geólogos, en general, no lo aceptarían. Por lo menos, esperaríamos que una verdadera huella fuese parte de una secuencia que mostrara huellas del pie derecho y del izquierdo un tanto regularmente espaciadas, del mismo tamaño y avanzando regularmente en una misma dirección [...] resulta significativo que no se obtuvieran otras huellas correspondientes. No conozco ningún ejemplo en que se haya aceptado una sola impresión, y de que se haya informado de ella en una publicación científica como huella auténtica, por muy bien conservada que esté". Pero en un artículo aparecido en el Scientific American, en 1969, H. de Lumley habló de una sola huella, al parecer humana, de un sitio de habitación del Pleistoceno medio, en Terra Amata, en el sur de Francia. Añadió Stokes: "Una auténtica huella de pie también mostraría un desplazamiento o aplastamiento al lado del material blando oprimido por el pie [...] por mi examen de este espécimen puedo decir que no vi ninguna prueba de aplastamiento o de que se apartara material de la matriz". En 1984, uno de nosotros (Thompson) visitó a Meister en Utah. Después de una detallada inspección de la huella ésta no reveló ninguna razón obvia por la que no se le pudiese aceptar como auténtica. Con respecto al aplastamiento a un lado de la matriz, mucho depende de la consistencia de la matriz y de la naturaleza del objeto que deja la huella. Los contornos redondeados de un pie descalzo dan como resultado mayor desplazamiento fuera de la matriz que los marcados bordes de las suelas del calzado. Hemos observado que tanto los zapatos como las sandalias pueden dejar impresiones muy marcadas en la arena de playa, relativamente compacta y casi siempre húmeda, con muy pocas señales de desplazar material fuera de la matriz. El esquisto, piedra en que quedó grabada la huella de Meister, se forma por una consolidación de barro, lodo o sedimento. Se puede examinar microscópicamente la estructura de grano del esquisto dentro de la parte de la huella para determinar si hay o no algún testimonio de que la huella no fue causada por una presión desde arriba. Stokes llegó a la conclusión de que el espécimen de Meister era el resultado de un descantillamiento, una fracturación natural de la piedra, y declaró que el Departamento de Geología de la Universidad de Utah tenía en su colección varios productos de escantillamiento, similares algunos de ellos a huellas de pies. Habría que ver estos especímenes para juzgar si realmente se asemejan a huellas de pies tanto como se asemeja el espécimen de Meister. La forma de la huella de Meister, como pudimos verlo mediante inspección visual y análisis por computadora, coincide casi exactamente con la de la huella de un zapato moderno. Además de todo, el escantillamiento ocurre normalmente en las superficies de piedra. En cambio, la huella de Meister fue descubierta en el interior de un bloque de esquisto. De manera reveladora, el esquisto en la parte de la huella es de una textura más burda que el esquisto de las otras partes de la superficie del bloque escindido, lo que parece sugerir que la piedra no se partió allí accidentalmente, sino por una línea de falla a lo largo del límite de las dos texturas. Por tanto, podría proponerse la tesis de que un zapato antiguo causó esta zona débil en forma de zapato. o bien la zona débil pudo resultar de alguna otra causa desconocida, caso en el cual la forma de zapato resulta enteramente una coincidencia. Pero esto sería un capricho bastante notable de la naturaleza, pues la huella no se aparta ni aun ligeramente de la forma de un zapato auténtico. La huella de Meister, como testimonio de la presencia humana en el pasado remoto, resulta ambigua. Algunos científicos han rechazado esa huella después de un examen muy sumario. Otros la han rechazado sin verla, simplemente porque la época cámbrica lo proscribe dentro de lo que podría esperarse según la teoría evolutiva. Sin embargo, nosotros sugerimos que aún no se han agotado los recursos de la investigación empírica, y que la huella de Meister es digna de mayor investigación. UNA ESFERA ACANALADA DE SUDÁFRICA En los últimos decenios, mineros sudafricanos han descubierto centenares de esferas metálicas; al menos una de ellas tiene tres acanaladuras paralelas en torno de su ecuador (figura 6.9). Según un artículo de J. Jimison, las esferas son de dos tipos: "Una es de un metal sólido, azulado, con puntos blancos, y otra es una bola hueca, rellena de un centro blanco esponjoso". Roelf Marx, curador del Museo de Klerksdorp, Sudáfrica, donde se encuentran las esferas, afirmó: "Las esferas son un completo misterio. Parecen hechas por la mano del hombre, y sin embargo, en la época de la historia de la Tierra en que quedaron en la roca no existía aun vida inteligente. Nunca hemos visto nada semejante". Escribimos a Roelf Marx pidiendo más información acerca de las esferas. Nos contestó en una carta fechada el 12 de septiembre de 1984: "No se ha publicado nada científico acerca de los globos, pero los hechos son estos: se encuentran en pirofilita, que se obtiene de una mina cerca del poblado Ottosdal en el Transvaal occidental. Esta pirofilita es un mineral secundario sumamente blando, con una nota de sólo 3 en la escala de Mohs, y fue formada por sedimentación hace unos 2800 millones de años. Por otra parte, los globos, que tienen una estructura fibrosa en la parte interior, con una concha a su alrededor, son muy duros y no se les puede raspar ni aun con acero". La escala de dureza de Mohs recibe su nombre de Friedrich Mohs, quien eligió 10 minerales como puntos de referencia para la dureza comparativa, siendo el más blando el talco (1) y el más duro el diamante (10). En la carta que nos envió Marx nos dice que A. Bisschoff, profesor de geología de la Universidad de Potchefstroom, le dijo que las esferas eran "concreciones de limonita". La limonita es una especie de mineral de hierro. Una concreción es una masa rocosa compacta y redondeada, formada por una cimentación localizada en torno de un núcleo. Un problema de la hipótesis de que los objetos son concreciones limonita se refiere a su dureza. Como ya se observó, no es posible raspar esas esferas metálicas ni siquiera con una punta de acero, lo que indica que son sumamente duras. Pero las habituales referencias a los minerales declaran que la limonita sólo recibe una calificación de 4 a 5.5 en la escala de Mohs, lo que indica un grado relativamente bajo de dureza. Además, las concreciones de limonita suelen presentarse en grupos, como masas de burbujas de jabón unidas. Al parecer no suelen aparecer aisladas ni perfectamente redondas, como es el caso de los objetos en cuestión. Tampoco suelen aparecer con acanaladuras paralelas a su alrededor (figura 6.9). Para los fines de este estudio, es la esfera con tres acanaladuras paralelas en torno de su ecuador la que más nos interesa. Aun si se concede que la propia esfera es una concreción de limonita, todavía deberemos explicar los tres canales paralelos. A falta de una explicación natural satisfactoria, el testimonio resulta un tanto misterioso, lo que deja abierta la posibilidad de que la esfera con acanaladuras de Sudáfrica -descubierta en un depósito mineral de 2 800 millones de años de antigüedad- fuese hecha por un ser inteligente. Figura 6.9. Una esfera metálica de Sudáfrica, con tres acanaladuras paralelas en torno de su ecuador. La esfera fue descubierta en un depósito de mineral precámbrico, al que se atribuyen 2 800 millones de años de antigüedad. Restos anómalos de esqueletos humanos Durante el siglo XIX y comienzos del XX, varios científicos descubrieron numerosas herramientas de piedra y otros artefactos en formaciones sumamente antiguas. También descubrieron restos de esqueletos humanos, anatómicamente modernos, en contextos geológicos igual de antiguos. Aunque estos huesos humanos originalmente fueron objeto de una atención considerable, hoy son prácticamente desconocidos. La mayor parte de la bibliografía nos deja la impresión de que, tras el descubrimiento del primer hombre de Neanderthal en el decenio de 1850, no volvieron a encontrarse restos importantes de esqueletos, hasta el descubrimiento del hombre de Java en el decenio de 1890. EL FÉMUR DE TRENTON El 1 de diciembre de 1899, Ernest Volk, coleccionista que trabajaba para el Museo Peabody de Arqueología y Etnología Estadounidenses de la Universidad de Harvard, descubrió un fémur humano en un corte hecho para el ferrocarril, al sur de la Avenida Hancock, dentro de los límites de la ciudad de Trenton, Nueva Jersey. Se descubrió al fémur tirado en un pequeño borde, 180 centímetros bajo la superficie. Volk declaró: "A unas 4 pulgadas por encima del hueso [...] había un lugar de la longitud aproximada del hueso, de donde evidentemente había caído". El fémur humano fue fotografiado por Volk, quien declaró que el estrato inmediatamente superior, a lo largo de cierta distancia, en cada uno de los lados del descubrimiento no había sido removido. Volk dijo que el fémur estaba enteramente fosilizado. En la misma capa donde se encontró el fémur se descubrieron dos fragmentos de esqueletos humanos. En una carta del 30 de julio de 1987, Ron Witte, del Geological Survey de Nueva Jersey, nos dijo que el estrato que contenía el fémur y los fragmentos de cráneo de Trenton procedía de la época interglacial Sangamon, y que tenía unos 107 000 años de antigüedad. Según las ideas predominantes, unos seres humanos del tipo moderno aparecieron en Sudáfrica hace unos 100 000 años y emigraron a América cuando mucho hace 30 000 años. El 7 de diciembre de 1899 Volk retornó al corte del ferrocarril. Unos 8 metros al oeste del lugar donde descubrió el fémur fosilizado, y en el mismo estrato, Yolk recuperó dos fragmentos de un cráneo humano. Afirmó que no se habían removido ni los estratos hasta cierta distancia, ni los de los lados. ¿Pudieron caer esos huesos humanos de las capas superiores? Yolk hizo ver que las capas superiores eran rojas y amarillas. Pero los huesos humanos eran blancos y calizos, como la capa de arena blanca donde se les descubrió. Dado que el fémur de Trenton era como el de los seres humanos modernos, Ales Hrdlicka, de la Institución Smithsoniana, pensó que debían ser de una época reciente. Él habría esperado que un fémur humano auténticamente antiguo mostrara ciertos rasgos primitivos. Por tanto, declaró Hrdlicka a propósito del fémur de Trenton: "La antigüedad de este espécimen debe depender exclusivamente del testimonio geológico". Pero no pudo mostrar ninguna falla en el testimonio geológico. Durante el siglo XIX y comienzos del XX se hicieron varios descubrimientos de restos de esqueletos humanos en formaciones del Pleistoceno medio en Europa. Estos descubrimientos incluyen los realizados en Galley Hill, Moulin Quignon, Clichy, La Denise e Ipswich. Subsisten dudas sobre la auténtica edad de estos huesos. Sin embargo, los hemos incluido en nuestro análisis para hacerlo más completo. La presencia de estos esqueletos en estratos del Pleistoceno medio podría atribuirse a entierros recientes, a errores de información, o a engaño. Y sin embargo, hay razones para pensar que los esqueletos pueden ser, en realidad, del Pleistoceno medio. Revisaremos brevemente algunos de los casos más notables. EL ESQUELETO DE GALLEY HILL En 1888, unos obreros que estaban removiendo unos depósitos en Galley Hill, cerca de Londres, expusieron un lecho de tiza. Las capas superiores de arena, arcilla y grava tenían de 3 a 4 metros de espesor. Un obrero, JackAllsop, informó a Robert Elliott, coleccionista de artículos prehistóricos, que había descubierto un esqueleto humano firmemente empotrado en estos depósitos, casi 3 metros bajo la superficie y unos 60 centímetros encima del lecho de tiza. Allsop había sacado la calavera, pero dejó el resto del esqueleto en su lugar. Elliott afirmó que había visto el esqueleto firmemente empotrado en el estrato: "Cuidadosamente buscamos algunas señales de que esa sección hubiese sido removida, pero no encontramos nada: la estratificación era continua". Elliot sacó entonces el esqueleto y después se lo dio a E. T. Newton, quien publicó un informe en el que le atribuía una gran antigüedad. M. H. Heys, maestro de escuela, observó los huesos en los depósitos, al parecer intactos, antes de que Elliott sacara el esqueleto. Heys también vio la calavera inmediatamente después de ser expuesta por el obrero que había excavado los depósitos. Dijo Heys acerca de los huesos: "No puede haber ninguna duda de la observación de una persona de inteligencia ordinaria, sobre su deposición, contemporánea a la de la grava [...] eran tan obvio para el obrero que el estrato no había sido removido que dijo: 'El hombre o animal no fue enterrado por nadie'''. Del sitio de Galley Hill también se recogieron numerosas herramientas de piedra. Según la opinión moderna, el sitio de Galley Hill data del periodo interglacial de Holstein, que ocurrió hace unos 330 000 años. En el aspecto anatómico, se declaró que el esqueleto de Galley Hill era del tipo humano moderno. Hoy, la mayoría de los científicos creen que los seres humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens sapiens) se originaron en África hace unos 100000 años. Afirman que con el tiempo el Homo sapiens sapiens entró en Europa, en forma del hombre de Cro-Magnon, hace unos 30000 años, remplazando al hombre de Neanderthal. ¿Y qué dicen los modernos paleoantropólogos acerca del esqueleto de Galley Hill? A pesar del testimonio estratigráfico de que informaron Heys y Elliot, K. P. Oakley y M. F. A. Montagu llegaron en 1949 a la conclusión de que el esqueleto debió de quedar enterrado recientemente en depósitos del Pleistoceno medio. Consideraron que los huesos no fosilizados sólo tenían algunos pocos miles de años. Ésta es también la opinión actual de casi todos los antropólogos. Los huesos de Galley Hill tenían un contenido de nitrógeno similar al de los huesos bastante recientes de otros sitios de Inglaterra. El nitrógeno es uno de los elementos constituyentes de la proteína, que normalmente se descompone con el paso del tiempo. Pero se han registrado muchos casos de proteínas conservadas durante millones de años en fósiles. Como el grado de conservación del nitrógeno puede variar de un lugar a otro, no se puede decir con certeza que el contenido de nitrógeno, relativamente alto, de los huesos de Galley Hill signifique que son recientes. Los huesos de Galley Hill fueron descubiertos en marga, un sedimento de barro del que se sabe que conserva las proteínas. Oakley y Montagu descubrieron que los huesos humanos de Galley Hill tenían un contenido de flúor similar al de huesos (recientes) del Pleistoceno tardío y el Holoceno, de otros sitios. Se sabe que los huesos absorben flúor de las aguas subterráneas. Pero el contenido de flúor del agua subterránea puede variar mucho de un lugar a otro, y eso hace que la comparación del contenido de flúor de huesos de diferentes sitios no sea un indicador fidedigno de sus edades relativas. Más adelante, el Laboratorio de Investigaciones del Museo Británico mediante el carbono 14 obtuvo una fecha de 3 310 años para el esqueleto de Galley Hill. Pero esta prueba se efectuó utilizando métodos a los que hoy no se les tiene confianza. Asimismo, resulta sumamente probable que los huesos de Galley Hill, conservados 80 años en un museo, fueran contaminados con carbono reciente, haciendo que la prueba diese una fecha falsa. En un intento por desacreditar el testimonio de Elliott y de Heys, quienes dijeron que no había señales claras de un entierro en Galley Hill, Oakley y Montagu ofrecieron varios argumentos, además de sus pruebas químicas y radiométricas. Por ejemplo, Oakley y Montagu arguyeron que el estado relativamente completo del esqueleto de Galley Hill era indicio seguro de que había sido deliberadamente enterrado. De hecho, le faltaban casi todas las costillas, la espina dorsal, los antebrazos, las manos y los pies. En el caso de Lucy, el más célebre espécimen de Australopithecus afarensis, se conservó la mayor parte del esqueleto. Y nadie ha sugerido aún que los australopitecinos enterraran a sus muertos. Los científicos también han descubierto restos de esqueletos bastante completos de individuos de Homo erectus y de Homo habilis. Estos casos, como todos los paleoantropólogos están de acuerdo, definitivamente no incluyen un entierro deliberado. Por tanto, es posible que se conserven esqueletos de homínidos relativamente completos, sin haber sido enterrados. Pero aún si el esqueleto de Galley Hill es de un entierro, ese entierro puede no haber sido reciente. Sugirió sir Arthur Keith en 1928: "Si sopesamos todo testimonio, nos vemos obligados a concluir que el esqueleto de Galley Hill representa a un hombre [...] enterrado cuando la grava inferior formaba una superficie de tierra". Como puede verse, los huesos antiguos señalan, indirectamente, unos acontecimientos ocurridos en el pasado más remoto e inaccesible. Es casi segura que surgirá una controversia sobre su antigüedad, y en muchos casos el testimonio disponible no basta para poder zanjar definitivamente las discrepancias. Este parece ser el caso de Galley Hill. El informe de Oakley y de Montagu arroja dudas sobre el testimonio de Elliott y Heys. Al mismo tiempo, el testimonio de Elliott y Heys arroja dudas sobre el informe de Oakley y Montagu. LA MANDÍBULA DE MOULIN QUIGNON En 1863, J. Boucher de Perthes descubrió una mandíbula humana anatómicamente moderna en el pozo de Moulin Quignon, en Abbeville, Francia. La sacó de un estrato negro de arena y grava que también contenía algunas herramientas del tipo aqueulense. La capa negra se encontraba más de 5 metros bajo la superficie del pozo. Los sitios aqueulenses de Abbeville son de la misma edad que el periodo interglacial de Holstein y, por tanto, tendrán cerca 330 000 años de antigüedad. Al enterarse del descubrimiento de la mandíbula y las herramientas de Abbeville, un grupo de distinguidos geólogos británicos visitó Abbeville y, al principio, quedó favorablemente impresionado. Sin embargo, después se alegó que algunas de las herramientas de piedra de la colección de Boucher de Perthes eran falsificaciones con que lo habían engañado sus obreros. Entonces, los científicos británicos empezaron a dudar de la autenticidad del descubrimiento. Llevándose consigo a Inglaterra un diente de la mandíbula, lo abrieron y quedaron sorprendidos al ver lo bien conservado que parecía. Esto intensificó sus dudas, pero muchos antropólogos físicos han notado que los dientes fósiles de gran antigüedad a menudo están muy bien conservados. Asimismo, la mandíbula de Moulin Quignon tenía una coloración "que se encontró que era superficial" y que "fue fácilmente quitada de una de las partes de hueso". Algunos tomaron esto como indicio de falsificación. Pero después, el antropólogo británico sir Arthur Keith dijo que este aspecto de la mandíbula "no invalida su autenticidad". En mayo de 1863, unos geólogos británicos se reunieron con colegas franceses en París, para decidir la cuestión de la mandíbula. La comisión se declaró, en conjunto, en favor de la autenticidad de la mandíbula, pese a algunas reservas expresadas por dos de los miembros británicos. Sin embargo, en lo sucesivo los miembros británicos siguieron oponiéndose a la autenticidad de la mandíbula de Moulin Quignon y, con el tiempo, se ganaron a su lado a casi todos los científicos. "Los antropólogos franceses", dijo Keith, "siguieron creyendo en la autenticidad de la mandíbula hasta 1880-1890, cuando dejaron de incluirla en la lista de descubrimientos del hombre antiguo. Por el momento, la opinión casi unánime considera como un vestigio sin ningún valor la mandíbula de Moulin Quignon. Vemos que su caída al olvido empieza al establecerse la creencia de que el hombre de Neanderthal representaba una fase del Pleistoceno en la evolución de las especies modernas, pero, como hemos visto, esta opinión ya no es sostenible". En otras palabras, los científicos que creían que los hombres de Neanderthal eran los antepasados inmediatos del Homo sapiens no pudieron dar cabida a la mandíbula de Moulin Quignon porque habría significado que existían seres humanos anatómicamente modernos antes del Neanderthal. Hoy, la idea de que los hombres de Neanderthal fueron los antepasados directos del tipo humano moderno ha pasado de moda, pero esto por sí solo no ha permitido la aceptación de la mandíbula de Abbeville, que, en caso de ser auténtica, tendría más de 300 000 años de antigüedad. Por los informes que hoy tenemos a nuestra disposición, resulta difícil formarse una opinión definitiva sobre la autenticidad de la mandíbula de Moulin Quignon. Aun si aceptáramos que ésta y las muchas herramientas de pedernal descubiertas con ella fueran falsificaciones, ¿qué nos diría esto sobre el carácter del testimonio paleoantropológico? Como veremos, la mandíbula y las herramientas de Moulin Quignon en caso de ser falsas no estarían solas. El hombre Piltdown (capítulo 9) fue aceptado durante 40 años antes de ser rechazado como una elaborada falsificación. MOULIN QUIGNON. ACTUALIZACIÓN Recientemente hemos descubierto nuevos informes que nos ofrecen una mejor impresión de la mandíbula de Moulin Quignon. Poco después del debate por Moulin Quignon, Boucher de Perthes siguió sosteniendo que sus descubrimientos eran auténticos. Tratando de demostrarlo, efectuó varias excavaciones más en Moulin Quignon, bajo controles muy estrictos y en presencia de observadores científicos expertos. Estas excavaciones produjeron muchos más huesos humanos anatómicamente modernos, fragmentos de huesos y dientes. Estos descubrimientos, que casi no recibieron ninguna atención en el mundo de habla inglesa, son demostraciones importantes de una presencia humana en el Pleistoceno medio de Europa, hace más de 300 000 años. También tienden a fortalecer el argumento en favor de la autenticidad de la original mandíbula de Moulin Quignon. Estos descubrimientos importantes, que aquí mencionamos sólo de paso, son el tema de un libro futuro de Michael A. Cremo. EL ESQUELETO DE CLICHY En 1868, Eugene Bertrand informó a la Sociedad Antropológica de París que había descubierto partes de un cráneo humano, junto con un fémur, una tibia y algunos huesos del pie, en una cantera de la Avenida de Clichy. Estos huesos fueron descubiertos 5.25 metros bajo la superficie. Sir Arthur Keith creyó que la capa en que se descubrieron los huesos humanos de Clichy era de la misma edad que aquella donde fue descubierto el esqueleto de Galley Hill. Esto daría a los huesos de Clichy aproximadamente 330 000 años de antigüedad. La profundidad en que se encontraron los fósiles humanos de Clichy (más de 5 metros) va en contra de la suposición de un entierro reciente. Pero Gabriel de Mortillet dijo que un obrero que trabajaba en la cantera de la Avenida de Clichy le había dicho que él había colocado un esqueleto en el pozo. Aún después de oír a De Mortillet relatar la historia del obrero que había colocado los huesos del esqueleto de Clichy, muchos científicos siguieron convencidos de que el descubrimiento de Bertrand era auténtico. Por ejemplo, el profesor E. T. Hamy dijo: "Me parece a mí que el descubrimiento del señor Bertrand es mucho menos debatible ya que no es el primero de su índole que se ha hallado en la Avenida de Clichy. En realidad, nuestro estimado colega, el señor Reboux descubrió en esa misma localidad y casi en la misma profundidad (4.20 metros), huesos humanos, que me ha dado para que los estudie". Keith informó que, al principio, casi todas las autoridades de Francia creyeron que el esqueleto de Clichy era tan antiguo como la capa en que Bertrand dijo haberlo encontrado. Después, habiendo aceptado a los hombres de Neanderthal como los antepasados pleistocénicos de los modernos seres humanos, los antropólogos franceses rechazaron el esqueleto de Clichy, que era anterior a los hombres de Neanderthal, y lo borraron de la lista de los descubrimientos bona fide. Un representante del tipo humano moderno no debía haber existido antes que sus supuestos antepasados. Se cree que los hombres de Neanderthal existieron hace 30 000 a 150 000 años. Pero el esqueleto de Clichy tendría más de 300 000 años. En sus observaciones a la Sociedad Antropológica, Bertrand ofreció testimonios adicionales de la gran antigüedad del esqueleto de Clichy. Declaró haber descubierto un cúbito humano en el estrato que contenía los otros huesos del esqueleto humano de Clichy. El cúbito es el más grande de los dos huesos largos del antebrazo. Cuando Bertrand trató de sacar el cúbito, este se desmoronó, convirtiéndose en polvo. Dijo esto como prueba de que el esqueleto humano de Clichy debía de ser tan antiguo como la capa en que fue descubierto. Al parecer, Bertrand razonó que un hueso tan frágil como el cúbito pulverizado no podía haber sido tornado de un estrato superior de la cantera y colocado por un obrero en la capa inferior donde lo encontró Bertrand, ciertamente, se habría destruido en el proceso. Esto indicaba que el cúbito pertenecía al estrato en que lo descubrió Bertrand, así como los otros huesos humanos. LOS FRAGMENTOS DE UN CRÁNEO EN LA DENISE En el decenio de 1840, en medio de estratos volcánicos de La Denise, Francia, se descubrieron fragmentos de huesos humanos. De particular interés era el hueso frontal de un cráneo humano. Sir Arthur Keith declaró que el hueso frontal "no difería en nada particular del hueso frontal de un cráneo moderno". El hueso frontal fue tornado de unos sedimentos depositados entre dos capas de lava. La primera capa de lava era del Plioceno y la última del Pleistoceno tardío. Por ella, el hueso podía tener o unos cuantos miles de años o hasta 2 millones de años de antigüedad. Se descubrió que tenía casi el mismo contenido de nitrógeno y flúor que los huesos de sitios del Pleistoceno tardío descubiertos en otros lugares de Francia. Pero tales comparaciones no tienen mucho valor porque el contenido de nitrógeno o de flúor en los huesos depende mucho del tipo de sedimento, de la temperatura y del fluir del agua, que pueden variar mucho de un lugar a otro. La verdadera antigüedad del frontal de La Denise sigue siendo un misterio; pero como hay razones para creer que puede tener hasta 2 millones de años de antigüedad, lo hemos incluido aquí. EL ESQUELETO DE IPSWICH En 1911, J. Reid Moir descubrió un esqueleto humano anatómicamente moderno bajo una capa de cieno y cantos rodados y algunas subyacentes arenas glaciales. Estos depósitos podrían tener hasta 400 000 años de antigüedad. Moir comprendió la posibilidad de que el esqueleto pudiese representar un entierro reciente. Por ello, verificó cuidadosamente que no se hubiesen removido ni los estratos en los cuales se hallaba el esqueleto, ni los inferiores. En cuanto al estado de los huesos, sir Arthur Keith dijo que era similar al de los fósiles animales del Pleistoceno descubiertos en otros lugares, en arenas glaciales. Sin embargo, este descubrimiento despertó una enconada oposición. Keith escribió que si el esqueleto hubiese sido tan primitivo como el hombre de Neanderthal, nadie hubiese dudado de que era tan antiguo como los cantos rodados. "Según la suposición de que el tipo moderno de hombre también es de origen moderno", declaró, "se niega tan alto grado de antigüedad a estos especímenes". Pese a la oposición, al principio Moir sostuvo sus opiniones, diciendo que el esqueleto de Ipswich era auténticamente antiguo. ¿Que ocurrió luego para que cambiara de opinión? Descubrió cerca de allí, en el mismo nivel, algunas herramientas de piedra semejantes a las del periodo auriñaciense, a las que se atribuyen 30 000 años. Llegó a la conclusión de que la capa de cantos rodados, que estaba encima del esqueleto, se había formado al mismo tiempo a partir de los restos lodosos del original depósito de cieno, formados cientos de miles de años antes. En las declaraciones de Moir no encontramos nada que nos obligue a atribuir la reciente edad de 30 000 años al esqueleto. Se han encontrado por todo el mundo y en épocas muy distantes, avanzadas herramientas de piedra, comparables a las del auriñaciense en Europa. En el decenio de 1960 se descubrieron tales herramientas en Hueyatlaco, México, en unos estratos a los que la serie de uranio atribuyó más de 200 000 años. Durante el siglo XIX aparecieron objetos de piedra muy avanzados en las minas de oro de California, en una grava que podía ser tan antigua como el Eoceno. Por tanto, no podemos convenir con Moir en que el descubrimiento de herramientas de tipo avanzado al mismo nivel que el esqueleto de Ipswich sea razón suficiente para reinterpretar la estratigrafía del sitio y poner la edad del esqueleto en armonía con la supuesta antigüedad de las herramientas. Asimismo, Moir tampoco ofreció razones geológicas para apoyar su conclusión de que el cieno procedía de un lodo recién formado. Por consiguiente, la hipótesis más sencilla es que en realidad era una capa de cieno glacial intacto, como originalmente lo informó Moir y como fue registrado por el British Geological Survey, en su mapa detallado de la región. Las arenas glaciales donde se descubrió el esqueleto de Ipswich debieron depositarse entre el comienzo de la glaciación Anglia, hace unos 400 000 años, y el principio del periodo interglacial hoxiniano, hace unos 330 000 años. Diríase, así, que el esqueleto de Ipswich tiene entre 330 000 y 400 000 años de antigüedad. Algunas autoridades colocan el principio de la glaciación de Mindel (equivalente a la Anglia) en cerca de 600 000 años, lo que daría al esqueleto de Ipswich una edad potencialmente enorme. Y sin embargo, no se cree que hayan aparecido seres humanos del tipo moderno en la Europa occidental hace más de 30 000 años. TERRA AMATA El sitio de Terra Amata se encuentra situado en la costa mediterránea del sur de Francia. Allí, a finales del decenio de 1960, el antropólogo francés Henry de Lumley descubrió una serie de agujeros ovales de postes y círculos de piedra, indicadores de que unos homínidos habían levantado unos refugios temporales y encendido fogatas hace unos 400 000 años. También descubrió unas herramientas de hueso. Entre ellas había una especie de lezna, tal vez para coser pieles. Se dijo que ciertas impresiones descubiertas en la antigua superficie de la tierra demostraban que los homínidos dormían o se sentaban sobre cueros. También se descubrieron herramientas de piedra, incluyendo un objeto descrito como punta de proyectil, hecho de roca volcánica obtenida de la región de Esterel, a unos 45 kilómetros de allí. Resulta significativo que no se descubrieran fósiles homínidos en Terra Amata. Sin embargo, en su artículo de 1969 acerca de los descubrimientos de Terra Amata, publicado en Scientific American, De Lumley informó de la huella de un pie derecho, de 9.5 pulgadas de longitud, conservada en la arena de una duna. De Lumley no identificó el tipo de homínido que dejó la huella. Pero a juzgar por los informes disponibles, la huella de ese pie no es distinta de la de un ser humano anatómicamente moderno. Esta huella tiende a fortalecer el testimonio del esqueleto de sitios del Pleistoceno medio que acabamos de analizar. EL CRÁNEO DE BUENOS AIRES Un poderoso argumento en favor de la existencia de seres humanos anatómicamente modernos en tiempos muy antiguos procede de Argentina. En 1896, unos obreros que estaban excavando un dique seco en Buenos Aires descubrieron un cráneo humano (figura 7.1). Lo sacaron del fondo del pozo de la excavación después de haber perforado una dura sustancia, parecida a piedra caliza, llamada "tosca". El nivel en que se descubrió el cráneo estaba a 11 metros bajo el lecho del río de La Plata. Los obreros que descubrieron el cráneo se lo entregaron al señor Junor, su supervisor, miembro importante de la división de obras públicas del puerto de Buenos Aires. El paleontólogo argentino Florentino Ameghino fue informado del descubrimiento del cráneo por Edward Marsh Simpson, ingeniero de la compañía contratada para hacer la excavación en el puerto de Buenos Aires. En opinión de Ameghino, el cráneo encontrado en el pozo pertenecía a un precursor pliocénico del Homo sapiens. A este precursor lo llamó Diprothomo platensis. Pero según Ales Hrdlicka de la Institución Smithsoniana, el cráneo era exactamente como el de los seres humanos modernos. El cráneo fue descubierto en lo que Ales Hrdlicka llamó "la parte superior del estrato preensenadiano". Según la moderna opinión geológica el estrato preensenadiano tiene de 1 a 1.5 millones de años de antigüedad por lo menos. Aun a un millón de años, la presencia de un cráneo humano enteramente moderno en cualquier lugar del mundo -para no hablar de América del Sur resulta inesperada. El señor J. E. Clark, sobrestante de los obreros que descubrieron el cráneo, dijo que "estaba absolutamente seguro de que el cráneo fue descubierto en el pozo y bajo la tosca". Bailey Willis, el geólogo que acompañó a Hrdlicka en su expedición a Argentina, entrevistó a Junar e informó: "El fragmento de cráneo fue tomado del pozo [es decir, del fondo del pozo]. Y aunque esta declaración se basa 'en información obtenida de oídas, pues un obrero lo dijo al sobrestante, parece ser el único punto de la historia de este descubrimiento que no está expuesto a serias dudas. Willis pasó entonces a ofrecer ciertas especulaciones vagas e infundadas sobre cómo el cráneo habría podido llegar a ese lugar. Por su parte, Hrdlicka consideró que el hecho de que el cráneo fuese de forma moderna bastaba para no poder adjudicarle una gran antigüedad. Figura 7.1. Cráneo humano encontrado en una formación del Pleistoceno formativo, en Buenos Aires, Argentina. El prejuicio de Hrdlicka es evidente en la siguiente frase de su libro de 1912: "Por consiguiente, la antigüedad de cualquier resto de esqueletos humanos que no presenten marcadas diferencias con los del hombre moderno deberá considerarse, por motivos morfológicos, como insignificante geológicamente, no llegando, con toda probabilidad, más allá de las formaciones geológicas modernas, por entonces aún inconclusas". Vemos aquí una clarísima formulación del dudoso principio de fechar por la morfología. ¿UN HOMO ERECTUS SUDAMERICANO? Antes de proseguir, consideremos otro hallazgo sudamericano que tiene implicaciones perturbadoras para el actual pensamiento respecto de la evolución humana en general y la población del Nuevo Mundo en particular. En 1970, el arqueólogo canadiense Alan Lyle Bryan descubrió en un museo de Brasil un casquete craneano fósil con paredes sumamente densas y arcos superciliares excepcionalmente grandes que le recordaron al Homo erectus. Este casquete craneano procedía de una cueva de la región de Lagoa Santa, de Brasil. Cuando Bryan mostró unas fotos del casquete craneano a varios antropólogos físicos estadounidenses, ellos no pudieron creer que procediera de América, y dijeron que tenía que ser, o una falsificación, o un molde o posiblemente un casquete craneano del Viejo Mundo que de alguna manera había sido introducido en la colección brasileña examinada por Bryan. Pero Bryan replicó que él y su esposa, quien también vio el casquete craneano, tenían experiencia abundante con huesos fósiles humanos. Y ambos estaban absolutamente seguros de que el casquete craneano no podía ser una falsificación ni un molde: era un auténtico y muy fosilizado casquete craneano humano. El casquete de Lagoa Santa no era un fósil del Viejo Mundo introducido accidentalmente en la colección brasileña, dijo Bryan; esto era apoyado por el hecho de que difería, en varias medidas importantes, de cráneos conocidos del Viejo Mundo. ¿Qué significa el casquete de Lagoa Santa? La presencia de homínidos con rasgos del Homo erectus en Brasil en cualquier momento del pasado resulta sumamente anómala. Los paleoantropólogos que sostienen las opiniones actuales dicen que a América sólo vinieron seres humanos anatómicamente modernos. La metodología de la ciencia permite modificar las opiniones, pero la clase de cambio inherente a aceptar la presencia del Homo erectus en el Nuevo Mundo sería revolucionaria. El casquete craneano de Lagoa Santa desapareció misteriosamente del museo brasileño, después de ser examinado por Bryan. También un esqueleto importante descubierto por Hans Reck en la garganta de Olduvai desapareció de un museo. En el caso de los descubrimientos de Bryan y de Reck, tuvimos al menos la oportunidad de oír hablar de ellos antes de su desaparición. Pero sospechamos que otros fósiles han escapado a nuestra atención porque fueron mal colocados en museos o, tal vez, intencionalmente desechados sin dejar ningún informe. LA MANDÍBULA DE FOXHALL En 1855 unos obreros que trabajaban en una cantera descubrieron una mandíbula humana en Foxhall, Inglaterra. John Taylor, farmacéutico del lugar, compró la mandíbula de Foxhall (figura 7.2) a un obrero deseoso de un tarro de cerveza, y Taylor se la mostró a Robert H. Collyer, médico estadounidense por entonces residente en Londres. Collyer, habiendo adquirido el fósil, visitó la cantera situada en la granja del señor Law. Observó que el lecho del que, según decíase, habían tomado la mandíbula, se encontraba más de 5 metros bajo la superficie. El estado de la mandíbula, totalmente infiltrada de óxido de hierro, coincidía con su ubicación en este lecho. Collyer dijo que la mandíbula de Foxhall era "el vestigio más antiguo de que disponemos del animal humano". El nivel de más de 5 metros de Foxhall es el mismo del que Moir después recuperaría herramientas de piedra y donde encontraría señales de fogatas. Todo lo que se descubra a este nivel tendrá por lo menos 2.5 millones de años de antigüedad. Comprendiendo que estaba en posesión de un fósil de gran importancia, Collyer se lo mostró a varios científicos ingleses, entre ellos Charles Lyell, George Busk, Richard Owen, sir John Prestwich y Thomas Huxley. Todos ellos se mostraron escépticos con respecto a su antigüedad. Por ejemplo, Huxley objetó que la forma del hueso "no indicaba que perteneciera a una especie extinta o aberrante de humanidad". Volvemos a encontrar aquí la errónea creencia de que un hueso de apariencia moderna no puede ser auténticamente antiguo. Cuando el paleontólogo estadounidense Henry Fairfield Osborn escribió, en el decenio de 1920, sobre el hecho de que Moir hubiese encontrado herramientas de pedernal en la misma zona en que se descubrió la mandíbula de Foxhall, preguntó por qué los mencionados científicos no se tomaron la molestia de visitar el lugar. "No le dieron credulidad", dijo Osborn, "probablemente porque la forma de la mandíbula no era primitiva". Asimismo, el hueso no estaba completamente fosilizado, pero esto ocurre a muchos otros huesos de similar antigüedad. Figura 7.2. Mandíbula humana descubierta en 1855en la formación del Plioceno tardío del acantilado Rojo, en Foxhall, Inglaterra. Al cabo de algún tiempo, la mandíbula desapareció misteriosamente. Casi nunca la mencionan las autoridades modernas, y cuando lo hacen siempre es desdeñosamente. Por ejemplo, en Fossil Men, de Marcellin Boule, encontramos esta afirmación: "Se necesita una total falta de sentido crítico para prestar atención a una pieza como ésta". Pero muchos huesos y artefactos generalmente aceptados, también fueron descubiertos por obreros ignorantes. Por ejemplo, la mayor parte de los descubrimientos del Homo erectus en Java fueron hechos por coleccionistas ingenuos, sin ninguna supervisión. Y la mandíbula del Homo erectus de Heidelberg fue descubierta por obreros alemanes, cuyo sobrestante la entregó, después a hombres de ciencia. Si los científicos pueden considerar seriamente estos descubrimientos, ¿por qué, entonces, no pueden tomar en serio la mandíbula de Foxhall? Podría objetarse que los fósiles del Homo erectus de Java y la mandíbula del Homo erectus de Heidelberg todavía pueden inspeccionarse, mientras que la mandíbula de Foxhall se ha desvanecido. Pero los fósiles originales del Homo erectus de Pekín desaparecieron de China durante la segunda Guerra Mundial, y sin embargo, se les sigue aceptando como pruebas de la evolución humana. LOS ESQUELETOS DE CASTENEDOLO Hace millones de años, durante el Plioceno, un mar cálido bañaba las estribaciones meridionales de los Alpes, depositando capas de corales y moluscos. A fines del verano de 1860, el profesor Giuseppe Ragazzoni, geólogo del Instituto Tecnológico de Brescia, fue a Castenedolo, a unos 10 kilómetros al sureste de Brescia, a recoger conchas fósiles en los estratos pliocénicos expuestos en un pozo, situado en la base de una baja colina, el Colle de Vento (figura 7.3). Ragazzoni informó: "Después de buscar conchas a lo largo de un banco de coral, cayó en mis manos la parte superior de un cráneo, completamente llena de pedazos de coral pegados con el barro azul-verdoso característico de esa formación. Asombrado, continué la búsqueda, y además de la parte superior del cráneo descubrí otros huesos del tórax y de los miembros, que evidentemente pertenecían a un individuo de la especie humana". Ragazzoni llevó los huesos a los geólogos A. Stoppani y G. Curioni. Según cuenta, su reacción fue negativa: "No dando mucho crédito a las circunstancias del descubrimiento, expresaron la opinión de que los huesos, en lugar de ser de un individuo muy antiguo, procedían de un entierro muy reciente en ese terreno". Figura 7.3. Esta sección del Colle de Vento, cerca de Castenedolo, Italia, muestra la posición estratigráfica general de restos de esqueletos humanos descubiertos allí: 1) los fósiles humanos descubiertos por el geólogo G. Ragazzoni en 1860 se hallaban en el banco de coral y conchas, en un lugar cubierto por barro azul del Plioceno medio, a su vez cubierto por barro rojo (ferretto) que había descendido de lo alto de la colina; 2) el 2 y el 25 de enero de 1880 fueron descubiertos más fósiles humanos, que representaban a tres individuos (un hombre y dos niños), a unos 15 metros del sitio de 1860. Los huesos yacían en el banco de coral, y estaban cubiertos por cerca de 2 metros de barro azul del Plioceno, cubierto por una capa roja d e ferretto. y 3) el 16 de febrero de 1880 se descubrieron los huesos de una mujer a una profundidad de 1 metro en el barro azul, recubierto por una capa de arena amarilla y una capa d e ferretto rojo brillante. En los tres casos, Ragazzoni buscó signos de algún entierro y no descubrió ninguno. "Entonces me deshice de los huesos", declaró Ragazzoni, "no sin lamentarlo, porque los encontré entre el coral y las conchas marinas, y parecían, pese a la opinión de los dos científicos, haber sido transportados por las olas del océano y cubierto por corales, conchas y barro". Pero ese no fue el fin de la historia. Ragazzoni no podía librarse de la idea de que los huesos que había descubierto pertenecían a un ser humano que vivió durante el Plioceno, entonces escribió: "Por tanto, volví poco después al mismo sitio y pude encontrar algunos fragmentos más de huesos en el mismo estado que los descubrí primero". En 1875, Carlo Germani, siguiendo el consejo de Ragazzoni, compró un terreno en Castenedolo con el propósito de vender tierra, rica en fosfatos, como fertilizante para los granjeros locales. Ragazzoni declaró: "Le expliqué a Germani lo de los huesos que había descubierto, y le insistí en que tuviera cuidado al hacer sus excavaciones, y me mostrara cualquier vestigio de restos humanos". En diciembre de 1879, Germani percibió algunos huesos en sus excavaciones, a unos 15 metros del lugar en que se habían descubierto los primeros huesos humanos. El 2 de enero de 1880 le envió un mensaje a Ragazzoni acerca de los descubrimientos. "Al día siguiente", recordaba Ragazzoni, "fui allí con mi ayudante Vincenzo Fracassi para sacar los huesos con mis propias manos". Los huesos incluían pedazos de cráneo, algunos dientes y partes de la columna vertebral, costillas, brazos, piernas y pies. A esto le seguirían más descubrimientos. El 25 de enero Germani llevó a Ragazzoni algunos fragmentos de mandíbula y huesos. Los había encontrado a unos 2 metros de los huesos descubiertos a principios de enero. Ragazzoni retornó a Castenedolo y descubrió más fragmentos de cráneo, de mandíbula, de columna vertebral y costillas, así como algunos dientes sueltos. "Todos ellos estaban completamente cubiertos y penetrados por el barro y por pequeños fragmentos de coral y de concha, lo que eliminaba toda sospecha de que los huesos fuesen de personas enterradas en tumbas, y por lo contrario, confirmaba el hecho de que habían sido llevados por las olas del mar". El 16 de febrero Germani avisó a Ragazzoni que se había descubierto un esqueleto completo. Ragazzoni acudió al lugar y supervisó la excavación. El esqueleto, cubierto por una masa de barro de color verde azulado, resultó ser de una mujer anatómicamente moderna. "Todo el esqueleto", dijo Ragazzoni, "fue descubierto en mitad de la capa de barro azul [...] el estrato de barro azul, de más de 1 metro de espesor, ha conservado su estratificación uniforme, y no da señales de haber sido removido". Añadió: "Muy probablemente el esqueleto fue depositado en una especie de lodo marino y no enterrado en época posterior, pues en este caso notaríamos huellas de la arena amarillenta de la capa superior y del barro rojo llamado ferretto ". En resumen, cualquier entierro ciertamente habría producido una mezcla detectable de materiales de diferente color en la capa de barro azul no removida, y Ragazzoni, que era geólogo, atestiguó que no había ninguna señal de dicha mezcla. Asimismo, el barro azul tenía su propia estratificación intacta. Ragazzoni consideró otra posible objeción a su conclusión de que los huesos humanos de Castenedolo eran tan antiguos como la capa del Plioceno en donde se les descubrió. Tal vez las corrientes hubiesen quitado las capas que cubrían al barro azul y hubiesen penetrado hasta cierto punto en el propio barro azul. Entonces, los huesos humanos podrían haber llegado a unos huecos, y sobre ellos se habría podido depositar un material nuevo. Esto podría explicar por qué no había señales de entierro. Pero Ragazzoni afirmó que era improbable que los fósiles humanos hubiesen sido llevados recientemente por las aguas a los lugares en que se les encontró: "Los restos fósiles descubiertos el 2 y el 25 de enero yacían a una profundidad de cerca de 2 metros. Los huesos estaban situados en el límite entre el banco de conchas y coral y el barro azul que los cubría. Estaban dispersados como por las olas del mar entre las conchas. Y la forma en que estaban situados nos permite excluir toda posibilidad de una ulterior mezcla o remoción de los estratos". Ragazzoni añadió: "El esqueleto descubierto el 16 de febrero se encontró a una profundidad de más de 1 metro en el barro azul, que parecía haberlo cubierto en un estado de lenta deposición. La lenta deposición del barro, que Ragazzoni afirmó que estaba estratificado, anulaba la hipótesis de que el esqueleto hubiese sido llevado recientemente por una corriente torrencial a la capa de barro azul. Los geólogos modernos colocan los barros azules de Castenedolo en la etapa astiana del Plioceno medio, lo que daría a los descubrimientos de Castenedolo una antigüedad de 3 a 4 millones de años. En 1883, el profesor Giuseppe Sergi, anatomista de la Universidad de Roma, visitó a Ragazzoni y examinó personalmente los restos humanos en el Instituto Técnico de Brescia. Después de estudiar los huesos, determinó que representaban a cuatro individuos: un varón adulto, una mujer adulta y dos niños. Sergi también visitó el sitio de Castenedolo y escribió: "Fui allí acompañada por Ragazzoni el 14 de abril. Aún se podía ver la zanja excavada en 1880, y los estratos eran claramente visibles en su sucesión geológica", y prosiguió: "Si se hubiese excavado un foso para un entierro, entonces no habría quedado rellenado exactamente como antes. Se le habría mezclado el barro de las capas superiores de la superficie, reconocible por su intenso color rojo. Y tal decoloración y remoción de los estratos no habría escapado al ojo ni siquiera de una persona ordinaria, y mucho menos de un geólogo especializado. También observó Sergi que, con excepción del esqueleto femenino casi completo, la mayor parte de los huesos se encontraban dispersos entre las conchas y los corales bajo el barro azul, como a través de una sola superficie plana. Esto apoyaba la idea de que estos cuerpos habían llegado a reposar en el fondo del mar poco profundo. Al descomponerse, los huesos se dispersaron por la acción de las aguas. "El esqueleto femenino, casi enteramente conservado", dijo Sergi, "no fue descubierto en una postura que indicara un entierro ordinario, sino vuelto sobre sí mismo". Sergi quedó convencido de que los esqueletos de Castenedolo eran restos de seres humanos que vivieron durante el periodo Plioceno de la época terciaria. Y dijo, acerca de las opiniones negativas de otros: "La tendencia a rechazar, por causa de prejuicios teóricos, todos los descubrimientos que puedan mostrar una presencia humana en el terciario es, creo yo, un tipo de prejuicio científico. La ciencia natural debe liberarse de él". Sin embargo, nadie se liberó del prejuicio, y aún hoy persiste. "Por este prejuicio científico despótico, llámesele como se le llame, se ha desacreditado todo descubrimiento de restos humanos procedentes del Plioceno." Pero Sergi no fue el único que aceptó los descubrimientos de Ragazzoni en Castenedolo. Armand de Quatrefages, a quien ya conocemos por nuestra revisión de las herramientas de piedra, también los aceptó. Con respecto al esqueleto femenino descubierto en Castenedolo, dijo en su libro Races Humaines: "No hay ninguna razón seria para dudar del descubrimiento del señor Ragazzoni, y [...] si lo hubiese hecho en un depósito cuaternario, nadie habría pensado siquiera en rechazar su autenticidad. Y sin embargo, nada se le puede oponer sino unas objeciones teóricas a priori". En 1889, fue descubierto en Castenedolo otro esqueleto humano. Este hallazgo introdujo un elemento de confusión en los descubrimientos de 1880. Ragazzoni invitó a G. Sergi y A. Issel a examinar el nuevo esqueleto, descubierto en un antiguo lecho de ostras. Sergi informó que tanto él como Issel creyeron que este nuevo esqueleto de 1889 era una intrusión reciente en las capas del Plioceno porque el esqueleto, casi intacto, yacía de espaldas en una fisura del lecho de ostras y mostraba señales de haber sido enterrado. Pero en su propio documento, Issel concluyó que los descubrimientos de 1880 también eran entierros recientes. En una nota de pie de página Issel afirmó que Sergi convenía con él en que ninguno de los esqueletos descubiertos en Castenedolo eran del Plioceno. Y para la comunidad científica, esto puso fin, al parecer, a la controversia. Pero Sergi escribió después que Issel estaba equivocado. Pese a su opinión de que el esqueleto de 1889 era reciente, Sergi dijo que nunca había abandonado su convicción de que los huesos de 1880 eran del Plioceno. Pero el daño estaba hecho, y Sergi no iba a entablar una nueva batalla para rehabilitar los descubrimientos de 1880. En lo sucesivo, el silencio o la burla serían las respuestas habituales a los descubrimientos de Castenedolo. Un ejemplo del injusto trato que se le dio a los descubrimientos de Castenedolo puede encontrarse en el Textbook of European Archaeology, del profesor R. A. S. Macalister, escrito en 1921. Macalister admitió que los descubrimientos de Castenedolo "pensemos lo que pensemos de ellos, deben tratarse con seriedad". Observó que fueron "desenterrados por un geólogo competente, Ragazzoni [...] y examinados por un anatomista competente, Sergi". Y sin embargo, no podía aceptar que su antigüedad fuese del Plioceno. Ante aquellos hechos incómodos, Macalister afirmó que "debía haber un error en alguna parte". Ante todo, los huesos eran anatómicamente modernos. "Ahora bien, si en realidad correspondieran al estrato en que fueron descubiertos, esto implicaría un plazo extraordinariamente largo para la evolución. Mucho más probable es que haya algún error en las observaciones." También dijo: "La aceptación de una fecha del Plioceno para los esqueletos de Castene dolo crearía tantos problemas insolubles que casi no podemos vacilar en elegir entre la alternativa de adoptar o rechazar su autenticidad". Una vez más, vemos aquí cómo las ideas preconcebidas de un científico acerca de la evolución influyen para que rechace el testimonio de unos esqueletos, que de otra manera habría considerado de buena calidad. Macalister citó a Issel, en apoyo de su intento por desacreditar todos los descubrimientos de Castenedolo, aun cuando el informe de Issel, de 1889, sólo desacreditaba el esqueleto de 1889. Refiriéndose a todos los descubrimientos de Castenedolo, escribió, por ejemplo, Macalister: "El examen de los huesos y de su lugar, hecho por Issel de Ginebra, reveló el hecho de que los estratos estaban llenos de depósitos marinos, y que todo lo sólido que había dentro de ellos, excepto los huesos humanos, mostraban incrustaciones marinas". Aunque es verdad que Issel informó que los huesos del esqueleto descubierto en 1889 eran lisos libres de incrustaciones, no podía decirse lo mismo de los descubrimientos anteriores, que tanto Ragazzoni como Sergi dijeron que estaban incrustados con barro azul del Plioceno y con pedazos de conchas y corales. Otro ejemplo del injusto trato que se les ha dado a los descubrimientos de Castenedolo se encuentra en Fossil Men. En este libro, Boule y Vallois afirmaron que "parece seguro que en Castenedolo [...] nos encontramos con entierros más o menos recientes". Pero en Fossil Men, Boule y Vallois sólo dedicaron un párrafo a Castenedolo, sin mencionar siquiera las capas no removidas que se hallaban sobre los esqueletos o el estado disperso e incompleto de algunos de los esqueletos, información que tiende a excluir la posibilidad de que se hubiesen introducido restos de un entierro. Boule y Vallois observaron: "En 1889, el descubrimiento de un nuevo esqueleto fue el tema de un informe oficial del profesor Issel, quien entonces observó que los diversos fósiles de ese depósito estaban impregnados de sal, con la única excepción de los huesos humanos". Aquí Boule y Vallois dieron a entender que lo que podía decirse de los huesos descubiertos en 1889 también podía decirse de los huesos antes descubiertos. Pero en su informe de 1889, Issel sólo describió los huesos descubiertos en 1889. De hecho, Issel ni siquiera mencionó la palabra sal, refiriéndose en cambio a "incrustaciones marinas", las cuales, como antes se dijo, estaban presentes en los huesos descubiertos en 1860 y en 1880. Ciertos científicos han hecho pruebas químicas y radiométricas para negar que los huesos de Castenedolo son del Plioceno. Los huesos frescos contienen cierta cantidad de nitrógeno en su proteína, que tiende a reducirse con el tiempo. En un informe de 1980, K. P. Oakley descubrió que los huesos de Castenedolo tenían un contenido de nitrógeno similar al de los huesos del Pleistoceno tardío y de sitios italianos del Holoceno, y llegó por ello a la conclusión de que los huesos de Castenedolo eran recientes. Pero el grado de conservación del nitrógeno en el hueso puede variar mucho de un lugar a otro, haciendo que tales comparaciones no sean dignas de confianza como indicadoras de antigüedad. Los huesos de Castenedolo fueron descubiertos en barro, sustancia que, como bien se sabe, conserva las proteínas de los huesos que contienen nitrógeno. Los huesos suelen acumular el flúor del agua subterránea. Los huesos de Castenedolo tenían un contenido de flúor que Oakley consideró relativamente alto para unos huesos que, en su opinión eran recientes. Oakley explicó esta discrepancia suponiendo unos niveles de flúor más altos, en el pasado, en el agua subterránea de Castenedolo. Pero esto no pasó de simple conjetura. Los huesos de Castenedolo también tenían una concentración inesperadamente alta de uranio, que sería característica de una gran antigüedad. Una prueba mediante carbono 14 atribuyó una edad de 958 años a algunos de los huesos de Castenedolo. Pero, como en el caso de Galley Hill, estos métodos hoy no se consideran fidedignos. Y los propios huesos, que habían estado esperando en un museo durante casi 90 años, muy probablemente se contaminaron de carbono reciente, haciendo que la prueba les atribuyera una edad falsamente reciente. El caso de Castenedolo demuestra las insuficiencias de la metodología empleada por los paleoantropólogos. La atribución inicial de antigüedad pliocénica a los descubrimientos de 1860 y 1880 parece justificada. Los descubrimientos fueron realizados por un geólogo experimentado, G. Ragazzoni, quien observó minuciosamente la estratigrafía del sitio. En especial buscó señales de que se hubiese podido realizar allí un entierro, y no encontró ninguna. Ragazzoni informó, a su debido tiempo, de sus descubrimientos a sus compañeros científicos en publicaciones especializadas. Pero, dado que los huesos tenían una morfología moderna, se encontraron bajo un intenso escrutinio negativo. Como dijo Macalister, algo tenía que estar mal. La versión de los orígenes humanos que hoy predomina en la comunidad científica es producto de actitudes como la de Macalister. Durante el último siglo, la idea de una evolución progresiva del tipo humano a partir de antepasados simiescos ha determinado la aceptación o el rechazo de todo testimonio. Los testimonios que contradicen la idea de la evolución humana son pasados por un tamiz negativo. Por consiguiente, cuando leemos libros de texto acerca de la evolución humana, pensamos: "Bueno la idea de la evolución humana debe ser cierta, puesto que todos los testimonios la apoyan". Pero esas presentaciones de los libros de texto son engañosas, pues es la fe ciega en que los seres humanos evolucionaron a partir de unos antepasados simiescos la que ha determinado cuáles son los testimonios que deberán incluirse y cómo tendrán que interpretarse. EL ESQUELETO DE SAVONA Centraremos ahora nuestra atención en otro descubrimiento del Plioceno, hecho en Savona, poblado de la Riviera italiana, a unos 50 kilómetros al oeste de Génova. En el decenio de 1850, mientras construían una iglesia, los obreros descubrieron un esqueleto humano anatómicamente moderno en el fondo de una zanja de 3 metros de profundidad. La capa que contenía el esqueleto tenía de 3 a 4 millones de años de antigüedad. Arthur Issel comunicó los detalles del descubrimiento de Savona a los miembros del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas, en Pads, en 1867. Declaró que los huesos humanos de Savona "eran contemporáneos de los estratos en que se les descubrió". Sin embargo, De Mortillet, en 1883 escribió que las capas pliocénicas de Savona, depositadas en aguas costeras poco profundas, contenían huesos aislados de mamíferos de tierra, mientras que el esqueleto humano estaba casi intacto. Dijo De Mortillet: "¿No prueba esto que en lugar de los restos de un cadáver humano, en las olas de un mar pliocénico, simplemente estamos en presencia de un entierro posterior, de fecha indeterminada?" En el Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas de Bolonia, celebrado en 1871, el padre Deo Gratias, sacerdote que había estado presente en el descubrimiento del esqueleto humano de Savona, hizo un informe, indicando que no se trataba de un entierro que hubiese ido a parar allí. Deo Gratias, estudioso de la paleoantología, escribió: "El cuerpo fue descubierto en posición extendida, con los brazos hacia adelante, la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo y hacia adelante, el cuerpo elevado en relación con las piernas, como un hombre en el agua. ¿Podemos suponer que un cadáver fue enterrado en semejante posición? ¿No es por lo contrario, la posición de un cuerpo abandonado a merced de las aguas? El hecho de que el esqueleto fuera descubierto en el lado de una roca, en el lecho de arcilla hace parecer probable que fuera lanzado contra este obstáculo". Afirmó además Deo Gratias: "Si hubiese sido un entierro esperaríamos descubrir las capas superiores mezcladas con las inferiores. Las capas superiores contienen arenas blancas de cuarcita. El resultado de la mezcla habría sido una aclaración definitiva de una región directamente circunscrita del barro del Plioceno, suficiente para despertar ciertas dudas entre los espectadores, de que fuera auténticamente antiguo, como lo afirmaban. Las cavidades más grandes y las más pequeñas de los huesos humanos están llenas de arcilla compacta del Plioceno. Esto sólo pudo ocurrir cuando la arcilla tenía una consistencia lodosa, durante tiempos pliocénicos". Deo Gratias hizo ver que ahora la arcilla era dura y seca. Asimismo, el esqueleto fue descubierto a una profundidad de tres metros, bastante grande para ser un entierro. Por todo ello, la combinación de los fósiles descubiertos en Savona puede explicarse de esta manera: el sitio estuvo cubierto en un tiempo por las aguas poco profundas de un mar pliocénico, como lo muestra la presencia de conchas características. En tierra acaso murieron algunos animales, y sus huesos aislados pudieron llegar al mar y ser incorporados a esa formación. Los huesos humanos, descubiertos en su conexión natural, pudieron llegar a reposar en la misma formación marina como resultado de que alguien se ahogara allí durante el Plioceno, tal vez tras hundirse un bote. Esto explicaría la presencia de un esqueleto humano relativamente completo entre huesos dispersos de animales, sin tener que recurrir a la hipótesis de un entierro reciente. Tómese en cuenta que la postura del esqueleto, con la cara hacia abajo y los miembros estirados, era como la del cadáver de alguien que se hubiese ahogado y no de alguien deliberadamente enterrado. LA VÉRTEBRA DE MONTE HERMOSO En el capítulo 5 analizamos el descubrimiento de herramientas de pedernal y señales de hogueras intencionalmente encendidas en Monte Hermoso, Argentina. Ahora consideraremos el hueso humano descubierto allí: un atlas, el hueso superior de la columna vertebral. Santiago Pozzi, empleado del Museo de La Plata, lo recogió de una formación del Plioceno formativo, en Monte Hermoso, en el decenio de 1880, pero permaneció prácticamente inadvertido hasta varios años después. Por entonces, aún estaba cubierto por ello es característico, de un color café amarillento típico de la formación de Monte Hermoso, que tiene de 3 a 5 millones de años de antigüedad. El hecho de que el hueso permaneciera durante años en un museo antes de ser reconocido no debe descalificarlo. El cráneo de Gibraltar estuvo muchos años en el museo de la guarnición antes de ser reconocido como espécimen de Neanderthal. Asimismo, varios fémures de Homo erectus de Java fueron enviados a Holanda en cajas de huesos. Pasaron inadvertidos y no fueron catalogados durante varias décadas, pero hoy aparecen en los libros de texto junto con otros descubrimientos aceptados. Se podría aumentar el número de casos similares, siendo la idea que los científicos han tomado conciencia de muchos descubrimientos de fósiles, plenamente aceptados, del mismo modo que el del atlas de Monte Hermoso. Después de remover el loes del Plioceno, los científicos estudiaron minuciosamente el hueso. Florentino Ameghino, aceptando que era auténticamente pliocénico, atribuyó el atlas a un antepasado humano simiesco. En su descripción del hueso identificó ciertos rasgos que le parecieron primitivos. Pero Ales Hrdlicka demostró de manera convincente que el hueso en realidad era de forma moderna. Al igual que Ameghino, Hrdlicka también creía que la forma humana, conforme retrocedemos en el tiempo, debía ir volviéndose cada vez más primitiva. Según Hrdlicka, si un hueso era del tipo humano enteramente moderno, entonces en cualquier estrato que se le encontrara tenía que ser de origen reciente. La presencia de semejante hueso en un estrato antiguo tendría que explicarse, siempre, como alguna clase de intrusión. Y sin embargo, hay otra explicación posible: que seres humanos del tipo fisiológico moderno hayan vivido hace más de 3 millones de años en Argentina. Esto queda confirmado por el hecho de que el atlas daba señales de haber estado perfectamente empotrado en sedimentos de la formación de Monte Hermoso. Como quiera que sea, Hrdlicka consideró que el atlas de Monte Hermoso tenía que caer, por necesidad, en la oscuridad. Y eso fue precisamente lo que ocurrió. De lo contrario, la afirmación de Hrdlicka de que los seres humanos entraron a América tan sólo en épocas recientes se habría tambaleado. Hoy muchos insisten en que el atlas de Monte Hermoso debe permanecer en la oscuridad, a la cual fue consignado por necesidad. El testimonio de una presencia enteramente humana de hace más de 3 millones de años, y además, en Argentina, no es bien recibido por los paleoantropólogos de la corriente principal. LA MANDÍBULA DE MIRAMAR En 1921, M. A. Vignati informó que una mandíbula inferior humana, con dos molares, había sido descubierta en la formación chapadmalalana, del Plioceno tardío, en Miramar, Argentina. Antes, en este sitio (capítulo 5) se habían descubierto herramientas de piedra y el hueso de un mamífero con la punta de una flecha incrustada en él. La mandíbula fue descubierta por Lorenzo Parodi, coleccionista de un museo. E. Boman informó que Parodi descubrió la mandíbula con sus molares "incrustada en la barranca, a gran profundidad, en el estrato chapadmalalano, aproximadamente al nivel del mar". Así, la mandíbula tendría de 2 a 3 millones de años de antigüedad. Sin embargo, Boman se mostró escéptico. Declaró: "Los periódicos publicaron artículos escandalosos acerca de 'los restos humanos más antiguos del mundo'''. Pero todos los que examinaron los molares descubrieron que eran idénticos a los molares correspondientes a unos seres humanos modernos. Boman dio por sentado que la naturaleza plenamente humana del fragmento de mandíbula de Miramar le aseguraba, inequívocamente, una fecha reciente. Pero nada de lo que dijo Boman excluye la posibilidad de que el fósil de Miramar demuestre una presencia plenamente humana en el Plioceno de Argentina. EL CRÁNEO DE CALAVERAS En el capítulo 5 analizamos la gran cantidad de herramientas de piedra descubiertas en la grava aurífera de las montañas de la Sierra Nevada de California. En esta grava también se descubrieron huesos humanos, que tienen de 9 a 55 millones de años de antigüedad. En febrero de 1866, el señor Mattison, principal propietario de la mina de Bald Hill, cerca de Angels Creek, en el condado de Calaveras, recogió un cráneo procedente de una capa de grava, 43 metros bajo la superficie. La grava se encontraba cerca del lecho rocoso, bajo distintos estratos de material volcánico. En esta región empezaron las erupciones volcánicas durante el Oligoceno, continuaron durante el Mioceno y terminaron en el Plioceno. Dado que el cráneo apareció cerca del fondo de la secuencia de capas de grava y de lava entremezcladas en Bald Hill, parece probable que la grava en que se descubrió el cráneo sea anterior al Plioceno, tal vez mucho más antigua. Después de descubrir el cráneo, Mattison se lo llevó al señor Scribner, agente del Express de Wells Fargo and Co., en Angels. El señor Matthews, empleado de Scribner, limpió una parte de las incrustaciones que cubrían casi todo el fósil. Al reconocer que formaba parte de un cráneo humano se lo envió al doctor Jones, quien vivía en el cercano poblado de Murphy y que era un entusiasta coleccionista de tales piezas. Luego, el doctor Jones escribió a la oficina del Geological Survey, en San Francisco, y después de recibir una respuesta, envió el cráneo a esta oficina, donde fue examinado por J. D. Whitney, geólogo del estado. Whitney emprendió inmediatamente el viaje a Murphy y Angels, donde interrogó personalmente a Mattison, quien confirmó el informe enviado por el doctor Jones. Scribner y Jones conocían personalmente a Whitney, quien los consideraba dignos de confianza. El 16 de julio de 1866, Whitney presentó a la Academia de Ciencias de California un informe sobre el cráneo de Calaveras, afirmando que se había encontrado en estratos del Plioceno. El cráneo causó gran sensación en Estados Unidos. Según Whitney: "La prensa religiosa de esta región tocó el tema [...] y se mostró unánime, declarando que el cráneo de Calaveras era una 'falsificación"'. Whitney observó que las versiones de falsificación no surgieron hasta que su descubrimiento recibió gran publicidad en los periódicos. Algunas de las versiones de falsificación no fueron propagadas por periodistas sino por científicos como William H. Holmes de la Institución Smithsoniana. Durante una visita al condado de Calaveras, Holmes recogió testimonios de varias personas conocidas del señor Scribner y del doctor Jones, y este testimonio hizo surgir la posibilidad de que el cráneo examinado por Whitney no fuese un auténtico fósil terciario. Pero la hipótesis de una falsificación tropieza con un problema: hay muchas versiones. Algunos dicen que unos mineros religiosos colocaron allí el cráneo para engañar al científico Whitney. Otros sostienen que los mineros colocaron el cráneo para engañar a otro minero. Otros más dicen que Mattison descubrió un cráneo auténtico, pero que después se entregó a Whitney un cráneo diferente. Algunos dicen que los amigos de Mattison, de un poblado cercano, colocaron allí el cráneo, para jugarle una broma. Estos testimonios contradictorios arrojan dudas sobre la idea misma de una falsificación. Después de visitar el condado de Calaveras, Holmes examinó el cráneo de Calaveras en el Museo Peabody, en Cambridge, Massachusetts, llegó a la conclusión de que "el cráneo nunca fue arrastrado y roto en un torrente terciario, que nunca salió de las antiguas gravas de la mina de Mattison, y que de ninguna manera representa una especie de hombres terciarios. Cierto testimonio que apoya esta conclusión procede de las personas que examinaron la matriz de guijarro y la tierra en que se descubrió el cráneo de Calaveras. El doctor F. W. Putman, del Museo Peabody de Historia Natural de la Universidad de Harvard, dijo que el cráneo no mostraba ninguna huella de la grava de las minas. También William J. Sinclair, de la Universidad de California, examinó personalmente el cráneo y dijo que el material adherido a él no era grava de la mina de oro. Le pareció que era el tipo de material que solemos encontrar en una caverna, donde los indios a veces colocaban a sus cadáveres. Por otra parte, informó Holmes: "El doctor D. H. Dall declara que estando en San Francisco en 1866, comparó los materiales adheridos al cráneo con partes de la grava de la mina y que era idénticos en todo lo esencial". Y W. O. Ayres, en un artículo publicado en American Naturalist en 1882, declaró: "Lo vi y lo examine minuciosamente cuando llegó por primera vez a manos del profesor Whitney. No sólo tenía incrustadas arena y grava, sino que sus cavidades estaban repletas del mismo material; y ese material era de una índole peculiar, de una especie que tuve ocasión de conocer profundamente". Era, afirmó Ayres, la grava, portadora de oro, descubierta en las minas, y no un depósito reciente de una caverna. Con respecto al cráneo, Ayres observó: "Se ha dicho que es un cráneo moderno que se incrustó allí después de pocos años de estar enterrado. Sin embargo, ningún conocedor de esta región ha hecho esta afirmación. La grava no tiene ni la menor tendencia a una acción de esta clase [...] los huecos del cráneo estaban atestados de la arena solidificada y compacta, de un modo que sólo habría podido ser si hubiera sido introducida en una masa semifluida, estado que las gravas nunca han tenido desde que se acomodaron allí por vez primera". En su descripción original del fósil, Whitney observó que el cráneo de Calaveras estaba sumamente fosilizado. Esto, sin duda, es signo de una gran antigüedad; sin embargo, como lo señaló Holmes, también es cierto que los huesos pueden quedar fosilizados en el curso de pocos cientos o miles de años. Y sin embargo, el geólogo George Becker informó en 1891: "Veo que muchas personas de buen juicio están completamente persuadidas de la autenticidad del cráneo de Calaveras, y los señores Clarence King, O. C. Marsh, F. W. Putnam y W. H. Dall me han asegurado, cada quien por su cuenta, que este hueso fue descubierto en el lugar en grava, debajo de la lava". Becker añadió que hacía su declaración con el permiso de las autoridades nombradas. Clarence King, como ya se dijo, fue un célebre geólogo del United States Geological Survey. O. C. Marsh, paleontólogo, fue uno de los primeros cazadores de fósiles de dinosaurios y fue presidente de la Academia Nacional de Ciencias de 1883 a 1895. Pero como hemos visto, F. W. Putnam, del Museo Peabody de Harvard, después cambió de opinión diciendo que la matriz del cráneo parecía ser el depósito de una cueva. ¿Puede realmente decirse con certidumbre que el cráneo de Calaveras era auténtico o era falso? El testimonio es tan contradictorio y confuso que aun cuando el cráneo pudo proceder de una caverna en que hubiese un entierro indio, debemos mirar con desconfianza a todo el que se presente con alguna conclusión definitiva. El lector debe hacer una pausa para pensar en los pasos que es preciso dar para llegar a una determinación sobre la auténtica edad del cráneo de Calaveras. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el cráneo de Calaveras no fue un descubrimiento aislado. En depósitos cercanos de épocas similares, se encontró gran número de herramientas de piedra. Y, como veremos, también se descubrieron, en la misma región, otros restos más de esqueletos humanos. A la luz de todo ello, no es posible rechazar el cráneo de Calaveras sin antes haber sido sometido a la más cuidadosa consideración. Como lo dijo sir Arthur Keith en 1928: "La historia del cráneo de Calaveras [...] no puede pasarse por alto. Es el 'fantasma' que ronda al estudioso del hombre primitivo [...] poniendo a prueba casi al máximo la capacidad de creer de todos los expertos". MÁS FÓSILES HUMANOS DE LA REGIÓN DEL ORO EN CALIFORNIA El 1 de enero de 1873, el presidente de la Sociedad de Historia Natural de Boston leyó unos fragmentos de una carta del doctor C. F. Winslow, acerca de un descubrimiento de huesos humanos en Table Mountain en el condado de Tuolumne. El hallazgo fue hecho en 1855 ó 1856, Y los detalles fueron comunicados a Winslow por el capitán David B. Akey, quien lo había presenciado. El descubrimiento ocurrió 10 años antes de que J. D. Whitney informara sobre el célebre cráneo de Calaveras. Winslow declaró: "Durante mi visita a este campamento minero conocí al capitán David B. Akey, ex comandante de una compañía de voluntarios de California, y bien conocido por muchas personas notables del estado; en el curso de mi conversación con él me enteré de que en 1855 y 1856 estuvo dedicado, con otros mineros, a excavar galerías horizontales en Table Mountain, en el condado de Tuolumne, a cerca de 70 metros de profundidad desde la cumbre, en busca de un lavadero de oro. Afirma que en un túnel excavado en la montaña, a unos 16 metros de aquel en que estaba trabajando, y en el mismo nivel, fue descubierto un esqueleto humano completo, que sacaron unos mineros conocidos personalmente por él, pero cuyos nombres hoy no recuerda. No vio los huesos en el lugar, pero sí los vio después de ser llevados del túnel a una cabaña cercana. Al parecer, todos los huesos del esqueleto fueron llevados en brazos de los mineros y colocados en una caja, y la opinión de todos los presentes era que el esqueleto debió de estar perfecto, yaciendo en el túnel. No sabe qué le ocurrió a los huesos, pero sí puede garantizar la verdad de este descubrimiento, y afirma que los huesos pertenecían a un esqueleto humano en excelente estado de conservación. El cráneo estaba roto en la sien derecha, donde tenía un pequeño agujero, como si una parte del cráneo hubiese desaparecido, pero no puede decir si esta fractura ocurrió antes de la excavación o fue causada par los mineros [...] cree que la profundidad desde la superficie en que fue descubierta el esqueleto era de unos 70 metros, y de 60 a 70 metros desde el corte o principio del túnel. Los huesos se hallaban húmedos, descubiertos entre la grava y muy cerca del lecho rocoso, y del túnel fluía agua. había un pino petrificado, de 20 a 28 metros de longitud y entre 20 y 30 centímetros de diámetro en el extremo, cerca de este esqueleto. El señor Akey entró en el túnel con los mineros, quienes le señalaron el lugar donde habían descubierto el esqueleto. Vio el árbol en el lugar, así como fragmentos de él. No puede recordar el nombre de este túnel, pero se hallaba a unos 400 metros al este del túnel Rough Ready, y frente a Turners Flat, otro punto bien conocido. No pudo saber el sexo del esqueleto, que era de tamaño mediano. Al ser descubiertos, los huesos estaban unidos, no separados". Se dice que la grava, par encima del lecho rocoso de Tuolumne Table Mountain, donde se descubrió el esqueleto, tiene entre 33 y 55 millones de años de antigüedad. Ésta debió de ser la antigüedad del esqueleto a menos que fuese introducido posteriormente en la grava, pero no conocemos ningún testimonio que indique semejante intrusión. El doctor Winslow no descubrió ninguno de los huesos del esqueleto visto por Akey. Pero en otro caso Winslow sí recogió algunos fósiles, que envió a museos del este de Estados Unidos. Un fragmento de cráneo a quien el doctor J. Wyman, importante craneólogo, consideró humano, fue enviado por Winslow al Museo de la Sociedad de Historia Natural de Boston. El fósil fue catalogado de este modo: "De un pozo en Table Mountain, 60 kilómetros bajo la superficie, en una galería de una mina de oro, entre piedras rodadas y cerca de restos de un mastodonte. Encima había estratos tan compactos y duros como de basalto. Descubierto en julio de 1857. Entregado al reverendo C. F. Winslow por el honorable Paul K. Hubbs, agosto de 1857". Otro fragmento del mismo cráneo, con un marbete similar, fue enviado al Museo de la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia. Al enterarse de este descubrimiento, J. D. Whitney inicio su propia investigación. Se enteró de que Hubbs era un conocido ciudadano de Vallejo, California, y otrora, superintendente estatal de educación. Whitney obtuvo de Hubbs un detallado relato escrito del descubrimiento, realizado en el pozo de Valentine, al sur de Shaft. Declaro Whitney: "Los hechos esenciales son que el pozo de Valentine era vertical, que estaba atestado hasta lo más alto de modo que nada habría podido caer desde la superficie durante el trabajo subterráneo, efectuado exclusivamente en el canal de grava después de hundir el pozo. No cabe ninguna duda de que el espécimen procedía del tiro del canal bajo Table Mountain, como lo afirmó el señor Hubbs". El fragmento de cráneo fue descubierto en un pozo (o túnel) horizontal de mina que conducía del principal pozo vertical, a una profundidad de 60 metros de la superficie. Hubbs declaró que había "visto la parte del cráneo inmediatamente al ser sacada de la fosa a la que la habían arrojado con palas". El hueso tenia adherida la característica grava, con contenido de oro. En la misma mina se descubrió un mortero de piedra. William J. Sinclair sugirió que posiblemente unos túneles de otras minas se hubiesen intersectado con los de la mina de Valentine. Esto podría explicar como llegó el fragmento de cráneo tan profundamente bajo la superficie. Pero Sinclair reconoció que durante su visita de 1902 no había podido encontrar el viejo túnel de Valentine. Esto significa que no tenía una prueba directa de que los túneles de la mina de Valentine se conectaran entre sí. Su objeción no fue más que un débil y muy especulativo intento por desacreditar un descubrimiento al que él se oponía por razones teóricas. La grava que contenía el fragmento de cráneo se encontraba 60 metros bajo la superficie, bajo la capa de lava de Table Mountain, que tiene una antigüedad de 9 millones de años. La grava más antigua bajo la lava tiene 55 millones de años. Par ello, el fragmento de cráneo podría tener de 9 a 55 millones de años. Al examinar una colección de artefactos de piedra pertenecientes al doctor Perez Snell, J. D. Whitney notó la presencia de una mandíbula humana. La mandíbula y todos los artefactos procedían de una grava que contenía oro, bajo la capa de lava de Tuolumne Table Mountain. La mandíbula medía 5.5 pulgadas de cóndilo a cóndilo, lo cual se encuentra dentro de la gama humana normal. Whitney observó que todos los fósiles humanos descubiertos en la región aurífera, incluyendo éste, eran de un tipo anatómicamente moderno. La grava de la que procedía la mandíbula podía tener entre 9 y 55 millones de años de antigüedad. También informó Whitney de varios descubrimientos en el condado de Placer. En particular, hizo su descripción de los huesos humanos que fueron descubiertos en el túnel de Missouri: "En este túnel, bajo la lava, se habían descubierto dos huesos [...] a los que el doctor Fagan declaró humanos. Dijo que uno de ellos era el hueso de una pierna; del carácter del otro no recuerdo nada. Dicha información fue transmitida al señor Goodyear por el señor Samuel Bowman, de cuya inteligencia y sinceridad este escritor ha recibido buenas referencias de un amigo que lo conoce bien. Por entonces, el doctor Fagan era uno de los médicos más conocidos de la región". Según informes de la División de Minas y Geología de California, los depósitos donde se encontraron los huesos tienen más de 8.7 millones de años. En 1853, un médico, el doctor H. H. Boyce, descubrió huesos humanos en Clay Hill, en el condado de El Dorado, California. En 1870 el doctor Boyce escribió a Whitney, quien le había solicitado información: "Adquirí una parte de intereses en esta colina a condición de que ofreciera posibilidades lo suficientemente buenas para que valiese la pena trabajar en ella. Por consiguiente, el propietario y yo precedimos a hacer un pozo con el propósito de trabajarlo. Mientras lo hacíamos, descubrimos los huesos a los que usted se refiere. Clay Hill es parte de una serie de elevaciones que constituyen el parteaguas entre Placerville Creek y Big Canon, y está rematada por un estrato de lava basáltica, de casi 3 metros de espesor. Debajo se encuentran unos 10 metros de arena, grava y barro [...] fue en este barro donde encontramos los huesos. Mientras vaciábamos el tubo, vi algunas piezas de material que, al examinarlas, supe que eran pedazos de hueso; y en un nuevo examen descubrí el omóplato, la clavícula y partes de las costillas primera, segunda y tercera del lado derecho de un esqueleto humano. Estaban firmemente pegadas, pero al exponerlas al aire empezaron a desmoronarse. No hicimos otros descubrimientos". Según Whitney, Boyce "declaró que no podía haber error acerca del carácter de los huesos, y que él había hecho un estudio especial de anatomía humana". William J. Sinclair intentó persistentemente arrojar todas las dudas que pudo sobre este descubrimiento. Afirmó que no había podido localizar el estrato de barro porque la inclinación estaba cubierta por restos de roca. Declaró, además: "La impresión que queda […] es que el esqueleto descubierto por el doctor Boyce se encontraba a una profundidad de más de 12 metros, en estratos no removidos, bajo casi 3 metros del basalto. Sin embargo, en la carta no hay nada que muestre que esta fue la sección por la que se pasó al excavar el pozo de Boyce". Dada la ambigüedad acerca de la ubicación exacta del pozo, Sinclair concluyó: "El esqueleto pudo ser descubierto en tal lugar y a tal profundidad en el barro, que habría que considerar la posibilidad de que fuese un entierro reciente". Las objeciones planteadas por Sinclair son válidas, y convenimos en que hay razones para dudar de la antigüedad del esqueleto descubierto en Clay Hill. Sin embargo, la presencia de tantos restos de roca que impidieron a Sinclair el acceso al estrato del barro, en la base de la colina, va en contra y no en favor de la posibilidad de un entierro reciente en el barro, que se hubiese deslizado por la pendiente de la colina. Y, asimismo, si fuese un entierro reciente, resultaría raro que se hubiesen recuperado tan pocos huesos. Esto nos lleva al fin de nuestra revisión de los restos de esqueletos fósiles humanos en la grava aurífera de California. Pese a las imperfecciones del testimonio, una cosa es segura: se descubrieron huesos humanos en grava terciaria, que se remonta hasta el Eoceno. ¿Cómo llegaron allí los huesos? Esta pregunta sigue en pie. Los informes de los descubrimientos a veces son vagos, no concluyentes, pero sugieren algo, aparte de bromas de mineros o de recientes entierros de indios. La presencia de numerosas herramientas de piedra de indudable fabricación humana en las mismas formaciones presta adicional credibilidad a los hallazgos. En un discurso pronunciado ante la Asociación para el Avance de la Ciencia de Estados Unidos, en agosto de 1879, O. C. Marsh, presidente de la Asociación y uno de los más sobresalientes paleontólogos de Estados Unidos, dijo acerca del hombre terciario: "La prueba ofrecida en este punto por el profesor J. D. Whitney en su reciente obra (Aurif. Gravels of Sierra Nevada) es tan sólida, y su concienzudo y minucioso método de investigación es tan conocido, que sus conclusiones parecen irresistibles [...] en la actualidad, los hechos conocidos indican que los lechos estadounidenses que contienen restos humanos y obras del hombre son tan antiguos como el Plioceno de Europa. Así, la existencia del hombre en la época terciaria parece hoy bien establecida". DESCUBRIMIENTOS ANTIQUÍSIMOS EN EUROPA De Europa proceden más testimonios de seres humanos en la época terciaria formativa y media. Según Gabriel de Martillet, M. Quiquerez informó del descubrimiento de un esqueleto en Delemont, en Suiza, en arenas ferruginosas que, según se dijo, eran del Eoceno tardío. Acerca de ese descubrimiento, De Mortillet se limitó a decir que debíamos desconfiar de unos esqueletos humanos descubiertos con los huesos en conexión natural. Ademas declaró De Mortillet que debíamos tener precaución ante un esqueleto similarmente completo, descubierto por Garrigou en estratos del Mioceno en el sur de Francia. Sin embargo, es posible que estos fuesen esqueletos de individuos enterrados durante los periodos Eoceno o Mioceno. Un entierro no necesariamente tiene que ser reciente. Lo verdaderamente frustrante de los descubrimientos como esos es que no podemos encontrar más información acerca de ellos. Sólo encontramos alguna breve mención en un autor decidido a desacreditarlos. Y como esos hallazgos parecieron dudosos a científicos como De Mortillet, pasaron sin ser documentados ni investigados, y pronto cayeron en el olvido. ¿Cuántos de esos descubrimientos se han hecho? Acaso no lo sabremos nunca. Por lo contrario, los descubrimientos que embonan en las teorías aceptadas son minuciosamente investigados, de ellos se informa extensamente y pronto pasan a los museos. ANOMALÍAS EXTREMAS Como ya hemos visto, unos científicos creyeron que en el Mioceno y el Eoceno existieron hombres-mono. Algunos pensadores audaces hasta llegaron a proponer que durante estos periodos vivieron seres completamente humanos. Pero ahora nos remontaremos a épocas aún más lejanas. Como la mayoría de los científicos tienen dificultades para imaginar seres humanos del terciario, podemos suponer lo difícil que debió de ser para ellos dar consideración seria a los casos que vamos a analizar. Nosotros mismos nos vimos tentados a no mencionar tales descubrimientos, porque parecen increíbles. Pero el resultado de semejante actitud sería que sólo analizaríamos testimonios sobre cosas en las que ya creemos. Y a menos que nuestras ideas actuales representen la realidad total, esto no resulta prudente. En diciembre de 1862 apareció el siguiente informe, breve pero intrigante, en una publicación llamada The Geologist: "En el condado de Macoupin, Illinois, recientemente se descubrieron los huesos de un hombre en un lecho de carbón cubierto por 60 centímetros de roca de esquistos, 30 metros bajo la superficie de la tierra [...] al descubrirlos, los huesos estaban cubiertos por una capa de materia dura y brillante, tan negra como el carbón mismo, pero que, al quitarla, dejó blancos los huesos y de aspecto natural". El carbón en que se descubrió el esqueleto del condado de Macoupin tiene una antigüedad de al menos 286 millones de años, tal vez de 320 millones de años. Nuestros ejemplos finales de testimonios preterciarios anómalos no pertenecen a la categoría de huesos fósiles humanos, sino, antes bien, a la categoría de huellas fósiles parecidas a humanas. El profesor W. G. Burroughs, jefe del Departamento de Geología de Berea College, en Berea, Kentucky, informó en 1938: "Al comienzo del periodo alto Carbonífero (edad del carbón), unos seres que caminaban sobre sus cuartos traseros y tenían pies similares a los de los humanos dejaron huellas en una playa arenosa del condado de Rockcastle, Kentucky. Este fue el periodo conocido como la Edad de los Anfibios, en que los animales se desplazaban en cuatro patas o, más rara vez, daban saltos, y sus pies no tenían apariencia humana. Pero en Rockcastle, en Jackson y en otros varios condados de Kentucky, así como en ciertos lugares, desde Pensilvania hasta Missouri, sí existieron seres que tenían pies de apariencia extrañamente humana y que caminaban sobre los dos miembros traseros. Este escritor ha demostrado la existencia de estos seres en Kentucky. Con la cooperación del doctor C. W. Gilmore, curador de Paleontología de Vertebrados de la Institución Smithsoniana, se ha demostrado que vivieron seres similares en Pensilvania yen Missouri". El alto Carbonífero (el pensilvaniense) comenzó hace unos 320 millones de años. Se cree que los primeros animales capaces de caminar erectos, los tecodontos seudosuquianos, aparecieron hace unos 210 millones de años. Estos seres, similares a lagartos pero capaces de correr sobre sus cuartos traseros, no habrían dejado huellas de la cola, pues la mantenían en alto. Pero sus pies no se asemejaban en nada a los de los seres humanos; más bien, se parecían a los de las aves. Los científicos dicen que la primera aparición de seres simiescos no ocurrió hasta hace unos 37 millones de años, y sólo de hace unos 4 millones de años esperarían los científicos descubrir huellas similares a las descubiertas por Burroughs en el Carbonífero de Kentucky. Burroughs declaró: "Cada huella muestra cinco dedos y un arco bien trazado. Los dedos están separados como los de los seres humanos que nunca han usado calzado". Dando más detalles sobre las huellas afirmó: "El pie se curva hacia atrás como un pie humano sobre un talón de apariencia humana". David L. Bushnell, etnólogo de la Institución Smithsoniana, sugirió que las huellas habían sido plasmadas por indios. Para rechazar esta hipótesis, el doctor Burroughs utilizó un microscopio para estudiar las huellas y observó: "Los granos de arena que hay dentro de las huellas están más apretados que los granos de arena de la piedra que se encuentra al lado de las huellas, debido a la presión de los pies de esos seres [... ] La piedra caliza adyacente a muchas de las huellas está removida hacia arriba debido a que la arena húmeda y suelta fue empujada hacia el lado del pie, al hundirse el pie en la arena". Estos hechos llevaron a Burroughs a concluir que esas huellas de apariencia humana fueron formadas por compresión en la arena blanda y húmeda, antes de que se consolidara convirtiéndose en roca hace unos 300 millones de años. Las observaciones de Burroughs fueron confirmadas por otros investigadores. Según Kent Previette, Burroughs también consultó a un escultor. En 1953 Previette escribió: "El escultor dijo que no se podría trabajar en ese tipo de piedra caliza sin dejar marcas artificiales. Unas fotomicrografías y unas fotografías con rayos infrarrojo, amplificadas, no revelaron 'indicación alguna de talla o corte de cualquier especie'''. El propio Burroughs no llegó a afirmar que las huellas fuesen dejadas por seres humanos. pero su presentación nos deja la clara impresión de que eran humanas. Interrogado acerca de ellas dijo: "Parecían humanas. Eso es lo que les da su especial interés". Los científicos de la corriente principal reaccionaron como podía esperarse a la sugestión de que las huellas fuesen humanas. El geólogo Albert G. Ingalls escribió en 1940 en el Scientific American: "Si el hombre, o aun su antepasado simiesco, o aun el antepasado de ese simio, uno de los primeros mamíferos, existió en alguna forma, allá en el periodo Carbonífero entonces toda la ciencia de la geología está tan completamente equivocada que todos los geólogos renunciarán a sus empleos y se dedicarán a conducir camiones. Por tanto. al menos de momento. la ciencia rechaza la atractiva explicación de que el hombre dejó estas huellas misteriosas en el lodo del Carbonífero con sus propios pies". Ingalls sugirió que las huellas fueron dejadas por un tipo hasta hoy desconocido de anfibio. Pero los científicos de la actualidad no toman en serio la teoría anfibia. Unos seres anfibios bípedos de tamaño humano durante el Carbonífero no embonan mejor que unos seres humanos del Carbonífero: en el plano aceptado de la evolución trastornarían todas nuestras ideas acerca de los primeros anfibios, los que requerirían unos enormes desarrollos evolutivos de los que nada sabemos. Ingalls escribió: "Lo que la ciencia sí sabe es que, de todos modos, a menos que 2 y 2 sean 7. y a menos que los sumerios tuviesen aeroplanos y radios y escucharan el programa de Amos y Andy. estas huellas no fueron hechas por ningún hombre del periodo Carbonífero". En 1983. el Moscow News presentó un informe breve pero desconcertante sobre lo que parecía una huella humana en roca del Jurásico. de hace 150 millones de años, junto con una gigantesca huella de un dinosaurio de tres dedos. El descubrimiento se efectuó en la República de Turkmenistán, en lo que por entonces era el sureste de la URSS. El profesor Amanniyazov. miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de la RSS de Turkmenistán, dijo que aunque la huella se asemejaba a la de un pie humano, no había prueba concluyente de que en realidad la hubiese dejado un pie humano. Este descubrimiento no ha recibido mucha atención pero dado el actual criterio de la comunidad científica ese desdén era de esperar. Sólo tenemos noticia de unos cuantos casos de descubrimientos tan extremadamente anómalos. pero considerando que muchos de tales descubrimientos probablemente cayeron en el olvido. nos preguntamos cuántos puede haber en la realidad. Segunda parte LOS TESTIMONIOS ACEPTADOS El hombre de Java A finales del siglo XIX iba formándose dentro de una parte influyente de la comunidad científica el consenso de que seres humanos del tipo moderno habían existido allá en el Plioceno y el Mioceno, y tal vez antes. En 1984 el antropólogo Frank Spencer declaró: "Por los testimonios acumulados de esqueletos, parece como si el esqueleto humano moderno se remontara mucho más atrás en el tiempo, hecho evidente que llevó a muchos trabajadores a abandonar o a modificar sus ideas sobre la evolución humana. Uno de tales apóstatas fue Alfred Russell Wallace (1823-1913)". Wallace comparte con Darwin el crédito de haber descubierto la evolución por selección natural. Darwin pensó que Wallace estaba cometiendo una herejía de la peor índole. Pero Spencer observó que el desafío de Wallace a la doctrina evolutiva "perdió parte de su potencia así como algunos de sus partidarios, cuando empezaron a circular noticias del descubrimiento de un notable fósil homínido en Java". Considerando la notable publicidad que se dio a los fósiles del hombre de Java para desacreditar y suprimir testimonios de la gran antigüedad de la forma humana moderna, revisaremos ahora su historia. EUGENE DUBOIS Y EL PITECANTROPO Pasando la aldea javanesa de Trinil, hay un camino que termina en una alta terraza que domina el río Solo. Encontramos allí un pequeño monumento de piedra, marcado con una flecha que señala un pozo de arena, en la orilla opuesta. El monumento también tiene una misteriosa inscripción alemana, "P. E. 175 m ONO 1891/93", indicando que el Pithecanthropus erectus fue descubierto 175 metros al este noreste del lugar, durante los años 1891-1893. El descubridor del Pithecanthropus erectus fue Eugene Dubois, nacido en Eijsden, Holanda, en 1858, el año anterior a la publicación de El origen de las especies, de Darwin. Aunque hijo de devotos católicos holandeses, Dubois quedó fascinado por la idea de la evolución, especialmente aplicada a la cuestión de los orígenes humanos. Después de estudiar medicina e historia natural en la Universidad de Amsterdam, en 1886 Dubois dio cursos de anatomía en la Real Escuela Normal. Pero su verdadero amor siguió siendo la evolución. Dubois sabía que los adversarios de Darwin estaban señalando constantemente la casi completa falta de testimonios fósiles de la evolución humana. Cuidadosamente estudió los principales testimonios por entonces disponibles: los huesos de especímenes de Neanderthal, a quienes la mayoría de las autoridades (entre ellos, Thomas Huxley) consideraban demasiado parecidos al moderno tipo humano para ser verdaderamente intermedios entre simios fósiles y seres humanos modernos. Sin embargo, el científico alemán Ernst Haeckel había predicho que con el tiempo se descubrirían los huesos de un verdadero eslabón perdido. Haeckel hasta mandó hacer una pintura de ese ser al que llamó Pithecanthropus (en griego, pitheko significa simio y anthropus significa hombre). Impresionado por la visión del Pithecanthropus de Haeckel, Dubois resolvió descubrir algún día los huesos del hombre-mono. Recordando la sugestión de Darwin, de que los precursores de la humanidad vivieron en "alguna zona cálida, cubierta de bosques", Dubois se convenció de que descubriría al Pithecanthropus en África o en las Indias Orientales. Como podía llegar más fácilmente a las Indias Orientales, por entonces bajo gobierno holandés, decidió ir allí a iniciar su investigación. Primero se dirigió a filántropos privados y al gobierno, pidiendo que le financiaran una expedición científica, pero fue rechazado. Aceptó entonces un nombramiento como médico del ejército en Sumatra. Mientras sus amigos dudaban de su salud mental, él abandonó su confortable puesto de catedrático universitario y, junto con su joven esposa, se hizo a la vela rumbo a las Indias Orientales en diciembre de 1887 a bordo del S. S. Princess Amalie. En 1888, Dubois se encontró acantonado en un pequeño hospital militar, en el interior de Sumatra. En sus ratos libres y con sus propios fondos, Dubois investigó en cavernas de Sumatra, descubrió fósiles de rinoceronte y de elefante y los dientes de un orangután, pero ningún vestigio de homínidos. En 1890, después de sufrir un acceso de malaria, Dubois fue colocado en la lista de inactivos y transferido de Sumatra a Java, cuyo clima era un poco más seco y saludable. Él y su esposa se establecieron en Tulungagung, en la costa meridional del este de Java. Durante la temporada de secas de 1891, Dubois efectuó excavaciones en la ribera del río Solo, en el centro de Java, cerca de la aldea de Trinil. Sus trabajadores desenterraron muchos huesos fósiles de animales En septiembre descubrieron una pieza de particular interés: el diente de un primate, al parecer un tercer molar superior, o muela del juicio. Dubois, creyendo haber encontrado los restos de un extinto chimpancé gigante, ordenó a sus trabajadores concentrar su labor en torno al lugar donde habían hallado el diente. En octubre descubrieron lo que parecía una concha de tortuga. Pero al inspeccionarla Dubois, vio que en realidad era la parte superior de un cráneo (figura 8.1), sumamente fosilizado, del mismo color que la tierra volcánica. El rasgo más notable del fragmento era el grande y sobresaliente arco superciliar sobre las cuencas de los ojos, el cual hizo sospechar a Dubois que el cráneo había pertenecido a un simio. El principio de la temporada de lluvias puso fin, entonces, a las excavaciones del año. En un informe publicado en el boletín de las minas del gobierno, Dubois no hizo ninguna sugestión de que sus fósiles pertenecieran a un ser de transición hacia los seres humanos. En agosto de 1892, Dubois retornó a Trinil y ahí encontró, entre huesos de ciervos, rinocerontes, hienas, cocodrilos, cerdos, tigres y elefantes extintos, un fémur fosilizado de aspecto humano. Este fémur (figura 8.2) fue descubierto a unos 15 metros de donde fueron desenterrados el cráneo y el molar. Después se descubriría otro molar, a unos 3 metros del casquete craneano. Dubois pensó que los molares, el cráneo y el fémur procedían del mismo animal, al que creyó como un extinto chimpancé gigante. En 1963 Richard Carrington declaró en su libro A Million Years of Man: "Al principio, Dubois se inclinaba a considerar su casquete craneano y sus dientes como pertenecientes a un chimpancé, pese a que no se conoce ningún testimonio de que este simio o alguno de sus antepasados haya vivido jamás en Asia. Pero, pensándolo bien, y después de mantener correspondencia con el gran Ernst Haeckel, profesor de zoología de la Universidad de Jena, declaró que pertenecían a un ser que parecía admirablemente apropiado para el papel de 'eslabón perdido'''. No hemos descubierto ninguna correspondencia que Dubois haya intercambiado con Haeckel, pero si nuevas investigaciones la encontraran, ello vendría a aumentar considerablemente nuestro conocimiento de las circunstancias que rodearon el nacimiento del Pithecanthropus erectus. Obviamente, ambos tenían un gran interés emocional e intelectual en encontrar un espécimen de hombre-mono. Haeckel, al enterarse del descubrimiento de Dubois, telegrafió este mensaje: "¡Del inventor del Pithecanthropus a su afortunado descubridor!" Figura 8.1. Casquete craneano del Pithecanthropus. descubierto por Eugene Dubois en Java, en 1891. Figura 8.2. Fémur descubierto por Eugene Dubois en Trinil, Java. Dubois lo atribuyó al Pithecanthropus erectus. Finalmente en 1894 Dubois publicó un informe completo de su descubrimiento. En él escribió: "El Pithecanthropus es la forma de transición que, de acuerdo con la doctrina de la evolución, debió de existir entre el hombre y los antropoides". Debemos recordar que el propio Pithecanthropus erectus había pasado ya por una transición evolutiva en la mente de Dubois: de chimpancé fósil a antropoide de transición. ¿Qué otros factores, aparte de la influencia de Haeckel, llevaron a Dubois a considerar que su espécimen era de transición entre simios fósiles y seres humanos modernos? Dubois descubrió que el volumen del cráneo del Pithecanthropus estaba en la gama de 800 a 1 000 centímetros cúbicos. Los simios modernos tienen un promedio de 500 centímetros cúbicos, mientras que los cráneos humanos modernos tienen un promedio de 1400 centímetros cúbicos, lo que coloca al cráneo de Trinil a medio camino entre ellos. A Dubois le pareció que esto indicaba una relación evolutiva. Pero, hablando en términos lógicos, se pueden ver seres con diferentes tamaños de cráneos sin tener que plantear una progresión evolutiva del más grande al más pequeño. Además, durante el Pleistoceno, muchas especies de mamíferos estuvieron representadas por formas mucho más grandes que las de hoy. Así, el cráneo del Pithecanthropus bien pudo pertenecer, no a un antropoide de transición, sino a un gibón excepcionalmente grande, del Pleistoceno medio, con un cráneo mayor que el de los modernos gibones. Hoy, los antropólogos siguen describiendo, ya como cuestión de rutina, una progresión evolutiva de cráneos homínidos, que con el paso del tiempo aumentaban de tamaño: del Australopithecus del Pleistoceno formativo (descubierto por primera vez en 1924) al hombre de Java, del Pleistoceno medio (conocido hoy como Homo erectus) y hasta el Homo sapiens sapiens del Pleistoceno tardío. Pero esta secuencia sólo se mantiene al costo de eliminar los cráneos que la contradicen. Por ejemplo, el cráneo de Castenedolo, que hemos visto en el capitulo 7, es más antiguo que el del hombre de Java, pero su capacidad craneal es mayor. De hecho, es perfectamente humano en su tamaño y morfología. Bastaría esa sola excepción para invalidar toda la secuencia evolutiva propuesta. Dubois observó que aunque el cráneo de Trinil tenía rasgos muy simiescos, como los prominentes arcos superciliares, en cambio el fémur era casi humano. Esto indicaba que el Pithecanthropus había caminado erecto, y de allí la designación de la especie erectus. Sin embargo, importa tener en cuenta que el fémur del Pithecanthropus erectus fue descubierto a 15 metros del lugar en que fue desenterrado el cráneo, en un estrato que contenía centenares de huesos de otros animales. Esta circunstancia hace dudoso que el fémur y el cráneo pertenecieran en realidad al mismo ser o siquiera a la misma especie. Cuando los informes de Dubois empezaron a llegar a Europa, recibieron mucha atención. Desde luego, Haeckel se encontró entre quienes celebraron al Pithecanthropus como la prueba más sólida hasta entonces, descubierta de la evolución humana. "Ahora, el estado de cosas en esta gran batalla por la verdad ha sido radicalmente alterado por el descubrimiento realizado por Eugene Dubois, del fósil Pithecanthropus erectus ", proclamó Haeckel, triunfante. "En realidad nos ha dado los huesos del hombre-mono que yo había postulado. Este descubrimiento es más importante para la antropología que lo que fue el tan loado descubrimiento de los rayos X para la física." En las observaciones de Haeckel, hay un tono casi religioso de profecía y confirmación. Pero Haeckel tenía ya un historial de exagerar los testimonios fisiológicos que apoyaran la doctrina de la evolución. Una vez, un tribunal académico de la Universidad de Jena lo había declarado culpable de falsificar unos dibujos de embriones de varios animales para confirmar su particular opinión sobre el origen de las especies. En 1895, Dubois decidió regresar a Europa para mostrar su Pithecanthropus, a un público de científicos que estaba seguro de que lo admirarían y le darían su apoyo. Poco después de su llegada, expuso sus especímenes y presentó sus informes al Tercer Congreso Internacional de Zoología celebrado en Leyden, Holanda. Aunque algunos de los científicos presentes en el congreso estaban, como Haeckel, impacientes por dar su apoyo al descubrimiento como el de un hombre-mono fósil, otros lo consideraron sencillamente como de un simio, mientras otros más refutaban la idea de que los huesos perteneciesen a un mismo espécimen. Dubois expuso sus atesorados huesos en París, Londres y Berlín. En diciembre de 1895, expertos llegados de todo el mundo se reunieron en la Sociedad de Antropología, Frenología y Prehistoria de Berlín, para juzgar los especímenes del Pithecanthropus de Dubois. El presidente de la sociedad, doctor Virchow, se negó a presidir la reunión. En las discusiones y controversias que siguieron, el anatomista suizo Kollman dijo que aquel ser era un simio. El propio Virchow afirmó que el fémur era completamente humano y además declaró: "El cráneo tiene una profunda sutura entre la bóveda inferior y el borde superior de las órbitas. Esa sutura sólo se encuentra en simios, no en el hombre. Por tanto, el cráneo debe ser de un simio. En mi opinión este ser era un animal, más exactamente un gigantesco gibón. El fémur no tiene la menor conexión con el cráneo". Esta opinión contrastó marcadamente con la de Haeckel y otros, quienes siguieron convencidos de que el hombre de Java, de Dubois, era un auténtico antepasado humano. LA EXPEDICIÓN DE SELENKA Para resolver algunos de los problemas que rodeaban los fósiles del Pithecanthropus y su descubrimiento, Emil Selenka, profesor de zoología de la Universidad de Munich, Alemania, preparó una expedición completa a Java, pero falleció antes de partir. Su esposa, la profesora Lenore Selenka, se puso al frente y dirigió excavaciones en Trinil durante los años 1907-1908, empleando 75 trabajadores para buscar más fósiles del Pithecanthropus erectus. En total, el equipo de geólogos y paleontólogos de Selenka envió a Europa 43 cajas de fósiles, pero no pudo incluir un solo fragmento de Pithecanthropus. Sin embargo, la expedición sí encontró, en los estratos de Trinil, ciertas señales de una presencia humana: huesos astillados de animales y bases de hogueras. Estas señales llevaron a Lenore Selenka a la conclusión de que los seres humanos y el Pithecanthropus erectus eran contemporáneos. Las implicaciones de todo esto para una interpretación evolutiva de los especímenes del Pithecanthropus de Dubois eran y siguen siendo perturbadoras. Además, en 1924, George Grant MacCurdy, profesor de antropología en Yale, escribió en su libro Human Origins: "La expedición de Selenka, de 1907-1908 [...] descubrió un diente que, según Walkoff, es definitivamente humano. Es un tercer molar, hallado en un lecho cercano a una corriente y en unos depósitos más antiguos (del Plioceno) que aquellos en que fue descubierto el Pithecanthropus erectus". DUBOIS SE RETIRA DE LA BATALLA Mientras tanto, la situación del hombre-mono de Dubois seguía siendo tema de controversias. Analizando el clima de la opinión acerca del Pithecanthropus, el zoólogo de Berlín Wilhelm Dames recabó declaraciones de varios científicos: tres de ellos dijeron que el Pithecanthropus era un simio, cinco dijeron que era humano, seis dijeron que era un hombremono, seis dijeron que era un eslabón perdido, y dos dijeron que era un eslabón entre el eslabón perdido y el hombre. Pero mientras muchos científicos conservaban sus dudas, otros siguieron a Haeckel, saludando al hombre de Java como prueba asombrosa de la teoría de Darwin. Algunos aprovecharon al hombre de Java para desacreditar el testimonio de una presencia totalmente humana en el terciario. Como hemos visto en el capítulo 5, W. H. Holmes rechazó los descubrimientos de herramientas de piedra en gravas auríferas del terciario de California porque "implicarían una especie humana más antigua, al menos en mitad del tiempo, que el Pithecanthropus erectus de Dubois, al que sólo se puede considerar como una forma incipiente de ser humano". En cierto momento, Dubois se sintió completamente decepcionado de la variada recepción que la comunidad científica dio a su Pithecanthropus. Dejó de mostrar sus especímenes. Algunos dicen que durante un tiempo los ocultó bajo las duelas de una habitación de su casa. Sea como fuere, permanecieron ocultos a toda vista durante unos 25 años, hasta 1932. Durante y después de este periodo de retiro continuaron las controversias con respecto al Pithecanthropus. Marcellin Boule, director del Instituto de Paleontología Humana en París, informó, así como otros científicos, que el estrato en que decíase haber encontrado el cráneo y el fémur del Pithecanthropus contenía numerosos huesos fósiles de peces, reptiles y mamíferos. Entonces, ¿por qué había de creerse que el cráneo y el fémur procedían del mismo individuo, o siquiera de la misma especie? Boule, como Virchow, declaró que el fémur era idéntico al de un ser humano moderno, mientras que el casquete craneano se asemejaba al de un simio, posiblemente al de un gran gibón. En 1941, el doctor F. Weidenreich, director del Laboratorio de Investigación Cenozoica del Colegio Médico de la Unión de Beijing, también declaró que no había ninguna justificación para atribuir el fémur y el casquete craneano al mismo individuo. El fémur, afirmó Weidenreich, era muy semejante al de un ser humano moderno, y su posición original en el estrato no había quedado bien establecida. Los investigadores modernos han empleado técnicas de datación por medio de química para determinar si el cráneo y el fémur del original Pithecanthropus serían contemporáneos de la fauna de Trinil, del Pleistoceno medio, pero sus resultados no fueron concluyentes. MÁS FÉMURES La tardía revelación de que en Java se habían descubierto más fémures complicó más las cosas. En 1932, el doctor Bernsen y Eugene Dubois recuperaron tres fémures de una caja de huesos fósiles de mamíferos que se hallaban en el Museo de Leyden, en Holanda. La caja contenía especímenes que, según decíase, habían sido desenterrados en 1900 por el señor Kriele, ayudante de Dubois, de los mismos depósitos de Trinil en la orilla izquierda del río Solo donde Dubois había encontrado los primeros restos del hombre de Java. El doctor Bernsen falleció poco después, sin añadir más información a los detalles de este descubrimiento en un museo. Dubois afirmó que él no había estado presente cuando sacaron los fémures de Kriele. Por tanto, no conocía la ubicación exacta de los fémures en la excavación, que tenía unos 75 metros de longitud por 6 a 14 metros de anchura. Según los procedimientos paleontológicos habituales, esta incertidumbre reduce grandemente el valor de los huesos como testimonio de cualquier índole. No obstante, autoridades posteriores atribuyeron estos fémures a un estrato particular sin mencionar las dudosas circunstancias de su descubrimiento en unas cajas de fósiles más de 30 años después de haber sido originalmente desenterrados. Además de los tres fémures descubiertos por Kriele, en el Museo de Leyden aparecieron otros dos fragmentos femorales. La existencia de los fémures adicionales tuvo importante repercusión sobre el casquete craneano y el fémur del original Pithecanthropus descubiertos por Dubois en el decenio de 1890. El cráneo simiesco y el fémur humano fueron descubiertos a gran distancia uno del otro, pero Dubois los atribuyó a un mismo ser. Sugirió que los huesos fueron descubiertos separados porque el Pithecanthropus había sido desmembrado por un cocodrilo. Pero si aparecen más fémures de apariencia humana, el argumento pierde gran parte de su fuerza. ¿Dónde estaban los otros cráneos? ¿Eran simiescos, como el descubierto? ¿Y qué decir del cráneo que fue descubierto? ¿Va junto con el fémur que fue descubierto a 15 metros? ¿va junto con uno de los otros fémures que después aparecieron? ¿tal vez va con un fémur de una especie enteramente distinta? ¿SON LOS FÉMURES DE TRINIL DE HUMANOS MODERNOS? En 1973, M. H. Day y T. I. Molleson concluyeron que "la anatomía radiológica [por rayos X] y la anatomía microscópica de los fémures de Trinil no los distingue considerablemente de fémures humanos modernos". También dijeron que unos fémures de Homo erectus de China y de África son anatómicamente similares entre sí, y distintos de los de Trinil. En 1984, Richard Leakey y otros científicos descubrieron un esqueleto casi completo de Homo erectus en Kenia. Examinando los huesos de las piernas, vieron que los fémures diferían considerablemente de los de seres humanos modernos. A propósito de los descubrimientos de Java los científicos declararon: "De Trinil, Indonesia, proceden varios fémures fragmentarios y uno completo (pero patológico). Pese al hecho de que fueron estos especímenes los que dieron el nombre a la especie [Pithecanthropus erectus], hay dudas sobre si son de H. erectus, y el consenso más reciente es que probablemente no lo son". En suma, los investigadores modernos dicen que los fémures de Trinil no son como los del Homo erectus sino que, en cambio, son como los del moderno Homo sapiens. ¿Qué hacer con estas revelaciones? Por tradición, los fémures de Java se han tomado como pruebas de que existió un hombre-mono (Pithecanthropus erectus, hoy llamado Homo erectus) hace unos 800 000 años en el Pleistoceno medio. Hoy parece que podemos tomarlos como prueba de que hace 800 000 años existieron unos seres humanos anatómicamente modernos. Algunos han dicho que los fémures se mezclaron, deslizándose de niveles superiores. Desde luego, si alguien insiste en que los fémures de aspecto humano de Trinil descendieron de niveles superiores, entonces, "por qué no, asimismo, el cráneo del Pithecanthropus? Eso eliminaría por completo el original descubrimiento del hombre de Java, que durante largo tiempo se ha mostrado como prueba sólida de la evolución humana. De hecho, ya entrado en años, el propio Eugene Dubois llegó a la conclusión de que el casquete craneano de su amado Pithecanthropus pertenecía a un gran gibón, simio que los evolucionistas no consideran directamente relacionado con los seres humanos. Pero la comunidad científica, hasta entonces escéptica, no iba a despedirse para siempre del hombre de Java, pues para entonces el Pithecanthropus se hallaba firmemente entronizado entre los antepasados del moderno Homo sapiens. La negativa de Dubois fue rechazada como capricho de un anciano amargado. Lo que la comunidad científica deseaba era suprimir todas las dudas que quedaran sobre la naturaleza y la autenticidad del hombre de Java. Esperábase que esto fortaleciera todo el concepto de la evolución darviniana, cuyo aspecto más conocido y discutido era la evolución humana. Quienes visitan museos por todo el mundo aún encuentran modelos del casquete craneano y el fémur de Trinil, a los que se presenta como pertenecientes a un mismo Homo erectus, del Pleistoceno medio. En 1984 la muy anunciada Exposición de Ancestros, en el Museo de Historia Natural en Nueva York, reunió, de todo el mundo los principales testimonios fósiles de la evolución humana, incluyendo, en primerísimo lugar, unos moldes del casquete craneano y del fémur de Trinil. LA MANDÍBULA DE HEIDELBERG Aparte del descubrimiento de Dubois del hombre de Java, aparecieron nuevos testimonios relacionados con la evolución humana en forma de la mandíbula de Heidelberg. El 21 de octubre de 1907, Daniel Hartmann, obrero que trabajaba en un pozo de arena en Mauer, cerca de Heidelberg, Alemania, descubrió una gran mandíbula en el fondo de la excavación, a una profundidad de 27 metros. Los obreros estaban en busca de huesos, y ya habían descubierto allí muchos otros fósiles no humanos, que habían entregado al Departamento de Geología de la cercana Universidad de Heidelberg. El obrero llevó entonces la mandíbula (figura 8.3) a J. Rüsch, propietario del pozo, quien envió un mensaje al doctor Otto Schoetensack: "Durante 20 largos años ha estado usted buscando algún vestigio del hombre primitivo en mi pozo [...] ayer lo encontramos. Se descubrió una mandíbula inferior perteneciente al hombre primitivo, en el fondo del pozo, en muy buen estado de conservación". El profesor Schoetensack llamó Homo heidelbergensis a aquel ser, y lo fechó, aprovechando los fósiles que lo acompañaban, en el periodo interglacial de Günz-Mindel. En 1972, David Pilbeam dijo que la mandíbula de Heidelberg "parece datar de la glaciación de Mindel, y su edad es entre 250 000 y 450 000 años". Figura 8.3. La mandíbula de Heidelberg fue descubierta en 1907 en Mauer, cerca de Heidelberg, Alemania. El antropólogo alemán Johannes Ranke, adversario de la evolución, escribió durante el decenio de 1920 que la mandíbula de Heidelberg pertenecía a un representante del Homo sapiens, y no a un predecesor simiesco. Aún hoy, la mandíbula de Heidelberg sigue siendo un misterio morfológico. El espesor de la mandíbula y la aparente falta de quijada son rasgos comunes en el Homo erectus. Pero las mandíbulas de algunos modernos aborígenes australianos también son enormes, comparadas con las de los europeos modernos, y sus quijadas no están tan bien desarrolladas. Según Frank E. Poirier (1977), los dientes de la mandíbula de Heidelberg tienen un tamaño más similar al del moderno Homo sapiens que a los del Homo erectus asiático (hombre de Java y hombre de Beijing). T. W. Phenice de la Universidad Estatal de Michigan, escribió en 1972 que "los dientes son notablemente parecidos a los del hombre moderno en casi todos sus aspectos, incluso su tamaño y el patrón de sus coronas". De este modo, la opinión moderna da la razón a Ranke, quien escribió en 1922: "los dientes son típicamente humanos". Otro fósil europeo generalmente atribuido al Homo erectus es el fragmento occipital de Vértesszöllös, sitio del Pleistoceno medio, en Hungría. La morfología del occipital de Vértesszöllös es aún más desconcertante que la de la mandíbula de Heidelberg. En 1972 David Pilbeam escribió: "El hueso occipital no se asemeja al del H. erectus, ni siquiera al del hombre arcaico; en cambio, sí se parece al de los primeros hombres modernos. Tales formas se han fechado, en otros lugares, en no más de 100 000 años. Pilbeam creyó que el occipital de Vértesszöllös era aproximadamente de la misma antigüedad que la mandíbula de Heidelberg: entre 250 000 y 450 000 años. Si el occipital de Vértesszöllös es de forma moderna, esto viene a confirmar la autenticidad de los restos de esqueletos humanos anatómicamente modernos, de antigüedad similar, descubiertos en Inglaterra, en Ipswich y Galley Hill (capítulo 7). Volviendo a la mandíbula de Heidelberg, notamos que las circunstancias de su descubrimiento distaron mucho de ser perfectas. Si un obrero en el mismo pozo de arena hubiese descubierto una mandíbula humana anatómicamente perfecta, ésta habría sido sometida a implacable critica y declarada reciente. Al fin y al cabo, no hubo científicos presentes en el momento del descubrimiento. Pero la mandíbula de Heidelberg como sí cabe, aunque no perfectamente, en los límites de las expectativas evolucionistas, ha recibido una dispensa. OTROS DESCUBRIMIENTOS DEL HOMBRE DE JAVA REALIZADOS POR VON KOENIGSWALD En 1929 se descubrió otro antepasado humano, esta vez en China. Con el tiempo, los científicos agruparían el hombre de Java, el hombre de Heidelberg y el hombre de Beijing como ejemplos de Homo erectus, antepasado directo del Homo sapiens. Pero al principio los rasgos comunes y la situación evolutiva de los fósiles indonesio, chino y alemán no fueron tan obvios, y los paleoantropólogos consideraron particularmente necesario aclarar la situación del hombre de Java. En 1930, Gustav Heinrich Ralph von Koenigswald, de la Academia de Geología de las Indias Orientales Holandesas, fue enviado a Java. En su libro El encuentro con el hombre prehistórico, Von Koenigswald escribió: "Pese al descubrimiento del hombre de Pekín [Beijing], seguía siendo necesario descubrir otro Pithecanthropus lo bastante completo para demostrar el carácter humano de este discutido fósil". Von Koenigswald llegó a Java en enero de 1931. En agosto del mismo año uno de los colegas de Von Koenigswald descubrió algunos fósiles de homínidos en Ngandong, sobre el río Solo. Von Koenigswald clasificó los especímenes del Solo como una variedad javanesa del hombre de Neanderthal, de posterior aparición que el Pithecanthropus erectus. Gradualmente, la historia de los antepasados humanos en Java pareció ir aclarándose, pero se necesitaba un trabajo más intenso. En 1934, Von Koenigswald fue a Sangirán, lugar situado al oeste de Trinil sobre el río Solo. Llevó consigo a varios obreros javaneses, incluyendo a su ya experta colaboradora Atma, que también servía a Koenigswald como cocinera y lavandera. Von Koenigswald escribió: "En el kampong causó gran regocijo nuestra llegada. Los hombres reunieron todas las mandíbulas y los dientes que pudieron y ofrecieron vendérnoslos. En ello participaron las mujeres y las niñas, generalmente tan tímidas". Si consideramos que la mayoría de los descubrimientos atribuidos a Von Koenigswald fueron hechos, en realidad, por aldeanos o coleccionista nativos a quienes se les pagaba por pieza, la escena descrita no puede dejar de causarnos cierta inconformidad. A finales de 1935, en plena depresión económica mundial, se dio por terminado el contrato de Von Koenigswald con la Academia Geológica, en Java. Sin desalentarse Von Koenigswald conservó a su sirvienta Atma y a otros colaboradores en acción en Sangirán, pagando sus actividades con contribuciones de su esposa y de colegas en Java. Durante este periodo se descubrió lo que parecía la mitad derecha fosilizada de la mandíbula superior de un Pithecanthropus erectus adulto. Se han examinado los muchos informes enviados por Von Koenigswald, pero ninguno contiene alguna descripción de las circunstancia exactas en que se descubrió este espécimen. Pero en 1975, el investigador británico K. P. Oakley y sus asociados declararon que el fósil fue descubierto en 1936 en la superficie de unos depósitos expuestos de un lago al oeste de Kalijoso, en la Java central, por unos recolectores empleados por Von Koenigswald. Y dado que la mandíbula fue descubierta sobre la superficie, es incierta su antigüedad. Un antropólogo puede decir que este fragmento de mandíbula muestra los rasgos del Homo erectus, como hoy se llama al Pithecanthropus erectus. Por tanto, debió de ser depositado hace por lo menos varios cientos de miles de años, pese al hecho de haber sido descubierto en la superficie. Pero, ¿qué ocurriría si en tiempos geológicamente recientes, o aun en la actualidad, existiese una rara especie de homínido que tuviera unos rasgos físicos semejantes a los del Homo erectus? En ese caso no podríamos atribuirle automáticamente una fecha a un hueso determinado, con base en sus rasgos físicos. En el capítulo 11 pueden encontrarse testimonios que sugieren que un ser similar al Homo erectus vivió en tiempos recientes y, de hecho puede estar vivo aún hoy. Durante el difícil año de 1936, fecha en que se descubrió la mandíbula fósil mencionada, Von Koenigswald, ahora sin empleo, recibió a un notable visitante: Pierre Teilhard de Chardin, a quien el propio Von Koenigswald había invitado a ir a inspeccionar sus descubrimientos en Java. Teilhard de Chardin, arqueólogo mundialmente célebre y sacerdote jesuita, había estado trabajando en Pekín (hoy Beijing) donde había participado en las excavaciones del hombre de Pekín en Choukoutién (hoy Zhoukoudián). Durante su visita a Java, Teilhard de Chardin aconsejó a Von Koenigswald que escribiera a John C. Merriam, presidente de la Institución Carnegie. Así lo hizo Von Koenigswald, informando a Merriam que estaba en vísperas de hacer nuevos e importantes descubrimientos de Pithecanthropus. Merriam respondió positivamente a la carta de Von Koenigswald, invitándolo a ir a Filadelfia en marzo de 1937 para asistir al Simposio sobre el Hombre Primitivo, patrocinado por la Institución Carnegie. Allí, Von Koenigswald se reunió con muchos de los principales científicos del mundo que trabajaban en el campo de la prehistoria humana. Uno de los propósitos principales de la reunión era formar un comité ejecutivo para que la Institución Carnegie financiara una investigación paleoantropológica. Von Koenigswald, hasta entonces escaso de fondos, de pronto se encontró nombrado investigador asociado de la Institución Carnegie y en posesión de un generoso presupuesto. LA FUNCIÓN DE LA INSTITUCIÓN CARNEGIE Si consideramos el papel decisivo desempeñado por fundaciones privadas en el financiamiento de las investigaciones de la evolución humana, en este punto sera útil considerar los motivos de las fundaciones y de sus ejecutivos. La Institución Carnegie y John C. Merriam nos ofrecen un ejemplo excelente. En el capítulo 10 examinaremos el papel de la Fundación Rockefeller al financiar la excavación del hombre de Beijing. La Institución Carnegie fue fundada en enero de 1902, en Washington, D. C., y una constitución aprobada por el Congreso entró en vigor en 1904. La Institución estaba gobernada por una junta de 24 fideicomisarios, con un comité ejecutivo que había de reunirse durante el año, y estaba organizada en 12 departamentos de investigación científica, incluso el de evolución experimental. La institución también aportaba fondos al Observatorio del Monte Wilson, donde se efectuó la primera investigación sistemática que condujo a la idea de que vivimos en un universo en expansión. Vemos así que la Institución Carnegie participaba activamente en dos ámbitos, a saber, el de la evolución y el del universo del "big bang", que se encuentran en el meollo mismo de la visión cosmológica científica que ha remplazado a las anteriores cosmologías, de inspiración religiosa. Resulta significativo que para Andrew Carnegie y para otros como él, el impulso a la caridad, dirigido tradicionalmente hacia la beneficencia social, la religión, los hospitales y la educación en general, estuviese siendo canalizado ahora hacia la investigación científica, con sus laboratorios y observatorios. Esto reflejó la posición predominante que la ciencia y su cosmovisión, incluyendo la evolución, estaba pasando a ocupar en la sociedad, sobre todo en la mente de sus miembros más ricos e influyentes, muchos de los cuales veían la ciencia como la mejor esperanza del progreso humano. John C. Merriam, presidente de la Institución Carnegie, creía que la ciencia había "contribuido grandemente a la edificación de filosofías y creencias básicas", y en este contexto debe verse su apoyo a la expedición de Von Koenigswald a Java, en busca de fósiles. Una fundación como la Institución Carnegie contaba con los medios necesarios para utilizar la ciencia con objeto de influir sobre la filosofía y las creencias, aportando fondos selectivamente a ciertas esferas de la investigación, y dando amplia publicidad a sus resultados. "El número de cuestiones que deben investigarse es infinito", escribió Merriam, "pero corresponde a cada periodo considerar que cuestiones pueden tener la mayor utilidad para hacer avanzar el conocimiento en beneficio de la humanidad en esa época en especial". La cuestión de la evolución humana satisfacía este requerimiento. "Habiendo pasado una parte considerable de mi vida adelantando los estudios de la historia de la vida", dijo Merriam, "he quedado saturado por la idea de que la evolución, o el principio del continuo crecimiento y desarrollo, constituye una de las verdades más importantes obtenidas de todo conocimiento". Merriam, paleontólogo de carrera, profesaba la religión cristiana. Pero su cristianismo definitivamente pasaba a segundo plano, tras la ciencia. "Mi primer contacto con la ciencia", recordaría Merriam en un discurso de 1931, "fue cuando volví de la escuela primaria a informar a mi madre que el maestro nos había hablado durante 15 minutos sobre la idea de que los días de la creación descritos en el Génesis eran largos periodos de creación, y no días de 24 horas. Mi madre y yo celebramos una consulta -ella era presbiteriana escocesa-y convinimos en que esto era pura herejía. Pero se había sembrado una semilla. Durante las décadas siguientes he estado retirándome de esa posición. Comprendo hoy que los elementos de la ciencia, en lo tocante a la creación, representan el registro no contaminado ni modificado de lo que hizo el Creador". Habiendo dejado a un lado el relato bíblico de la creación, Merriam se las arregló para convertir la evolución darviniana en una especie de religión. En un discurso de convocatoria en la Universidad George Washington, en 1924, Merriam, hablando de la evolución, dijo: "No hay nada que contribuya al apoyo de nuestras vidas en un sentido espiritual que parezca tan claramente indispensable como lo que nos hace ver, en el futuro, un continuo crecimiento o mejoramiento". Merriam sostuvo que la ciencia daría al hombre la oportunidad de desempeñar un papel casi divino, guiando ese futuro desarrollo. "La investigación es el medio por el cual el hombre ayudara a su propia evolución", dijo Merriam en un discurso pronunciado ante la Junta de Fideicomisarios de la Institución Carnegie en 1925. En aquella ocasión dijo: "Creo que si [el hombre] tuviese ante él una opción entre una nueva evolución dirigida por algún Ser remoto, que simplemente nos llevara junto con la corriente, o, como alternativa, pudiese elegir una situación en que ese poder externo fijara las leyes y le permitiera utilizarlas, el hombre diría: 'Prefiero asumir cierta responsabilidad en este plan'''. "Según el relato antiguo",continuó Merriam, "el hombre fue expulsado del paraíso para que no aprendiera demasiado; fue desterrado para que llegara a ser amo de sí mismo. Ante la puerta del este fue colocada una espada llameante, y a él se le ordenó trabajar, labrar la tierra hasta que pudiese conocer el valor de su fortaleza. Hoy está aprendiendo a labrar los campos a su alrededor, a dar forma a su vida de acuerdo con las leyes de la naturaleza. En alguna época distante podrá escribirse un libro en el cual se diga que el hombre por fin ha llegado a una etapa de retorno al paraíso, y que ante la puerta del este se ha apoderado de la espada llameante, la espada que simbolizaba el dominio, para llevarla como antorcha que le guíe hasta el árbol de la vida". ¿Apoderarse de la espada llameante y avanzar para adueñarse del árbol de la vida? Nos preguntamos si en el paraíso habrá espacio suficiente para Dios y para un científico tan archiambicioso como Merriam. DE REGRESO A JAVA Con dinero de Carnegie, Von Koenigswald retornó a Java en junio de 1937. Inmediatamente al llegar contrató a centenares de aborígenes y los envió a la fuerza a descubrir más fósiles. Y se descubrieron más fósiles. Pero casi todos ellos eran fragmentos de mandíbula y de cráneo que procedían de lugares mal especificados, en la superficie, cerca de Sangirán. Esto dificulta el cálculo de sus respectivas antigüedades. En el curso de casi todos estos descubrimientos en Sangirán, Von Koenigswald se quedó en Bandung, a unos 300 kilómetros, aunque a veces viajaba para ver los lechos fósiles cuando se le notificaba un descubrimiento. En el otoño de 1937, una de las recolectoras de Von Koenigswald, Atma, le envió un hueso temporal que al parecer pertenecía a un cráneo homínido, grueso y fosilizado. Se dijo que el espécimen había sido descubierto cerca de un río llamado Kali Tjemoro, en un punto donde se abre paso por la piedra arenisca de la formación Kabuh, en Sangirán. Von Koenigswald tomó el tren nocturno hasta el centro de Java, y llegó al sitio a la mañana siguiente. "Movilizamos el número máximo de recolectores", declaró Von Koenigswald. "Yo había llevado conmigo el fragmento, se lo enseñé a todos y prometí 10 centavos por cada pedazo adicional del cráneo. Eso era mucho dinero, pues un diente ordinario sólo les producía medio centavo o un centavo. Teníamos que mantener tan bajos los precios, porque nos veíamos obligados a pagar en efectivo cada descubrimiento; pues cuando un javanés ha descubierto tres dientes, se negara a recoger más hasta haberlos vendido. Por ello, teníamos que comprar una enorme masa de restos de dientes rotos y sin ningún valor, y arrojarlos en Bandung [...] si los hubiésemos dejado en Sangirán, nos habrían ofrecido los mismos, una y otra vez, para venderlos". El equipo, así estimulado, presentó los deseados fragmentos de cráneo. Después recordaría Von Koenigswald: "Ahí, en las riberas de un riachuelo, casi en la temporada de secas, se encontraban los fragmentos de un cráneo, lavados de la piedra caliza y de los conglomerados que contenía a la fauna de Trinil. Con un grupo de excitados aborígenes, subimos por la colina, recogiendo cada fragmento que pudimos descubrir. Yo había prometido la suma de 10 centavos por cada fragmento correspondiente a ese cráneo humano. Pero no había yo contado con la habilidad de mis morenos recolectores para 'hacer negocio'. ¡El resultado fue terrible! A mis espaldas, rompieron los fragmentos más grandes en pedazos ¡para aumentar el número de ventas! [...] Recogimos cerca de 40 fragmentos, 30 de los cuales pertenecían al cráneo. Formaron un magnífico casquete craneano, casi completo, de Pithecanthropus. ¡Ahora, al fin, lo teníamos!" ¿Cómo supo Von Koenigswald que los fragmentos descubiertos en la superficie de una colina pertenecían en realidad, como lo afirmó, a la formación Kabuh del Pleistoceno medio? Tal vez sus recolectores aborígenes descubrieron un cráneo en otra parte y lo fragmentaron, enviando un pedazo a Koenigswald y dispersando el resto por las orillas del Kali Tjemoro. Von Koenigswald reconstruyó un cráneo con los 30 fragmentos que había coleccionado, lo llamó Pithecanthropus II, y envió un informe preliminar a Dubois. EI cráneo era mucho más completo que el casquete original descubierto por Dubois en Trinil. Von Koenigswald siempre había creído que Dubois había reconstruido su cráneo de Pithecanthropus con muy pocas aspiraciones, y creyó que los fragmentos del cráneo de Pithecanthropus que acababa de descubrir le permitían hacer una interpretación más ambiciosa, que los asemejara a los seres humanos. Dubois, quien para entonces había llegado a la conclusión de que su original Pithecanthropus no era más que el fósil de un simio, estuvo en desacuerdo con la reconstrucción de Koenigswald y publicó un escrito donde lo acusaba de falsificación. más adelante se retractaría, diciendo que los errores que había visto en la reconstrucción de Koenigswald probablemente no habían sido intencionales. Pero la posición de Koenigswald iba ganando adeptos. En 1938, Franz Weidenreich, supervisor de las excavaciones del hombre de Beijingen Zhoukoudián, declaró en la prestigiosa publicación Nature que los nuevos descubrimientos de Von Koenigswald habían establecido definitivamente al Pithecanthropus como precursor humano, y no como un gibón, como lo afirmaba Dubois. En 1941, uno de los recolectores aborígenes de Von Koenigswald en Sangirán le envió a Bandung el fragmento de una gigantesca mandíbula inferior. Según Von Koenigswald, mostraba los rasgos inconfundibles de la mandíbula de un antepasado humano al cual llamó Meganthropus palaeojavanicus (gigante de la antigua Java), porque tenía el doble del tamaño de una típica mandíbula humana moderna. A pesar de que se ha hecho una búsqueda minuciosa de informes originales, estos no han revelado una descripción del lugar exacto en que se encontró esta mandíbula, ni quien la descubrió. Si Von Koenigswald informó de las circunstancias exactas de su descubrimiento, esto se ha mantenido en el más estricto secreto. Habló del Meganthropus al menos en tres informes y, sin embargo, en ninguno de ellos dio al lector los detalles de la ubicación original del fósil. Todo lo que dijo fue que procedía de la formación de Putjangán. Por tanto, todo lo que en realidad sabemos de cierto es que algún coleccionista no nombrado envió un fragmento de mandíbula a Von Koenigswald, y que su antigüedad, desde un punto de vista estrictamente científico, sigue siendo un misterio. En opinión de Von Koenigswald, el Meganthropus era un gigantesco descendiente de la principal línea de evolución humana. También había encontrado algunos grandes dientes fósiles, parecidos a los humanos, que atribuyó a un ser aún más grande llamado el Gigantopithecus. Según Von Koenigswald, el Gigantopithecus era un simio enorme y relativamente reciente; pero Weidenreich, después de examinar las mandíbulas del Meganthropus y los dientes del Gigantopithecus. planteó otra teoría: propuso que ambos seres eran antepasados humanos directos. Según Weidenreich, el Homo sapiens evolucionó del Gigantopithecus. pasando por el Meganthropus y por el Pithecanthropus. Y cada especie iba disminuyendo con respecto a la anterior. Sin embargo, la mayoría de las autoridades modernas consideran que el Gigantophitecus fue una variedad de simio que vivió del Pleistoceno formativo al Pleistoceno medio, y que no estuvo directamente relacionado con los seres humanos. Hoy, se cree que las mandíbulas de Meganthropus se parecen mucho más a las del hombre de Java (Homo erectus) de lo que originalmente creyó Koenigswald. En 1973, T. Jacob sugirió que los fósiles de Meganthropus debían clasificarse como de Australopithecus. Esto resulta desconcertante, pues, según la opinión más común, el Australopithecus nunca salió de su hogar en África. DESCUBRIMIENTOS POSTERIORES EN JAVA E l Meganthropus fue el último gran descubrimiento del cual nos dio noticia Von Koenigswald, pero hasta hoy se sigue la búsqueda de más huesos del hombre de Java. Estos últimos descubrimientos, de que han informado P. Marks, T. Jacob, S. Sartono y otros, son aceptados uniformemente como testimonios de la presencia del Homo erectus en el Pleistoceno formativo y medio en Java. Casi todos estos fósiles, como los descubrimientos de Von Koenigswald, fueron encontrados en la superficie por nativos coleccionistas o agricultores. Por ejemplo, T. Jacob informó que en agosto de 1963, un campesino indonesio descubrió fragmentos de un cráneo fosilizado en la zona de Sangirán, mientras trabajaba un campo. Una vez reunidos, estos fragmentos de cráneo formaron lo que parecía un cráneo similar al tipo designado como Homo erectus. Aunque Jacob afirmó que este casquete craneano procedía de la formación Kabuh del Pleistoceno medio, no precisó la posición de los fragmentos al ser descubiertos. Todo lo que en realidad sabemos es que un campesino descubrió algunos fragmentos de un cráneo fósil que muy probablemente se hallaban sobre la superficie o cerca de ella. En 1973, Jacob hizo esta interesante observación acerca de Sangirán, donde se realizaron todos los ulteriores descubrimientos del Homo erectus de Java: "El sitio aún parece ser prometedor, pero presenta problemas especiales [...] Esto se debe principalmente a que está habitado por muchas personas que son recolectores, a quienes se les ha enseñado a identificar los fósiles importantes. Los principales recolectores siempre tratan de sacar el mayor partido de los fósiles de primates hallados accidentalmente por descubridores novatos. Además, suelen no informar del sitio exacto del descubrimiento, para no perder una potencial fuente de ingresos. A veces, pueden no vender todos los fragmentos descubiertos a la vez, sino que tratan de conservar unos cuantos para venderlos a mayor precio en otra oportunidad. Y sin embargo, los fósiles de Sangirán son aceptados como auténticos. Si se descubrieran unos fósiles humanos anormalmente antiguos en situaciones así, se les sometería a una crítica implacable. Como siempre, nuestra idea es que no debieran emplearse dos normas distintas en la evaluación de los testimonios paleoantropológicos, es decir, una norma demasiado estricta para los testimonios anómalos y otra sumamente benigna para los testimonios aceptables. Para disipar incertidumbres, en 1985 enviamos varias cartas a S. Sartono y a T. Jacob, pidiendo mayor información acerca de los descubrimientos de que hubiesen recibido noticias de Java. Pero no recibimos respuestas. DATACIÓN QUÍMICA Y RADIOMÉTRICA DE LOS DESCUBRIMIENTOS DE JAVA Analizaremos ahora las cuestiones relacionadas con la datación mediante potasio-argón de las formaciones que han producido fósiles de homínidos en Java, así como los intentos por fechar los fósiles mismos por medio de diversos métodos químicos y radiométricos. A la formación Kabuh de Trinil, donde Dubois hizo sus originales descubrimientos del hombre de Java, se le ha asignado -por medio de la prueba de potasio-argón- una antigüedad de 800 000 años. Otros descubrimientos de Java provenían de los lechos de Djetis, de la formación Putjangán. Según T. Jacob, los lechos de Djetis de la formación Putjangán, cerca de Modjokerto, revelaron mediante potasio-argón una antigüedad del Pleistoceno formativo, de cerca de 1.9 millones de años. Esta antigüedad es significativa por las razones siguientes. Como hemos visto, muchos fósiles de Homo erectus (antes designados como Pithecanthropus y Meganthropus) se han atribuido a los lechos del Djetis. Si diéramos a estos fósiles una antigüedad de 1.9 millones de años, serían anteriores a los más antiguos descubrimientos del Homo erectus africano, que tiene alrededor de 1.6 millones de años. Según las ideas comunes, el Homo erectus evolucionó en África y no salió de ahí hasta hace cerca de un millón de años. Asimismo, algunos investigadores han sugerido que el Meganthropus de Von Koenigswald debiera ser clasificado como Australopithecus. Si aceptamos esta opinión, ello significará que los representantes javaneses del Australopithecus llegaron allí procedentes de África, hace más de 1.9 millones de años, o que el Australopithecus evolucionó por separado en Java. Ambas hipótesis entran en conflicto con las ideas aceptadas sobre la evolución humana. A pesar de todo, es preciso tener en cuenta que la técnica de potasio-argón que atribuyó esa antigüedad de 1.9 millones de años no es absolutamente segura. T. Jacob y G. Curtis, quienes intentaron datar la mayor parte de los sitios de homínidos en Java, tuvieron dificultades para obtener de ambas muestras unas fechas más o menos significativas. En otras palabras, sí obtuvieron fechas, pero se desviaban tanto de lo que ellos habían esperado, que Jacob y Curtis tuvieron que atribuir lo insatisfactorio de los resultados a ciertos contaminantes. En 1978, G. J. Bartstra atribuyó a los lechos de Djetis una antigüedad de menos de un millón de años mediante las pruebas de potasio-argón. Ya hemos visto que los fémures de Trinil no se diferencian en nada de los de los seres humanos modernos, y sí de los del Homo erectus. Esto ha movido a algunos a sugerir que los fémures de Trinil no corresponden al cráneo de Pithecanthropus y que tal vez se deslizaron de niveles superiores al lecho de principios del Pleistoceno medio en que se han descubierto huesos. Otra posibilidad es que unos seres humanos anatómicamente modernos vivieran al lado de seres simiescos a principios del Pleistoceno medio en Java. A la luz de los testimonios presentados en este libro, esta es una posibilidad que no debe descartarse. A menudo se ha empleado la prueba del contenido de flúor para determinar si unos huesos del mismo sitio son de la misma antigüedad. Los huesos absorben flúor de las aguas subterráneas y por ello, si algunos huesos contienen porcentajes similares de flúor (en relación con el contenido de fosfato de los huesos), esto sugiere que tales huesos permanecieron enterrados durante un mismo tiempo. En 1973, M. H. Day y T. I. Molleson presentaron un informe en el que analizan el casquete craneano y los fémures de Trinil y descubrieron que contenían casi la misma proporción de flúor y de fosfato. Los fósiles de mamíferos en el Pleistoceno medio en Trinil contenían una proporción de flúor-fosfato similar a la del casquete craneano y los fémures. Day y Molleson declararon que sus resultados al parecer indicaban una contemporaneidad de los cráneos y de los fémures con la fauna de Trinil. Si los fémures de Trinil son distintos de los del Homo erectus e idénticos a los del Homo sapiens sapiens, como dijeron Day y Molleson, entonces el contenido de flúor de los fémures confirma la idea de que en Java existieron unos seres humanos anatómicamente modernos a principios del Pleistoceno medio, hace unos 800 000 años. Day y Molleson propusieron que los huesos (recientes) del Holoceno del sitio de Trinil podrían tener, como los fósiles del hombre de Java, unas proporciones de flúor-fosfato similares a las de huesos de animales del Pleistoceno medio, lo que haría inútil ahí la prueba del flúor. K. P. Oakley, el creador del método del contenido de flúor, indicó que la tasa de absorción de flúor en zonas volcánicas, como Java, tiende a ser muy errática, lo que permite que haya huesos de muy distintas antigüedades que muestren contenidos similares de flúor. Esto no pudo demostrarse directamente en el sitio de Trinil, porque ahí sólo los lechos del Pleistoceno medio contienen fósiles. Day y Molleson demostraron que existen lechos del Holoceno y del Pleistoceno tardío en otros sitios de Java, que contenían huesos con proporciones de flúor-fosfato similares a las de los huesos de Trinil. Pero reconocieron que "no se pueden comparar en forma directa" las proporciones de flúor-fosfato de huesos de otros sitios con las de los huesos del sitio de Trinil. Esto se debe a que la tasa de absorción de flúor por el hueso depende de unos factores que pueden variar mucho de un lugar a otro. Tales factores incluyen el contenido de flúor del agua subterránea, la fluidez de ésta, la naturaleza de los sedimentos y el tipo de hueso. Por consiguiente, los resultados de la prueba del contenido de flúor, que reportaron Day y Molleson, siguen siendo congruentes con la antigüedad de principios del Pleistoceno medio (sin que esto signifique una prueba), de unos 800 000 años, para los fémures de Trinil, que parecen de seres humanos anatómicamente modernos. A los huesos de Trinil también se les sometió a una prueba de contenido de nitrógeno. Dubois hizo hervir el casquete craneano y el primer fémur en un pegamento animal, cuya proteína contiene nitrógeno. Day y Molleson intentaron compensar esto dando un tratamiento previo a sus muestras para suprimir antes del análisis todo nitrógeno soluble. Los resultados demostraron que a los huesos de Trinil les quedaba muy poco nitrógeno. Esto pareció demostrar que todos los huesos eran de la misma antigüedad: principios del Pleistoceno medio, aunque Day y Molleson sí informaron que el nitrógeno de los huesos se pierde tan rápidamente en Java que incluso hay huesos del Holoceno que no tienen ya ningún nitrógeno. PRESENTACIONES ENGAÑOSAS DE TESTIMONIOS DEL HOMBRE DE JAVA La mayoría de los libros que tratan el tema de la evolución humana presentan lo que, a primera vista, parece ser un testimonio impresionante a favor de la presencia del Homo erectus en Java, de hace 0.5 a 2 millones de años. Uno de tales libros es The Fossil Evidence for Human Evolution (1978), de W. E. Le Gros Clark, profesor de anatomía de la Universidad de Oxford, y Bernard G. Campbell, profesor adjunto de antropología en la Universidad de California, en Los Ángeles. En este libro se presenta un cuadro impresionante de descubrimientos del Homo erectus. Estos descubrimientos (cuadro 8.1) se han empleado extensamente para apoyar la creencia de que el hombre ha evolucionado a partir de un ser simiesco. T3 es el fémur descubierto por Dubois a una distancia de 15 metros del cráneo original, T2. Ya hemos visto que es injustificado atribuir estos dos huesos a un mismo individuo. Y sin embargo, pasando por alto muchos hechos importantes, Le Gros Clark y Campbell afirman que "la acumulación de testimonios señala con tal claridad su asociación natural que esto es hoy generalmente aceptado". T6, T7, T8 y T9 son los fémures descubiertos en cajas de fósiles en Holanda, más de 30 años después de haber sido excavados originalmente en Java. Le Gros Clark y Campbell al parecer pasaron por alto la afirmación de Dubois de que él no los extrajo personalmente, y que no se conocía el lugar original de los fémures. Ademas, Von Koenigswald afirmó que los fémures procedían de la colección general de Dubois, la cual contenía fósiles de "varios sitios y diversas antigüedades, mal diferenciados porque se perdieron algunas de sus etiquetas". Y sin embargo, Le Gros Clark y Campbell supusieron que estos fémures procedían de los lechos de Trinil, de la formación Kabuh. Pero Day y Molleson observaron: "Si las rigurosas normas que se exigen en las excavaciones modernas se aplicaran a todo el material de Trinil posterior al descubrimiento de la calavera y del fémur 1, todo sería rechazado como de procedencia dudosa y de estratigrafía desconocida". El fósil M1 Y los fósiles S1a hasta S6 son los que descubrieron los recolectores aborígenes javaneses empleados por Von Koenigswald. Sólo de uno de ellos (M1) se informó haber sido descubierto enterrado en el estrato al que se le ha asignado, y aun este informe provoca dudas. Los fósiles restantes de la serie S son aquellos de los que informaron Marx, Sartono y Jacob, y en su mayor parte fueron descubrimientos de superficie efectuados por aldeanos y campesinos, quienes vendieron los fósiles, tal vez por medio de intermediarios, a los científicos. CUADRO 8.1 Fósiles de homínidos de Java Unidad Sitios Sangirán S2 cráneo de adulto femenino (1937) S3 Cráneo juvenil (1938) S8 Mandíbula derecha (1952) S10 Cráneo de varón adulto (1963) S12 Cráneo de varón viejo (1965) S15 Maxilar(1969) S17 Cráneo (1969) S21 Mandíbula(1973) Trinil T2 Cráneo (1892) =Pithecanthropus T3, T6, T7, T8, T9 Fémures Kedung Brubus Trinil (formación KB 1 Mandíbula derecha de Kabuh) juvenil (1890) Djetis(formación Sangirán Putjangán) S1a Maxilar derecho (1936) S1b Mandíbula derecha (1936) S4 Calvaria y maxilar masculinos (1938-1939) = P. robustus S5 Mandíbula derecha (1939) =P. dubius S6 Mandíbula derecha (1941) =Meganthropus S9 Mandíbula derecha (1960) S22 Maxilar, mandíbula (1974) Modjokerto M1 Niño, 7 años, calvaria (1936) Antigüedad 0.7 a 1.3 millones de años (datación potasio-argón de alrededor de 0.83 millones de años) 1.3 a 2 millones de años (datación potasio-argón de cerca de 1.9 millones de años) Este cuadro está tomado de un texto estándar sobre la evolución humana. Calvaria significa calavera; mandíbula significa mandíbula inferior; maxilar significa mandíbula superior. Todo el que esté familiarizado con la manera en que se descubrieron estos especímenes se escandalizará de la falta de probidad intelectual que se manifiesta en el cuadro 8, el cual deja la impresión de que todos los fósiles fueron descubiertos en estratos de una edad definida. Le Gros Clark y Campbell reconocieron que no se sabía con exactitud el sitio verdadero de muchos de los descubrimientos de Von Koenigswald. No obstante, dijeron que los fósiles debían de provenir de lechos de Trinil, del Pleistoceno medio, de la formación Kabuh (0.7 a 1.3 millones de años), o de los lechos del Pleistoceno formativo de Djetis, de la formación Putjangán (1.3 a 2 millones de años). La antigüedad atribuida por Le Gros Clark y Campbell a los descubrimientos, derivada de fechas obtenidas mediante potasio-argón, como hemos visto sólo se refiere a la antigüedad de los suelos volcánicos y no a los propios huesos. Las fechas de potasio-argón sólo tienen algún significado si los huesos se descubren con seguridad en un lugar dentro o por encima de las capas de material volcánico fechado. Pero la gran mayoría de los fósiles enumerados en el cuadro 8 fueron descubrimientos de superficie, lo que le quita todo valor a las fechas atribuidas mediante potasio-argón. En cuanto a la antigüedad de 1.3 a 2 millones de años, atribuida por Le Gros Clark y Campbell a los lechos de Djetis de la formación Putjangán, podemos notar que se basa en la fecha de potasio-argón de 1.9 millones de años, dada por Jacob y Curtis en 1971. Pero en 1978, mediante potasio-argón, Bartstra les atribuyó una antigüedad de menos de un millón de años. Otros investigadores han mostrado que las faunas de los lechos de Djetis y de Trinil son muy similares y que los huesos tienen parecidas proporciones de flúor-fosfato. Le Gros Clark y Campbell llegaron a la conclusión de que "en aquella antigua época existían en Java unos homínidos con un tipo de fémur que no se puede distinguir del fémur del Homo sapiens. aunque todos los restos craneanos hasta hoy descubiertos muestran los caracteres extraordinariamente primitivos del cráneo y de la dentición". En resumen, la presentación hecha por Le Gros Clark y Campbell fue sumamente engañosa. Dan al lector la impresión de que los restos craneanos descubiertos en Java pueden asociarse definitivamente con los fémures, cuando no es así. Además, otros descubrimientos efectuados en China y en África han demostrado que los fémures del Homo erectus son diferentes de los que encontró Dubois en Java. Si hemos de juzgar estrictamente por el testimonio fósil homínido de Java, todo lo que podemos decir es lo siguiente: con respecto a los descubrimientos de superficie, son de restos craneanos y dentales, cuya morfología es básicamente simiesca, con algunos rasgos semihumanos. Y como se desconoce su posición estratigráfica general, estos fósiles simplemente indican que en Java, en algún momento desconocido del pasado, hubo un ser con una cabeza que mostraba algunos rasgos simiescos y otros humanos. El cráneo original del Pithecanthropus (T2) y el fémur (T3) del que dio noticia Dubois fueron descubiertos in situ y, por ello, hay al menos cierta base para decir que tal vez sean tan antiguos como los lechos de Trinil, de la formación Kabuh, de principios del Pleistoceno medio. La posición original de los otros fémures está mal documentada, pero se dice que fueron excavados de los mismos lechos de Trinil de donde se encontraron T2 y T3. Sea como fuere, el fémur original (T3) descrito como absolutamente humano no se descubrió en relación directa con el cráneo primitivo, y muestra rasgos anatómicos que lo distinguen del fémur del Homo erectus. Por tanto, no hay una buena razón para relacionar el cráneo con el fémur T3 o con ninguno de los otros fémures, todos los cuales fueron descritos como idénticos a los de seres humanos anatómicamente modernos. Por ello, se puede decir que el cráneo T2 y el fémur T3 indican la presencia de dos tipos de homínidos en Java a comienzos del Pleistoceno medio: uno que tenía una cabeza simiesca, y el otro que tenía piernas como las de los seres humanos anatómicamente modernos. Siguiendo la práctica habitual de identificar una especie sobre la base de restos parciales de esqueletos, podemos decir que el fémur T3 nos ofrece un testimonio del Homo sapiens sapiens en Java, hace unos 800 000 años. Hasta hoy, no se conoce ningún ser excepto el Homo sapiens sapiens que haya tenido el tipo de fémur descubierto en Java en los lechos de Trinil de principios del Pleistoceno medio. El debate de Piltdown Después de que en el decenio de 1890 Eugene Dubois descubrió al hombre de Java, se intensificó la caza de fósiles para llenar las lagunas evolutivas entre los antiguos homínidos, similares a simios, y el moderno Homo sapiens. Fue en esta época de grandes esperanzas cuando se realizó en Inglaterra un descubrimiento sensacional: el del hombre de Piltdown, que poseía un cráneo similar al del humano y una mandíbula simiesca. La historia del hombre de Piltdown, en sus lineamientos generales, ya es conocida tanto por los partidarios como por los adversarios de la teoría darviniana de la evolución humana. Los primeros fósiles, que fueron descubiertos por Charles Dawson en los años 1908 a 1911, fueron declarados falsificaciones, en el decenio de 1950, por los científicos del Museo Británico. Esto permitió a los críticos de la evolución darviniana negar la credibilidad de los científicos que durante varias décadas habían estado colocando los fósiles de Piltdown en los árboles genealógicos de la evolución. Por su parte, los científicos se apresuraron a señalar que ellos mismos habían puesto al descubierto el fraude. Algunos trataron de decir que el falsificador había sido Dawson, excéntrico aficionado, o Pierre Teilhard de Chardin, sacerdote católico y paleontólogo con ideas místicas acerca de la evolución, lo cual absolvía a los científicos "auténticos" que participaron en el descubrimiento. En cierto sentido, sería posible dejar aquí la historia de Piltdown y seguir nuestro estudio de los testimonios paleoantropológicos. Pero vale la pena echar una ojeada más detenida al hombre de Piltdown y a las controversias que lo rodearon, pues ello nos dará un mejor atisbo de cómo se establecen y desestablecen los hechos relacionados con la evolución humana. En contra de la impresión general de que los fósiles hablan con total certidumbre y convicción, la intrincada red de circunstancias conectadas con un descubrimiento paleoantropológico puede impedir cualquier interpretación sencilla, y es de esperar esa ambigüedad, especialmente en el caso de una falsificación cuidadosamente planeada, si es que eso es lo que representa el episodio de Piltdown. Pero, como regla general, hasta los descubrimientos paleoantropológicos "ordinarios" están envueltos en múltiples velos de incertidumbre. Conforme sigamos la historia detallada de la controversia de Piltdown, se verá cada vez mejor que a menudo es muy borrosa la línea que divide el hecho real de la falsificación. DAWSON DESCUBRE UN CRÁNEO Alrededor del año 1908, Charles Dawson, abogado y antropólogo aficionado, notó que estaban reparando con grava de pedernal un camino vecinal cercano a Piltdown, en Sussex. Siempre en busca de armas de pedernal, Dawson preguntó a los obreros, y se enteró de que éste procedía de un pozo situado en una finca cercana, Barkham Manor, propiedad del señor R. Kenward, a quien Dawson conocía. Dawson visitó el pozo y pidió ahí a dos obreros que estuviesen alerta ante cualquier herramienta o fósil que pudiesen descubrir. En 1913 escribió Dawson: "En una de mis ulteriores visitas al pozo, uno de los obreros me entregó un fragmento pequeño de un hueso parietal humano, insólitamente grueso. Al punto inicie una búsqueda, pero no pude descubrir nada más [...] Sólo algunos años después, en el otoño de 1911, al visitar el pozo recogí, entre los montones del pozo de grava lavados por las lluvias, otro pedazo más grande, correspondiente a la región frontal del mismo cráneo". Dawson observó que el pozo contenía pedazos de pedernal de color muy parecido al de los fragmentos de cráneo. Dawson no era un simple aficionado. Lo habían elegido miembro de la Sociedad Geológica, y durante 30 años había aportado especímenes al Museo Británico como coleccionista honorario. Además, había cultivado una íntima amistad con sir Arthur Smith Woodward, encargado del Departamento de Geología del Museo Británico y miembro de la Real Sociedad. En febrero de 1912, Dawson mandó al Museo Británico una carta dirigida a Woodward,en la que le decía cómo "había tropezado con un antiquísimo lecho del Pleistoceno [...]que, creo yo, será muy interesante [...] en él había una parte de un grueso cráneo humano [...] parte de un cráneo humano que rivalizará con el Homo heidelbergensis". En total, Dawson había descubierto cinco pedazos del cráneo. Para endurecerlos, los empapó en una solución de dicromato de potasio. El sábado 2 de junio de 1912, Woodward y Dawson, acompañados por Pierre Teilhard de Chardin, estudiante del seminario jesuita del lugar, iniciaron sus excavaciones en Piltdown y fueron recompensados por algunos nuevos descubrimientos. El mismísimo primer día descubrieron otro pedazo del cráneo, al que siguieron otros más. Después escribiría Dawson: "Al parecer, todo el cráneo humano, o una gran parte, había sido despedazado por los obreros, quienes apartaron a un lado los pedazos no notados. De estos recuperamos, entre los montones de desperdicio, todos los fragmentos que nos fue posible. En una depresión un tanto más profunda, de grava no removida, descubrí la parte derecha de una mandíbula humana. Hasta donde pude juzgar guiándome por la posición de un árbol, a 3 ó 4 metros, el lugar era idéntico a aquel donde trabajaban los hombres, hace varios años, cuando se descubrió la primera parte del cráneo. El doctor Woodward también desenterró una parte pequeña del hueso occipital del cráneo, a menos de un metro del punto en que se descubrió la mandíbula, y precisamente en el mismo nivel. La mandíbula parecía haber sido rota en la sínfisis y pulida, tal vez cuando estuvo fija en la grava y antes de su ubicación final. Los fragmentos del cráneo muestran pocas o ningunas señales de haber rodado o haber sido pulidos, salvo una incisión en la parte trasera del parietal, probablemente causada por el pico de un obrero". Se descubrió un total de nueve pedazos fósiles del cráneo, cinco por el propio Dawson y otros cuatro después de que Woodward se unió a la excavación. Además de los fósiles humanos, las excavaciones de Piltdown sacaron a la luz toda una variedad de fósiles de mamíferos, incluyendo colmillos de elefante, mastodontes, caballos y castores. También se descubrieron ahí instrumentos de piedra, algunos de ellos comparables a eolitos y otros de manufactura más avanzada. Algunos de los fósiles de mamíferos y las herramientas estaban más desgastados que otros. Dawson y Woodward creyeron que las herramientas y los huesos en mejor estado, incluyendo los fósiles del hombre de Piltdown, databan del Pleistoceno formativo, mientras que los otros habían sido parte originalmente de una formación pliocénica. En los decenios siguientes, muchos científicos convinieron con Dawson y con Woodward en que los fósiles del hombre de Piltdown coincidían con los de mamíferos del Pleistoceno formativo, contemporáneos de la grava de Piltdown. Otros, como sir Arthur Keith y A. T. Hopwood, pensaron que los fósiles del hombre de Piltdown coincidían con la fauna más antigua del Plioceno tardío que, al parecer deslizándose desde horizontes más antiguos, habían ido a parar a la grava de Piltdown. Desde el principio, el cráneo de Piltdown fue considerado morfológicamente humanoide. Según Woodward, los primeros antepasados simiescos de los seres humanos tenían un cráneo parecido al humano, y una mandíbula semejante a la de los simios, como la del hombre de Piltdown. En cierto momento, según Woodward, la línea evolutiva se escindió. Una rama empezó a desarrollar cráneos gruesos, con grandes arcos superciliares y condujo al hombre de Java y al de Neanderthal, quienes tenían gruesos cráneos con grandes arcos superciliares. Otra línea conservo el cráneo alisado, mientras que la mandíbula se volvía más humana. Esta última es la línea de donde aparecieron los seres humanos anatómicamente modernos. Woodward había presentado así su teoría acerca de la evolución humana, que deseaba apoyar mediante testimonios fósiles, por muy limitados y fragmentarios que fuesen. Hoy, una versión del linaje propuesto por Woodward sobrevive en la muy aceptada idea de que el Homo sapiens sapiens y el Homo sapiens neanderthalensis son descendientes, ambos, de una especie llamada "Homo sapiens arcaico o temprano". Louis Leakey hizo una propuesta, no totalmente aceptada pero sí similar a la idea de Woodward, de que tanto el Homo erectus como el de Neanderthal constituyen ramas laterales del linaje principal de la evolución humana. Pero todos estos propuestos linajes evolutivos pasan por alto los testimonios, catalogados en este libro, de la presencia de seres humanos anatómicamente modernos en periodos anteriores al Pleistoceno. No todos aceptaron la idea de que la mandíbula y el cráneo de Piltdown habían pertenecido a un mismo ser. Sir Ray Lankester, del Museo Británico, sugirió que acaso pertenecieron a seres de distintas especies. David Waterston, profesor de anatomía del King's College, también consideró que la mandíbula no era del mismo cráneo. Dijo que relacionar la mandíbula con el cráneo era como relacionar el pie de un chimpancé con una pierna humana. Si Waterston estaba en lo cierto, se encontró con un cráneo muy similar al de un ser humano y que muy posiblemente procedía del Pleistoceno formativo. Así, desde un principio, algunos expertos se sintieron inquietos ante la aparente incompatibilidad del cráneo humano y la mandíbula simiesca del hombre de Piltdown (figura 9.1). Sir Grafton Eliot Smith, experto en fisiología del cerebro, trató de disipar esta duda. Después de examinar un molde que mostraba los rasgos de la cavidad cerebral del cráneo de Piltdown, escribió: "Hemos de considerar que este es el cerebro humano más primitivo y más simiesco de que hoy tenemos noticia; además, hubiera sido razonable pensar que, junto con la mandíbula [simiesca] formara parte de un mismo individuo". Pero según los científicos modernos, el cráneo de Piltdown es un cráneo de Homo sapiens sapiens bastante reciente, que simplemente fue colocado ahí por un falsificador. Si aceptamos esto, quiere decir que Smith, renombrado experto, estaba viendo unos rasgos simiescos donde en realidad no existían. Se esperó entonces que futuros descubrimientos aclararan la situación exacta del hombre de Piltdown. La mandíbula de Piltdown no presentaba los dientes caninos, más puntiagudos en los simios que en los seres humanos, Woodward pensó que con el tiempo descubriría un canino, y hasta hizo un modelo de cómo sería ese diente en el hombre de Piltdown. El 29 de agosto de 1913, Teilhard de Chardin en realidad descubrió un diente canino en un montón de grava del sitio de las excavaciones de Piltdown, cerca del lugar donde se descubriera la mandíbula. La punta del diente estaba desgastada y achatada, como la de un canino humano. También se descubrieron algunos huesos de la nariz. Para entonces, Piltdown se había vuelto ya una atracción turística. A los investigadores visitantes se les permitía, cortésmente, presenciar las excavaciones que estaban efectuándose. Acudían automóviles llevando miembros de sociedades de historia natural. Dawson hasta organizó un día de campo en el sitio de Piltdown, para la Sociedad Geológica de Londres. Pronto, Dawson fue toda una celebridad. En realidad, el nombre científico dado al homínido de Piltdown se volvió Eoanthropus dawsoni, lo que significa "hombre de la aurora de Dawson". Pero Dawson disfrutó muy brevemente de su fama, pues falleció en 1916. Persistieron las dudas respecto a que si la mandíbula y el cráneo del Eoanthropus hubiesen pertenecido a un mismo ser, pero estas casi se disiparon cuando Woodward anunció en 1915, el descubrimiento de un segundo conjunto de fósiles, a unos 3 kilómetros del original sitio de Piltdown. Ahí se descubrieron dos pedazos de un cráneo humano y un diente molar parecido al de los humanos. Según muchos científicos, los descubrimientos de Piltdown II confirmaron que el cráneo y la mandíbula originales de Piltdown sí habían pertenecido a un mismo individuo. Pero al descubrirse más fósiles de homínidos, los fósiles de Piltdown, con su tipo de cráneo de Homo sapiens, volvió a reinar la incertidumbre en la interpretación del linaje de la evolución humana. En Choukoutién (hoy Zhoukoudián), cerca de Pekín (hoy Beijing), los investigadores empezaron por descubrir una mandíbula de aspecto primitivo, semejante a la del hombre de Piltdown. Pero al descubrirse el primer cráneo del hombre de Beijing, en 1929, se vio que tenia la frente baja y los pronunciados arcos superciliares del Pithecanthropus erectus de Java, hoy clasificado, junto con el hombre de Beijing como Homo erectus. En ese mismo decenio, Raymond Dart descubrió en África los primeros especímenes de Australopithecus. A estos le siguieron otros descubrimientos de Australopithecus y, al igual que los hombres de Java y de Beijing, también tenían frentes bajas y arcos superciliares prominentes. Sin embargo, la mayoría de los antropólogos británicos decidió que el Australophitecus era un ser simiesco, no un antepasado humano. Pero después de la Segunda Guerra Mundial, nuevos descubrimientos realizados por Robert Broom en África hicieron que los británicos cambiaran de opinión acerca del Australopithecus, y lo aceptaron como antepasado humano. Entonces, "qué hacer con el hombre de Piltdown, considerado tan antiguo como los descubrimientos del Australopithecus? Figura 9.1. Restauración del cráneo y la mandíbula de Piltdown hecha por Dawson y Woodward. ¿DESENMASCARAMIENTO DE UNA FALSIFICACIÓN? Mientras tanto, un dentista inglés, Alvan Marston, no dejaba de fastidiar a los científicos británicos con el hombre de Piltdown, afirmando que en los fósiles algo estaba mal. En 1935, Marston descubrió un cráneo humano en Swanscombe, junto con huesos fósiles de 26 tipos de animales del Pleistoceno medio. Deseando que su descubrimiento fuese saludado como el del "primer hombre inglés", Marston puso en duda la antigüedad de los fósiles de Piltdown. En 1949, Marston convenció a Kenneth P. Oakley, del Museo Británico, de que pusiera a prueba los fósiles de Swanscombe y de Piltdown con el recién inventado método del contenido de flúor. El cráneo de Swanscombe arrojó el mismo contenido de flúor que los huesos fósiles de animales descubiertos en el mismo sitio, lo que confirmaba su antigüedad del Pleistoceno medio. Los resultados de las pruebas efectuadas con los especímenes de Piltdown fueron más confusos. Debe decirse que, al parecer, Oakley tenía sus sospechas acerca del hombre de Piltdown. Oakley y Hoskins, coautores del informe sobre la prueba del contenido de flúor efectuada en 1950, escribieron que "los rasgos anatómicos del Eoanthropus (suponiendo que ese material represente a una sola criatura) son absolutamente opuestos a lo que, según los descubrimientos efectuados en el Lejano Oriente y en África, nos había llevado a pensar en un homínido pleistocénico temprano". Oakley puso a prueba los fósiles de Piltdown para determinar si el cráneo y la mandíbula del hombre de Piltdown realmente pertenecían a un solo individuo. El contenido de flúor de cuatro de los huesos craneanos originales de Piltdown varió de 0.1 a 0.4%. La mandíbula reveló un contenido de flúor de 0.2%, lo que sugirió que sí correspondía al cráneo. Resultados similares dieron los huesos de la segunda localidad de Piltdown. Oakley llegó a la conclusión de que los huesos de Piltdown procedían del periodo interglacial de RissWlirm, lo que les daría una antigüedad que oscilaba entre los 75 000 y los 125 000 años. Esto es bastante más reciente que la fecha de Pleistoceno formativo originalmente atribuida a los fósiles de Piltdown" pero aún resulta anormalmente antigua para un cráneo del tipo completamente humano en Inglaterra. Según la teoría actual, el Homo sapiens sapiens surgió en África hace unos 100 000 años, y hubo de pasar mucho tiempo para que emigrara a Europa (hace alrededor de 30 000 años). El informe de Oakley no satisfizo del todo a Marston, quien estaba convencido de que la mandíbula y el cráneo de Piltdown procedían de seres enteramente distintos. Basándose en sus conocimientos de medicina y de odontología, Marston llegó a la conclusión de que el cráneo, con sus suturas cerradas, era de un ser humano maduro, mientras que la mandíbula, con sus molares imperfectamente desarrollados, era de un simio inmaduro. También consideró que el oscuro color de los huesos, tornado como señal de gran antigüedad, se debía a que Dawson los había empapado en una solución de dicromato de potasio para endurecerlos. La continua campaña de Marston acerca de los fósiles de Piltdown acabó por llamar la atención de J. S. Weiner, antropólogo de Oxford. Pronto Weiner se convenció de que algo estaba mal en los fósiles de Piltdown. Comunicó sus sospechas a W. E. Le Gros Clark, jefe del Departamento de Antropología de la Universidad de Oxford, pero al principio Le Gros Clark se mostró escéptico. El 5 de agosto de 1953, Weiner y Oakley se reunieron con Le Gros Clark en el Museo Británico. Oakley sacó de una caja fuerte los especímenes de Piltdown para poder examinar los discutidos restos. En este punto, Weiner presentó a Le Gros Clark un hueso de chimpancé que había sacado de una colección del museo y luego lo había rellenado y manchado. El parecido con el molar de Piltdown fue tan notable, que Le Gros Clark autorizó una investigación completa de todos los fósiles de Piltdown. Los fósiles humanos de Piltdown fueron sometidos a una segunda prueba de contenido de flúor, utilizando técnicas nuevas. En esta ocasión tres de los pedazos del cráneo de Piltdown revelaron un contenido de flúor de 0.1 %, pero la mandíbula y los dientes de Piltdown mostraron un contenido mucho menor de flúor: 0.01 a 0.04%. Dado que el contenido de flúor aumenta con el paso del tiempo, los resultados asignaron al cráneo una antigüedad mucho mayor que a la mandíbula y los dientes. Esto significaba que no podían haber pertenecido a un mismo individuo. Con respecto a las dos pruebas de contenido de flúor efectuadas por Oakley, podemos ver que la primera indicó que tanto el cráneo como la mandíbula eran de la misma antigüedad, mientras que según la segunda eran de distintas antigüedades. Se dijo que en el segundo conjunto de pruebas se habían aplicado nuevas técnicas, que habían dado el resultado deseado. Este tipo de cosas ocurre muy a menudo en la paleoantropología: los investigadores hacen una y otra prueba o depuran sus métodos hasta llegar a un resultado aceptable y entonces, cesan. En tales casos, parece que la prueba esta calibrada contra la expectativa teórica. También se sometió a los fósiles de Piltdown a pruebas de contenido de nitrógeno. Examinando los resultados, Weiner descubrió que los huesos craneanos contenían 0.6 a 1.4% de nitrógeno, mientras que la mandíbula contenía 3.9%, Y la parte de dentina de algunos de los huesos de Piltdown contenía 4.2 a 5.1 %. Por consiguiente, los resultados de las pruebas mostraron que los fragmentos craneanos no eran de la misma antigüedad que la mandíbula y los dientes, demostrando con ello que pertenecieron a diferentes individuos. El hueso moderno contiene entre 4 y 5% de nitrógeno, y el contenido va decreciendo con la antigüedad. Así, se vio que la mandíbula y los dientes eran muy recientes, y que el cráneo era más antiguo. Los resultados de las pruebas del contenido de flúor y de nitrógeno aún nos permiten creer que al menos el cráneo era originario de la grava de Piltdown. Pero, a la postre, hasta los fragmentos de cráneo cayeron bajo sospecha. El informe del Museo Británico dijo: "El doctor G. F. Claringbull efectuó un análisis cristalográfico de estos huesos mediante rayos X, y descubrió que su principal elemento mineral, la hidroxiapatita, había sido remplazado parcialmente por yeso. Unos estudios del estado químico del subsuelo y del agua subterránea de Piltdown mostraron que tan insólita alteración no habría podido ocurrir en forma natural en la grava de Piltdown. El doctor M. H. Hey demostró entonces que cuando se ensucian artificialmente los huesos subfósiles, metiéndolos en densas soluciones de sulfato de hierro ocurre esta alteración. Así, hoy es claro que los huesos craneanos habían sido manchados artificialmente para que su color coincidiera con el de la grava, y 'plantados' en el sitio con todos los demás hallazgos". Pese al testimonio del informe del Museo Británico, aún podría argüirse que el cráneo procedía originalmente de la grava de Piltdown. Todos los fragmentos del cráneo estaban manchados de un color oscuro, como de hierro, mientras que el hueso de la mandíbula (del que también se dijo que era falsificación) sólo tenía manchada la superficie. Además, un análisis químico de los primeros fragmentos del cráneo descubiertos por Dawson mostró que tenían un altísimo contenido de hierro (8%) en tanto que la mandíbula sólo tenía de 2 a 3%. Esto sugiere que los fragmentos del cráneo adquirieron las manchas de color acero (que penetraron todo el hueso y aportaron 8% al contenido mineral de los huesos) por una larga permanencia en las gravas de Piltdown, ricas en hierro. La mandíbula, con sólo la superficie manchada y con mucho menor contenido de hierro, parece ser de diferente origen. Si los fragmentos del cráneo eran originarios de la grava de Piltdown y no fueron manchados artificialmente, como lo sugirieron Weiner y sus colegas, entonces, ¿cómo explicar el yeso (sulfato de calcio) descubierto en los fragmentos del cráneo? Una posibilidad es que Dawson haya utilizado compuestos de sulfatos (junto con dicromato de potasio) al tratar químicamente los huesos para endurecerlos después de ser excavados, convirtiendo así una parte de la hidroxiapatita de los huesos en yeso. Otra opción es que el yeso se acumulara mientras el cráneo permanecía en la grava de Piltdown. Los científicos del Museo Británico afirmaron que la concentración de sulfatos en Piltdown era demasiado baja para que esto hubiese ocurrido. Pero M. Bowden observó que en el agua subterránea de la zona había sulfatos de 63 partes por millón y que la grava de Piltdown tenía un contenido de sulfato de 3.9 miligramos por cada 100 gramos. Reconociendo que estas concentraciones no eran altas Bowden dijo que acaso hubiesen sido considerablemente más altas en el pasado. Observemos que Oakley tuvo que considerar que en el pasado hubo concentraciones más altas de flúor en el agua subterránea para explicar un contenido de flúor anormalmente alto en los esqueletos humanos de Castenedolo. Significativamente, la mandíbula de Piltdown no contenía yeso. El hecho de que el yeso esté presente en todos los fragmentos del cráneo pero no en la mandíbula coincide con la hipótesis de que los fragmentos del cráneo procedían originalmente de la grava de Piltdown, mas no así la mandíbula. En los cinco fragmentos del cráneo descubiertos por Dawson, cuando trabajaba solo, antes de que se le uniera Woodward, se encontró cromo, lo que puede explicarse por el conocido hecho de que Dawson empapó los fragmentos con dicromato de potasio para endurecerlos después de recogerlos. Los fragmentos adicionales de cráneo descubiertos por Dawson y Woodward no contenían cromo. La mandíbula si tenía cromo, al parecer como resultado de una técnica de manchado con hierro, que incluía el uso de un compuesto de hierro y dicromato de potasio. En resumen, bien puede ser que el cráneo fuese originario de la grava de Piltdown y quedara totalmente impregnado de hierro en el curso de un larguísimo periodo. Durante este mismo periodo, parte del fosfato de calcio del hueso se transformó en sulfato de calcio (yeso) por la acción de sulfatos contenidos en la grava y el agua subterránea. Después, algunos de los fragmentos de cráneo fueron empapados por Dawson con dicromato de potasio, lo que explicaría la presencia del cromo en ellos. Los fragmentos posteriormente descubiertos por Dawson y Woodward no fueron empapados en dicromato de potasio, y. por tanto en ellos no se encontró cromo. En cambio, la mandíbula fue artificialmente manchada con hierro, lo que dio como resultado una coloración únicamente superficial. La técnica de manchado incluyó el uso de un compuesto de cromo, lo que explica la presencia de este elemento en la mandíbula, pero esa técnica de manchado no produce yeso. En cambio, si aceptamos que los fragmentos del cráneo (así como la mandíbula) fueron manchados con hierro en un intento de falsificación, entonces hemos de suponer asimismo que el falsificador se valió de tres técnicas distintas para mancharlos: 1) según los científicos del Museo Británico, la técnica de manchado básica incluyó el uso de una solución de sulfato de hierro con dicromato de potasio como oxidante, lo que dio yeso (sulfato de calcio) como subproducto. Esto explicaría la presencia de yeso y de cromo en los cinco fragmentos de cráneo manchados con hierro, descubiertos inicialmente por Dawson. 2) Los cuatro fragmentos de cráneo descubiertos por Dawson y Woodward, cuando trabajaron en equipo, contenían yeso pero no cromo. Así, la técnica de manchado empleada en este caso no requería el empleo de dicromato de potasio. 3) La mandíbula, que contenía cromo pero no yeso, debió de ser manchada valiéndose de un tercer método que incluía el uso de compuestos de hierro y de cromo, pero que no produjo yeso. Resulta difícil comprender por qué un falsificador se habría valido de tantos métodos cuando uno solo le habría bastado. También debemos preguntar por qué el falsificador manchó descuidadamente la mandíbula en mucho menor grado que el cráneo, arriesgándose así a ser descubierto. Otro testimonio, de una testigo presencial, sugiere que en realidad el cráneo procedía de la grava de Piltdown. La testigo fue Mabel Kenward, hija de Robert Kenward, el propietario de la mansión Barkham. El 23 de febrero de 1955, el Telegraph publicó una carta de la señorita Kenward, que contenía esta declaración: "Un día, cuando estaban excavando en la grava, hasta entonces intacta, uno de los obreros vio algo que dijo que era un coco. Lo rompió con el pico, se quedó con un pedazo y arrojó el resto". Resulta particularmente significativo el testimonio de que la grava hasta entonces estaba intacta. El propio Weiner escribió: "No podemos rechazar a la ligera la versión de los excavadores y de su 'coco' como simple invento, como un relato creíble, urdido para dar una versión aceptable de los pedazos [...] Así pues, tomando en cuenta la probabilidad de que los obreros sí encontraran una parte del cráneo, aún resulta concebible que lo que descubrieron no fuera el Eoanthropus semifósil, sino algún entierro muy reciente y común". Weiner sugirió que el culpable, quienquiera que fuese, pudo entonces sustituir las piezas que había descubierto por los pedazos de cráneo ya tratados. Pero si los obreros encontraron "un entierro muy reciente y común", entonces, ¿dónde estaba el resto de los huesos del cadáver? A la postre, Weiner sugirió que se había colocado ahí todo un cráneo falso, y que los obreros lo descubrieron. Pero Mabel Kenward atestiguó que la superficie donde empezaron a cavar los obreros no había sido removida. Robert Essex, profesor de ciencias, que trató a Dawson en los años de 1912 a 1915, aportó un testimonio interesante acerca de la mandíbula de Piltdown o, mejor dicho, las mandíbulas, como resultaron las cosas. En 1955 escribió: "En Piltdown se descubrió otra mandíbula, no mencionada por el doctor Weiner, mucho más humana que la mandíbula de un simio y que, por tanto, era mucho más probable que correspondiera a los fragmentos de cráneo de Piltdown que se han reconocido como humanos. Yo vi y tuve en la mano esa mandíbula, y vi en qué bolsa llegó a la oficina de Dawson". Essex procedió a dar más detalles. Por entonces, había sido profesor de ciencias en una escuela primaria local, situada cerca de la oficina de Dawson. "Un día, cuando iba yo pasando, dijo, me llamó por señas uno de los empleados a quien yo conocía bien. Me llamaba para mostrarme la mitad de una mandíbula fósil mucho más humana que simiesca, y con tres molares firmemente adheridos. Cuando pregunte de dónde procedía este objeto, la respuesta fue 'Piltdown'. Según el empleado, la había llevado ahí uno de los 'excavadores' quien, al llegar y preguntar por el señor Dawson, llevaba una bolsa como las que se usan para transportar herramientas. Cuando se le dijo que el señor Dawson estaba ocupado, el dijo que dejaría la bolsa y volvería. Cuando se fue, el empleado abrió la bolsa y vi a esta mandíbula. Al verme pasar, me llamó. Yo le dije que más valía volver a dejarla en su lugar, y que el señor Dawson se disgustaría si supiera que la habíamos visto. Después descubrí que al regresar el 'excavador', el señor Dawson seguía ocupado, por lo cual el obrero recogió su bolsa y se fue." Después, Essex vio unas fotografías de la mandíbula de Piltdown. Se dio cuenta de que no era la misma que había visto en la oficina de Dawson, y comunicó esta información al Museo Británico. El descubrimiento de una mandíbula humana tiende a confirmar la idea de que el cráneo humano descubierto en Piltdown era originario de la grava del lugar. Aun si concediéramos que todos los demás huesos relacionados con Piltdown son falsificaciones, si el cráneo fue descubierto in situ nos encontramos ante el que podría ser otro caso más de restos de Homo sapiens sapiens de finales del Pleistoceno medio o comienzos del Pleistoceno tardío. IDENTIFICACIÓN DEL CULPABLE Casi todos los escritos recientes, que aceptan incondicionalmente que todos los fósiles y las herramientas de Piltdown eran fraudulentos, se han centrado en identificar al culpable. Weiner y Oakley, entre otros, insinuaron que Dawson, paleontólogo aficionado, era el culpable. Woodward, científico profesional, queda absuelto. Pero, al parecer, la falsificación de Piltdown exigía un extenso conocimiento técnico y una gran capacidad, algo más allá de lo que al parecer poseía Dawson, quien no pasaba de ser un antropólogo aficionado. Hay que tener en cuenta que los fósiles del hombre de Piltdown estaban acompañados por muchos fósiles de mamíferos extintos. Parece ser que en el episodio de Piltdown tuvo que intervenir un científico profesional, que tenía acceso a fósiles raros y sabía cómo seleccionarlos y modificarlos para dar la impresión de un auténtico conjunto de fauna de la antigüedad apropiada. Algunos han tratado de acusar a Teilhard de Chardin, quien estudiaba en un colegio jesuita cerca de Piltdown, y que conocía a Dawson desde 1909. Weiner y sus asociados creyeron que un colmillo de Stegodon descubierto en Piltdown procedía de un sitio de África del Norte que acaso había visitado Teilhard de Chardin en el periodo de 1906 a 1908, mientras daba conferencias en la Universidad de El Cairo. Woodward es otro sospechoso. Él, personalmente, extrajo algunos de los fósiles. Si fueron plantados ahí, al parecer el debió de notar que algo estaba mal. Esto despertó la sospecha de que él mismo hubiese participado en la falsificación. Asimismo, él controló minuciosamente todo acceso a los fósiles originales de Piltdown, que estuvieron almacenados a su cargo en el Museo Británico, lo que podría interpretarse como un intento de impedir que otros científicos viesen las pruebas de la falsificación. Ronald Millar, autor de The Piltdown Men, sospechó de Grafton Eliot Smith. Como Woodward le era antipático, acaso Smith tratara de enredarlo en un ingenioso engaño. Smith, como Teilhard de Chardin, había pasado un tiempo en Egipto, y por ello tuvo acceso a los fósiles que pudieron ser colocados en Piltdown. Frank Spencer, profesor de antropología de Queens College, de la Universidad de la ciudad de Nueva York, ha escrito un libro en el que acusa de la falsificación de Piltdown a sir Arthur Keith, conservador del Museo Hunteriano del Real Colegio de Cirujanos. Keith creía que los seres humanos modernos evolucionaron antes de lo que podían aceptar otros científicos y esto, según Spencer, le movió a conspirar con Dawson para colocar unos testimonios en favor de esta hipótesis. Otro sospechoso fue William Sollas, profesor de geología de Cambridge. Sollas es nombrado en un mensaje grabado que dejó el geólogo inglés James Douglas, quien falleció en 1979 a la edad de 93 años. Sollas estaba reñido con Woodward, pues éste había criticado un método inventado por Sollas para hacer moldes de yeso para fósiles. Douglas recordó que había enviado a Sollas, desde Bolivia, unos colmillos de mastodonte como los descubiertos en Piltdown, y que Sollas también había recibido dicromato de potasio: el producto químico utilizado, al parecer, para manchar muchos de los especímenes de Piltdown. Sollas también había tomado "prestados" unos dientes de simio de la colección del museo de Oxford. Según Douglas, Sollas se divirtió en secreto al ver que Woodward había sido completamente engañado por las falsificaciones de Piltdown. Pero si el caso de Piltdown representaba una falsificación, es probable que no se tratara, tan sólo, de una venganza personal. Spencer afirmó que las piezas "habían sido preparadas para resistir un escrutinio científico, promoviendo así una interpretación particular del registro de los fósiles humanos". Un posible motivo para que un científico profesional intentara hacer una falsificación fue lo inadecuado de los testimonios de evolución humana que se habían acumulado a principios del siglo XX. Darwin había publicado El origen de las especies en 1859, desencadenando casi inmediatamente una búsqueda de testimonios fósiles que conectaran el Homo sapiens con los antiguos simios del Mioceno. Dejando aparte los descubrimientos que sugerían la presencia de seres humanos enteramente modernos durante el Plioceno y el Mioceno, el hombre de Java y la mandíbula de Heidelberg eran los únicos descubrimientos de fósiles realizados por la ciencia. Y, como hemos visto en el capítulo 8, el hombre de Java en particular no encontró el apoyo unánime de la comunidad científica. Desde el principio hubo ominosas sugerencias de que ese cráneo simiesco no correspondía en realidad al fémur humano descubierto a 15 metros de él. Asimismo, buen número de científicos de Inglaterra y de Estados Unidos, como Arthur Smith Woodward, Grafton Eliot Smith y sir Arthur Keith estaban desarrollando otras versiones alternativas de la evolución humana, en las que se planteaba que la formación de un cráneo de apariencia humana y frente alta había precedido a la formación de una mandíbula humana. En cambio, el hombre de Java mostraba un cráneo con frente tan baja como la de un simio. Dado que tantos científicos modernos se han dedicado a hacer conjeturas acerca de la identidad y los motivos del supuesto falsificador de Piltdown, también a nosotros nos gustaría presentar una hipótesis tentativa. Considérese la situación siguiente: en la mansión de Barkham, unos obreros realmente descubrieron un autentico cráneo del Pleistoceno medio, de la manera descrita por Mabel Kenward. Algunos fragmentos del cráneo fueron entregados a Dawson. Este notificó a Woodward, con quien se comunicaba regularmente. Woodward, que había estado desarrollando su propia teoría de la evolución humana y que estaba muy preocupado por la falta de testimonios científicos después de 50 años de investigaciones, planeó y llevó a cabo la falsificación. No actuó sólo, sino de consuno con un número seleccionado de científicos relacionados con el Museo Británico, quienes le ayudaron a adquirir los especímenes y prepararlos para que resistieran las investigaciones de los científicos que no estuvieran en el secreto. El propio Oakley, quien desempeñó un gran papel en la exposición de Piltdown, escribió: "El material de Trinil [el hombre de Java] estaba sumamente incompleto, y para muchos científicos resultaba una confirmación muy insuficiente de la idea darviniana de la evolución humana. Yo mismo me he preguntado si uno de los motivos de la falsificación de Piltdown no sería una mal encaminada impaciencia y un afán por descubrir un 'eslabón perdido' más aceptable". También Weiner reconoció esa posibilidad: "Pudo haber un loco deseo de ayudar a la doctrina de la evolución humana aportando el 'eslabón perdido' 'necesario' [...] Piltdown pudo ofrecer una atracción irresistible a algún biólogo fanático, de hacer justicia a lo que la Naturaleza había creado pero había olvidado conservar". Por desgracia para esos hipotéticos conspiradores, los descubrimientos que surgieron en los siguientes decenios no confirmaron la teoría evolutiva representada por las falsificaciones de Piltdown. Los descubrimientos de nuevos especímenes del hombre de Java y del hombre de Beijing, así como los descubrimientos del Australopithecus en África, fueron aceptados por muchos científicos como pruebas de la hipótesis del simio de baja frente, antepasado del hombre: precisamente la idea que el hombre de Piltdown, de alta frente, había pretendido desacreditar y remplazar. Transcurrió el tiempo, y aumentaron las dificultades de construir un viable linaje evolutivo de los fósiles homínidos. En un momento crítico, los "fieles" que quedaban, relacionados con el Museo Británico, decidieron entrar en acción. Tal vez con la ayuda de colegas inocentes, organizaron una sistemática denuncia de la falsificación que habían perpetrado a principios del siglo. Y en el curso de esta denuncia, tal vez algunos de los especímenes fueron modificados aún más por medios químicos y físicos, para dar credibilidad a la teoría de una falsificación. La idea misma de un grupo de conspiradores que actuaban en combinación con el Museo Británico para perpetrar una falsificación y después denunciarla tendrá que parecerles a muchos tirada por los cabellos. Pero se basa en tantos -o en tan pocos- testimonios como las acusaciones hechas por otros. Se ha sospechado de tantos científicos Británicos, en lo individual, incluyendo a algunos del Museo Británico, que esta teoría de una conspiración no aumenta en realidad el círculo de los posibles culpables. Tal vez no hubiera conspiradores en el Museo Británico. Pero, según muchos científicos, alguien que tenía conocimientos científicos, solo o de consuno con otros, sí efectuó una muy notable falsificación. Gavin de Beer, director del Museo Británico de Historia Natural, creyó que los métodos empleados para revelar la falsificación de Piltdown "harían virtualmente imposible en el futuro una repetición de un tipo similar de falsificación". Pero un falsificador provisto de conocimientos de los modernos métodos de datación química y radiométrica podría hacer una falsificación difícilmente detectable. En realidad, nada nos garantiza que no haya alguna otra falsificación del tipo de la de Piltdown en uno de los grandes museos del mundo, aguardando a ser denunciada. Por tanto, las consecuencias de Piltdown siguen siendo dañinas. Pero este tipo de incidentes parecen ser raros, dados nuestros conocimientos actuales. Sin embargo, hay otro y más insidioso tipo de engaño: el ya rutinario retoque y reclasificación de los datos, de acuerdo con rígidos prejuicios teóricos. Vayson de Pradenne, de la Escuela de Antropología de París, escribió en su libro Fraudes Archéologiques (1925): "A menudo encontramos hombres de ciencia poseídos por una idea preconcebida quienes, sin cometer verdaderos engaños, no vacilan en dar a los hechos observados un giro en la dirección que más conviene a sus teorías. Por ejemplo, un hombre puede imaginar que la ley del progreso en las industrias prehistóricas debe mostrarse por doquier y siempre, hasta en los menores detalles. Viendo en un depósito la presencia simultánea de algunos artefactos cuidadosamente terminados y otros de un tipo más burdo, decide que debe haber dos niveles: el nivel inferior fue el que produjo los especímenes más bastos. Clasificará entonces sus descubrimientos de acuerdo con su tipo, y no según el estrato donde se les encontró. Si en la base descubre un artefacto finamente trabajado, declarará que se encontró ahí por penetración accidental y que el espécimen debe ser reintegrado a su sitio de origen, colocándolo junto con los artículos de los niveles superiores. Terminará haciendo una verdadera trampa en la presentación estratigráfica de sus especímenes; trampa en favor de una idea preconcebida, pero hecha más o menos inconscientemente por un hombre de buena fe, a quien nadie llamaría 'timador'. Este caso se da con frecuencia, y si no doy nombres no es porque no conozca ninguno". Estas cosas continúan, no sólo en el Museo Británico, sino en todos los museos, en las universidades y en otros centros de investigación paleoantropológica por el mundo entero. Y aunque cada incidente particular de filtración de conocimientos parezca menor, su efecto acumulativo es abrumador y sirve para distorsionar y oscurecer radicalmente nuestro cuadro de los orígenes y de la antigüedad del hombre. Toda una plétora de hechos parece indicar que en la Tierra hubo seres como nosotros en tiempos tan remotos como lo podamos concebir: en el Plioceno, el Mioceno, el Oligoceno, el Eoceno y más allá. Durante este mismo lapso se han descubierto restos de simios y de hombres simiescos; quizá, pues, hayan coexistido toda clase de homínidos a lo largo de la historia. Si consideramos todos los testimonios disponibles, ese es el cuadro que surge con mayor claridad. Sólo eliminando gran cantidad de testimonios -conservando sólo los fósiles y los artefactos que convienen a nociones preconcebidas podemos construir una secuencia evolutiva. Y esa eliminación injustificada de testimonios, tan sólidamente obtenidos como cualquiera de los hoy aceptados, representa un tipo de engaño efectuado por científicos deseosos de mantener un cierto punto de vista teórico. Al parecer, este engaño no es el resultado de una conjura deliberadamente organizada, como la falsificación del hombre de Piltdown (si eso fue el hombre de Piltdown); es, en cambio, el resultado inevitable de los procesos sociales de filtración del conocimiento que se aplican dentro de la comunidad científica. Pero aunque pueda haber muchos engaños inconscientes en la paleoantropología, el caso de Piltdown demuestra que este campo también ofrece ejemplos de engaño del tipo más premeditado e intencional. El hombre de Beijing y otros descubrimientos en China Después de los descubrimientos del hombre de Java y del hombre de Piltdown, permanecieron firmemente arraigadas las ideas acerca de la evolución humana. Los fósiles del Pithecanthropus erectus de Dubois no encontraron una aceptación completa entre la comunidad científica, y el caso de Piltdown simplemente vino a complicar las cosas. Los científicos aguardaron con impaciencia los nuevos descubrimientos importantes que, según esperaban, aclararían el desarrollo evolutivo de los homínidos. Y muchos pensaron que los anhelados fósiles homínidos serían descubiertos en China. Los chinos de la antigüedad llamaban "huesos de dragón" a los fósiles. Creyendo que los huesos de dragón poseían poderes curativos, los farmacéuticos chinos durante siglos los pulverizaban para utilizarlos en remedios y pociones. Por consiguiente, para los primeros paleontólogos occidentales las droguerías chinas resultaron un inesperado terreno propicio para la búsqueda. En 1900, el doctor K. A. Haberer se dedicó a recoger fósiles de mamíferos de los drogueros chinos, y los envió a la Universidad de Munich, donde fueron estudiados y catalogados por Max Schlosser. Entre esos especímenes Schlosser descubrió un diente de la zona de Beijing que parecía ser "un tercer molar superior izquierdo de un hombre o bien de un simio antropoide hasta hoy desconocido". Schlosser sugirió que China sería un buen lugar para la búsqueda del hombre primitivo. ZHOUKOUDIÁN Entre quienes estuvieron de acuerdo con Schlosser se hallaba Gunnar Andersson, geólogo sueco empleado por el Geological Survey de China. En 1918, Andersson visitó un lugar llamado Chikushán, o Colina del Hueso de Pollo, cerca del pueblo de Zhoukoudián, 60 kilómetros al suroeste de Beijing. Ahí, en la superficie abierta de una vieja cantera de piedra caliza, vio una fisura de barro rojo que contenía huesos fósiles, que revelaba la presencia de una antigua cueva, hoy cubierta. En 1921 Andersson volvió a visitar el sitio de Chikushán. Lo acompañaban Otto Zdansky, paleontólogo austriaco enviado para ayudarle, y Walter M. Granger, del Museo de Historia Natural de Estados Unidos. Sus primeras excavaciones no fueron muy productivas, y solamente descubrieron algunos fósiles bastante recientes. Fue entonces cuando algunos de los lugareños hablaron a Zdansky de un lugar cercano donde había huesos de dragón más grandes cerca de la pequeña estación del ferrocarril de Zhoukoudián. Se dirigieron ahí y Zdansky encontró otra cantera de piedra caliza cuyas paredes, como las de la primera, tenían fisuras llenas de barro rojo y de huesos rotos. Andersson visitó el lugar y descubrió algunos pedazos de cuarzo que le parecieron herramientas muy primitivas. El cuarzo no se da naturalmente en el lugar, por lo que Andersson razonó que los pedazos de cuarzo debían haber sido llevados ahí por un homínido. Zdansky, que no se entendía muy bien con Andersson, disintió de esta interpretación. Y sin embargo, Andersson quedó convencido. Contemplando la pared de piedra caliza, dijo: "Tengo la sensación de que ahí se encuentran los restos de uno de nuestros antepasados, y que sólo se trata de encontrarlos". Pidió a Zdansky seguir buscando en la caverna rellenada, y dijo: "No se precipite y siga en ello hasta que, si es necesario, la caverna quede vacía". En 1921 y en 1923 Zdansky, un tanto de mala gana, efectuó unas breves excavaciones. Descubrió señales de un temprano precursor humano: dos dientes, que fueron tentativamente fechados en el Pleistoceno formativo. Los dientes, un premolar inferior y un molar superior, fueron empacados con otros fósiles y enviados a Suecia para su ulterior estudio. De regreso a Suecia, Zdansky publicó un documento en 1923 sobre su labor en China, pero no mencionó los dientes. Y así se quedaron las cosas hasta 1926. En ese año, el príncipe heredero de Suecia, quien era el presidente del Comité de Investigación Sueca en China y patrón de la investigación paleontológica, planeó visitar Beijing. El profesor Wiman, de la Universidad de Uppsala, preguntó a Zdansky, su antiguo alumno, si había descubierto algo interesante que pudiera presentar al príncipe. Zdansky envió a Wiman un informe con fotografías de los dientes descubiertos en Zhoukoudián. El informe fue presentado por J. Gunnar Andersson en una reunión celebrada en Beijing, a la que asistió el príncipe heredero. Con respecto a los dientes declaró Andersson: "El hombre que yo predije ha sido descubierto". DAVIDSON BLACK Otra persona que creyó que los dientes de Zdansky representaban una prueba indudable del hombre fósil fue Davidson Black, joven médico canadiense que residía en Beijing. Davidson Black se graduó en la escuela de medicina de la Universidad de Toronto en 1906. Pero estaba mucho más interesado en la evolución humana que en la medicina. Black creía que los seres humanos habían evolucionado en el norte de Asia, y decidió ir a China para descubrir el testimonio fósil que demostrara esta teoría. Pero la Primera Guerra Mundial le obligó a aplazar sus planes. En 1917, Black ingresó en el cuerpo médico del ejército canadiense. Mientras tanto, un amigo suyo, el doctor E. V. Cowdry, fue nombrado jefe del Departamento de Anatomía del Colegio de Medicina de la Unión de Beijing, de la Fundación Rockefeller. Cowdry pidió al doctor Simon Flexner, director de la Fundación Rockefeller, que nombrara a Black su asistente. Así lo hizo Flexner, y en 1919, después de ser licenciado por el ejército, Black llegó a Beijing. En el Colegio de Medicina de la Unión de Beijing, Black hizo todo lo posible por reducir al mínimo sus deberes médicos para poder concentrarse en su verdadera pasión: la paleoantropología. En noviembre de 1921 partió en una breve expedición a un sitio del norte de China, y a ésta le siguieron otras. Sus superiores no quedaron muy complacidos. Pero gradualmente, la Fundación Rockefeller se dejó convencer por el punto de vista de Black. Vale la pena mencionar la serie de acontecimientos que causaron este cambio. Ya avanzado el año 1922, Black presentó al doctor Henry S. Houghton, director de la Escuela de Medicina, un plan para hacer una expedición a Tailandia. Black relacionó hábilmente su pasión por la paleoantropología con la misión de la Escuela de Medicina. Houghton escribió a Roger Greene, director de administración de la escuela: "Aunque no puedo estar seguro de que el proyecto que Black tienen en mente sea de naturaleza muy práctica, debo confesar que estoy profundamente impresionado por [...] la valiosa relación que él ha logrado establecer entre nuestro Departamento de Anatomía y las diversas instituciones y expediciones que están realizando en China una labor importante en ámbitos que tocan directamente a la investigación antropológica. Teniendo esto en cuenta, recomiendo que se atienda su petición". Podemos ver aquí la importancia del prestigio intelectual: la medicina ordinaria parece sumamente prosaica en comparación con la búsqueda cuasirreligiosa del secreto de los orígenes humanos, búsqueda que, desde los tiempos de Darwin, ha encendido la imaginación de los científicos de todo el mundo. Houghton, sin duda, se había dejado influir. La expedición partió durante las vacaciones de Black en el verano de 1923, pero lamentablemente no produjo resultados. En 1926, Black asistió a la reunión científica en la que J. Gunnar Andersson entregó al príncipe heredero de Suecia el informe sobre los molares encontrados por Zdansky en Zhoukoudián en 1923. Black, emocionado al enterarse de los dientes, aceptó una propuesta de Andersson de hacer nuevas excavaciones en Zhoukoudián, que efectuarían conjuntamente con el Geological Survey de China y con el Departamento de Black de la Union Medical School de Beijing. El doctor Amadeus Grabau, del Geological Survey de China llamó "hombre de Beijing" al homínido que irían a buscar. Black solicitó fondos a la Fundación Rockefeller y, para su regocijo, recibió un generoso subsidio. En la primavera de 1927 se estaba trabajando en Zhoukoudián, en plena guerra civil china. Durante varios meses de trabajosas excavaciones no hubo ningún descubrimiento de restos homínidos. Finalmente, cuando empezaron a caer los fríos aguaceros de otoño que ponían fin a la primera temporada de excavaciones, se descubrió un diente de homínido aislado. Con base en este diente y en los dos que previamente había reportado Zdansky (ahora en posesión de Black), Black decidió anunciar el descubrimiento de un nuevo tipo de fósil homínido. Lo llamó el Sinanthropus, el hombre de China. Black estaba impaciente por mostrar al mundo su descubrimiento. En el curso de sus viajes con el diente recién hallado, Black descubrió que no todos compartían su entusiasmo por el Sinanthropus. Por ejemplo, en la reunión anual de la Asociación Estadounidense de Anatomistas de 1928, algunos de los miembros criticaron acremente a Black por proponer un nuevo género basándose en tan pocas evidencias. Black no se desanimó, y mostró el diente a Ales Hrdlicka en Estados Unidos, y luego fue a Inglaterra, donde se encontró con sir Arthur Keith y con sir Arthur Smith Woodward. Black mandó sacar moldes de los molares del hombre de Beijing en el Museo Británico, para distribuirlos a otros estudiosos. Este es el tipo de labor de propaganda que es necesario hacer para que un descubrimiento llame la atención de la comunidad científica. También los hombres de ciencia necesitan habilidades políticas. A su regreso a China, Black se mantuvo en contacto con las excavaciones de Zhoukoudián. Durante meses, no apareció nada. Pero el 5 de diciembre de 1928 Black escribió a Keith: "Diríase que hay una cierta magia en los últimos días de trabajo de cada temporada pues, una vez más, dos días antes de terminar, Böhlin encontró la parte derecha de la mandíbula inferior del Sinanthropus con tres molares permanentes in situ". TRANSFORMACIÓN DE LA FUNDACIÓN ROCKEFELLER Surgió entonces un problema financiero. El subsidio de la Fundación Rockefeller que había mantenido las excavaciones se agotaría en abril de 1929. Por ello, en enero, Black escribió a los directores para pedirles que apoyaran las excavaciones de Zhoukoudián, mediante la creación de un Laboratorio de Investigación del Cenozoico (el Cenozoico incluye los periodos que van del Paleoceno al Holoceno). En abril, Black recibió los fondos anhelados. Justamente un año antes, algunos funcionarios de la Fundación Rockefeller le habían dicho a Black que no se comprometiera demasiado con la investigación paleoantropológica. Ahora, en cambio, lo apoyaban íntegramente y establecían un instituto dedicado específicamente a buscar restos de fósiles de antepasados del hombre. ¿Por qué cambió tan drásticamente de actitud la Fundación Rockefeller para con Black y su trabajo? Esta pregunta merece ser analizada, porque la aportación financiera de ese tipo de fundaciones resultaría vital para la investigación de la evolución humana efectuada por hombres de ciencia como Black. El apoyo de la Fundación también resultaría importante para transmitir al mundo entero las noticias de los descubrimientos y explicar su importancia. Tal como escribió en 1967 Warren Weaver, científico y funcionario de la Fundación Rockefeller: "En un mundo perfecto, podría nacer una idea, ser alimentada, desarrollada y dada a conocer a todos, criticada y perfeccionada, y recibiría buen uso sin que en el proceso interviniera el prosaico apoyo financiero. Pero, en el mundo práctico en que vivimos, si esto ocurre es muy raro". Para Weaver, las cuestiones biológicas eran de la mayor importancia. Los tan decantados aceleradores de partículas y los programas de exploración del espacio le parecían simples caprichos científicos. Añadió: "Las oportunidades aún no rigurosamente exploradas se encuentran en el entendimiento de la naturaleza de los seres vivos. En 1932, cuando la Fundación Rockefeller lanzó su programa, de un cuarto de siglo en esta área, parecía claro que las ciencias biológicas y módicas serían invadidas, pacíficamente por las ciencias físicas […] hoy, tenemos herramientas listas para descubrir, al nivel más disciplinado y preciso de las acciones moleculares, cómo funciona en realidad el sistema nervioso central humano, cómo piensa, aprende, recuerda y olvida el hombre [...] Aparte de la fascinación de obtener cierto conocimiento sobre la naturaleza de la relación entre la mente, el cerebro y el cuerpo, los valores prácticos de tales estudios son potencialmente enormes. Sólo así podremos obtener información acerca de nuestra conducta, de lo que puede conducirnos a un control benéfico y sabio". Queda claro, pues, que, al mismo tiempo que la Fundación Rockefeller estaba enviando fondos a la investigación de la evolución humana en China, también estaba en proceso de desarrollar un plan elaborado para financiar la investigación biológica con vistas a crear métodos destinados a controlar eficazmente la conducta humana. Para que la investigación del hombre de Beijing realizada por Black sea debidamente interpretada, hay que verla dentro de este contexto. En los últimos decenios, la ciencia ha creado una cosmología general que explica el origen de los seres humanos como la culminación de un proceso de 4 000 años, de evolución química y biológica en este planeta, que se formó como consecuencia del big bang, el acontecimiento que señaló el comienzo del universo hace unos 16 000 millones de años. La teoría del big bang como origen del universo, basada en la física de las partículas y en observaciones astronómicas sugiere que vivimos en un cosmos en expansión, con lo que queda así inextricablemente conectada a la teoría de la evolución bioquímica de toda forma de vida, incluso de los seres humanos. Las grandes fundaciones, especialmente la Fundación Rockefeller, aportaron fondos, muy necesarios por cierto, para la investigación inicial que apoyara esta cosmología materialista, la cual, para todo propósito práctico, ha desplazado a Dios y al alma al ámbito de la mitología, al menos, en los centros intelectuales de la civilización moderna. Todo esto es muy sorprendente, si consideramos que la caridad de John D. Rockefeller fue dirigida inicialmente a iglesias y misiones bautistas. Raymond D. Fosdick, uno de los primeros presidentes de la Fundación Rockefeller, dijo que tanto Rockefeller como su principal asesor financiero, el educador bautista Frederick T. Gates, habían sido "inspirados por profundas convicciones religiosas". En 1913 se organizó la actual Fundación Rockefeller. Entre los fideicomisarios se contaban Frederick T. Gates, John D. Rockefeller, Jr., el doctor Simon Flexner, jefe del Instituto Rockefeller de Investigación Médica, Henry Pratt Judson, presidente de la Universidad de Chicago, Charles William Eliot, ex presidente de Harvard, y A. Barton Hepburn, presidente del Chase National Bank. Colateralmente con esta nueva fundación, siguieron funcionando otras instituciones de caridad de Rockefeller. Al principio, la Fundación Rockefeller centró su atención en la salud pública, la medicina, la agricultura y la educación, eludiendo todo terreno discutible. Así, la Fundación empezó a distanciarse de la religión, y en particular de la iglesia bautista. Es difícil decir exactamente por qué ocurrió esto; tal vez Rockefeller estaba comprendiendo que su fortuna se había basado en explotar los avances de la ciencia y la tecnología modernas. Tal vez fue el papel creciente que la ciencia empezaba a desempeñar entre los receptores de la generosidad tradicional, como por ejemplo la medicina. Pero, cualquiera que haya sido la razón, Rockefeller empezó a formar un personal de científicos en su fundación, y su política de subsidios reflejó este cambio. El propio Gates, ex educador bautista, pareció estar cambiando su posición. Deseó formar una universidad no sectaria en China; pero observó que "los cuerpos misioneros en el interior y el exterior se mostraron directa, abierta e incluso amenazadoramente hostiles a ello, diciendo que favorecería a los infieles". Además, el gobierno chino deseaba intervenir, cosa que la fundación no pudo soportar. Charles W. Eliot, quien había supervisado la Escuela de Medicina de Harvard en Shangai, propuso una solución: un colegio de medicina que serviría como una apertura al resto de la ciencia occidental. Aquí, la ciencia mecanicista deja ver una ideología tranquila pero militante, hábilmente promovida por los esfuerzos combinados de científicos, educadores y ricos industriales, con vistas a establecer un dominio intelectual en todo el mundo. La estrategia del colegio de medicina propuesta por Eliot funcionó. El gobierno chino aprobó el establecimiento del Colegio de Medicina de la Unión de Beijing, bajo los auspicios de la fundación. Mientras tanto, el doctor Wallace Buttrick, director de la recién creada Junta Médica China de la Fundación Rockefeller, negoció con hospitales de misiones protestantes que ya estaban en suelo chino. Aceptó dar apoyo financiero a estos hospitales; de hecho, cohecharlos. En 1928, la Fundación Rockefeller y otras instituciones Rockefeller de caridad sufrieron cambios que reflejan la creciente importancia que adquirió la investigación científica. Todos los programas "relacionados con el avance del conocimiento humano" fueron encauzados a la Fundación Rockefeller, la cual fue reorganizada en cinco divisiones: salud internacional, ciencias médicas, ciencias naturales, ciencias sociales y humanidades. El cambio llegó hasta el máximo nivel: el doctor Max Mason, hombre de ciencia, fue nombrado presidente. Mason, físico-matemático, había sido presidente de la Universidad de Chicago. Según Raymond D. Fosdick, Mason "subrayó la unidad estructural subyacente en la nueva orientación del programa. No serían cinco programas, representado cada uno de ellos por una división de la fundación; sería, esencialmente, un programa dirigido al problema general de la conducta humana, con objeto de ejercer control por medio del entendimiento". Por consiguiente, la investigación de Black sobre el hombre de Beijing, se encontró dentro del marco más general de la meta explícitamente declarada de la Fundación Rockefeller, que reflejaba el objetivo implícito de la "gran ciencia": el control de la conducta humana por los científicos. DESCUBRIMIENTO HISTÓRICO Y CAMPAÑA A SANGRE FRÍA Una vez asegurado el apoyo financiero de la Fundación Rockefeller para el Laboratorio de Investigación del Cenozoico, Black reanudó sus viajes con el propósito de promover al hombre de Beijing. Volvió a China, donde las labores continuaban lentamente en Zhoukoudián, sin haber encontrado nada nuevo o importante sobre el Sinanthropus. El entusiasmo iba decayendo entre los obreros. Pero entonces, el 1°. de diciembre, al final mismo de la temporada, Pei Wenzhong hizo un descubrimiento histórico, del cual escribiría después: "Encontré el cráneo casi completo del Sinanthropus. El espécimen se encontraba parcialmente encajado en arenas sueltas y parcialmente en una matriz dura, por lo que fue posible sacarlo con relativa facilidad". Pei recorrió entonces 45 kilómetros en bicicleta, hasta el Laboratorio de Investigación del Cenozoico, donde mostró el cráneo a Black. El descubrimiento convirtió a Black en la sensación del momento. En septiembre de 1930, sir Grafton Elliot Smith llegó a Beijing para inspeccionar el sitio del descubrimiento y examinar los fósiles. Durante la estadía de Smith, Black lo predispuso para que llevara a cabo una ofensiva de propaganda en Estados Unidos, en favor del hombre de Beijing. Smith partió, y, al parecer, cumplió bien su cometido. En diciembre, Black escribió una carta sumamente franca al doctor Henry Houghton, director de la Escuela de Medicina de Beijing, quien se encontraba de vacaciones en Estados Unidos: "Si yo me ruborizara cada vez que pienso en esa campaña de propaganda fríamente calculada por mí y que G. E. S. ha llevado adelante, estaría permanentemente sonrojado". La reciente fama de Black le aseguró una continua disposición de fondos de la Fundación Rockefeller. En una carta a sir Arthur Keith, Black decía: "Ayer recibimos un telegrama de Elliot Smith, en el que nos dice que está a salvo, en su casa, después de su agotador viaje. Como es característico en él, no escatimó esfuerzos para servir a los intereses del Estudio y del Laboratorio Cenozoico, y después de que hizo popular al Sinanthropus en Estados Unidos, me será relativamente fácil antes de un año pedir más dinero a las instituciones que lo tienen". El hombre de Beijing había aparecido en el momento preciso para los partidarios de la evolución humana. Pocos años antes, en uno de los procesos jurídicos más célebres de la historia universal, un tribunal de Tennessee había declarado a John T. Scopes culpable de enseñar la evolución, violando con ella las leyes del estado. Ahora, los científicos deseaban contraatacar. Por ello, recibirían con júbilo cualquier testimonio en favor de la evolución humana. Luego, había surgido el tema del Hesperopithecus, hombre-mono prehistórico, descubierto en Nebraska, que recibió gran publicidad, y que fue producto de la imaginación de los paleoantropólogos, a partir de un solo diente de apariencia humana. Para gran vergüenza de los científicos que habían promovido a este antepasado humano, el diente de aspecto humano había resultado ser de un cerdo fósil. Mientras tanto, las continuas dudas y controversias acerca del Pithecanthropus erectus de Dubois también debían resolverse. En suma, los científicos que estaban en favor de las ideas evolutivas, reaccionando a la amenaza externa y a la desorganización interna, necesitaban un buen descubrimiento para apuntalar su causa. FUEGO Y HERRAMIENTAS EN ZHOUKOUDIÁN En 1931 se publicaron por vez primera ciertos informes que mostraban un extenso uso del fuego y la presencia de instrumentos de hueso y de piedra bien desarrollados en Zhoukoudián. Lo absolutamente insólito de estos anuncios fue que desde 1927 investigadores competentes habían estado efectuando excavaciones sistemáticas en Zhoukoudián, sin la menor mención al fuego ni a herramientas de piedra. Por ejemplo, en 1929 Black escribió: "Aunque se han examinado miles de metros cúbicos de material de este depósito, no se han descubierto aún artefactos de ninguna naturaleza ni se han visto huellas de empleo del fuego". Pero sólo un par de años después otros investigadores, como Henri Breuil, informaban haber descubierto gruesas capas de cenizas y centenares de herramientas de piedra precisamente en esos lugares. En 1931, Black y otros colegas, al parecer un tanto molestos por las nuevas revelaciones acerca de fuego y de herramientas en Zhoukoudián, trataron de explicar por qué tan importantes testimonios les habían pasado inadvertidos durante varios años. Dijeron haber notado señales de fuego y de herramientas, pero que todo había sido tan incierto que no lo habían mencionado en sus informes. Con respecto al hecho de que Teilhard de Chardin, Black, Pei y otros no informaran de abundantes herramientas y señales de fuego en Zhoukoudián, tenemos dos posibles explicaciones. La primera es la que ellos mismos dieron: simplemente, no vieron los testimonios, o tuvieron tantas dudas sobre ellos que no tuvieron justificación suficiente para mencionarlos. La segunda posibilidad es que vieran muy claramente las señales de fuego y las herramientas de piedra antes de que Breuil las mencionara, y que deliberadamente retuvieran esta información. Pero, ¿por qué? En la época en que se hicieron los descubrimientos de Zhoukoudián, el fuego y las herramientas de piedra eran generalmente consideradas como huellas de Homo sapiens o de hombre de Neanderthal. Según Dubois y Von Koenigswald, no se descubrieron herramientas de piedra ni señales de fuego en relación con el Pithecanthropus erectus en Java. La expedición de Selenka sí dijo haber visto restos de hogueras en Trinil, pero esta información no tuvo gran circulación. Así, tal vez, los investigadores originales de Zhoukoudián se abstuvieron voluntariamente de informar el haber visto herramientas de piedra y señales de fuego, porque bien sabían que tales cosas habrían confundido más aún la situación del Sinanthropus. Los escépticos muy bien habrían podido atribuir el fuego y las herramientas a un ser contemporáneo del Sinanthropus, pero física y culturalmente más avanzado, que pudiera haber desplazado al Sinanthropus de su posición como nuevo e importante antepasado humano. Como veremos, eso fue lo que ocurrió en cuanto se divulgó ampliamente la noticia de las herramientas y las señales de fuego. Por ejemplo, Breuil dijo en 1932 acerca de la relación del Sinanthropus con las herramientas y las señales de fuego: "Varios distinguidos científicos me han expresado, en particular, la idea de que un ser tan físicamente distinto del hombre [...] no era capaz de hacer las obras que acabo de describir. En este caso, los restos del esqueleto del Sinanthropus podrían considerarse como simples trofeos de caza, atribuibles, como las huellas de fuego y de industria, a un auténtico Hombre, cuyos restos aún no se han encontrado". Pero el propio Breuil pensaba que el Sinanthropus sí era el hacedor de herramientas y el que había encendido fuego en Zhoukoudián. Los investigadores modernos han tenido la tendencia a confirmar las ideas de Breuil. Se suele presentar al Sinanthropus como un cazador experto que mataba animales con herramientas de piedra y que los cocinaba en hogueras, en la caverna de Zhoukoudián. Lewis R. Binford y Chuan Kun Ho, antropólogos de la Universidad de Nuevo México, ofrecen una opinión distinta acerca del Sinanthropus. Con respecto a los depósitos de ceniza, dijeron: "Parece que al menos algunos de ellos fueron originalmente enormes acumulaciones de guano dentro de la caverna. En algunos casos, estos enormes depósitos orgánicos pudieron haber ardido [...] La suposición de que el hombre introdujo y distribuyó el fuego no tiene bases sólidas, así como la suposición de que se encontraron huesos y otros materiales quemados porque el hombre cocinaba allí sus alimentos". La teoría de Binford y Ho, de que los depósitos de ceniza estaban compuestos principalmente por excremento de aves no ha encontrado un apoyo unánime. En cambio, son dignas de seria consideración sus afirmaciones de que el cuadro común del hombre de Beijing, basado en la presencia de huesos, cenizas y restos homínidos en el sitio, no es confiable. Lo más que puede decirse en favor del hombre de Beijing,según Binford y Ho, es que tal vez fuera un carroñero que pudo o no usar armas primitivas de piedra para cortar carne de los restos dejados por carnívoros, en una gran caverna donde a veces ardían materiales orgánicos durante largos periodos. O tal vez el propio hombre de Beijing fuera presa de los carnívoros de la caverna, pues parece improbable que entrara voluntariamente a semejante caverna, así fuese en busca de desechos. SEÑALES DE CANIBALISMO El 15 de marzo de 1934, Davidson Black fue encontrado muerto ante su escritorio, victima de un ataque al corazón. Aferraba su reconstrucción del cráneo del Sinanthropus. Poco después de la muerte de Black, Franz Weidenreich se puso al frente del Laboratorio de Investigación del Cenozoico y escribió una extensa serie de informes sobre los fósiles del hombre de Beijing. Según Weidenreich, los restos fósiles de ejemplares del Sinanthropus, particularmente los cráneos, parecían indicar que habían sido víctimas de canibalismo. La mayor parte de los huesos homínidos descubiertos en la caverna de Zhoukoudián eran fragmentos craneanos. Weidenreich observó en particular, que todos los cráneos relativamente completos carecían de porciones de la parte central de la base. Observó que en cráneos de la moderna Melanesia, "se presentan las mismas heridas como efecto del canibalismo ceremonial". Además de la falta de las secciones basales, Weidenreich notó también otras señales que posiblemente pudieran atribuirse a la deliberada aplicación de fuerza. Por ejemplo, algunos de los cráneos mostraban marcas de impactos de un tipo "que sólo puede ocurrir si el hueso aún se encuentra en estado de plasticidad", lo que indicaba que "las heridas descritas debieron ser infligidas en vida del individuo o poco después de la muerte". Algunos de los pocos huesos largos de Sinanthropus descubiertos en Zhoukoudián también mostraban señales que, según Weidenreich, podían haber sido rotos por seres humanos, tal vez para extraer el tuétano. ¿Por qué había casi exclusivamente fragmentos de cráneos? Weidenreich creyó que, con excepción de unos cuantos huesos largos, sólo se llevaban a las cavernas las calaveras. Declaró: "La extraña selección de huesos humanos [...] fue hecha por el propio Sinanthropus. Cazaba a los de su propia especie, así como a otros animales, y trataba a todas sus víctimas del mismo modo". Algunas autoridades modernas han sugerido que Weidenreich se equivocó en su interpretación de los restos fósiles del Sinanthropus. Binford y Ho hicieron ver que se han descubierto cráneos de homínidos que fueron sometidos a deslizamiento sobre grava del río, que tienen la sección basal desgastada. Pero los cráneos recuperados en Zhoukoudián al parecer no fueron transportados de esta manera. Binford y Ho propusieron entonces que unos carnívoros habían llevado a las cuevas los huesos de homínidos. Pero Weidenreich escribió en 1935: "El transporte por [...] animales de presa es imposible [...] Se verían huellas de mordidas y desgaste en los huesos humanos, cosa que no ocurre". Weidenreich consideró que la explicación más probable era la de canibalismo entre individuos del Sinanthropus. Pero Marcellin Boule, director del Institute de Paléontologie Humaine, en Francia, sugirió otra posibilidad; a saber, que el Sinanthropus había sido victima de un tipo de homínido más inteligente. Boule creyó que la pequeña capacidad craneal del Sinanthropus implicaba que la inteligencia de este homínido no había sido suficiente para encender fuegos o para crear las herramientas de hueso y de piedra que se descubrieron en la caverna. Si los restos del Sinanthropus eran los trofeos de un cazador más inteligente, ¿quién era este cazador, y dónde estaban sus restos? Boule indicó que en Europa hay muchas cavernas que muestran abundantes productos de industria humana paleolítica, pero la "proporción de los depósitos que han mostrado los cráneos o esqueletos de los creadores de esta industria es infinitesimal". Por tanto, no se excluye la hipótesis de que una especie más inteligente de homínido se dedicó a cazar al Sinanthropus simplemente porque no se han descubierto sus huesos fósiles en Zhoukoudián. Por capítulos anteriores, se recordará que de otras partes del mundo hay testimonios de restos de esqueletos plenamente humanos en periodos de igual o mayor antigüedad que la representada por Zhoukoudián. Por ejemplo, los restos de esqueletos plenamente humanos descubiertos en Castenedolo, Italia, son del Plioceno, hace más de 2 millones de años. LOS FÓSILES DESAPARECEN Como ya lo hemos dicho, una razón por la que resulta difícil resolver muchas de las preguntas que rodean al hombre de Beijing es que ya no se cuenta con los fósiles originales para estudiarlos. En 1938, las excavaciones que se efectuaban en Zhoukoudián bajo la dirección de Weidenreich fueron interrumpidas por una guerra de guerrillas en las cercanas Colinas del Oeste. Más adelante, durante la Segunda Guerra Mundial, en abril de 1941, Weidenreich se fue a Estados Unidos llevándose un conjunto de moldes de fósiles del hombre de Beijing. Se dice que en el verano de 1941, los huesos originales fueron empacados en dos maletines y entregados al coronel Ashurst, de la Guardia de la Embajada de Estados Unidos en Beijing. A comienzos de diciembre de 1941, se informó que los maletines habían sido colocados en un tren que iba al puerto de Chinwangtao, donde serían embarcados en un avión estadounidense, el President Harrison, como parte de la evacuación. Pero el 7 de diciembre, el tren fue interceptado, y nunca se volvieron a ver los fósiles. Después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno comunista chino reanudó las excavaciones de Zhoukoudián, añadiendo unos cuantos fósiles a los descubrimientos de la preguerra. UN CASO DE IMPROBIDAD INTELECTUAL En un artículo acerca de Zhoukoudián que apareció en el número de junio de 1983 del Scientific American, dos científicos chinos, Wu Rukang y Lin Shenglong, presentaron unos testimonios engañosos de la evolución humana. Wu y Lin hicieron dos afirmaciones: 1) la capacidad craneana del Sinanthropus aumentó, pasando del nivel más bajo de la excavación de Zhoukoudián (460000 años) al nivel superior (230 000 años), lo que indicaba que el Sinanthropus evolucionó hacia el Homo sapiens. 2) El tipo y la distribución de las herramientas de piedra también mostraban que el Sinanthropus había evolucionado. En apoyo de su primera afirmación, Wu y Lin analizaron la capacidad craneana de los seis cráneos relativamente completos de Sinanthropus descubiertos en Zhoukoudián, y afirmaron: "La capacidad craneal medida es de 915 centímetros cúbicos para el cráneo más antiguo, un promedio de 1 075 centímetros cúbicos para cuatro cráneos ulteriores, y 1 140 centímetros cúbicos para el más reciente". Basándose en este conjunto de relaciones, Wu y Lin concluyeron: "Parecer ser que el tamaño del cráneo aumentó más de 100 centímetros cúbicos durante la ocupación de la caverna". Un mapa intercalado en el artículo del Scientific American mostraba las posiciones y los tamaños de los cráneos descubiertos en la Localidad 1 de Zhoukoudián (cuadro 10.1, columna A). Pero en la explicación que dieron de este mapa, Wu y Lin no dijeron que el cráneo más antiguo, descubierto en la capa 10, pertenecía a un niño quien, según Franz Weidenreich, murió a los 8 ó 9 años, y según Davidson Black, entre los 11 y los 13 años. Wu y Lin tampoco mencionaron que uno de los cráneos descubiertos en las capas 8 y 9 (cráneo X) tenía una capacidad de 1 225 centímetros cúbicos, o sea 85 centímetros cúbicos mayor que el cráneo más reciente (V), descubierto en la capa 3. Cuando se presentan todos los datos (cuadro 10.1, columna B) es claro que no se dio un aumento continuo de la capacidad craneal de hace 460 000 a 230 000 años. Además de analizar el aumento evolutivo de la capacidad craneal, Wu y Lin observaron una tendencia al empleo de herramientas más pequeñas en los depósitos de la caverna de Zhoukoudián. También informaron que los materiales utilizados para hacer las herramientas en los niveles más recientes, eran mejores que los empleados en los niveles más antiguos. Los niveles más recientes mostraban un cuarzo de mejor calidad, mayor cantidad de pedernal y menos piedra caliza, que los niveles inferiores. Pero un cambio de la tecnología de una población no implica que esta población haya evolucionado fisiológicamente. Por ejemplo, consideremos a los residentes de Alemania en 1400 y a los residentes de Alemania en 1990. Las diferencias tecnológicas son inmensas: aviones-jet y automóviles en lugar de caballos; televisión y teléfono en lugar de visión y voz sin ninguna ayuda; tanques y misiles en lugar de espadas y arcos. Y sin embargo, sería un error concluir que los alemanes de 1990 estuviesen fisiológicamente más evolucionados que los alemanes de 1400. Por tanto, en contra de lo que afirman Wu y Lin, la distribución de varios tipos de herramientas de piedra no implica que el Sinanthropus haya evolucionado. CUADRO 10.1 Testimonios del supuesto aumento evolutivo de la capacidad craneana del Sinanthropus, en Zhoukoudián, China Años A.P. Capa A: Datos de Wu y Lin, 1983 1-2 230 000 3 1 140 c.c. (V) B: Datos completos 1 140 C.c. (V) 290 000 4 5 350 000 6 7 420 000 8 1 075 C.c. = promedio de 4 cráneos 915 C.C. (III) 1 225 C.c. (X), 1 015 c.c.(XI), 1 030 c.c. (XII), 1 025 c.c. (II) 915 c.c. (III) niño 9 460 000 10 700 000 1113 En el Scientific American (junio de 1983), Wu Rukang y Lin Shenglong utilizaron los datos de la columna A para proponer que algunos Sinanthropus desarrollaron una mayor capacidad craneana durante los 230 000 años en que ocuparon la caverna de Zhoukoudián. Pero en su cuadro, Wu y Lin no mencionaron que el cráneo más antiguo (III) era el de un niño, lo que le excluía de toda comparación con los otros cráneos, que eran de adultos. Además, Wu y Lin ofrecieron un promedio de cuatro cráneos de las capas 8 y 9 (II, X, XI y XII), sin mencionar que uno de estos cráneos (X) tenía una capacidad craneana de 1 123 centímetros cúbicos, mayor que el cráneo más reciente de la capa 3. Los datos completos, que aparecen en la columna B, no revelan un aumento evolutivo de la capacidad craneana. Todos los datos del cuadro fueron originalmente proporcionados por Weidenreich, salvo el referente a la capacidad del cráneo descubierto en la capa 3. En 1934, Weidenreich dio a conocer el descubrimiento de algunos fragmentos de este cráneo, al que después designaría como cráneo V. Luego en 1966, unos paleontólogos chinos descubrieron unos fragmentos de este mismo cráneo. La reconstrucción del cráneo y la medición de la capacidad craneana se efectuaron en 1966. El informe de Wu y Lin, especialmente su afirmación de una mayor capacidad craneana en el Sinanthropus durante la ocupación de la caverna de Zhoukoudián, muestra que no se debe leer sin espíritu crítico todo lo que se publica en la literatura científica acerca de la evolución humana. Parece ser que la comunidad científica está tan comprometida con su doctrina evolutiva, que todo artículo que pretenda demostrarla puede pasar sin mayor escrutinio. DATACIÓN POR MORFOLOGÍA Aunque Zhoukoudián sea el sitio paleoantropológico más célebre de China, también hay muchos otros. Estos sitios han entregado fósiles representativos del temprano Homo erectus, del Homo erectus, de hombres de Neanderthal y de tempranos Homo sapiens, ofreciendo así una aparente secuencia evolutiva. Pero el modo en que se construyó esta progresión es muy discutible. Como lo hemos visto en nuestro análisis de los restos fósiles humanos descubiertos en China y en otros lugares, casi nunca es posible fecharlos con un alto grado de precisión. Los descubrimientos suelen ocurrir dentro de lo que hemos decidido llamar una "gama posible de datación", y esta gama puede ser muy amplia, dependiendo de los métodos que se empleen. Tales métodos incluyen técnicas de datación química, radiométrica y geomagnética, así como análisis de la estratigrafía del lugar, restos de fauna, tipos de herramientas y la morfología de los vestigios homínidos. Además, estos mismos métodos, utilizados por diferentes científicos, a menudo ofrecen gamas de antigüedad diferentes para especímenes homínidos particulares. Y a menos que deseemos considerar uniformemente como correcto, el juicio de antigüedad más reciente dado por un científico, nos veremos obligados a tomar en consideración toda la gama de fechas propuestas. Pero aquí podemos encontrarnos en dificultades. Imagine el lector que un científico lee varios informes acerca de dos especímenes homínidos de diferente morfología. Sobre la base de comparaciones estatigráficas y de la fauna, ambos proceden aproximadamente del mismo periodo. Pero este periodo se extiende hasta cubrir varios cientos de miles de años. Las repetidas pruebas realizadas por distintos científicos, con diferentes métodos paleomagnéticos, químicos y radiométricos nos ofrecerán toda una gama de fechas contradictorias, dentro de este periodo. Los resultados de algunas de ellas indican que el espécimen A es el más antiguo, otros, que el espécimen B es el de mayor antigüedad. Analizando todas las fechas publicadas para los dos especímenes, nuestro investigador descubre que, en términos generales, las gamas de fechas se traslapan. En otras palabras, con estos métodos ha resultado imposible determinar cuál de los dos fue el primero. ¿Qué hacer? En algunos casos, como veremos, los científicos decidirán, exclusivamente sobre la base de su compromiso con la evolución, que el espécimen que morfológicamente parece más simiesco debe pasar a la parte más antigua de la posible gama para suprimirlo de la parte de su gama que traslapa con la del espécimen que morfológicamente parece más humano. Y como parte del mismo procedimiento, el espécimen más semejante al ser humano puede ser trasladado a la parte posterior o más reciente de su posible gama de datos. Así, ambos especímenes quedan separados en el tiempo. Pero tómese en cuenta lo siguiente: esta operación de secuencia se efectúa básicamente sobre la base de la morfología, para mantener una progresión evolutiva. Sería mal visto tener dos formas contemporáneas cuando una de ellas es considerada generalmente como antepasado de la otra. He aquí un ejemplo. Chang Kwang-chih, antropólogo de la Universidad de Yale, declaró: "Las listas faunales de los descubrimientos [de homínidos] de Ma-pa, Ch'ang-yang y Liu-chiang no ofrecen una prueba positiva para una datación precisa. Los dos primeros fósiles pueden encontrarse en cualquier punto, del Pleistoceno medio al Pleistoceno superior, en lo tocante a su fauna concomitante [...] Para poder obtener una ubicación más precisa de estos tres fósiles humanos, sólo podemos depender en la actualidad de sus propios rasgos morfológicos en comparación con otros descubrimientos, mejor fechados, que se han efectuado en otros lugares de China". A esto podemos llamarlo "datación por morfología". Jean S. Aigner declaró en 1981: "En el sur de China, la fauna es aparentemente estable, lo que dificulta establecer una subdivisión del Pleistoceno medio. De ordinario, la presencia de un homínido avanzado o de una forma residual es la base para determinar los periodos posteriores y anteriores". Esta es una exposición muy clara de la razón de ser de la datación morfológica. La presencia de un homínido avanzado se considera como señal inconfundible de un periodo ulterior. En otras palabras, si encontramos en un sitio un homínido simiesco en conexión con una cierta fauna del Pleistoceno medio, y un homínido más parecido al ser humano en conexión con la misma fauna del Pleistoceno medio en otro lugar, entonces, de acuerdo con este sistema, debemos concluir que el sitio que contenía los homínidos más semejantes a los seres humanos era de una fecha del Pleistoceno medio posterior a la del otro. Debe recordarse que el Pleistoceno medio se extiende desde 100 000 hasta un millón de años años de antigüedad. Se da por sentado que los dos sitios en cuestión no pudieron ser contemporáneos. Una vez terminada esta maniobra, los dos homínidos fósiles, separados ahora uno del otro en el tiempo, ¡se citan en los libros de texto como prueba de una progresión evolutiva en el Pleistoceno medio! Este es un procedimiento que carece de toda ética intelectual. Lo honrado habría sido reconocer que el testimonio no nos permite decir con certidumbre que un homínido precedía al otro, y que posiblemente fuesen contemporáneos. Esto evitaría que se aprovechen estos homínidos en particular para formar una secuencia evolutiva cronológica. Todo lo que honradamente puede decirse es que ambos fueron descubiertos en el Pleistoceno medio. Por lo que sabemos, el homínido "más avanzado" similar a los humanos, acaso precediera al "menos avanzado" y simiesco. Pero, al dar por sentado que la evolución es un hecho, se pueden "datar" los homínidos por su morfología y disponer el testimonio fósil de manera congruente. Consideremos ahora un ejemplo específico del problema de la datación en secuencia. En 1985, Qiu Zhonglang informó que en 1971 y 1972 se habían descubierto dientes fósiles de Homo sapiens en la caverna de Yanhui, cerca de Tongzi, en la provincia de Guizhou, situada en el sur de China. El sitio de Tongzi contenía fauna de Stegodon y Ailuropoda. E l Stegodon es un tipo de elefante hoy extinguido, y el Ailuropoda es el panda gigante. Esta fauna de estegodontes y ailuropodas es típica del sur de China durante el Pleistoceno medio. La lista completa de la fauna del sitio de Tongzi, presentada por Han Defen y Xu Chunhua, contiene 24 clases de mamíferos, todos los cuales se encuentran también en las listas del Pleistoceno medio (y formativo), presentadas por los mismos autores. Pero se sabe que muchos de los géneros y las especies enumeradas han sobrevivido hasta el Pleistoceno tardío y hasta la actualidad. El autor del informe sobre los descubrimientos de Tongzi declaró: "La caverna de Yanhui fue el primer sitio descubierto en toda la provincia que contenía fósiles de Homo sapiens. La fauna sugiere una gama del Pleistoceno medio-alto, pero el testimonio [humano] arqueológico, está en armonía con una antigüedad del Pleistoceno [tardío] alto. En otras palabras, la presencia de fósiles de Homo sapiens fue el factor determinante para asignar al sitio una antigüedad de Pleistoceno tardío. Este es un claro ejemplo de datación por morfología. Pero, según el testimonio faunal del que informó Qiu, todo lo que en realidad puede decirse es que la antigüedad de los fósiles de Homo sapiens podría estar entre el Pleistoceno medio y el Pleistoceno tardío. Y sin embargo, también hay un testimonio estratigráfico que sugiere una gama estrictamente del Pleistoceno medio. Qiu dio la información siguiente: "Los depósitos de la caverna contienen siete capas. Todos los fósiles humanos, artefactos de piedra, huesos quemados y fósiles de mamíferos fueron desenterrados de la cuarta capa, un estrato de arena y grava de color amarillo grisáceo". Esta concentración en un solo estrato parece indicar que los restos humanos y los fósiles de animales, todos ellos mamíferos encontrados en sitios del Pleistoceno medio, son aproximadamente contemporáneos. Y por lo general se considera que los depósitos amarillos de las cavernas del sur de China son del Pleistoceno medio. Nuestro propio análisis de la lista de fauna también sugiere que parece razonable estrechar la gama cronológica al Pleistoceno medio. Por lo general, se dice que el estegodonte que se encontró en Tongzi existió desde el Plioceno hasta el Pleistoceno medio. En una lista de animales considerados importantes para la datación de sitios en China meridional, Aigner indicó que el Stegodon orientalis sólo sobrevivió hasta fines del Pleistoceno medio, aunque después de esta afirmación colocó un signo de interrogación. La antigüedad estricta del Pleistoceno medio de la fauna de la caverna de Tongzi queda confirmada por la presencia de una especie cuya extinción, a finales del Pleistoceno medio, se considera más definitiva. En su lista de mamíferos considerados importantes para datar sitios de China meridional, Aigner incluyó, además del Stegodon orientalis. otras especies encontradas en Tongzi. Entre ellas se encuentra el Megatapirus (tapir gigante) que, según Aigner, queda confinado al Pleistoceno medio. La especie descubierta en Tongzi es llamada por los investigadores chinos Megatapirus augustus. Aigner describió al Megatapirus augustus como "una gran forma fósil de las colecciones del Pleistoceno medio, del sur de China. Nosotros sugeriremos que el Megatapirus augustus limita la época más reciente de la colección faunal de Tongzi al final del Pleistoceno medio (figura 10.1). Otro fósil listado por Aigner es la Crocuta crocuta (la hiena actual), que apareció por vez primera en China a mediados del Pleistoceno medio. Como la Crocuta crocuta se encuentra presente en Tongzi, esto limita la mayor antigüedad de la fauna de esta zona a principio de la segunda mitad del Pleistoceno medio. En resumen, utilizando el Megatapirus augustus y la Crocuta crocuta como fósiles limitadores, podemos concluir que la probable gama de antigüedad de los fósiles de Homo sapiens descubiertos en Tongzi se extiende desde principios de la segunda mitad del Pleistoceno medio hasta finales de este periodo. Qiu, en efecto, extendió las gamas cronológicas de algunas especies de mamíferos en la fauna del Stegodon-Ailuropoda (como el Megatapirus augustus) desde el Pleistoceno medio hasta comienzos del Pleistoceno tardío con objeto de conservar una fecha aceptable para los fósiles de Homo sapiens. Al parecer, los prejuicios evolutivos de Qiu exigieron esta operación. Y una vez efectuada, el Homo sapiens de Tongzi, cómodamente colocado en el Pleistoceno tardío, pudo ser introducido en una secuencia evolutiva cronológica, y ser citado como prueba de la evolución humana. Si colocamos al Homo sapiens de Tongzi en la parte más antigua de esta auténtica gama cronológica faunal en el centro del Pleistoceno medio, resultaría contemporáneo del Homo erectus de Zhoukoudián, y esto no se vería muy bien en un libro de texto sobre el hombre fósil en China. Figura 10.1. Edad de los fósiles de Homo sapiens en el sitio de Tongzi, China meridional. Qiu dijo que la fauna mamífera de Tongzi abarca del Pleistoceno medio al tardío, mas utilizó fósiles de Homo sapiens para fechar el sitio en el Pleistoceno tardío. Pero si nosotros, en cambio, utilizamos la fauna mamífera para fechar los fósiles del Homo sapiens, llegaremos a una antigüedad diferente. El estegodonte se extinguió a finales del Pleistoceno medio, y posiblemente sobrevivió hasta principios del Pleistoceno tardío (parte gris de la barra) en algunas localidades del sur de China. El Megatapirus augustus (tapir gigante), definitivamente, no sobrevivió al Pleistoceno medio. La presencia del Stegodon y especialmente de Megatapirus augustus limita la antigüedad más reciente del sitio de Tongzi al fin del Pleistoceno medio. La presencia de Crocuta crocuta (la hiena actual), que aparece por vez primera a mediados del Pleistoceno medio, limita la mayor antigüedad del sitio de Tongzi a principios de la segunda mitad del Pleistoceno medio. Por tanto, la gama permitida para los fósiles del Homo sapiens en Tongzi se extiende desde principios de la segunda mitad del Pleistoceno medio hasta el final del Pleistoceno medio. Hemos analizado cuidadosamente diferentes informes acerca de otros sitios de China, y descubrimos que se ha utilizado el mismo proceso de datación morfológica en varios tipos de homínidos separados cronológicamente. En 1964 se descubrió en Lantián un cráneo de Homo erectus. Era más primitivo que el Homo erectus de Zhoukoudián. Por consiguiente, varios autores como J. S. Aigner lo han colocado antes que al Homo erectus de Zhoukoudián. Pero nuestro propio análisis del testimonio faunal, la estratigrafía de los sitios y la datación paleomagnética muestran que la gama cronológica del cráneo del Homo erectus de Lantián traslapa con la del Homo erectus de Zhoukoudián. Lo mismo puede decirse de una mandíbula de Homo erectus, descubierta en Lantián. Sin embargo, no insistiremos en que el cráneo del Homo erectus de Lantián sea contemporáneo del Homo erectus de la Localidad 1 de Zhoukoudián. Siguiendo nuestro procedimiento habitual, sencillamente extenderemos la probable gama cronológica del primitivo Homo erectus de Lantián para que incluya el periodo representado por la ocupación de Zhoukoudián. Tenemos así, ahora, dos posibles gamas cronológicas que se traslapan a mediados del Pleistoceno medio para los homínidos siguientes: 1) el hombre de Lantián, primitivo Homo erectus; 2) el hombre de Beijing, Homo erectus más avanzado, y 3) el hombre de Tongzi, descrito como Homo sapiens. No estamos insistiendo en que estos seres en realidad coexistieran. Tal vez fuera así, tal vez no. En lo que insistimos es en esto: los científicos no debieran afirmar que los homínidos definitivamente no coexistieron, basándose tan sólo en su diversidad morfológica. Y sin embargo, esto es exactamente lo que ha ocurrido. Los científicos han dispuesto los homínidos fósiles de China en una secuencia evolutiva cronológica, básicamente por su tipo físico. Esta metodología asegura que ningún testimonio fósil se apartara mucho de las expectativas sobre la evolución. Utilizando las diferencias morfológicas de los fósiles de homínidos para resolver las dataciones faunales contradictorias, estratigráficas, químicas, radiométricas y geomagnéticas y poniéndolas de acuerdo con su secuencia evolutiva preferida, los paleoantropólogos han permitido que sus prejuicios oscurezcan otras posibilidades. NUEVOS DESCUBRIMIENTOS EN CHINA En 1956, unos campesinos que excavaban en busca de fertilizantes en una caverna cerca de Maba, en la provincia de Guangdong, China meridional, descubrieron un cráneo que al parecer era de un ser humano primitivo. Casi hay un consenso general en que el cráneo de Maba es de Homo sapiens, con algunos rasgos neanderthaloides. Es fácil comprender que los científicos, de acuerdo con sus expectativas evolutivas, querrían colocar el espécimen de Maba en los fines mismos del Pleistoceno medio, o a comienzos del Pleistoceno tardío, después del Homo erectus. Aunque Maba puede ser tan reciente como principios del Pleistoceno medio, los huesos de animales allí descubiertos eran de mamíferos que no sólo vivieron a finales del Pleistoceno tardío, sino también en el Pleistoceno medio y aun en el Pleistoceno formativo. La justificación principal para fijar la datación de la caverna de Maba a finales del Pleistoceno medio o a comienzos del Pleistoceno tardío parece ser la morfología de los restos homínidos. Poniendo al día nuestra lista, encontramos ahora cinco gamas cronológicas que se traslapan a mediados del Pleistoceno medio para: 1) Homo erectus primitivo (Lantián); 2) Homo erectus (Zhoukoudián); 3) Homo sapiens (Tongzi), y 4) Homo sapiens, con rasgos neanderthaloides (Maba). La posibilidad de que el Homo erectus y algunos homínidos más avanzados hayan coexistido en China viene a enconar más la controversia acerca de quien fue en realidad el responsable de los fragmentos de cráneo del hombre de Beijing, y de la presencia de avanzadas herramientas de piedra en la Localidad 1 de Zhoukoudián. ¿Realmente coexistieron varios homínidos, en diversos grados de desarrollo, a mediados del Pleistoceno medio? No afirmamos esto categóricamente pero, sin duda, se encuentra dentro de la gama de posibilidades sugeridas por los datos de que disponemos. En nuestro estudio de la bibliografía científica no hemos encontrado una buena razón para excluir la coexistencia, como no sea el lecho de que los individuos eran morfológicamente distintos. Desde luego, algunos afirmarán que el hecho de la evolución humana ha quedado establecido de manera tan concluyente, más allá de toda duda razonable, que resulta perfectamente justificable dedicarse a fechar los homínidos por su morfología. Pero creemos que esta afirmación no resiste un escrutinio minucioso. Como lo hemos demostrado en los capítulos 2-7, se han suprimido u olvidado abundantes testimonios que contradecían las ideas actuales acerca de la evolución humana. Además, los hombres de ciencia han pasado por alto, de manera sistemática, todas las fallas de los testimonios que, supuestamente, apoyaban las actuales hipótesis evolutivas. Si unos campesinos, excavando en busca de fertilizantes en una caverna de China, hubiesen descubierto un cráneo completamente humano, junto con una fauna sin duda pliocénica, es seguro que los científicos habrían protestado diciendo que en el lugar no habían estado presentes observadores competentes, para efectuar los debidos estudios estratigráficos. Pero dado que el cráneo de Maba pudo embonar en la secuencia evolutiva aprobada, nadie puso objeciones a cómo se descubrió. Aun después de reconocer que la práctica de la datación morfológica es sumamente discutible, nos sorprende ver con que frecuencia se utiliza. En el ámbito de la investigación de la evolución humana en China, esto no parece ser la excepción sino la regla. La mandíbula superior del Homo sapiens descubierta por unos obreros en 1956 en Longdong, en el condado de Changyang, provincia de Hubei, en China meridional, ha ofrecido a muchas autoridades una excelente oportunidad para dedicarse sin ambages a la datación morfológica. Esa mandíbula superior, juzgada de Homo sapiens con algunos rasgos primitivos, se encontró junto con ejemplares típicos de la fauna del Pleistoceno medio en el sur de China, fauna que incluía al Ailuropoda (panda) y al Stegodon (elefante extinto). En 1962, Chang Kwang-chih, de la Universidad de Yale,escribió:"Generalmente se cree que esta fauna es del Pleistoceno medio, y los científicos que trabajaron en la caverna sugieren una fecha de finales del Pleistoceno medio, pues la morfología del maxilar muestra rasgos menos primitivos que la d e l Sinanthropus". Es claro que la principal justificación de Chang para asignar al Homo sapiens de Changyang una fecha posterior a la del Homo erectus de Beijing fue una razón morfológica. En 1981, J. S. Aigner añadió esta declaración: "Se ha sugerido una antigüedad del Pleistoceno medio, para una parte de la fauna dada la presencia del homínido, considerado cercano al H. sapiens, lo que indica una fecha avanzada en tal periodo". Es asombroso que los científicos pudiesen confrontar el testimonio de la fauna de Changyang sin considerar siquiera la posibilidad de que el Homo sapiens coexistiera en China con el Homo erectus. A este respecto, sir Arthur Keith escribió en 1931: "Muchas veces ha ocurrido en el pasado que el descubrimiento de restos humanos en un depósito ha influido en la opinión de los expertos sobre su antigüedad; la tendencia ha consistido en interpretar el testimonio geológico de tal modo que no vaya a chocar de manera flagrante con la teoría del origen reciente del hombre". En 1958, unos obreros descubrieron fósiles humanos en la caverna de Liuchiang, en la región autónoma de Guangxi Zhuang, en China meridional. Incluían un cráneo, vertebras, costillas, huesos pélvicos y un fémur derecho. Estos restos de seres humanos anatómicamente modernos fueron descubiertos junto con la típica fauna de Stegodon-Ailuropoda, lo que daba al sitio una gama cronológica que abarcaba todo el Pleistoceno medio. Pero los científicos chinos asignaron los huesos humanos al Pleistoceno tardío, basando se fundamentalmente en su avanzada morfología. El sitio de Dali, en la provincia de Shaanxi, ha producido un cráneo clasificado como Homo sapiens con rasgos primitivos. La fauna de Dali contiene animales que son típicos del Pleistoceno medio y de épocas más antiguas. Algunos paleoantropólogos chinos han propuesto para Dali una antigüedad de finales del Pleistoceno medio. Con ello, pueden explicar el cráneo humano, pues la fauna ahí encontrada no impone semejante datación; antes bien, sugiere para el Homo sapiens de Dali una posible gama cronológica que se remonta mucho más atrás, hasta el Pleistoceno medio, coincidiendo una vez más con el hombre de Beijing, en la Localidad 1 de Zhoukoudián. Con ello llegamos a la conclusión de que el Homo erectus, el hombre de Beijing, en la Localidad 1 de Zhoukoudián, bien pudo haber vivido al mismo tiempo que toda una variedad de homínidos: el temprano Homo sapiens (algunos con rasgos neanderthaloides), el Homo sapiens sapiens y el primitivo Homo erectus (figura 10.2). Figura 10.2. Se muestran las probables gamas cronológicas de homínidos chinos, determinadas por las concomitantes faunas de mamíferos. Algunos científicos han asignado fechas a los homínidos, dentro de sus probables gamas cronológicas, que embonan en las expectativas de la evolución. Estas fechas están representadas por la parte más oscura de cada barra. Por ejemplo, aunque la gama cronológica de la fauna del sitio de Maba se extiende desde el Pleistoceno formativo hasta principios del Pleistoceno tardío, los científicos han aprovechado la presencia de un cráneo de Neanderthal para fijar la fecha del sitio en la parte más reciente de su gama cronológica. En Liujiang, se dio a los fósiles humanos una fecha completamente apartada de la gama cronológica de la fauna. A este fenómeno le llamamos "datación morfológica". Pero dejando aparte las expectativas de la evolución, el testimonio de la fauna indica que es posible que todos los homínidos fuesen contemporáneos del Homo erectus en la Localidad 1 de Zhoukoudián, a mediados del Pleistoceno medio (barra vertical sombreada). Intentando resolver este acertijo de los homínidos del Pleistoceno medio, los hombres de ciencia se han valido repetidas veces de la morfología de los fósiles homínidos para seleccionar las fechas deseables dentro del total de la gama faunal cronológica de los sitios. Han logrado así mantener una progresión evolutiva de homínidos. De manera notable, esta secuencia tan artificialmente construida y diseñada para cristalizar las expectativas de la evolución, se cita después como prueba de la hipótesis de la evolución. Por ejemplo, y como lo hemos visto demostrado varias veces, una especie de Homo sapiens con una posible gama cronológica que se extienda desde mediados del Pleistoceno medio (contemporánea del hombre de Beijing) hasta el Pleistoceno tardío, será estirada hacia el extremo más reciente de la gama cronológica. Igualmente justificados estaríamos si seleccionáramos una fecha intermedia del Pleistoceno medio dentro de la posible gama cronológica, aun cuando esto entrara en conflicto con las expectativas de la evolución. Concluiremos nuestra revisión de los descubrimientos de fósiles homínidos en China con algunos casos, en sitios considerados del Pleistoceno formativo. En Yuanmou, en la provincia de Yunan, en el suroeste de China, unos geólogos descubrieron dos dientes de homínidos (incisivos). Según los científicos chinos, eran más primitivos que los del hombre de Beijing. Se cree que los dientes pertenecieron a un antepasado del hombre de Beijing, un Homo erectus muy primitivo, descendiente del Australopithecus asiático. Algunas herramientas de piedra -tres raspadores, un núcleo de piedra, una lasca y una punta de cuarzo o de cuarcita- fueron descubiertas más tarde en Yuanmou. Los dibujos publicados muestran que las herramientas de Yuanmou son muy similares a los eolitos europeos y a la industria de Oldowan, del África oriental. Junto con las herramientas y los incisivos de homínidos, también se descubrieron capas de ceniza que contenían fósiles de mamíferos. Los estratos en que se encontraron los incisivos presentaron una probable fecha paleomagnética de 1.7 millones de años, dentro de una gama de 1.6 a 1.8 millones de años. Esta antigüedad ha sido negada, pero algunos científicos chinos importantes continúan aceptándola, haciendo ver que los fósiles de mamíferos coinciden con la antigüedad del Pleistoceno formativo del sitio. Sin embargo, hay dificultades para atribuir una antigüedad del Pleistoceno formativo al Homo erectus de Yuanmou. Se cree que el Homo erectus evolucionó a partir del Homo habilis en África, hace alrededor de 1.5 millones de años, y que emigró a otra parte hace cerca de un millón de años. No se cree que el Homo habilis haya salido de África. En el cálculo de antigüedad que realizó Jia para el homínido de Yuanmou se da un origen separado al Homo erectus en China. Jia parece requerir la presencia en China, desde hace cerca de 2 millones de años, del Australopithecus u Homo habilis, lo cual esta verdaderamente prohibido por la actual teoría imperante. A ese respecto, Lewis R. Binford y Nancy M. Stone declararon en 1986: "Debe observarse que muchos científicos chinos se empeñan en la idea de que el hombre evolucionó en Asia. Esta opinión contribuye a la costumbre de aceptar acríticamente fechas muy antiguas para los sitios chinos, y a explorar la posibilidad de descubrir herramientas de piedra en depósitos del Plioceno". También podríamos decir que, dado que los científicos occidentales se aferran a la idea de que los seres humanos evolucionaron en África, acríticamente rechazan toda fecha muy antigua para los fósiles y artefactos homínidos en todo el mundo. Como ya se mencionó, no necesitamos suponer que África o Asia fueron el centro de la evolución. Hemos mostrado en capítulos anteriores que hay voluminosos testimonios, muchos de ellos descubiertos por científicos profesionales, que sugieren que en varios continentes, incluso en América del Sur, hace decenas de millones de años vivieron seres humanos del tipo moderno. Y durante este mismo periodo, también hay testimonios de varias criaturas simiescas, algunas de las cuales se asemejaban más que otras a los seres humanos. Vuelve a presentarse una pregunta que ya encontramos en nuestros análisis de restos culturales anómalos (capítulos 2 y 6): ¿por qué tendríamos que atribuir las herramientas de piedra y las señales de fuego del Pleistoceno formativo de Yuanmou al Homo erectus primitivo? Las herramientas y las señales de fuego no se encontraron cerca de dientes de Homo erectus. Además, hay testimonios, procedentes de la propia China y de otras partes del mundo, de que el Homo sapiens existió en el Pleistoceno formativo y aun antes. En 1960, Jia Lanpo investigó los depósitos de arena y grava del Pleistoceno formativo en Xihoudu, al norte de la provincia de Shanxi. Descubrió tres piedras que mostraban señales de percusión; en 1961 y 1962 aparecieron más artefactos. Por causa de ciertos restos de fauna del Pleistoceno formativo, al sitio se le atribuyó una antigüedad de más de un millón de años. La datación paleomagnética dio una antigüedad de 1.8 millones de años. En Xihoudu también se encontraron huesos cortados y señales de fuego. Jia creyó que el Australopithecus había sido el creador de los artefactos y del fuego. Pero en la actualidad no se considera que el Australopithecus encendiera fuego. Hoy, se cree que el Homo erectus, los hombres de Neanderthal y el Homo sapiens fueron los únicos homínidos capaces de ello. Como bien podríamos imaginar, J. S. Aigner expresó grandes reservas ante el testimonio de Jia: "Pese al fuerte apoyo de una actividad humana, durante el Pleistoceno bajo [formativo] en el norte de China, que se ha atribuido a Hsihoutu [Xihoudu], yo me niego a aceptar inequívocamente que los materiales son de esa época [...] si se verifica Hsihoutu, entonces unos seres humanos ocuparon el norte de China hace cerca de un millón de años y utilizaron fuego. Esto pondría en entredicho algunas de nuestras actuales suposiciones acerca del curso de la evolución humana y, a la vez, de las capacidades de adaptación de los primeros homínidos". Sin embargo, si pudiéramos liberarnos de nuestras suposiciones actuales, se abrirían posibilidades interesantes. Con esto termina nuestra revisión de los descubrimientos efectuados en China. Hemos visto que las determinaciones de antigüedad de los fósiles homínidos han sido deformadas por la "datación morfológica". Cuando se adaptan esas antigüedades para que reflejen unas gamas cronológicas de la fauna que parezcan razonables, el testimonio total no da un apoyo exclusivo a la hipótesis evolutiva. Antes bien, el testimonio parece congruente con la proposición de que unos seres humanos anatómicamente modernos coexistieron con toda una variedad de seres semejantes a los humanos durante todo el Pleistoceno. ¿Viven los hombres-mono? En nuestra revisión de los fósiles de homínidos de China hemos descubierto señales de que durante el Pleistoceno acaso coexistieran seres humanos con homínidos, más similares a simios. Y esto puede ser cierto en nuestros días. En los últimos 100 años, poco más o menos, los investigadores han acumulado testimonios sustanciales de seres semejantes a los hombres de Neanderthal, al Homo erectus y a los australopitecinos, que rondan aún hoy por zonas deshabitadas del mundo. Científicos profesionales han observado: 1) hombres salvajes en ambientes naturales, 2) especímenes vivos capturados, 3) especímenes muertos, y 4) han recabado testimonios físicos de hombres salvajes, incluyendo centenares de huellas de pies. También han entrevistado a informantes legos, e investigado el rico tesoro del folklore sobre hombres salvajes, contenido en la literatura y las tradiciones antiguas. CRIPTOZOOLOGÍA Según algunos investigadores, el estudio de seres como los hombres salvajes cae en el rubro de una auténtica rama de la ciencia llamada criptozoología. La criptozoología, terminó acunado por el zoólogo francés Bernard Heuvelmans, se refiere a la investigación científica de especies de cuya existencia se ha dado noticia, pero que no esta plenamente documentada. El término griego kryptos significa "oculto", por lo que criptozoología significa literalmente "el estudio de animales ocultos". Existe una Sociedad Internacional de Criptozoología, cuya junta de directores está formada por biólogos, zoólogos y paleontólogos profesionales de universidades y museos de todo el mundo. El propósito de la sociedad, declarado en su publicación Cryptozoology, es "la investigación, el análisis, la publicación y el estudio de todas las cuestiones relacionada con animales de forma o especie insólitas, o de presencia inesperada en el tiempo o en el espacio". Un típico número de Cryptozoology suele contener uno o más artículos escritos por científicos sobre el tema del hombre salvaje. ¿Es posible, en realidad, que exista una especie de homínidos desconocida en este planeta? A muchos, esto les resulta difícil de creer, y por dos razones: suponen que cada centímetro de la Tierra ha sido ya explorado minuciosamente. Y también suponen que los hombres de ciencia poseen un inventario completo de las especies animales vivas de la Tierra. Ambas suposiciones son erróneas. En primer lugar, hasta en países como Estados Unidos quedan extensas zonas no pobladas, y que muy pocos han recorrido. En particular, el noroeste de Estados Unidos aún tiene grandes regiones de terreno montañoso y con espesas selvas que, aunque han sido reconocidas desde el aire, rara vez son penetradas por seres humanos. En segundo lugar, cada año se descubre un numero sorprendente de nuevas especies de animales: cerca de cinco mil según un cálculo conservador. Como bien podría sospecharse, en su gran mayoría, cerca de cuatro mil son de insectos. Y sin embargo, en 1983, Heuvelmans observó: "Muy recientemente, a mediados de los setenta, se descubrían cada año cerca de 112 nuevas especies de peces, 18 nuevas especies de reptiles y alrededor de 10 nuevas especies de anfibios, el mismo número de mamíferos y tres o cuatro nuevas especies de aves". LOS HOMBRES SALVAJES DE EUROPA Los informes sobre hombres salvajes se remontan a tiempo atrás. Muchos objetos de arte de griegos, romanos, cartagineses y etruscos muestran imágenes de seres semihumanos. En el Museo de Prehistoria de Roma existe un cuenco etrusco de plata, en el que puede verse entre muchos cazadores humanos a caballo, la figura de un gran ser semejante a un simio. Durante la Edad Media, la pintura y la arquitectura europeas continuaron mostrando hombres salvajes. Una página del Queen Mary's Psalter, compuesto durante el siglo XIV, muestra a un hombre salvaje velludo, muy realistamente presentado, al que está atacando una manada de perros. EL NOROESTE DE ESTADOS UNIDOS Durante siglos, los indios del noroeste de Estados Unidos y el oeste de Canadá han creído en la realidad de los hombres salvajes, a los que dan varios nombres, como Sasquatch. En 1792, el botánico y naturalista español José Mariano Moziño, describiendo a los indios de la Sonda de Nootka, en la isla de Vancouver, Canadá, afirmó: "No sé qué decir acerca de Matlox, habitante del distrito montañoso, al que todos tienen un terror increíble. Imaginan que su cuerpo es monstruoso, cubierto enteramente de rígidas astillas negras, con una cabeza similar a la humana pero con unos colmillos mucho más grandes, agudos y fuertes que los de un oso; brazos extremadamente largos, y dedos de manos y pies armados con largas garras curvas". El presidente Theodore Roosevelt de Estados Unidos en su libro de 1906, The Wilderness Hunter, incluyó un intrigante informe sobre el hombre salvaje. El incidente tuvo lugar en las montanas Bitterroot, entre Idaho y Montana. Y de esta región aún llegan, a veces, informes sobre el hombre salvaje. Según Roosevelt, poco después de 1800 un trampero llamado Bauman y un socio suyo estaban explorando un paso particularmente agreste y solitario. Un ser desconocido saqueó varias veces su campamento: por la noche, cuando no podían ver claramente al animal y de día, cuando ellos estaban ausentes. Un día, Bauman encontró muerto a su compañero en el campamento; al parecer lo había matado aquel ser. Éste dejaba huellas de pies totalmente humanas. Y, en contraste con un oso, que normalmente camina sobre las cuatro patas, este ser caminaba sobre dos pies. Por sí sola, la historia de Bauman no resulta muy convincente como prueba de la existencia de hombres salvajes en América del Norte, pero si se le considera junto con informes más concretos, adquiere mayor importancia. El 4 de julio de 1884, el periódico Colonist, publicado en Victoria, Columbia Británica, presento un relato acerca de un extraño ser capturado cerca del pueblo de Yale. Dijo el Colonist: "Jacko, como sus captores han llamado a este ser, es del tipo de un gorila, de cerca de 1.30 metros de estatura, y con peso de unos 60 kilos. Su cabello es largo, negro y fuerte y se asemeja a un ser humano, con una excepción: todo su cuerpo, con excepción de sus manos (o garras) y pies, esta cubierto de un vello brillante, de cerca de una pulgada de largo. Su antebrazo es mucho más largo que el de un hombre, y posee: una fuerza extraordinaria". Parece claro que este ser no era un gorila: pesaba demasiado poco. Algunos podrían suponer que Jacko era un chimpancé, pero al parecer esta idea fue considerada y rechazada por personas que conocían bien a Jacko. En 1961, el zoólogo Ivan Sanderson, mencionó "un comentario hecho en otro periódico, poco después de publicado el relato original, en el que se preguntaba [...] cómo podía sugerir alguien que este Jacko pudiera haber sido un chimpancé escapado de un circo". De la misma región llegaron informes adicionales de otros seres similares a Jacko. Por ejemplo, Alexander Caulfield Anderson, agrimensor de la Compañía de la Bahía del Hudson, informó que unos seres humanoides velludos habían arrojado piedras varias veces contra su grupo mientras estaba midiendo una ruta comercial en 1864. En 1901, Mike King, conocido leñador, estaba trabajando en una región aislada del norte de la isla de Vancouver. Al llegar a un acantilado vio a un gran ser parecido a un hombre, cubierto por una piel rojiza. En la orilla de una cañada, aquel ser estaba lavando unas raíces y colocándolas ordenadamente en dos pilas, a su lado. Luego, se alejó corriendo como un ser humano. Las huellas que King observó eran sin duda humanas, con excepción de "unos dedos fenomenalmente largos y separados". En 1941, varios miembros de la familia Chapman se encontraron con un hombre salvaje en Ruby Creek, Columbia Británica. En un soleado atardecer de verano, el hijo mayor de la señora Chapman le avisó de la presencia de un gran animal que había salido de los bosques cercanos a su casa. Al principio, ella creyó que se trataba de un gran oso pero luego, para su horror, vio que era un hombre gigantesco, cubierto todo de un vello marrón amarillento. Este vello era de unas 4 pulgadas de largo. El ser avanzó directamente a la casa, y la señora Chapman llamó a sus tres hijos y huyó, río abajo, hasta el próximo pueblo. En octubre de 1955, William Roe, quien había pasado gran parte de su vida cazando animales salvajes y observando sus costumbres, encontró un hombre salvaje. El incidente ocurrió cerca de un pequeño pueblo llamado Tete Jaune Cache, en Columbia Británica. Un día, dijo Roe en una declaración jurada, ascendió por Mica Mountain hasta llegar a una vieja mina abandonada y vio, a una distancia de unos 50 metros, lo que al principio creyó que era un oso. Cuando la criatura salió a un claro, Roe vio que era algo distinto: "Mi primera impresión fue de un hombre enorme, de cerca de 1.80 de estatura y de casi 90 centímetros de ancho, y que probablemente pesaría cerca de 140 kilos. Lo cubría de cabeza a pies, un vello de color marrón oscuro, con las puntas plateadas. Pero al acercarse, vi por sus pechos que era una hembra". En 1967, en la región de Bluff Creek en el norte de California, Roger Patterson y Bob Gimlin lograron filmar una breve película de una hembra Sasquatch. También tomaron moldes de las huellas de sus pies, que tenían más de 35 centímetros de longitud. Acerca de esta película se han expresado varias opiniones. Mientras que algunas autoridades afirman que se trata de una burda falsificación, otras han dicho que, en su opinión, ofrece un buen testimonio en favor de la realidad del Sasquatch. También se han emitido opiniones menos categóricas. El doctor D. W. Grieve, anatomista especializado en el andar humano, estudió la película y dijo: "Mis impresiones subjetivas han oscilado entre la total aceptación del Sasquatch, por motivo de que esta película sería difícil de falsificar, hasta el rechazo irracional basado en una respuesta emocional a la posibilidad de que en realidad exista el Sasquatch". La antropóloga Myra Shackley, de la Universidad de Leicester, observó que la opinión mayoritaria parece ser que "el filme podría ser una falsificación, pero de serlo, esta increíblemente bien hecha". Más podría darse esta explicación para rechazar casi cualquier tipo de testimonio científico. Todo lo que se tiene que hacer es imaginar a un falsificador experto. Por tanto, la hipótesis de una falsificación sólo debe aplicarse cuando hay verdaderas pruebas de falsificación, como ocurrió por ejemplo en Piltdown. Lo ideal sería que se pudiese desenmascarar al falsificador. Además, ni siquiera un caso demostrado de falsificación debe servir para rechazar categorías enteras de testimonios similares. En lo tocante a las huellas de los pies del Sasquatch, existen testigos independientes que han examinado e informado de centenares de ejemplares, y de estos, más de 100 se han conservado en fotografía y en moldes. Sin embargo, sus críticos afirman que todas estas huellas son falsificadas. No hay duda de que algunas han sido falsificadas, lo cual reconocen sin ambages hasta los más decididos partidarios del Sasquatch. Pero ¿cómo podría ser todo una falsificación? En 1973, John R. Napier, respetado anatomista británico, declaró que si todas las huellas eran falsas "entonces debemos estar dispuestos a aceptar la existencia de una conspiración con ramificaciones como las de la mafia, y con células prácticamente en cada poblado grande, desde San Francisco hasta Vancouver. Napier declaró que las huellas que él mismo estudió le parecían "biológicamente convincentes". Escribió Napier: "Los testimonios que he examinado me persuaden de que algunas de las huellas son reales, y que tienen una forma humana [...] Estoy convencido de que el Sasquatch existe". Grover S. Krantz, antropólogo de la Universidad Estatal de Washington, inicialmente se mostró escéptico ante los informes del Sasquatch. Para determinar si ese ser en realidad existía o no, Krantz estudió con todo detalle algunas huellas descubiertas en 1970 en el nordeste del estado de Washington. Al reconstruir la estructura esquelética del pie basándose en la huella, observó que el tobillo se adelantaba más que en un pie humano. Tomando en consideración la estatura y el peso que le habían dicho poseía el Sasquatch adulto, Krantz, aprovechando sus conocimientos de antropología física, calculó hasta que punto tenía que adelantarse el tobillo. Volviendo a las huellas, descubrió que la posición del tobillo coincidía exactamente con sus cálculos. "Entonces, decidí que ese ser era real", dijo Krantz. "No hay forma de que un falsificador pudiese saber hasta dónde colocar adelante ese tobillo. Necesité un par de meses para saberlo con los moldes en la mano, por lo que pueden ustedes imaginarse lo mucho que habría tenido que saber el falsificador." Krantz y John Green, expertos en bosques, han escrito extensos informes sobre el testimonio de las huellas de pies en América del Norte. Típicamente, las huellas tienen de 14 a 18 pulgadas de longitud y de 5 a 9 pulgadas de ancho, lo que da una superficie aproximadamente tres o cuatro veces mayor que el área de un pie humano común. De ahí su popular nombre de Bigfoot [pie grande]. Krantz calculó que para hacer una típica huella de Sasquatch, se requeriría un peso total de al menos 320 kilos. Así, un hombre de 90 kilos tendría que llevar a cuestas por lo menos 230 kilos para dejar una buena huella. Pero esto sólo es el principio. Hay informes de series de huellas que se extienden desde 1.2 kilómetros hasta varios kilómetros en regiones deshabitadas, muy alejadas de los caminos más cercanos. La longitud del paso del Sasquatch varía de 1.20 a 1.80 metros (la longitud del paso de un ser humano normal es de cerca de 90 centímetros). ¡Trate el lector de recorrer un kilómetro al menos con 230 kilos sobre la espalda, y dando pasos de 1.50 metros de longitud! "Se ha sugerido el uso de una máquina que deje huellas, una especie de sello mecánico", declaró Napier, "pero un aparato capaz de ejercer una presión de aproximadamente 3 900 kg por metro cuadrado y que pueda manejarse por terreno agreste y montañoso es algo que no alcanzo a creer". Algunas de las series de huellas señaladas habían quedado en la nieve fresca, lo que permitió a los observadores asegurarse de que no había marcas de ninguna máquina, paralelas a las huellas, o que las cubriesen. En algunos casos, la distancia entre los dedos de las huellas variaba de una huella a la siguiente en un mismo rastro de huellas. Esto significa que además de los otros problemas a los que tendría que enfrentarse un falsificador, habría tenido que incorporar partes móviles a sus pies artificiales. El 10 de junio de 1982, Paul Freeman, patrullero del Servicio de Bosques de Estados Unidos, siguiendo a un alce en el distrito Walla Walla en el estado de Washington, observó a un bípedo velludo de más de 2.20 metros de altura, a unos 60 metros. Al cabo de 30 segundos, el gran animal se alejó. Krantz estudio las huellas de aquel ser y descubrió arrugas cutáneas, poros sudorosos y otros rasgos en los lugares apropiados para unos grandes pies de primate. Unas detalladas impresiones de la piel, en las paredes laterales de las huellas, indicaban la presencia de una planta de pie flexible. Ante tantos sólidos testimonios, ¿por qué casi todos los antropólogos y zoólogos guardan silencio acerca del Sasquatch? Observó Krantz: "Temen por su reputación y por sus empleos". De manera similar observó Napier: "Uno de los problemas, tal vez el mayor, al investigar a quienes han visto al Sasquatch es la desconfianza con que las personas que afirman haber visto a un Sasquatch son tratadas por sus vecinos y patronos. Reconocer esa experiencia es, en algunos lugares, arriesgar la reputación personal, la posición social y la credibilidad profesional". En particular, habló de "el caso de un geólogo sumamente preparado de una compañía petrolera, quien narró su historia, pero insistió en que no se mencionara su nombre por temor a ser despedido de la compañía. A este respecto, Roderick Sprague, antropólogo de la Universidad de Idaho, dijo de Krantz: "Es la disposición de Krantz a investigar abiertamente lo desconocido lo que le ha ganado el respeto de muchos de sus colegas, así como un buen ascenso académico". La mayor parte de los informes sobre el Sasquatch proceden del noroeste de Estados Unidos y de la Columbia Británica. "Nos vemos obligados a concluir", dijo Napier, "que una forma similar a la humana, de proporciones gigantescas, vive en la actualidad en las zonas despobladas del noroeste de Estados Unidos y en la Columbia Británica". También hay muchos informes del este de Estados Unidos y de Canadá. "El hecho de que semejante ser esté vivo y en acción en nuestro medio, no reconocido ni clasificado, constituye un fuerte golpe a la credibilidad de la antropología moderna", concluyó Napier. También puede decirse que es un golpe a la credibilidad de la biología, de la zoología y de la ciencia en general. AMÉRICA CENTRAL Y AMÉRICA DEL SUR De los bosques tropicales de Guatemala han llegado relatos de unos seres llamados Sisimites. El geólogo Wendell Skousen dijo que la gente de Cubulco, en la Baja Verapaz le había informado: "En las montañas viven hombres muy grandes, salvajes, completamente cubiertos por una piel gruesa, velluda, de color marrón, sin cuello, con ojos pequeños, brazos largos y manos enormes. Las huellas de sus pies son del doble del tamaño que las de un hombre". Varias personas afirmaron que habían sido perseguidas, montaña abajo, por el Sisimite. Skousen pensó que podría tratarse de un oso. Sin embargo, después de interrogar minuciosamente a los indígenas, llegó a la conclusión de que no lo era. Informes similares han llegado otros lugares de Guatemala donde,según se dijo, esos seres secuestran mujeres y niños. Algunas personas en Belice (antes Honduras Británicas), hablan de unos seres semihumanos llamados Dwendis, que habitan las selvas de la parte meridional del país. El nombre de Dwendi procede del término español "duende". Iván Sanderson, quien efectúa investigaciones en Belice, escribió en 1961: "Docenas de personas me dijeron haberlos visto y eran, en su mayoría, personas serias que habían trabajado para organizaciones responsables como el Departamento de Silvicultura y que varias veces habían sido preparados en Europa o en Estados Unidos. Uno de ellos, un funcionario menor del servicio de silvicultura, nacido en el lugar, describió con gran detalle dos de estos pequeños seres que el había notado, de pronto, en varias ocasiones, que lo observaban tranquilamente en los bordes de la reserva de bosques, situada cerca del pie de las montañas Mayas [...] Describió a esos pequeños seres como de un metro o 1.20 metros de altura, bien proporcionados pero con hombros muy pesados y brazos bastante largos, cubiertos de un vello color marrón, denso y fuerte, que parecía el de un perro de pelo corto; sus rostros amarillentos eran muy chatos, pero el cabello de sus cabezas no era más largo que el del cuerpo, excepto en la nuca y a la mitad de la espalda". Los Dwendis parecen representar una especie distinta del corpulento Sasquatch del noroeste de América del Norte en la costa del Pacífico. De la región de las Guayanas, en América del Sur, llegan los relatos de unos hombres salvajes llamados Didis. Los primeros exploradores oyeron informes acerca de ellos de labios de los indios, quienes afirmaron que medían cerca de 1.5 metros, caminaban erectos y estaban cubiertos de un denso vello negro. En 1931, Nelloc Beccari, antropólogo llegado de Italia, oyó un relato acerca del Didi de labios del señor Haines, magistrado residente en la Guayana Británica. Heuvelmans hizo este resumen de lo que Haines relató a Beccari: "En 1910 iba atravesando el bosque a lo largo del Konawaruk, un tributario que se une con el Essequibo inmediatamente después de su confluencia con el Potaro, cuando de pronto se encontró con dos extraños seres, quienes al verlo se levantaron sobre sus miembros traseros. Tenían facciones humanas, pero estaban enteramente cubiertos por una piel de color marrón rojizo. Los dos seres se retiraron lentamente hasta desaparecer en el bosque". Después de hacer muchos relatos similares en su libro acerca de los hombres salvajes, Sanderson declaró: "El hecho más significativo de estos informes de la Guayana es que nunca una persona del lugar -o ninguna persona que repita lo que dice la gente del lugar-haya indicado que estos seres son simplemente 'monos'. En todos los casos, han especificado que carecen de cola, caminan erectos y tienen atributos humanos". De las estribaciones orientales de los Andes, en el Ecuador, llegan informes acerca de Shiru, pequeño ser similar a un homínido, cubierto de vello, que mide entre 1.20 y 1.50 metros de estatura. En Brasil se habla del gran Mapinguary, similar a un simio, que deja gigantescas huellas de pies parecidas a las de los humanos, y del que se dice que mata ganado. YETI: EL HOMBRE SALVAJE DEL HIMALAYA Unos escritos de funcionarios británicos que residieron en la región del Himalaya, en el subcontinente indio, durante el siglo XIX contienen referencias esporádica a unos hombres salvajes llamados Yetis, cuyas huellas se han estudiado. Los Yetis fueron mencionados por vez primera por B. H. Hodgson, quien entre 1820 y 1843 sirvió como residente británico en la corte de Nepal. Hodgson informó que en el curso de un viaje por el norte de Nepal, sus porteadores se alarmaron a la vista de un ser velludo, sin cola, parecido a un hombre. Muchos sugerirán, al oír un informe como éste (y de ellos se han registrado centenares, desde la época de Hodgson), que los nepaleses confundieron un animal ordinario con un Yeti. Los habituales candidatos al error de identidad son los osos y los simios llamados langures. Pero resulta difícil imaginar que quienes han residido toda su vida en el Himalaya y están familiarizados íntimamente con la vida silvestre del lugar cometan semejantes errores. Myra Shackley observó que pueden verse Yetis en pinturas religiosas nepalesas y tibetanas que muestran las jerarquías de los seres vivos. Dijo Shackley: "Aquí, osos, simios y langures se pintan separados del hombre salvaje, lo que sugiere que no hay una confusión (al menos, en el cerebro de estos artistas) entre esas formas". Durante el siglo XIX, al menos un europeo habló de haber visto personalmente a un animal capturado que se asemejaba al Yeti. Un sudafricano dijo a la antropóloga Myra Shackley: "Hace muchos años años en la India, la madre de mi difunta esposa me dijo que su madre había visto en realidad la que podía haber sido una de estas criaturas en Mussorie, en las estribaciones del Himalaya. Este ser semihumano caminaba erecto, pero era evidentemente más animal que humano, y un vello le cubría todo el cuerpo. Según se le dijo, lo habían atrapado en las nieves [...] y sus captores lo mantenían encadenado". Durante el siglo XX, algunos europeos siguieron viendo hombres salvajes y encontrando sus huellas, lo que se intensificó durante las expediciones de alpinismo al Himalaya. En noviembre de 1951, Eric Shipton, mientras reconocía la estribaciones del monte Everest, descubrió huellas de pies en el glaciar Menlung, cerca de la frontera entre el Tibet y Nepal, a una elevación de 6 000 metros. Shipton siguió las huellas durante 1.5 kilómetros. Tomó una fotografía en close-up de una de las huellas que ha convencido a muchos. Estas huellas eran sumamente grandes. John R. Napier consideró y rechazó la posibilidad de que el tamaño y la forma particulares de la huella de Shipton hubiesen podido ser causados al fundirse la nieve. A la postre, Napier sugirió que la huella de Shipton era resultado de pies humanos sobreimpuestos, uno de ellos calzado y el otro no. En general, Napier, quien estaba totalmente convencido de la existencia del Sasquatch estadounidense, se mostró sumamente escéptico ante el testimonio sobre el Yeti. Pero, como veremos más adelante en esta misma sección, nuevos testimonios hicieron que Napier se inclinara más a aceptar la existencia de los hombres salvajes del Himalaya. En el curso de sus expediciones a los montes Himalaya en los decenios de 1950 y 1960, sir Edmund Hillary llamó la atención hacia el testimonio en favor del Yeti, incluyendo huellas encontrada en la nieve. Llegó a la conclusión de que en cada caso, las grandes huellas atribuidas al Yeti se habían producido al mezclarse pequeñas huellas de animales conocidos. A esto replicó Napier, también escéptico: "Nadie que tenga alguna experiencia podría confundir una huella de pie fundida con una fresca. No todas las huellas vistas a lo largo de años por observadores de buena reputación pueden explicarse en estas condiciones. Debe de haber otras explicaciones de las huellas, incluso, desde luego, la posibilidad de que las hubiesen dejado unos animales desconocidos para la ciencia". Además de viajeros occidentales, también informantes indígenas entregaron una continua corriente de informes sobre el Yeti. Por ejemplo, en 1958 algunos pobladores tibetanos de Tharbaleh, cerca del glaciar de Rongbuk, encontraron a un Yeti ahogado, dice Myra Shackley, en su libro sobre el hombre salvaje. Los aldeanos dijeron que aquel ser era como un hombre pequeño, con cabeza puntiaguda y cubierto por un vello de color marrón rojizo. En varios monasterios budistas se afirma que tienen restos físicos del Yeti. Una categoría de tales reliquias es el cuero cabelludo del Yeti, pero se cree que los que han sido estudiados por científicos occidentales fueron hechos con las pieles de animales desconocidos. En 1960, sir Edmund Hillary organizó una expedición para colectar y evaluar evidencias del Yeti, y envió un cuero cabelludo del Yeti desde el monasterio de Khumjung hasta Occidente, para examinarlo. Los resultados indicaron que el cuero cabelludo había sido fabricado a base de pieles de serow, antílope himalayo semejante a una cabra. Pero algunos disintieron de este análisis. Shackley dijo que "le indicaron que los cabellos del cuero cabelludo se ven claramente similares a los de simio, y que contiene gorgojos parasitarios de una especie distinta a la que se recobró del serow". En el decenio de 1950, unos exploradores al servicio del hombre de negocios estadounidense Tom Slick obtuvieron muestras de una mano momificada del Yeti, que se conservaba en Pangboche, Tibet. Las pruebas de laboratorio no llegaron a una conclusión definitiva, pero Shackley dijo que la mano "tiene ciertos rasgos curiosamente antropoides". En mayo de 1957, el Kathmandu Commoner publicó un relato acerca de una cabeza de Yeti que se ha conservado desde hace 25 años en la aldea de Chilunka, unos 70 kilómetros al noreste de Katmandú, Nepal. En marzo de 1986, Anthony B. Wooldridge emprendió una carrera, a solas, por el Himalaya, en la porción más septentrional de la India, en favor de una pequeña organización por el desarrollo del Tercer Mundo. Mientras avanzaba a lo largo de una colina boscosa y cubierta de nieve cerca de Hemkund, notó huellas frescas y les tomó fotografías, incluyendo un primer plano de una sola huella que se asemejaba a la fotografiada por Eric Shipton en 1951. Más adelante, Wooldridge llegó a una avalancha reciente, y vio una zanja de poca profundidad, al parecer causada por un objeto grande que se hubiera deslizado a través de la nieve. En el extremo de la zanja, vio más huellas, que le condujeron hasta un arbusto distante, tras el cual se encontraba "una sombra grande, erecta, tal vez hasta de dos metros de altura". Wooldridge, pensando que podría ser un Yeti, avanzó hasta colocarse a unos 150 metros y le tomó fotografías. "Se hallaba de pie, con las piernas separadas", afirmó, "al parecer mirando colina abajo, con el hombro derecho vuelto hacia mí. La cabeza era grande, casi cuadrada, y todo el cuerpo parecía cubierto de vello oscuro". En opinión de Wooldridge, aquel ser, definitivamente, no era un mono, un oso, o un ser humano ordinario. Wooldridge observó a aquel extraño ser durante 45 minutos, pero tuvo que partir de ahí pues el tiempo empeoraba. De regreso a su base, tomó más fotografiás de sus huellas, pero ya se habían deformado al fundirse las nieves. De regreso a Inglaterra, Wooldridge mostró su testimonio fotográfico a los científicos interesados en la cuestión del hombre salvaje, entre ellos a John Napier. A una distancia de 150 metros, el ser parecía muy pequeño en la película de 35 mm, pero unas amplificaciones mostraron que era algo semejante a un ser humano. Describiendo las reacciones de quienes vieron sus fotos, Wooldridge declaró: "John Napier, primatólogo y. autor del libro Bigfoot: The Yeti and Sasquatch in Myth and Reality (1973), ha invertido la posición escéptica que antes había adoptado, y hoy se declara convencido de que existe el Yeti. Myra Shackley, arqueóloga y autora del libro Wildmen: Yeti, Sasquatch and the Neanderthal Enigma (1983) ha visto toda la secuencia de fotografías, y cree que toda mi experiencia coincide con otros informes de quienes han visto al Yeti. Lord Hunt, quien encabezó la triunfal expedición de 1953 al monte Everest, y que dos veces ha visto huellas de Yeti, está igualmente convencido". EL ALMAS DE ASIA CENTRAL Según las descripciones que tenemos de ellos, el Sasquatch y el Yeti son grandes y muy simiescos. Pero hay otro hombre salvaje, el Almas, que parece más pequeño y más humano. Los informes de Almas se concentran en una zona que se extiende desde Mongolia en el norte; por el sur a través de los Pamires, y luego al oeste hasta la región del Cáucaso. Informes similares han llegada de Siberia y de las partes más nororientales de la república rusa. A comienzos del siglo XV, Hans Schiltenberger fue capturado por los turcos y enviado a la corte de Tamerlán, quien lo asignó al séquito de un príncipe mongol llamado Egidi. Después de retornar a Europa en 1427, Schiltenberger escribió sobre sus experiencias, entre las cuales incluía la vista de hombres salvajes: "En las propias montañas viven unos seres salvajes que no tienen nada en común con otros seres humanos. Una piel les cubre todo el cuerpo. Sólo las manos y el rostro están libres de vello. Corren por la colina como animales, y devoran follaje y hierbas y todo lo que pueden encontrar. El señor de este territorio le regaló a Egidi una pareja de gente de los bosques, un hombre y una mujer. Los habían atrapado en la selva". En un compendio mongol hecho en el siglo XIX de medicinas derivadas de varias plantas y animales, se encuentra un dibujo de un Almas. Myra Shackley observó: "El libro contiene miles de ilustraciones de varias clases de animales (reptiles, mamíferos y anfibios), pero ni un solo animal mitológico como los que se conocen por similares libros europeos medievales. Todos los seres viven y son observables hoy día. No parece haber una razón para sugerir que los Almas tampoco existieran, y las ilustraciones parecen indicar que se encontraban entre los hábitats rocosos de las montañas". En 1937, Dordji Meiren, miembro de la Academia Mongola de Ciencias, vio la piel de un Almas en un monasterio del desierto de Gobi. Los lamas la utilizaban como alfombra en algunos de sus ritos. En 1963, Iván Ivlov, pediatra ruso, viajaba a través de los montes Altai, en la parte meridional de Mongolia. Ivlov vio a varios seres de apariencia semihumana, de pie en la ladera de una montaña. Parecían formar un grupo familiar, integrado por un macho, una hembra y una cría. Ivlov observó aquellos seres a través de sus binoculares desde una distancia de 800 metros, hasta que se salieron de su campo de visión. Su conductor mongol también los vio, y le dijo que eran muy comunes en esa zona. Después de su encuentro con la familia de Almas, Ivlov entrevistó a muchos niños mongoles, creyendo que serían más francos que los adultos. Los niños le dieron muchos informes adicionales acerca del Almas. Por ejemplo, un niño le dijo a Ivlov que mientras él y otros niños estaban nadando en un arroyo, vio a un macho Almas llevando a una cría. En 1980, un obrero de una estación agrícola experimental, administrada por la Academia Mongola de Ciencias en Bulgan, encontró el cadáver de un hombre salvaje: "Me acerqué y vi el cuerpo de un hombre robusto y velludo, parecido al hombre, seco y semienterrado por la arena [...] El cadáver no era de un oso o un simio, y al mismo tiempo no era de un hombre como los mongoles, los kazajos, los chinos o los rusos". En los montes de Pamir, situados en una región remota donde se unen las fronteras de Tadzhikistán, China, Cachemira y Afganistán, se han visto muchos Almas. En 1925, Mijail Stephanovitch Topilski, comandante general del ejército soviético, condujo a su unidad a un asalto contra una guerrilla antisoviética, oculta en una caverna de los Pamires. Uno de los guerrilleros sobrevivientes dijo que, estando él en la caverna con sus camaradas, fueron atacados por varios seres simiescos. Topilski ordenó revisar los escombros de la caverna, y se descubrió el cadáver de uno de dichos seres. "A primera vista", dice Topilski, "creí que el cadáver era de un simio. Estaba todo cubierto de vello. Pero yo sabia que no había simios en los Pamires. Y además, el cadáver también se asemejaba mucho al de un hombre. Tiramos del cabello, para ver si era simplemente una piel empleada como disfraz, pero descubrimos que era el pelo natural de ese ser. Dimos varias vueltas al cadáver, colocándolo de espaldas y de frente, y lo medimos. Nuestro médico hizo una inspección larga y minuciosa del cadáver, y quedó en claro que no era de un ser humano". "El cadáver", continuó Topilski, "era de un ser varón, de 165 a 170 cm de estatura, de cierta edad, o quizás viejo, a juzgar por el color grisáceo del pelo en varios lugares [...] Su rostro era de color oscuro, y el ser no tenía barba ni bigote. Estaba calvo en las sienes y el occipucio estaba cubierto de cabello recio. Aquel cadáver yacía con los ojos abiertos y los dientes al aire. Los ojos eran oscuros y los dientes eran largos y parejos, con la forma de dientes humanos. La frente estaba echada hacia atrás, y sus cejas eran muy fuertes. La mandíbula saliente hacía que el rostro se asemejara al tipo del mongol. La nariz era chata, con un puente muy hundido. No tenía pelo en las orejas, que parecían un poco más puntiagudas que las de un ser humano, con el lóbulo más largo. La mandíbula inferior era muy recia. Aquel ser tenía un pecho muy poderoso, y músculos bien desarrollados". En 1957, Alexander G. Pronin, hidrólogo del Instituto de Investigaciones Geográficas de la Universidad de Leningrado, participo en una expedición a los Pamires, con el propósito de hacer mapas de algunos glaciares. El 2 de agosto de 1957, mientras su equipo investigaba el glacial de Fedchenko, Pronin se dedicó a pasear por el valle del río Balyandkiik. "Al mediodía", declaró Shackley, "notó una figura, de pie sobre un acantilado rocoso, unos 500 metros por encima de él, y alejado a la misma distancia. Su primera reacción fue la sorpresa, pues se sabía que la zona estaba deshabitada. Notó luego que aquel ser no era humano. Se asemejaba a un hombre, pero estaba muy inclinado. Notó como aquella fuerte figura avanzaba a través de la nieve, manteniendo muy separados los pies, y observó que sus antebrazos eran más largos que los de un ser humano, y que todo él estaba cubierto de un cabello gris rojizo". Pronin volvió a ver a aquel ser tres días después, caminando muy erecto. Desde este incidente, se han visto numerosos hombres salvajes en los Pamires, y los miembros de las expediciones han fotografiado sus huellas y tomado moldes de ellas. Consideraremos ahora ciertos informes acerca del Almas, llegados de la región del Cáucaso. Según el testimonio de unos aldeanos de Tkhina, sobre el río Mokvi, una Almas hembra fue capturada ahí en el siglo XIX en los bosques de Monte Zaadan. Durante tres años estuvo prisionera, pero luego fue domesticada y se le permitió vivir en una casa. La llamaron Zana. Declaró Shackley: "Su piel era de un color negro grisáceo, cubierta de vello rojizo, más largo en la cabeza que en el resto del cuerpo. Era capaz de dar gritos inarticulados, pero nunca pudo desarrollar un idioma. Tenía un rostro ancho con grandes pómulos, una mandíbula prógnata como un hocico de animal, y grandes cejas, enormes dientes blancos y una 'expresión feroz"'. Con el tiempo, Zana, por medio de relaciones sexuales con un aldeano, tuvo hijos. Algunos de los nietos de Zana fueron vistos todavía por Boris Porshnev en 1964. En su relato de las investigaciones de Porshnev, Shackley observó: "Los nietos, Chalikoua y Taia, tenían una piel oscura de apariencia un tanto negroide, con sus músculos de la masticación muy prominentes y poderosísimas mandíbulas". Porshnev también entrevistó a los aldeanos que, siendo niños, habían estado presentes en el funeral de Zana, allá por el decenio de 1880. En la región del Cáucaso, el Almas a veces es llamado Biaban-guli. En 1899, K. A. Satunin, zoólogo ruso, alcanzó a ver a una Biaban-guli hembra en las colinas del Talysh en el sur del Cáucaso. Afirmó que aquel ser tenía "movimientos perfectamente humanos". El hecho de que Satunin fuese un conocido zoólogo da particular importancia a su informe. En 1941, V. S. Karapetyan, teniente coronel del servicio médico del ejército soviético, efectuó un examen físico directo a un hombre salvaje vivo, capturado en la república autónoma del Dagestán, al norte de las montañas del Cáucaso. Dijo Karapetyan: "Entré a un cobertizo con dos miembros de las autoridades locales [...] Aún puedo ver a aquel ser, de pie ante mí, un macho, desnudo y descalzo. lndudablemente era un hombre, porque toda su forma era humana. Sin embargo, el pecho, la espalda y los hombros, estaban cubiertos de un pelo hirsuto de color marrón oscuro. Aquella piel suya era muy similar a la de un oso, y de 2 a 3 centímetros de longitud. La piel era más tenue y suave bajo el pecho. Sus muñecas eran burdas y escasamente cubiertas de pelo. Las palmas de las manos y las plantas de los pies estaban libres de todo pelo. Pero el cabello de su cabeza le llegaba a los hombros, cubriéndole parcialmente la frente. Además, el cabello de la cabeza era muy hirsuto. No tenía barba ni bigote, pero tenía todo el rostro cubierto de un vello claro. Alrededor de la boca, también el vello era corto y escaso. El hombre se mantenía absolutamente erecto, con los brazos colgando, y su estatura era superior al promedio: unos 180 cm. Se mantuvo delante de mí como un gigante, sacando su poderoso pecho. Tenía los dedos gruesos, fuertes y excepcionalmente grandes. En conjunto, era considerablemente más grande que cualquiera de los habitantes del lugar. Sus ojos no me revelaban nada. Estaban apagados y vados, como los ojos de un animal. Y a mí me pareció un animal y nada más". Son informes como este los que han llevado a científicos como la antropóloga britanica Myra Shackley a concluir que el Almas puede ser un representante del hombre de Neanderthal sobreviviente, o tal vez un Homo erectus. ¿Qué le ocurrió al hombre salvaje de Dagestán? Según los relatos publicados, fue muerto por sus captores, militares soviéticos, al retirarse ante el avance del ejército alemán. HOMBRES SALVAJES DE CHINA "Ciertos documentos históricos chinos, así como los anales de muchas ciudades y poblados contienen abundantes menciones del hombre salvaje, al que se le dan varios nombres", declara Zhou Guoxing, del Museo de Historia Natural de Beijing. "Aún hoy, en la zona del condado de Fang, de la provincia de Hubei", dice Zhou, "hay leyendas acerca de 'maoren' (hombres velludos) u 'hombres salvajes'''. Se dijo que en 1922 un miliciano había capturado ahí a un hombre salvaje, pero no hay otras menciones de este incidente. En 1940, Wang Zelin, graduado del Departamento de Biología de la Universidad del Noroeste, en Chicago, logró ver directamente a un hombre salvaje poco después de que unos cazadores lo mataran a tiros. Wang iba conduciendo un auto de Baoji, en la provincia de Shanxi, a Tianshui, en la provincia de Gansu, cuando oyó disparos delante de él. Bajó del automóvil para satisfacer su curiosidad y vio un cadáver. Era una hembra, de cerca de 2 metros de estatura, cubierta por una capa de denso cabello de un rojo grisáceo, de unos 3 centímetros de largo. El vello de su rostro era más corto. Tenía los pómulos prominentes, y los labios salientes. Su cabello tenía casi 30 centímetros de largo. Según Wang, aquel ser parecía una reconstrucción del Homo erectus chino. Diez años después, otro científico, Fun Jinquan, geólogo, vio a unos hombres salvajes vivos. Zhou Guoxing declaró: "Con ayuda de unos guías locales vio, a cierta distancia, a dos hombres salvajes del lugar, en el bosque montañoso cercano al condado de Baoji, provincia de Shanxi, durante la primavera de 1950. Eran una madre y su hijo; el más pequeño medía 1.6 m de estatura. Ambos parecían humanos". En 1957, un profesor de biología de la provincia de Zhejiang consiguió las manos y los pies de un "hombre-oso" muerto por un campesinos del lugar. Después, los examinó Zhou Guoxiang. Aunque no creyó que fueran de un hombre salvaje, llegó a la conclusión de que "provenían de un primate desconocido". En 1961, unos obreros que estaban tendiendo una vía férrea a través de la región de Xishuang Banna, muy boscosa, en la provincia de Yunnan, en la zona más meridional de China, informaron haber matado a una hembra primate que parecía humana. Aquel ser medía de 1.2 a 1.3 metros de alto y estaba cubierto de pelo. Caminaba erecta y según informes de testigos presenciales, sus manos, orejas y senos eran como los de una mujer. La Academia China de Ciencias envió a un grupo a investigar, pero este no logró obtener ningún testimonio físico. Algunos sugirieron que los obreros habían tropezado con un gibón. Pero Zhou Guoxing declaró: "Este autor visitó recientemente a un periodista que tomó parte en la investigación, quien declaró que el animal muerto no era un gibón, sino un animal desconocido, de forma casi humana". En 1976, seis soldados de la región boscosa de Shennongjia, en la provincia de Hubei, iban guiando de noche por la carretera cercana al pueblo de Chunshuya, entre el condado de Fangxian y Shennongjia. En el camino, encontraron a una "extraña criatura sin cola, con una piel rojiza". Afortunadamente, se mantuvo inmóvil el tiempo necesario para que cinco de las personas bajaran del auto y la contemplaran a unos cuantos metros de distancia, mientras el conductor la enfocaba con las luces del auto. Los observadores quedaron convencidos de que no se trataba de un oso o de algún otro ser que conocieran bien. Mandaron un telegrama, a la Academia China de Ciencias, de Beijing para informar del incidente. A lo largo de los años, los funcionarios de la academia habían recibido muchos informes similares de la misma región de la provincia de Hubei. Así, al oír hablar de este incidente decidieron investigar la cuestión con toda minucia. Una expedición científica de más de 100 miembros se dirigió a la provincia de Hubei. Recabaron testimonios físicos tales como pelo, huellas y heces, e hicieron un registro de testimonios presenciales de los habitantes del lugar. La investigación ulterior ha venido a aumentar estos resultados. En conjunto se han descubierto más de 1 000 huellas de pies en la provincia de Hubei, algunas de ellas de más de 48 centímetros de longitud. Se han reunido más de 100 cabellos de hombres salvajes, el más largo de los cuales medía 53 centímetros. Algunos han tratado de explicar que lo que veían los lugareños como hombres salvajes en la región de Shennongjia en la provincia de Hubei eran encuentros con el raro mono dorado que habita la misma zona. El mono dorado bien podría encajar en los informes de seres vistos durante un momento y a gran distancia. Pero consideremos el caso de Pang Gensheng, jefe de una comuna local, quien se encontró en el bosque ante un hombre salvaje. Pang se encontró frente a frente con aquel ser, a una distancia de un metro y medio durante casi una hora: "Medía casi 2.10 metros de estatura, sus hombros eran más anchos que los de un hombre, la frente inclinada, los ojos en lo profundo de las órbitas, y la nariz bulbosa con aletas ligeramente echadas hacia arriba. Tenía hundidas las mejillas, las orejas eran como las de un hombre pero más grandes, y los ojos redondos, también mayores que los de un hombre. Su mandíbula y sus labios sobresalían. Sus dientes frontales eran tan grandes como los de un caballo. Sus ojos eran negros, su cabello de un castaño oscuro, de más de 30 cm de longitud, que caía sobre los hombros. Todo su rostro, con excepción de la nariz y las orejas, estaba cubierto por un vello corto. Los brazos le colgaban hasta más abajo de las rodillas. Tenía manos grandes, con dedos de casi 15 centímetros de longitud y unos pulgares ligeramente separados de los otros dedos. No tenía cola y el vello de su cuerpo era corto. Sus muslos eran gruesos, más cortos que la parte inferior de sus piernas. Caminaba erecto, separando las piernas. Cada uno de sus pies era de unos 30 centímetros de largo, y la mitad de ancho, más anchos enfrente que atrás, con los dedos separados". HOMBRES SALVAJES DE MALASIA Y DE INDONESIA En 1969, John McKinnon, quien fue a Borneo a observar a los orangutanes, encontró algunas huellas que parecían de pies humanos. McKinnon preguntó a su botero malayo quien las había dejado. "Sin vacilar un momento, me contestó 'Batutut"'. Más adelante, en Malasia, McKinnon vio algunos moldes de huellas de pies aún más grandes que las que había visto en Borneo pero reconoció que, indudablemente, las había dejado el mismo tipo de ser. Los malayos le llamaban Orangpendek (amigo bajito).Según Iván Sanderson, estas huellas son distintas de las de los monos antropoides que habitan en la selva indonesia (el gibón, el siamang y el orangután) y de las del oso. A comienzos del siglo XX, L. C. Westenek, gobernador de Sumatra, recibió un informe escrito acerca de un encuentro con un tipo de hombre salvaje llamado Sedapa. El capataz de una finca situada en los montes Barisan, junto con algunos trabajadores, observó al Sedapa desde una distancia de 7 metros. El capataz dijo que había visto "un gran ser, de baja estatura, que corría como un hombre y que estuvo a punto de cruzarse conmigo. Era muy velludo, pero no era un orangután". En un artículo periodístico acerca de los hombres salvajes, publicado en 1918, Westenek habló de un informe recibido de un señor Oostingh, que vivía en Sumatra. Una vez, mientras caminaba por el bosque, tropezó con un hombre sentado sobre un tronco, y que miraba hacia otro lado. Oostingh declaró: "De pronto me di cuenta de que su nuca era extraña, como de cuero, y sumamente sucia. 'Ese amigo tiene una nuca muy sucia y arrugada', me dije a mí mismo [...] Entonces, vi que no era un hombre. No era un orangután", declaró Oostingh. "Yo había visto a uno de estos grandes simios poco tiempo antes." Entonces, si no era un orangután, ¿qué era ese ser? Oostingh dijo que no podía decirlo con certeza. Algunos han sugerido que los hombres salvajes bien pueden ser representantes sobrevivientes del hombre de Neanderthal o del Homo erectus. Si existe incertidumbre sobre los tipos de homínidos que pueden vivir hoy, ¿cómo podemos estar tan seguros de los tipos de homínidos que pudieran haber vivido o no, en el pasado remoto? La investigación empírica de los registros fósiles puede no ser una guía segura. Como lo declaró Bernard Heuvelmans en una carta (15 de abril de 1986) a nuestro investigador Stephen Bernath: "No sobrestimen la importancia del testimonio fósil. La fosilización es un fenómeno muy raro, excepcional, y el testimonio fósil no puede darnos, por ello, una imagen exacta de la vida sobre la Tierra durante periodos geológicos pasados. El testimonio fósil de los primates es particularmente pobre, porque animales muy inteligentes y cautelosos pueden evitar más fácilmente las condiciones reales de fosilización, por ejemplo, hundiéndolos en lodo o en turba". No cabe duda de que el método empírico tiene sus limitaciones y de que el registro fósil es muy incompleto e imperfecto. Pero cuando se evalúa objetivamente todo testimonio, incluso el de seres humanos muy antiguos y el de hombres-mono vivientes, la pauta que va surgiendo es de coexistencia continua y no de una secuencia evolutiva. ÁFRICA Informantes aborígenes de varios países de la parte occidental del continente africano, como Costa de Marfil, han hecho relatos respecto a una raza de seres semejantes a pigmeos, cubiertos de un vello rojizo, seres que también han encontrado algunos europeos. También del África oriental llegan informes del hombre salvaje. En 1937 el capitán William Hitches dijo: "Hace algunos años fui enviado a una cacería oficial de leones, a esta zona (los bosques de Ussure y de Simibit, del lado occidental de las llanura de Wembare), y mientras aguardábamos en un claro del bosque al devorador de hombres, vi a dos pequeños seres, oscuros y velludos, que salían de la maleza, de un lado del claro, y desaparecían entre los arbustos del otro lado. Eran como hombres muy pequeños, de cerca de 1.20 metros de estatura, que caminaban erectos, pero cubiertos de cabello rojizo. El cazador indígena que estaba conmigo me miró, con una mezcla de temor y asombro. Eran, me dijo, agogwe, los hombrecillos velludos a quienes no se ve durante toda una vida". ¿Eran simplemente monos pequeños, o simios? No parece que Hitchens o que el cazador indígena que le acompañaba hubiesen sido incapaces de reconocer a un simio. Muchos informes sobre los agogwe provienen de Tanzania y de Mozambique. De la región del Congo vienen informes de los kakundakari y los kilomba. De 1.60 metros de estatura y cubiertos de vello, se dice que caminan erectos como los seres humanos. Charles Cordier, coleccionista profesional de animales, que trabajó para muchos zoológicos y museos, siguió las huellas de los kakundakari en Zaire a finales del decenio de 1950 y principios del de 1960. Según Cordier, una vez un kakundakari se había enredado en una de sus trampas para aves. "Cayó de bruces", dijo Cordier, "se dio vuelta, se sentó, se libró los pies del nudo, y se alejó antes de que los africanos pudiesen hacer nada". También del sur de África llegan informes de dichos seres. Pascal Tassy, del Laboratorio de Paleontología Vertebrada y Humana, escribió en 1983: "Philip V. Tobias, quien hoy forma parte de la Junta de Directores de la Sociedad Internacional de Criptozoología, dijo una vez a Heuvelmans que uno de sus colegas había puesto unas trampas para capturar australopitecinos vivos", Tobias, de Sudáfrica, es una autoridad reconocida en materia de Australopithecus. Según las opiniones más comunes, los últimos australopitecinos perecieron hace aproximadamente 750 000 años, y el Homo erectus murió hace unos 200 000 años. Se dice que los hombres de Neanderthal se desvanecieron hace unos 35 000 años, y que desde entonces, sólo han existido en todo el mundo seres humanos completamente modernos. Y sin embargo, muchas veces se han visto otros tipos de hombres salvajes en diversas partes del mundo, lo que viene a poner en entredicho la opinión común. CORRIENTE PRINCIPAL DE LA CIENCIA E INFORMES SOBRE HOMBRES SALVAJES Pese a todos los testimonios que hemos presentado, la mayoría de las autoridades reconocidas en materia de antropología y de zoología se niegan a discutir siquiera sobre la existencia de hombres salvajes. Si llegan a mencionarlos, rara vez presentan el testimonio verdaderamente sólido sobre su existencia, y en cambio se enfocan a los informes que menos refuten su incredulidad. Los científicos escépticos dicen que ni se han descubierto huesos de hombres salvajes ni se ha presentado un cuerpo, vivo o muerto. Pero sí se han coleccionado especímenes de manos y pies de supuestos hombres salvajes, y hasta una cabeza. Sin embargo algunas personas competentes informan haber examinado cadáveres de hombres salvajes, y también hay cierto número de relatos sobre su captura. El hecho de que ninguno de estos testimonios físicos haya llegado a los museos ni a otras instituciones científicas puede considerarse como una falla del proceso de recabar y conservar testimonios. La operación de lo que llamamos "un filtro del conocimiento" tiende a mantener fuera de los canales oficiales todo testimonio de carácter dudoso. Y sin embargo, algunos científicos de sólida reputación, como Krantz, Napier, Shackley, Porshnev y otros, han encontrado en los testimonios disponibles razones suficientes para concluir que en realidad existen hombres salvajes o que, al menos, la cuestión de su existencia es digna de un serio estudio. Myra Shackley escribió a nuestro investigador Steve Bernath el 4 de diciembre de 1984: ''Como usted sabe, toda esta cuestión es hoy muy discutida y ha habido muchísima correspondencia y publicaciones sobre el tema. Las opiniones varían, pero yo creo que la más común sería que hay, en realidad, testimonios suficientes para sugerir al menos la posibilidad de la existencia de varios seres no clasificados similares a hombres, porque en el estado actual de nuestro conocimiento es imposible comentar su importancia con mayor detalle. La posición se complica más por citas adulteradas, falsificación y otras actividades de lunáticos, pero un número sorprendente de antropólogos parece opinar que la cuestión es muy digna de una seria investigación". Así pues, existe cierto reconocimiento científico de la presencia del hombre salvaje, pero al parecer se trata de opiniones expresadas en privado, con poco o ningún reconocimiento oficial. De África siempre sale algo nuevo Las controversias que rodearon al hombre de Java y al hombre de Beijing, para no hablar del hombre de Castenedolo y de los eolitos europeos, han cesado hace tiempo. En cuanto a los científicos en pugna, casi todos ellos yacen en sus tumbas, y sus huesos están en camino de la desintegración o de la fosilización. Pero hoy África, la tierra del Australopithecus y del Homo habilis, sigue siendo un verdadero campo de batalla, donde los científicos entablan escaramuzas para establecer sus ideas sobre los orígenes humanos. EL ESQUELETO DE RECK El primer descubrimiento africano de importancia ocurrió a principios de este siglo. En 1913, el profesor Hans Reck, de la Universidad de Berlín, efectuó investigaciones en la garganta de Olduvai en Tanzania, que en aquel tiempo era el África oriental alemana. Mientras uno de los recolectores africanos de Reck estaba en busca de fósiles, vio un pedazo de hueso que asomaba de la tierra. Tras quitar desechos de la superficie, el recolector vio partes de un esqueleto completo, enteramente humano, enterrado en la roca. Llamó a Reck, y éste ordenó sacar al esqueleto, dentro de un bloque sólido de duro sedimento. Hubo que sacar con martillos y cinceles los restos del esqueleto humano, que incluía un cráneo completo (figura 12.1). Luego, el esqueleto fue transportado a Berlín. Reck identificó una secuencia de cinco lechos en la garganta de Olduvai. El esqueleto procedía de la parte superior del lecho II, al que hoy se atribuye 1.15 millones de años de antigüedad. En el sitio de Reck, las capas superiores (lechos III, IV y V) habían sido sumamente desgastadas por la erosión. Pero el lecho II aún estaba cubierto de escombros del lecho III, de un rojo brillante, y del lecho V (figura 12.2). Quizá hacía apenas 50 años, el sitio había estado cubierto por los lechos III y V, incluyendo una dura capa de calcreta, como piedra caliza. Al parecer, el lecho IV fue arrastrado por la erosión antes de que se depositara el lecho V. Figura 12.1. Este cráneo es de un esqueleto perfectamente humano, descubierto en 1913 por H. Reck en la garganta de Olduvai, Tanzania. Comprendiendo la importancia de su descubrimiento, Reck consideró minuciosamente la posibilidad de que el esqueleto humano hubiese llegado al lecho II en un entierro, pero Reck observó: "La pared de la tumba habría tenido un borde definido, un límite que mostrara, de perfil, una división de la piedra no removida. El relleno de la tumba habría mostrado una estructura anormal y una mezcla heterogénea de materiales excavados, incluyendo pedazos de calcreta, fácilmente reconocibles. Pero pese a la más atenta inspección, no se encontró ninguna de estas señales. En cambio, la piedra que rodeaba directamente el esqueleto no se distinguía de la piedra vecina en su color, dureza, espesor de las capas, estructura u orden". Louis Leakey examinó en Berlín el esqueleto de Reck, pero le pareció más reciente de lo que éste afirmara. En 1931, Leakey y Reck visitaron el sitio donde se había descubierto el esqueleto. Leakey se dejó convencer por Reck de que el esqueleto humano, anatómicamente moderno, era de la misma antigüedad que el lecho II. Figura 12.2. Esta sección de la pendiente norte de la garganta de Olduvai muestra el sitio en que H. Reck descubrió un esqueleto enteramente humano en 1913, en el lecho II, que tiene de 1.15 a 1.7 millones de antigüedad. En febrero de 1932, los zoólogos C. Forster Cooper, de Cambridge, y D. M. S. Watson, de la Universidad de Londres, dijeron que el hecho de que el esqueleto descubierto por Reck estuviera tan completo indicaba claramente que se trataba de un entierro reciente. Leakey convino con Cooper y Watson en que el esqueleto de Reck había llegado, por vía de entierro, a su posición en el Lecho III, pero creyó que el entierro se había efectuado en tiempos del Lecho II. En una carta a Nature Leakey arguyó que sólo unos 50 años antes, la parte superior rojiza amarillenta-del lecho II había tenido que estar cubierta por una campa intacta del lecho III, rojo brillante. Si el esqueleto hubiese sido enterrado después de la deposición del lecho II, en el relleno del entierro se hubiera visto una mezcla de sedimentos rojos brillantes y rojizosamarillentos. "Tuve la fortuna de examinar personalmente el esqueleto en Munich mientras aun se hallaba intacto en su matriz original", escribió Leakey, "y no pude notar ningún rastro de tal mezcla o alteración". Cooper y Watson aún no quedaron satisfechos. En junio de 1932, dijeron en una carta a Nature que tal vez los guijarros rojos del lecho III hubiesen perdido su color, lo que explicaría por qué Reck y Leakey no vieron los guijarros del lecho III en la matriz que rodeaba el esqueleto. Sin embargo, A. T. Hopwood no aceptó que los guijarros del lecho III hubiesen perdido su color rojo brillante. Indicó que la capa del lecho III, donde se descubrió el esqueleto, también era rojiza, y afirmo: "El color rojizo de la matriz va contra la teoría de que se hubiese decolorado cualquier inclusión del lecho III". Pese a los informes de Cooper y de Watson, Reck y Leakey se mantenían en su posición. Pero en agosto de 1932, P. G. H. Boswell, geólogo del Colegio Imperial de Inglaterra, publicó un pasmoso informe en las páginas de Nature. El profesor T. Mollison había enviado a Boswell desde Munich una muestra de lo que Mollison afirmó era la matriz que rodeara al esqueleto de Reck. Debe observarse que Mollison no era completamente neutral. Desde 1929 había expresado su idea de que el esqueleto era de un tribeño Masai, enterrado en un pasado no muy distante. Boswell afirmó que la muestra que le había enviado Mollison contenía "a) guijarros brillantes, del tamaño de un guisante, como los del lecho 3 y b) fragmentos de piedra caliza concrecionaria, igual que la del lecho 5". Según Boswell, todo esto significaba que el esqueleto había sido enterrado tras la deposición del lecho V, el cual contiene capas duras de cal de estepas, o calcreta. La presencia de los guijarros rojos brillantes del lecho III y los fragmentos de piedra caliza del lecho V en la muestra enviada por Mollison ciertamente exige alguna explicación. Tanto Reck como Leakey habían examinado cuidadosamente la matriz varias veces durante 20 años. No mencionaron ninguna mezcla de materiales del lecho III ni de fragmentos de calcreta parecida a piedra caliza, aun cuando precisamente estuviesen buscándola. Por tanto, resulta notable que de pronto se manifestara la presencia de guijarros rojos y fragmentos de piedra caliza. Diríase que al menos uno de los participantes en el descubrimiento y en la polémica ulterior fue culpable de una observación sumamente descuidada o de una falsificación. El debate en torno del esqueleto de Reck se complicó más cuando Leakey llevó nuevas muestras de tierra de Olduvai. Boswell y J. D. Solomon las estudiaron en el Colegio Imperial de Ciencia y Tecnología. Informaron de sus descubrimientos en el número de Nature, del 18 de marzo de 1933, en una carta firmada también por Leakey, Reck y Hopwood. La carta contenía esta desconcertante declaración: "Las muestras del lecho II, recogidas en el 'sitio del hombre' al mismo nivel y en la vecindad inmediata del lugar donde se descubrió el esqueleto, consisten en puro material del lecho II, absolutamente típico, y difieren muy marcadamente de las muestras de la matriz del esqueleto que fueron enviadas de Munich por el profesor Mollison". Esto indica que la muestra de la matriz originalmente entregada por Mollison a Boswell acaso no fuese representativa del material que rodeaba directamente el esqueleto de Reck. Pero al parecer, por las nuevas observaciones Reck y Leakey llegaron a la conclusión de que la muestra de la matriz del esqueleto de Reck en realidad era una especie de relleno de tumba, diferente del puro material del lecho II. Hasta donde podemos saber no dieron ninguna explicación satisfactoria de su anterior opinión en el sentido de que el esqueleto se había descubierto en materiales puros e inconfundibles del lecho II. En cambio, Reck y Leakey se unieron a Boswell, Hopwood y Solomon, en su conclusión de que parece sumamente probable que el esqueleto fuese introducido en el lecho II, y que la fecha de la intrusión no fuese anterior a la de la gran inconformidad que separa al lecho V de la serie inferior. Sigue siendo casi un misterio por que Reck y Leakey cambiaron de opinión acerca de la antigüedad del lecho II del esqueleto de Reck. Tal vez Reck simplemente se cansara de continuar con la ya vieja batalla contra numerosos adversarios que se mostraban cada vez más abrumadores. Con el descubrimiento del hombre de Beijing y con especímenes adicionales del hombre de Java, la comunidad científica se había comprometido uniformemente con la idea de que un hombre-mono de transición era el único habitante apropiado del Pleistoceno medio. Un esqueleto de Homo sapiens anatómicamente moderno en el lecho II de la garganta de Olduvai no podía tener sentido, salvo como entierro bastante reciente. Casi solo y por su cuenta, Leakey siguió oponiéndose tenazmente a la idea de que el hombre de Java (Pithecanthropus) y el hombre de Beijing (Sinanthropus) fuesen antepasados humanos. Además, él había hecho descubrimientos adicionales en Kenia, en Kanam y en Kanjera. En su opinión, los fósiles que allí descubrió ofrecían un testimonio indiscutible en favor del Homo sapiens en el mismo periodo que el Pithecanthropus y el Sinanthropus (y el esqueleto de Reck). Así, tal vez abandonó la lucha por el tan discutido esqueleto de Reck para dar mayor apoyo a sus propios descubrimientos recientes, efectuados en Kanam y en Kanjera. Esta hipótesis encuentra un apoyo circunstancial considerable. La declaración de Leakey abandonando su anterior opinión sobre la antigüedad del esqueleto de Reck apareció en Nature el mismo día en que se reunió una junta para emitir un juicio sobre los descubrimientos de Kanam y de Kanjera. Algunos de los más decididos adversarios del esqueleto de Reck, como Boswell, Solomon, Cooper, Watson y Mollison formaban parte de esa junta. Aunque Reck y Leakey abandonaron su anterior opinión de que el esqueleto de Reck era tan antiguo como el lecho II, su nueva opinión de que el esqueleto había sido enterrado en el lecho II en la época del lecho V aún le atribuye una antigüedad potencialmente anómala a un esqueleto absolutamente humano. La base del lecho V tiene cerca de 400 000 años años de antigüedad,según los cálculos actuales. Hoy, en cambio, muchos científicos creen que hace unos 100 000 años, aparecieron por vez primera seres humanos parecidos a nosotros como lo muestran los descubrimientos de la caverna de Border en Sudáfrica. En los niveles inferiores del lecho V se descubrieron herramientas de piedra, catalogadas como auriñacienses. Los arqueólogos emplearon por vez primera el termino auriñaciense en conexión con los artefactos, finamente trabajados, del hombre de Cro-Magnon (Homo sapiens sapiens) descubiertos en Aurignac, Francia. Según la opinión más aceptada, la antigüedad de las herramientas del tipo auriñaciense no tiene más de 30 000 años. Esas herramientas apoyan la idea de que unos seres humanos anatómicamente modernos, como los representados por el esqueleto de Reck, estuvieron presentes en esta parte de África hace al menos 400 000 años. Ahora bien, también se podrían atribuir esas herramientas al Homo erectus. Pero esto significaría atribuir al Homo erectus unas habilidades para fabricar herramientas considerablemente superiores a las que hoy aceptan los hombres de ciencia. En 1935, en su libro The Stone Age Races of Kenya, Leakey repitió su opinión de que el esqueleto de Reck había sido enterrado en el lecho II procedente de una superficie de tierra que existió durante la formación del lecho V. Pero ahora postulaba una época muy posterior en ese mismo periodo. Consideró que el esqueleto de Reck se asemejaba a unos esqueletos descubiertos en la caverna de Gamble, sitio de cerca de 10 000 años años de antigüedad. Pero, desde el punto de vista de la geología, todo lo que podía decirse con certeza (siempre que se aceptara la hipótesis del entierro en el lecho V) es que el esqueleto podía tener desde 400 000 años hasta unos pocos miles de años de antigüedad. Más adelante, Reiner Protsch intentó remediar esta situación fechando el esqueleto de Reck mediante el método de radiocarbono. En 1974 le atribuyó una antigüedad de 16920 años. Pero esta manera de determinar la antigüedad tropieza con otros inconvenientes. Ante todo, no es claro que la muestra de hueso procediera realmente del esqueleto de Reck. El cráneo fue considerado demasiado valioso para utilizarlo en pruebas. Y el resto del esqueleto había desaparecido del Museo de Munich durante la Segunda Guerra Mundial. El director del museo entregó algunos pequeños fragmentos de hueso, que Protsch dijo que "muy probablemente" fueran parte del esqueleto original. A partir de estos fragmentos, Protsch pudo reunir una muestra de sólo 224 gramos, apenas un tercio del tamaño normal de una muestra para prueba. Aunque el hueso humano le dio una antigüedad de 16 920 años, obtuvo fechas muy diferentes de otros materiales del mismo sitio, algunas más antiguas y otras menos. Aun si la muestra realmente perteneciera al esqueleto de Reck, habría podido quedar contaminada por carbono reciente. Esto habría hecho que la muestra diera una escasa antigüedad errónea. Al llegar 1974, los restantes fragmentos de hueso del esqueleto de Reck, si en realidad pertenecían a él, llevaban en un museo más de 60 años. Durante este tiempo, bacterias y otros microorganismos, todos ellos con contenido de carbono reciente, podrían haber contaminado por completo los fragmentos de hueso. También pudieron quedar contaminados por carbono reciente cuando se encontraban aún enterrados; además, habían sido empapados con un preservativo orgánico (Sapon), que contenía carbono reciente. Protsch no dijo que tratamiento químico utilizó para eliminar el reciente carbono 14 introducido por el Sapon y otros contaminantes. Así, no podemos saber hasta qué punto logró reducir el grado de contaminación de estas fuentes. El método de radiocarbono sólo se aplica al colágeno, proteína descubierta en los huesos. Hay que sacar del resto del hueso esta proteína mediante un proceso de purificación extremadamente riguroso. Luego, los científicos determinan si los aminoácidos (los bloques de construcción de proteínas) de una muestra corresponden a los descubiertos en el colágeno. Si no corresponden, esto sugiere que los aminoácidos acaso le llegaran desde afuera. Estos aminoácidos, siendo de una antigüedad distinta a la del hueso, podrían mostrar una fecha de radiocarbono erróneamente reciente. Lo ideal sería fechar por separado cada aminoácido. Si cualquiera de los aminoácidos da una fecha diferente, esto indica que el hueso está contaminado y no sirve para la datación mediante carbono 14. Con respecto a las pruebas de radiocarbono efectuadas en el esqueleto de Reck, de las cuales informó Protsch, los laboratorios que las efectuaron no habrían podido fechar separadamente cada aminoácido, pues esto requiere una técnica de datación (espectrometría mediante acelerador de masas) que no estaba en uso a comienzos del decenio de 1970. Y estos laboratorios tampoco pudieron conocer las estrictas técnicas de purificación de proteínas que hoy se consideran necesarias. Sólo podemos concluir que la fecha de radiocarbono atribuida por Protsch al esqueleto de Reck no es digna de confianza. En particular, la fecha podría ser falsamente reciente. Existen casos documentados de huesos de la garganta de Olduvai que dieron unas fechas falsamente jóvenes mediante el radiocarbono; por ejemplo, un hueso de los lechos del Alto Ndutu reveló una antigüedad de 3 340 años. Los lechos del Alto Ndutu, parte del lecho V, tienen de 32 000 a 60 000 años de antigüedad. Por ello, una fecha de 3 340 años sería demasiado escasa, al menos en un factor de 10. En su informe acerca del esqueleto de Reck Protsch dijo: "Teóricamente, existen varios hechos que van contra una gran antigüedad del homínido, como, por ejemplo, su morfología". Esto parece sugerir que la morfología moderna del esqueleto fue una de las principales razones por las que Protsch dudara de que fuese tan antiguo como el lecho II, o aun como la base del lecho V. En nuestro estudio de China, introdujimos el concepto de una probable gama de antigüedad como el mejor indicador para los descubrimientos discutidos. Los testimonios de que disponemos muestran que al esqueleto de Reck debiera asignársele una probable gama cronológica desde finales del Pleistoceno tardío (10 000 años) hasta comienzos del Pleistoceno formativo (1.15 millones de años). Muchos testimonios van en favor de la fecha original del lecho II propuesta por Reck. Particular peso tiene la observación de Reck de que no estaban removidas las delgadas capas de sedimentos del lecho II que rodeaban directamente al esqueleto. Y también la gran dureza de la roca del lecho II es argumento en contra de un entierro posterior. Los informes que favorecen una fecha del lecho V parecen fundados en objeciones puramente teóricas, testimonios dudosos, resultados no concluyentes de pruebas y un razonamiento geológico sumamente especulativo. Pero, dejando aparte la discutible fecha dada por el radiocarbono, incluso estos informes atribuyen fechas hasta de 400 000 años de antigüedad al esqueleto de Reck. LOS CRÁNEOS DE KANJERA Y LA MANDÍBULA DE KANAM En 1932, Louis Leakey anunció unos descubrimientos efectuados en Kanam y Kanjera, cerca del lago Victoria en el oeste de Kenia. El creyó que la mandíbula de Kanam y los cráneos de Kanjera constituían buenos testimonios del Homo sapiens en el Pleistoceno formativo y medio. Cuando Leakey visitó Kanjera en 1932, en compañía de Donald MacInnes, ambos descubrieron unas hachas de mano, de piedra, un fémur humano y fragmentos de cinco cráneos humanos, a los que designaron como Kanjera 1-5. Los lechos de Kanjera, que contenían los fósiles, eran equivalentes al lecho IV de la garganta de Olduvai, que tiene de 400 000 a 700 000 años de antigüedad. Pero la morfología de los pedazos de cráneo de Kanjera es absolutamente moderna. En Kanam, Leakey empezó por descubrir unos colmillos de mastodonte y un solo colmillo de Deinotherium (mamífero extinto, similar al elefante), así como algunas burdas herramientas de piedra. El 29 de marzo de 1932, Juma Gitau, recolector al servicio de Leakey, le llevó un segundo colmillo de Deinotherium. Leakey ordenó a Gitau que siguiera excavando en el mismo sitio. Trabajando a pocos metros de Leakey, Gitau, con un hacha, sacó un bloque de travertino (un duro depósito de carbonato de calcio), y lo abrió con un pico. Vio que del pedazo de travertino salía un diente, y se lo mostró a MacInnes, quien lo identificó como humano. MacInnes llamó entonces a Leakey. Al quitar el travertino que rodeaba al descubrimiento de Gitau ambos vieron la parte frontal de una mandíbula inferior humana, con dos premolares. A Leakey le pareció que la mandíbula de la formación de Kanam, del Pleistoceno formativo, se parecía mucho a la del Homo sapiens. y anunció su descubrimiento en una carta enviada a Nature. Los lechos de Kanam tienen al menos 2 millones de años de antigüedad. Según Leakey, los fósiles de Kanam y de Kanjera mostraron que en la época del hombre de Java y el hombre de Beijing, o desde antes, había existido un homínido muy similar al tipo humano moderno. Si tenía razón, entonces el hombre de Java y el hombre de Beijing (hoy Homo erectus) no podían ser antepasados humanos directos, ni tampoco el hombre de Piltdown, con su mandíbula simiesca. En marzo de 1933, la sección de biología humana del Instituto Antropológico Real se reunió para considerar los descubrimientos realizados por Leakey en Kanam y Kanjera. Bajo la presidencia de sir Arthur Smith Woodward, 28 científicos emitieron informes sobre cuatro categorías de testimonios: geológicos, paleontológicos, anatómicos y arqueológicos. El comité de geología llegó a la conclusión de que los fósiles humanos de Kanjera y de Kanam eran tan antiguos como los lechos en que fueron descubiertos. El comité de paleontología dijo que los lechos de Kanam eran del Pleistoceno formativo, mientras que los lechos de Kanjera no eran más recientes que el Pleistoceno medio. El comité de arqueología notó la presencia en Kanam y en Kanjera de herramientas de piedra en los mismos lechos donde se habían descubierto los fósiles humanos. El comité anatómico dijo que los cráneos de Kanjera no mostraban "características que fueran incompatibles con la referencia al tipo Homo sapiens ". Lo mismo se dijo del fémur de Kanjera. Con respecto a la mandíbula de Kanam, los expertos en anatomía dijeron que era insólita en algunos aspectos. Y sin embargo, "no podían señalar ningún detalle del espécimen que fuera incompatible con su inclusión en el tipo del Homo sapiens". Poco después de que en la conferencia de 1933 se le diera a Leakey un voto de confianza, el geólogo Percy Boswell empezó a cuestionar la antigüedad de los fósiles de Kanam y de Kanjera. Leakey, quien había sufrido los ataques de Boswell por la antigüedad del esqueleto de Reck, decidió llevar a Boswell a África, confiado en disipar así sus dudas. Pero no todo salió bien. A su regreso a Inglaterra, Boswell envió a Nature un informe negativo sobre Kanam y Kanjera: "Por desgracia, no fue posible encontrar el sitio exacto de los descubrimientos". A Boswell le parecieron confusas las condiciones geológicas de los dos sitios. Afirmó que: "Los lechos de barro descubiertos han sufrido ahí frecuentes movimientos, por hundimiento de tierras". Boswell concluyó: "Las inciertas condiciones del descubrimiento [...] me obligan a colocar al hombre de Kanam y de Kanjera en 'suspenso"'. Como respuesta a las acusaciones de Boswell, Leakey dijo que el había podido mostrar a Boswell los lugares en que había descubierto sus fósiles. "En Kanjera le mostré el sitio exacto donde se habían encontrado los montículos residuales de depósitos que produjeron el cráneo num. 3 de Kanjera in situ [...] el hecho de que yo mostrara al profesor Boswell el sitio queda demostrado por un pequeño fragmento de hueso recogido allí en 1935, que embona con una de las piezas de 1932." Respecto a la ubicación de la mandíbula de Kanam, dijo Leakey: "Originalmente habíamos tomado una sección nivelada del otro lado de las cañadas del oeste de Kanam, utilizando un nivel Zeiss-Watts; por tanto podíamos localizar la posición con un margen de unos cuantos centímetros; y, de hecho, eso hicimos". Boswell sugirió que aun si la mandíbula fue descubierta en la formación del Pleistoceno formativo de Kanam, había llegado allí, de alguna manera, desde arriba, ya fuera por "desplome" de los estratos o a través de una fisura. A esto respondería después Leakey: "No puedo aceptar esta interpretación, de la que no hay ninguna prueba. El estado de conservación del fósil es idéntico, en todos aspectos, al de los fósiles del bajo [formativo] Pleistoceno descubiertos con él". Leakey afirmó que Boswell le había dicho que se inclinaría a aceptar como auténtica la mandíbula de Kanam si no hubiese poseído una estructura similar a una quijada humana. Y sin embargo, la opinión de Boswell prevaleció. Pero en 1968, Philip V. Tobias, de Sudáfrica, dijo: "Hay un buen argumento, a simple vista, para reabrir la cuestión de Kanjera". Y, en realidad, volvió a abrirse el caso de Kanjera. Sonia Cole, biógrafa de Leakey, escribió: "En septiembre de 1969, Louis asistió a una conferencia en París, patrocinada por la UNESCO, sobre el tema de los orígenes del Homo sapiens [...] los 300 delegados, poco más o menos, reconocieron unánimemente que los cráneos de Kanjera eran del Pleistoceno medio". Acerca de la mandíbula de Kanam, Tobias dijo: "Nada de lo que dijo Boswell realmente desacreditó o siquiera debilitó la afirmación de Leakey, de que la mandíbula correspondía al estrato en cuestión". Los científicos han descrito de muy diversas maneras la mandíbula de Kanam, con su estructura de quijada moderna. En 1932, un comité de anatomistas ingleses afirmó que no había ninguna razón para que la mandíbula no pudiese ser atribuida al Homo sapiens. Sir Arthur Keith, uno de los principales antropólogos británicos, también consideró que la mandíbula de Kanam era del Homo sapiens. Pero en el decenio de 1940, Keith decidió que la mandíbula probablemente era de un australopitecino. En 1962, Philip Tobias dijo que la mandíbula de Kanam se asemejaba mucho a una mandíbula de finales del Pleistoceno medio descubierta en Rabat, Marruecos, y a unas mandíbulas del Pleistoceno tardío como las descubiertas en la Cave of Hearths en Sudáfrica y en Dire-Dawa en Etiopía. Y según Tobias, estas mandíbulas mostraban rasgos neanderthaloides. En 1960, Louis Leakey, retractándose de su anterior opinión de que la mandíbula de Kanam era semejante a la del sapiens, dijo que representaba a un Zinjanthropus hembra. Leakey había descubierto Zinjanthropus en 1959, en la garganta de Olduvai, y rápidamente promovió a esta criatura, similar a un simio, como el primer fabricante de herramientas, y por ello como el primer ser verdaderamente similar a un hombre. Poco después, en Olduvai se encontraron fósiles de Homo habilis. Leakey no tardó en rebajar al Zinjanthropus, de su categoría de fabricante de herramientas, para colocarlo entre los australopitecinos robustos (Australopithecus boisei). A comienzos de la década de 1970, cuando el hijo de Leakey, Richard, trabajaba en el lago Turkana, Kenia, descubrió unas mandíbulas fósiles de Homo habilis que se asemejaban a la mandíbula de Kanam. Dado que las mandíbulas de Homo habilis del lago Turkana fueron descubiertas con una fauna similar a la de Kanam, Richard Leakey volvió a cambiar de opinión, sugiriendo que la mandíbula de Kanam podría atribuirse al Homo habilis. El hecho de que a lo largo de los años años los científicos hayan atribuido la mandíbula de Kanam casi a cualquier homínido conocido (Australopithecus, Australopithecus boisei, Homo habilis, hombre de Neanderthal, tempranos Homo sapiens, y Homo sapiens anatómicamente moderno) muestra las dificultades que existen para clasificar debidamente los restos fósiles de homínidos. Figura 12.3. Los perfiles de las mandíbulas que aquí aparecen (no a escala) fueron trazados a base de fotografías publicadas, con excepción de a y g, que fueron trazados a partir de dibujos. a) Australopithecus, Omo, Etiopía; b) Homo erectus, Heidelberg (Mauer), Alemania; c) Homo sapiens temprano, Arago, Francia; d) Neanderthal, Shanidar, Irak; e) Homo sapiens rhodesiensis (Uneanderthaloide"según P. V. Tobias), Cave of Hearths, Sudáfrica; f) Homo sapiens sapiens, Border Cave, Sudáfrica; g) Homo sapiens sapiens, moderno aborigen surafricano; h) la mandíbula de Kanam. La sugestión de Tobias, de que la mandíbula de Kanam procedía de una variedad del temprano Homo sapiens, con rasgos neanderthaloides, ha encontrado una gran aceptación. Y sin embargo, como puede verse en la figura 12.3, que muestra perfiles de la mandíbula de Kanam y de mandíbulas de otros homínidos, el contorno de la región de la quijada en la mandíbula de Kanam (h) es similar al del espécimen de Border Cave (f), reconocido como Homo sapiens, y al de un moderno aborigen surafricano (g). Las tres comparten dos rasgos clave de la quijada humana moderna, a saber, una curva hacia lo alto y una hinchazón hacia la base. Pero aun si aceptáramos la opinión de Tobias, de que la mandíbula de· Kanam era neanderthaloide, no esperaríamos descubrir hombres de Neanderthal en el Pleistoceno formativo hace más de 1.9 millones de años. Según la mayoría de las opiniones aceptadas, los homínidos neanderthaloides llegaron a existir cuando mucho hace 400 000 años y subsistieron hasta hace 30 000 ó 40 000 años. Para precisar la antigüedad de la mandíbula de Kanam y de los cráneos de Kanjera, K. P. Oakley, del Museo Británico, efectuó pruebas de contenido de flúor, nitrógeno y uranio. Los huesos enterrados absorben flúor. La mandíbula de Kanam y los cráneos de Kanjera tenían así el mismo contenido de flúor que otros huesos de las formaciones del Pleistoceno formativo y medio donde fueron descubiertos. Estos resultados son congruentes con la hipótesis de que los huesos humanos de Kanam y de Kanjera son tan antiguos como los restos de fauna descubiertos en esos sitios. El nitrógeno es un componente de la proteína ósea. Con el tiempo los huesos tienden normalmente a perder nitrógeno. Oakley descubrió que un fragmento del cráneo de Kanjera 4 mostraba apenas residuos de nitrógeno (0.01 %), mientras que un fragmento de cráneo de Kanjera 3 no mostraba nada. Ninguno de los dos fósiles animales que se sometieron a prueba mostró rastros de hidrógeno. La presencia de rastros mensurables de nitrógeno en el fragmento de cráneo de Kanjera 4 significaba, dijo Oakley, que todos los fósiles humanos eran considerablemente más jóvenes que la fauna de ese lugar. Pero ciertos depósitos, como el de barro, conservan el nitrógeno a veces durante millones de años. Por ello, tal vez en caso del fragmento de Kanjera 4 el barro lo protegió de una pérdida completa de nitrógeno. Sea como fuere, el fragmento de Kanjera 3, como las muestras animales, no contenía nitrógeno. Por ello, es posible que todos los huesos fuesen de la misma antigüedad. Como se muestra en el cuadro 12.1, los valores de contenido de uranio de los fósiles humanos de Kanjera (8 a 47 partes por millón) traslapan con los valores de la fauna de Kanjera (26 a 216 partes por millón). Esto podría significar que eran de la misma antigüedad. Pero los huesos humanos arrojaron un promedio de 22 partes por millón, mientras que el promedio de la fauna mamífera fue de 136 partes por millón. Según Oakley, la considerable diferencia entre esos promedios significa que los huesos humanos era "considerablemente más jóvenes" que los huesos animales. En Kanam se obtuvieron resultados similares del contenido de uranio. Pero el propio Oakley señaló que el contenido de uranio del agua subterránea puede variar considerablemente de un lugar a otro. Por ejemplo, los huesos animales del Pleistoceno tardío, de Kugata, cerca de Kanam, contienen más uranio que los huesos del Pleistoceno formativo de Kanam. Significativamente, los valores del contenido de uranio que Oakley reportó en 1974 al parecer no fueron los primeros que el obtuvo. En un documento publicado en 1958, inmediatamente después de analizar la prueba del contenido de uranio de la mandíbula de Kanam dijo: "Aplicadas a los huesos Kanjera, nuestras pruebas no mostraron ninguna discrepancia entre los cráneos humanos y la fauna concomitante". Diríase que Oakley no quedó satisfecho con estas primeras pruebas y después efectuó otras adicionales con los huesos de Kanjera, que le dieron resultados que fueron más de su agrado. CUADRO 12.1 Contenido de uranio de los fósiles homínidos de Kanjera Identificación del fósil Descripción del fragmento sometido a prueba Contenido de uranio (eU 3O8) (partes por millón) Kanjera 3 Kanjera 4 Fauna Fragmento orbital in situ Fragmento del parietal derecho in situ Fragmentos craneanos de la superficie Fragmento femoral de la superficie Fragmentos frontales de la superficie Fragmentos de mamíferos kanjeranos 15 21 16, 27, 27, 30, 42 8, 14 11, 21, 35 26, 131, 146, 159, 216 Nuestro estudio de las pruebas químicas practicadas a los fósiles de Kanam y de Kanjera nos lleva a las conclusiones siguientes: las pruebas de contenido de flúor y de nitrógeno dieron unos resultados congruentes con el hecho de que los huesos humanos fueran tan antiguos como la fauna que los acompañaba. Sin embargo, se puede poner en entredicho esta interpretación. La prueba de contenido de uranio dio resultados que parecían indicar que los huesos humanos eran más jóvenes que la fauna acompañante. Pero, una vez más, si decidimos rechazar esta interpretación, encontraremos buenos motivos para hacerlo. En términos generales, los resultados de las pruebas químicas y radiométricas no eliminan la posibilidad de que los fósiles humanos de Kanam y de Kanjera sean contemporáneos de la fauna acompañante. Los cráneos de Kanjera, de los que se dijo que eran anatómicamente modernos, serían así equivalentes, en edad, al lecho IV de Olduvai, que tiene de 400 000 a 700 000 años de antigüedad. La posición taxonómica de la mandíbula de Kanam es incierta. Los estudiosos recientes vacilan en llamarla "anatómicamente moderna", aunque tampoco es posible rechazar por completo esta designación. Si es tan antigua como la fauna de Kanam, más antigua que el lecho I de la garganta de Olduvai, entonces la mandíbula de Kanam tendría más de 1.9 millones de años. EL NACIMIENTO DEL AUSTRALOPITHECUS En 1924, Josephine Salmons notó que sobre la chimenea de la casa de una amiga suya había un cráneo de un mandril. Salmons, estudiante de anatomía en la Universidad del Witwatersrand en Johannesburgo, Sudáfrica, llevó el espécimen a su profesor, el doctor Raymond A. Dart. Este cráneo de mandril procedía de una cantera de piedra caliza situada en Buxton, cerca de una población llamada Taung, unos 300 kilómetros al suroeste de Johannesburgo. Dart pidió a su amigo el doctor R. B. Young, geólogo, que visitara la cantera y viera si encontraba algo más. Young recogió algunos trozos de piedra caliza que contenían fósiles y los envió a Dart. Dos cajas de fósiles llegaron a la casa de Dart el mismo día en que se celebraría allí la boda de un amigo suyo. La esposa de Dart le pidió dejar en paz los fósiles hasta después de la boda, pero este abrió las cajas. En la segunda vio algo que le llenó de asombro: "Encontré el molde virtualmente completo del interior de un cráneo. Era tan grande como el del cráneo de un gran gorila. Dart encontró entonces otro pedazo de roca que parecía contener los huesos faciales. Después de que se fueron los invitados a la boda, Dart comenzó la ardua tarea de separar los huesos de la matriz de piedra. Como no contaba con los instrumentos apropiados, se valió de las agujas de tejer de su esposa para ir apartando cuidadosamente la piedra. "Lo que salió fue un rostro de niño, un infante con todos los dientes de leche y con los molares permanentes en el proceso de brotar. Dudo que haya algún padre más orgulloso de sus hijos de lo que yo estuve de mi bebé Taung en aquella Navidad." Después de sacar los huesos, Dart reconstruyó el cráneo (figura 12.4). Le pareció que el cerebro del bebé Taung era inesperadamente grande (de cerca de 500 centímetros cúbicos). La capacidad cerebral media de un gran gorila adulto macho es sólo de unos 600 centímetros cúbicos. Dart notó la falta de arco superciliar y le pareció que los dientes mostraban algunas características humanas. También observó que el foramen magnum, apertura de la médula espinal, estaba situado hacia el centro de la base del cráneo, como en los seres humanos, y no hacia atrás, como en los simios adultos. Le pareció que esto indicaba que aquel ser había caminado erecto, lo que significaba que el espécimen de Taung era, sin duda, un antepasado humano. Figura 12.4. Izquierda: el cráneo del Australopithecus infante, de una cantera cercana a Taung, Sudáfrica. Derecha: el cráneo de un gorila inmaduro. Dart envió un informe a Nature, la prestigiosa revista científica británica: "El espécimen tiene importancia porque exhibe a una especie extinta de simios intermedios entre los antropoides hoy vivos y el hombre". Con base en los fósiles animales que lo acompañaban, calculó que su descubrimiento tenía cerca de un millón de años. A su bebé Taung lo bautizó como Australopithecus africanus: el simio del África meridional. Creyó que el Australopithecus era un antepasado de todas las demás formas homínidas. En Inglaterra sir Arthur Keith y sir Arthur Smith Woodward recibieron con la mayor cautela el informe de Dart. Keith pensó que el Australopithecus era del grupo de los chimpancés y los gorilas. La crítica de Grafton Elliot Smith fue aún más hostil. En mayo de 1925, en una conferencia pronunciada en el University College, declaró: "Es lamentable que Dart no tenga acceso a cráneos de chimpancés, gorilas u orangutanes infantes que correspondan en edad a la del cráneo de Taung, pues si hubiese contado con ese material habría comprendido que la postura y la inclinación de la cabeza, la forma de las mandíbulas y muchos detalles de la nariz, el rostro y el cráneo en los que se basó como prueba de su afirmación de que el Australopithecus era casi afín al hombre, eran esencialmente idénticos a las condiciones que se dan en las crías de gorilas y chimpancés". La crítica de Grafton Elliot Smith sigue teniendo validez hoy. Como veremos, pese a la consagración del Australopithecus como antepasado de los seres humanos, varios científicos conservan sus dudas. Dart quedó consternado por la fría recepción que recibió del establecimiento científico britáinico. Durante muchos años guardó silencio y dejó de buscar fósiles. Los científicos británicos, encabezados por sir Arthur Keith, mantuvieron su oposición respecto al Australopithecus de Dart durante los años treinta. El hombre de Piltdown, al que se le atribuía similar edad geológica que al espécimen de Taung, entró en los cálculos de Keith. El cráneo del hombre de Piltdown era como el del Homo sapiens. Este hecho iba en contra de que el Australopithecus, con su cráneo simiesco, se encontrara en la línea de los antepasados humanos. Cuando Dart se retiró del escenario mundial, su amigo el doctor Robert Broom recogió la estafeta para establecer al Australopithecus como antepasado humano. Desde el principio Broom mostró un gran interés en el descubrimiento de Dart. Poco después de hacer su aparición el bebé Taung, Broom corrió al laboratorio de Dart y éste dijo: "Avanzó hacia el banco en que reposaba el cráneo y cayó de rodillas 'en adoración de nuestro antepasado"'. Sin embargo, la ciencia británica exigía un espécimen adulto del Australopithecus, antes de caer de rodillas para adorarlo. Y a comienzos de 1936, Broom juró encontrar uno. El 17 de agosto de 1936, G. W. Barlow, sobrestante de la cantera de piedra caliza de Sterkfontein entregó a Broom el molde de un cerebro de un australopitecino adulto. Después, Broom iría al lugar en que se había encontrado el cerebro, y recuperó allí varios fragmentos de cráneo. A partir de ellos reconstruyó todo el cráneo, y a su poseedor le dio el nombre de Plesianthropus transvaalensis. Se cree que los depósitos donde se descubrió el fósil tienen entre 2.2 y 3 millones de años de antigüedad. A éste siguieron más descubrimientos, incluyendo la parte inferior de un fémur (TM 1513). En 1946 Broom y G. W. H Schepersdescribieron este fémur como esencialmente humano. W. E. Le Gros Clark, inicialmente escéptico ante esta descripción, reconocería después que "el fémur muestra tal semejanza con el fémur del Homo que prácticamente es idéntico". Esta estimación fue confirmada en 1981 por Christine Tardieu, quien dijo que los rasgos decisivos del fémur de Sterkfontein son "característicos del hombre moderno". Dado que el fémur TM 1513 fue descubierto aislado, no es claro que corresponda a un australopitecino. Por tanto, es posible que pudiese pertenecer a un homínido más avanzado, que tal vez se asemejara a los seres humanos anatómicamente modernos. El 8 de junio de 1938, Barlow entregó a Broom el fragmento de un paladar con un solo diente molar. Al preguntar éste de dónde procedía, Barlow se mostró evasivo. Varios días después, Broom volvió a visitar a Barlow e insistió en que le revelara la fuente del fósil. Barlow le contó entonces que Gert Terblanche, chico de la escuela local, le había entregado el fragmento de hueso. Broom obtuvo de Gert algunos dientes, y unidos fueron a la cercana granja de Kromdraai, donde el muchacho había encontrado los dientes. allí, Broom recogió algunos fragmentos de cráneo, y después de reconstruir el cráneo parcial, vio que era diferente del australopitecino de Sterkfontein. Su mandíbula y sus dientes eran más grandes. Llamó Paranthropus robustus al nuevo australopitecino. Hoy, se atribuye al sitio de Kromdraai una antigüedad aproximada de 1 a 1.2 millones de años. Broom también encontró en Kromdraai un fragmento de húmero (el hueso del brazo) y un fragmento de cúbito (uno de los huesos del antebrazo). Aunque los atribuyó al australopitecino robusto llamado Paranthropus dijo: "Si se hubiesen encontrado aislados, probablemente todos los anatomistas del mundo habrían dicho categóricamente que eran humanos". Un análisis efectuado por H. M. McHenry en 1972 coloca al húmero TM 1517 de Kromdraai "dentro de la gama humana". En el estudio de McHenry, un húmero de australopitecino robusto procedente de Koobi Fora, Kenia, quedaba fuera de la gama humana. Así, tal vez el húmero TM 1517 perteneciera a algo distinto de un australopitecino robusto. Pero no es imposible que el húmero y el cúbito de Kromdraai, como el fémur de Sterkfontein, pertenecieran a unos homínidos más avanzados, que acaso se asemejaran a los seres humanos anatómicamente modernos. La Segunda Guerra Mundial interrumpió la labor de excavación de Broom en Sudáfrica. Después de la guerra, en Swartkrans, Robert Broom y J. T. Robinson descubrieron fósiles de un australopitecino robusto llamado el Paranthropus crassidens (casi hombre de colmillos largos). Este ser tenía dientes largos y fuertes, y una cresta huesuda sobre el cráneo. La cresta servía como punto de apoyo a los grandes músculos de su mandíbula. Broom y Robinson también descubrieron la mandíbula de otro tipo de homínido en la caverna de Swartkrans. Atribuyeron la mandíbula (SK 15), más pequeña y casi humana que la del Paranthropus crassidens. a un nuevo homínido llamado Telanthropus capensis. Hoy se dice que el miembro 1 de Swartkrans, donde se descubrieron todos los huesos del Paranthropus, tiene de 1.2 a 1.4 millones de años de antigüedad. Y se dice que el miembro 2, donde se descubrió la mandíbula del Telanthropus SK 15, tiene de 300 000 a 500 000 años. En 1961, Robinson reclasificó la mandíbula de Swartkrans como de Homo erectus. Broom y Robinson descubrieron otra mandíbula inferior, de apariencia casi humana, en Swartkrans. Esta mandíbula fragmentaria (SK 45) procedió del principal depósito que contenía los fósiles de Paranthropus. Broom y Robinson dijeron en 1952: "En su forma, se le aproximan más muchas mandíbulas de Homo moderno, que la del Telanthropus ", Después, Robinson atribuiría la mandíbula SK 45 al Telanthropus y luego al Homo erectus. Pero hay razones reconocidamente confusas para considerar otras posibilidades. Figura 12.5. Izquierda: cráneo de un chimpancé hembra. Derecha: el cráneo del St 5 Plesianthropus (Australopithecus) transvaalensis. descubierto por Robert Broom en Sterkfontein, Sudáfrica. En los años de posguerra, Broom también descubrió otro cráneo de australopitecino (St 5) en Sterkfontein (figura 12.5). Más adelante descubriría nuevos restos de una australopitecina adulta (St 14), que incluían partes de la pelvis, la columna vertebral y las piernas. Su morfología, junto con ciertos rasgos de los cráneos de Sterkfontein, demostraba, en opinión de Broom, que los australopitecinos habían caminado erectos. En 1925, Raymond A. Dart hizo investigaciones en un túnel de Makapansgat, Sudáfrica. Al percatarse de la presencia de unos huesos ennegrecidos, Dart llegó a la conclusión de que allí los homínidos habían encendido fuego. En 1945, Philip V. Tobias, por entonces discípulo de Dart, graduado en la Universidad del Witwatersrand, descubrió el cráneo de un mandril extinto, en los depósitos de la caverna de Makapansgat, y llamó la atención de Dart. En 1947, el propio Dart volvió al campo, después de dos decenios, para buscar huesos de Australopithecus en Makapansgat. Una vez allí, Dart descubrió fragmentos de cráneo de australopitecino junto con otros huesos, y más señales de fuego. E.ntonces, al ser que vivió allí lo llamó Australopithecus prometheus, por el Titán que robó el fuego a los dioses. Hoy, el Australopithecus prometheus está clasificado, junto con los especímenes de Taung y de Sterkfontein, como Australopithecus africanus, distinto de los robustos australopitecinos de Kromdraai y Swartkrans. Dart descubrió 42 cráneos de mandriles en Makapansgat, 27 de los cuales tenían destrozada la frente. Otros siete mostraban golpes en el lado izquierdo de la frente. Por esto, Dart creó un sombrío retrato del Australopithecus prometheus como hombre-mono asesino, que destrozaba los cráneos de los mandriles con primitivas herramientas de hueso y luego cocía su carne en hogueras en la caverna de Makapansgat. "Los predecesores del hombre", dijo Dart, "diferían de los simios hoy vivos porque eran confirmados asesinos; seres carnívoros que se apoderaban de sus presas por la violencia, las mataban a golpes, destrozaban sus cuerpos, los desmembraban, y saciaban su enorme sed con la sangre caliente de sus víctimas y ávidamente devoraban su carne aún palpitante". Hoy, sin embargo, los paleoantropólogos han catalogado al Australopithecus simplemente como un carroñero, no como cazador, incapaz de encender fuego. No obstante los nuevos descubrimientos hechos por Broom y Dart convencieron a varios científicos influyentes, especialmente de la Gran Bretaña, de que el Australopithecus no sólo fue una variedad de simio fósil, sino que fue un auténtico antepasado humano. ZINJANTHROPUS Los siguientes descubrimientos de importancia fueron efectuados por Louis Leakey y su segunda esposa, Mary. El 17 de julio de 1959, Mary Leakey descubrió el cráneo destrozado de un joven macho homínido en el lecho I de la garganta de Olduvai, en el sitio FLK. Una vez unido el cráneo, Louis y Mary Leakey descubrieron que aquel ser tenía una cresta sagital, una cresta huesuda que corría por lo alto del cráneo. A este respecto, se parecía mucho al Australopithecus robustus. Leakey, sin embargo, creó una nueva especie para este homínido, en parte porque sus dientes eran mayores que los de los especímenes robustus de Sudáfrica. Al nuevo descubrimiento le llamó Leakey Zinjanthropus boisei. Zinj es un nombre que se da al África oriental, y boisei se refiere a Charles Boise, unos de los primeros que dieron apoyo económico a Leakey. Junto con el cráneo, descubrió unas herramientas de piedra, lo que le hizo decir que el Zinjanthropus era el primer fabricante de herramientas de piedra y, por tanto, el primer "hombre auténtico". Leakey paso a ser la primera "superestrella" que la paleoantropología hubiese visto en mucho tiempo. La National Geographic Society lo honró dándole fondos, publicando artículos profusamente ilustrados, ofreciéndole programas especiales de televisión y giras de conferencias por todo el mundo. Pero, a pesar de tanta publicidad, el reinado del Zinjanthropus fue muy breve. La biógrafa de Leakey, Sonia Cole, escribió: "Cierto que Louis tuvo que persuadir a la National Geographic Society de que el Zinj era un buen candidato para ser 'el primer hombre', para asegurarse su continuo apoyo [...] pero, ¿necesitó llegar tan lejos? Hasta un lego que viese el cráneo no se dejaría engañar: el Zinj con su cresta, similar a la de un gorila, en lo alto del cráneo y su baja frente era obviamente mucho más parecido a los australopitecinos robustos de Sudáfrica que a un hombre moderno [...] con el cual, francamente no tiene la menor semejanza". HOMO HABILIS En 1960, cerca de un año después de descubierto el Zinjanthropus, Jonathan, hijo de Leakey, descubrió, no lejos del mismo lugar, el cráneo de otro homínido (OH 7). Además del cráneo, los restos del OH 7 incluían los huesos de una mano. También en 1960 se descubrieron los huesos del pie de un homínido (OH 8). En años sucesivos vinieron más descubrimientos, en su mayor parte de dientes y fragmentos de mandíbulas y cráneos. A los especímenes fósiles se les dieron nombres pintorescos: Johnny's Child, George Cindy, y Twiggy. Algunos de los huesos fueron descubiertos en la parte inferior del lecho II de la garganta de Olduvai. Philip Tobias, anatomista sudafricano, atribuyó al cráneo de OH 7 una capacidad de 680 C.C., mucho mayor que la del Zinjanthropus, de 530 C.C., y aún mayor que la del cráneo más grande de australopitecino, que tiene cerca de 600 c.c. Sin embargo, era casi 100 c.c. menor que el del Homo erectus más pequeño. Louis Leakey decidió que ahora sí había descubierto al auténtico fabricante de herramientas de los niveles inferiores de Olduvai: el primer ser realmente humano. Su cráneo más grande confirmaba su posición; Leakey le llamó Homo habilis, que significa hombre hábil. Después del descubrimiento del Homo habilis, e l Zinjanthropus fue degradado a Australopithecus boisei, variedad un tanto más robusta del Australopithecus robustus. Estos dos australopitecinos robustos tenían crestas sagitales, y no se les considera como antepasados humanos sino como retoños de la evolución que con el tiempo llegaron a extinguirse. Toda la cuestión de las crestas sagitales vino a complicar las cosas. También los gorilas machos y algunos chimpancés machos tienen crestas sagitales, pero no así las hembras de estas especies. Por tanto, en 1971 Mary Leakey dijo: "La posibilidad de que el A. robustus y el A. africanus representen al macho y la hembra de una sola especie merece seria consideración". Si resultara cierta la posibilidad planteada por Mary Leakey, esto significaría que generaciones enteras de expertos habían estado totalmente equivocados respecto de los australopitecinos. Con el descubrimiento, en la garganta de Olduvai, del Homo habilis, ser contemporáneo a los primeros australopitecinos pero con un cerebro más grande, Louis Leakey creyó que tenía ya un excelente testimonio para apoyar su idea de que el Australopithecus no estaba en la línea directa de la ascendencia humana (figura 12.6). Los australopitecinos no serían más que una rama lateral. Y como se creía que el Homo erectus era descendiente del Australopithecus, también el Homo erectus sería expulsado de la línea de ascendencia humana. Pero, ¿qué decir de los hombres de Neanderthal? Estos, dicen algunas autoridades, muestran claramente una transición evolutiva entre el Homo erectus y el Homo sapiens. Pero Leakey tenía otra explicación: "¿No es posible que todos ellos sean variantes del resultado de la cruza entre el Homo sapiens y el Homo erectus?" Se podría objetar que tal cruza habría producido unos híbridos incapaces de reproducirse. Pero Leakey señaló que el bisonte americano se ha cruzado, con toda fertilidad, con ganado vacuno ordinario. Figura 12.6. Según Louis Leakey, ni el Australopithecus ni el Homo erectus fueron antepasados de los modernos seres humanos. Los hombres de Neanderthal, dijo Leakey, probablemente fueron resultado de una cruza entre el Homo erectus y el Homo sapiens. Hoy los detalles de la evolución humana siguen siendo tema de vivos debates. Pero la mayoría de los paleoantropólogos favorece una progresión, partiendo de uno de los australopitecinos hasta llegar al Homo habilis, al Homo erectus y al temprano Homo sapiens, de donde surgieron tanto los hombres de Neanderthal como los modernos seres humanos. HISTORIA DE DOS HÚMEROS En 1965, Bryan Patterson y W. W. Howells descubrieron en Kanapoi, Kenia un húmero de homínido (hueso del brazo) de apariencia sorprendentemente moderna. En 1977, unos obreros franceses descubrieron un humero similar en Gombore, Etiopía. El fragmento de húmero de Kanapoi, que consistía en la parte inferior (o distal) del hueso, intacta, se descubrió sobre la superficie. Pero el depósito del que, al parecer, procedía este hueso, tenía cerca de 4.5 millones de años de antigüedad. Patterson y Howells descubrieron que el húmero de Kanapoi era distinto de los húmeros de los gorilas, chimpancés y australopitecinos, pero similar a los de los seres humanos. Observaron que "hay individuos en nuestra muestra del hombre en quienes las medidas [...] del Hominoide I de Kanapoi pueden duplicarse casi exactamente". Patterson y Howells no habrían soñado siquiera con sugerir que el húmero de Kanapoi perteneciera a un ser humano anatómicamente moderno. Y sin embargo, si un ser humano anatómicamente moderno hubiese muerto en Kanapoi hace 4 ó 4.5 millones de años, habría dejado un húmero exactamente como el que ellos descubrieron. Los antropólogos Henry M. McHenry y Robert S. Corruccini de la Universidad de California confirmaron nuevamente la morfología humana del húmero de Kanapoi. Concluyeron que "el húmero de Kanapoi apenas se distingue del moderno Homo" y "muestra el temprano surgimiento de un codo similar al del Homo hasta en los detalles más sutiles". En un estudio efectuado en 1975, el antropólogo físico C. E. Oxnard estuvo de acuerdo con este análisis. Declaró: "Podemos confirmar claramente que el fósil de Kanapoi es muy similar al de un ser humano". Esto movió a Oxnard a sugerir, como lo hizo Louis Leakey, que los australopitecinos no se encontraban en la línea principal de la evolución humana. Seguir considerando al Australopithecus como antepasado humano dada como resultado una progresión, sumamente improbable, del húmero de Kanapoi (tan similar a uno humano) al húmero marcadamente menos humano del Australopithecus, y luego, de nuevo, a otro más humano. El húmero de Gombore, al que se le atribuyó una antigüedad de cerca de 1.5 millones de años, fue descubierto junto con unas burdas herramientas de piedra. En 1981, Brigitte Senut dijo que el húmero de Gombore "no se puede diferenciar de uno humano típicamente moderno". Así, nos encontramos con dos húmeros muy antiguos y muy similares a los humanos, para aumentar nuestra lista de testimonios que desafían el plan actualmente aceptado de la evolución humana. Son los húmeros de Kanapoi, de 4 a 4.5 millones de años, en Kenia, y el húmero Gombore, de más de 1.5 millones de años en Etiopía los que vienen a confirmar la idea de que los seres humanos de tipo moderno coexistieron con otros seres, similares a humanos y a simios, durante un larguísimo tiempo. LOS DESCUBRIMIENTOS DE RICHARD LEAKEY En 1972, Richard, hijo de Louis Leakey, descubrió en el lago Turkana, de Kenia, un destrozado cráneo de homínido. Meave, la esposa de Richard, que es zoóloga, reconstruyó el cráneo, al que se designó como ER 1470. Su capacidad craneana era de más de 810 C.C., mayor que la de los australopitecinos robustos. Al principio, Richard Leakey vaciló en atribuir una especie al cráneo ER 1470, pero finalmente decidió llamarlo Homo habilis. El estrato en que se descubrió el cráneo yacía bajo el KBS Tuff, depósito volcánico con una antigüedad, determinada por argón-potasio, de 2.6 millones de años. Al propio cráneo se le atribuyó una antigüedad de 2.9 millones de años, tan antiguo como el de los más antiguos australopitecinos. Posteriormente la antigüedad del KBS Tuff sería discutida; algunos críticos le atribuían una edad menor de 2 millones de años. A cierta distancia de donde se había encontrado el cráneo ER 1470, pero en el mismo nivel, John Harris, paleontólogo del Museo Nacional de Kenia, descubrió dos fémures de apariencia perfectamente humana. Harris llamó a Richard Leakey, quien después informó que "estos fémures son distintos de los del Australopithecus, y asombrosamente similares a los del hombre moderno", otros trabajadores consideraron que los fémures eran distintos de los del Homo erectus. El primer fémur, con fragmentos contiguos de tibia y peroné, fue designado ER 1481 y el otro ER 1472. Un fragmento adicional de fémur fue designado ER 1475. Todos ellos fueron atribuidos al Homo habilis. Pero Leakey afirmó en una publicación científica que estos huesos de la pierna "en realidad no se pueden distinguir de los del H. sapiens si consideramos la gama de variación conocida de esta especie". En un artículo del National Geographic, Leakey repitió esta opinión, diciendo que los huesos de la pierna "prácticamente no se podían distinguir de los del Homo sapiens ". Otros científicos convinieron con el análisis de Leakey. B. A. Wood, anatomista de la Escuela Médica del Hospital Charing Cross de Londres, declaró que los fémures "pertenecen al grupo locomotor 'del paso moderno humano'''. Aunque casi ningún científico soñaría con ello, consideremos lo que pasaría si se atribuyeran los fémures de Koobi Fora a un homínido muy parecido al moderno Homo sapiens, ¡que vivió en África hace cerca de 2 millones de años! Los fémures ER 1472 y ER 1481 muestran que los descubrimientos claramente anómalos no se limitan al siglo XIX. Han seguido ocurriendo con asombrosa regularidad hasta el día de hoy en nuestras propias narices, por decirlo así, aunque casi nadie los reconoce como lo que son. Tan sólo en África estamos formando todo un catálogo: el esqueleto de Reck, la mandíbula de Kanam, los cráneos de Kanjera, el húmero de Kanapoi, el húmero de Gombore y ahora los fémures del lago Turkana. Todos ellos han sido atribuidos al Homo sapiens o descritos como muy similares a los humanos. Con excepción de los cráneos de Kanjera, del Pleistoceno medio, todos ellos fueron descubiertos en estratos del Pleistoceno formativo o del Plioceno. EL ASTRÁGALO ER 813 En 1974, B. A. Wood describió un astrágalo (hueso del tobillo) descubierto en el lago Turkana. Yacía entre el Tuff KBS y el superior, el Tuff Koobi Fora. Wood comparó el astrágalo fósil, designado ER 813, con los seres humanos modernos, gorilas, chimpancés y otros primates arborícolas. "Los fósiles se alinearon con los astrágalos humanos modernos", dijo Wood. El astrágalo ER 813, similar al de los humanos, tiene una antigüedad de 1.5 a 2 millones de años, aproximadamente contemporáneo a seres designados como Australopithecus robustus, Homo erectus y Homo habilis. En un informe ulterior, Wood dijo que sus pruebas confirmaban "la semejanza del KNMER 813 con huesos humanos modernos", lo que mostraba que "no era considerablemente distinto de los astrágalos de bosquimanos modernos". Por tanto, podríamos considerar la posibilidad de que el astrágalo KNM-ER 813 perteneciera a un ser anatómicamente moderno durante el Pleistoceno formativo o el Plioceno tardío. Si el astrágalo KNM-ER 813 en realidad perteneció a un ser muy parecido a los seres humanos modernos, embona, como los fémures ER 1481 y ER 1472 en un continuo de tales descubrimientos, que se remonta a millones de años atrás. Esto eliminaría al Australopithecus, al Homo habilis y al Homo erectus como antepasados humanos. OH 62: ¿NOS HARÁ FAVOR DE PONERSE EN PIE EL AUTÉNTICO HOMO HABILIS? Los dibujantes, basándose en fósiles y en informes de los paleoantropólogos han solido mostrar al Homo habilis con un cuerpo esencialmente humano, con excepción de la cabeza, simiesca (figura 12.7). Este retrato, sumamente imaginativo del Homo habilis persistió hasta 1987. En ese año Tim White y Don Johanson informaron que habían descubierto en la garganta de Olduvai al primer individuo Homo habilis (OH 62), con los huesos del cuerpo claramente asociados al cráneo. Los restos del esqueleto mostraban que ese ser sólo medía cerca de un metro de estatura y que tenía unos brazos relativamente largos. Los dibujos del nuevo Homo habilis (figura 12.7) decididamente parecían más simiescos que los anteriores. Johanson y sus colaboradores llegaron a la conclusión de que tal vez los científicos hubiesen atribuido erróneamente al Homo habilis muchos huesos de los miembros descubiertos antes de 1987. El descubrimiento del OH 62 apoya nuestra sugestión de que los fémures ER 1481 y ER 1472, de Koobi Fora, descritos como muy similares a los del moderno Homo sapiens, acaso pertenecieran a unos seres humanos anatómicamente modernos que vivieron en África durante el Plioceno tardío. Algunos científicos los atribuyeron al Homo habilis. Pero el nuevo concepto del Homo habilis excluye esta posibilidad. ¿Pudieron los fémures pertenecer, tal vez, al Homo erectus? Por ejemplo, G. E. Kennedy asignó el fémur ER 1481 al Homo erectus. Pero E. Trinkaus observó que las mediciones clave de este hueso, con una excepción, se encuentran dentro de la gama de los fémures humanos anatómicamente modernos. Los descubridores del OH 62 tuvieron que enfrentarse al eslabón evolutivo entre el nuevo y más simiesco Homo habilis y el Homo erectus. Las dos especies sólo están separadas por unos 200 000 años. Pero la transición de Homo habilis a H. erectus incluye algunos cambios morfológicos muy marcados, incluyendo un gran cambio de tamaño. Richard Leakey, aplicando las pautas del crecimiento humano normal, calculó que un Homo erectus adolescente descubierto en 1984 (KNMWT 15000) habría crecido hasta tener más de 1.80 metros de estatura al llegar a adulto. En cambio, el OH 62 adulto sólo tenía cerca de un metro de estatura. En conjunto, parece inverosímil un salto evolutivo del pequeño y simiesco OH 62 al grande y humano KNM-WT 15 000 en menos de 200 000 años. Sin embargo, los partidarios del tan discutido modelo puntuacional de evolución pueden aceptar fácilmente esta transición. A diferencia de los gradualistas tradicionales, los puntuacionalistas afirman que la evolución procede por rápidos episodios de cambios, interrumpidos por largos periodos de inmovilidad. Por consiguiente, los puntuacionalistas pueden acomodar toda una variedad de difíciles anomalías evolutivas, como la transición del habilis al erectus. "El pequeñísimo tamaño del cuerpo del individuo OH 62", dijeron sus descubridores, "sugiere que las ideas de la evolución humana que plantean un incremento del tamaño del cuerpo a lo largo del tiempo pueden estar arraigadas en prejuicios gradualistas y no en los hechos". Pero también las ideas puntuacionalistas pueden estar arraigadas en prejuicios y no en los hechos. Figura 12.7. Izquierda: este dibujo muestra al Homo habilis, como generalmente se le representó antes de 1987. Debajo de la cabeza, la anatomía es esencialmente humana. Derecha: después de que el OH 62 fue descubierto en la garganta de Olduvai en 1987, surgió una nueva imagen del Homo habilis, mucho más pequeño y simiesco que el anterior. Los hechos paleontológicos, considerados en conjunto, sugieren que varios seres similares a hombres-mono o a hombres, incluyendo algunos que se asemejan a seres humanos modernos, coexistieron durante todo el Pleistoceno y desde antes. No sólo fueron los nuevos testimonios, como el del OH 62 los que desafiaron la imagen durante tanto tiempo aceptada del Homo habilis. Testimonios fósiles antes descubiertos y relacionados con el Homo habilis, originalmente interpretados por varias autoridades como casi humanos, después fueron caracterizados, por otros, como bastante simiescos. Como ya se dijo, en el lecho I de la garganta de Olduvai se descubrieron los huesos casi completos de un pie, designados como OH 8. Fechado en 1.7 millones de años de antigüedad, el pie OH 8 fue atribuido al Homo habilis. En 1964, M. H. Day y J. R. Napier dijeron que el pie OH 8 se asemejabamucho al del Homo sapiens, contribuyendo así a trazar el cuadro generalmente humano del Homo habilis. Pero O. J. Lewis, anatomista del Colegio de Medicina del Hospital de St. Bartholomew de Londres, demostró que el pie OH 8 se asemejaba más al de los chimpancé y los gorilas. Consideró que el pie era de un ser arborícola, adaptado a vivir en los árboles. Esto plantea un problema. Ciertamente no sirve a los propósitos de propaganda de los evolucionistas hacer que el público visualice a un supuesto antepasado humano, como el Homo habilis, trepando a los árboles con un pie adaptado a la vida arborícola, y no caminando erecto e intrépido a traves de las sabanas de África. Basándonos en el estudio del pie OH 8 hecho por Lewis, podríamos llegar ala conclusión de que el Homo habilis se asemejó mucho más a los simios de lo que ha solido creer la mayoría de los científicos. El descubrimiento del OH 62 viene a confirmar esta idea. He aquí otra posible conclusión: el pie OH 8 no perteneció al Homo habilis sino a un australopitecino. Esta fue la opinión de Lewis. A lo largo de los años, diferentes científicos han descrito los huesos del pie OH 8 como humanoides, simiescos, intermedios entre el hombre y el simio, distintos del hombre y del simio, o similares a los del orangután. Esto demuestra, una vez más, una característica importante de todo testimonio paleoantropológico: a menudo se ve sometido a múltiples y contradictorias interpretaciones. y lo que a menudo hara prevalecer una opinión durante un cierto tiempo, estará determinado por consideraciones de partidismo. También la mano OH 7 fue descubierta en la garganta de Olduvai como parte del espécimen de tipo Homo habilis. En 1962, J. R. Napier describió la mano como perfectamente humana en algunos de sus rasgos, en especial en las yemas de los dedos. Como en el caso del pie OH 8, estudios ulteriores mostraron que la mano OH 7 era muy simiesca, lo que ponía en entredicho su atribución al Homo habilis. o el cuadro generalmente aceptado del Homo habilis como muy humano, que había ayudado a crear la interpretación original de la mano OH 7. El carácter simiesco de la mano les sugirió a Randall L. Susman y a Jack T. Stern que era porque utilizaban las manos "para trepar balanceándose". En otras palabras, el Homo habilis, o cualquiera que fuese el ser propietario de la mano OH 7, acaso pasará gran parte del tiempo colgado de los árboles con sus brazos. Esta imagen simiesca difiere del retrato muy humano del Homo habilis y de otros supuestos antepasados humanos que solemos encontrar en los libros de imágenes de Time-Life y de los programas de televisión especiales de la National Geographic Society. A la luz de los testimonios contradictorios relacionados con el Homo habilis, algunos investigadores han dicho que no había justificación para "crear" en primer lugar a esta especie. Si los huesos atribuidos al Homo habilis no pertenecieron realmente a esta especie, entonces ¿qué representaban? T. J. Robinson arguyó que el Homo habilis se había derivado, erróneamente, a partir de una mezcla de elementos de esqueletos pertenecientes a Australopithecus africanus y a Homo erectus. Otros han sugerido que todos los huesos del Homo habilis son de australopitecinos. Así, ala postre, descubrimos que el Homo habilis es casi tan concreto como un espejismo del desierto, pues aparece ya humano, ya simiesco, ya real, ya irreal, según las tendencias del observador. Tomando en consideración las muchas opiniones en conflicto, nos parece lo más probable que el material del Homo habilis pertenezca a más de una especie, incluyendo a un pequeño australopitecino simiesco y arborícola (OH 62 y algunos de los especímenes de Olduvai), una especie primitiva de H o m o (cráneo de ER 1470) Y a seres humanos anatómicamente modernos ( fémures ER 1481 y ER 1472). LA CRÍTICA DE OXNARD AL AUSTRALOPITHECUS El Homo habilis no es el único antepasado humano que se haya encontrado expuesto a una crítica continua. Según la mayoría de los paleoantropólogos, el Australopithecus fue un antepasado humano directo, con un cuerpo muy semejante al del humano. Los partidarios de esta opinión también han afirmado que el Australopithecus caminaba erecto, de una manera practicamente idéntica a la de los seres humanos modernos. Pero desde el comienzo mismo, algunos investigadores se opusieron a esta descripción del Australopithecus. Influyentes hombres de ciencia ingleses, como sir Arthur Keith, dijeron que el Australopithecus no era un homínido sino una variedad de simio. Esta opinión negativa persistió hasta comienzos del decenio de 1950, cuando los efectos combinados de nuevos descubrimientos de Australopithecus y la caída del hombre de Piltdown crearon una posición conveniente para el pensamiento paleoantropológico de la corriente central respecto a un Australopithecus más humano. Pero aun después de que el Australopithecus se ganó la aceptación de la corriente principal, como homínido y como antepasado directo del hombre, la oposición continuó. Louis Leakey sostuvo que el Australopithecus era retoño temprano y muy simiesco de la línea principal de la evolución humana. Más adelante, su hijo Richard Leakey adoptó casi la misma posición. A comienzos del decenio de 1950, sir Solly Zuckerman publicó unos extensos estudios biométricos que mostraban que el Australopithecus no era tan parecido a los seres humanos como lo habían imaginado quienes colocaban a este ser en el linaje del Homo sapiens. Desde finales de los sesenta hasta los noventa, Charles E. Oxnard, empleando un multivariado análisis estadístico, renovó y amplió la línea de ataque iniciada por Zuckerman. Según Oxnard, "es bastante improbable que alguno de los australopitecinos [...] pudiese tener algún nexo directo filogénico con el género Homo". Oxnard consideró que el cráneo, los dientes y el cerebro del Australopithecus eran muy similares a los de los simios. El omóplato parecía adaptado para suspender el cuerpo de las ramas de los árboles. Los huesos de las manos eran curvos, como los del orangután. La pelvis parecía adaptada para caminar en cuatro patas y para llevar una conducta acrobática. Lo mismo pudo decir de la estructura del fémur y del tobillo. "Mientras no se consiga otra evidencia", escribió Oxnard en 1975, "nos quedamos con la imagen de animales de tamaño intermedio, que se hallaban a sus anchas en los árboles, capaces de trepar, de hacer actos de acrobacia y tal vez de suspenderse de los brazos" (figura 12.8). En 1973, Zuckerman y Oxnard presentaron un ensayo en un simposio de la Sociedad Zoológica de Londres. Al término del simposio, Zuckerman hizo algunas observaciones importantes: "A lo largo de los años casi he sido el único en desafiar las ideas tradicionales acerca de los australopitecinos -el único, es decir, junto con mis colegas de la escuela que yo edifiqué en Birmingham-, pero, me temo, que no ha causado mucho efecto. Ha hablado la voz de una autoridad superior, y con el tiempo su mensaje se ha incorporado a los libros de texto del mundo entero". La situación no ha cambiado desde que Zuckerman habló en 1973. Las voces de la autoridad en la paleoantropología y en la comunidad científica en general se las han arreglado para mantener intacta la visión de un Australopithecus muy humano. Los extensos y bien documentados testimonios que contradicen esta visión privilegiada continúan confinados a las páginas de publicaciones profesionales, donde tienen poca o ninguna influencia sobre el público en general, ni siquiera sobre el público culto. Revisando la controversia -que duró varias décadas- acerca de la naturaleza del Australopithecus, Oxnard escribió en 1984: "En el escándalo de la época, sobre si estos seres estaban más cerca del simio o más cerca del hombre, la opinión de que eran humanos se impuso. Figura 12.8. La mayoría de los científicos describe al Australopithecus como un bípedo exclusivamente terrestre muy parecido, de la cabeza para abajo, a los seres humanos. Pero según algunos estudios de S. Zuckerman y C. E.Oxnard, el Australopithecus era más simiesco. Aunque capaz de caminar en dos pies en tierra (izquierda), el Australopithecus también estaba "a sus anchas en los árboles, y era capaz de trepar, de practicar acrobacias (derecha) y tal vez suspenderse de los brazos". La morfología funcional del Australopithecus llevó a Zuckerman y a Oxnard a dudar de que se tratara de un antepasado humano. Ilustraciones de Miles Tripplett. Esto bien pudo dar como resultado no sólo la derrota de la opinión contraria, sino también el olvido de esa parte del testimonio en que se basaba la opinión contraria. Si esto es así, sería preciso poder desenterrar esta otra parte de la evidencia, que en realidad, bien puede ser compatible con la nueva opinión; puede ayudar a introducir la posibilidad de que estos australopitecinos en particular no sean ni como simios africanos ni como seres humanos, y ciertamente no intermedios, sino algo marcadamente distinto de unos y otros". Desde luego, este es exactamente el argumento que hemos estado planteando a lo largo de este libro. Se han enterrado testimonios. Nosotros mismos hemos descubierto cantidades considerables de tales testimonios enterrados, en relación con la antigüedad del tipo humano moderno. Resumiendo sus descubrimientos dijo Oxnard: "Los diversos fósiles de australopitecinos por lo general tienen características muy distintas a las del hombre y a las de los simios africanos [...] considerados como un género; son un mosaico de rasgos exclusivos de ellos, a veces un tanto similares a los del orangután". Considerando la unicidad anatómica de los australopitecinos Oxnard dijo: "Si estos cálculos son ciertos, entonces es preciso reconsiderar si existe la posibilidad de que alguno de los australopitecinos sea parte directa de la ascendencia del hombre". Como Louis y Richard Leakey, también Oxnard creyó que el linaje del Homo era mucho más antiguo de lo que dicta el actual plan evolutivo. A este respecto, Oxnard llamó la atención sobre algunos de los fósiles que hemos mencionado, como el astrágalo ER 813 que es muy similar al del humano, de más de 1.5 millones de años de antigüedad, y al húmero de Kanapoi, que acaso tenga 4 millones de años. A partir de tales testimonios, Oxnard llegó a la conclusión de que el género Homo tenía 5 millones de años de antigüedad o más. "El concepto convencional de evolución humana", dijo Oxnard, "debe ser hoy grandemente modificado o aun rechazado [...] se deben explorar nuevos conceptos". LUCY EN LA ARENA CON DIATRIBAS Pese a la obra de Oxnard, la mayoría de los hombres de ciencia aún sostiene la teoría de que el Australopithecus es un antepasado humano directo. Uno de tales científicos es Donald Johanson. Donald Johanson estudió antropología en la Universidad de Chicago, y fue discípulo de F. Clark Howell. Cuando era un joven estudiante graduado, ávido por practicar la romántica tarea de buscar fósiles homínidos, Johanson acompañó a Howell a África, y trabajó en el sitio de Omo, en Etiopía. Johanson retornaría después a África, esta vez como jefe de su propia expedición a Hadar, en la región Afar de Etiopía. Una tarde descubrió la parte superior de una tibia, hueso largo situado entre la rodilla y el tobillo. Obviamente, el hueso pertenecía a algún tipo de primate. Cerca de allí, Johanson encontró la parte inferior de un fémur. Por la manera en que el fémur y la tibia embonaban, creyó Johanson que había descubierto la articulación completa, no de algún simio antiguo, sino de un homínido, un antepasado de los modernos seres humanos. El depósito en que se encontraron los fósiles tenía más de 3 millones de años, por lo que este sería el descubrimiento de uno de los homínidos más antiguos. En las publicaciones científicas que siguieron, Johanson informó que la rodilla de Hadar (AL 129) tenía 4 millones de años de antigüedad y que correspondía a un australopitecino primitivo, con un paso de bípedo completamente humano. Durante el trabajo del año siguiente, Alemayehu Asfaw, un etíope que trabajaba con Johanson en el sitio de Hadar descubrió algunas mandíbulas fósiles. Su clasificación resultó difícil. Johanson pidió a Richard Leakey acudir a verlas. Leakey aceptó la invitación y llegó acompañado por su madre, Mary Leakey, y por su esposa Meave. Junto con Johanson, examinaron las mandíbulas y juzgaron que eran de Homo, lo que las hacía los más antiguos fósiles de Homo jamás descubiertos. El 30 de noviembre de 1974, Donald Johanson y Tom Gray estaban examinando la Localidad 162 del sitio de Hadar, recogiendo fragmentos de huesos de mamíferos. Al cabo de cierto tiempo, Gray se disponía a volver al campamento; pero Johanson sugirió que antes revisaran una cañada cercana. Gray y Johanson no encontraron gran cosa. Pero, cuando ya se iban, Johanson alcanzó a ver un pedazo del hueso de un brazo que yacía expuesto sobre la superficie. Cuando miraron a su alrededor, pudieron ver dispersos sobre la superficie otros huesos, al parecer del mismo homínido. Johanson y Gray empezaron a saltar y a gritar, bajo un calor de 43 grados, celebrando el que era un descubrimiento evidentemente significativo. Esa noche, Johanson y sus colaboradores celebraron, mientras del sistema de sonido del campamento brotaba, repetidas veces, una canción de los Beatles, "Lucy en el cielo de diamantes". Por la letra de esa canción, el homínido, una hembra, recibió su nombre: Lucy. Mediante una combinación de métodos de datación de potasio-argón, fisión y paleomagnetismo, Johanson atribuyó a Lucy una antigüedad de 3.5 millones de años. En 1975, Johanson se encontraba de regreso en Hadar, esta vez con un fotógrafo del National Geographic, quien registró otro descubrimiento importante. En la falda de una colina, Johanson y su grupo descubrieron los restos fósiles de 13 homínidos, que incluían varones, hembras y crías. A este grupo se le llamó la "primera familia". Tenía la misma edad geológica que Lucy: cerca de 3.5 millones de años. Con la "primera familia" se completaron los grandes descubrimientos de Hadar, que también incluían la rodilla de Hadar, las mandíbulas de Alemayehus y Lucy. Ahora examinaremos cómo fueron interpretados y reinterpretados estos fósiles por diversos grupos. Al clasificar sus descubrimientos, Johanson en un principio se apoyó en el juicio de Richard y de Mary Leakey, en el sentido de que las mandíbulas de Alemayehu y los especímenes de la "primera familia" eran de Homo. Si Lucy y el fémur y la tibia AL 129 eran de australopitecinos, como lo creía Johanson, entonces había en Hadar dos tipos de homínidos. Johanson fue después presionado de alguna manera y cambió de opinión acerca del número de especies encontradas en Hadar. La persona que lo convenció fue Timothy D. White, paleontólogo que había trabajado en el lago Turkana con Richard Leakey. White también convenció a Johanson de que el homínido de Hadar representaba una especie nueva. Johanson y White la llamaron el Australopithecus afarensis, por la región de Afar, en Etiopía. Según Johanson y White, el Australopithecus afarensis, el australopitecino más antiguo jamás descubierto, dio origen a dos linajes. El primero condujo, por vía del Australopithecus africanus, a los australopitecinos robustos. El segundo condujo, por vía del Homo habilis, al Homo erectus y de allí al Homo sapiens. A. AFARENSIS: ¿DEMASIADO HUMANIZADO? Johanson dijo que los individuos Australopithecus afarensis tenían "cuerpos pequeños, esencialmente humanos". Pero varios científicos están en total desacuerdo con el cuadro del Australopithecus afarensis pintado por Johanson. Estos disidentes han hecho un retrato mucho más simiesco de Lucy y sus parientes. Las más de las veces, sus opiniones sobre Lucy corren paralelas a la anterior obra de Oxnard, Zuckerman y otros sobre el Australopithecus. Los fósiles de Hadar no incluían un cráneo completo de un individuo de A. afarensis, pero Tim White se las arregló para lograr una reconstrucción parcial, utilizando fragmentos craneanos, pedazos de la mandíbula inferior y superior y algunos huesos faciales de varios individuos de la "primera familia". Según Johanson, el cráneo reconstruido "se parecía mucho al de una pequeña gorila". Aquí no hubo disputa entre Johanson y sus críticos. Unos y otros convinieron en que la cabeza del afarensis era simiesca. En cuanto al cuerpo del A. afarensis, Randall L. Susman, Jack T. Stern, Charles E. Oxnard y otros lo han encontrado muy simiesco, por lo que rechazan la idea de Johanson de que Lucy caminaba erecta en tierra, a la manera humana. El omóplato de Lucy era casi idéntico al de un simio. La articulación del hombro estaba vuelta hacia arriba, indicando que los brazos de Lucy probablemente servían para trepar a los árboles y tal vez para colgarse de ellos. Los huesos del brazo eran como los de los primates arborícolas, y la columna dorsal mostró los puntos de entrada de muy poderosos músculos del hombro y de la espalda. Los huesos de la muñeca y de la región de la palma de la mano estaban adaptados para aferrar poderosamente, así como los largos y curvos huesos de los dedos. También los huesos de la cadera y de la pierna estaban adaptados para trepar y el pie tenía unos dedos curvados que serían útiles para aferrarse a las ramas de un árbol. Podemos imaginar los efectos de una pintura o un modelo de Lucy dedicada a su actividad de suspensión, u otra actividad arborícola. Esto sin duda iría en detrimento de su imagen como una criatura que iba en camino de alcanzar la condición humana. Aun si creemos que Lucy habría podido evolucionar hasta llegar a un ser humano, tenemos que reconocer que sus rasgos anatómicos parecen haber sido mal representados, con fines de propaganda. Antes de abandonar el tema del Australopithecus afarensis, observemos que Richard Leakey, Christine Tardieu y muchos otros han sostenido que los materiales fósiles de esta especie en realidad incluían dos o hasta tres especies. Dentro de la comunidad científica no existe aún un cuadro unánime de cómo eran en realidad los australopitecinos, incluyendo el A. afarensis, tanto en su morfología cuanto en su relación evolutiva con los seres humanos modernos. Algunos los ven como antepasados nuestros mientras que otros, como C. E. Oxnard, no los ven así. LAS HUELLAS DE LAETOLI El sitio de Laetoli se encuentra en el norte de Tanzania, a unos 50 kilómetros al sur de la garganta de Olduvai. Laetoli es un término masai que quiere decir lirio rojo. En 1979, algunos miembros de una expedición encabezada por Mary Leakey observaron huellas en el suelo. Resultaron las huellas fósiles de animales. Entre ellas había algunas que parecían dejadas por homínidos. Las huellas habían quedado impresas en capas de ceniza volcánica, las que, mediante la prueba de potasio-argón dieron una antigüedad de 3.6 a 3.8 millones de años. La revista National Geographic presentó un artículo de Mary Leakey intitulado "Huellas en las cenizas del tiempo". En su análisis de las huellas, Leakey citó a Louise Robbins, experta en huellas de los pies, de la Universidad de Carolina del Norte, quien dijo que "parecían muy humanas, modernas, para ser descubiertas en una toba tan antigua". Los lectores que nos han acompañado hasta aquí en nuestro viaje intelectual fácilmente podrán reconocer las huellas de pies de Laetoli como testimonio potencial de la presencia de seres humanos anatómicamente modernos hace más de 3.6 millones de años en África. Sin embargo, quedamos casi asombrados al encontrar, inesperadamente, tan notable anomalía entre los anales más recientes de la investigación paleoantropológica común. Lo que más nos sorprendió fue que científicos de reputación mundial, los mejores de su profesión, pudieran contemplar estas huellas, describir sus rasgos casi humanos, y no considerar siquiera la posibilidad de que los seres que las dejaron pudiesen haber sido tan humanos como nosotros. Y es que sus corrientes mentales iban por los canales fijos de siempre. Mary Leakey escribió: "Hace al menos 3 600 000 años, en tiempos del Plioceno, el que creemos que fue el antepasado directo del hombre caminaba erecto con un paso bipedal y libre [...] la forma de su pie era exactamente la misma que la del nuestro". ¿Quién fue ese antepasado? Adoptando el punto de vista de Leakey, las huellas de los pies de Laetoli fueron dejadas por un antepasado no australopitecino del Homo habilis. Si adoptamos el punto de vista de Johanson-White, las huellas de los pies de Laetoli fueron dejadas por el Australopithecus afarensis. En uno u otro caso, el ser que dejó esas huellas debió de tener una cabeza simiesca y otros rasgos primitivos. Pero, ¿Por qué no pudo ser una criatura con pies enteramente modernos y un cuerpo enteramente moderno? En las huellas no hay nada que impida esta posibilidad. Además, en este libro hemos compilado toda una serie de testimonios fósiles, procedentes algunos de ellos de África, que son congruentes con la presencia de unos seres humanos anatómicamente modernos en el Pleistoceno formativo y durante el Plioceno tardío. ¿Estamos exagerando, acaso, lo humano de los rasgos de las huellas descubiertas en Laetoli? Veámos lo que han dicho varios investigadores. Louise M. Robbins, quien hizo una evaluación inicial de las huellas de Laetoli para Mary Leakey en 1979, publicó después un informe más detallado. En Laetoli se encontraron varias series de huellas, identificadas por letras. Al examinar las huellas "G", que representaban a tres individuos descritos por Mary Leakey como posible grupo de familia, Robbins descubrió que las huellas "comparten muchos rasgos característicos de la estructura del pie humano". Especialmente observó que el dedo gordo señalaba hacia adelante, como en los seres humanos, y no al lado, como en los simios. Los simios pueden mover el dedo gordo casi como el pulgar de los seres humanos. Robbins llegó a la conclusión de que "las cuatro regiones funcionales -el talón, el arco, la planta y los dedos- de los pies de los homínidos hundieron la ceniza en forma típicamente humana" y que "los homínidos caminaron a través de la superficie de ceniza en forma bipedal, característicamente humana". M. H. Day estudió las huellas utilizando metodos fotogramétricos. La fotogrametría es la ciencia de obtener mediciones exactas gracias al uso de la fotografía. Su estudio demostró que las huellas tenían grandes similitudes con la anatomía del pie del ser humano moderno que suele caminar descalzo; podría argüirse que es la condición humana normal. Típicamente, concluyó Day: "Ahora no hay disputa seria sobre la actitud erecta y el paso bipedal de los australopitecinos". Pero, ¿qué prueba tenía Day de que fue un australopitecino quien dejó las huellas de Laetoli? No hay ninguna razón para excluir la posibilidad de que algún ser desconocido, tal vez muy parecido al moderno Homo sapiens, las dejara. R. H. Tuttle, antropológo físico, declaró: "Las formas de las huellas no se diferencian de las de los seres humanos que suelen ir descalzos". Concluyó Tuttle: "Estrictamente sobre la base de la morfología de las huellas G, los que las dejaron podrían clasificarse como Homo [...] porque son muy similares a las del Homo sapiens, pero su antigua fecha probablemente impediría que muchos paleoantropólogos aceptaran esta clasificación. Sospecho que si las huellas no se hubiesen fechado, o si se les hubiese atribuido menor antigüedad, probablemente casi todos los expertos las aceptarían como dejadas por el Homo". También afirmó Tuttle: "Son como las de un pequeño Homo sapiens descalzo". Además, Tuttle sostuvo que el pie del A. afarensis no habría podido dejar esas huellas. Como hemos visto, el pie del A. afarensis tenía dedos largos y curvos, y Tuttle dijo que sería difícil imaginarlos embonando limpiamente en las huellas de Laetoli. Lo mismo podría decirse de cualquier pie de australopitecino. Stern y Susman pusieron objeciones. Convencidos de que fue el pie simiesco del A. afarensis el que había dejado las huellas de Laetoli, propusieron que los antiguos homínidos habían caminado a través de la ceniza volcánica con sus largos dedos curvados bajo sus pies, como a veces se ha observado que lo hacen los chimpancés. Unos dedos curvados bajo el pie explicarían por qué las huellas de A. afarensis dejadas en Laetoli se asemejaban tanto a las que pueda dejar un pie humano, con sus dedos relativamente cortos. ¿Pudo un australopitecino, caminando con los dedos doblados, dejar unas huellas tan humanas? Tuttle consideró esto sumamente improbable. Si el homínido de Laetoli tenía dedos largos, entonces, dijo Tuttle, lo más lógico sería encontrar dos patrones de impresiones de dedos: unos largos y extendidos, y otros cortos y doblados, con marcas más profundas dejadas por los nudillos, pero no era así, lo que significaba que el pie del afarensis, con dedos largos, no pudo dejar esas huellas. Hasta Tim White, quien creía que las huellas habían sido dejadas por el Australopithecus afarensis, declaró: "El modelo de dedos doblados, de Stern y Susman (1983) 'como el del chimpancé' predice una variación considerable en la longitud lateral de los dedos, vista en las huellas de Laetoli. Esto no es confirmado por las huellas fósiles". Refutando directamente a Johanson, White, Latimer y Lovejoy, quienes afirmaban que el Australopithecus afarensis había dejado las huellas de Laetoli, dijo Tuttle: "Dada la curvatura digital y la prolongación de otros rasgos del esqueleto que muestran unos hábitos arborícolas [...] es improbable que el Australopithecus afarensis de Hadar, Etiopía, pudiera dejar unas huellas como las de Laetoli". Estas declaraciones han provocado unos elaborados contraataques de Johanson y sus partidarios, quienes han seguido promoviendo la idea de que el A. afarensis pudo dejar esas huellas. Por ejemplo, Tim White publicó en 1987 un estudio de las huellas de Laetoli, en el que refutaba la afirmación de Tuttle de que quien las dejó fue un homínido más avanzado que el A. afarensis. "No existe la menor prueba entre los 26 homínidos de la colección de más de 5 000 restos vertebrados de Laetoli, que sugiera la presencia de un homínido más avanzado del Plioceno en el lugar." Pero, como lo hemos visto en nuestra revisión de los fósiles de homínidos africanos, en realidad sí hay unos cuantos "testimonios" de la presencia de criaturas similares al sapiens en el Plioceno, algunas de ellas no lejos de Laetoli. Asimismo, es bien sabido que los restos de esqueletos humanos son sumamente raros, aun en lugares en donde haya otras señales inconfundibles de una presencia humana. White predijo que "con el tiempo, se demostrará que las huellas de Laetoli son sutilmente distintas de las que, en condiciones análogas dejarían unos seres humanos anatómicamente modernos". Pero, hasta donde podemos verla hoy, no se diferencian en nada de las de seres humanos modernos. El propio White dijo una vez: "No se equivoquen. Son como huellas humanas modernas. Si apareciera una, el día de hoy, en la arena de una playa de California y se le preguntara a un niño de cuatro años qué era, instantáneamente diría que alguien había caminado por allí. No podría diferenciarla de otro centenar de huellas que hubiese en la playa, como tampoco lo podrían hacer ustedes. La morfología externa es la misma. Hay un talón moderno, bien formado, con un arco marcado y una buena planta del pie frente a él. El dedo grande está en línea recta. No se desvía hacia un lado, como el de un simio". Y observó Tuttle: "En todos los rasgos morfológicos discernibles, los pies de los individuos que dejaron las huellas G no se diferencian en nada de seres humanos modernos". CRÁNEO NEGRO, IDEAS NEGRAS En 1985, Alan Walker de la Universidad Johns Hopkins descubrió al oeste del lago Turkana el cráneo fosil de un homínido, manchado de color oscuro por minerales, llamado el cráneo Negro, pronto hizo surgir preguntas acerca de lo que Donald Johanson opinaba acerca de la evolución homínida. Según la idea original de Johanson, el Australopithecus afarensis hizo surgir dos líneas de homínidos. Esta disposición puede visualizarse como un árbol con dos ramas, cuyo tronco es el Australopithecus afarensis. En una rama está la línea del Homo, que pasa del Homo habilis al Homo erectus y al Homo sapiens. En la segunda rama estan los australopitecinos que surgieron del Australopithecus afarensis. Johanson y White afirmaron que el Australopithecus afarensis hizo surgir al Australopithecus africanus. el cual a su vez hizo surgir al Australopithecus robustus. La tendencia era que los dientes eran más grandes, y el cráneo más grande, con una cresta de hueso, la cresta sagital, que corría a lo largo del cráneo. La cresta sagital servía como punto de apoyo a los poderosos músculos de la mandíbula de los autralopitecinos robustos. Entonces supuestamente, el Australopithecus robustus hizo surgir al robustísimo Australopithecus boisei, el cual manifestaba en forma extrema todos los rasgos antes mencionados. El cráneo Negro, designado como KNM-WT 17000, era similar al del Australopithecus boisei, pero tenía 2.5 millones de años de antigüedad: más antiguo que los más antiguos australopitecinos robustos. ¿Cómo respondió Johanson al descubrimiento del cráneo Negro, similar a boisei? Reconoció que el cráneo Negro complicaba las cosas, haciendo imposible colocar al Australopithecus africanus, a l Australopithecus robustus y al Australopithecus boisei en una sola línea de sucesión, procedente del Australopithecus afarensis. Johanson propuso entonces cuatro posibles disposiciones de estas especies, sin proponer cual sería la correcta. Dijo que aún no había suficientes testimonios para decidir entre ellas. La incertidumbre que rodeaba al número de especies de Hadar, junto con las confusas relaciones entre las especies sucesoras (Australopithecus africanus, Australopithecus robustus, Australopithecus boisei y Homo habilis), creó problemas a los evolucionistas. En 1986 Pat Shipman dijo: "La mejor respuesta que podemos dar por ahora es que ya no tenemos una idea muy clara de quién hizo surgir a quién". En medio de la nueva complejidad, una pregunta cobra especial importancia: el origen del linaje Homo. Shipman dijo haber visto a Bill Kimbel, colega de Johanson, tratar de hacer frente a las implicaciones filogénicas del cráneo Negro. "Al término de una conferencia sobre la evolución del australopitecino, borró los diversos diagramas claros y nítidos, y contempló por un momento el pizarrón. Luego, se volvió hacia la clase, y elevó los brazos al cielo", escribió Shipman. Luego Kimbel decidiría que el linaje Homo procedía del Australopithecus africanus. Johanson y White siguieron sosteniendo que el H o m o procedía directamente del Australopithecus afarensis. Después de considerar diversas alternativas filogénicas y descubrir que los testimonios de todas ellas no eran concluyentes, Shipman declaró: "Podemos afirmar que no tenemos ningún testimonio que nos indique de dónde procede el Homo, y suprimir todos los miembros del género Australopithecus de la familia homínida [...] yo tengo una reacción negativa tan visceral a esta idea, que sospecho que soy incapaz de evaluarla racionalmente. Yo fui criado en la idea de que el Australopithecus era un homínido". Esta es una de las declaraciones más honradas que hayamos oído de un científico de la corriente principal, dedicado a la investigación paleoantropológica. En el análisis precedente, sólo hemos considerado el testimonio generalmente aceptado hoy en día por la mayoría de los científicos. Huelga decir que si también tuviéramos que considerar el testimonio de seres humanos anatómicamente modernos en tiempos muy antiguos, esto complicaría las cosas aún más. Habiendo revisado la historia de los descubrimientos africanos relacionados con la evolución humana, podemos hacer las siguientes observaciones sumarias: 1) hay un considerable conjunto de testimonios de África, que nos sugieren que unos seres que se asemejaban a seres humanos anatómicamente modernos estuvieron presentes durante el Pleistoceno formativo y el Plioceno; 2) la imagen convencional del Australopithecus como bípedo terrestre muy semejante a los seres humanos parece ser falsa; 3) es discutible el status del Australopithecus y del Homo erectus como antepasados del hombre; 4) es discutible el status d e l Homo habilis como especie distinta, y 5) aun limitándonos a los testimonios convencionalmente aceptados, la multiplicidad de propuestos linajes evolutivos entre los homínidos de África presenta un cuadro muy confuso. Combinando estos descubrimientos con los de capítulos anteriores, llegamos a la conclusión de que la evidencia total, incluyendo huesos fósiles y artefactos, es coherente con la idea de que unos seres humanos anatómicamente modernos coexistieron con otros primates durante decenas de millones de años. Diseño de portada: Juan Flores ISBN 968-890-177-6 DERECHOS RESERVADOS © Título original: THE HIDDEN HISTORY OF THE HUMAN RACE Traducción: Juan José Utrilla First edition, 1993 First edition revised, 1996 Copyright © 1996 by Bhaktivedanta Book Trust-International, Inc. All rights reserved. No part of this work may be reprinted in any form or by any means reproduced without permission in writing from the publisher. Published by Bhaktivedanta Book Publishing, Inc. Copyright © 1997 Coedición: Editorial Diana, S.A. de C.V. Edivisión Compañía Editorial, S.A. de C.V. -Roberto Gayol 1219, Colonia Del Valle, México, D.F., C.P.03100. Table of Contents Prólogo Prefacio Introducción y agradecimientos Primera parte EL TESTIMONIO ANÓMALO La canción del León Rojo: Darwin y la evolución del hombre HABLA DARWIN LA APARICIÓN DE LOS HOMÍNIDOS ALGUNOS PRINCIPIOS DE EPISTEMOLOGÍA Huesos incisos y rotos: el principio de la decepción ST. PREST, FRANCIA UN EJEMPLO MODERNO: EL RÍO OLD CROW, CANADÁ EL DESIERTO DE ANZA·BORREGO, CALIFORNIA HUESOS CON INCISIONES ENCONTRADOS EN ITALIA EL RINOCERONTE DE BILLY, FRANCIA COLINA DE SANSAN, FRANCIA PIKERMI, GRECIA COLMILLOS DE TIBURÓN PERFORADOS, DE RED CRAG, INGLATERRA UN HUESO TALLADO DE LOS DARDANELOS, TURQUÍA BALAENOTUS DE MONTE APERTO. ITALIA EL HALITHERIUM DE POUANCÉ. FRANCIA SAN VALENTINO, ITALIA CLERMONT-FERRAND, FRANCIA LA CONCHA TALLADA DEL RED CRAG (Acantilado Rojo), INGLATERRA INSTRUMENTOS DE HUESO DEBAJO DEL RED CRAG, INGLATERRA EL FOSO DEL ELEFANTE DE DEWLISH, INGLATERRA OBSERVACIONES FINALES ACERCA DE HUESOS MODIFICADOS INTENCIONALMENTE Los eolitos: piedras de contención LOS EOLITOS DE LA MESETA DE KENT, INGLATERRA DESCUBRIMIENTOS DE J. REID MOIR EN EAST ANGLIA DOS CÉLEBRES ADVERSARIOS DE LOS EOLITOS EJEMPLOS RECIENTES DE HERRAMIENTAS EOLÍTICAS PROCEDENTES DE AMÉRICA GEORGE CARTER Y EL SITIO DE TEXAS STREET LOUIS LEAKEY Y EL SITIO DE CALICÓ TOCA DA ESPERANCA, BRASIL MONTE VERDE, CHILE HALLAZGOS RECIENTES EN PAKISTÁN SIBERIA Y LA INDIA ¿QUIEN HIZO LAS HERRAMIENTAS EOLÍTICAS? Paleolitos burdos LOS DESCUBRIMIENTOS DE CARLOS RIBEIRO EN PORTUGAL LOS DESCUBRIMIENTOS DE L. BOURGEOIS EN THENAY, FRANCIA HERRAMIENTAS DE AURILLAC, FRANCIA DESCUBRIMIENTOS DE A. RUTOT EN BÉLGICA DESCUBRIMIENTOS DE FREUDENBERG CERCA DE AMBERES EL CENTRO DE ITALIA HERRAMIENTAS DE PIEDRA DE BIRMANIA HERRAMIENTAS DEL RÍO BLACK'S FORK, WYOMING Paleolitos avanzados y neolitos LOS DESCUBRIMIENTOS DE FLORENTINO AMEGHINO EN ARGENTINA HERRAMIENTAS DESCUBIERTAS POR CARLOS AMEGHINO EN MIRAMAR, ARGENTINA INTENTOS PARA DESACREDITAR A CARLOS AMEGHINO MÁS BOLEADORAS Y OBJETOS SIMILARES DESCUBRIMIENTOS EN AMÉRICA DEL NORTE RELATIVAMENTE AVANZADOS SHEGUIANDAH: LA ARQUEOLOGÍA COMO VENGANZA LEWISVILLE Y TIMLIN: LA VENGANZA CONTINÚA HUEYATLACO, MÉXICO LA CUEVA DE SANDIA, NUEVO MÉXICO HERRAMIENTAS NEOLÍTICAS DE LA REGIÓN AURÍFERA DE CALIFORNIA LOS PREJUICIOS EVOLUTIVOS Evidencia de una cultura avanzada en épocas remotas ARTEFACTOS DE AIX-EN-PROVENCE, FRANCIA LETRAS EN UN BLOQUE DE MÁRMOL EN FILADELFIA UN CLAVO EN PIEDRA ARENISCA DEVÓNICA, EN ESCOCIA HILO DE ORO EN UNA PIEDRA CARBONÍFERA, INGLATERRA UN VASO METÁLICO EN ROCA PRECÁMBRICA EN DORCHESTER, MASSACHUSETTS UNA BOLA DE YESO TERCIARIO DE LAON, FRANCIA OBJETOS DESCUBIERTOS EN LA PERFORACIÓN DE POZOS EN ILLINOIS UNA IMAGEN DE BARRO DE NAMPA, IDAHO UNA CADENA DE ORO EN UNA ZONA CARBONÍFERA DE MORRISONVILLE, ILLINOIS PIEDRA TALLADA DE LA MINA DE CARBÓN DE LEHIGH, CERCA DE WEBSTER, IOWA UNA COPA DE ACERO DE UNA MINA DE CARBÓN DE OKLAHOMA LA SUELA DE UN ZAPATO, EN NEVADA UNA PARED EN UNA MINA DE OKLAHOMA TUBOS METÁLICOS EN TIZA, EN FRANCIA LA HUELLA DE UN ZAPATO EN ESQUISTO DE UTAH UNA ESFERA ACANALADA DE SUDÁFRICA Restos anómalos de esqueletos humanos EL FÉMUR DE TRENTON EL ESQUELETO DE GALLEY HILL LA MANDÍBULA DE MOULIN QUIGNON MOULIN QUIGNON. ACTUALIZACIÓN EL ESQUELETO DE CLICHY LOS FRAGMENTOS DE UN CRÁNEO EN LA DENISE EL ESQUELETO DE IPSWICH TERRA AMATA EL CRÁNEO DE BUENOS AIRES ¿UN HOMO ERECTUS SUDAMERICANO? LA MANDÍBULA DE FOXHALL LOS ESQUELETOS DE CASTENEDOLO EL ESQUELETO DE SAVONA LA VÉRTEBRA DE MONTE HERMOSO LA MANDÍBULA DE MIRAMAR EL CRÁNEO DE CALAVERAS MÁS FÓSILES HUMANOS DE LA REGIÓN DEL ORO EN CALIFORNIA DESCUBRIMIENTOS ANTIQUÍSIMOS EN EUROPA ANOMALÍAS EXTREMAS Segunda parte LOS TESTIMONIOS ACEPTADOS El hombre de Java EUGENE DUBOIS Y EL PITECANTROPO LA EXPEDICIÓN DE SELENKA DUBOIS SE RETIRA DE LA BATALLA MÁS FÉMURES ¿SON LOS FÉMURES DE TRINIL DE HUMANOS MODERNOS? LA MANDÍBULA DE HEIDELBERG OTROS DESCUBRIMIENTOS DEL HOMBRE DE JAVA REALIZADOS POR VON KOENIGSWALD LA FUNCIÓN DE LA INSTITUCIÓN CARNEGIE DE REGRESO A JAVA DESCUBRIMIENTOS POSTERIORES EN JAVA DATACIÓN QUÍMICA Y RADIOMÉTRICA DE LOS DESCUBRIMIENTOS DE JAVA PRESENTACIONES ENGAÑOSAS DE TESTIMONIOS DEL HOMBRE DE JAVA El debate de Piltdown DAWSON DESCUBRE UN CRÁNEO ¿DESENMASCARAMIENTO DE UNA FALSIFICACIÓN? IDENTIFICACIÓN DEL CULPABLE El hombre de Beijing y otros descubrimientos en China ZHOUKOUDIÁN DAVIDSON BLACK TRANSFORMACIÓN DE LA FUNDACIÓN ROCKEFELLER DESCUBRIMIENTO HISTÓRICO Y CAMPAÑA A SANGRE FRÍA FUEGO Y HERRAMIENTAS EN ZHOUKOUDIÁN SEÑALES DE CANIBALISMO LOS FÓSILES DESAPARECEN UN CASO DE IMPROBIDAD INTELECTUAL DATACIÓN POR MORFOLOGÍA NUEVOS DESCUBRIMIENTOS EN CHINA ¿Viven los hombres-mono? CRIPTOZOOLOGÍA LOS HOMBRES SALVAJES DE EUROPA EL NOROESTE DE ESTADOS UNIDOS AMÉRICA CENTRAL Y AMÉRICA DEL SUR YETI: EL HOMBRE SALVAJE DEL HIMALAYA EL ALMAS DE ASIA CENTRAL HOMBRES SALVAJES DE CHINA HOMBRES SALVAJES DE MALASIA Y DE INDONESIA ÁFRICA CORRIENTE PRINCIPAL DE LA CIENCIA E INFORMES SOBRE HOMBRES SALVAJES De África siempre sale algo nuevo EL ESQUELETO DE RECK LOS CRÁNEOS DE KANJERA Y LA MANDÍBULA DE KANAM EL NACIMIENTO DEL AUSTRALOPITHECUS ZINJANTHROPUS HOMO HABILIS HISTORIA DE DOS HÚMEROS LOS DESCUBRIMIENTOS DE RICHARD LEAKEY EL ASTRÁGALO ER 813 OH 62: ¿NOS HARÁ FAVOR DE PONERSE EN PIE EL AUTÉNTICO HOMO HABILIS? LA CRÍTICA DE OXNARD AL AUSTRALOPITHECUS LUCY EN LA ARENA CON DIATRIBAS A. AFARENSIS: ¿DEMASIADO HUMANIZADO? LAS HUELLAS DE LAETOLI CRÁNEO NEGRO, IDEAS NEGRAS Table of Contents Prólogo Prefacio Introducción y agradecimientos Primera parte EL TESTIMONIO ANÓMALO La canción del León Rojo: Darwin y la evolución del hombre HABLA DARWIN LA APARICIÓN DE LOS HOMÍNIDOS ALGUNOS PRINCIPIOS DE EPISTEMOLOGÍA Huesos incisos y rotos: el principio de la decepción ST. PREST, FRANCIA UN EJEMPLO MODERNO: EL RÍO OLD CROW, CANADÁ EL DESIERTO DE ANZA·BORREGO, CALIFORNIA HUESOS CON INCISIONES ENCONTRADOS EN ITALIA EL RINOCERONTE DE BILLY, FRANCIA COLINA DE SANSAN, FRANCIA PIKERMI, GRECIA COLMILLOS DE TIBURÓN PERFORADOS, DE RED CRAG, INGLATERRA UN HUESO TALLADO DE LOS DARDANELOS, TURQUÍA BALAENOTUS DE MONTE APERTO. ITALIA EL HALITHERIUM DE POUANCÉ. FRANCIA SAN VALENTINO, ITALIA CLERMONT-FERRAND, FRANCIA LA CONCHA TALLADA DEL RED CRAG (Acantilado Rojo), INGLATERRA INSTRUMENTOS DE HUESO DEBAJO DEL RED CRAG, INGLATERRA EL FOSO DEL ELEFANTE DE DEWLISH, INGLATERRA OBSERVACIONES FINALES ACERCA DE HUESOS MODIFICADOS INTENCIONALMENTE Los eolitos: piedras de contención LOS EOLITOS DE LA MESETA DE KENT, INGLATERRA DESCUBRIMIENTOS DE J. REID MOIR EN EAST ANGLIA DOS CÉLEBRES ADVERSARIOS DE LOS EOLITOS EJEMPLOS RECIENTES DE HERRAMIENTAS EOLÍTICAS PROCEDENTES DE AMÉRICA GEORGE CARTER Y EL SITIO DE TEXAS STREET LOUIS LEAKEY Y EL SITIO DE CALICÓ TOCA DA ESPERANCA, BRASIL MONTE VERDE, CHILE HALLAZGOS RECIENTES EN PAKISTÁN SIBERIA Y LA INDIA ¿QUIEN HIZO LAS HERRAMIENTAS EOLÍTICAS? Paleolitos burdos LOS DESCUBRIMIENTOS DE CARLOS RIBEIRO EN PORTUGAL LOS DESCUBRIMIENTOS DE L. BOURGEOIS EN THENAY, FRANCIA HERRAMIENTAS DE AURILLAC, FRANCIA DESCUBRIMIENTOS DE A. RUTOT EN BÉLGICA DESCUBRIMIENTOS DE FREUDENBERG CERCA DE AMBERES EL CENTRO DE ITALIA HERRAMIENTAS DE PIEDRA DE BIRMANIA HERRAMIENTAS DEL RÍO BLACK'S FORK, WYOMING Paleolitos avanzados y neolitos LOS DESCUBRIMIENTOS DE FLORENTINO AMEGHINO EN ARGENTINA HERRAMIENTAS DESCUBIERTAS POR CARLOS AMEGHINO EN MIRAMAR, ARGENTINA INTENTOS PARA DESACREDITAR A CARLOS AMEGHINO MÁS BOLEADORAS Y OBJETOS SIMILARES DESCUBRIMIENTOS EN AMÉRICA DEL NORTE RELATIVAMENTE AVANZADOS SHEGUIANDAH: LA ARQUEOLOGÍA COMO VENGANZA LEWISVILLE Y TIMLIN: LA VENGANZA CONTINÚA HUEYATLACO, MÉXICO LA CUEVA DE SANDIA, NUEVO MÉXICO HERRAMIENTAS NEOLÍTICAS DE LA REGIÓN AURÍFERA DE CALIFORNIA LOS PREJUICIOS EVOLUTIVOS Evidencia de una cultura avanzada en épocas remotas ARTEFACTOS DE AIX-EN-PROVENCE, FRANCIA LETRAS EN UN BLOQUE DE MÁRMOL EN FILADELFIA UN CLAVO EN PIEDRA ARENISCA DEVÓNICA, EN ESCOCIA HILO DE ORO EN UNA PIEDRA CARBONÍFERA, INGLATERRA UN VASO METÁLICO EN ROCA PRECÁMBRICA EN DORCHESTER, MASSACHUSETTS UNA BOLA DE YESO TERCIARIO DE LAON, FRANCIA OBJETOS DESCUBIERTOS EN LA PERFORACIÓN DE POZOS EN ILLINOIS UNA IMAGEN DE BARRO DE NAMPA, IDAHO UNA CADENA DE ORO EN UNA ZONA CARBONÍFERA DE MORRISONVILLE, ILLINOIS PIEDRA TALLADA DE LA MINA DE CARBÓN DE LEHIGH, CERCA DE WEBSTER, IOWA UNA COPA DE ACERO DE UNA MINA DE CARBÓN DE OKLAHOMA LA SUELA DE UN ZAPATO, EN NEVADA UNA PARED EN UNA MINA DE OKLAHOMA TUBOS METÁLICOS EN TIZA, EN FRANCIA LA HUELLA DE UN ZAPATO EN ESQUISTO DE UTAH UNA ESFERA ACANALADA DE SUDÁFRICA Restos anómalos de esqueletos humanos EL FÉMUR DE TRENTON EL ESQUELETO DE GALLEY HILL LA MANDÍBULA DE MOULIN QUIGNON MOULIN QUIGNON. ACTUALIZACIÓN EL ESQUELETO DE CLICHY LOS FRAGMENTOS DE UN CRÁNEO EN LA DENISE EL ESQUELETO DE IPSWICH TERRA AMATA EL CRÁNEO DE BUENOS AIRES ¿UN HOMO ERECTUS SUDAMERICANO? LA MANDÍBULA DE FOXHALL LOS ESQUELETOS DE CASTENEDOLO EL ESQUELETO DE SAVONA LA VÉRTEBRA DE MONTE HERMOSO LA MANDÍBULA DE MIRAMAR EL CRÁNEO DE CALAVERAS MÁS FÓSILES HUMANOS DE LA REGIÓN DEL ORO EN CALIFORNIA DESCUBRIMIENTOS ANTIQUÍSIMOS EN EUROPA ANOMALÍAS EXTREMAS Segunda parte LOS TESTIMONIOS ACEPTADOS El hombre de Java EUGENE DUBOIS Y EL PITECANTROPO LA EXPEDICIÓN DE SELENKA DUBOIS SE RETIRA DE LA BATALLA MÁS FÉMURES ¿SON LOS FÉMURES DE TRINIL DE HUMANOS MODERNOS? LA MANDÍBULA DE HEIDELBERG OTROS DESCUBRIMIENTOS DEL HOMBRE DE JAVA REALIZADOS POR VON KOENIGSWALD LA FUNCIÓN DE LA INSTITUCIÓN CARNEGIE DE REGRESO A JAVA DESCUBRIMIENTOS POSTERIORES EN JAVA DATACIÓN QUÍMICA Y RADIOMÉTRICA DE LOS DESCUBRIMIENTOS DE JAVA PRESENTACIONES ENGAÑOSAS DE TESTIMONIOS DEL HOMBRE DE JAVA El debate de Piltdown DAWSON DESCUBRE UN CRÁNEO ¿DESENMASCARAMIENTO DE UNA FALSIFICACIÓN? IDENTIFICACIÓN DEL CULPABLE El hombre de Beijing y otros descubrimientos en China ZHOUKOUDIÁN DAVIDSON BLACK TRANSFORMACIÓN DE LA FUNDACIÓN ROCKEFELLER DESCUBRIMIENTO HISTÓRICO Y CAMPAÑA A SANGRE FRÍA FUEGO Y HERRAMIENTAS EN ZHOUKOUDIÁN SEÑALES DE CANIBALISMO LOS FÓSILES DESAPARECEN UN CASO DE IMPROBIDAD INTELECTUAL DATACIÓN POR MORFOLOGÍA NUEVOS DESCUBRIMIENTOS EN CHINA ¿Viven los hombres-mono? CRIPTOZOOLOGÍA LOS HOMBRES SALVAJES DE EUROPA EL NOROESTE DE ESTADOS UNIDOS AMÉRICA CENTRAL Y AMÉRICA DEL SUR YETI: EL HOMBRE SALVAJE DEL HIMALAYA EL ALMAS DE ASIA CENTRAL HOMBRES SALVAJES DE CHINA HOMBRES SALVAJES DE MALASIA Y DE INDONESIA ÁFRICA CORRIENTE PRINCIPAL DE LA CIENCIA E INFORMES SOBRE HOMBRES SALVAJES De África siempre sale algo nuevo EL ESQUELETO DE RECK LOS CRÁNEOS DE KANJERA Y LA MANDÍBULA DE KANAM EL NACIMIENTO DEL AUSTRALOPITHECUS ZINJANTHROPUS HOMO HABILIS HISTORIA DE DOS HÚMEROS LOS DESCUBRIMIENTOS DE RICHARD LEAKEY EL ASTRÁGALO ER 813 OH 62: ¿NOS HARÁ FAVOR DE PONERSE EN PIE EL AUTÉNTICO HOMO HABILIS? LA CRÍTICA DE OXNARD AL AUSTRALOPITHECUS LUCY EN LA ARENA CON DIATRIBAS A. AFARENSIS: ¿DEMASIADO HUMANIZADO? LAS HUELLAS DE LAETOLI CRÁNEO NEGRO, IDEAS NEGRAS
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Table of Contents

Prólogo
Prefacio
Introducción y agradecimientos
Primera parte EL TESTIMONIO ANÓMALO
La canción del León Rojo: Darwin y la evolución del hombre
HABLA DARWIN
LA APARICIÓN DE LOS HOMÍNIDOS
ALGUNOS PRINCIPIOS DE EPISTEMOLOGÍA
Huesos incisos y rotos: el principio de la decepción
ST. PREST, FRANCIA
UN EJEMPLO MODERNO: EL RÍO OLD CROW, CANADÁ
EL DESIERTO DE ANZA·BORREGO, CALIFORNIA
HUESOS CON INCISIONES ENCONTRADOS EN ITALIA
EL RINOCERONTE DE BILLY, FRANCIA
COLINA DE SANSAN, FRANCIA
PIKERMI, GRECIA
COLMILLOS DE TIBURÓN PERFORADOS, DE RED CRAG, INGLATERRA
UN HUESO TALLADO DE LOS DARDANELOS, TURQUÍA
BALAENOTUS DE MONTE APERTO. ITALIA
EL HALITHERIUM DE POUANCÉ. FRANCIA
SAN VALENTINO, ITALIA
CLERMONT-FERRAND, FRANCIA
LA CONCHA TALLADA DEL RED CRAG (Acantilado Rojo), INGLATERRA
INSTRUMENTOS DE HUESO DEBAJO DEL RED CRAG, INGLATERRA
EL FOSO DEL ELEFANTE DE DEWLISH, INGLATERRA
OBSERVACIONES FINALES ACERCA DE HUESOS MODIFICADOS
INTENCIONALMENTE
Los eolitos: piedras de contención
LOS EOLITOS DE LA MESETA DE KENT, INGLATERRA
DESCUBRIMIENTOS DE J. REID MOIR EN EAST ANGLIA
DOS CÉLEBRES ADVERSARIOS DE LOS EOLITOS
EJEMPLOS
RECIENTES
DE
HERRAMIENTAS
EOLÍTICAS
PROCEDENTES DE AMÉRICA
GEORGE CARTER Y EL SITIO DE TEXAS STREET
LOUIS LEAKEY Y EL SITIO DE CALICÓ
TOCA DA ESPERANCA, BRASIL
MONTE VERDE, CHILE
HALLAZGOS RECIENTES EN PAKISTÁN
SIBERIA Y LA INDIA
¿QUIEN HIZO LAS HERRAMIENTAS EOLÍTICAS?
Paleolitos burdos
LOS DESCUBRIMIENTOS DE CARLOS RIBEIRO EN PORTUGAL
LOS DESCUBRIMIENTOS DE L. BOURGEOIS EN THENAY, FRANCIA
HERRAMIENTAS DE AURILLAC, FRANCIA

DESCUBRIMIENTOS DE A. RUTOT EN BÉLGICA
DESCUBRIMIENTOS DE FREUDENBERG CERCA DE AMBERES
EL CENTRO DE ITALIA
HERRAMIENTAS DE PIEDRA DE BIRMANIA
HERRAMIENTAS DEL RÍO BLACK'S FORK, WYOMING
Paleolitos avanzados y neolitos
LOS DESCUBRIMIENTOS DE FLORENTINO AMEGHINO EN ARGENTINA
HERRAMIENTAS DESCUBIERTAS POR CARLOS AMEGHINO EN
MIRAMAR, ARGENTINA
INTENTOS PARA DESACREDITAR A CARLOS AMEGHINO
MÁS BOLEADORAS Y OBJETOS SIMILARES
DESCUBRIMIENTOS EN AMÉRICA DEL NORTE RELATIVAMENTE
AVANZADOS
SHEGUIANDAH: LA ARQUEOLOGÍA COMO VENGANZA
LEWISVILLE Y TIMLIN: LA VENGANZA CONTINÚA
HUEYATLACO, MÉXICO
LA CUEVA DE SANDIA, NUEVO MÉXICO
HERRAMIENTAS NEOLÍTICAS DE LA REGIÓN AURÍFERA DE
CALIFORNIA
LOS PREJUICIOS EVOLUTIVOS
Evidencia de una cultura avanzada en épocas remotas
ARTEFACTOS DE AIX-EN-PROVENCE, FRANCIA
LETRAS EN UN BLOQUE DE MÁRMOL EN FILADELFIA
UN CLAVO EN PIEDRA ARENISCA DEVÓNICA, EN ESCOCIA
HILO DE ORO EN UNA PIEDRA CARBONÍFERA, INGLATERRA
UN VASO METÁLICO EN ROCA PRECÁMBRICA EN DORCHESTER,
MASSACHUSETTS
UNA BOLA DE YESO TERCIARIO DE LAON, FRANCIA
OBJETOS DESCUBIERTOS EN LA PERFORACIÓN DE POZOS EN
ILLINOIS
UNA IMAGEN DE BARRO DE NAMPA, IDAHO
UNA CADENA DE ORO EN UNA ZONA CARBONÍFERA DE
MORRISONVILLE, ILLINOIS
PIEDRA TALLADA DE LA MINA DE CARBÓN DE LEHIGH, CERCA DE
WEBSTER, IOWA
UNA COPA DE ACERO DE UNA MINA DE CARBÓN DE OKLAHOMA
LA SUELA DE UN ZAPATO, EN NEVADA
UNA PARED EN UNA MINA DE OKLAHOMA
TUBOS METÁLICOS EN TIZA, EN FRANCIA
LA HUELLA DE UN ZAPATO EN ESQUISTO DE UTAH
UNA ESFERA ACANALADA DE SUDÁFRICA
Restos anómalos de esqueletos humanos
EL FÉMUR DE TRENTON
EL ESQUELETO DE GALLEY HILL
LA MANDÍBULA DE MOULIN QUIGNON
MOULIN QUIGNON. ACTUALIZACIÓN
EL ESQUELETO DE CLICHY
LOS FRAGMENTOS DE UN CRÁNEO EN LA DENISE

EL ESQUELETO DE IPSWICH
TERRA AMATA
EL CRÁNEO DE BUENOS AIRES
¿UN HOMO ERECTUS SUDAMERICANO?
LA MANDÍBULA DE FOXHALL
LOS ESQUELETOS DE CASTENEDOLO
EL ESQUELETO DE SAVONA
LA VÉRTEBRA DE MONTE HERMOSO
LA MANDÍBULA DE MIRAMAR
EL CRÁNEO DE CALAVERAS
MÁS FÓSILES HUMANOS DE LA REGIÓN DEL ORO EN CALIFORNIA
DESCUBRIMIENTOS ANTIQUÍSIMOS EN EUROPA
ANOMALÍAS EXTREMAS
Segunda parte LOS TESTIMONIOS ACEPTADOS
El hombre de Java
EUGENE DUBOIS Y EL PITECANTROPO
LA EXPEDICIÓN DE SELENKA
DUBOIS SE RETIRA DE LA BATALLA
MÁS FÉMURES
¿SON LOS FÉMURES DE TRINIL DE HUMANOS MODERNOS?
LA MANDÍBULA DE HEIDELBERG
OTROS DESCUBRIMIENTOS DEL HOMBRE DE JAVA REALIZADOS POR
VON KOENIGSWALD
LA FUNCIÓN DE LA INSTITUCIÓN CARNEGIE
DE REGRESO A JAVA
DESCUBRIMIENTOS POSTERIORES EN JAVA
DATACIÓN QUÍMICA Y RADIOMÉTRICA DE LOS DESCUBRIMIENTOS DE
JAVA
PRESENTACIONES ENGAÑOSAS DE TESTIMONIOS DEL HOMBRE DE
JAVA
El debate de Piltdown
DAWSON DESCUBRE UN CRÁNEO
¿DESENMASCARAMIENTO DE UNA FALSIFICACIÓN?
IDENTIFICACIÓN DEL CULPABLE
El hombre de Beijing y otros descubrimientos en China
ZHOUKOUDIÁN
DAVIDSON BLACK
TRANSFORMACIÓN DE LA FUNDACIÓN ROCKEFELLER
DESCUBRIMIENTO HISTÓRICO Y CAMPAÑA A SANGRE FRÍA
FUEGO Y HERRAMIENTAS EN ZHOUKOUDIÁN
SEÑALES DE CANIBALISMO
LOS FÓSILES DESAPARECEN
UN CASO DE IMPROBIDAD INTELECTUAL
DATACIÓN POR MORFOLOGÍA
NUEVOS DESCUBRIMIENTOS EN CHINA
¿Viven los hombres-mono?
CRIPTOZOOLOGÍA
LOS HOMBRES SALVAJES DE EUROPA

EL NOROESTE DE ESTADOS UNIDOS
AMÉRICA CENTRAL Y AMÉRICA DEL SUR
YETI: EL HOMBRE SALVAJE DEL HIMALAYA
EL ALMAS DE ASIA CENTRAL
HOMBRES SALVAJES DE CHINA
HOMBRES SALVAJES DE MALASIA Y DE INDONESIA
ÁFRICA
CORRIENTE PRINCIPAL DE LA CIENCIA E INFORMES SOBRE
HOMBRES SALVAJES
De África siempre sale algo nuevo
EL ESQUELETO DE RECK
LOS CRÁNEOS DE KANJERA Y LA MANDÍBULA DE KANAM
EL NACIMIENTO DEL AUSTRALOPITHECUS
ZINJANTHROPUS
HOMO HABILIS
HISTORIA DE DOS HÚMEROS
LOS DESCUBRIMIENTOS DE RICHARD LEAKEY
EL ASTRÁGALO ER 813
OH 62: ¿NOS HARÁ FAVOR DE PONERSE EN PIE EL AUTÉNTICO HOMO
HABILIS?
LA CRÍTICA DE OXNARD AL AUSTRALOPITHECUS
LUCY EN LA ARENA CON DIATRIBAS
A. AFARENSIS: ¿DEMASIADO HUMANIZADO?
LAS HUELLAS DE LAETOLI
CRÁNEO NEGRO, IDEAS NEGRAS

Comentarios a la edición no abreviada de
La historia oculta de la especie humana
por Michael Cremo y Richard Thompson

"¡Qué denuncia! No sabía yo que había tantos sitios y tantos datos que no embonan en
los conceptos modernos de la evolución humana... predigo que este libro se volverá un clásico
de la oposición."
Doctora Virginia Steen-McIntyre, geóloga

"Han efectuado ustedes una labor maravillosa, y los felicito. Gracias por este magnífico
libro de referencia."
Doctor George Carter, arqueólogo

"Michael Cremo, investigador de la historia y de la filosofía de la ciencia, y Richard
Thompson, matemático, desafían las opiniones predominantes sobre los orígenes y la
antiguedad del hombre. Este volumen combina una gran cantidad de testimonios, tanto
aceptados como discutidos, de los registros arqueológicos, con críticas sociológicas, filosóficas

e históricas del método científico, para desafiar las opiniones aceptadas y exponer la supresión
de información sobre la historia y los orígenes del hombre."
Journal of Field Archeology

"Su libro es pura patraña, y sólo un loco podría tomarlo en serio. Por desgracia, existen
algunos, pero eso es parte de la selección, y no hay nada que se pueda hacer."
Richard Leakey, antropólogo

"Hacer que los seres humanos modernos... aparecieran mucho antes, de hecho, en un
tiempo que ni siquiera los primates simples existían como posibles antepasados, resultaría
devastador no sólo para la pauta aceptada. Resultaría devastador para toda la teoría de la
evolución."
W. W. Howells, antropólogo físico

LA

HISTORIA
OCULTA
DE LA

ESPECIE
HUMANA

Michael A. Cremo
Richard L. Thompson

Dedicado a
Su Divina Gracia

.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada om ajñana-timirandhasya jñananjana-salakaya caksur unmilitam yena tasmai sri-gurave namah.A.

pero que no embonan en el modelo. La labor detectivesca necesaria para desenterrar estos testimonios fue impresionante. los periódicos informaron del refechamiento de un fragmento de cráneo descubierto en Java y atribuido al Homo erectus. Han desaparecido los testimonios que les habrían dado crédito. mucho más.8 millones de años. la hipótesis de la "Eva mitocondriaca" fue presentada al público virtualmente como un hecho. dedicada al lector lego. de que la especie humana tiene una gran antigüedad. ha quedado envuelta en niebla. Testimonios de esta índole podían recibir gran publicidad porque aunque frustran las expectativas de algunos paleoantropólogos. A la postre. Según nos dicen Michael Cremo y Richard Thompson. Muy pronto desaparecen de la bibliografía. El resultado de esto es que es virtualmente imposible que obtengan crédito las interpretaciones rivales de la temprana historia humana. por dudar de la competencia del descubridor y. como todos los demás seres humanos. El fósil. emocionan a otros y no amenazan en forma fundamental la coherencia del panorama aceptado de la evolución humana. hoy. se pasan por alto o incluso se suprimen. lo importante no es por qué los investigadores fueron movidos a buscar cierto tipo de evidencia. puedan verse motivados a estudiar la presentación mucho más detallada que se hace de los mismos testimonios en el volumen original. Cremo y Thompson hicieron una asombrosa descripción de algunos de los testimonios que en un tiempo conoció la ciencia.Prólogo La prehistoria humana es algo sobre lo que nadie debiera ser dogmático. ¿qué pasaría si un fósil humano aparentemente moderno fuese descubierto en sedimentos fechados 2 millones de años atrás? ¿Se daría crédito a tan asombroso descubrimiento? Posiblemente habría una presión irresistible por modificar esa fecha. y los autores informaron de lo que habían descubierto y cómo lo habían hecho. Sólo unos cuantos días antes de que yo escribiera estas palabras. Y esto porque hay una doble norma que se aplica al evaluar los testimonios. Los testimonios de los primeros humanos o de sus herramientas son pronto aceptados si embonan en el modelo ortodoxo de la evolución humana. pero tampoco creo que sea ningún desprestigio el tener una visión religiosa expuesta con toda sinceridad. que merecen ser tomados en serio. y al cabo de unas cuantas generaciones son casi tan invisibles como si nunca hubiesen existido. Los autores reconocen con toda franqueza sus motivos para apoyar la idea. con el tiempo. Yo no comparto su religión ni sus motivos. Pero otros testimonios no menos dignos de confianza. por reatribuir el fósil a alguna especie prehumana. arraigada en la literatura védica de la India. por olvidarse de todo el asunto. con tan minucioso detalle y con tan profundo análisis. Por desgracia. relativamente pocos profesionales de la ciencia estan dispuestos a considerar siquiera los testimonios que alteran las opiniones prevalecientes y que vienen de una fuente que no procede de la corriente académica principal. probablemente dañará la verdad si no se le reconoce como tendencia. algo similar ha ocurrido antes con mucha frecuencia. y que. y el materialismo dogmático que domina el pensamiento de muchos científicos de la corriente principal. hubiese emigrado de África. Esta obra presenta un resumen de la obra más extensa. Pero. tienen sus motivos y sus tendencias que pueden nublar su juicio. si no s i descubrieron algo digno de ser informado y digno de ser tomado en serio por la . Hace algunos años. En su extensa obra intitulada Forbidden Archaeology (Arqueología prohibida). al parecer coloca esta especie ancestral en Asia mucho antes de que. al que ahora se le atribuye una antigüedad de 1. Los científicos. entonces. pero que han desaparecido del panorama debido al "filtro del conocimiento" que protege al paradigma imperante. se suponía. y espero que atraerá la atención de los científicos imparciales.

No estoy escribiendo este prólogo para confirmar sus descubrimientos. Phillip E. a quienes les alegraría tener la oportunidad de examinar unos testimonios que no se incluyen en los libros de texto y en los artículos de las revistas de que disponen en sus clases universitarias o en sus cursos para graduados. Mucho me gustaría ver si los testimonios que nos ofrece pueden soportar un imparcial escrutinio de los lectores mejor informados. Cremo y Thompson han mostrado testimonios muy dignos de seria consideración. que se lee con gran emoción. Johnson Escuela de Derecho Universidad de California en Berkeley Autor de Darwin on Trial . sino para alentar a los estudiosos serios del tema a considerarlo de una manera imparcial. Se trata de un libro muy interesante.comunidad científica. Por lo que yo puedo juzgar.

representa un desafío para muchos lectores. en Forbidden Archeology. Michael A. Thompson y yo decidimos publicar La historia oculta de la especie humana en versión mas breve. Richard L. California 26 de marzo de 1994 . en La historia oculta de la especie humana simplemente decimos que un sitio se atribuye al Plioceno tardío. Cremo Pacific Beach. Por ejemplo. Sin embargo. más amena y más fácil de conseguir que Forbidden Archeology. Faltan las citas bibliográficas del texto y algunos análisis detallados de los aspectos geológicos y anatómicos de muchos casos. Por tanto. hemos hecho tanto un análisis detallado de por qué es así como presentado muchas referencias de informes geológicos técnicos. pasados y presentes. La historia oculta de la especie humana contiene casi todos los ejemplos analizados en Forbidden Archeology. en cambio.Prefacio La edición no abreviada de Forbidden Archeology tiene 952 páginas.

.

Mary Leakey y otros afirmaron que estas huellas no se distinguían de las de los modernos seres humanos. y por muy buenas razones. son bastante recientes. coexistieron con unos seres más simiescos. Holmes. Sin embargo. Whitney. esto sólo significaba que los antepasados humanos de hace 3. Richard Thompson y yo. que se suelen citar en favor de las actuales ideas acerca de la evolución humana. en el África oriental. Tuttle confesó que "nos encontramos con una especie de misterio". en detalle. Pero según otros científicos. H. Para esos científicos. W. Y por muy intrigante que pueda ser esta posibilidad arqueológica. J. Y cuando hablamos de supresión de pruebas. Pero otros muchos fueron registrados por hombres de ciencia en el siglo XIX y comienzos del siglo XX. compilamos un extenso cuerpo de testimonios que pone en duda las actuales teorías sobre la evolución humana. muy discutibles. escribió: "Tal vez si el profesor Whitney hubiese apreciado cabalmente la historia de . D. bajo densas capas subterráneas de lava. Tanzania.6 millones de años de antigüedad. aunque sean cualitativa y cuantitativamente equivalentes a los testimonios que favorecen las ideas hoy aceptadas sobre los orígenes humanos. publicó una extensa revisión de avanzadas herramientas de piedra descubiertas en unas minas de oro de California. que incluían puntas de lanza y morteros y almireces de piedra. Parte de estos testimonios. existieron hace unos 3. Sin embargo. En la primera parte de La historia oculta de la especie humana. las actuales ideas acerca de la evolución humana la proscriben. como puede verse en la ilustración de la página anterior. supuestamente definitivos. los fósiles de huesos del pie de los australopitesinos conocidos de hace 3. con la ayuda de nuestro investigador Stephen Bernath. de la Universidad de Chicago. de acuerdo con sus pies humanos anatómicamente modernos. H. hemos concluido que la calidad de este testimonio tan controvertible no es mejor ni peor que los testimonios. no estamos refiriéndonos a unos conspirado res de la ciencia que formaran un complot satánico para engañar al público. En 1880. Narramos. Estas herramientas. analizamos la gran cantidad de testimonios. En un artículo que apareció en el número de marzo de 1990 de Natural History. estamos hablando de un continuado proceso social de filtración del conocimiento que parece absolutamente inofensivo.6 millones de años muestran que sus pies eran claramente simiescos. descubrieron huellas de pies en unos depósitos de ceniza volcánica que tenían más de 3. pero que llega a tener un considerable efecto acumulativo. Tuttle. cómo estas pruebas han sido sistemáticamente suprimidas. que contradicen las ideas actuales acerca de la evolución humana. Sin considerar siquiera este antiguo cuerpo de testimonios. en formaciones que iban de 9 a más de 55 millones de años de antigüedad. pasadas por alto u olvidadas. fueron descubiertas en lo profundo de algunos pozos de las minas. geólogo del estado de California. algunos supondrán que tiene que haber algo erróneo en él: y por ello convenientemente los científicos lo suprimieron hace mucho tiempo.Introducción y agradecimientos En 1979. Tal vez.6 millones de años tenían unos pies notablemente modernos. parece lícito considerar una posibilidad que ni Tuttle ni Leakey mencionaron: que unos seres con cuerpos anatómicamente modernos. injustificadamente. En cambio. como el antropológo físico R. Por tanto. Esta pauta de supresión de datos se viene dando desde hace ya mucho tiempo. eran incompatibles con las huellas descubiertas en Laetoli. Pero de 1984 a 1992. como las huellas de Laetoli. en nuestra opinión.6 millones de años en el África oriental. Richard y yo hemos considerado extensamente esa posibilidad. y uno de los críticos más elocuentes de los descubrimientos de California. Ciertas categorías de testimonios simplemente desaparecen. unos investigadores que trabajaban en Laetoli. de la Institución Smithsoniana.

El geólogo John Sanford. a pesar de los incontables testimonios que se le opusieron". China. si los hechos no concuerdan con la teoría predilecta. eran seres en parte arborícolas. En la segunda parte también consideramos la posible coexistencia de homínidos primitivos y de seres humanos anatómicamente modernos. América Central y América del Sur se les dan otros nombres. analizamos el cuerpo de testimonios aceptados que suele emplearse en apoyo de las ideas hoy dominantes acerca de la evolución humana. También han catalogado miles de informes de personas comunes y corrientes que . Australopithecus. Además del proceso general de filtración del conocimiento. que había propuesto publicar una monografía sobre el sitio. Pero otros investigadores han planteado un argumento convincente en favor de un concepto radicalmente distinto del Australopithecus. los australopitecinos eran muy parecidos a los monos. en un esfuerzo por adueñarse de seis especímenes de Sheguiandah que no habían quedado ocultos. Casi todos los antropólogos dicen que el Australopithecus fue un antepasado humano. parece haber casos de supresión más directa. Para quienes se atienen a las ideas tradicionales sobre la prehistoria de América del Norte. Había que acallar aquello. por negarse a despedir a su descubridor. Algunos investigadores utilizan el término general wildmen [hombres salvajes] para incluirlos a todos. en la isla de Manitoulin. los científicos han acumulado testimonios sugerentes de que unos seres parecidos a los humanos y similares al Gigantopithecus. se movilizaron puestos oficiales de prestigio y poder. sin ninguna conexión directa con el linaje evolutivo humano. y una actitud y un paso de bípedo. Habría obligado a reescribir casi todos los libros sobre el tema.la evolución humana. entonces esos hechos. Homo erectus y a los de Neanderthal viven en varias zonas del mundo. En África. del Museo Nacional de Canadá. Este proceso de filtración del conocimiento lleva en acción más de un siglo y continúa hasta la actualidad. Lee. su testimonio fue falseado por varios autores célebres. no sólo en el remoto pasado sino también en la actualidad. Lee: "El descubridor del sitio [Lee] fue expulsado de su puesto en el servicio civil. Esto apoya el primer argumento que estoy tratando de establecer en La historia oculta de la especie humana. Thomas E. arguyó que las más antiguas herramientas de Sheguiandah tenían al menos 65 000 años de antigüedad. tales edades eran inaceptables. deberán ser desechados. Se quejó Thomas E. similar al humano. o huellas de sus pies. Examinamos especialmente la posición del Australopithecus.. un cuerpo parecido al humano. tal vez hasta 125000 años. muertos. y el sitio se convirtió en un lugar de atracción para turistas. fue cesado y obligado al exilio. En Asia Central se les llama "Almas". en el norte del lago Hurón. con una cabeza simiesca. el director del Museo Nacional. para caer en un prolongado desempleo.. de la Universidad Estatal Wayne. En el último siglo. que desecha los testimonios no convenientes. Hombres de ciencia y médicos dicen haber visto wildmen vivos.. A comienzos del decenio de 1950. se le impidió publicar. a saber: que en la comunidad científica existe un filtro del conocimiento. lo de Sheguiandah habría obligado a hacer unos embarazosos reconocimientos de que los sabios no lo saben todo. tal como hoy se le comprende. En otras palabras. Según estos investigadores. habría vacilado antes de anunciar las conclusiones formuladas [que existían seres humanos en tiempos antiquísimos en América del Norte]. descubrió unas avanzadas herramientas de piedra en unos depósitos glaciares de Sheguiandah. las toneladas de artefactos desaparecieron en los depósitos del Museo Nacional de Canadá. y fue acallado". En la segunda parte de La historia oculta de la especie humana. En América del Norte se les conoce como Sasquatch.. el sureste de Asia. Se supone que los seres humanos llegaron de Siberia a América del Norte hace unos 12 000 años. aun cuando existan en cantidad imponente.

Por consideraciones de espacio. daban respuesta a muchas posibles objeciones. que es una rama de la Sociedad Internacional para la Concienciade Krishna. Descubrir estos enterrados testimonios literarios fue tarea que exigió otros tres años. Lo que en realidad importa no es el origen de una teoría. unidos. hasta 1894. Sintiendo curiosidad. y. expresamos la idea védica bajo una teoría que dice que durante larguísimos periodos han coexistido varios seres. Richard pidió a su ayudante Stephen Bernath que empezara a recabar material sobre los orígenes y la antigüedad del hombre. así como informes similares de los registros históricos. La selección de teorías pueden venir de muchas fuentes: una inspiración privada. una película. descubiertos en marcos geológicos inesperadamente antiguos. A medida que revisaba el material que me entregó Stephen. Casi todos ellos. De la literatura védica sacamos la idea de que la especie humana tiene una antigüedad enorme. Durante todo el periodo de investigación y redacción. instrumentos de piedra y restos de esqueletos. me llamó la atención el pequeñísimo número de informes que había desde 1859. encontré críticas sumamente negativas de numerosos informes del periodo en cuestión. anatómicamente modernos. la sensibilidad remota desde satélites así como sobre geología y física. Yo no soy científico de profesión. teorías anteriores. escritos por científicos del siglo XIX. etc. de alta calidad. sino su capacidad de explicar las observaciones. pedí a Stephen que me consiguiera algunos libros de antropología de finales del siglo XIX y comienzos del XX. sí lo hay. Con base en las notas de pie de página. Los informes. pero.han visto al wildmen. En 1986. Richard Thompson y yo somos miembros del Instituto Bhaktivedanta. Con el propósito de efectuar una investigación sistemática de la bibliografía científica existente sobre la antigüedad humana. Richard me pidió que organizara ese material para formar un libro. que incluían una temprana edición de los Hombres fósiles. Stephen Bernath y yo conseguimos raros volúmenes de conferencias y revistas de todo el mundo. Redactar el manuscrito con base en los materiales reunidos también nos tomó otros dos años. estamos planeando ya un segundo volumen que relacione los extensos resultados de nuestra investigación en este terreno con las fuentes de nuestro material védico. cuando Dubois publicó su informe sobre el hombre de Java. En 1984. similares a humanos y similares a simios. El hecho de que nuestra visión teórica se derive de la literatura védica no tiene por qué descalificarla. fecha en que Darwin publicó El origen de las especies. logramos desenterrar unos cuantos ejemplos de estos informes. Por tanto. que estudia la relación entre la ciencia moderna y la cosmovisión expresada en la literatura védica de la India. Llegado a este punto deseo decir algo acerca de mi colaboración con Richard Thompson. Richard es científico de profesión. no pudimos desarrollar en este volumen nuestras ideas acerca de una alternativa para las actuales teorías sobre los orígenes humanos. en realidad. Esto me alentó a emprender una investigación más sistemática. En esos libros. describían huesos tallados. de Marcellin Boule. Stephen dedujo muchas cosas del material que aparece en el capítulo 6 gracias a Ron Calais. es un matemático que ha publicado artículos y libros muy citados en los campos de la biología matemática. Algunos podrán preguntar por qué publicamos un libro como La historia oculta de la especie humana si no tenemos algún propósito subyacente. quien tuvo la bondad de enviarnos muchas copias fotostáticas de informes originales . sostuve discusiones casi a diario con Richard acerca del significado del material y sobre la mejor manera de presentarlo. la sugestión hecha por un amigo. Desde 1977 he sido escritor y corrector de libros y revistas publicadas por el Bhaktivedanta Book Trust. tradujimos este material al inglés.

Virginia Steen-McIntyre tuvo la bondad de ofrecernos su correspondencia sobre la datación del sitio de Hueyatlaco. Simpson del Museo del Condado de San Bernardino. CA 93603. Box 52. Michael A. actuales y pasados. la redacción y la publicación de este libro. especialmente para incluirla en ediciones futuras de este libro.de sus archivos. También sostuvimos útiles intercambios de opinión sobre instrumentos de piedra con Ruth D. Por haber supervisado el diseño y la disposición de esta edición abreviada. Joseph Franklin y Michael Best también nos ayudaron en la producción de este libro. Badger. Beverly Symes. con Thomas A. por su generoso apoyo en la investigación. Sigalit Binyaminy.8 son de la obra sumamente elogiada de Miles Triplett. Este libro no habría podido terminarse sin los variados servicios de Christopher Beetle. La correspondencia puede dirigirse a nosotros en Hill Publishing. O. Susan Fritz. Cremo Pacific Beach. David Smith. y sobre las marcas de dientes de tiburón sobre huesos. pedimos a nuestros lectores hacernos saber cualquier evidencia adicional que pueda interesarnos. Deméré del Museo de Hiistoria Natural de San Diego. en México. Barbara Cantatore. graduado en ciencias de la computación en la Universidad Brown. quien vino al Instituto Bhaktivedanta de San Diego en 1988. El diseño de la cubierta fue obra de Yamaraja dasa. P. Las ilustraciones que aparecen frente a la primera página de la introducción y en la figura 12. California 26 de marzo de 1994 . Por último. Richard y yo deseamos dar las gracias muy especialmente a los fideicomisarios internacionales del Bhaktivedanta Book Trust. damos las gracias Richard y yo a Alister Taylor.

Primera parte EL TESTIMONIO ANÓMALO .

y esto implica que hay que incluir al hombre con los otros seres orgánicos en toda conclusión general con respecto a la manera de su aparición en esta Tierra". Me pareció que bastaba indicar. pues pensé que esto sólo enconaría los prejuicios que hay contra mis opiniones. de hecho. a pesar de esta advertencia. Un simio con pulgar plegable y gran cerebro cuando el don del habla logró dominar. y habitante del Viejo Mundo". ¡y nadie lo puede negar! Sus compañeros respondieron. "Aprendemos así". de que los seres humanos . HABLA DARWIN Hubo que esperar a 1871 para que Darwin presentara un libro (La descendencia del hombre y la selección en relación con el sexo). un número cada vez mayor de científicos y otras personas cultas consideraban imposible y.de morfología moderna. En su Descendencia del hombre. Explicando su retraso escribió Darwin: "Durante muchos años recabé notas sobre el origen o la descendencia del hombre. con amables risas y meneando la cola de sus levitas. Dejando aparte dos cráneos de Neanderthal. probablemente de hábitos arborícolas. se reunió en Edimburgo. se puso de pie ante los Leones reunidos y cantó doce estrofas que había compuesto sobre "El origen de las especies. era claro que no consideraba a la humanidad como una excepción de su teoría de que una especie evoluciona a partir de otra. Fue una declaración audaz. bien conocido por sus ingeniosas letras de canciones. no había ningún descubrimiento de restos fósiles u homínidos. "que el hombre descendió de un cuadrúpedo peludo y con cola. Darwin negó explícitamente que la especie humana tuviese una condición especial. sin ninguna intención de publicar sobre el tema. como era costumbre entre los Leones Rojos. que con esta obra se haría luz sobre el origen del hombre y su historia. en 1859. y unos pocos descubrimientos -poco anunciados. antes bien. En el propio Origen de las especies. Entre ellas había esta. en el que expresaba sus ideas detalladas sobre la evolución humana. los Leones Rojos. cual amo de la creación establecio su reino. un grupo de cultos caballeros británicos. anotando tan sólo en las últimas páginas que "se hará luz sobre el origen del hombre y su historia". dijo. descubiertos en Alemania y Gibraltar. en la primera edición de mi Origen de las especies. Este hecho pronto se volvió una buena arma para quienes se indignaban ante la sugestión de Darwin. a la manera de Darwin". Exactamente una docena de años después de que Charles Darwin publicó El origen de las especies por la selección natural. pero que carecía de cualquier tipo de prueba que fuera convincente: unos fósiles de especies de transición entre los antiguos simios y los modernos humanos. Escocia.La canción del León Rojo: Darwin y la evolución del hombre En una noche de 1871. con la determinación de no publicar. sino. mal fechados. Lord Neaves. Darwin tocó brevemente la cuestión de los comienzos humanos. Y sin embargo. para cenar alegremente y entretenerse con canciones y discursos humorísticos. risible suponer siquiera que los seres humanos no fuesen más que los descendientes modificados de un linaje ancestral de seres simiescos.

el simio del sur. Reconocemos que nuestros descubrimientos podrán requerir de una seria reconsideración de la escala geológica del tiempo. Asia y otros lugares. Lo utilizaremos como continuo marco de referencia en nuestro estudio de la historia de los antiguos seres humanos y casi humanos.1 Eras y periodos geológicos Era Periodo Comienza hace millones de años Cenozoica Holoceno . que se extiende entre los 5 y los 25 millones de años. CUADRO 1. Durante este periodo. al que se ha fechado hace 4 millones de años en el Plioceno. El más antiguo homínido conocido es el Australopithecus. y en que se incluye el Dryopithecus. casi sin excepción. se dice que aparecieron en los registros fósiles los primeros homínidos. Según las opiniones modernas. damos por sentado el sistema moderno de edades geológicas (cuadro 1. Los primeros simios que se han considerado como parte del linaje humano aparecieron en el Mioceno. los paleoantropólogos modernos creen que han realizado las esperanzas de Darwin mediante descubrimientos positivos de antepasados humanos fósiles en África. lo hacemos por conveniencia. o primates semihumanos que caminaban erectos. el cual comenzó hace unos 38 millones de años.01 Pleistoceno 2 Plioceno 5 Mioceno 25 Oligoceno 38 Eoceno 55 Paleoceno 65 Cretácico 144 Jurásico 213 Triásico 248 Pérmico 286 Carbonífero 360 Devónico 408 Silúrico 438 Ordovícico 505 Cámbrico 590 Mesozoica Paleozoica . hoy. Preguntaban: "¿Dónde estan los fósiles que puedan probarlo?" Sin embargo. los primeros seres parecidos a los simios aparecieron durante el periodo Oligoceno.1).tuviesen antepasados simiescos. Vino después el Plioceno. LA APARICIÓN DE LOS HOMÍNIDOS En este libro.

se dice que aparecieron los primeros Homo sapiens o los arcaicos Homo sapiens. Se dice que el Homo erectus medía entre 1. la frente retrocedía tras unos fuertes arcos superciliares.50 metros de alto y una capacidad craneal entre 300 y 600 centímetros cúbicos (c.20 y 1. como el grueso cráneo. también se les ha clasificado como tipos preneanderthalenses. Sin embargo. Del cuello hacia abajo se dice que el Australopithecus era muy similar a los seres humanos modernos. Su rostro y su mandíbula eran mucho más grandes. la mayoría de los paleontólogos creen que. y la mandíbula inferior carecía de quijada. características neanderthalenses. sin embargo. tenía entre 1.5 millones de años. Los paleoantropólogos creen que a partir del Homo erectus fueron surgiendo gradualmente unos seres humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens sapiens). Se les describe como seres con una capacidad craneana casi tan grande como la de los modernos seres humanos. mientras que la cabeza mostraba ciertos rasgos simiescos y ciertos rasgos humanos. manifestaban en menor grado algunas de las características del Homo erectus. Se cree que el Homo habilis dio origen al Homo erectus (la especie que incluye al hombre de Java y al hombre de Beijing) hace unos 1.). a la luz de descubrimientos realizados en Sudáfrica y otras partes. Hoy. de hace 30000 a 150000 años. Los científicos solían decir que el Homo sapiens sapiens anatómicamente modemo apareció por vez primera hace unos 40 000 años. como el Australopithecus y el Homo habilis. En la primera parte del siglo XX.c. Ejemplos de esta categoría son los descubrimientos realizados en Swanscombe en Inglaterra. el descubrimiento de tempranos Homo sapiens en depósitos de hace mucho más de 150000 años suprimió al clásico neanderthalense de la Europa occidental del linaje directo de ascendencia que conduciría del Homo erectus a los seres humanos modernos. . en cierto grado. era casi igual que los modernos seres humanos. Sin embargo. a comienzos del Pleistoceno. El tipo de ser humano conocido como de Cro-Magnon apareció en Europa hace aproximadamente 30 000 años. del cuello hacia abajo. pero se dice que su capacidad craneal era mayor: entre 600 y 750 centímetros cúbicos. algunos científicos postularon la idea de que los neanderthalenses del último periodo glacial. casi todas las autoridades afirman que tanto los seres humanos anatómicamente modernos como los clásicos neanderthalenses del oeste de Europa evolucionaron a partir de los tipos de homínidos preneanderthalenses o tempranos Homo sapiens. la frente hacia atrás y grandes arcos superciliares. pero hoy muchas autoridades.80 metros de altura y que tenía una capacidad craneal que variaba entre 700 y 1300 centímetros cúbicos. más baja.50 y 1.Este ser casi humano. Se han encontrado restos de neanderthalenses en depósitos del Pleistoceno. EI Homo habilis parece similar al Australopithecus. retrocediendo tras sus grandes arcos superciliares. Asia y Europa hasta hace unos 200 000 años. y su frente. En la actualidad. Steinheim en Alemania y Fontechevade y Arago en Francia. el Homo erectus. afirman los científicos. Se cree que el Homo erectus vivió en África. habían sido los antepasados directos de los seres humanos modernos. conocidos como "neanderthalenses clásicos de la Europa occidental". dicen que apareció hace mas de 100 000 años. Entre hace 300000 ó 400 000 años. las mandíbulas y los dientes eran grandes. Dado que estos cráneos también poseen. pero que. Se dice que de una rama del Australopithecus surgió el Homo habilis hace unos 2 millones de años. Su cerebro era más grande que el del Homo sapiens sapiens. y era anatómicamente moderno.

Y también encontraron grandes números de herramientas de piedra de diversos tipos. y los científicos profesionales hicieron e informaron de muchos descubrimientos que hoy nunca llegarían a las páginas de ninguna publicación más académicamente respetable que el National Enquirer. pero desde entonces se han suprimido. Aún en la actualidad quedan muchas lagunas en el supuesto registro de la ascendencia humana. a los que se suele asignar una edad de 800 000 años. respetables científicos del siglo XIX descubrieron buen número de ejemplos de restos de esqueletos humanos anatómicamente modernos en estratos muy antiguos. especialmente en un periodo de hace 4 a 8 millones de años. o convenientemente olvidado. Gran parte de ella salió a la luz en los decenios que siguieron a la publicación de El origen de las especies de Darwin. El hombre de Java fue descubierto en depósitos del Pleistoceno medio. cuando o cómo el Australopithecus dio origen al Homo habilis o cómo del Homo habilis surgió e l Homo erectus o cómo el Homo erectus dio origen alos modernos seres humanos. ¿qué pasaría si en estratos anteriores a aquellos en que fue descubierto el Dryopithecus aparecieran fósiles de seres humanos anatómicamente modernos? Y aún si se descubriera que seres humanos anatómicamente modernos vivieron hace 1 millón de años. desde el Australopithecus. tratándolo de error. . hace 25 000 años. así como huesos de animales que mostraban señales de acción humana. el primer homínido protohumano entre el Dryopithecus y los modernos seres humanos. antes del hombre de Java. no hay una correlación entre el tamaño del cerebro y la inteligencia. no había que defender una versión claramente establecida de la ascendencia del hombre. Sin embargo. como el Dryopithecus. Y si lo hacían. Hay personas de gran inteligencia con cerebros de 1 000 centímetros cúbicos y personas muy torpes con cerebros de 2 000 centímetros cúbicos. Y sin embargo -y esto es de extrema importancia-no hay razón para suponer que los fósiles que aparezcan habrán de apoyar forzosamente la teoría evolutiva. con un promedio de cerca de 1 350 centímetros cúbicos. ya se han descubierto tales testimonios. En general se dice que la primera llegada de seres humanos al Nuevo Mundo ocurrió hace unos 12 000 años. En los primeros años del darvinismo. Sin embargo. 4 millones de años después de haber desaparecido el Dryopithecus durante el Mioceno tardío. De ahí en adelante.La capacidad craneal de los seres humanos modernos varía entre 1 000 y 2 000 centímetros cúbicos. eso bastaría para anular las actuales versiones sobre el origen de la humanidad. Se dice que todas las anteriores etapas de la evolución. la mayoría de los paleoantropólogos concuerda en que al Nuevo Mundo sólo llegaron unos seres humanos anatómicamente modernos. Acaso sea verdad que algún día se descubrirán fósiles que colmen esa laguna. De hecho. ocurrieron en el Viejo Mundo. En los actuales relatos de los orígenes humanos no se explica con precisión dónde. hay una ausencia casi total de fósiles que relacionen a los simios del Mioceno. con los antepasados de los modernos simios y los seres humanos modernos durante el Plioceno. ellos (o alguien más sagaz) llegaban a la conclusión de que eso era imposible y encontraban alguna manera de desacreditar el descubrimiento. excepto el del hombre de Neanderthal. antes de la cual no había habido descubrimientos notables. Este descubrimiento llegó a ser un hito importante. Por ejemplo. La mayor parte de estos fósiles y artefactos fueron desenterrados antes de que Eugene Dubois descubriera el hombre de Java. de fantasía o de falsificación. Como puede observarse hoy fácilmente entre los seres humanos modernos. algunos científicos están dispuestos a aceptar una fecha del Pleistoceno tardío. los científicos no esperarían descubrir fósiles ni artefactos de seres humanos anatómicamente modernos en depósitos de la misma o mayor antigüedad. Por ejemplo.

se podría discutir que la composición química u otras características del fósil pueden indicar su lugar de origen. pero no en otros. Hasta las excavaciones modernas que incluyen un minucioso registro de los detalles destruyen el testimonio mismo que están registrando. y otros. aparentemente sencilla. Un científico puede atestiguar que los fósiles salieron de una cierta capa del Pleistoceno formativo. han pasado toda su carrera sin hacer un solo descubrimiento de importancia. una vez sacado el fósil de la tierra. una vez hecho un descubrimiento. dejándonos sin otra cosa que un testimonio escrito como prueba de muchas afirmaciones clave. fácilmente puede uno caer en una ilusión. se destruyen ciertos elementos clave del testimonio. la presencia de una cañada que haya vuelto a llenarse. Cuando se dedica uno al estudio de los testimonios científicos. y aún existen incontables descubrimientos importantes de la actualidad que incluyen muy pocos registros con detalles decisivos. Por supuesto.). desde luego. Una tercera dificultad es que los hechos de la paleoantropología rara vez (o nunca) son sencillos. En segundo lugar. las limitaciones de tiempo y de dinero sólo permiten examinar personalmente un minúsculo porcentaje de la totalidad de los sitios paleoantropológicos importantes. el testimonio paleoantropológico tiene ciertas limitaciones clave que se deben señalar. según se dice. se destruye el testimonio directo que indicaba su posición. De este modo la persona deseosa de comprobar los informes paleoantropológicos se encontrará con grandes dificultades para tener acceso a los hechos reales. . por una completa excavación paleoantropológica o por fraccionamientos comerciales (que incluyen la explotación de canteras. Sin duda. que no pueden multiplicarse a voluntad. etc. podremos descubrir que menciona muchos detalles importantes que no fueron mencionados por el primer testigo. es importante tener en mente la naturaleza. puede depender de muchas observaciones y argumentos que incluyen fallas geológicas. la presencia o ausencia de una capa de deslave. La epistemología es definida en el Webster's New World Dictionary como “el estudio o la teoría del origen. las observaciones que entran en los hechos paleoantropológicos tienden a incluir descubrimientos raros. esbozaremos unas cuantas reglas epistemológicas que hemos tratado de seguir. la gran mayoría. tal vez por la erosión. algunos científicos en este campo se han forjado grandes reputaciones con base en unos cuantos descubrimientos célebres. y habremos de depender del testimonio del excavador sobre dónde y cómo lo descubrió. Esto es verdad en algunos casos. uno de los aspectos más importantes de un fósil es su posición estratigráfica. aún si puede viajar hasta el lugar en que se ha efectuado un descubrimiento. Por ejemplo. la posibilidad de desplomes.ALGUNOS PRINCIPIOS DE EPISTEMOLOGÍA Antes de empezar nuestra revisión de testimonios paleoantropológicos rechazados y aceptados. Por ejemplo. pero esta declaración. fue descubierto el fósil. etc. de la naturaleza. Al cabo de pocos años. Y. construcción de edificios. de otra manera. de los métodos y de los límites del conocimiento". los métodos y los límites del conocimiento. y para enterarnos de estos elementos dependeremos tan sólo del testimonio de los descubridores. En primer lugar. Sin embargo. los sitios son casi inevitablemente destruidos. Las personas que han efectuado descubrimientos importantes a veces no saben regresar a los sitios de esos descubrimientos. Si consultamos el testimonio de otra persona que estaba presente en el sitio. Y al hacer ese juicio también hemos de depender de informes sobre la composición química y otras propiedades físicas de los estratos en que.

Podemos ver si surgieron. ambos pueden ser rechazados. a veces los investigadores han encontrado artefactos en ciertos estratos. Como veremos. es. pero esto a veces resulta imposible porque el lugar se ha vuelto inaccesible. y sus sentidos y su memoria son imperfectos. pues. puede tener un efecto funesto sobre el proceso empírico. Dado que las observaciones que se dan siempre deben tomarse como confiables en cierto aspecto. Se puede evaluar una colección de informes que tratan de ciertos descubrimientos sobre la base de la minuciosidad de la investigación y de la lógica. Ambos conjuntos pueden ser aceptados. por desgracia. en forma confiable. o se . escépticos. un observador en un sitio determinado puede ver ciertas cosas pero pasar por alto otras muchas cosas importantes que podrían ser vistas por otros observadores. o no. natural suponer que nos hemos equivocado. tendremos que informarnos también sobre la calificación de los observadores. También aquí los hechos pueden ser complejos. química o radiométrica. es complicado llegar a conclusiones sólidas acerca de la realidad. y como hasta los más sencillos hechos en este campo suelen incluir cuestiones complejas y difíciles de resolver. La conclusión que sacamos de estas limitaciones de los hechos paleoantropológicos es que en este campo de estudio nos vemos en gran parte restringidos al estudio comparativo de los informes. Esto es muy difícil de evitar. porque nuestros sentidos son imperfectos. Luego. Puede incluir el rechazo de algunas fechas antes calculadas y la aceptación de otras sobre la base de argumentos muy complejos que rara vez son publicados explícitamente. También se puede dar la charlatanería simplemente para no informar de ciertas observaciones que no encajan en nuestras conclusiones deseadas. la mayor parte del testimonio clave que da importancia a estos objetos sólo existe en forma escrita. Por ejemplo. para llegar al fondo de este tipo de engaño se necesitan las dotes de investigación de un super Sherlock Holmes. con todas las instalaciones de un moderno laboratorio forense. El engaño que se comete simplemente no mencionando observaciones importantes es una limitación de la naturaleza humana que. incompletos y en gran parte inaccesibles. siempre hay buenos motivos para el fraude deliberado o involuntario. su historia y su posible contaminación. ¿qué podemos hacer? Algo importante es comparar la calidad de los diversos informes. Aunque no tengamos acceso a los hechos reales. y de la congruencia de los argumentos presentados. se les debe tratar con igualdad. Entonces. y si se les dio respuesta. Dado que la información transmitida por los informes paleoantropológicos suele ser incompleta. Pero los auténticos estudios de datación a menudo incluyen complejas consideraciones con respecto a la identidad de las muestras. En realidad.esto bien pudo ocurrir. Las desventajas de los hechos paleoantropológicos no se limitan a las excavaciones de objetos. Y aunque sí existen pruebas sólidas en forma de fósiles y artefactos en los museos. como en el caso de Piltdown. viene el problema del engaño que se puede dar por sistema. Como veremos en el curso de este libro. nos da una fecha: la edad de un objeto. Por desgracia. De este modo. sobre una determinada teoría. argumentos contrarios. También se encuentran desventajas similares en los estudios modernos de datación. podemos estudiar directamente los distintos informes y tratar de compararlos objetivamente. Nosotros proponemos que si existen dos colecciones de informes igualmente fidedignas sobre la base de estas normas. una fecha obtenida mediante carbono 14 puede parecer que incluye un procedimiento directo que.Los distintos observadores a veces se contradicen. ya que la fama y la gloria aguardan a la persona que logra descubrir a un antepasado del hombre. y si a veces vemos algo que parece imposible. pero nunca lo han dicho porque no consideraron posible que los artefactos tuviesen esa antigüedad.

hay una esencial equivalencia de calidad entre estos dos conjuntos de informes. tenemos que aceptar la existencia de unos seres inteligentes que fabricaban herramientas en periodos geológicos tan remotos como el Mioceno o aun el Eoceno. Estos informes van desde finales del siglo XIX hasta del decenio de 1980. Esto tiene serias consecuencias sobre la teoría moderna de la evolución humana. Por consiguiente sugerimos que no es apropiado aceptar un conjunto y rechazar el otro. Aplicaremos este enfoque a dos conjuntos particulares de informes. si tambien rechazamos el segundo (testimonios actualmente aceptados). Nuestra tesis es que. Estos informes se analizan en la primera parte de este libro. para ser congruentes. y especialmente equivocado sería aceptar un conjunto como prueba de determinada teoría mientras se suprime al otro conjunto.puede considerar que ambos tienen una condición incierta. Esto no sólo contradice la actual teoría de la evolución humana. a pesar de los diversos avances logrados por la ciencia paleoantropológica en el siglo XX. El primer conjunto consiste en informes de restos de artefactos y esqueletos humanos que parecen anómalamente antiguos. sería erróneo aceptar un conjunto de informes y rechazar el otro. haciéndolo así inaccesible para los estudiosos del futuro. y se analizan en la segunda parte. . Debido a las conexiones naturales que tienen entre sí los diversos descubrimientos. Si aceptamos el testimonio de los esqueletos presentados en estos informes. Si rechazamos el primer conjunto de informes (las anomalías) y. debemos ir más adelante y aceptar la existencia de seres humanos anatómicamente modernos en aquellos periodos remotos. en la segunda parte se analizan también algunos descubrimientos anómalos. Sin embargo. Pero si aceptamos el primer conjunto de informes. sino que también arroja graves dudas sobre todo nuestro cuadro de la evolución de la vida de los mamíferos durante el Cenozoico. entonces privaremos a la teoría de la evolución humana de una buena parte de sus fundamentos sobre la observación. EI segundo conjunto consiste en informes de artefactos y de restos de esqueletos que son aceptados como prueba en apoyo de las actuales teorías sobre la evolución humana. de los cuales casi todos fueron descubiertos a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

tiburones o por presiones geológicas. considerado este último como el primer fabricante de . el Mioceno y periodos anteriores. También observó unas pequeñas marcas circulares que bien habrían podido ser hechas con una herramienta puntiaguda. en el conjunto generalmente aceptado como testimonio. ST. se carece de informes sobre huesos incisos y quebrados que puedan indicar una presencia humana en el Plioceno o antes. A partir de los testimonios incompletos. FRANCIA En abril de 1863. los científicos han llegado a la conclusión de que los seres humanos del tipo moderno aparecieron en fecha bastante reciente. Podríamos preguntar "¿qué tiene eso de malo?" Pero de acuerdo con nuestra actual interpretación de la paleoantropología. de unos seres que emplearan con gran destreza instrumentos de piedra parecería casi imposible: se cree que al término del Plioceno. que hoy se están considerando activamente. Jules Desnoyers. Los científicos también hicieron uso del microscopio para distinguir los cortes efectuados en los huesos fósiles de los que pudiera haber hecho el diente de un animal o de un tiburón. en Europa. Desnoyers examinó colecciones de fósiles de St. Prest. La presencia en aquel tiempo. En muchos casos las marcas se encontraron en lugares del hueso apropiados para ciertas operaciones específicas de carnicería. entonces diríase que en aquel tiempo. Más adelante. Prest en los museos de Chartres y en la Escuela de Minas de París y vio que tenían los mismos tipos de marcas. mucho estaría mal. Sin embargo. Notó en el hueso una serie de estrechos canales.Huesos incisos y rotos: el principio de la decepción Los huesos de animales intencionalmente cortados y rotos forman una parte considerable de los testimonios de la antigüedad humana. parece que pueden estarse engañando a sí mismos. Pero a la luz de la evidencia que cubriremos en este capítulo. en el noroeste de Francia. Si Desnoyers llegó a la conclusión correcta de que las marcas que vio en muchos de los huesos habían sido hechas por instrumentos de pedernal. De una grava arenosa recuperó parte de la tibia de un rinoceronte. y estos se encontraban limitados a l Australopithecus y al Homo habilis. A mediados del siglo XIX fueron sometidos a serios estudios y han seguido siendo objeto de extensa investigación y análisis hasta nuestros días. Tan sólo en África encontraríamos a nuestros antepasados primitivos. y se hicieron experimentos con estas herramientas sobre huesos frescos y dejaron marcas que se asemejaban enormemente a las descubiertas en los fósiles. del Museo Nacional de Francia. PREST. Pero los partidarios de los descubrimientos ofrecieron impresionantes argumentos contrarios. Algunos científicos modernos han dicho que el sitio de St. había la presencia de seres humanos. No obstante. Por ejemplo. a veces se encontraban herramientas de piedra junto a huesos tallados. Prest corresponde al Plioceno tardío. no puede darse por sentada esta exclusión. en Francia. Informó de estos descubrimientos a la Academia Francesa de Ciencias. hace unos 2 millones de años. Consideró que algunos de esos canales parecían haber sido hechos por un agudo cuchillo u hoja de pedernal. muchos hombres de ciencia descubrieron huesos incisos y rotos que parecían indicar una presencia humana durante el Plioceno. Sus adversarios sugirieron que las marcas y roturas observadas en los huesos fósiles habían sido causadas por la acción de carnívoros. En los decenios que siguieron a la publicación de El origen de las especies de Darwin. llegó a St. aún no existía la moderna especie humana. a recoger fósiles.

En 1910. buscó minuciosamente ese testimonio en los estratos de St. el sitio de St. el famoso paleontólogo estadounidense Henry Fairfield Osborn hizo estas interesantes observaciones en relación con la presencia de herramientas de piedra en St. Prest. en cambio. Pero Desnoyers mostró que las marcas de cortes estaban cubiertas por depósitos minerales. resultante del desplazamiento o del movimiento de los huesos en medio de las arenas y la grava.2 a 1. En lo tocante a los descubrimientos efectuados en St. El célebre antropólogo francés Armand de Quatrefages dijo que estas herramientas incluían raspadores.6 millones de años. Las dudas sobre el carácter artificial de estas incisiones han sido ya disipadas por las recientes exploraciones de Laville y Rutot. ¿Es esto en realidad porque el testimonio sea claramente inadmisible? ¿O acaso la omisión o el rechazo sumario está más relacionado con el hecho de que la potencial . exactamente como las otras superficies de los huesos fósiles. y sin embargo. ¿Quién tiene razón. Prest: "Las primeras huellas del hombre en lechos de esta edad fueron los huesos incisos descubiertos por Desnoyers en St. pero el prehistoriador francés Gabriel de Mortillet dijo que esas marcas no podían ser obra de animales. Parece que en nuestro intento de responder a una pregunta sobre la naturaleza de marcas o cortes en unos huesos hemos tropezado con otra: la cuestión de cómo reconocer el trabajo humano en objetos de pedernal o de piedra. según creyó. Prest habían sido modificadas por la presión geológica. Prest cerca de Chartres en 1863. de los huesos incisos de St.herramientas. Desnoyers o De Mortillet? Algunas autoridades creyeron que la cuestión podría zanjarse si se pudiera mostrar que las gravas de St. Prest. Ni siquiera esto satisfizo a De Mortillet. excepto en raros casos de breves y burlonas notas de pie de página. provocaron controversia. EI célebre geólogo británico sir Charles Lyell sugirió que las marcas se debían a los dientes de roedores. hoy debiera ser claro que nos encontramos ante problemas paleontológicos que no es posible resolver con prontitud y facilidad. Pero las marcas resultantes son de un carácter esencialmente distinto de las originales marcas y estrías". que habían sido hechas por unas piedras agudas. y al respecto escribió un informe a la Academia de Ciencias en enero de 1867. los huesos incisos seguirían siendo una anomalía. Prest y otros similares a ellos casi nunca se mencionan en los libros de texto sobre la evolución humana. los descubrimientos relacionados por Desnoyers. Prest puede ser más reciente que el Plioceno: tal vez de 1. Prest. lo cual confirmó plenamente los descubrimientos que el abate Bourgeois hizo en estos depósitos en 1867". que se habían desplazado por presiones geológicas. De momento limitémonos a observar que los juicios de lo que constituye una herramienta de piedra son causa de considerable controversia hasta el día de hoy. que dieron como resultado el descubrimiento de piezas de pedernal eolíticas. Aun en el siglo XIX. Sus adversarios afirmaban que las marcas habían sido hechas por las herramientas de los obreros que hicieron la excavación. Esto nos llevaría a preguntarnos por qué los fósiles de St. definitivamente es posible encontrar razones para cuestionar el rechazo de De Mortillet a las piezas de pedernal descubiertas por Bourgeois. un clérigo que se había ganado cierta reputación como distinguido paleontólogo. Por tanto. En el siguiente capítulo trataremos más extensamente esta última pregunta. perforadores y puntas de lanceta. Gracias a su paciente investigación acabó por descubrir cierto número de piezas de pedernal que. A esto replicó Desnoyers: "Muchas de las incisiones se han desgastado por frotamiento posterior. Prest contenían herramientas de pedernal que fueran de indiscutible manufactura humana. eran auténticas herramientas. Louis Bourgeois. Sugirió. Sin duda no hay razón suficiente para rechazar categóricamente estos huesos como testimonios de una presencia humana en el Plioceno. Según los informes de otros científicos. quien afirmó que las piezas de pedernal descubiertas por Bourgeois en St.

de la Universidad Johns Hopkins. Uno de los problemas que más polémica causan en la paleoantropología del Nuevo Mundo consiste en determinar la época en que los seres humanos entraron a América del Norte.. R. mientras que una creciente minoría esta informando que existen evidencias de presencia humana en las Américas en fechas muy anteriores. y los comparó con más de 1 000 marcas documentadas de huesos. pero no en asociación directa con huesos. de Wisconsin. Esto vino a poner gravemente en entredicho las actuales ideas acerca de cuando fue poblado el Nuevo Mundo. Thorson y R. Pero en 1984. suelen estar más relacionadas con consideraciones teóricas que con la observación directa". Sin embargo. Morlan envió dos de los huesos a la doctora Pat Shipman. fueron recuperados de una llanura glacial de aluvión. procedentes del sitio del río Old Crow. Guthrie publicaron un estudio en el que mostraban que la acción del hielo del río pudo haber causado las alteraciones que a Morlan le habían parecido labor humana. Morlan notó que se han descubierto herramientas de piedra en la zona del río Old Crow y en las planicies contiguas. consideremos una investigación más reciente de unos huesos intencionalmente modificados. Pero aun así. M. Lo que se dice es que unas bandas de cazadores-recolectores asiáticos cruzaron el estrecho de Bering hace unos 12000 años. Plioceno y Mioceno. . Morlan retiró sus afirmaciones de que todos los huesos reunidos por él habían sido modificados por acción del hombre. D. Armand de Quatrefages. Los huesos. Algunas autoridades estan dispuestas a extender esta fecha hasta cerca de 30 000 años. experta en huesos cortados. Shipman examinó las marcas de los huesos bajo un microscopio electrónico. CANADÁ Antes de pasar a otros ejemplos de descubrimientos efectuados en el siglo XIX que desafían las ideas modernas acerca de los orígenes del hombre. de momento sólo queremos considerar los huesos fósiles descubiertos en el río Old Crow. escribió en su libro Hommes fossiles et hommes sauvages (1884): "Las objeciones que se han hecho a la existencia de seres humanos. Shipman dijo que las marcas que había en uno de los huesos no eran concluyentes.] no se pueden distinguir de los que se hacían con instrumentos de piedra al cortar y despedazar el cadáver de un animal". a la que se atribuían 80 000 años. UN EJEMPLO MODERNO: EL RÍO OLD CROW. En el decenio de 1970. en los periodos. del Estudio Arqueológico de Canadá y del Museo Nacional Canadiense del Hombre. Richard E. en el Plioceno tardío. Tiempo después.antigüedad de los objetos. entra en conflicto con la versión habitual sobre los orígenes del hombre? Siguiendo esos lineamientos. Morlan llegó a la conclusión de que muchos huesos y astas mostraban señales de trabajo humano intencionalmente ejecutado antes de que los huesos quedaran fosilizados. miembro de la Academia Francesa de Ciencias y profesor del Museo de Historia Natural de París. dirigió los estudios de unos huesos modificados. durante el Pleistoceno. que habían sido transportados por el río. Morlan. en el norte del territorio del Yukón. pero en su opinión el otro hueso tenía una marca indudable de herramienta. seguía creyendo que los otros cuatro especímenes tenían señales definidas de labor humana.. Reconoció que 30 de 34 habrían podido ser marcados por el hielo del río o por otras causas naturales. Examinaremos esta cuestión con más detalle en los próximos capítulos. como ejemplo contemporáneo del tipo de testimonio del cual hablamos en este capítulo. En el informe que publicó afirmaba: "Los cortes y las raspaduras [.

efectuada por el Geological Survey de Estados Unidos. se mencionaron en una conversación que sostuvimos con Thomas Deméré. Desnoyers encontró entre una colección de huesos especímenes tallados de una manera similar a los de St. Las marcas accidentales resultantes de movimientos de los huesos en la tierra después de destrozado el esqueleto probablemente no habrían continuado. Esto parece sugerir la marca de un cuchillo. Existen testimonios del mismo tipo que siguen siendo considerados importantes en la actualidad. y los métodos de análisis son casi idénticos a los que se practicaban en el siglo XIX. y señaló que no se habían encontrado instrumentos de piedra junto a los fósiles. porque sus carreras académicas se irían por la cañería". pasando de un hueso a otro en esta forma. Puso en duda el profesionalismo con que se habían excavado los huesos. Prest. EL DESIERTO DE ANZA·BORREGO. Parks dijo que una incisión al parecer continúa de uno de los huesos fósiles a otro hueso localizado cerca de él. excavados en el desierto de Anza-Borrego. informó que seis huesos de mamut. y siguen siendo. del desierto de Anza-Borrego. quien falleció en 1989. Prest es el descubrimiento hecho por George Miller. Más adelante supimos. Deméré dijo que él. mientras que el esqueleto del mamut estaba intacto. en El Centro. Prest y otros similares. Los huesos acanalados eran de los mismos tipos de animales descubiertos en St. paleontólogo del Museo de Historia Natural de San Diego (el 31 de mayo de 1990). California. por naturaleza. J. curador del Museo del Imperial Valley College. CALIFORNIA Otro ejemplo reciente de huesos con incisiones como los descubiertos en St. y la datación paleomagnética y ciertas muestras de ceniza volcánica indicaron una edad de cerca de 750 000 años. que es cuando el Elephas meridionalis se . que Deméré nunca había inspeccionado los fósiles ni visitado el sitio del descubrimiento. sugirió que era sumamente improbable que una publicación científica presentara algo acerca de ese descubrimiento. bastante buenos para este tipo de trabajo. Prest.3 millones de años. La datación por medio de isótopos de uranio. indicó que los huesos tenían al menos 300 000 años de antigüedad. Esto daría una antigüedad de 3 a 4 millones de años. pero los microscopios ópticos eran. curadora de los especímenes de George Miller.Lo que todo esto significa es que no se pueden desechar tan fácilmente los huesos de St. aunque lo habían invitado a hacerlo. Además. Los huesos de mamut con incisiones. porque los censores que revisaran los artículos probablemente no los dejarían pasar. Miller. HUESOS CON INCISIONES ENCONTRADOS EN ITALIA En la cuenca del río Arno (Val d' Arno) en Italia. Un connotado científico dijo que la afirmación de Miller es "tan razonable como el Monstruo de Loch Ness o como un mamut que viviera hoy en Siberia". a lo que Miller respondió que "esta gente no quiere ver aquí al hombre. se mostraba escéptico ante todas las afirmaciones como las de Miller. Pero es posible que los huesos sólo tuvieran 1. llevaban raspaduras del tipo producido por herramientas de piedra. Los científicos de aquellos días acaso no tuvieron microscopios electrónicos. Fueron asignados a la etapa del Plioceno llamada la "Astiana". por Julie Parks. incluyendo el Elephas meridionalis y el Rhinoceros etruscus.

Estos especímenes fueron descubiertos en San Giovanni. antropólogo de la Universidad de Nuevo México en Albuquerque. Eso le indicó a Laussedat que había habido seres humanos contemporáneos del rinoceronte fósil. de piedra. Uno de los fragmentos tenía cuatro canales muy profundos. que llevaban las que. al parecer intencionalmente rotos. COLINA DE SANSAN. Por ello consideraba que habían sido causadas del mismo modo. son impresiones geológicas". También en otras partes de Italia se descubrieron huesos acanalados. celebrada en Spezzia. en un tiempo geológicamente remoto. Filhol: "Ahora tenemos suficientes testimonios para permitirnos suponer que está demostrada la contemporaneidad de seres humanos y mamíferos en el Mioceno". Las marcas descritas por Laussedat coinciden con esta descripción. Garrigou y H. dijo que algunos de los huesos de Sansan habían sido . El 20 de septiembre de 1865. En su libro Bones: Ancient Men and Modern Myths. procedentes de Sansan. como las que deja un hacha en un pedazo de madera dura. en la reunión de la Sociedad Italiana de Ciencias Naturales. Bertrand le había enviado dos fragmentos de una mandíbula inferior de rinoceronte. EL RINOCERONTE DE BILLY. las marcas de corte aparecían en sección transversal. Una autoridad moderna sumamente respetada en materia de cortes de huesos es Lewis R. contienen este informe de F. Este testimonio era una colección de huesos de mamíferos. Laussedat informó a la Academia Francesa de Ciencias que P. Dicrocerus elegans. eran de la etapa Astiana del Plioceno. como los huesos de Val d' Arno.extinguió en Europa. Lo muy lejano de esta época lo demuestra el hecho de que la mandíbula fue descubierta en una formación del Mioceno medio. y se dijo que. De Mortillet. ¿Serían realmente producidas por seres humanos esas marcas descubiertas en el hueso? De Mortillet opinó lo contrario. de hace unos 15 millones de años. de la Academia Francesa de Ciencias. no ofreció pruebas suficientes para justificar su opinión. Binford. Podemos imaginar el devastador efecto que tendría sobre las actuales doctrinas de la evolución la presencia de seres humanos hace unos 15 millones de años. el profesor Ramorino presentó huesos de especies extintas de ciervo rojo y de rinoceronte. Aunque De Mortillet puede tener razón. sin desviarse de su habitual actitud negativa. Según Laussedat. FRANCIA Las actas de abril de 1868. escribió: "Sencillamente. Francia. como de costumbre. Estos cortos canales. Después de comprobar que no fueron producidas por carnívoros. y aparecen en grupos de marcas paralelas". Procedían de un pozo cercano a Billy. en las cercanías de Siena. escribió: "Las marcas producidas por instrumentos de piedra suelen ser cortas. eran incisiones humanas. mientras el hueso estaba fresco. por un instrumento cortante. Los científicos modernos consideran que los lechos donde se hallaron los huesos de Sansan son del Mioceno medio. Dignos de especial atención eran los huesos rotos de un pequeño ciervo. Francia. situados en la parte inferior del hueso. De Mortillet. en su opinión. FRANCIA El 13 de abril de 1868 A. afirmó que en su opinión las marcas probablemente habían sido causadas por las herramientas de los obreros que habían extraído los huesos. es decir. eran casi paralelos.

como el rinoceronte. y otros. Garrigou sostuvo su convicción de que los huesos de Sansan habían sido rotos por seres humanos. raspándola con un instrumento de piedra. así como 19 fragmentos de tibia y otros 22 fragmentos de huesos de mamíferos grandes. En el curso de su primera excavación. PIKERMI. Las marcas de estos huesos coincidían con las de los huesos modernos. presentó los huesos del pequeño ciervo (Dicrocerus elegans) recogidos en Sansan. lo que daría a estos huesos por lo menos 5 millones de años de antiguedad. rotos de la misma manera. Según Von Ducker. declaró Von Dücker. "entre los huesos una piedra de buen tamaño que podía tenerse en la mano. el primer paso para procesar huesos medulares es quitarles la capa de tejido de la superficie del hueso. que mostraban que metódicamente se les había extraído la mandíbula superior para quitarles el cerebro. para extraerles la médula. del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistórica. COLMILLOS DE TIBURÓN PERFORADOS. A modo de establecer una comparación. rotos. Garrigou empezó por mostrar al Congreso una serie de huesos recientes con marcas indiscutibles de cortes y rupturas. descubrió docenas de fragmentos de Hipparion y de antílope e informó que casi la cuarta parte daban señales de haber sido rotos intencionalmente. Durante la reunión del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas celebrada en 1872 en Bruselas. en 1871. También observó muchos centenares de fragmentos de hueso. INGLATERRA . A este respecto. Von Dücker fue al propio sitio de Pikerrni para continuar sus investigaciones. existe un estrato. lo que en general se toma como señal de que el rompimiento fue hecho por hombres y no por carnívoros ni por presiones geológicas. perfectamente adaptada para dejar el tipo de huellas observadas en los huesos". Además. Garrigou mostró también que muchos de los fragmentos de hueso tenían finas marcas de raspadura. Von Dücker observó muchas docenas de cráneos de Hipparion y de antílope. debemos tomar en cuenta el descubrimiento de Binford de que en los conjuntos de huesos rotos en el curso de la extracción del tuétano. rico en fósiles. del Mioceno tardío (tortoniense). del Pleistoceno tardío. Von Dücker empezó a examinar numerosos huesos del sitio de Pikermi en el Museo de Atenas. Encontró 34 partes de mandíbula del Hipparion (extinto caballo con tres dedos) y de antílope. después. "También descubrí". Presentó su argumento. por seres humanos. todos ellos tenían "huellas más o menos claras de golpes dados con objetos duros". Según Binford. GRECIA En un sitio llamado Pikermi. en Grecia. DE RED CRAG. Italia.rotos por fuerzas naturales en la época de su fosilización. entre 14 y 17% tienen señales de muescas. Entonces. En cambio. tal vez por disecación. en la reunión de Bolonia. que fue explorado y descrito por el destacado científico francés Albert Gaudry. Las autoridades modernas aún colocan el sitio de Pikermi en el Mioceno tardío. cerca de la llanura de Maratón. por movimientos de los estratos. como las encontradas en huesos medulares. Es puntiaguda en cierta parte. Los bordes de las fracturas eran muy agudos. Todos ellos mostraban huellas de una facturación metódica hecha con propósito de extraerles el tuétano. el barón Von Dücker sostuvo que los huesos rotos de Pikermi demostraban la existencia de seres humanos durante el Mioceno.

no lejos del sitio del hueso tallado. Incluso una fecha del Plioceno tardío. un hueso de Deinotherium con figuras talladas de animales. Hoy se dice que el Mioceno se extendió entre 5 y 25 millones de años antes de la actualidad. es muy posible que Calvert tuviese razón al fechar el sitio de los Dardanelos en el Mioceno. Charlesworth presentó argumentos convincentes de por qué los animales marinos. Otro sugirió la labor de parásitos. Hoy en día. Frank Calvert encontró en una formación del Mioceno. Por ello. e indicaban una edad de entre 2 y 2. para el sitio de los Dardanelos sería demasiado temprana para el tipo de artefactos allí descubiertos. En el caso de los huesos con incisiones de St. las perforaciones eran obra del hombre". De Mortillet dijo que el conjunto era "demasiado perfecto". Los colmillos se habían encontrado en la formación de Red Crag. los dientes perforados de tiburón [. Pero aquí. Esto es muy notable. en Turquía (a lo largo de los Dardanelos). Según la opinión hoy predominante. profesor de literatura clásica en la Universidad de California en Davis. Se dice que las tallas del tipo encontrado en el hueso de Deinotherium fueron obra de seres humanos anatómicamente modernos. Durante la discusión. En Le Préhistorique.. De Mortillet se quejó de que no se habían encontrado en el sitio herramientas de piedra ni otros signos de presencia humana. Traill.5 millones de años. Anotó Calvert: "He encontrado en diferentes partes del mismo acantilado. parecido a un elefante. En ese punto. Prest. UN HUESO TALLADO DE LOS DARDANELOS. existió desde el Plioceno tardío hasta el Mioceno formativo en Europa. celebrada el 8 de abril de 1872. miembro de la Sociedad Geológica. con ayuda de una poderosa lupa. nos ofrece esta información acerca de él: "Calvert fue el más distinguido de una familia prominente de expatriados británicos que residía en los Dardanelos[. como lo hacen los isleños de los mares del sur con el propósito de fabricar armas y collares. de 2 a 3 millones de años. no podían haber hecho esos agujeros. de huesos quebrados intencionalmente y de una herramienta hecha de hojuela de pedernal era casi demasiado perfecta: tan perfecta que surgían dudas acerca de esos descubrimientos. cada uno perforado en el centro. enseñó muchos especímenes de colmillos de tiburón (Carcharodon). TURQUÍA En 1874. Pero David A. Entre sus razones estaban "las inclinaciones que había en los bordes de las perforaciones". insinuando con ello un engaño de Calvert. pero se sabe que los tiburones no padecen ese tipo de problema. durante ese periodo sólo existían unos homínidos sumamente simiescos. En cambio.] tenía un buen . de los últimos 40 000 años. Inglaterra. un científico sugirió que tal vez la descomposición de los dientes había sido la causa. junto con el hueso tallado. el doctor Collyer dio su opinión en favor de una acción humana.] a su parecer. los expertos afirman que el Deinotherium. Las actas de la reunión dicen: "Había examinado minuciosamente. según la práctica de todas las razas primitivas". "la posición central de los agujeros en los dientes" y "las señales de medios artificiales empleados para perforar los agujeros".. Edward Charlesworth... al ser descubiertos los artículos pedidos. una piedra de chispa de pedernal y algunos huesos de animales. fracturados longitudinalmente sin duda por la mano del hombre con el propósito de extraer el tuétano.En una reunión del Real Instituto Antropológico de Gran Bretaña y de Irlanda. como los moluscos perforadores. De Mortillet no refutó la época de la formación encontrada en los Dardanelos. comentó que la presencia simultánea de un hueso tallado. pero reconoció que no se conocen parásitos que residan en los dientes de los tiburones.

y participó en el descubrimiento de Troya. Capellini. además. aparecieron en Italia unos huesos de ballena. Calvert dirigió varias excavaciones importantes en la región de los Dardanelos. utilizando varios métodos e instrumentos de otros materiales. Después del informe de Capellini. Traill observó: "Hasta donde yo he podido determinar. Capellini informó al Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas: "En la cercanía de los restos del Balaenotus de Poggiarone recogí algunas hojas de pedernal. Calvert era escrupulosamente verídico". en su tiempo. los miembros de ese Congreso entablaron una discusión. profesor de geología de la Universidad de Bolonia. tales como sólo el giro de la mano pudo haberlos causado. BALAENOTUS DE MONTE APERTO. Añadió: "Con esos mismos instrumentos de pedernal pude reproducir. una de las mayores autoridades sobre fisiología de los huesos. Escribió en 1884: "Por más que lo intentemos. así como la acción de tiburones en aguas profundas. secretario general de la Sociedad Antropológica de París. y otros fueron excavados personalmente por Capellini en ciertas formaciones del Plioceno cerca de Siena. Todo este planteamiento fue bien resumido en inglés por S. El 25 de noviembre de 1875 G. ITALIA En la última parte del siglo XIX. las marcas sólo se encontraron en los huesos de un lado de la ballena. las huellas de incisiones en los huesos fósiles de la ballena se asemejaban exactamente a las marcas que se encuentran en huesos de ballenas actuales. En un esqueleto de ballena casi completo. informó que las marcas habían sido hechas mientras el hueso estaba fresco. podría hacerlo".conocimiento de la geología y la paleontología". excavado por Capellini. al parecer por instrumentos de pedernal. como lo demuestran los lugares en que se encontraron marcas en los huesos": dijo Capellini. quien en 1893 escribió: "Los cortes estan hechos en curvas regulares. Las marcas en los huesos se encontraron en lugares apropiados para operaciones de carnicería. como en las superficies externas de las costillas. en Savona (véase capítulo 7). También observó que se habían descubierto restos de esqueletos humanos en la misma parte de Italia. dejando así expuesto el flanco derecho al ataque directo de unos seres humanos. del género Balaenotus. en lugares como Poggiarone. como Paul Broca. aplicado en un ángulo y con mucha presión. en huesos frescos de cetáceos. Refutó en particular la hipótesis de que las huellas hubiesen sido dejadas par tiburones y dijo que esas marcas presentaban todas las señales de haber sido causadas por una hoja afilada. perdidas en los depósitos de la playa". Sólo un agudo instrumento de pedernal. Broca fue. exactamente las mismas marcas descubiertas en los huesos de ballena fósiles". que mostraban marcas de incisiones. EI hecho de que sólo los huesos de un lado de la ballena mostraran marcas tienden a anular toda explicación geológica. no logramos repetir esas marcas. Otros. convinieron con Capellini en que las huellas dejadas en los huesos de la ballena habían sido obra de seres humanos. "Estoy convencido de que el animal encalló en la arena y quedó sobre su costado izquierdo. por una extensa lectura de su correspondencia. Los huesos que mostraban las marcas eran de una extinta ballena del Plioceno. Muchos otros científicos europeos estuvieron de acuerdo con la interpretación de Capellini. Algunos de los huesos procedían de colecciones de museos. e invariablemente muestran una . y a veces casi semicirculares. Armand de Quatrefages estaba entre los científicos que aceptaron que los huesos del Balaenotus de Monte Aperto habían sido cortados por agudos instrumentos de pedernal sostenidos por una mano humana. Laing. Algunos como sir John Evans plantearon objeciones.

Los huesos que vimos eran de una pequeña especie de cachalote del Plioceno. paralelamente espaciadas. parece más un prejuicio obstinado que un escepticismo científico negar la existencia del hombre Terciario.1. con la acción de animales". utilizando herramientas. en ambas superficies de los cortes. Pudieron ser producidas por un golpe oblicuo en que el filo del diente raspara la superficie del hueso en lugar de penetrar en ella.superficie limpiamente cortada en el lado exterior o convexo. como los lobos. y de ninguna otra manera concebible. Por tanto. Pero los colmillos de tiburones (figura 2. Examinamos con vidrio de aumento los cortes hechos en el hueso. Hoy pueden hacerse cortes exactamente similares en un hueso fresco con esas hojas de pedernal. aunque sólo fuera por este ejemplo". con una superficie desgastada en el lado interno del corte. así como un salvaje lo haría al cortar carne de una ballena que hubiese encallado. gran tiburón blanco del Plioceno. También vimos marcas de raspadura en el hueso (figura 2. llegamos a la conclusión de que los dientes de tiburón en realidad sí pueden dejar unas marcas muy parecidas a las que puedan hacer ciertos instrumentos. El patrón de líneas y canales paralelos en la superficie de los fósiles sería señal casi inequívoca de depredación por . al que se aplicó la presión de un borde afilado.1) son más agudos que los de carnívoros mamíferos terrestres. Diente de Carcharodon megalodon. El examen microscópico de los cortes confirma esta conclusión.2). Figura 2. Después de inspeccionar unos huesos de ballena fósiles en la colección paleontológica del Museo de Historia Natural de San Diego. Binford. Con este conocimiento. experto de nuestros días. y producirían en el hueso unas marcas que se asemejarían más a las que pudieran dejar los instrumentos cortantes. sería preciso reexaminar los huesos de ballena del Plioceno descubiertos en Italia. declaró: "Hay pocas posibilidades de que al observar el hueso modificado se puedan confundir las marcas de cortes infligidos por el hombre al desmembrar o cortar. Estas son precisamente la clase de marcas que esperaríamos encontrar por el filo aserrado de un colmillo de tiburón. y llegar a conclusiones bastante definitivas sobre si las marcas que se encontraron en ellos fueron dejadas o no por colmillos de tiburones. Vimos unas estrías longitudinales. y no deja lugar a duda de que debieron ser hechos por un instrumento como una hoja de pedernal sostenida oblicuamente y aplicada con considerable fuerza contra el hueso mientras estaba fresco.

El propio De Mortillet reconoció que no parecían ser producto de movimientos o de compresión subterráneos. No es de esperar que las superficies de las marcas dejadas por hojas de pedernal mostraran unas estrías tan parejamente espaciadas. FRANCIA En 1867. un hueso de Halitherium con marcas que parecían ser incisiones humanas. Además. El hueso mismo. lo que ponía en claro que las marcas del hueso eran de la misma edad geológica. EI Halitherium es una especie de morsa extinta. muy fáciles de distinguir de la de fracturas recientes. Algunas de las incisiones parecían haber sido hechas mediante la intersección de dos golpes distintos. hueso de la extremidad anterior. L. Las superficies de los cortes tenían la misma apariencia que el resto del hueso. Patrón de canales y raspaduras producidas por el diente aserrado de un tiburón. . mamífero acuático del orden de los sirénidos (figura 2. a través de la superficie de un hueso de ballena. Y si un examen minucioso de los cortes profundos en forma de V también revelaran unas estrías longitudinales y paralelas espaciadas por igual. lo que indicaba que los cortes eran muy antiguos. también eso habría de considerarse como prueba de que los cortes fueron hechos por dientes de tiburón. Delaunay se sorprendió al ver cierto número de cortes en un fragmento del húmero. cerca de Pouancé. se encontraba firmemente situado en un estrato que no había sufrido disturbios.Bourgeois causó una gran sensación cuando presentó. ya fosilizado. la profundidad y la agudeza de las incisiones mostraban que se habían hecho antes de que el hueso quedara fosilizado. Los huesos fosilizados del Halitherium habían sido descubiertos por el abate Delaunay y en los lechos de conchas de Barriére.3). en el noreste de Francia.2. reunido en París.tiburones o carroñeros. Figura 2. a los miembros del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas. EL HALITHERIUM DE POUANCÉ.

De Mortillet escribió en 1883: "Esto es demasiado antiguo para ser obra del hombre".Figura 2. Se le había encontrado enterrado en San Ruffino en arcilla azul del Plioceno. que mostraba una especie de canales en la superficie. Ferretti mostró al Comité otro hueso que también mostraba huellas de la mano del hombre. esos objetos demostraban la existencia del hombre en el Plioceno. Pero Gabriel de Mortillet no estuvo de acuerdo y ofreció su explicación habitual: el hueso estaba marcado por piedras que se habían movido bajo presión geológica. Según Bellucci. Francia. Pero no estuvo dispuesto a reconocer que fueran producto de un trabajo humano. se encontró firmemente enterrado en estratos del Astiano (Plioceno tardío). y después partido. Bellucci. llamó la atención sobre los nuevos descubrimientos efectuados en San Valentino y Castello delle Forme. FRANCIA A finales del siglo XIX. Tiene interés especial el hecho de que el hueso fósil presentaba un agujero casi perfectamente redondo en el lugar de mayor anchura. tan evidentes que excluían toda duda en sentido contrario". cerca de Perugia. En una conferencia científica celebrada en 1880. El espécimen fue descubierto en un estrato de piedra caliza de agua dulce en Gannat. Según Ferretti. el museo de historia natural de Clermont-Ferrand adquirió un fémur d e Rhinoceros paradoxus. M. en San Valentino (Reggio d'Emilie). Algunos sugirieron que las líneas paralelas descubiertas en el hueso habían sido causadas par dientes de animales. caracterizado por tener una fauna como la del clásico Val d' Arno. de la época Astiana. principalmente por la antigüedad del estrato en que se descubrieron los huesos: el Mioceno. huesos carbonizados y hojuelas de pedernal. donde se encontraban fósiles de animales típicos del Mioceno medio. ITALIA En 1876. Incluían huesos de animales que mostraban cortes y marcas de instrumentos de piedra. el agujero en el hueso no era obra de molusco ni de crustáceo. CLERMONT-FERRAND. Este hueso. Una vez más nos encontramos ante un claro caso de prejuicios teóricos que dictan la interpretación de un conjunto de hechos. Ferretti mostró un hueso fosilizado de animal que mostraba "huellas de la mano del hombre.3. del Miocenoen Pouancé. Pero la descripción de las huellas del hueso hecha por el propio De Mortillet deja abierta . de la Sociedad Italiana de Antropología y Geografía. en una reunión del Comité Geológico de Italia. Todos habían sido recogidos en arcillas lacustres del Plioceno. de elefante o rinoceronte. Al año siguiente. G. A. Italia. El hueso parecía haber sido parcialmente aserrado. Marcas de incisiones en un hueso de Halitherium. SAN VALENTINO. por una extremidad.

En todo caso. en 1881. H. anchas y planas de hueso. el descubridor de muchos instrumentos de pedernal anómalamente antiguos (véase capítulo 3). Esto es importante. constituye el límite entre el Plioceno y el Pleistoceno. contienen material que va del Plioceno al Eoceno. pudieron ser empleadas en un tiempo como .4). la hija del descubridor. completamente humano. Reid Moir. De Mortillet también dijo que las marcas eran "canales paralelos. las piezas triangulares de huesos de ballena fosilizados. probablemente partes de costillas grandes. Según Moir. esta forma triangular fue producida por fracturas a través del 'grano' natural del hueso". J. Hoy. los objetos descubiertos allí deben tener de 2 a 55 millones de años de antigüedad. un tanto irregulares. Las marcas de los cortes estaban situadas cerca del extrema del fémur. lo que produce unas marcas cortas y a menudo múltiples pero casi paralelas". INSTRUMENTOS DE HUESO DEBAJO DEL RED CRAG. describió "una serie de instrumentos de hueso mineralizado de un tipo primitivo.5 a 3 millones de años de antigüedad. La concha tallada se descubrió en ciertos depósitos estratificados del Red Crag. Los lechos que se encuentran bajo estos acantilados. más antiguo. arguyó en un artículo publicado en The Geological Magazine (1912) que la concha tallada no podía ser una falsificación: "Debe notarse que los restos excavados son de un color marrón rojizo tan profundo como el resto de la superficie. Debemos tomar en cuenta que. burdo pero inconfundiblemente humano. no se encuentran semejantes obras de arte hasta la época del hombre de Cro-Magnon. El acantilado Coralino.5 millones de años. tendría una antigüedad de 2 a 2. junto a las coyunturas. es del Plioceno tardío y por ello tendría al menos de 2. moderno experto en el corte de huesos. y por ello. se considera que la capa superior del acantilado Rojo. a fines del Pleistoceno. Por tanto. bajo la base de los acantilados Rojo y Coralino de Suffolk". Marie C. Stopes. También debe observarse que la concha es tan delicada que todo intento de tallarla simplemente la destrozaría". los lechos de detritus. Según Louis Binford. Moir efectuó experimentos en huesos y llegó a la conclusión de que sus especímenes eran "obras indudables del hombre". INGLATERRA En un informe entregado a la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia.a la duda esta interpretación. porque cuando se raspa la superficie de conchas del Red Crag aparece un color blanco bajo el color original. Los estudios de Binford revelaron lo siguiente: "Las marcas de corte hechas con instrumentos de piedra se hacen comúnmente con un movimiento de sierra. INGLATERRA A comienzos del siglo XX. En su informe dijo Moir: "Todos ellos fueron formados a partir de piezas minúsculas. según la opinión paleoantropológica convencional. transversales al eje del hueso". hace unos 30 000 años. cuya antigüedad oscila entre 2 y 2. descubiertas en los estratos situados bajo el acantilado Coralino.5 millones de años. Stopes (miembro de la Sociedad Geológica) describió una concha cuya superficie mostraba la talla de un rostro. LA CONCHA TALLADA DEL RED CRAG (Acantilado Rojo). situado en Anglia del Este. que fueron fracturadas hasta presentar hoy una forma definida. allí es donde normalmente se encuentran las marcas de destazamiento. Un grupo de los especímenes obtenidos por Moir presenta piezas de forma triangular (figura 2.

los más antiguos tienen al menos 800 000 años. Este objeto procedía del lecho de detritus. Moir también descubrió costillas de ballena trabajadas para convertirlas en instrumentos puntiagudos. Moir y otros también descubrieron huesos con incisiones e instrumentos de hueso en varios niveles del lecho de Cromer Forest. A. Sería sumamente inesperado encontrar indicaciones de aserramiento en un hueso fósil de esta antigüedad. situado bajo el acantilado Rojo. de Woodbridge en Suffolk.puntas de lanza. y. situado bajo el acantilado Coralino. y según algunas autoridades modernas podrían tener hasta 1. Los niveles más "jóvenes" del lecho de Cromer Forest tienen cerca de 400 000 años de antigüedad. .4. según dijo Moir. Moir describió un hueso descubierto por un señor Whincopp. que contiene materiales que van del Plioceno al Eoceno. La mayoría de los estratos de Mundesley tienen entre 400 000 y 500 000 años de antigüedad. Un pedazo de madera aserrada fue recuperado por S. Tres instrumentos de hueso del lecho de detritus. Notcutt en el lecho de Cromer Forest en Mundesley. desde los más "jóvenes" hasta los más antiguos. Figura 2.75 millones de años de antigüedad. Por ello. quien tenía en su colección privada una "pieza de costilla fósil parcialmente aserrada en ambos extremos". Además. "tanto su descubridor como el finado reverendo Osmond Fisher consideraban que era prueba de trabajo humano". estas herramientas pueden tener entre 2 y 55 millones de años de antigüedad.

por su antigüedad. parece que sólo una sierra de metal pudo producir el corte observado. y es posible que este espécimen represente un desyerbador primitivo. De hecho. Esto es especialmente sorprendente en el caso de los descubrimientos del lecho de Cromer Forest. Por ejemplo.Figura 2. Una hoja aserrada. hecha exclusivamente de piedra. Por ello. Y desde luego resulta totalmente fuera de lo normal pensar siquiera en una sierra de metal de hace 400 000 a 500 000 años. no se habría podido hacer una muesca estrecha con semejante instrumento. aun con un instrumento de piedra. y otros artefactos del acantilado Rojo y los lechos de Cromer Forest casi no se mencionen en los actuales libros de texto y referencias. porque el mango de madera habría sido más ancho que la punta de pedernal. habría sido muy quebradiza y no habría durado lo bastante para efectuar esta operación. resulta difícil ver como pudo producirse este tipo de aserramiento.5. Moir hizo las siguientes observaciones: "El extremo plano parece que fue hecho aserrándolo con un pedazo de pedernal puntiagudo y en cierto punto parece que la línea de corte fue corregida (figura 2. La flecha indica una grieta. como por fuego. miembro de la Sociedad Geológica. Además observo Moir: "El extremo puntiagudo está un tanto ennegrecido. utilizado para arrancar raíces". las herramientas de hueso. unos pequeños fragmentos de pedernal atados a un mango de madera no habrían podido producir el claro corte que es evidente en el espécimen. está en el límite de lo aceptable. EL FOSO DEL ELEFANTE DE DEWLISH. Además habría sido toda una hazaña fabricar semejante hoja. En sus comentarios acerca de este pedazo de madera. Aunque es escasa la posibilidad de que hubiera en Inglaterra seres del tipo del Homo erectus durante laépoca del lecho de Cromer Forest. de acuerdo con la moderna secuencia paleoantropológica de acontecimientos. posiblemente de un corte inicial hecho por un instrumento aserrado. que en su mayor parte. Resulta notable que los huesos con incisiones. como a menudo es necesario hacer cuando se empieza a cortar madera con una moderna sierra de acero". descubrió un rasgo interesante en el .5). INGLATERRA Osmond Fisher. Por tanto. Sección transversal de un pedazo de madera del lecho de Cromer Forest. el nivel de avance tecnológico implicado por este instrumento de madera aserrada sugiere capacidades dignas del Sapiens.

OBSERVACIONES FINALES ACERCA DE HUESOS MODIFICADOS INTENCIONALMENTE Resulta verdaderamente curioso que tantos investigadores serios del siglo XIX y de comienzos del siglo XX. Owen. independiente y repetidamente. Y Fisher se refirió a unos informes según los cuales los cazadores primitivos de los tiempos modernos se valían de ese tipo de fosos.] Este foso. revelaron que "en lugar de terminar abajo en un suelo definido se divide hacia abajo en una cadena de ductos profundos y estrechos en el yeso". Contenía restos considerables de Elephas meridionalis. Collyer. como trampa para atrapar elefantes". Laussedat.2 o 3. Ferretti. Sin embargo. En The Geological Magazine (1912). descubrí una pieza de una sustancia similar al azabache. aunque los huesos encontrados en el foso de Dewlish pudieran concebirse como del Pleistoceno formativo. al menos en un lado. no es improbable que los antiguos seres humanos hicieran uso de pequeñas fisuras para abrir una fosa más ancha en el yeso. tal como aparecieron en un informe de Nature (16 de octubre de 1914). Una muy buena razón es que nadie los busca. bien podríamos preguntarnos por qué hoy no se encuentran.. dándole una forma casi perfectamente cuadrada. o "elefante del sur". Fisher y Keith. Entre los investigadores que hicieron tales afirmaciones se cuentan: Desnoyers. en mi opinión.5 millones de años. Capellini. Stopes. De Quatrefages. y los lechos de pedernal son correspondientes en cada lado. El fondo era de yeso no removido. El testimonio de un trabajo humano intencional en huesos fácilmente puede escapar de la atención de un científico que no lo esté . que se puede pulir y a menudo se emplea en joyería. pero no de otros fósiles [. era vertical. hechas por el Dorset Field Club. de cerca de 61 centímetros cuadrados y 5. Pero las marcas de cortes en huesos fósiles son algo extraño para dejarse engañar: no son ni muy románticas ni inspiradoras. Calvert. El Eoceno se remonta de 38 a 55 millones de años de la actualidad. Bertrand. Ramorino.. El espécimen se encuentra hoy en el Museo Sedgwick. Von Ducker.. el Plioceno y el Pleistoceno formativo. Las fotografías muestran que las paredes verticales del foso fueron cuidadosamente trabajadas. ¿Se engañaron estos científicos? Tal vez. Bellucci. Broca. negrísimo. Así. también pueden datar del Plioceno tardío. Bourgeois. y uno de sus extremos. Fisher dijo: "Este foso fue excavado en yeso. su anchura era tal que un hombre apenas podía pasar por él. En su crónica de 1912 escribía: "Excavando en busca de fósiles en el Eoceno de Barton Cliff. Delaunay. ¿Fueron víctimas los investigadores mencionados de una singular aberración mental del siglo pasado y de principios del actual? ¿ O bien abundan realmente testimonios de unos cazadores primitivos en los restos de fauna del Plioceno y de periodos anteriores? Suponiendo que existan tales testimonios. Fisher hizo otro descubrimiento interesante. así como los lados. Filhol. y tenía cuatro metros de profundidad. Valdría la pena examinar los huesos de elefante descubiertos en el foso.. Del otro lado se abría diagonalmente a la parte empinada de un valle. en Cambridge". que revelan la acción humana. El Elephas meridionalis. Garrigou. Pero nuevas excavaciones del foso.7 centímetros de espesor [.paisaje de Dorsetshire: el foso del elefante. No se encuentra en la línea de ninguna fractura natural. lo que me pareció podrían ser marcas de tajos que lo habían formado. en busca de señales de cortes. en Dewlish. El azabache es un carbón compacto. hayan informado de marcas en huesos y conchas en formaciones del Mioceno. existió en Europa hace unos 1. como con un gran cincel. Moir.] Tenía. fue excavado por el hombre en el Plioceno tardío.

Si un paleoantropólogo esta convencido de que no existían seres humanos fabricantes de herramientas durante el Plioceno medio. no es probable que piense mucho en la naturaleza exacta de las marcas que hay en huesos fósiles de ese periodo. .investigando en forma específica.

Sin embargo. aunque hoy están olvidados. quien vivía en las cercanías. y el estudio de ellos nos lleva desde las colinas de Kent en Inglaterra hasta el valle del Irrawady en Birmania. el célebre geólogo inglés. e incluyen un intento de dar a toda la piedra una forma reconocible de herramienta. nosotros hemos logrado recuperar toda una plétora de esos testimonios "enterrados". En el caso de herramientas de piedra más complejas. deben estar presentes ciertas marcas inconfundibles para que un espécimen pueda ser considerado eolito. durante decenios fueron el centro de una enconada controversia entre la comunidad científica. pero los especialistas crearon normas para identificar en ellas los signos de modificación y de uso debidos a la rnano del hombre. Las preguntas acerca de tales herramientas suelen centrarse en la determinación correcta de su edad. las señales de manufactura humana son más obvias. que se asemejan a las piedras tersamente pulidas o finamente descantilladas de las industrias de los periodos del Paleolítico tardío y del Neolítico. 2) paleolitos primitivos y 3) paleolitos y neolitos avanzados. el Plioceno y el Mioceno. los eolitos (o piedras del alba) son piedras con bordes apropiados. se encuentra situado unos 45 kilómetros al sureste de Londres. Es imposible atribuir edades a unos instrumentos de piedra simplemente sobre la base de su forma. y sus descubrimientos fueron analizados en congresos científicos. por naturaleza. INGLATERRA El pequeño poblado de Ightham. Informaron de ella en las publicaciones científicas habituales. En sus días libres. Según la mayoría de los investigadores. Según se dijo. estas piedras fueron seleccionadas por seres humanos y utilizadas como herramientas. Categorías enteras de hechos han desaparecido de nuestra vista. Pero hoy casi nadie ha oído hablar de ellos. por turno. Para el ojo del lego. Estas industrias de herramientas de piedra que consideraremos se dividen en tres categorías básicas: 1) eolitos. para cierto tipo de usos. Harrison efectuó gran parte de su trabajo en consulta frecuente con sir John Prestwich. recorría las colinas y los valles cercanos recogiendo instrumentos de pedernal que. los paleolitos y neolitos avanzados. . Benjamin Harrison regenteó una tienda de abarrotes en Ightham. y catalogaba y ordenaba minuciosamente sus descubrimientos según los procedimientos de la época. en Kent. Por lo menos. Según algunas autoridades.Los eolitos: piedras de contención Los científicos del siglo XIX descubrieron muchas herramientas y armas de piedra en estratos del Pleistoceno formativo. las herramientas de piedra eolíticas a menudo no se pueden distinguir de piedras partidas ordinarias. También algunos observadores de finales de este siglo XX han descubierto industrias de herramientas de piedra con una antigüedad fuera de lo normal. los eolitos son las herramientas más antiguas. con poca o ninguna modificación. se refiere a herramientas de piedra de una antigüedad fuera de lo común. por los paleolitos y los neolitos. Harrison también mantenía correspondencia regular con otros científicos dedicados a la investigación paleoantropológica. Durante la época victoriana. seguidas. Pero nosotros emplearemos estos términos principalmente para indicar los grados de refinamiento. LOS EOLITOS DE LA MESETA DE KENT. Nuestra tercera división. llamadas "paleolitos burdos".

o piedras del alba (figura 3. Un eolito de la meseta de Kent. Este tipo de herramientas aún son empleadas hoy por miembros de tribus primitivas en varias partes del mundo. Harrison descubrió especímenes neolíticos dispersos por la superficie de las actuales tierras que rodean Ightham.Los primeros descubrimientos de Harrison fueron unos artefactos de piedra pulida del tipo neolítico. declaró que las primeras herramientas coleccionadas por Harrison en la meseta de Kent correspondían al Plioceno medio. Según la opinión moderna. pedazos de pedernal. Entre las herramientas paleolíticas recogidas por Benjamin Harrison en la meseta de Kent se encontraban algunas que parecían pertenecer a un nivel de cultura aun más primitivo. y estuvieron asociadas a la agricultura y a la alfarería.2). le afilan uno de los bordes y la usan después como raspador o cortador. debidas al puro azar. Sin embargo.1. tienen cerca de 400 000 años de antigüedad. Dijo Patterson: "Sería difícil imaginar cómo unas aplicaciones de fuerza. Patterson. Pero Leland W. Edmunds. fechándolas entre 500 000 y 700 000 años atrás. Los críticos de Harrison dijeron que sus eolitos no eran sino obras de su imaginación: simplemente. también son fácilmente reconocibles como objetos de manufactura humana.1). podrían crear unos retoques uniformes y unidireccionales a lo . quienes recogen una lasca de piedra. Estos instrumentos paleolíticos. Las herramientas más antiguas hoy reconocidas. Algunos geólogos del siglo XX. de toda acción natural. habían sido extensamente trabajadas para darles una forma definitiva de herramienta y de arma (figura 3. empezó a encontrar paleolitos en lechos de ríos antiguos. por muy burdo que sea. Las herramientas paleolíticas descubiertas por Harrison. Los paleoantropólogos modernos atribuyen las herramientas paleolíticas de la región del Somme en Francia al Homo erectus. del Geological Survey de la Gran Bretaña. moderna autoridad en herramientas de piedra. de Inglaterra. Figura 3. Una fecha del Plioceno tardío o medio daría a las herramientas de la meseta de Kent una edad de 2 a 4 millones de años. ¿Qué edad tenían estas herramientas paleolíticas? Prestwich y Harrison consideraron que algunos de los instrumentos de piedra descubiertos cerca de Ightham eran del Plioceno. aunque más burdos que los neolíticos. importante paleoantropólogo de comienzos del siglo XX. aunque de apariencia un tanto más burda. las herramientas eolíticas eran lascas naturales de pedernal y sólo mostraban ciertos retoques en los bordes. Más adelante. las culturas del neolítico se remontan sólo a unos 10 000 años atrás. considera posible distinguir el trabajo intencional. como Francis H. también han dicho que los lechos en que se descubrieron muchas de estas herramientas eran del Plioceno. Hugo Obermaier. Eran los eolitos.

formaron una gran parte de los eolitos recogidos por Harrison. no han logrado presentar uno solo de tales especímenes [.. la sostengo con toda firmeza". miembro de la Sociedad Geológica.] habiendo llegado a esta conclusión. dio por auténticos los descubrimientos de Harrison. aunque burdo. con el escantillamiento regular limitado a un lado de una superficie.] lejos de que el agua al correr tenga este poder constructivo. Respondiendo al cargo de que los eolitos tal vez fueran "naturefactos" en lugar de artefactos. También sir John Prestwich. Por todo lo anterior. a Benjamin Harrison en su tienda de Ightham.. M. una vez quitadas de sus monturas.. Las herramientas unifaciales. quien dijo que la de la izquierda. publicado en 1892. visitó. En otro artículo. Bell. Según las normas de Patterson. Figura 3. Estas herramientas de la meseta calcárea de Kent fueron declaradas paleolitos por sir John Prestwich. Prestwich declaró en 1895: "Desafiamos a quienes hicieron la afirmación a mostrar algunos de esos especímenes naturales. recogida en Bower Lane. escribió a Harrison: "En el escantillamiento uniforme. Prestwich hizo esta importante observación: "Hasta la obra de los modernos salvajes. El 18 de septiembre de 1889 A.largo de una superficie considerable del borde de una lasca". parece haber algo más de lo que habría producido el simple desgaste accidental [. no tenemos que atribuir los eolitos de la meseta a una raza primitiva de hombres-mono.2.. es posible que los eolitos (y los paleolitos) hayan sido hechos por seres humanos de un tipo completamente moderno. Wallace declaró que las herramientas eran auténticas y pidió a Harrison escribir un informe completo sobre ellas. en Inglaterra. una de las máximas autoridades británicas en materia de herramientas de piedra. en las herramientas de piedra de los aborígenes australianos. mostró. aunque han transcurrido casi tres años desde que se les desafió. durante el Plioceno medio o tardío. en realidad su tendencia es desgastar todos los ángulos y reducir el pedernal a unos guijarros más o menos redondeados". sin anunciarse. Como lo veremos en el capítulo 7. Dado que los eolitos son prácticamente idénticos a las herramientas de piedra hechas por el Homo sapiens sapiens. era una herramienta burda del tipo de punta de lanza. como la que pudo verse. tendrían que ser aceptados como objetos de manufactura humana. una cantidad de trabajo no mayor ni más claro que la de estos tempranos especímenes paleolíticos". El 2 de noviembre de 1891 Alfred Russell Wallace. por ejemplo. Resulta interesante saber que muchos expertos modernos acepten como artefactos . los científicos del siglo XIX hicieron varios descubrimientos de restos de esqueletos de seres humanos anatómicamente modernos en estratos del Plioceno. Harrison mostró a Wallace su colección de herramientas de piedra y lo llevó a ver algunos de los sitios. uno de los científicos más célebres de su época.

Entre ellos se encontró E. Por ejemplo. acerca de esas herramientas: "Algunas de ellas. Algunos de los científicos se mostraron escépticos.3) son sumamente burdas. Pero los hombres de ciencia no han negado que se trata de objetos intencionalmente fabricados. Para zanjar la controversia desatada por la edad de los eolitos. Harrison ya había descubierto algunos eolitos in situ (como algunos de agujeros de postes). miembro de la Real Sociedad y del Geological Survey de la Gran Bretaña. Algunos críticos pensaron que aun si las herramientas de Harrison fuesen obra de humanos. Abajo: Herramientas descubiertas por Benjamin Harrison en la meseta de Kent.3. las herramientas hechas de guijarros y lascas descubiertas en los niveles inferiores de la garganta de Olduvai (figura 3. en ausencia de su importante patrón. En 1896 falleció Prestwich. T. Figura 3. En cambio. quien escribió a Harrison. fueron hechas intencionalmente y. el 24 de diciembre de 1895.. Su propósito era mostrar definitivamente que podían encontrarse eolitos no sólo en la superficie sino in situ. pero Harrison. En 1895. sería más concluyente. La Asociación Británica eligió al propio Harrison para supervisar las excavaciones de la meseta. Arriba: Herramientas de piedra de la garganta de Olduvai. continuó las excavaciones en la meseta. otros quedaron muy impresionados. Harrison fue invitado a exponer sus eolitos en una reunión de la Real Sociedad. muestran labor humana.. Newton. Ray E. por tanto. bajo la dirección de un comité de hombres de ciencia. financió unas excavaciones en el nivel superior de la grava de la meseta y en otras localidades muy cercanas a Ightham. no podrían ser del Plioceno. prestigiosa sociedad científica. Inglaterra. Lankester. por lo menos. En ese caso habrían caído durante épocas bastante recientes en estratos del Plioceno. incluso "30 convincentes". Harrison anotó en sus cuadernos que había encontrado muchos ejemplos de eolitos in situ. y respondió a los escépticos.humanos auténticos unas herramientas idénticas a los eolitos de Harrison. en lo más profundo de la grava preglacial del Plioceno. pero esa excavación. por el único ser intelectual que conocemos: el Hombre". director del . la Asociación Británica. financiada por la respetable Asociación Británica.

esperamos dar al lector la oportunidad de responder por sí mismo la pregunta decisiva. Una tablilla conmemorativa. ¿Fueron rechazados los testimonios por motivos puramente objetivos. fechada el 10 de julio de 1926 lleva esta inscripción: "IN MEMORIAM. Una razón es mostrar que los testimonios de esta índole no siempre fueron de carácter marginal y extravagante. DESCUBRIMIENTOS DE J. Y su cuerpo fue enterrado en terrenos de la parroquia de San Pedro. simplemente porque no embonaban en los parámetros de ciertas teorías a las que fueron limitados? Harrison falleció en 1921. el tendero y arqueólogo cuyos descubrimientos de herramientas eolíticas de pedernal. miembro del Real Instituto Antropológico y presidente de la Sociedad Prehistórica de East Anglia. más valía olvidarse y no volver a hablar de todo descubrimiento que cayera fuera de los límites de las expectativas teóricas. en Ightham. grava. Después de estudiar informes geológicos modernos. Así.4). Habiendo . Moir descubrió herramientas de pedernal dentro de los acantilados Rojo y Coralino. conchas y huesos derivados de toda una variedad de formaciones más antiguas. se compone de arenas. J. los abundantes testimonios de homínidos. de un mar que en un tiempo bañaba las costas de East Anglia. Pero el fructífero campo de investigación científica de la antigüedad del hombre inaugurado por los eolitos de la meseta de Kent fue enterrado junto con Harrison. se volvió partidario de los eolitos de la meseta de Kent. hemos asignado una antigüedad de al menos 2 a 2.Museo Británico (Historia Natural). REID MOIR EN EAST ANGLIA Nuestro viaje de exploración nos lleva ahora a la costa del sudeste de Inglaterra y a los descubrimientos efectuados por J. Reid Moir descubrió en los lechos de detritus situados debajo de los acantilados unos instrumentos de piedra que mostraban varios grados de labor intencional (figura 3. se ha encontrado una formación similar llamada el "acantilado Coralino". donde Moir hizo sus descubrimientos más importantes. fabricantes de herramientas en los muy anteriores periodos pliocénico y miocénico. fueron olvidados. Eugene Dubois descubrió y promovió al célebre y sin embargo dudoso hombre-mono de Java (capítulo 8). abrieron un fructífero campo de investigación científica sobre la antigüedad del hombre". Benjamin Harrison de Ightham. fijada en el muro norte de San Pedro. ya no recibieron mucha atención. o se les dejó de considerar. Al presentar unos datos detallados de la interrelación de las opiniones en conflicto. de conchas. A partir de 1909. Esto es lo que parece haber ocurrido. el hombre-mono? Eso sería imposible. Podemos cuestionarnos si es necesario tratar con tanto detalle los eolitos de Harrison. En algunos lugares. Pero debido a que el hombre de Java fue descubierto en estratos del Pleistoceno medio. Reid Moir. Los testimonios un tanto anómalos con frecuencia fueron causa de seria y prolongada controversia en el centro mismo de los círculos de la elite científica: sus partidarios mostraban credenciales científicas y puestos tan prestigiosos como los de sus adversarios.5 millones de años al acantilado Rojo. Muchos científicos aceptaron al hombre de Java (descubierto sin herramientas de piedra) como auténtico antepasado del hombre. Están compuestos por una mezcla de materiales: arena. cerca de Ightham. En el decenio de 1890. el acantilado Coralino sería aún más antiguo. 1837-1921. debajo del acantilado Rojo. y debajo de ellos. a veces llamados "lechos de hueso". La formación del acantilado Rojo. ¿Cómo podían haber aparecido esos homínidos fabricantes de herramientas mucho antes que su supuesto antepasado. incluyendo el barro de Londres del Eoceno. Bajo ambos acantilados de East Anglia se encuentran lechos de detritus.

Lankester presentó un análisis detallado al que llamó "espécimen de prueba de Norwich" (figura 3. Pero aún hoy se conocen tribus modernas que manufacturan herramientas de piedra sumamente primitivas.4. es posible que unos seres muy parecidos al Homo sapiens sapiens hayan hecho hasta las más burdas de las herramientas recobradas por Moir debajo del acantilado Rojo. Figura 3. y no del trabajo humano. Un ejemplo particularmente bueno del tipo de herramienta de rostro-carinado fue descubierto bajo el acantilado Rojo en Whitlingham. Moir pensó que los fabricantes de las herramientas más antiguas y más burdas debían "representar una etapa temprana y brutal de la evolución humana". y "carinado" se refiere a la aguda prominencia. El espécimen de prueba de Norwich combinaba una buena demostración de trabajo intencional con una clara posición estratigráfica. Otro de sus partidarios fue Archibald Geikie.5 millones de años de antigüedad. Si el espécimen de prueba de Norwich procede de debajo del acantilado Rojo. Herramienta puntiaguda descubierta bajo el acantilado Rojo. Lankester identificó un tipo representativo de herramienta a la que llamó "rostrocarinado". Por lo menos. similar a una quilla. cerca de Norwich. Otro más fue sir Ray Lankester. Por tanto.llegado a la conclusión de que las herramientas más burdas se remontaban hasta el Eoceno. quien investigó personalmente los sitios. . Moir contó con muchos partidarios influyentes. Esta palabra llama la atención hacia dos características sobresalientes de las herramientas.5). de la parte útil de los instrumentos. Entre los especímenes de Moir. dijo Moir: "Se vuelve necesario reconocer una antigüedad mucho mayor a la especie humana de la que hasta hoy se había supuesto". Encontró en la colección de Moir una aparente piedra de amolar del acantilado Rojo. "Rostro" se refiere a la forma. entre ellos Henri Breuil. que corre a lo largo de una parte de la superficie dorsal. Esta tiene más de 2. las herramientas de Moir son del Plioceno tardío. Muchos científicos las consideraron producto de fuerzas naturales. similar a un pico. no podíamos encontrar señales de seres humanos que hicieran herramientas en Inglaterra hace 2 ó 3 millones de años. director del Museo Británico. No obstante.5 millones de años de antigüedad. entonces debería tener más de 2. Las herramientas en sí fueron causa de enconada controversia. Pero según la actual teoría evolutiva. respetado geólogo y presidente de la Real Sociedad.

6) en medio de una formación del Plioceno tardío. incontables lascas y varias piedras calcinadas. que al parecer no era de forma muy primitiva.Lankester escribió en un informe del Real Instituto Antropológico. . Figura 3. ] si la famosa mandíbula humana de Foxhall. en Whitlingham. Reid Moir dijo que el espécimen de prueba de Norwich fue descubierto bajo el acantilado Rojo. ocurrió en Foxhall. sostenga que sea posible.. Moir escribió en 1927: "Los hallazgos consistían en los restos de un taller de trabajo del pedernal que incluía martillos de piedra. El pico (flecha) forma la parte útil de la herramienta que si fue descubierta bajo el acantilado Rojo. J. obra de Moir. las cuales mostraban que en ese lugar se habían encendido fogatas [. en realidad se derivaba de la antigua superficie de la tierra que hoy yace profundamente enterrada bajo el acantilado y de un grueso estrato de grava glacial. que el trabajo de este pedernal de prueba de Norwich haya sido producido por algo que no sea de factura humana". herramientas terminadas. podremos formarnos la opinión definitiva de que estas personas de la antiguedad no eran muy distintas de nosotros en sus características corporales". Lankester consideró que herramientas de este tipo podían proceder del Mioceno. donde se hallaron herramientas de piedra (figura 3. tendría mas de 2. Es lamentable que no se disponga de la mandíbula de Foxhall para estudiarla más.. en Inglaterra.5 millones de años de antigüedad. así sea en el grado más remoto. núcleos de los que se habían arrancado lascas. Algunos científicos que la examinaron dijeron que se parecía a la de un ser humane moderno. en 1914: "No es posible que nadie que este familiarizado con el trabajo en pedernal y también con la fractura no humana de pedernal. en el acantilado Rojo. las herramientas de Foxhall habrían de tener más de 2 millones de años de antigüedad. Así.5. La mandíbula mencionada por Moir tiene una historia interesante (véase capítulo 7). pues podría ofrecer confirmación adicional de que las herramientas de pedernal de Foxhall eran de manufactura humana. Un importante conjunto de descubrimientos.

5 millones de años. Moir también hizo descubrimientos en el más reciente lecho de Cromer Forest. puntiaguda. Proceden del Plioceno tardío. Henry Fairfield Osborn dijo de la herramienta de la izquierda: "Dos vistas de una herramienta de pedernal. Obermaier era uno de esos científicos que creían que los eolitos habían sido producidos por fuerzas naturales similares a las fuerzas que operan en las fábricas de cemento y de yeso. La época terciaria se extiende desde el Eoceno hasta el Plioceno. un hombre de inteligencia suficiente para hacer herramientas y encender una fogata antes de que terminara el Plioceno y antes del advenimiento de la primera glaciación". Pero aún sin esa mandíbula. Estas herramientas deben tener. el paleontólogo estadounidense Henry Fairfield Osborn se declaró decididamente en favor de esas herramientas. Vistas de frente y de dorso de dos herramientas de piedra del acantilado Rojo. armas puntiagudas -como puntas de flecha-.75 millones de años. de 400 000 a 800 000 años de antigüedad. pues.8 metros abajo. que bien pudo emplearse para la caza". Tipo primitivo de punta de flecha. Algunas estimaciones de la edad de la parte inferior de la formación del lecho de Cromer Forest llegan a 1. Reid Moir que dan pruebas de la existencia del hombre del Plioceno en East Anglia inauguran una nueva época de la arqueología [.. que antes había sido continuo y elocuente adversario de los descubrimientos eolíticos. De la herramienta de la derecha escribió Osborn: "Perforador (perçoir) del nivel de 4. en Norfolk.] presentan pruebas indudables de la existencia del hombre en el sudeste de la Gran Bretaña.8 metros en el pozo de Foxhall. Afirmó que las pruebas de seres humanos en el Plioceno "hoy se basan en el firme fundamento de los pedernales de Foxhall.6.Figura 3. raspadores y raspadores laterales. de Foxhall". Osborn no sólo apoyó los pedernales de Foxhall sino también el resto del trabajo de Moir: "Los descubrimientos de J. escantillada en las superficies superior e inferior y con una base reducida. según Osborn. las propias herramientas señalan claramente una presencia humana en Inglaterra durante el Plioceno tardío. y propuso una fecha del Plioceno. de un nivel situado a 4. de los que no se puede dudar de la intervención humana". los especímenes de Foxhall incluían perforadores. Inglaterra.. hace tal vez de 2 a 2. en Foxhall. Otro científico que se dejó conquistar por los descubrimientos de Foxhall fue Hugo Obermaier. En 1921. Pero en 1924 escribió: "Este descubrimiento de Foxhall es el primer testimonio que tenemos de la existencia del hombre terciario". Pero muchos científicos siguieron negándose a aceptar los especímenes de Moir como .

Por ejemplo. Acerca de uno de tales objetos (figura 3. Sostuvieron que los objetos habían sido producidos simplemente por fuerzas naturales.5 millones de años de antigüedad. en estratos no removidos. dijo Warren: "Este buen ejemplo de la punta tallada de una lasca es el espécimen más notable del grupo. para que la resolvieran. El musteriense es una reconocida industria de herramientas de piedra del Pleistoceno tardío. sin duda alguna. Antropología. Al llegar a este punto. las herramientas podrían tener hasta 55 millones de años de antigüedad. Como prueba. Afirmaron que los pedernales de la base del acantilado Rojo cerca de Ipswich se encontraban en estratos no removidos. la controversia suscitada por los descubrimientos de Moir fue presentada a una comisión internacional de científicos. se refirió a algunos especímenes de piedra escantillada del Bullhead Bed. Considerado en sí mismo. el escantillamiento de los pedernales era. Y dado que el lecho de detritus contiene materiales de antiguas superficies de tierra del Eoceno. geólogos y arqueólogos. por sus méritos aparentes. Hazzledine Warren dijo que habían sido producidos por una presión geológica que aplastó piezas de pedernal contra duros lechos de yeso. formada a solicitud del Instituto Internacional de . Miembros de la comisión también efectuaron cuatro excavaciones en el lecho de detritus bajo el acantilado Rojo. al menos 2. en Inglaterra. En la discusión que siguió al informe de Warren a la Sociedad Geológica. Además. entonces.7). difícil sería poner en duda sus afinidades musterienses". los prehistoriadores. de origen humano. Louis Capitan. La comisión.herramientas auténticas. Warren consideró imposible que se encontraran herramientas de piedra en estratos del Eoceno. Nosotros. de antigüedad al menos del Plioceno. Pero quienes estaban libres de tales prejuicios bien pudieron preguntarse si Warren en realidad había descubierto en el estrato del Eoceno de Essex una herramienta auténtica. . y no directamente sobre la arcilla dura. y ellos mismos descubrieron cinco especímenes típicos. en un informe de 1920 a la Sociedad Geológica de Londres. No pueden haber sido hechos más que por un ser humano o por un homínido que existiera en la época terciaria. S. afirmó: "Existen en la base del acantilado. europeos y americanos. y lejos de sus asociados y de las circunstancias de su descubrimiento. estaba integrada por ocho eminentes antropólogos. Estas herramientas tendrían. Esto anularía la explicación dada por Warren acerca de una presión particular. El grupo sostuvo las conclusiones de Moir. miembro de la comisión. uno de los científicos presentes indicó que en algunos casos se habían encontrado las herramientas de Moiren mitad de lechos sedimentarios terciarios. pedazos de pedernal trabajados (los hemos observado nosotros mismos). sitio del Eoceno. hemos considerado este hecho como absolutamente demostrado".

tales como los pedazos de pedernal. en realidad tuvo un gran éxito al suprimir de la vista todos los testimonios de Moir. en la revista The lce Age in Britain aparece una solitaria noticia de rechazo escrita por B. cerca de Ipswich. Aunque la mayoría de las modernas autoridades ni siquiera menciona los descubrimientos de Moir. la controversia fue apagándose. debe explicar la notable falta de atención que ha recibido este problema de East Anglia desde los días de la controversia. cerca de Norwich. W.7. nadie ha demostrado que los icebergs puedan producir los numerosos bulbos de percusión y elaborados retoques que pudieron verse en las herramientas de Moir. Pero aunque descubierto en una formación del Eoceno. Después de que Warren propuso su explicación del iceberg. Por si esto fuera poco. en realidad puede ser de fabricación humana. habría habido poca razón y tal vez cierto embarazo y daña en tratar continuamente de desaprobar lo que teóricamente era imposible. M. Hoy. declaró auténticas algunas de las herramientas.. J. y en un informe de 1968. Coles constituye una excepción al habitual rechazo instintivo de los descubrimientos de Moir (o al completo silencio acerca de ellos). con ciertas vacilaciones. No había necesidad de vencer algo que estaba olvidado. No satisfacen el requerimiento de identificación como herramienta. G. son expertos . pero también hay otra explicación posible: que ciertos elementos de la comunidad científica decidieran que el silencio era un modo mejor de enterrar los descubrimientos de Moir que una disidencia activa y estridente. Warren dijo que las piezas de pedernal podían haber sido aplastadas por icebergs contra el fondo del océano. Además.] el mundo científico no se dignara a apoyar a ninguno de los bandos sin una considerable incertidumbre. de preferencia con otras señales de actividad humana (por ejemplo. Coles escribió en 1968: "El hecho de que [. a saber: que el objeto cumpla con una pauta fija y regular.Figura 3. se considera que todos ellos son productos naturales. Pero de manera sorprendente.. y en cambio había poco que ganar en defenderlo o apoyarlo. muchos pedazos de pedernal del acantilado del bajo Pleistoceno fueron descritos como artefactos. Pero. Le pareció "injusto desdeñar todo este material sin ninguna consideración". informó que en Foxhall las herramientas se encontraban en capas de sedimento que parecían representar superficies de tierra y no depósitos de playa. y los llamados "rostros-carinados" de la base del acantilado de Norwich. de muerte o de entierro)-y que muestre señales de escantillamiento desde dos o tres direcciones en ángulos rectos". S. la opinión científica estaba inclinándose claramente en favor de un centro Africano del Pleistoceno formativo para la evolución humana. En el decenio de 1950. Hazzledine Warren dijo que este objeto. es decir. muchos de los especímenes del acantilado Rojo yacen en medio de sedimentos y no sobre superficies de roca dura contra las cuales hubiese podido aplastarlos un iceberg. West: "A principios de este siglo. La política de silencio. Sparks y R. descubiertos en el acantilado Rojo. de la Universidad de Cambridge. aún después del informe de la comisión. Coles. que el hombre habitó en Inglaterra durante el Plioceno. Sparks y West. Por tanto. un sitio de taller. algunos de ellos escantillados bifacialmente. en parte. Esto puede ser cierto. deliberada o no. Ello habría mantenido demasiado viva la controversia. Esto también anularía la posibilidad de icebergs imaginada por Warren. arqueólogo inglés. que sea descubierto en un sitio de habitación -geológicamente posible. insistieron en tratar de demostrar que los instrumentos de pedernal eran producto de presiones naturales. hasta donde sabemos. a lo largo de la costa. al que consideró producto de presión natural. como Warren. los adversarios de Moir. se asemejaba casi exactamente a una herramienta puntiaguda del musteriense.

estaba dispuesto a aceptar la existencia. mediante análisis estadístico de ángulos de presión en una plataforma. el origen natural de las industrias eolíticas. incluso los del musteriense. de Cambridge. el cual se emplea una y otra vez para invalidar ciertos testimonios. de homínidos inteligentes. Breuil en el que afirma que los seudoeolitos fueron formados por presión geológica en las formaciones francesas del Eoceno en Clermont (Oise). ya que sin duda habría pulverizado los delicados goznes de estas conchas. quien escribió en 1960: "Es más que probable que unos seres humanos primitivos estuvieran presentes en Europa durante el Pleistoceno inferior como lo estuvieron en África. Y aun así M. Barnes en el que pretende demostrar. fabricantes de herramientas. raspadores.en el Pleistoceno. de que existieron en épocas pliocénicas seres humanos de un tipo plenamente moderno. Moir consideró que era una zona de trabajo y encontró señales de que allí se había encendido fuego.. recogidas bajo las formaciones del acantilado. Reid Moir. conchas bivalvas con los goznes aún intactos [. hace más de 5 millones de años. no hay razón alguna para excluir la posibilidad de que las herramientas de Moir. a veces encontramos el informe definitivo en contra de algo. las trató favorablemente en su libro The Old Stone Age. DOS CÉLEBRES ADVERSARIOS DE LOS EOLITOS En paleoantropología. incluyendo restos de esqueletos. encima de los artefactos. en Inglaterra. sí encontró escantillamiento en varias direcciones diferentes. S. . Muchas autoridades consideraron que el sitio de Foxhall. perforadores. en ángulos rectos." Burkitt presentó una asombrosa conclusión acerca de las herramientas descubiertas en el acantilado Rojo y debajo de él: "Los propios eolitos son mucho más antiguos que los depósitos del Plioceno tardío en donde se encontraron.. 3 kilómetros al sur de Ipswich. las herramientas encontradas. Y como existen tantos testimonios.] no pudo haber ocurrido ningún ulterior movimiento diferencial de la grava que hubiese podido causar la fractura de los pedazos de pedernal contenidos. donde se habían recogido herramientas de pedernal en depósitos del acantilado. en algunas de las herramientas recogidas por J. Algunos de ellos en realidad podrían remontarse a épocas prepliocénicas". "En Thorington Hall se han recogido. y el ensayo de A. podemos observar que Moir y otras autoridades. Respondiendo brevemente a Sparks y West. Burkitt quedó particularmente impresionado por el sitio de Thorington Hall. del Plioceno tardío". Burkitt. bajo los acantilados no se dan del Pleistoceno formativo (inferior) sino. En otras palabras. y ciertamente una buena proporción de los especímenes tornados de depósitos subyacentes al acantilado parecen haber sido escantillados por seres humanos y no se les puede considerar simplemente como resultado de fuerzas naturales. C. Sin embargo. donde se encontró la mandíbula. En lo tocante al escantillamiento de diversas direcciones en ángulos rectos. como Osborn y Capitan. En el caso de los eolitos europeos hay dos buenos ejemplos de informes definitivos en contra. Burkitt. publicado en 1956. hayan sido hechas por el Homo sapiens hace más de 5 millones de años. pudieron clasificar los especímenes del acantilado como tipos definidos de herramientas (hachas de mano. etc. al menos. ésta no es la única norma que puede aplicarse para juzgar la acción humana sobre objetos de piedra.) comparables a otros incluidos en industrias paleolíticas aceptadas. representaba un sitio de habitación geológicamente posible. en Inglaterra. quien formó parte de la comisión internacional que examinó las herramientas de Moir en el decenio de 1920. Otro partidario de los descubrimientos de Moir fue Louis Leakey. Están el ensayo de H.

se habían producido esos objetos de pedernal? En sus excavaciones. Henri Breuil descubrió ejemplos de lascas separadas. Figura 3. era la simple presión geológica. unas cuantas lascas separadas. que tienen más de 50 millones de años de antigüedad. afirma que la presión muy rara vez produce bulbos de percusión claramente marcados. La causa de estos efectos. Henri Breuil efectuó unas investigaciones que. Breuil dijo que el primer objeto (figura 3. Otras tenían ciertos escantillamientos que parecían retoques. en el interior de los lechos.11). entonces.9). según creyó. En su informe ya citado. cerca de ellas. se necesita un golpe intencionalmente dirigido. cerca de Clermont. Por lo general.8). cuyo sitio de descubrimiento. pero no fue así. realmente. Breuil dijo que todos los efectos eran resultado de una presión geológica natural. Pero el escantillamiento y el retoque que se encuentran en ellas es mucho más burdo que los de los bloques y las lascas seleccionadas por Breuil como ejemplos de seudoeolitos (figura 3. La presión geológica no parece adecuada para explicar la forma de estas dos herramientas. de bloques principales de pedernal. ¿Cómo. Patterson. lo que dada a las piezas de pedernal entre 50 y 55 millones de años. moderna autoridad en herramientas de piedra. ¿Puede la presión geológica crear. según Breuil. Pero sólo se habría justificado que hiciera semejante declaración si hubiese descubierto las lascas junto con eolitos de mejor aspecto y en contacto con los bloques originales de pedernal. Pero Breuil no podía imaginar siquiera que existieran seres humanos durante el Eoceno. Lo insatisfactorio de la hipótesis de Breuil sobre la presión geológica se hace más evidente si consideramos lo que Breuil llamó "objetos verdaderamente excepcionales. sitio de Francia del Pleistoceno tardío. en una formación del Eoceno en Clermont .8. o raspador azilio-tardenoisiense. Breuillo comparó con herramientas encontradas en Les Eyzies. Los científicos en general atribuyen las herramientas de piedra del azilio-tardenoisiense al Homo sapiens sapiens en el Pleistoceno tardío de Europa. afirmó que había descubierto unos pedazos de pedernal que se asemejaban a herramientas de piedra en la formación taneciana de Belle-Assise. Francia. por presiones geológicas. es absolutamente seguro".10) se podía virtualmente confundir con un grattoir. Esta formación es del Eoceno formativo. pondrían fin a la controversia causada por los eolitos. los efectos observados por Breuil? Leland W.En 1910. Al describrir el segundo objeto excepcional (figura 3. algunas de las cuales tenían bulbos de percusión. Breuil descubrió unas cuantas piezas de pedernal y. Breuil probablemente escogió como ilustración sus mejores ejemplos de lascas descubiertas en contacto con el principal bloque de pedernal (figura 3.

Francia.(Oise). Este objeto de pedernal fue descubierto por H. después ya no quiso comprometerse. El informe definitivo de Breuil apareció antes de los descubrimientos efectuados por J. Figura 3. Breuil. Creyó que tales tí especímenes demostraban que los eolitos no habían sido hechos por seres humanos. Breuil dijo que su forma era idéntica a la de ciertas herramientas del Pleistoceno tardío. después de todo.9. y también dijo que algunas de las herramientas sacadas de los lechos hallados bajo el acantilado Rojo eran "absolutamente semejantes a las herramientas clásicas de pedernal". de una formación del Eoceno en Clermont (Oise). fueron llamados "seudoeolitos" por H. no artificiales. Este tipo de cita constituye una técnica de propaganda muy eficaz. Las formaciones situadas bajo el acantilado podían tener entre 2 y 55 millones de años de antigüedad. Francia. ¿cuántas personas se molestarán en desenterrar el artículo original de Breuil y en ver por sí mismas si lo que él tuvo que decir en realidad tenía sentido? Figura 3. Breuil. al parecer. Breuil fue a Inglaterra a hacer evaluaciones personalmente. De manera sorprendente. Estos objetos. Todavía se cita el escrito de Breuil como prueba de que los eolitos eran producciones naturales. Francia. Reid Moir en East Anglia. consideró que era producto de presión geológica natural. La edición de 1965 de su libro Hombres de la antigua . empero. cuando los descubrimientos de Moir empezaron a llamar la atención. Breuil apoyó los descubrimientos de Moir. Aceptó como auténticas las herramientas del Plioceno del acantilado Rojo de Foxhall.10. Breuil y Obermaier en una formación del Eoceno en Clermont (Oise). Con el tiempo.

Edad de Piedra, publicado después de su muerte, sólo dice que "puede aceptarse un cierto
número de lascas, aunque su ángulo de corte generalmente va en contra de esto". Podemos
preguntarnos por qué no hay ninguna mención a esos objetos que Breuil había dicho que "no
eran simples eolitos sino absolutamente semejantes a herramientas clásicas de pedernal".

Figura 3.11. Objeto de pedernal descubierto en una formación del Eoceno en Clermont
(Oise), Francia. Aunque H. Breuil dijo que seión asemejaba a una herramienta puntiaguda del
Pleistoceno tardío, afirmó que le había dado forma la presión geológica.
Otro elemento importante en la controversia de los eolitos fue la prueba del ángulo de
plataforma, promovida por Alfred S. Barnes; éste, quien defendió a Moir durante los años
veinte, después se pasó a la oposición. En 1939 asestó el que muchas autoridades aún
consideran como el golpe de muerte a los eolitos ingleses de Moir. Pero Barnes no limitó su
atención a Moir. En su estudio intitulado "Las diferencia entre el escantillado natural y el
humano en herramientas prehistóricas de pedernal", Barnes también consideró la fabricación
de instrumentos de piedra en Francia, Portugal, Bélgica y Argentina.
Los partidarios de los eolitos generalmente argüían que las fuerzas naturales no podían
producir el tipo de escantillamiento observado en los objetos en cuestión. Barnes buscó alguna
manera mensurable de demostrar si esto era así o no. Con este fin, escogió lo que llamó
"ángulo de cicatriz de la plataforma". Dijo: "El ángulo de cicatriz de la plataforma es el ángulo
que se encuentra entre la plataforma o superficie en que se aplicó el golpe o la presión que
separó la lasca, y la huella dejada por el instrumento donde se había separado ésta". En el
auténtico trabajo humano este ángulo sería agudo. En cambio, afirmó que las fracturas
naturales dejan ángulos obtusos.
La descripción hecha por Barnes sobre el ángulo que se debe medir nos parece bastante
ambigua. Hemos hablado con expertos en herramientas de piedra del Museo del Condado de
San Bernardino, en California, entre ellos Ruth D. Simpson, y también ellos han sido incapaces
de precisar exactamente cual era el ángulo que estaba midiendo Barnes. Sea como fuere, en
el ángulo de cicatriz, en la plataforma, Barnes creyó haber descubierto el rasgo objetivamente
mensurable por el cual se podía distinguir el escantillamiento natural del causado por la mano
humana.
Para ser efectiva, esa medición tendría que aplicarse no a un solo espécimen sino a
muestras abundantes de piezas de la industria en cuestión. Barnes declaró que una muestra
"puede considerarse de origen humano si menos de 25% de los ángulos de cicatriz en la
plataforma son obtusos (90 grados y más)". Habiendo establecido esto, Barnes pronunció una
conclusión devastadora: ninguno de los eolitos que había examinado, incluso los de Moir, era

de origen humano. De manera interesante, parece que el propio Moir estaba enterado del
criterio de Barnes y creía que sus especímenes se encontraban dentro de la gama requerida.
Mas para Barnes, y para casi todos los demás miembros de la comunidad científica, esto ponía
fin a la controversia.
De hecho, en los círculos principales la controversia por los eolitos y otras industrias de
herramientas de piedra había dejado, tiempo atrás, de ser cuestión candente. Con los
descubrimientos del hombre de Java y del hombre de Beijing, la comunidad científica se había
convencido cada vez más de que la transición decisiva de precursores simiescos a seres
humanos (o protohumanos) fabricantes de herramientas había ocurrido del Pleistoceno
formativo al Pleistoceno medio. Esto hacía que las supuestas herramientas de piedra de seres
humanos durante el Plioceno y antes fuesen tema secundario y de poco interés. Sin embargo,
Barnes se encargó de la tarea valiosa, aunque prosaica, de barrer ciertos vestigios inútiles,
testimonios sin importancia. Y de ahí en adelante, cada vez que surgía el tema de las
antiquísimas industrias de herramientas de piedra, tema que aún resurge de cuando en
cuando, los científicos podían muy convenientemente remitirse al informe de Barnes. Y aún hoy
los científicos que estudian las herramientas de piedra aplican el método de Barnes.
Pero si lo vemos más de cerca, parece que el informe de Barnes, definitivamente
demoledor, necesita, a su vez, ser demolido. Alan Lyle Bryan, antropólogo canadiense,
escribió en 1986: "La cuestión de cómo distinguir los 'naturefactos' de los artefactos dista
mucho de estar resuelta, y exige mayor investigación. El modo en que se resolvió el problema
en Inglaterra, mediante la aplicación del método estadístico de Barnes de medir los ángulos de
cicatriz en la plataforma, no es generalmente aplicable a todos los problemas para diferenciar
los 'naturefactos' de los artefactos". En una conversación telefónica celebrada con uno de
nosotros el 28 de mayo de 1987, Bryan también expresó una cautelosa creencia de que
Barnes acaso fue demasiado lejos tratando de eliminar todas las anómalas industrias
europeas de herramientas de piedra. Prestando atención a descubrimientos más recientes,
Bryan afirmó que existen herramientas australianas del Pleistoceno tardío que no coinciden
con las especificaciones de Barnes.
Otro ejemplo de una industria que al parecer no concuerda con el criterio de Barnes es el
del Oldowan, de los niveles inferiores de la garganta de Olduvai. Considerando el carácter
sumamente burdo de los objetos, que Louis Leakey dijo que eran comparables a las
herramientas de Moir, resulta notable que la comunidad científica nunca las haya negado. Esto
probablemente es así porque la industria de Oldowan ofrece apoyo a la hipótesis de los
orígenes humanos por evolución en África, que es aceptada como dogma.
A la luz de las opiniones presentadas por Bryan y otros, es claro que no se justifica el
rechazo generalizado de las industrias eolíticas y otras industrias tempranas de herramientas
de piedra mediante la simple aplicación de la norma de Barnes.

EJEMPLOS RECIENTES DE HERRAMIENTAS EOLÍTICAS PROCEDENTES DE
AMÉRICA
Pese a los mejores esfuerzos de Barnes y de Bryan, la cuestión del eolito sigue
obsesionando a los arqueólogos. En América se han descubierto varias industrias de
herramientas de piedra, de tipo eolítico, anormalmente antiguas.
La mayoría de los arqueólogos dice que unos cazadores siberianos pasaron a Alaska por
un puente de tierra que existió cuando la última glaciación bajó el nivel de los mares. Durante
este periodo, el casquete de hielo canadiense impidió la migración hacia el sur hasta hace

unos 12 000 años, cuando los primeros inmigrantes americanos siguieron un pasaje libre de
hielos hasta lo que hoy es Estados Unidos. Estos eran los llamados "cazadores de Clovis",
célebres por sus características puntas de lanza. Estas corresponden a las sumamente
evolucionadas herramientas de piedra del Paleolítico tardío en Europa.
No obstante, muchos sitios excavados con los modernos métodos arqueológicos han
producido fechas tan enormes como 30 000 años para los seres humanos en América. Estos
sitios incluyen El Cedral, en el norte de México, la isla de Santa Bárbara, frente a California, y
el refugio rocoso de Boquierão do Sitio da Pedra Furada, en el norte de Brasil. Otros sitios que
han causado controversia tienen mucho más de 30 000 años.

GEORGE CARTER Y EL SITIO DE TEXAS STREET
Un buen ejemplo de una discutida y antiquísima industria de la piedra norteamericana,
que recuerda la de los eolitos europeos, es el descubrimiento realizado por George Carter
durante el decenio de 1950 en la excavación del sitio llamado "Texas Street", en San Diego.
En ese sitio afirmó Carter haber descubierto hogueras y burdas herramientas de piedra en
niveles correspondientes al último periodo interglacial: hace 80 000 a 90 000 años. Los críticos
se burlaron de estas afirmaciones diciendo que las supuestas herramientas de Carter eran
productos de la naturaleza o "carterfactos", y después públicamente se hizo mofa de Carter en
un curso de Harvard sobre "Arqueología fantástica". Y sin embargo, Carter presentó claras
normas para distinguir entre sus herramientas y unas rocas partidas por presión natural; y
expertos en el lítico, como John Witthoft, han apoyado sus afirmaciones.
En 1973, Carter efectuó unas excavaciones más extensas en Texas Street, e invitó a
muchos arqueólogos a verlas personalmente. Casi ninguno respondió. Carter declaró: "La
Universidad Estatal de San Diego se negó terminantemente a observar un trabajo que se hacía
en su propio patio posterior".
En 1960, un director de Science, publicación de la Academia para el Avance de la Ciencia
de Estados Unidos, pidió a Carter que presentara un artículo acerca de los primeros seres
humanos en América. Así lo hizo Carter, pero cuando el director envió el artículo a dos
especialistas para su revisión, ellos lo rechazaron.
Al ser informado de esto por el director, Carter contestó en una carta fechada el 2 de
febrero de 1960: "Debo suponer ahora que usted no tiene la menor idea de la intensidad de los
sentimientos que imperan en este campo. Es casi inútil tratar de transmitir alguna idea del
estado en que se encuentra el tema del hombre primitivo en América, por el momento. Pero
digamos, simplemente para divertirnos: yo tengo un corresponsal cuyo nombre no repetiré,
pues aunque cree que yo tengo razón, perdería su empleo si así lo dijera. Tengo otro
corresponsal, cuyo nombre no puedo decir, que, como estudiante graduado, descubrió
testimonios que probarían que tengo razón. Él y sus colegas, estudiantes, enterraron esas
pruebas. Estaban seguros de que presentarlas les haría perder toda oportunidad de obtener su
doctorado. En una reunión, un joven profesional se me acercó para decirme: ''Espero que lo
demuestre. Yo lo diría si me atreviera, pero me costaría el empleo". En otra reunión, un joven
se apartó de los demás para decirme: "En la excavación X descubrieron herramientas como las
de usted en el fondo, pero no lo publicaron".
El efecto inhibidor de la propaganda sobre la evolución de los descubrimientos de Carter
ha sido descrito por el arqueólogo Brian Reeves, quien escribió junto con sus colaboradores
en 1986: "¿Se descubrieron artefactos reales en Texas Street, y realmente pertenece ese sitio
a la última época interglacial?[...] Dado el peso del 'testimonio' crítico presentado por

arqueólogos renuentes a aceptar estos descubrimientos, el principal autor [Reeves], como casi
todos los demas arqueólogos, aceptó sin ninguna crítica la actitud de los escépticos,
rechazando los sitios y los objetos y diciendo que eran fenómenos naturales". Pero cuando se
tomó la molestia de ver por sí mismo el testimonio, Reeves cambió de opinión. Llegó a la
conclusión de que los objetos eran sin duda de manufactura humana y que el sitio de Texas
Street era tan antiguo como lo había dicho Carter.

LOUIS LEAKEY Y EL SITIO DE CALICÓ
A comienzos de su carrera, Louis Leakey, quien se haría célebre por sus descubrimientos
en la garganta de Olduvai, en África, empezó a tener ideas radicales sobre la antigüedad de
los seres humanos en América. Por entonces, los científicos creían que la fecha de entrada de
los cazadores siberianos no superaba los 5 000 años.
Recordó Leakey: "Allá en 1929-1930, cuando yo era maestro de la Universidad de
Cambridge [...] empecé a decir a mis discípulos que el hombre tenía que haber estado al
menos desde hacía 15 000 años en el Nuevo Mundo. Nunca olvidaré cuando encontrándose
en Cambridge Ales Hrdlicka, ese gran hombre de la Institución Smithsoniana, mi profesor (yo
sólo era supervisor de estudiantes) le informó que el doctor Leakey estaba diciendo a los
estudiantes que el hombre llevaba en América 15 000 años o más. Irrumpió violentamente en
mis habitaciones [...] ni siquiera se molestó en darme la mano".
Hrdlicka dijo: "Leakey, ¿qué es lo que oigo? ¿Está usted predicando herejías?"
"¡No, señor!", dijo Leakey.
Hrdlicka replicó: "¡Lo está usted haciendo! Usted aseguró a los estudiantes que había
hombres en América desde hace 15 000 años. ¿Qué prueba tiene usted?"
Leakey respondió: "No tengo ningún testimonio definitivo. Tan sólo testimonios puramente
circunstanciales. Pero habiendo hombres desde Alaska hasta el Cabo de Homos con muchos
diferentes lenguajes y al menos dos civilizaciones, no es posible que sólo estuviera presente
los pocos miles de años que ustedes le atribuyen".
Leakey continuó manteniendo opiniones heterodoxas, y en 1964 hizo un esfuerzo por
recabar una prueba definitiva en el sitio de Calicó, en el desierto de Mojave, en California. Este
sitio se encuentra cerca de la orilla del hoy desaparecido lago Manix. del Pleistoceno. En un
periodo de 18 años de excavaciones bajo la dirección de Ruth D. Simpson, se recuperaron, de
muy diversos niveles, 11400 artefactos eolíticos. Al nivel más antiguo en que se encontraron
artefactos se le han atribuido 200 000 años, aplicando el método de las series de uranio.
Y sin embargo, exactamente como había ocurrido en el caso de Texas Street, los
arqueólogos de la corriente principal rechazaron los artefactos descubiertos en Calicó,
diciendo que eran productos de la naturaleza, y el sitio de Calicó fue pasado en silencio en
todos los relatos populares de arqueología. Sonia Cole, la biógrafa de Leakey dijo: "Para
muchos colegas que sentían admiración y afecto hacia Louis y su familia, los años de Calicó
constituyeron un problema y un pesar".
Y sin embargo, los artefactos de Calicó también tienen sus defensores, quienes presentan
elaborados argumentos para mostrar que eran artefactos humanos y no geofactos resultantes
de procesos naturales. Phillip Tobias, el conocido asociado de Raymond Dart, descubridor del
Australopithecus, declaró en 1979: "Cuando el doctor Leakey me enseñó por primera vez una
pequeña colección de piezas de Calicó [...] al punto quedé convencido de que
algunas de las pequeñas muestras, aunque no todas, mostraban signos inequívocos del
trabajo del hombre".

Ruth D. Simpson declaró en 1986: "Sería difícil que la naturaleza produjera tantos
especímenes semejantes a herramientas unifaciales hechas por el hombre con un retoque en
los bordes completamente unidireccional, hecho en forma uniforme y directa. El sitio de Calicó
ha producido muchas herramientas de piedra completamente unifaciales con retoques
uniformes en los bordes. Incluyen raspadores de puntas, raspadores de lado y buriles". Las
herramientas en forma de lascas con escantillamiento unifacial y unidireccional, como las
encontradas en Calicó, son típicas de los eolitos europeos. También se han encontrado
ejemplos entre las industrias de Oldowan en el África oriental. Entre las mejores herramientas
descubiertas en Calicó se encontró un excelente buril (figura 3.12). También se ha informado
de piedras de "boleadoras".
Sin embargo, en general los descubrimientos de Calicó han tenido como respuesta
silencio ridículo y oposición en las filas de la paleoantropología de la corriente principal. No
obstante, Ruth Simpson afirmó: "La base de datos de un antiquísimo hombre primitivo en el
Nuevo Mundo va creciendo con rapidez, y ya no es posible simplemente pasarla por alto
porque no embona en los actuales modelos de la prehistoria del Nuevo Mundo [...] se necesita
una flexibilidad de pensamiento para que las revisiones de los colegas no sean tendenciosas"
.

TOCA DA ESPERANCA, BRASIL
De Brasil ha llegado apoyo a la autenticidad de las herramientas de Calicó. En 1982,
María Beltrao descubrió una serie de cavernas con pinturas rupestres en el estado de Bahía.
En 1985, se excavó una zanja en la Toca da Esperança (caverna de la Esperanza), y las
excavaciones efectuadas en 1986 y 1987 develaron unas burdas herramientas de piedra,
asociadas a mamíferos del Pleistoceno. Cuando se sometieron los huesos a pruebas mediante
el método de series de uranio, se obtuvieron edades superiores a los 200 000 años. La edad
máxima fue de 295 000 años. Se informó al mundo científico de este descubrimiento realizado
por Henry de Lumley, célebre arqueólogo francés.
Las herramientas fueron hechas a base de guijarros de cuarzo y se parecían un tanto a
las de la garganta de Olduvai. La fuente más cercana de guijarros de cuarzo se encuentra a
unos 10 kilómetros del sitio.
De Lumley y sus colaboradores dijeron en su informe: "El testimonio parece indicar que el
hombre primitivo entró en el continente americano mucho antes de lo que habíamos creído". Y
continuaron: "A la luz de los descubrimientos efectuados en la Toca da Esperança, es mucho
más fácil interpretar la industria lítica del sitio de Calicó, en el desierto de Mojave, cerca de
Yermo, condado de San Bernardino, California, fechada entre 150 000 y 200 000 años".
Según De Lumley y sus asociados, seres humanos y antepasados humanos entraron
varias veces a América procedentes del norte de Asia durante el Pleistoceno. Los primeros
emigrantes, quienes fabricaron las herramientas descubiertas en la caverna de Brasil, eran,
según afirmaron, Homo erectus. Aunque esta opinión esta en armonía con el consenso sobre
la evolución humana, no hay razón para que las herramientas de la Toca da Esperança no
pudiesen ser hechas por seres humanos anatómicamente modernos. Como ya lo hemos dicho
varias veces, este tipo de herramientas en varias partes del mundo siguen siendo
manufacturadas por seres humanos.

CHILE Otro sitio arqueológico que ha influido sobre la evaluación de burdas herramientas de piedra es el sitio de Monte Verde en el centro y sur de Chile. Según un informe aparecido en Mammoth Trumpet (1984). los descubrimientos arqueológicos realizados allí pusieron en entredicho la habitual teoría de los cazadores de Clovis. junto con restos de patatas silvestres. Así. era el que podríamos esperar de unos seres humanos anatómicamente modernos . El nivel cultural. así como pequeñas estufas de carbón cubiertas de cieno. la preocupante cuestión de artefactos contra "naturefactos" fue resuelta por una circunstancia fortuita: el sitio se encuentra localizado en una zona pantanosa. Buril con punta: herramienta de piedra de Calicó. la cultura estaba bien equipada con comodidades domésticas hechas a base de materiales perecederos. MONTE VERDE. Esto recuerda claramente las descripciones de los eolitos europeos. Y aunque las personas de Monte Verde hicieran algunas avanzadas herramientas bifaciales. Aunque no sea sumamente anómala una edad de 12 500 a 13 500 años para el sitio. Se hallaron. También se descubrieron tres burdos morteros de madera. lejos de ser subhumano.Figura 3. plantas medicinales y plantas de la costa marítima. asimismo. obtuvieron en alto grado herramientas de piedra seleccionando guijarros de forma natural. En una reserva de cieno se descubrió la huella del pie de un niño de 8 a 10 años de edad. Algunos de ellos dan señales de uso. La cultura del pueblo de Monte Verde era totalmente distinta de la de los cazadores de Clovis. En total el sitio de Monte Verde arroja una luz interesante sobre el tipo de seres que acaso hicieran y utilizaran unas burdas herramientas de guijarro durante el Plioceno y el Mioceno en Europa o en el límite entre el Plioceno y el Pleistoceno en África. Se encontraron 12 cimientos arquitectónicos hechos de tablas cortadas y de pequeños troncos de árboles clavados en el lugar. por lo general aprovecharon guijarros mínimamente modificados. piedras de amolar (metates). Había grandes fogatas comunales. en la que se han conservado plantas perecederas y materia animal. En este caso. En este caso. en el sur de California. se descubrieron dos guijarros unidos a agarraderas de madera.12. datada en cerca de 200 000 años. otros muestran señales de retoque deliberado del borde útil. De hecho. el sitio fue estudiado inicialmente por el arqueólogo Tom Dillehay en 1976. sostenidos por estacas. con alto contenido salino.

Pero según la idea predominante sobre el origen africano. . Según el New Scientist. cree Dennell. Ejemplo de ello son ciertos descubrimientos bastante recientes efectuados por arqueólogos británicos en Pakistán. fuera de América. hace casi un millón de años. En sitios que tienen millones de años de antigüedad. declaró el New Scientist: "Tales dudas no se aplican en el caso de las piedras del valle del Soan. arrancándole siete lascas (figura 3. antes que modificar sus ideas.aún el día de hoy.de unos 2 millones de años de antigüedad. supuestamente. un individuo homínido golpeó en tres direcciones con un martillo de piedra. Nuestra revisión de las herramientas anómalas de piedra nos debería haber hecho sospechar de este tipo de acusación. en un medio aislado. estaban tan firmemente enterradas en un depósito de conglomerado y de arenisca silícea llamado 'Alto Siwalik'. Con respecto a las dudas expresadas acerca del marco estratigráfico y de la edad de las herramientas de piedra. Entonces. aunque bien pudieron haberlas acompañado unos artefactos perecederos. vemos así en Monte Verde unos artefactos que representan una cultura avanzada al lado de los tipos más primitivos de herramientas de piedra. al parecer estaban resueltos a desacreditar las herramientas de piedra descubiertas en Pakistán. Entonces. Algunos científicos que examinaron las herramientas de Pakistán trataron de desacreditar su descubrimiento. sólo vemos las herramientas de piedra. del tipo de los que se descubrieron en Monte Verde. En opinión de Dennell. todas ellas de cuarcita. arguye Robin Dennell. Él y su colega Helen Rendell. son 'artefactos bien definidos'. Podemos imaginar cómo reaccionarían esos científicos a las herramientas de piedra descubiertas en contextos del Mioceno.13). que no embonan en las ideas habituales sobre la evolución humana. Por un accidente de la conservación. Este escantillamiento multifacético junto con la fresca apariencia de las cicatrices dejadas en el 'núcleo' restante forman un caso 'muy convincente' de participación humana". el artefacto menos equívoco es una pieza de cuarcita que. geóloga de la Universidad de Sussex. informan que las piedras. ¿qué pasa con el descubrimiento de Pakistán? Los científicos que sostenían la idea de que el Homo erectus fue el primer representante del linaje Homo que salió de África. estaba confinado al África. al sureste de Rawalpindi. La antropóloga Sally McBrearty se quejó. continúan descubriéndose herramientas similares a las del eolito. Estas burdas piedras de amolar tienen cerca de 2 millones de años. director de campo del Proyecto Paleolítico de la Misión Arqueológica Británica y de la Universidad de Sheffield. ocho. ¿qué decir de la sugerencia de McBrearty de que esos objetos de piedra no habían sido obra de seres humanos? El New Scientist ofreció una opinión más equilibrada: "De las piezas que extrajeron. el Homo habilis. en un informe al New York Times. Es típico que los científicos exijan más altos niveles de prueba para los descubrimientos anómalos que para los testimonios que sí coinciden con las ideas establecidas acerca de la evolución humana. la datación se logró mediante una combinación de estudios paleomagnéticos y estratigráficos. que tuvieron que sacarlas con cincel". el antepasado humano de ese periodo. HALLAZGOS RECIENTES EN PAKISTÁN En muchas partes del mundo. Un informe de 1987 que apareció en la publicación británica New Scientist indica que McBrearty estaba siendo demasiado escéptica. de que los descubrimientos "no constituyen testimonio suficiente de que los especímenes sean tan antiguos y de que sean de fabricación humana".

en Siberia y en el noroeste de la India se han hecho otros muchos descubrimientos de herramientas de piedra. señor de las fuerzas de la destrucción universal. En 1982. en Siberia. Se han hecho muchos descubrimientos de herramientas de piedra en la región de Siwalik Hills. en Diring Yurlakh. En 1981. hace cerca de un millón de años. en la formación Tratot del Plioceno. Recientes testimonios de la India también nos hacen remontarnos 2 millones de años atrás. En 1961 se descubrieron centenares de herramientas de burdos guijarros cerca de GornoAltaisk. en las estribaciones del Himalaya en el noroeste de la India. no encajan muy bien con la idea común de que el Homo erectus fue el primer representante del linaje Homo que emigró de África.13. SIBERIA Y LA INDIA En otros sitios de Asia. cerca de Haritalyangar. Los siwaliks derivan su nombre del semidiós Shiva (sánscrito.5 millones de años de antigüedad. Ziva). Siberia. Prasad declaró en su informe: "La . N. P. En la misma formación se recuperaron otras herramientas. Los ya mencionados descubrimientos en Siberia y en la India. Unos científicos británicos le atribuyeron cerca de 2 millones de años.5 millones de años de antigüedad. en la formación Nagri del Mioceno. descubrió herramientas de piedra semejantes a los eolitos europeos en un sitio que domina el río Lena. sobre el río Ulalinka.Figura 3. A. Según un informe de 1984. que tiene más de 2 millones de años. de los científicos rusos A. Instrumento de piedra descubierto en la formación del Alto Siwalik.8 millones de años. Yuri Mochanov. de 1. Prasad. informó del descubrimiento de una "herramienta de guijarro en forma de una burda hacha de mano unifacial". miembro del Anthropological Survey de la India. en Pakistán. Otro científico ruso. Ragozin. en el noroeste de la India. He aquí un ejemplo de una época aún más remota. K. en 1. las herramientas fueron descubiertas en estratos de 1. descubrió una herramienta de piedra cerca de la aldea de Haritalyangar.5 a 2. del Geological Survey de la India. mediante los métodos de potasio-argón y magnéticos. Anek Ram Sankhyan. Okladinov y L.5 a 2. Las formaciones en que fueron recuperadas estas herramientas fueron fechadas. de unos 2 millones de años de antigüedad.

del África oriental. esto plantearía graves preguntas. "indica que homínidos tempranos. ¿quién las hizo? Los científicos aceptan prácticamente sin vacilar que las herramientas del Oldowan fueron hechas por el Homo habilis. descubiertas por Louis y por Mary Leakey. Mary Leakey dijo esto en su libro acerca de las herramientas de piedra de Oldowan: "Se ha registrado en el suroeste de África un ejemplo actual. para cortar y despellejar". comparables en edad a las herramientas de Oldowan. algunos podrán sostener lícitamente cierto grado de duda. especie homínida primitiva. los primeros fabricantes de herramientas aparecieron en África hace unos 2 millones de años. ¿quién hizo esa herramienta del Mioceno reportada por Prasad? Sus fabricantes bien pudieron haber sido seres humanos anatómicamente modernos que vivieron en el Mioceno. con postura erecta y probablemente utilizaban esas herramientas para cazar". Pero hoy la mayoría de los científicos no consideran al Ramapithecus como antepasado humano. Aun si aceptáramos que algún ser primitivo como el Homo habilis hizo la herramienta del Mioceno. según las ideas predominantes. de lascas no retocadas utilizadas como instrumentos cortantes. es factible imaginar que los científicos consideraran la posibilidad de que un ser como el Homo habilis también hubiese hecho los eolitos de East Anglia y de la meseta de Kent. La conclusión más razonable es que tanto los eolitos europeos como las herramientas del Oldowan. y lo mencionaremos en breve. Una expedición del Museo Estatal de Windhoek descubrió a dos grupos del pueblo Ova Tjimba que utilizan piedras como herramientas y que no sólo hacen cortadores para abrir huesos y otros trabajos pesados. . dijo Prasad. eran bípedos. sino como antepasado de los orangutanes actuales. Prasad creyó que el instrumento había sido fabricado por una criatura muy simiesca llamada el Ramapithecus. incluyendo las industrias del Oldowan del África oriental. Pero. "La presencia de esta herramienta de guijarro en tan antiguos sedimentos". Entonces. Se tuvo cuidado de confirmar el origen exacto del material para excluir toda posibilidad de que hubiese derivado de horizontes más jóvenes". como el Ramapithecus. La condición es que entonces hay que rechazar otras industrias de herramientas de piedra de naturaleza similar. argumentos que sin duda resultarán convincentes para muchos. no retocadas ni afiladas. sino que también se valen de lascas sencillas. Por tanto. interesante. y eso significaría rechazar muchas industrias aceptadas.herramienta fue recuperada in situ durante una nueva medición de la sucesión geológica para evaluar el espesor de los lechos. 61). nada nos impide considerar la posibilidad de que unos seres humanos anatómicamente modernos fuesen los creadores hasta de las más burdas herramientas de piedra descubiertas en la garganta de Olduvai y en los sitios eolíticos de Europa. no notamos una gran diferencia en su tallado. fueron hechos con toda intención. p. ¿QUIEN HIZO LAS HERRAMIENTAS EOLÍTICAS? Aun después de haber oído todos los argumentos en favor de que los eolitos fueron de fabricación humana. ¿Podríamos perdonar a quien dudara por no aceptar los eolitos? La respuesta es un condicionado sí. forjaban herramientas. algunos de los cuales son. aproximadamente. Cuando se colocan ilustraciones de los eolitos descubiertos en la meseta de Kent y en East Anglia junto con las de herramientas de la garganta de Olduvai (figura 3. Por consiguiente. Pero existe otra posibilidad.3. Este recién definido Ramapithecus definitivamente no era un fabricante de herramientas de piedra.

También se encuentran herramientas de piedra muy avanzadas en colecciones de eolitos europeos. mientras que sí hay fósiles del Homo habilis. raspadores diminutos. Debemos considerar entonces la posibilidad de que unos seres humanos anatómicamente modernos fueran los creadores de algunas si no de todas las herramientas eolíticas y de Oldowan. fosilizados. entonces. Utilizar piedras como boleadoras para capturar presas requeriría un grado de inteligencia y de destreza muy superiores a los que poseía el Homo habilis.. de hace 1 ó 2 millones de años. se tendría que responder a esta pregunta obvia: si ella creía que la estructura se asemejaba a las que hacen en la actualidad pueblos nómadas. Louis y Mary Leakey también descubrieron en el lecho I de la garganta de Olduvai piedras para boleadoras y un instrumento al parecer para trabajar el cuero que bien pudo servir para hacer cuerdas de cuero para las boleadoras. en una formación ligeramente anterior al lecho I de Olduvai. Pero si se aceptara la versión de Leakey. No todos estuvieron de acuerdo con la interpretación de Mary Leakey respecto del círculo de piedra. Entre ellos pueden enumerarse el esqueleto fósil humano descubierto en 1913 por el doctor Hans Reck.. leznas. Desmond Clark escribió en su prólogo al estudio de Mary Leakey (1971): "He aquí artefactos que el uso tradicional asocia tipológicamente con épocas muy posteriores (el Paleolítico tardío o aun después). Además. tenemos un informe de Mary Leakey acerca de una discutida formación circular de piedras en el sitio de DK en el lecho I inferior. donde. descubiertos por Richard Leakey en el lago Turkana de Kenia. del Homo sapiens y no del Homo erectus ni del Homo habilis. en el Pleistoceno formativo o en el Plioceno tardío. ¿por qué no suponía Mary Leakey que unos seres humanos anatómicamente modernos hicieron el círculo de piedra de Olduvai hace 1.] y un guijarro acanalado y perforado". Podemos notar. sin embargo. en el lecho II de la garganta de Olduvai. que inclinan y que luego cubren con pieles o con hierbas". específicamente. buriles [. "el círculo se asemeja a las estructuras temporales frecuentemente hechas en la actualidad por pueblos nómadas que construyen una pared baja de piedra en torno de sus moradas. Mary Leakey sugirió que "acaso fuesen colocados como soportes para ramas o como palos encajados en el suelo para formar un rompeviento o un refugio primitivo". Además del testimonio fósil. como los Okombambi. Como ilustración. como se describe en los capítulos 7 y 12.La respuesta habitual será que no hay fósiles que muestren la presencia a su alrededor de seres humanos del tipo enteramente moderno. Mary Leakey presentó una fotografía de uno de esos refugios temporales hechos por la tribu Okombambi. algunos hombres de ciencia han descubierto esqueletos fósiles de seres humanos de tipo enteramente moderno en estratos al menos tan antiguos como los niveles inferiores de la garganta de Olduvai. J. en cambio. en Tanzania. que las herramientas del tipo descubierto "en el Paleolítico tardío y aun después" son consideradas por los científicos modernos como obra. escribió. no es correcto decir que no hay ningún testimonio fósil de una presencia enteramente humana en los niveles inferiores de la garganta de Olduvai.75 millones de años? Existen testimonios muy interesantes de que algunas de las herramientas de la garganta de Olduvai eran bastante avanzadas. la cual sirve para protegerlos del viento o como base para soportar ramas. que muestra que este homínido tenía una . Pero los fósiles de Homo sapiens escasean mucho incluso en sitios del Pleistoceno tardío. Por consiguiente. del África suroccidental (hoy Namibia). "En su apariencia general". Esto ha cobrado mayor importancia por el reciente descubrimiento de un esqueleto relativamente complejo de Homo habilis. y unos fémures humanos. se han encontrado abundantes herramientas de piedra y otras señales de vida humana.

Asimismo. . La explicación más sencilla es que unos seres humanos anatómicamente modernos. que también hacían herramientas de piedra.apariencia mucho más simiesca de lo que antes habían imaginado los científicos. podríamos imaginar que tales seres humanos coexistieron con otros seres semihumanos. Y como se describió en este capítulo y se describirá en los dos siguientes. también encontramos testimonios de la misma variedad de herramientas en el Pleistoceno. desde las más primitivas hasta las más avanzadas. en el Plioceno. que forman toda la gama de las herramientas de hoy. en el Mioceno y aun hasta en el remoto Eoceno. también las fabricaron en el pasado. ¿dónde nos coloca todo esto? En el mundo de hoy descubrimos que los seres humanos fabrican herramientas de piedra de varios niveles de refinamiento. más primitivos. Entonces.

Paleolitos burdos
Los paleolitos burdos representan un avance sobre los eolitos. Los eolitos son pedazos de
piedras rotas por fuerzas naturales que fueron empleados como herramientas, con poca o
ninguna modificación. Una superficie con filo podía ser ligeramente retocada o, simplemente,
dar señales de desgaste. En cambio, los paleolitos fueron a menudo deliberadamente
escantillados y muestran más extensas modificaciones.

LOS DESCUBRIMIENTOS DE CARLOS RIBEIRO EN PORTUGAL
La primera mención de los descubrimientos de Carlos Ribeiro llamó nuestra atención en
forma totalmente accidental. Hojeando los escritos del geólogo estadounidense J. D. Whitney,
del siglo XIX, encontramos una o dos frases acerca de que Ribeiro había descubierto unas
herramientas de pedernal en formaciones del Mioceno, cerca de Lisboa, Portugal.
Encontramos otras breves menciones en las obras de S. Laing, popular escritor inglés de
ciencia de finales del siglo XIX. Sintiendo curiosidad, buscamos en las bibliotecas pero no
encontramos obras bajo el nombre de Ribeiro y nos vimos en un callejón sin salida. Tiempo
después volvió a aparecer el nombre de Ribeiro, esta vez en la edición inglesa de 1957 de la
obra Fossil Men de Boule y Vallois, quienes bastante secamente desecharon la obra de aquel
geólogo portugués del siglo XIX. Sin embargo, Boule y Vallois nos llevaron a la edición de
1883 de Le Préhistorique de Gabriel de Mortillet, quien hizo un informe favorable de los
descubrimientos de Ribeiro. Y siguiendo las referencias mencionadas en las notas de De
Mortillet, gradualmente fuimos descubriendo toda una plétora de informes originales,
notablemente convincentes, en las publicaciones francesas de arqueología y de antropología
de finales del siglo XIX.
La búsqueda de este testimonio enterrado fue reveladora y nos mostró cómo los
científicos de lo establecido tratan los informes sobre hechos que no están de acuerdo con las
ideas aceptadas. Téngase en cuenta que para la mayoría de los actuales estudiosos de
paleoantropología, Ribeiro y sus descubrimientos simplemente no existen. Hay que volver a
los libros de texto impresos hace más de 30 años para encontrar siquiera una mención de él.
En 1857, Carlos Ribeiro fue nombrado jefe del Estudio Geológico de Portugal, y también
sería elegido para formar parte de la Academia Portuguesa de Ciencias. Durante los años de
1860-1863, efectuó estudios de instrumentos de piedra descubiertos en estratos cuaternarios,
en Portugal. Los geólogos del siglo XIX dividían generalmente los periodos geológicos en
cuatro grupos principales: 1) el primario, que abarcaba los periodos desde el Precámbrico
hasta el Pérmico; 2) el secundario, que abarcaba los periodos del Triásico hasta el Cretácico;
3) el terciario, que comprendía los periodos transcurridos desde el Paleoceno hasta el
Plioceno, y 4) el cuaternario, que abarcaba los periodos Pleistoceno y Reciente. En el curso de
sus investigaciones, Ribeiro se enteró de que se habían descubierto unos pedazos de
pedernal que mostraban señales de trabajo humano, en lechos del terciario, entre Canergado y
Alemquer, dos poblaciones situadas en la cuenca del río Tajo, al noreste de Lisboa.
Sin tardanza, Ribeiro empezó sus propias investigaciones, y en muchas localidades
descubrió lascas de pedernal y cuarcita trabajadas en lechos del terciario. Pero Ribeiro
consideró que debía someterse al dogma científico prevaleciente, aún en vigor, de que los
seres humanos no podían ser anteriores al cuaternario.
En 1866, en los mapas geológicos oficiales de Portugal, Ribeiro, de mala gana, atribuyó

épocas cuaternarias a algunos de los estratos en que se habían encontrado herramientas. Al
ver los mapas, el geólogo francés Edouard de Verneuil rechazó airadamente el juicio de
Ribeiro, señalando que los lechos supuestamente cuaternarios eran, sin duda, del Plioceno o
del Mioceno. Mientras tanto en Francia, el abate Louis Bourgeois, investigador con cierta
reputación, había informado haber descubierto herramientas de piedra en lechos del terciario.
Bajo la influencia de las críticas de Verneuil y los descubrimientos de Bourgeois, Ribeiro
empezó a informar abiertamente sobre el descubrimiento de herramientas humanas en
formaciones del Plioceno y del Mioceno en Portugal.
En 1871, Ribeiro presentó a la Academia Portuguesa de Ciencias de Lisboa una
colección de herramientas de pedernal y de cuarcita, incluyendo algunas recogidas en
formaciones terciarias de la cuenca del Tajo. En 1872, en el Congreso Internacional de
Antropología y Arqueología Prehistóricas, reunido en Bruselas, Ribeiro mostró más
especímenes, en su mayor parte lascas puntiagudas. La opinión de los científicos se dividió.
En la exposición de París de 1878, Ribeiro mostró 95 especímenes de herramientas de
pedernal del terciario. Gabriel de Mortillet, el influyente antropólogo francés, visitó la exposición
de Ribeiro y declaró que 22 especímenes mostraban señas indudables de trabajo humano.
Junto con su amigo y colega Emile Cartailhac, De Mortillet llevó a otros científicos a ver las
muestras de Ribeiro, y todos fueron de la misma opinión: muchas de las piezas de pedernal
habían sido definitivamente trabajadas por seres humanos.
Escribió De Mortillet: "El trabajo intencional está muy bien establecido no sólo por la
forma general, que podría ser engañosa, sino, de manera mucho más concluyente, por la
presencia de plataformas de golpeo claramente evidentes y por bulbos de percusión
fuertemente desarrollados". A los bulbos de percusión se les llama también a veces éraillures
[roces], pequeños fragmentos desprendidos por la fuerza del impacto. Algunas de las muestras
de Ribeiro también tenían varias lascas verticales largas, separadas en paralelos, algo que no
ocurriría, probablemente, por el efecto de presiones al azar producidas por las fuerzas de la
naturaleza.
Leland W. Patterson, moderno experto en herramientas de piedra, sostiene que el bulbo
de percusión es la señal más indudable del trabajo intencional en una lasca de pedernal. Si la
lasca también muestra los restos de una plataforma de golpeo, entonces se puede estar aún
más seguro de que la lasca fue golpeada deliberadamente con un núcleo de pedernal, y que
no es una pieza rota por fuerzas naturales que se parece a una herramienta o un arma.
La figura 4.1 muestra una de las herramientas miocenicas de Ribeiro recogidas en
Portugal, y como comparación, una herramienta de piedra, reconocida de la etapa cultural
musteriense del Pleistoceno tardío de Europa. Comparten los rasgos típicos del trabajo
humano intencional sobre la piedra: la plataforma de golpeo, el bulbo de percusión, la éraillure
y la supresión paralela de lascas.

Figura 4.1. Izquierda: vistas de frente y de dorso de una herramienta de piedra recobrada
en una formación terciaria en Portugal. Tendría más de 2 millones de años. Derecha: un
instrumento reconocido de piedra, de menos de 100 000 años de antigüedad, de la etapa
cultural musteriense del Pleistoceno tardío europeo. Ambas herramientas muestran claramente
los siguientes rasgos de trabajo humano intencional: 1) plataformas de golpeo; 2) éraillures; 3)
bulbos de percusión, y 4) supresión paralela de lascas.
Además, observó De Mortillet: "Muchos de los especímenes, del mismo lado del bulbo de
percusión, tienen huecos con rastros y fragmentos de piedra caliza adherida a ellos, hecho que
establece su posición original en los estratos". Pero algunos científicos aún se mostraban
dudosos. En la reunión de 1880 del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología
Prehistóricas, celebrada en Lisboa, Portugal, Ribeiro mostró más especímenes de lechos del
Mioceno. En su informe declaró Ribeiro: "1) fueron descubiertos como partes integrales de los
propios lechos; 2) tenían bordes afilados y bien conservados, lo que demostraba que no habían
sido sujetos a movimientos a una gran distancia, y 3) tenían un color de pátina similar a las
rocas de los estratos de los que formaban parte".

El segundo punto es de especial importancia. Algunos geólogos informaron que ciertas
herramientas pleistocénicas de pedernal habían sido acarreadas a fisuras de lechos del
Mioceno por aguas y corrientes. Pero si las piezas hubiesen sido así transportadas, entonces
muy probablemente se habrían dañado las partes afiladas, y este no era el caso.
El Congreso nombró una Comisión Especial para inspeccionar las herramientas y los
sitios. El 22 de septiembre de 1880 los miembros de la Comisión subieron a un tren y se fueron
al norte desde Lisboa. Durante el viaje contemplaron los antiguos fuertes situados sobre las
colinas, y se señalaron unos a otros los terrenos jurásicos, cretácicos y terciarios conforme
avanzaban por la cuenca del río Tajo. Descendieron del tren en Carregado. Luego se dirigieron
a la cercana Otta y a 2 kilómetros de Otta llegaron a la colina de Monte Redondo. En ese punto,
los científicos se dispersaron por varias cañadas en busca de piezas de pedernal.
En su libro Le Préhistorique Gabriel de Mortillet hizo un relato informativo de los hechos
ocurridos en Monte Redondo. "Los miembros del Congreso llegaron a Otta, que se halla en el
centro de una gran formación de agua dulce. Era el fondo de un antiguo lago, con arena y
cieno en el centro, y arena y rocas en los bordes. En las orillas, unos seres inteligentes habrían
dejado sus herramientas, y fue en las orillas del lago que en un tiempo bañaba el Monte
Redondo donde efectuamos la investigación. Nos aguardaba el éxito. El experto investigador
de Umbría (ltalia), señor Bellucci, descubrió in situ una pieza de pedernal con señales

indudables de trabajo intencional. Antes de separarla, la mostró a muchos de sus colegas. El
pedernal estaba fuertemente empotrado en la roca y tuvo que usar un martillo para extraerlo.
Es indiscutiblemente de la misma edad que el depósito. En lugar de yacer de plano sobre una
superficie en la que habría quedado secundariamente cimentado en fecha muy posterior, fue
descubierto firmemente en el lugar sobre el lado inferior de una saliente que se extendía sobre
una región removida por la erosión (figura 4.2). Es imposible pedir una demostración más
completa de la posición de una
pieza de pedernal en su estrato." Algunas autoridades modernas consideran que los
conglomerados de Otta forman parte del Mioceno formativo, tienen aproximadamente de 15 a
20 millones de años de antigüedad. En conjunto, no parece haber ninguna razón para que los
descubrimientos de Ribeiro no recibieran la atención que se merecen, ni siquiera en la
actualidad.

Figura 4.2. Estratigrafía del lugar situado en la base de Monte Redondo, en Otta Portugal,
donde G. Bellucci descubrió una herramienta: 1) piedra caliza; 2) conglomerado de piedra
caliza del Mioceno, con piezas de pedernal,y 3) depósito de superficie de pedernales
erosionados. La flecha marcada con X indica la posición de la herramienta.

LOS DESCUBRIMIENTOS DE L. BOURGEOIS EN THENAY, FRANCIA
El 19 de agosto de 1867, en París, Bourgeois presentó al Congreso Internacional de
Antropología y Arqueología Prehistóricas un informe sobre instrumentos de pedernal que había
descubierto en lechos del Mioceno formativo (15 a 20 millones de años de antigüedad) en
Thenay, en el centro de la Francia septentrional. Bourgeois dijo que se asemejaban a los tipos
de instrumentos cuaternarios (raspadores, perforadores, hojas, etc.) que había encontrado en la
superficie en esa misma región. En casi todos los especímenes del Mioceno descubrió las
indicaciones habituales de trabajo humano: finos retoques, escantillados simétricos y señales
de uso.
En el Congreso de París sólo unos cuántos científicos reconocieron que en realidad eran
artefactos. Sin desalentarse, Bourgeois siguió descubriendo más especímenes y convenciendo

a paleontólogos y geólogos, en particular, de que eran resultado de un trabajo intencional.
Gabriel de Mortillet fue uno de los primeros que se convencieron.
Algunos científicos cuestionaron la posición estratigráfica en que se habían descubierto
las piezas. Los primeros especímenes recogidos por Bourgeois procedían de restos de roca, a
lo largo de los lados de un pequeño valle que atraviesa la meseta de Thenay. Algunos
geólogos, como sir John Prestwich, objetaron que se trataba, esencialmente, de
descubrimientos de superficie.
Como respuesta Bourgeois excavó una zanja en el valle y halló unas piezas de pedernal
que mostraban las mismas señales de trabajo humano.
Aún insatisfechos, sus críticos dijeron que las herramientas de pedernal descubiertas en
la zanja había llegado a esas posiciones a través de fisuras, y que habían caído desde lo alto
de la meseta, donde a menudo se descubrían herramientas del Pleistoceno. Saliéndole al paso
a esta objeción, Bourgeois, en 1869, perforó un pozo en lo alto de la meseta. Durante la
excavación llegó a un estrato de piedra caliza de unos 30 centímetros de espesor, en el cual no
se encontraron fisuras a través de las cuales hubiesen podido deslizarse herramientas de
piedra del Pleistoceno a niveles inferiores.
Más abajo, en el pozo, a una profundidad de cerca de 3 metros, en estratos del Mioceno
formativo Bourgeois descubrió muchas herramientas de pedernal. Declaró De Mortillet en Le
Préhistorique: "No quedó ninguna duda acerca de su antigüedad o de su posición geológica".
Pese a esta clara demostración, muchos científicos se empeñaron en su duda irrazonable.
Hubo un enfrentamiento, en Bruselas, en la reunión de 1872 del Congreso Internacional de
Antropología y Arqueología Prehistóricas.
Bourgeois presentó muchas muestras, de las cuales se incluyeron figuras en las actas
publicadas del Congreso. Al hacer la descripción de una herramienta puntiaguda (figura 4.3),
Bourgeois declaró: "He aquí un espécimen parecido a una lezna, con una base ancha. La
punta en el centro se ha logrado mediante un retoque regular. Este es un tipo común a todas
las épocas. Del lado opuesto se encuentra un bulbo de percusión.
Bourgeois describió otra herramienta, a la que llamó "cuchillo o instrumento cortante":
"Los bordes han sido retocados regularmente, y el lado opuesto presenta un bulbo de
percusión". En muchas de sus muestras, observó Bourgeois, los bordes de la parte de la
herramienta que podía agarrarse con la mano no estaban desgastados, mientras que los de las
superficies cortantes mostraban extenso desgaste y pulimento.
Bourgeois dijo que otra muestra (figura 4.4) era una punta de proyectil o una lezna.
Observó la presencia de retoque en los bordes, con la obvia intención de hacer una punta
afilada. Entre los objetos que recabó, Bourgeois también observó un núcleo con las dos
extremidades retocadas, para ser utilizado con algún propósito. Hizo notar: "El borde más
prominente ha sido escantillado mediante una serie de golpes artificiales, probablemente para
agarrar la herramienta con mayor comodidad. Los otros bordes siguen siendo agudos, lo que
muestra que este escantillamiento no se debió a que la pieza rodara". La figura 4.5 muestra la
herramienta del Mioceno formativo de Thenay junto con una herramienta similar, reconocida,
del Pleistoceno tardío.

Figura 4.3. Una herramienta puntiaguda, de una formación miocénica, encontrada en
Thenay, Francia.

Figura 4.4. Artefacto puntiagudo de estratos del Mioceno, en Thenay, Francia, con
retoques cerca de la punta.

Para zanjar cualquier controversia, el Congreso Internacional de Antropología y
Arqueología
Prehistóricas nombró una comisión de 15 miembros para juzgar los
descubrimientos efectuados por Bourgeois. Una mayoría de ocho miembros votó en el sentido
de que las piezas eran de fabricación humana. Sólo cinco de los 15 no vieron rastros de
trabajo humano en los especímenes de Thenay. Uno de los miembros se abstuvo de opinar y
otro apoyó a Bourgeois con ciertas reservas.

Herramientas retocadas unifacialmente del Mioceno formativo. La figura 4. a esto se le llama "escantillamiento unifacial".6. creía que en casi todos los casos el escantillamiento unifacial no es resultado de impactos casuales sino de un trabajo deliberado. sólo había unos cuantos buenos especímenes (unos 30). .Figura 4. afirman que los escantillamientos paralelos. A lo que De Mortillet exclamó: "Bastaría con un sólo espécimen indiscutible. aproximadamente del mismo tamaño.6). Patterson. en Thenay. De Mortillet incluyó reproducciones de algunos de los pedernales de Thenay. que mostraban retoques unifaciales muy regulares (figura 4. Algunos de los adversarios de Bourgeois comentaron que entre todas las piezas de pedernal del Mioceno formativo recogidas en Thenay. Arriba: una herramienta de pedernal del Pleistoceno tardíotardío. W. ¡y tienen 30!" Algunas autoridades modernas sobre herramientas de piedra. mientras que el otro lado se había dejado intacto.7 representa una herramienta unifacial de Thenay junto con una herramienta unifacial similar. Francia. Francia. en Thenay. Abajo: una herramienta de estratos del Mioceno formativo. de la garganta de Olduvai.5. De Mortillet. como las autoridades modernas. pero casi todas las piezas mostraban finos retoques en los bordes. Los retoques tendían a concentrarse en uno de los lados de un borde. son buena señal de una labor humana. reconocida. como L. Figura 4. En su libro Musée Préhistorique. Los bulbos de percusión escaseaban entre las herramientas de pedernal del Mioceno formativo de Thenay. Ilustraciones de las piezas de pedernal del Mioceno formativo de Thenay muestran esos escantillamientos.

dándoles el tamaño y la forma requeridos [. lo que indica que estuvieron expuestas al fuego.7. y las objeciones casi no tienen otra base que la renuencia a reconocer la gran antigüedad del hombre". Muchos de los pedernales de Thenay tienen superficies finamente rajadas. en realidad hubo científicos que descubrieron restos humanos exactos a los del Homo sapiens. como veremos en los siguientes capítulos. en Thenay. lo que satisface ciertos requerimientos para reconocer objetos de fabricación humana.] en suma el testimonio en favor de estas herramientas miocénicas parece ser muy concluyente. al público lector de los países de habla inglesa. Francia. sin otro cambio que el de ligeras mejoras sucesivas. dijo: "Su tipo continúa. Si unos seres humanos hacen hoy tales raspadores. similares a los simios. hablando de los pedernales de Thenay.. De Mortillet llegó a la conclusión de que unos seres humanos habían empleado fuego para fracturar grandes pedazos de pedernal. Laing decía: "El origen humano de estas herramientas ha sido grandemente confirmado par el descubrimiento de que los mincopics de las islas Andamán fabrican piedras de amolar o raspadores casi idénticos a los de Thenay mediante el mismo proceso de aplicar fuego para partir las piedras.. Pero en 1894. del Mioceno formativo. el cuaternario y hasta la actualidad. garganta de Olduvai. . Por medio de los escritos de S. Los bordes inferiores de ambos especímenes muestran escantillamientos práccticamente paralelos. Laing. Laing. en estratos del terciario. África. de la parte media inferior del lecho II. El raspador de los esquimales y de los habitantes de las islas Andamán no es sino una versión corregida y aumentada del raspador del Mioceno". Izquierda: herramienta de pedernal de una formación del Mioceno formativo. llegó la información sobre las herramientas de Thenay.Figura 4. Derecha: una herramienta reconocida. Luego. ciertamente es posible que unos seres idénticos hiciesen raspadores semejantes allá en el Mioceno. Y. S. ¿Quién hizo las herramientas de pedernal de Thenay? Algunos pensaron que habían sido obra de antepasados humanos primitivos. los fragmentos resultantes fueron convertidos en herramientas. a través del Plioceno.

Así. Y cuando los fósiles esperados aparecieron por fin en 1891. de fabricación humana. como bulbos de percusión. Rames dudó de que el objeto descubierto por Tardy fuese. y la estabilidad de todo el edificio de la paleoantropología moderna dependía de que permanecieran enterrados. Esto. El precursor humano. Laing hizo una descripción detallada de los signos de fabricación humana que Rames había observado en el pedernal: "Las muestras consisten en varios tipos paleolíticos bien conocidos: hachas. De Mortillet creyó que la superficie de la herramienta de pedernal de Tardy se había adherido recientemente al conglomerado del Mioceno tardío y por tanto decidió asignarle una fecha del Pleistoceno. Francia. Las herramientas de pedernal de Puy Courny fueron declaradas auténticas en un congreso de científicos celebrado en Grenoble. enterrados. lo que indicaba que habían sido usadas. B. S. hace 20 millones de años según las estimaciones actuales. ante todo. hace menos de un millón de años. lo que significa que hubo que aplicar cierta fuerza para sacar la pieza de pedernal. Si hubiera que aceptar una sola pieza en favor de la existencia de fabricantes de herramientas en el Mioceno o en el Plioceno formativo. FRANCIA En 1870. en Puy Courny. Estas herramientas fueron recogidas de unos sedimentos ocultos bajo capas de material volcánico. puntas de flecha y lascas sólo que más rudas y más pequeñas que las de periodos ulteriores. Rames hizo sus propios descubrimientos de herramientas de pedernal en la misma región. el antropólogo francés Armand de Quatrefages notó unas finas raspaduras paralelas en los bordes escantillados de muchas muestras. El geólogo francés J. pero las atribuyeron a un precursor del tipo humano. pero no se habían descubierto fósiles. colocó en un dilema a los partidarios de los hombresmono miocénicos. ciertamente.8) de la superficie expuesta de un conglomerado del Mioceno tardío. y satisfacen todas las pruebas por las cuales se puede afirmar la autenticidad de herramientas cuaternarias. sino en el Pleistoceno medio. no fue encontrado en el Mioceno formativo. en realidad. en un sitio cercano a Aurillac. el ser de transición entre los simios fósiles y los modernos seres humanos. escantillamiento intencional en una dirección determinada". extendidos en el Mioceno tardío. es cada vez más claro por qué ya no oímos hablar de los pedernales de Thenay. HERRAMIENTAS DE AURILLAC. lo hicieron en una formación hoy considerada como del Pleistoceno medio. . Francia meridional. La teoría evolucionista los convenció de que tal precursor había existido. y luego cayeron en el olvido. En 1894. Los extensos testimonios de la presencia de homínidos fabricantes de herramientas en el terciario fueron. De acuerdo con Laing. en Java. Estas marcas de uso no se hallaban presentes en otros bordes no escantillados. En cierto momento de la historia de la paleoantropología. varios científicos que creían en la evolución aceptaron en realidad las herramientas miocénicas de Thenay. fabricantes de herramientas) fueron suprimidos silenciosa y al parecer radicalmente de toda consideración. raspadores. los pedernales de Thenay y todos los demás testimonios de la existencia de seres humanos en el terciario (o de hombres-mono terciarios. Al describir el descubrimiento Roujou utilizó el término arraché. Se encontraron en tres diferentes localidades en el mismo estrato de arena. Pero en 1877. en Aurillac. fracturas concoidales y. de hecho. Anatole Roujou informó que el geólogo Charles Tardy había sacado un cuchillo de pedernal (figura 4. se desintegraría todo el cuadro de la evolución humana tan cuidadosamente edificado durante este siglo. de hace 7 a 9 millones de años. Por consiguiente.

Esto significaba que los objetos de pedernal no habían estado sometidos a tales movimientos. indiscutible.Figura 4. en Alemania. por tanto. Dudé de la época geológica del sitio. Hice todas las objeciones que pude imaginar. con bordes afilados. tuve que reconocer que todas las posibles objeciones no bastaban para refutar los hechos". que sólo pudo ser hecha por un ser inteligente que seleccionara las piedras más apropiadas para hacer herramientas y armas". Francia. ningún torrente o causa natural pudo haber efectuado esa discriminación. Verworn se quedó seis días en Aurillac. haciendo excavaciones en un sitio llamado "Puy de Boudieu". El hecho de que los pedernales utilitarios con bordes afilados se encontraran en grupos también sugería la presencia de unos verdaderos talleres. fueron descubiertos en pequeños grupos entre unas piedras que habían rodado mucho y se habían desgastado. no lejos de Puy Courny. Respecto a las herramientas también dijo Laing: "El depósito de grava en que fueron descubiertas contiene cinco distintas variedades de pedernales.8. al principio dudó de esos informes en los que se decía haber descubierto herramientas de piedra del Plioceno y aun antes. Como dice De Quatrefages. que al parecer eran herramientas. Verworn pasó entonces a analizar con detalle varias maneras de identificar la labor . y de estas. Los objetos de pedernal. dudé del carácter utilitario de los especímenes hasta que. Max Verworn. ya que su deposición y el escantillamiento que mostraban eran. En la descripción de los resultados de su primer día de trabajo. de mala gana. escantillados. No había esperado eso. dice: "Tuve la fortuna de llegar a un lugar donde encontré gran número de objetos de pedernal. inmediatamente me impresionó. La primera herramienta de piedra descubierta en Aurillac. de la Universidad de Gotinga. de origen humano y no geológico. todas las que parecen herramientas humanas están limitadas a una variedad en particular. Por ello. en 1905 fue en persona a Aurillac a efectuar sus propias investigaciones de las herramientas de piedra allí descubiertas. cuyo carácter útil. Lentamente pude acostumbrarme a la idea de que tenía yo en la mano las herramientas de un ser humano que había vivido en la época terciaria. que por su naturaleza es peculiarmente adaptable al uso humano.

son perfectamente agudos los bordes de las marcas de impacto de golpes anteriores dados en la parte superior de algunas herramientas. Aún hoy. De hecho. Esta es la misma metodología sugerida por L. Verworn puso entonces un ejemplo para ilustrar como podía aplicarse su método de análisis: "Supóngase que descubro. especialmente cuando se encuentran numerosos especímenes en un solo sitio. Dividió los testimonios de ese trabajo en tres grupos: 1) señales de percusión resultantes del primer golpe que apartó la lasea de un núcleo de pedernal. Este escantillamiento muestra con gran claridad todos los signos habituales de percusión. dudaría yo de tener ante mí o no un objeto de fabricación humana. Esto es una prueba decisiva de que a fines del Mioceno existía un ser que trabajaba el pedernal". "El análisis crítico de una combinación dada de síntomas es lo único que nos coloca en posición de tomar decisiones": afirmó. 2) señales de percusión resultantes del escantillamiento secundario del borde de la propia lasca. La mayor parte de las herramientas descubiertas por Verworn en lechos del Mioceno en Aurillac eran raspadores de varias clases. El objetivo del trabajo en los bordes es indudablemente el de quitar cortezas. tres. las herramientas paleolíticas y neolíticas se atribuyen al Pleistoceno tardío. sin ningún rastro de impacto o de haber rodado. un objeto de pedernal que tiene un indudable bulbo de percusión.9): "Entre todos los objetos de pedernal. Escribió: "Algunos raspadores sólo muestran marcas de uso en el borde útil. Los estudios de Patterson mostraron que las fuerzas naturales casi nunca producen estos efectos en cantidades significativas.humana sobre un objeto de pedernal. o el deseo de obtener una forma definida. el borde cortante muestra cierto número de pedazos intencionalmente suprimidos en la misma dirección. Entonces podré decir con absoluta certidumbre: es una herramienta de fabricación humana". Pero supóngase que encuentro allí un pedernal que en un lado muestra todas las señales típicas de la percusión y que en el otro lado muestra las impresiones negativas de dos. Patterson. extraje de los estratos no removidos de Puy de Boudieu muchos de esos artefactos indiscutibles. en forma de lasca. En muchas piezas hay áreas claramente visibles para aferrar con la mano. y 3) señales de uso en los bordes afilados. Patterson atribuye mayor peso que Verworn a los bulbos de percusión y al escantillamiento unidireccional a lo largo de los bordes de las lascas. moderno experto en herramientas de piedra. mientras que los otros bordes de la misma pieza son sumamente afilados y no tienen marcas. Supongamos que todos los demás bordes son agudos. W. formadas por la supresión de los bordes y puntas afiladas de los lugares en que podría lastimar o estorbar". estos son los que más claramente muestran la forma intencional de herramientas definidas al menos en el área del borde útil. Sin embargo. en un lecho de piedra interglacial. Verworn. Verworn sugirió que ninguna de ellas es concluyente en sí misma. En este caso. Considerando todas las diversas características de la percusión y el uso. en la hoja del raspador se encuentran tan regularmente unas junto a otras y paralelas que nos recuerdan ejemplos paleolíticos o hasta neolíticos". localizadas del mismo lado del borde. Acerca de otro objeto dijo Verworn: "Las raspaduras. Según la secuencia aceptada. después de efectuar cierto número de excavaciones en sitios cercanos a Aurillac (Cantal). pero ningún otro síntoma de trabajo intencional. Verworn también descubrió muchos raspadores puntiagudos (figura 4. En otros especímenes. sin excepción. Además supongamos que un borde de la pieza muestra numerosas y sucesivas lascas paralelas arrancadas todas ellas en la misma dirección y todas. Llegó entonces a la conclusión siguiente: "Con mis propias manos. cuatro o más lascas arrancadas por golpes en la misma dirección. las puntas generalmente . analizó las muchas herramientas de pedernal que había descubierto empleando la metodología rigurosamente científica antes descrita.

cortary excavar. . Está formada de una laja natural de pedernal.10). parece verificar esta conclusión en el más alto grado.9.. Observó Verworn: "Las más de las veces. Acerca de otra herramienta puntiaguda declaró Verworn: "Esta herramienta tiene. Por último dijo: "Al término del Mioceno hubo allí una cultura que. sino que ya había pasado por un largo periodo de desarrollo [. perforar y tallar.. La existencia de grandes raspadores y cortadores que nos llenan la mano. y sobre todo la perfecta adaptación a ella descubierta en casi todas las herramientas. En las superficies de la pieza podemos ver la corteza del pedernal y en lo alto una punta formada por numerosas lascas. que muestran con perfecta claridad bordes que han sido utilizados. por tanto. existen herramientas de las más diversas formas. apropiadas para raspar objetos cilíndricos como huesos o varas de lanza. mediante golpes unidireccionales". como podemos ver por sus herramientas de pedernal. formándole una punta. no estaba en las primeras fases. que caben tan perfecta y naturalmente en nuestras manos (las puntas son agudas y los bordes originales intencionalmente suprimidos en los lugares de donde se les agarraría) que diríase que fueron hechas expresamente para que nosotros las usáramos. con un cuerpo similar. Verworn también descubrió unas herramientas que le parecieron adaptadas para punzar. del lado directamente situado bajo la punta.] esta población miocénica de Cantal sabía cómo trabajar el pedernal". Siguió diciendo Verworn: "El tamaño de las herramientas parece indicar un ser con una mano del mismo tamaño y de la misma forma que la nuestra y. arrancadas casi todas en la misma dirección". Bien pudo ser una primitiva hacha de mano. utilizada para martillar o cortar". Los bordes fueron trabajados mediante muchos golpes unidireccionales de tal manera que resulta inequívoca la intención de formar una punta". Describió así una de esas herramientas: "Una gran herramienta puntiaguda para cortar o excavar. marcas de uso y agarraderas. Herramienta puntiaguda de pedernal del Mioceno tardío. Figura 4. con aperturas cóncavas redondeadas en el borde útil.se hacen de tal manera que podemos hablar de un auténtico cuidado y atención en su técnica. Aurillac. Francia. los raspadores con muesca se hacen mediante el escantillamiento de uno de los extremos en forma curva. En Aurillac también se encontraron raspadores con muescas (figura 4. un mango que fue hecho quitándole los bordes agudos y cortantes. Verworn también descubrió varias herramientas adaptadas para martillar.

en términos positivos. habían fracturado las piezas de pedernal por simple presión.. sino verdaderos tipos de instrumentos que serían considerados característicos de ciertos horizontes paleolíticos. Francia. Capitan no sólo descubre unos fragmentos de pedernal que sugieren utilización. J. Todavía en 1924. resulta sumamente difícil formar algún tipo de secuencia evolutiva. Reid Moir ha descubierto piezas de pedernal trabajadas [. creando así unos objetos de piedra similares a herramientas.Figura 4. procedente de Aurillac. Llega a la conclusión de que hay una similitud completa entre muchos de los pedernales escantillados de Cantal y de los especímenes clásicos de los más conocidos sitios paleolíticos". que convivieron con los seres humanos modernos. de herramientas y esqueletos. por último. William Sollas ocupó la . discos con bordes retocados de manera regular. Si se consideran todos los testimonios disponibles. que no se diferencian en nada de los de los seres humanos. En Inglaterra. donde J. lascas con bulbos cuidadosamente retocadas para formar puntasy raspadores del tipo musteriense. ¿Puede decirse lo mismo de los pedernales escantillados hallados en depósitos del alto Mioceno. Verworn dijo: "Aunque es posible que esta forma terciaria hubiese estado más cerca de los antepasados animales. en el Plioceno.. Izquierda: superficie ventral de un raspador con muesca del Mioceno tardío. Acerca de los fabricantes de herramientas. Cuando consideramos que los seres humanos que hoy viven hacen herramientas no muy diferentes de las recogidas en lechos miocénicos de Francia y otros lugares. Mioceno. la evidencia geológica no mostraba que se hubieran dado dichas causas naturales. la validez de la secuencia comúnmente aceptada de la evolución humana se vuelve sumamente frágil. el Eoceno y aun antes se descubrieron restos de esqueletos fósiles. Aquellos no sólo aparecen sino que reaparecen: punzones. punzones. raspadores de diversas formas y. informó.10. Nos quedamos con la suposición de que ha habido varios tipos de seres humanos y similares a humanos. cerca de Aurillac (Cantal)? Sollas y Capitan han respondido recientemente en sentido afirmativo. MacCurdy escribió: "En ciertos depósitos pliocénicos de East Anglia. que estos propios seres. la secuencia habitual sólo tiene sentido cuando pasamos por alto incontables testimonios sumamente sólidos. director de la Escuela Americana de Investigación Prehistórica de Europa. que vivieron al mismo tiempo y que fabricaron herramientas de piedra con diversos niveles de refinamiento durante decenas de millones de años en el pasado remoto. De hecho. Algunos de sus críticos arguyeron que las fuerzas naturales. Pero unos científicos mostraron que en los sitios particulares en que se descubrieron las herramientas de pedernal de Moir. como movimientos de tierra. George Grant MacCurdy. Reid Moir había descubierto herramientas similares. Derecha: superficie dorsal que muestra el borde curvo útil. en el cual Verworn observó pequeñas marcas de uso. ¿quién puede decirnos que no eran ya del mismo carácter físico básico que los seres humanos modernos y que el desarrollo de rasgos específicamente humanos no se remonta hasta el Mioceno tardío?" Como lo explicamos en el capítulo 7.] no existen condiciones que hubieran podido favorecer el juego de las fuerzas naturales. en Natural History acerca de las herramientas de pedernal de Aurillac.

cátedra de geología en Oxford. respetado antropólogo francés. fue profesor del Colegio de Francia. y Louis Capitan. .

. Bélgica. Paleontología e Hidrología. Todas las categorías de percuteurs mostraban escantillamientos. caracterizados por una gran superficie plana que mostraba signos indiscutibles de percusión.. que mostraban. que puede traducirse como cortadores. situado en la orilla izquierda del Mosa. similares a las de Boncelles. la continua investigación de Rutot dio como resultado descubrimientos más sorprendentes en unos pozos de arena cerca de Boncelles. Escribió: "Podemos ver que los couteaux se forman a partir de pedazos relativamente largos de pedernal. en contextos oligocénicos en Baraque Michel y en la caverna de Bay Bonnet. Después de hacerle retoques para poder aferrarlo debidamente. que se empleaban para volver a afilar el borde útil de otras herramientas de piedra. Rutot describió otros tipos de racloir: e l racloir con muesca.11 y 4. conservador del Real Museo Natural en Bruselas. cuchillos. y señales de uso en el borde afilado. Otro tipo de herramienta era el racloir. piedras de yunque. ] ha sido confirmado con tal fuerza y precisión que no se le puede encontrar la menor falla". Algunos de los racloirs dobles se asemejaban a herramientas puntiagudas musterienses del Pleistoceno tardío. El informe completo de Rutot sobre los descubrimientos de Boncelles apareció en el boletín de la Sociedad Belga de Geología. raspadores y piedras para ser arrojadas como proyectil. Rutot describió entonces algunas herramientas a las que llamó couteaux. Georg Schweinfurth describió estas herramientas en el Zeitschrift für Ethnologie: "Entre ellas había cortadores. afilados. para que las herramientas fuesen más fáciles de tener en mano. RUTOT EN BÉLGICA En Bélgica. se arrancaban pequeños fragmentos del borde cortante de la herramienta. y la punta afilada de la herramienta se deslizaba a lo largo del objeto que iba a rasparse. "que el concepto de existencia de humanidad en el Oligoceno [.12). Pero en 1907. . Pasó entonces Rutot a describir en detalle los diversos tipos de herramientas oligocénicas de Boncelles.. en la región de las Ardenas. o raspador lateral. empezando por los percuteurs (o tajadores). Rutot también dijo que se habían descubierto herramientas de piedra. y en muchos especímenes pueden verse estas marcas de uso. el extremo romo se sostenía en la palma de la mano. lo que significa que tenían de 25 a 38 millones de años de antigüedad. claras señales de un trabajo intencional que había producido unas formas perfectamente adaptadas para el uso de la mano humana [. puntiagudos y retocadores.] el afortunado descubridor tuvo el placer de mostrar los sitios a 34 geólogos belgas y a estudiosos de la prehistoria. Luego. Durante esta operación. Rutot. todas ellas. Todos ellos convinieron en que no podía haber la menor duda acerca de la posición en sus hallazgos". En Rosart. Los estratos donde se encontraron las herramientas eran oligocénicos. a principios del siglo XX hizo una serie de descubrimientos que dieron nueva prominencia a las anómalas industrias de herramientas de piedra. probablemente utilizado para raspar objetos grandes y redondos. y el racloir de dos filos. "Parece ahora". escribió Rutot. A. Rutot observó que las herramientas oligocénicas de Boncelles se asemejaban casi exactamente a las herramientas hechas en los últimos siglos por los habitantes aborígenes de Tasmania (figuras 4. Incluían tajadores sencillos.DESCUBRIMIENTOS DE A. también se habían descubierto herramientas de piedra en contexto del Plioceno medio.. romos en un extrema y agudos en el otro". En los sitios de Boncelles también se descubrieron varios yunques. El racl oi r se hacía ordinariamente partiendo de un pedazo ovalado. con un extremo romo y el opuesto agudo. La mayoría de las industrias identificadas por Rutot databan del Pleistoceno formativo.

12c. "Nos enfrentamos al grave problema". compárese con la figura 4. Figura 4. compárese con la figura 4. Por último Rutot sugirió que ciertos objetos de pedernal que mostraban huellas de repetidos impactos podrían haber sido empleados por los antiguos habitantes de Boncelles para encender fuego. en Boncelles. a los que podemos llamar "perforadares o leznas". compárese con la figura 4.12f. otra categoría de raspador. de objetos que parecían piedras para arrojar. a las que llamó "mixtas". y observó la presencia. de Boncelles. c) yunque (enclume). porque parecían haber sido empleadas de más de una manera. e) raspador de doble filo (grattoir double).11. "Suelen tener en el borde afilado una punta formada por la intersección de dos bordes rectos. compárese con la figura 4.12e. como los de Rutot.12d. y g) raspador (grattoir). compárese con la figura 4. . Rutot dijo que son casi exactamente iguales a las herramientas del periodo oligocénico. Herramientas fabricadas por aborígenes de Tasmania en épocas históricas recientes. o para una honda. Describió los perçoirs. b) instrumento puntiagudo (perçoir). Creemos que esto tiene dos razones de ser: la falta de familiaridad con los testimonios. o más frecuentemente dos muescas hechas mediante retoques".12b. Tales piedras se encuentran en colecciones de herramientas del Pleistoceno tardío. y una fe ciega en las opiniones actualmente sostenidas sobre el origen y la antigüedad de los seres humanos. dijo Rutot. compárese con la figura 4. "de la existencia en el Oligoceno de seres lo bastante inteligentes para fabricar y utilizar varios y definidos tipos de herramientas". d) cuchillo de piedra (couteau).12a. f) lezna (perçoir).También describió una categoría especial de herramientas. Los científicos de hoy no prestan ninguna atención a la posibilidad de una presencia humana o siquiera protohumana-en el Oligoceno.12g. El siguiente tipo de herramienta analizada por Rutot fue el grattoir. Bélgica: a) raspador lateral (racloir). compárese con la figura 4.

Además de las conchas abiertas. e)raspador. d) cuchillo de piedra con marcas de uso en el borde cortante. El escaldisiano abarca el Plioceno formativo y el Mioceno tardío y. f) lezna. Herramientas de piedra encontradas debajo de arenas del Oligoceno tardío. Freudenberg creyó que algunas de las herramientas de pedernal descubiertas por él habían sido utilizadas para abrir conchas. Wilhelm Freudenberg. Cuidadosamente consideró y rechazó diversas hipótesis. les daría una antigüedad de al menos 7 millones de años. geólogo del ejército alemán. tiene de 4 a 7 millones de años de antigüedad. Algunas de las conchas también presentaban señales de punzadas. b) herramienta puntiaguda con un desarrollado bulbo de percusión.Figura 4. que le parecieron herramientas. por tanto.12. Bélgica. en su mayoría en la parte trasera de las conchas. En unos pozos de barro. en Boncelles. También descubrió huesos que mostraban huellas de profundos impactos que habrían podido hacerse con martillos de piedra. Gillis. Dijo que las incisiones eran "como las que sólo habrían podido hacerse con un instrumento afilado". lo que Freudenberg consideró prueba de que unos seres inteligentes habían empleado fuego durante el terciario en Bélgica. Freudenberg también descubrió huesos de mamíferos marinos con las que le parecieron marcas de cortes. estaba haciendo unas pruebas de perforación con propósitos militares en formaciones terciarias. y en otras localidades. al oeste de Amberes. lo que. DESCUBRIMIENTOS DE FREUDENBERG CERCA DE AMBERES En febrero y marzo de 1918. Freudenberg descubrió objetos de pedernal. muy cerca del gozne". c) yunque con señas de percusión. Con respecto a las conchas abiertas (figura 4. Bélgica: a) raspador lateral que se asemeja a una punta musteriense del Pleistoceno tardío de Europa. como corrosión química o abrasión geológica. de ser cierto. Muchas de ellas se encontraron junto a conchas abiertas y pedernales quemados. cerca de St. y g) gran raspador. en Hol. . y conchas con filo. La mayor parte de los objetos procedían de depósitos sedimentarios de la etapa marina escaldisiana.13) Freudenberg declaró: "Encontré muchas incisiones intencionales. Freudenberg sugirió que los objetos que había descubierto acaso datarán del periodo anterior a la transgresión marina escaldisiana.

y eran distintas de las de los simios. Freudenberg era evolucionista y creyó que este hombre terciario tenía que haber sido un pequeño homínido que además de mostrar pies similares a los humanos tuviera una combinación de rasgos simiescos y humanos. en África y en las Filipinas. el profesor G. ante la reunión del Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistóricas. ¿quién dejó las huellas de pies descubiertas por Freudenberg? Existen hoy. Freudenberg recuperó de un pozo de barro de Hol una impresión del talón de un pie y cuatro impresiones de dedos. las pautas de poros y curvas coincidían con las de pies humanos. Bélgica. EL CENTRO DE ITALIA En 1871. dejara esas huellas es más congruente con toda la gama de testimonios: herramientas de piedra. No se sabe que los australopitecinos hayan fabricado herramientas de piedra ni se hayan valida del fuego. y no un australopitecino. Una breccia es un depósito compuesto de fragmentos de roca en una matriz de grano fino. La idea de que un ser humano pequeño. Una concha de una formación escaldisiana (Plioceno formativo a Mioceno tardío). Ponzi presentó en Bolonia. Entonces. no puede esperarse descubrir australopitecinos en Bélgica durante el Mioceno tardío hace más de 7 millones de años. Una posterior confirmación de la presencia humana surgió cuando se hallaron huellas parciales de pies. tribus de pigmeos cuyos varones adultos miden menos de metro y medio de estatura.Figura 4. de arena o de barro endurecido.13. la descripción hecha por Freudenberg de su hombre flamenco del terciario parece similar a la del Austrolopithecus. señales de fuego aisladas y conchas abiertas artificialmente. con una marca de corte a la derecha del gozne. de la fase erosional aquatraversana del Plioceno (de hace más de 2 millones de años). Pero. El testimonio consistía en herramientas puntiagudas de pedernal recuperadas por unos geólogos en unos depósitos de breccia. y en África. huesos tallados. Según Freudenberg. cerca de Amberes. . y las mujeres son aún más pequeñas. un informe acerca de testimonios de seres humanos del terciario en el centro de Halia. En conjunto. según la actual doctrina paleoantropológica. Los australopitecinos más antiguos sólo se remontan unos 4 millones de años atrás. al parecer hechas cuando unos pies similares a humanos pisaron superficies de barro.

De estas herramientas informó Fritz Noetling. las publicaciones científicas anunciaron el descubrimiento de pedernales trabajados en formaciones miocénicas de Birmania. que por entonces formaba parte de la India Británica. paleontólogo que dirigía el Geological Survey of Indiaen la región de Yenangyaung. Birmania.HERRAMIENTAS DE PIEDRA DE BIRMANIA En 1894 y 1895. .

] se encuentra situado en la empinada estribación oriental de una cañada muy por encima del fondo pero por debajo del borde. En conclusión.14. quien también era director del Archaeological Survey de las Altas Llanuras del Oeste. entre los poblados de Granger y Lyman. Dos lados de una herramienta de pedernal. Noetling notó la presencia de un objeto rectangular de pedernal (figura 4. en Birmania. ¿Hasta qué punto era segura la posición estratigráfica de los pedernales de Noetling? El científico ofreció esta explicación: "El lugar exacto donde fueron descubiertos los pedernales [. de cuyo origen artificial nadie parece haber dudado nunca. tengo la firme convicción de que estaban in s i t u donde fueron descubiertas". el grupo de Renaud recogió especímenes de las antiguas terrazas del río.. de la formación miocénica de Yenangyaung. Dijo que su forma de herramienta era "difícil de atribuir a causas naturales". dos arqueólogos aficionados. Edison Lohr y Harold Dunning. en Wyoming. Durante el verano de 1933. Si sopesamos todas las pruebas. humanos] queda expuesto a graves dudas". "La forma de este espécimen me recuerda mucho el pedernal escantillado que se describe en el primer volumen de los Registros del Geological Survey of India. No hay espacio para ninguna habitación en esta estrecha cañada. descubiertos en el Pleistoceno del río Nerbudda. Renaud. a mayor abundamiento es imposible." Noetling continuó su búsqueda y descubrió casi otra docena de piezas de pedernal. WYOMING En 1932. Figura 4. B.14). organizó entonces una expedición a la zona en que se habían descubierto las herramientas. . Lohr y Dunning mostraron las piezas recogidas a E. escantilladas. descubrieron muchas herramientas de piedra en las altas terrazas del río Black's Fork.Mientras recogía fósiles. HERRAMIENTAS DEL RÍO BLACK'S FORK. Renaud. lo que sería anormal en América del Norte. Estados Unidos.. Las herramientas parecían ser del Pleistoceno medio. profesor de antropología en la Universidad de Denver. afirmó Noetling: "Si aceptamos que pedernales de esta forma pueden ser producto de causas naturales. en tal posición que resultaría inconcebible que los pedernales hubiesen sido llevados allí por una fuerza exterior. por la forma en que se descubrieron los pedernales que hubiesen sido llevados a ese lugar por una inundación. entonces el origen de muchos pedernales escantillados que hasta hoy se consideran como productos indudablemente artificiales [es decir. aparte del hecho de que yo en realidad las desenterré del lecho. ni lo hubo jamás.

La reacción más común ha consistido en decir que los especímenes burdos son materiales en blanco (lascas no trabajadas). y que en épocas anteriores no hubo ninguna migración de otros homínidos. y ha seguido siendo durante más de medio siglo. Minshall se muestra escéptico ante otro sitio del Pleistoceno medio. México (capítulo 5). por igual en las superficies ventrales y dorsales. declaró en 1989 que las herramientas mostraban una poderosa abrasión de corriente. y que no pudo haber allí corrientes durante más de 150 000 años. coleccionista de herramientas de piedra. como en Calicó. las herramientas descubiertas por Renaud fueron obra del Homo erectus. y recogió más herramientas. Este barniz. Renaud escribió en 1938 que su informe había sido "duramente criticado por uno de los adversarios irreconciliables de la antigüedad del hombre en América. arriba y abajo. que no ha visto ni los lugares ni los especímenes ". que necesita mucho tiempo para acumularse. cuando mucho. era más denso que el de las herramientas encontradas en terrazas más bajas. por todas partes. de quien se dice que habitó en Europa durante el Pleistoceno medio. Las avanzadas herramientas de piedra de Hueyatlaco eran . que no se inclinaba a aceptar como auténticas las herramientas de piedra tecnológicamente avanzadas que fueron descubiertas en Hueyatlaco. Pero Herbert L. aun cuando estuviesen fijas en el desierto. que acaso entrara a América del Norte durante una época de bajos niveles del mar en el Pleistoceno medio. La opinión hoy predominante es que los seres humanos no llegaron a la América del Norte antes de unos 30 000 años. Minshall también observó que las herramientas estaban cubiertas por una densa capa mineral de barniz del desierto. de la misma región. los científicos estadounidenses han continuado oponiéndoseles hasta nuestros días. y por ella más recientes. aunque probablemente ni siquiera uno de cada 1 000 arqueólogos haya visitado el sitio ni visto siquiera los artefactos". de general escepticismo e incredulidad. y en su propia excavación efectuada en el cañón de Buchanan. En enero de 1990. Es sumamente improbable que un polvo llevado por el viento haga esto a unas duras herramientas de piedra ocultas bajo grava pesada. le dijo a uno de nosotros (Thompson). y no por el agua. ambos en el sur de California. que recientemente dejaron caer los indios al fabricar sus herramientas. Si se hubiesen encontrado en un sitio de época similar. Pero su presencia en Wyoming ciertamente es inesperada hace más de 150 000 años. En cambio. La reacción de los antropólogos estadounidenses fue negativa. Como respuesta Minshall observó: "Los especímenes mostraban abrasión. Aunque muchos expertos de fuera de América convinieron con él en que las herramientas representaban una auténtica industria. Las pruebas acumuladas parecen excluir toda sugerencia de que las herramientas descubiertas por Renaud fueran objetos en blanco. dejados caer recientemente en las alta terrazas de la llanura desértica. Como respuesta. Según Minshall. pero en cambio puede esperarse en objetos sometidos a la acción de un fuerte oleaje o corriente". Algunos sugirieron que la abrasión que podía verse en las herramientas era resultado de la arena llevada por el viento.Entre los especímenes había burdas hachas de mano y otras herramientas escantilladas de un tipo frecuentemente atribuido al Homo erectus. en África o en Europa o en China. Renaud organizó otras tres expediciones. Pero observó Minshall: "La reacción de los científicos estadounidenses a la interpretación dada por Renaud a las colecciones de Black's Fork como pruebas de gran antigüedad era. unas herramientas de piedra como las descubiertas por Renaud no serían causa de controversia. Minshall. Minshall creyó que también podía decirse esto de las herramientas de piedra descubiertas en otros lugares de edad similar. en antiguas superficies planas de aluvión.

La respuesta de Minshall a Hueyatlaco consistió en sugerir sin ningún testimonio como prueba. utilizando dobles normas.características del Homo sapiens sapiens. Esto muestra que los investigadores que aceptan algunas anomalías suelen rechazar otras. que la estratigrafía había sido mal interpretada y que los huesos de animales utilizados para fechar el sitio. . así como esas avanzadas herramientas de piedra habían sido llevados al lugar desde distintas fuentes. y por tanto no era fácil atribuirlas al Homo erectus.

y el propio Florentino Ameghino lo acompañó a Monte Hermoso. D. Hrdlicka adoptó un enfoque interesante hacia los descubrimientos hechos en ese . de huesos tallados. Hrdlicka también era sumamente hostil a todo informe de presencia humana en América que datara de más de algunos miles de años. antropólogo de la Institución Smithsoniana de Washington. Ameghino consideró que mostraba ciertos rasgos primitivos. Holmes. también mostró un gran interés. de huesos quemados y de tierra quemada. unos 50 kilómetros al noreste de Bahía Blanca. Los estratos que contenían este testimonio se encuentran en la formación pliocénica de Monte Hermoso. así como los ataques que les hicieron Ales Hrdlicka y W. Florentino Ameghino investigó minuciosamente la geología y los fósiles de las provincias costeras de Argentina. pero A. en la base del cráneo). Texas. aunque desfavorable. Luego consideraremos los descubrimientos de Carlos Ameghino. Lewisville. Concluiremos con los descubrimientos neolíticos de grava aurífera del terciario. Pero las industrias que contienen paleolitos avanzados también pueden contener herramientas más burdas. el Mioceno y periodos anteriores sirvieron para realzar su reputación mundial. Nuevo México. hacia los descubrimientos de Ameghino. En 1887.. En 1910. conquistando con ello una reputación internacional. Hrdlicka visitó Argentina. Ameghino dijo: "La presencia del hombre. y Timlin. o mejor dicho. Los discutidos descubrimientos de Ameghino.5 millones de años de antigüedad. Esto parece indicar claramente que unos seres del tipo humano moderno fueron los creadores de los artefactos y de los vestigios de fuego descubiertos en la formación de Monte Hermoso. México. especialmente de Europa. de su precursor en este antiguo sitio. en la costa de Argentina. LOS DESCUBRIMIENTOS DE FLORENTINO AMEGHINO EN ARGENTINA A finales del siglo XIX. Ontario. Sheguiandah. H. Hrdlicka lo calificó de completamente humano. Además de oponerse a la existencia de seres humanos terciarios. C. como en Hueyatlaco. Entre los fósiles recuperados en Monte Hermoso había un atlas homínido (el primer hueso de la columna vertebral. procedentes de antiquísimas fogatas". Después de haberse formado una inmensa reputación. Pasaremos luego a analizar algunos descubrimientos anómalos hechos en sitios de América del Norte. Ales Hrdlicka. A Hrdlicka le pareció deprimente el grado de apoyo que le dieron algunos científicos profesionales. huesos tallados y otros vestigios de presencia humana en Argentina durante el Plioceno. que incluían herramientas de piedra. que aportan algunos de los testimonios más sólidos y convincentes de una presencia enteramente humana durante el Plioceno. Hrdlicka fijó entonces su atención en los muy discutidos descubrimientos de Ameghino en América del Sur. Los descubrimientos de Ameghino en Monte Hermoso y en otros lugares de formaciones terciarias de Argentina despertaron el interés de varios científicos europeos. Empezaremos por analizar los descubrimientos de Florentino Ameghino. Nueva York. queda demostrada por el hallazgo de pedernales burdamente tallados. Sandia Cave. de la zona de la "Carrera del oro" de California. de hace cerca de 3. como los del Mioceno en Portugal. Florentino Ameghino hizo algunos descubrimientos importantes en Monte Hermoso. Resumiendo los testimonios de Monte Hermoso.Paleolitos avanzados y neolitos Los paleolitos avanzados están más finamente trabajados que los paleolitos burdos. desacreditando con argumentos discutibles todos los informes procedentes de América del Norte.

En su libro Early Man i n South America (1912). Willis aceptó que la puelqueana fuese al menos del Plioceno. Intentando eliminar esta alternativa. correspondiente a un periodo de no deposición. Willis describió el estrato superior. como una banda de 15 a 45 centímetros de espesor. en el mismo lugar. Al hacer este juicio. formación más reciente que cubría la formación pliocénica de Monte Hermoso. Sin embargo. Willis supuso que tenían que ser recientes todas las herramientas de piedra. ligeramente endurecidas. Con cierta vacilación. Pudo ser breve. El estrato que contenía las herramientas se encontraba en lo alto de la formación puelqueana. Hrdlicka consideró que su extensa refutación de los descubrimientos de la formación puelqueana bastaba para desacreditar los descubrimientos hechos en la mucho más antigua formación de Monte Hermoso. La formación puelqueana tiene de 1 a 2 millones de años de antigüedad. lo que daría a las capas situadas arriba y abajo de la inconformidad aproximadamente la misma edad: de 1 a 2 millones de años. el geólogo estadounidense que lo acompañó. Hrdlicka se apoyó en el testimonio de Bailey Willis. que él y Ameghino habían hecho en el puelqueano. "compuesta de arena gris. no puede saberse con claridad cuanto tiempo estaría representado por la inconformidad. Por ello. no las refutó abiertamente.] marcada por una estratificación en cruz muy notable y un color y un grana gris uniformes". En cambio dedicó docenas de páginas a arrojar dudas sobre descubrimientos ulteriores y menos convincentes. Hrdlicka mencionó brevemente las herramientas de piedra y otras señales de ocupación humana descubiertas por Ameghino en la formación de Monte Hermoso. Para juzgar cuanto tiempo pudo transcurrir entre la deposición de las formaciones superiores y las inferiores en la línea de inconformidad. Sin embargo. parece ser que la arena grisácea en que se encontraron las herramientas bien pudo pertenecer a la formación puelqueana. De manera un tanto extraña. y que la capa en que fueron descubiertas había de ser. en este caso. y que las herramientas de piedra allí encontradas pueden tener hasta 2 millones de años de antigüedad. En cambio. la erosión. pero que estaba separado de ellos por una "inconformidad por erosión". Willis observó que la capa superior de arena gris. Una inconformidad es una falta de continuidad en la deposición entre los estratos en su contacto mutuo. o de piedra caliza [. parecen indicar que son recientes". asimismo. con todo detalle. lo que daría a las herramientas allí . Al parecer. asociadas a las arenas. en Argentina. era "idéntica en su constitución" a los estratos inferiores del puelqueano. La mayor parte de las herramientas descubiertas por Hrdlicka y Ameghino durante